Los primeros crímenes del Japón

 

La idea de la clase militar japonesa y los movimintos nacionalistas emergentes para que Japón creara su espacio vital en Asia y solucionar así el problema de su población en exceso, escasez de recursos naturales y materias primas, entre otros, debía prever un plan discreto y contar con una serie de excusas antes de tener el pretexto perfecto para actuar. Durante años muy disimuladamente el Imperio Japonés desarrolló en el seno de sus fuerzas armadas una serie de doctrinas enfocadas a la guerra que se caracterizaron por una violencia inimaginable hasta ese momento en la Historia.

Pretexto

Antes de que el Ejército Imperial tomara cartas en el asunto respecto a la cuestión colonial, no fue este, sino los partidos políticos de derechas japoneses con consentimiento del Emperador Hiro-Hito, los que empezaron a depurar a los disidentes en Japón que pudieran ser un problema para la expansión japonesa. Las primeras víctimas fueron los partidos políticos de izquierda en 1928 al ser ilegalizados y retirados sus 8 diputados del Parlamento, la Dieta Imperial. El Partido Comunista de Japón fue disuelto y a continuación se procedió a detener a todos los militantes de izquierdas ya fueran socialistas, comunistas, anarquistas o sindicalistas para ser enivados luego a las cárceles.

Cada vez más la propaganda monopolizada en Japón comenzó a posicionarse a favor de los ultranacionalismos en el extranjero y la visión propia de las democracias se deformó como si de estados corruptos se tratasen. El modo de vida anglosajón y euoropeo casi en su totalidad consistente en los vicios, la moda y la diversión fueron condenados verbalmente por los medios comunicativos, al mismo tiempo que las voces critacaban a la mujer japonesa por únicamente estar preocupada en comprar ropa, bañadores que lucir en la playa o fumar en público tal y como hacía la mujer occidental. El lugar del occidentalismo lo ocupó el nacionalismo, las tradiciones que los japoneses estaban olvidando fueron de nuevo exaltadas hasta límites extremos y todo lo venido de fuera atacado.

Mientras la cultura era modificada de una manera indirecta a través de radio y prensa para hacer reflexionar al pueblo, las fuerzas armadas lo hicieron en secreto. El Ejército desarrolló un cambio absolutamente radical cuando varió la forma de entrenar a los soldados; siendo el general del Ministerio de la Guerra, Jiro Minami, en gran parte el fundador del nuevo adiestramiento. A las tropas ya no se las enseñaba a pelear para mantener la paz o a luchar bajo las claúsulas de la Convención de Ginebra y los Tribunales de la Haya, ahora aprendían a combatir para llevar a cabo una guerra total. El entrenamiento consistía en soportar palizas y torturas por parte de los oficiales, usualmente mediante humillaciones y castigos en los que se golpeaba a los reclutas con bastones de bambú y puntas de tacones de las botas. Una vez finalizaba la instrucción los soldados habían aprendido a convivir en común y a soportar lo insoportable, algo que les convertía en una especie de superhombres haciendo que estuviesen más preparados para la guerra que otras tropas de fuerzas armadas extranjeras. Esta deshumanización a la hora de adiestrar a los soldados derivaría posteriormente en que una vez enviados a la guerra se comportaran de una manera brutal hacia sus enemigos.

Uno de los primeros hechos que demostraron la desestabilización política del Japón fue el asesinato en la Estación de Tokyo del Primer Ministro y miembro del Partido Kensekai, Osachi Hamaguchi, por un ultranacionalista. A partir de entonces la clase política iría perdiendo fuerza, especialmente por la ley que constataba que los miembros del Ejército y la Marina accedían directamente al Emperador sin tener que ser consultados por la Dieta Imperial. Con los políticos democráticos acosados por los exaltados nacionalistas y los militares con prácticamente total impunidad a la hora de actuar, nunca fue el momento más apropiado para dar el primer paso: invadir Manchuria.

La voladura del ferrocarril entre Corea y Manchuria por parte de los japoneses, los cuales echaron la culpa a los chinos en el llamado Incidente de Mukden, hizo desatarse la guerra entre China y Japón el 18 de Septiembre de 1931, más conocida como Guerra Chino-Japonesa. Toda la operación del Ejército del Kwantung, según se denominaba a las fuerzas armadas en Corea, se llevó a cabo sin autorización de Tokyo. El Emperador Hiro-Hito se asustó al saber de la noticia, sin embargo su miedo a perder el poder si ordenaba a sus generales que detuviesen la invasión y entregaran a los responsables de ello, provocó que se echara atrás y se declarara a favor. La invasión fue rápida, sobretodo gracias a que los nacionalistas manchús querían separarse de China y apoyaron a los japoneses. Durante la conquista los japoneses se comportaron más o menos bien con la población local, aunque se registró una violación sobre unas mujeres chinas a manos de unos soldados nipones descontrolados. Salvo dicho incidente, en general no pasó nada grave y el 27 de Febrero de 1932 Manchuria entera fue liberada de China e independizada en una nación soberana gobernada por el Emperador Pu-Yi bajo el nombre de “Manchuckuo”. Japón no se anexionó Manchuria tal y cómo había previsto en su espacio vital, ya que en su lugar con una maniobra política muy inteligente la convirtieron en su aliada a cambio de reconocerla como Estado, siembre que Pu-Yi permitiese en algunas regiones asentarse a inmigrantes japoneses, comerciar con sus recursos y controlar parte de los ferrocarriles.

Ruptura con Occidente

Shangai, la única ciudad china de Asia que estaba habitada por delagaciones extranjeras como la británica, francesa, alemana, japonesa o rusa, además de la población local, se alzó en un levatamiento como consecuencia de la invasión de Manchuria con el boicot a los productos japoneses. El Ejército Japonés tuvo que intervenir trasladándose a Shangai y allí hizo sofocar el levantamiento chino. Durante la corta batalla los japoneses quemaron grandes áreas de la ciudad en las que murieron cerca de 10.000 personas. También hubo algunas violaciones, pero como todas las delagaciones extranjeras observaban, los oficiales lograron imponer orden e impedir que aquello fuera a más. La solución para respetar a las mujeres chinas según ideó un general llamado Okamura Yausji fue abrir una serie de burdeles exclusivamente para la tropa con chicas que se presentasen voluntarias, algo que funcionó. Finalmente el 3 de Marzo de 1932 hubo de intervenir la Sociedad de Naciones en Suiza y firmar el Acuerdo del Alto en Fuego de Shangai que puso fin a los combates y obligó a desmilitarizar la ciudad por parte de las potencias extranjeras.

Mientras tanto dentro de Manchuria la administración del Emperador Pu-Yi se organizaba dentro de la órbita del Imperio Japonés. El 15 de Septiembre de 1932 un grupo comunista chino de la Milicia Roja Anti-Japonesa disparó sobre soldados japoneses. Como venganza al día siguiente, el 16 de Septiembre, soldados japoneses y colaboracionistas manchús entraron violentamente en la aldea de Pingdinshang y asesinaron a 800 civiles de la minoría china. El proceso fue llamado “pacificación”.

Restos de la Masacre de Pingdinshang cometida en Manchukuo el 16 de Septiembre de 1932 por los japoneses y colaboracionistas manchús.

Sin conformarse por el resultado en Shangai, Japón junto a su títere Manchuria continuaron su propia guerra contra China invadiendo la provincia del Jehol y llegando a la Gran Muralla. Esto provocó un estallido de protestas en la Sociedad de Naciones. Pero a las democracias occidentales se les abrían los problemas en todos los frentes y eran incapaces de actuar: Adolf Hitler que acababa de llegar al poder en Alemania amenazaba con ocupar las zonas perdidas en el Tradado de Versalles, Iósif Stalin en la Unión Soviética había comenzado el Holodomor contra Ucrania y el Asia Central en el que estaban siendo aniquiladas millones de personas por el hambre, el mundo árabe se rebelaba en las colonias e Italia quería ampliar su Imperio por África a costa de Etiopía. Ante ese caos internacional, Japón aprovechó en Marzo de 1933 para abandonar la Sociedad de Naciones. Rápidamente buscaron nuevas amistades en el exterior similares a su política antidemocráta y anticomunista como Alemania, Italia o Portugal, incluso el Vaticano reconoció la independencia de Manchuria. Las democracias occidentales ocupadas en sus problemas tuvieron que volver la mirada hacia otro lado y hacer una política de consentimiento y apaciguamiento ante el auge de los fascismos. El Primer Ministro Neville Chamberlain en nombre de Gran Bretaña reconoció a Manchuria, mientras que en Estados Unidos se ignoró el problema al estar más preocupado el Presidente Franklin Delano Roosevelt en salir de la Gran Depresión de la economía.

Con manos libres para actuar tras librarse de la Sociedad de Naciones, el Imperio de Japón prácticamente tuvo vía libre y legal internacionalmente para hacer lo que quisiera con el norte de China. Pero no podían arriesgarse a mucho más, así que declararon un alto en fuego con China que puso fin a esa guerra. Los chinos aceptaron la propuesta japonesa y volvieron a su guerra civil, pues antes de la invasión nipona China se encontraba sumida en un conflicto entre los nacionalistas del Kuomintang de Chiang Kai-Shek y los comunistas de Mao Tse-Tung.

En una maniobra sabia Japón no deseaba la paz, sólo prolongarla hasta llegado el momento. Otros continuarían la guerra por ellos, como por ejemplo países como Manchuria o la recién independizada Mongolia Interior comandanda por el Príncipe Demchugdongrub, nación que ansiaba con expandirse en las zonas meridionales de China para conservar su espacio vital ancestral de Gengis Khan, tal y como querían hacer los japoneses con la zona costera. Mongolia y China llevaron a cabo una guerra total durante años, en esta ambos bandos cometerían atrocidades. En especial cruel fue la actitud de los mongoles con los prisioneros chinos o contra la población china mezclada en su territorio, especialmente en Suiyuan.

Depuración en Japón

Lo más importante antes que dar el paso para la política del espacio vital en China era asegurarse la retaguardia dentro del propio Japón. La ventaja que tenían los militares era que el Emperador Hiro-Hito era un monarca que temía a los militares, le aterraba que le pudiera pasar lo mismo que a sus antepasados en las épocas del Shogun, cuando los señores de la guerra y los samuráis gobernaban a su antojo en prefacturas autónomas todo el país. También le aterraba la idea de que le sucediera lo mismo que al Zar Nicolás II y los Romanov en Rusia con los comunistas cuando fueron asesinados. Incluso una de las cosas que no le dejaba dormir tampoco eran los movimientos facistas que ya tenían un poder considerable en Japón y podían hacerse con el control de este en cualquier momento, pues estos últimos tenían posibilidad de repetir lo que en Italia con la Marcha sobre Roma, en la cual se habían habían hecho con el control, pasando a ser el Rey Víctor Manuel III un títere de Benito Mussolini. Por estas razones Hito-Hito siempre se mantendría al margen de lo que hiciera el Ejército o la Marina, si decía que sí a los militares podría conservar el poder cómodamente sin preocupaciones de que su monarquía se derrumbara en manos de comunistas, republicanos o fascistas.

De manera limitada y disimulada empezó la depuración política y social. Más que por medio de la fuerza, como se había hecho en otros países, en Japón ocurrió una excepción, pues se realizó a través de propaganda que influyera en la mentalidad de la gente y la hiciera sentir culpable de su actual modo de vida occidental. Dicha publicidad se basó totalmente en modificar a la mujer japonesa instándola a que dejara vestir como europea y cambiara al kimono, que no fuera a la playa y que se sometiera de nuevo al marido o al padre. De la noche a la mañana y sin nadie obligar a la mujer japonesa lo que sucedió fue de lo más curioso, ya que una gran parte de la población femenina entró en una fase personal de exaltación nacionalista y comenzó a repudiar todo lo de Occidente como si en el pasado no les hubiese gustado, aún así un gran porcentaje continuó con el modo de vida occidental, aunque ahora debían ser más discretas. Por otro lado a los hombres se les inculcó que no debían estar preocupados tanto por los temas extranjeros o cosas terrenales como los deportes, en su lugar se llevó a cabo una intensa campaña para que se enrolaran en el Ejército, ya que la nueva ideología era honrar a la familia y aumentarla para crear un espacio vital a costa de los chinos.

Aunque en la mayoría de casos esa depuración mental fue por medio de propaganda, en algunas ocasiones se llegó al pistolerismo. Por ejemplo hubo asesinatos en atentados planeados hacia políticos y empresarios que no estaban de acuerdo con los militares, siendo el más famoso el del Primer Ministro Inuakai Tsuyoshi asesinado por nacionalistas radicales.

Las maneras violentas no fueron fruto de los militaristas en su mayor parte, en su lugar lo hicieron grupos nacionalistas o fascistas que imitaron al escuadrismo de las Camisas Negras de Italia en los años convulsos anteriores a la llegada del fascismo al poder. La mayoría de fascistas japoneses, escasos en el país, no estaba de acuerdo con los militares en su expansión por China, ya que en su lugar propugnaban una Asia unificada bajo ideología fascista que debía buscar su espacio vital en la Rusia Oriental de Siberia, al igual que Alemania y los fascistas europeos buscaban la Europa unificada en la Rusia Occidental de los Urales. Además el enemigo al que consideraban peligroso no eran los chinos ni las democracias occidentales, sino el comunismo materialista de Stalin y Mao. El líder más influyente fu Kita Ikki de la facción Camino Imperial (Kodoha), un filósofo que proponía un Estado socialista puro en lo económico y en lo cultural muy tradicionalista y nacionalista.

Muchos militares más revolucionarios empezaron a distanciarse de los tradicionales y a ver las ideologías fascistas y nacionalsocialistas con buenos ojos. Las organizaciones fascistas se juntaron con miembros de las fuerzas armadas y decidieron dar un golpe de Estado similar a la Marcha sobre Roma en Italia. Sadao Araki, cabeza de la revolución, sería el orquestador del golpe que derrocaría a los políticos de la Dieta Imperial controlada por el Presidente Okada Keisuke y a la vez acabarían con los militaristas que seguían proclamando su aventura contra China.

Soldados japoneses toman las calles de Tokyo y cometen las primeras detenciones de opositores políticos el 26 de Febrero de 1936.

El 26 de Febrero de 1936 más de 2.000 soldados al mando del general Sadao Araki marcharon sobre Tokyo sin encontrar resistencia y tomando la Dieta Imperial, el Ministerio de la Guerra y la Comisaría Central Metropolitana, a la vez que grupos fascistas se echaban a la calle proclamando la nueva revolución. Aprovechando el caos los rebeldes saldaron viejas cuentas con una serie de asesinatos que incluyeron al ex-Presidente Saito Makoto, al general Jotabo Watanabe y al Ministro de Finanzas Takahashi Korekiyo. Sadao creyó que al igual que el Rey de Italia había hecho con Mussolini le daría el poder, pero no fue así, pues el Emperador Hiro-Hito, temeroso siempre de los fascistas, se apoyó en los militares tradicionales y ordenó a la Guardia Imperial del Palacio disparar. Con el Ejército y la Marina leal a Hiro-Hito el golpe de Sadao acabó en un completo fracaso el 28 de Febrero.

Ante el desastre del golpe de Estado se ordenaron 19 ejecuciones y 70 detenciones. Los militares una vez más se apuntaron una victoria absoluta al haber desarticulado al principal movimiento fascista de Japón en el que su líder Kita Ikki resultó ejecutado. Entre aquellos militares que detuvieron el golpe estaba Hideki Tojo, el que durante la Segunda Guerra Mundial sería líder del Japón e impondría la ideología del Kodoha que acababa de combatir. Con los fascistas neutraliazados y el resto de movimientos de esa idea que no habían participado leales al Emperador, pudo declararse la Ley Marcial en el que el resto de partidos políticos quedaban apenas sin voz en la Dieta y en la democracia, la cual tocó a su fin. Aquel fue el momento que tanto habían estado esperando los militares, ahora que habían salvado al Emperador, Hiro-Hito a cambio tendría que dar por buenas todas sus actuaciones en el extranjero, por eso que mejor ocasión para reanudar la guerra contra China e iniciar una de las masacres más grandes que el mundo había visto hasta la fecha.

Invasión de China

El 7 de Julio de 1937 unos soldados japoneses que maniobraban en un entrenamiento por el Río Hu sobre el Puente de Marco Polo en China se enfrascaron en un territorio contra la zona pacífica del gigante asiático en el que hubo muertes por los dos bandos. En Tokyo aquel acto fue considerado una traición por parte de los chinos y en todo el país se levantaron protestas que reclamaban la guerra. Un día después, el 8 de Julio, Japón traspasó la frontera con China e invadió la ciudad de Wanping. La Segunda Guerra Chino-Japonesa había estallado. Por un lado se forjó una alianza entre la China Nacionalista y la China Comunista; mientras que por el otro se organizó una coalición entre Japón, Manchuria y Mongolia Interior.

La invasión japonesa se planteó en un ataque desde Corea, Manchuria y la Mongolia Interior para conquistar las zonas costeras y centrales del país. En un principio el avance japonés, manchú y mongol fue imparable,haciéndose por el camino con Beiping y Tianjin. Para el 27 de Julio la capital de China, Pekín, fue bombardeada por vez primera desde aviones japoneses.

Como la Sociedad de Naciones no estaba en condiciones de condenar la agresión japonesa, pues Hitler había retomado el Sarre y Renania, Italia había invadido Etiopía y por si fuera poco tenía un lío descomunal con la Guerra Civil en España entre nacionales y revolucionarios; un conflicto más desbordaría a la paz mundial, por tanto Ginebra se limitó a observar a la espera de un veredicto. Las únicas amenazas vinieron de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, razón por la cual Japón pasó a considerarlos como posibles enemigos futuros. Contrariamente quienes serían los amigos definitivos de Japón fueron la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista con los que firmó el Tratado Anti-Kommitern aquel 1937.

Niño chino manchado de humo en Shangai llora ante la devastación japonesa. El genocidio en China había comenzado.

Entonces ocurrió un hecho que justificó la intervención japonesa. Tuvo lugar durante el Motín de Tungchow en el cual unos nacionalistas chinos asesinaron a 250 inmigrantes japoneses, entre ellos un buen número de mujeres y niños. Al ser civiles japoneses los agredidos y no chinos, la Sociedad de Naciones una vez más, al igual que había hecho con Alemania, Etiopía o España, hizo la vista gorda.

Como venganza por lo del Motín de Tungchow los japoneses respondieron con la masacre de Chuchow, región en la cual fueron ejecutados y fusilados varios miles de chinos junto al Lago Tai Hu.

A partir de estos dos acontecimientos en Tungchow primero y el Lago Tai Hu después, serían el preludio del apocalipsis que estaba por venir. Con la Segunda Guerra Chino-Japonesa en marcha comenzaría uno de los mayores genocidos de la Historia de Asia conocido como el Holocausto Asiático.

 

Bibliografía:

Lawrence Rees, El Holocausto Asiático, Crítica (2009), p.17-37
Xavier Casals, La guerra más salvaje. La invasión japonesa de China, Revista Clio Historia Nº101 (2009), p.32-34