Descosaquización

La «Descosaquización» que llevó a cabo la Rusia Bolchevique fue considerada por muchos historiadores de la época como una gran persecución étnica de principios del siglo XX, justo por detrás del Genocidio Armenio perpetrado por Turquía en la Primera Guerra Mundial. Con alrededor de casi medio millón de muertos o desaparecidos, lo sucedido con el pueblo cosaco sería un claro ejemplo de lo que posteriormente se denominaría en términos jurídicos un Crimen contra la Humanidad.

El pueblo cosaco procedía de las Tribus del Don, Kubán, Volga, Terek y Ural (nombre que hacía referencia a dichos ríos), aunque su origen se remontaba al siglo XIV cuando bandas de tártaros descendientes del Imperio Mongol de la Horda de Oro encontraron refugio en el Principado Ruso de Riazan, donde desde el siglo XV se mezclaron con los pueblos eslavos y se expandieron con ellos hasta conformar comunidades muy peculiares como la de Zaporozhie. Después de crear nuevos asentamientos en Rusia, Siberia y Asia Central, los miembros de dicha etnia se hicieron muy famosos por su destreza en el manejo de las armas y la caballería, así como por defender unos profundos valores tradicionales y una rica cultura popular. Así fue como a partir del siglo XVIII sus jinetes acabaron siendo considerados un cuerpo de élite dentro del Ejército Imperial Ruso, pues una vez cumplían un servicio de 36 años, recibían del régimen zarista un total de 30 hectáreas de campo de cultivo que sus familias podían disfrutar a modo pensión. De hecho gracias a los cosacos y sus monturas el Imperio Ruso consiguió convertirse en una gran potencia cuando venció a Suecia durante la Batalla de Poltava en 1709 y a la Francia Napoleónica durante la Gran Retirada de Moscú en 1809.

Al tener lugar la Revolución Bolchevique de 1917, el modo de vida de los cosacos no entraba dentro de los cánones del pensamiento marxista que defendía la Rusia Soviética dirigida por Vladimir Lenin, quién nada más hacerse con el poder entre los Sóviets, no dudó en suprimir el estatus de honor del pueblo cosaco, en retirarles el título de caballería de élite y en prohibir a sus habitantes disponer de ningún tipo de propiedad. A continuación cualquier símbolo de la identidad cosaca fue suprimido y la mayor parte de sus tradiciones vedadas, antes de que una gran parte de sus bienes, tierras y pertenencias fueran confiscadas y entregadas a nuevos desplazados rusos que viajaron a las zonas de pasto de las Tribus del Don, Terek, Volga, etcétera.

Oficialmente entre Marzo y Abril de 1918 los miembros de la Guardia Roja comenzaron sus ataques contra las aldeas de los cosacos, las conocidas como “stanitsas”, cuyas viviendas y propiedades arrasaron e incendiaron, antes de cebarse contra sus habitantes de forma muy violenta porque muchos fueron asesinados tras mutilarles las manos, romperles la mandíbula, extraerles los genitales o decapitarles la cabeza. El líder bolchevique Vladimir Lenin que no era ajeno a estas fechorías no solamente las aprobó, sino que encima puso en marcha la siguiente fase aniquiladora cuando el 24 de Enero de 1919 aprobó un documento que decía: “Es necesario reconocer como única medida políticamente correcta una lucha sin compasión, un terror masivo contra los ricos cosacos, que deberán ser exterminados y físicamente liquidados hasta el último”.

A lo largo del «Terror Rojo» millares de cosacos fueron cazados y asesinados por los soldados de la Guardia Roja, por lo menos hasta que inesperadamente a mitad de 1919 se suspendieron las matanzas cuando la Rusia Soviética requirió de la ayuda de sus jinetes y monturas para enfrentarse al Ejército Blanco dentro del contexto de la Guerra Civil Rusa. Así fue como tras aprobarse una discreta amnistía los bolcheviques crearon la «Caballería Cosaca Roja», la cual quedó integrada dentro del organigrama del I Ejército de Caballería del general Semión Budionny, en cuyas filas los cosacos se distinguieron con heroicidad luchando en Ucrania y posteriormente realizando cargas a sable en Polonia durante la Guerra Polaco-Soviética de 1919.

Curiosamente mientras la Caballería Cosaca Roja se batía contra el Ejército Blanco y contribuía a la victoria bolchevique en la Guerra Civil Rusa, en la retaguardia por el contrario numerosas zonas cosacas en los Ríos Don, Kubán, Volga y Terek fueron saqueadas por la Guardia Roja y la policía política de la Cheka, en donde requisaron todos los medios de subsistencia de los autóctonos como fue el caso de la comida, inmuebles, dinero e incluso la ropa y el calzado. De hecho serían ejecutadas unas 8.000 personas al suroeste de Rusia, incluyendo muchos de los cosacos del Ejército Rojo que tras el cese de las hostilidades fueron expulsados con deshonor y devueltos a sus hogares sin recompensa económica alguna.

Hacia mediados de 1920 los cuadros de la Cheka organizaron una serie de tribunales militares denominados “Troikas” que se encargaron de juzgar una supuesta conspiración de la etnia cosaca contra el Gobierno del Partido Bolchevique, algo que justificaron bajo la clasificación legal de «grupo étnico totalmente culpable”. El resultado de estos juicios farsa dejó un saldo de 6.000 personas sumariamente ejecutadas en Octubre de 1920, aunque para Vladimir Lenin no fue suficiente porque después de una profunda reflexión llegó a la conclusión de que la única manera de someter a los cosacos era mediante una aniquilación parcial, pues según sus cálculos un castigo de tal magnitud estigmatizaría a los supervivientes y también a los futuros descendientes para someterse de una vez por todas al poder marxista. Así fue como se puso en marcha una operación especial que estuvo al cargo de numerosos escuadrones de la Guardia Roja bajo el mando del comisario Sergei Ordzhonikidze, quién desplegó a sus tropas ante las «stanitsas» para comenzar lo que se conocería con el término de «Descosaquización».

Oficialmente la «Descosaquización» comenzó entre finales de 1920 y principios de 1921 cuando los soldados del Ejército Rojo irrumpieron en las «stanitas» de las Tribus del Kubán, Don, Terek y Asia Central, desatando una serie de matanzas, saqueos y destrucciones que supuso la destrucción de comunidades históricas. Solamente en Pyatigorsk fueron ejecutados públicamente 300 cosacos; mientras que en la aldea Kalinovskaya toda la población fue masacrada y sus viviendas incendiadas; sin contar con que los pacientes del Hospital de Kislovodsk fueron brutalmente asesinados en sus camillas por los guardias de la Cheka.

A partir de 1921 comenzaron las deportaciones a campos de concentración después de que destacamentos de la Cheka y el Ejército Rojo sacasen de sus hogares a miles de familias cosacas y separasen a los varones de entre 18 y 50 años para subir a trenes de ganado y ser enviados como esclavos a la cuenca minera del Donets (muchos desfallecerían por las malas condiciones). Una vez desaparecidos los hombres que eran más viriles y físicamente aptos para defender a los más débiles, les tocó el turno a las mujeres, niños, ancianos y bebés que fueron deportados en convoyes ferroviarios hacia Asia Central y Siberia. Los que sobrevivieron a un trayecto inhumano de varias semanas que costó la vida a numerosos pasajeros no lo pasaron mejor al llegar a su destino porque millares perecieron en los recintos por culpa del frío, el hambre y las enfermedades, así como por las torturas de los guardias y los castigos en forma de fusilamientos que poco a poco fueron quebrando la integridad física y mental del pueblo cosaco.

Como consecuencia de la «Descosaquización» miles de ciudadanos de origen ruso y ucraniano pudieron repoblar las regiones y pueblos vacíos que los cosacos habían dejado en el Cáucaso y el sur de Rusia, aunque sus objetos personales y otros bienes de valor fueron repartidos entre los miembros más corruptos de la Cheka. Según los registros hubo 4.220 deportados en la localidad de Kalinovskaya, 3.218 en Ermolovskaya, 3.200 en Romanovskaya, 2.900 en Samachinskaya y 2.800 en Mihaílovskaya (sin contar los centenares de cosacos desaparecidos o secuestrados en otros enclaves).

A finales de 1921 la Rusia Soviética anunció el final de la «Descosaquización» después de un triste resultado de 500.000 cosacos muertos o desaparecidos de un censo original de 3 millones de habitantes, lo que equivalía un exterminio del 25% de toda la etnia. Afortunadamente con la muerte de Vladimir Lenin y la llegada al poder de Iósif Stalin en 1924, el Kremlin detuvo en seco la persecución por el simple hecho de que el nuevo mandatario admiraba el valor guerrero del pueblo cosaco, por lo que de nuevo restauró muchos de sus antiguos privilegios e incluso consideró a sus jinetes como la caballería de élite del Ejército Rojo, la cual mantendría dicho estatus a lo largo de todo el período de existencia de la Unión Soviética y también durante la posterior República Federal Rusa.

 

Bibliografía:

-Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo, Ediciones B (2010), p. 136-141
-http://granguerra.crearforo.com/el-terror-rojo-en-rusia-es1656.html