Liquidación de Polonia Oriental

El 1 de Septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia para desatar la Segunda Guerra Mundial en Europa. Algo menos de dos semanas después, el 17 de Septiembre, también la Unión Soviética, invocando el Pacto de No Agresión Germano-Soviético “Ribbentrop-Molotov”, se sumó a la agresión desde las fronteras de Ucrania y Bielorrúsia. El resultado de aquella acción fue el reparto del Estado Polaco en dos mitades que vivirían un verdadero infierno en manos de sus nuevos amos, especialmente en la zona bajo control del Ejército Rojo.

Al fijarse la división de Polonia en Octubre de 1939 entre el Tercer Reich y la URSS, la nueva frontera para separar a las dos potencias se fijó en el cauce del Río Bug. A este lado de la demarcación vivían un 38% de polacos, un 38% de ucranianos, un 14% de bielorrusos, un 8% de judíos, un 1% de rusos, un 0’6% de alemanes y un 0’4% de otras etnias como gitanos o lituanos, sin contar con los 336.000 refugiados venidos del oeste que mayoritariamente eran de origen polaco o judío.

La Polonia Oriental bajo la órbita del Kremlin, fue disuelta e incorporada administrativamente a la República Socialista Soviética de Ucrania y a la República Socialista Soviética de Bielorrúsia. A continuación, toda la región fue “desnacionalizada” porque los polacos dejaron de ser considerados ciudadanos como tal en beneficio de los ucranianos y los bielorrusos, ya que cualquier evocación a la cultura polaca fue penada legalmente como “actividad contrarrevolucionaria” o “Crimen contra la Revolución”.

Los alrededores de 12 millones de civiles dentro de la Polonia Oriental tuvieron que sufrir la humillación de ver una “rusificación” de su patria porque 381.000 funcionarios, políticos, profesores, intelectuales, comerciantes, empresarios, industriales o altos cargos de la Iglesia Católica, entre otros colectivos, fueron detenidos y enviados a los gulags de Siberia, además de condenarse a campos de trabajo a 11.309 antiguos policías y 347 espías. Sorprendentemente las muertes de este oscuro período ascenderían a la elevada cifra de 130.000 personas, entre estas 30.000 fusiladas directamente y 100.000 fallecidas en cautividad.

El Ejército Rojo que durante la invasión a Polonia había capturado a 230.000 soldados del Ejército Polaco, inmediatamente los deportó en trenes a los gulags y campos de concentración diseminados a lo largo de un vasto espacio sobre Siberia, Arkángel, Kazakhistán y el Lejano Oriente. Según los registros posteriores, un total de 148.000 prisioneros morirían a causa del trabajo esclavo, hambre, enfermedades o ejecutados a manos de los guardias de la Policía Estatal Soviética (NKVD), sobreviviendo únicamente 87.000 que serían liberados en 1941 para ser extraditados al Imperio Británico.

Cautivos polacos en el gulag de Kolymá.

A nivel de limpieza étnica, la madrugada del 13 de Febrero de 1940 comenzó la mayor redada contra 220.000 personas después de que agentes de la NKVD se presentaran en miles de hogares para obligar a centenares de familias a hacer el equipaje a toda prisa (10 kilos por persona contando ropa, comida, dinero, documentos…) y ser deportadas a los gulags a bordo de trenes con vagones herméticos en los que muchos murieron durante el viaje debido a la carestía alimentos (sólo comían trozos de pan que los guardias les arrojaban o se bebían el agua del hielo derretido que se filtraba en los barrotes) o las condiciones higiénicas (el único retrete era un agujero en el suelo). La segunda redada de esta tipo tuvo lugar el 13 de Abril de 1940 con otros 320.000 civiles deportados, la tercera entre Junio y Julio con 240.000, y la cuarta en Junio de 1941 con 300.000.

Los gulags de destino fueron recintos de Siberia y Kazakhistán, aunque el peor de todos fue el campo de concentración de Jozma en Arkángel. Este último centro situado en el Ártico, ya murieron uno de cada diez deportados durante el sólo trayecto a pie o en trineos estirados por renos desde los trenes. Una vez en el campo, otros miles de polacos perecieron por las temperaturas de -40º grados en invierno, por las picaduras de mosquitos en verano, por la falta de vitaminas A que causaban ceguera nocturna, las enfermedades derivadas de los piojos y chinches, y por supuesto los maltratos de los guardias de la NKVD.

Otro de los aspectos de la represión en Polonia fue el canjeo de prisioneros con la Alemania Nacionalsocialista, como sucedió en la frontera del Río Bug cuando la URSS entregó a las SS algunos soldados para el trabajo esclavo, mientras los alemanes cedían a los rusos ciertos oficiales e intelectuales que inmediatamente eran ejecutados por la NKVD. Incluso en una ocasión, en un gesto de amistad hacia Adolf Hitler, el mandatario Iósif Stalin trasladó a la demarcación polaca a un total de 570 militantes del Partido Comunista Alemán (KPD) que llevaban encarcelados desde la “Gran Purga” de 1937 y que en ocasiones se había solicitado su repatriación por parte del Tercer Reich.

Al producirse la “Operación Barbarroja” en Junio de 1941, los soldados del Ejército Polaco cautivos en la Unión Soviética fueron liberados y enviados a Oriente Medio para luchar contra el Tercer Reich, aunque los civiles todavía permanecerían en los gulags hasta un año después de acabar la Segunda Guerra Mundial en 1946, siendo realojados en la Polonia Occidental (tras la expulsión de dicha etnia siguiendo lo pactado en la “Línea Curzon”). Hasta ese momento un total de 500.000 ciudadanos de Polonia Oriental murieron entre 1939 y 1941 a manos de la URSS y otros 1.200.000 resultaron deportados.

 

Bibliografía:

-Jesús Hernández, Grandes Atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, “Deportación de los Polacos a Siberia, Almuzara (2018), p.68-86
-Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo, “Capítulo 11. El imperio de los campos de concentración”, Ediciones B (2010), p. 277-285