Origen de los crímenes de Japón

Japón fue la potencia de la Segunda Guerra Mundial que más crímenes cometió junto a la Alemania Nacionalsocialista y la Unión Soviética. Al igual que alemanes y soviéticos, las víctimas de los japoneses se contaron por millones en Asia, Oceanía y en general sobre todo el Lejano Oriente, en un episodios que muchos catalogaron como un verdadero “Holocausto Asiático”.

La brutalidad demostrada por Japón en la Segunda Guerra Mundial tuvo su origen muchas décadas atrás después de una ardua tarea de radicalización y adoctrinamiento a toda una sociedad que en los momentos más críticos acabó por manifestar un odio y violencia de magnitudes insospechadas hacia sus enemigos. A pesar de que durante la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918, los japoneses se distinguieron por un trato amable con los 4.000 prisioneros del Ejército Alemán que habían capturado en la Batalla de Tsingtao, no ocurriría lo mismo con los cautivos del Ejército Chino o de los Aliados Occidentales entre los años 1931 y 1945.

Las causas de los crímenes de Japón en la Segunda Guerra Mundial estuvieron marcadas por diversos factores, algunos históricos, otros contemporáneos con la época de aquel entonces. Entre los más importantes estuvieron los siguientes:

Bushidô: Conocido como el “Camino del Guerrero”, esta obra fue uno de los libros más influyentes en Japón por mostrar como debía ser la conducta de los militares y los ciudadanos a través de determinados valores, como por ejemplo la lealtad suprema a los mandos y al Emperador, así como la defensa del honor, el coraje y la vieja tradición de los samuráis. Sin embargo este documento que era obligatorio en todas las escuelas y cuarteles, también contemplaba la rendición como un acto deshonroso que obligaba el sujeto al suicidio ritual, conocido como “sepukku”. Fue precisamente este último aspecto el que sufrió una imprevista reinterpretación porque en caso de que el enemigo fuese el que capitulase (cuando éste último no compartía la mentalidad ni la cultura japonesa), el vencedor tendría total libertad para hacer con los cautivos, despreciados por haber depuesto las armas, lo que quisiera, incluyendo castigos como la tortura y la muerte.

-Militarismo: El militarismo que floreció en Japón a partir del siglo XIX explicaría muchos de los crímenes y abusos de los soldados japoneses en la Segunda Guerra Mundial. Entre las causas de este comportamiento estuvo una instrucción pre-militar desde niños, así como duros castigos físicos en los cuarteles a base de golpes y humillaciones que acababan por convertir a los reclutas en auténticas máquinas de matar. De este modo en cuanto estos combatientes tomaban poblaciones o prisioneros en un país enemigo, se sentían con un poder inmenso sobre sus cautivos, contra los que inmediatamente descargaban todas sus iras y frustraciones.

-Jerarquía: Tanto en el caso del Ejército Imperial Japonés como de la Marina Imperial Japonesa, los soldados y marineros estaban sometidos a una rígida disciplina por parte de sus oficiales, y estos a su vez de sus generales y altos mandos del Estado Mayor Imperial de Tokyo. A raíz de esta obediencia ciega e incuestionable en los superiores, no fue extraño que cuando éstos últimos ordenaron cometer todo tipo de tropelías contra prisioneros o civiles, jamás ni un sólo hombre pestañeó a la hora de cumplir con su trabajo.

-Racismo: Al igual que había sucedido en Europa con teorías como el “darwanismo” y otras tesis basadas en la superioridad de determinados pueblos sobre otros, en Asia ocurrió lo mismo con Japón. De hecho, como los japoneses se vieron a si mismos como una nación que debía hacer su propio imperio a costa de otros asiáticos inferiores, cuando se produjo la invasión de China, muchos ciudadanos acabarían por ser vistos como “infrahombres” (al igual que el nacionalsocialismo alemán catalogó a ciertas razas como “untersmensch” o “subhumanos”).

-Imperialismo: Muchos vieron en el Imperio Japonés como una especie de “guía” destinada a regir el destino de los demás pueblos asiáticos y liberarles del yugo de Occidente. Así nació la teoría de “Asia para los asiáticos”, más tarde convertido en el proyecto de la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental, en donde no tendrían cabida todos aquellos individuos, como por ejemplo los chinos, que se hubiesen resistido a esa “liberación” promovida por Japón.

-Fascismo: Hasta la década de 1930 la democracia había sido el sistema político de Japón hasta que otras ideologías comenzaron a irrumpir con fuerza, sobretodo tras la Crisis Económica de 1929 y con la amenaza real del comunismo ante la vecindad con la Unión Soviética. Así fue como nacieron dos grupos ultranacionalistas que en muchos sentidos copiaron a la Italia Fascista y la Alemania Nacionalsocialista, concretamente el “Kodoha” y el “Tôseiha”, los cuales muy pronto se convirtieron en los dos movimientos mayoritarios e influyentes en el Parlamento (Dieta).

-Aislamiento: Durante todo el siglo XX el Imperio Japón había sido el país “no-europeo” más admirado por Occidente, tanto por su activa participación y voto en los asuntos internacionales, además de por haber sido la nación que más había apostado por el diálogo tras la fundación de la Sociedad de Naciones, donde ocupó un cargo preeminente. Lamentablemente todo eso cambió en la década de 1930 porque Japón abandonó la Sociedad de Naciones y rompió con la Convención de Ginebra, optando en su lugar por aplicar una política violenta y de amenaza de cara con el exterior.

 

Bibliografía:

-Lawrence Rees, El Holocausto Asiático, Crítica (2009), p.17-37
-Xavier Casals, La guerra más salvaje. La invasión japonesa de China, Revista Clio Historia Nº101 (2009), p.32-34