Italia en la Shoah

 

La Italia Fascista de Benito Mussolini, fue un ejemplo de fascismo precisamente. A diferencia del nacionalsocialismo de Adolf Hitler en Alemania, la doctrina fascista no había nacido del antisemitismo, sino del viejo socialismo anticomunista, aspirando como dijo el Duce a extenderse “más allá de las estrellas”. El fascismo era una ideología destinada a ser adoptada por todos los pueblos y razas del mundo para la realización personal y espiritual del individuo en una especie de <<nacionalismo internacionalista>>. Los judíos por supuesto debían estar incluidos en el proyecto de una Humanidad Fascista, por eso mismo Italia nunca pudo participar en la Solución Final e hizo todo lo posible por boicotear a los alemanes.

Antecedentes

A pesar de que el Partido Nacional Fascista (PNF) de Italia intentó antes de la Segunda Guerra Mundial aproximarse a Alemania utilizando una retórica antisemita, nunca llegó a más. Cierto fue que durante un tiempo surgieron publicaciones de carácter antijudío como el Manifiesto de las Ciencias Racistas o Defensa de la Raza (Difensa della Raza), aunque de autores que actuaron de manera independiente. Como en otras partes de Europa se aprobó una ley antisemita consistente en la prohibición de acceder a los judíos a la administración del Estado, pero nunca llegó a aplicarse, pues hasta altos cargos y dirigentes del Partido Fascista eran judíos. Mussolini en persona expresó: “Me importa un comino toda esa teoría del antisemitismo”.

Uno de los datos a destacar de la Italia de Mussolini era que más de 9.000 judíos estaban afiliados al Partido Nacional Fascista, es decir, una quinta parte de la población judía en ese país, lo que demuestraba la gran afinidad de muchos hebreos hacia el fascismo en aquella época.

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial residían en Italia 47.252 judíos.

El fascismo ayuda a los judíos

Durante la “Operación Barbarroja” el VIII Ejército Italiano participó en la campaña de invasión a la Unión Soviética. Según los espías italianos que merodeaban dentro de las administraciones controladas por Alemania, pudieron documentar cual estaba siendo el trágico destino de los judíos, desde ejecuciones masivas a deportaciones de poblaciones enteras, incluso se descubrió la existencia del campo de concentración de Theresienstadt. Al saberse en Roma la verdad sobre sus compañeros de armas alemanes cundió la indignación y la preocupación entre los mandos fascistas. A partir de ese instante la Italia Fascista fue la única nación del Eje en Europa que se decidió a ayudar a los judíos en los territorios controlados bajo el Imperio Italiano, e incluso a boicotear a los alemanes dejando acceso libre hacia sus zonas a muchos de ellos.

Curiosa fotografía. Judíos italianos fascistas pertenecientes a las milicias de Camisas Negras rinden honores a la bandera de Italia.

No era nada nuevo en el Imperio Italiano la moda antisemita, que por aquel entonces afectaba casi exclusivamente a la colonia de Libia en el Norte de África para segregar a judíos de los musulmanes libios nativos. La única acción polémica del fascismo fue llevarse a miles de judíos libios a los campos de internamiento de Giado, Sidi Azzaz y Buq Buq en medio del Desierto del Sáhara. Estuvieron bien atendidos, aunque las carencias que también afectaban a los mismos italianos no impidió que muriesen 562 hebreos.

Al darse inicio a la Solución Final en Europa, el Reichsführer de las SS, Heirich Himmler, se reunió en Roma con Mussolini el 11 de Octubre de 1942. El motivo de la visita era para que el Duce accediera a entregar a todos los judíos alemanes en Italia, a lo que Mussolini se negó en rotundo. La hostilidad de los italianos en cuando se sacaba el tema judío preocupó de manera a los alemanes, temiendo que Italia se pudiese convertir en un tierra de salvamento para los judíos.

Todo el Imperio Italiano y sus zonas de ocupación en Francia, Grecia, Croacia y Montenegro, se convirtieron en una tierra de libertad para los judíos. Los soldados italianos protegían a los judíos y los alemanes no tenían permitido el paso a sus zonas. Cuando Ante Pávelic, dirigente de Croacia, acordó con los alemanes entregar a 5.000 judíos de las zonas que ocupaban los italianos, Roma se negó y pudieron salvar la vida. En Grecia, los diplomáticos italianos Guelfo Zamboni en Salónica y Pellegrino Ghigo en Atenas, ayudaron a cientos de judíos a pasar a las zonas de ocupación militar italiana donde estaban a salvo con la excusa de que tenían la nacionalidad italiana u ostentaban ese derecho por haber engrandecido la cultura nacional.

La Francia de Vichy también quiso entregar a los judíos de Niza, pero el general italiano al mando allí, Alberto Calisse, ordenó a sus tropas que no cumplieran la orden y además regaló a todos los judíos pasaportes para que pudiesen ser trasladados a Italia donde estarían seguros, algo que se hizo sin problemas. Curiosamente fue Francia el lugar en donde más se implicaron los italianos para evitar que los judíos fuesen deportados. En 1943, a sabiendas Mussolini de que las pruebas decían a gritos que los judíos de Europa estaban siendo exterminados, el Duce quiso intervenir para evitar más asesinatos enviando a un inspector de la Policía Italiana llamado Guido Lospinoso que junto con el judío italiano Angelo Donati y el fraile católico francés Pierre Marie-Benoît, lograron sacar de la Francia de Vichy en la Costa Azul a unos 30.000 judíos, los cuales reasentaron en zonas protegidas bajo control militar italiano, alojándoles en hoteles turísticos de la Alta Saboya.

Con todos los gestos de ayuda a los judíos por parte italiana, la ira de los alemanes respecto a ese boicot italiano a la Solución Final fue en aumento. El enfado monumental alemán a veces hizo que los italianos tuvieran que hacer concesiones para no convertirse en blanco de ira de los alemanes, cada vez más hostiles. Por ejemplo, 320 judíos fueron entregados por las tropas italianas a las SS en Grecia.

Rendición italiana

El 8 de Septiembre de 1943, Italia se rindió a los Aliados y el Ejército Alemán (Wehrmacht) ocupó la mitad septentrional de la Península Itálica hasta Salerno. A la Wehrmacht, destacamentos de las SS la siguieron en la retaguardia para dedicarse a la caza de los judíos que el fascismo no había querido eliminar. Mientras tanto, Mussolini recién depuesto, fue rescatado por comandos germanos y colocado al frente de un nuevo gobierno en Italia del Norte denominado República Social Italiana (República de Saló). Aunque la nueva administración fascista colaboraría a veces con los alemanes respecto a la cuestión hebrea, más que nada para mantenerse vivos ante unas SS que día sí otro tambien mataban a ciudadanos italianos, el Duce y los fascistas continuarían disimuladamente poniendo trabas a la ocupación germana y boicoteando la Solución Final.

Las primeras víctimas de los alemanes antes que los judíos fueron los más de 1.000.000 de soldados italianos que se rindieron en toda la Península Itálica, Francia y los Balcanes a las tropas del Tercer Reich. También fueron víctimas las antiguas fuerzas de seguridad italianas, especialmente los Carabineros (Carabinieri). Caro iban a pagar el haberse rendido al enemigo y no querer seguir luchando con Alemania, ya que masivamente fueron enviados a campos de concentración como esclavos y no como prisioneros de guerra, aplicándose raramente la Convención de Ginebra. De todos estos militares italianos unos 45.000 morirían (4.600 ejecutados en fusilamientos y el resto a causa de los trabajos forzados o la malnutrición).

Ocupación de Italia

Neutralizados los soldados italianos, los alemanes siguieron por los judíos ahora que no tenían a nadie quién los protegiese. Himmler designó como representante de las SS en Roma al comandante Herbert Kappler. Para tener controlado a los hebreos se nombraron a dos líderes para la comunidad judía, Ugo Foà y Dante Almansi.

Oficialmente la primera deportación de judíos italianos comenzó en Trieste el 9 de Octubre de 1943. Aquel día era sábado, fecha que aprovecharon los alemanes al ser festiva en la religión hebrea, para atraparles desprevenidos. Sin embargo la deportación incluyó a muy pocos porque las simpatías de la población civil e incluso las escuadras fascistas ayudaron a muchos judíos siempre que pudieron.

Todos los judíos que los italianos habían ocultado en la Alta Saboya procedentes de Niza y la Costa Azul fueron encontrados por los alemanes cuando se rindieron las fuerzas armadas italianas. Insistentes las SS les persiguieron, llegando a ofrecer 5.000 francos por judío delatado, pero surgió poco efecto, pues sólo una mujer con ansias de riqueza actuó de chivata delantando a 17 personas escondidas. Inevitablemente los alemanes fracasaron, pues de los 30.000 judíos en la Alta Saboya, únicamente pudieron deportar y eliminar a 1.819 de ellos. Todo ello fue gracias en parte a la población civil y a la administración fascista en la zona.

Muchas veces la brutalidad de algunas milicias italianas superaba a los alemanes. Por ejemplo en Milán, el capitán Pietro Koch con un grupo de fascistas descontrolados pertenecientes al cuartel de Villa Trieste, secuestraban a menudo judíos, los torturaban con ensañamiento y luego los mataban. En estos asesinatos participaron los actores italianos Luisa Ferida y Osvaldo Valenti. Otro caso de violencia fue el asalto de milicias italianas a un gueto judío de Venecia, además del Asilo de Ancianos, donde arrestaron a 163 personas (144 mujeres y niñas más 49 hombres y niños).

Redada al Gueto de Roma

Como en otras partes de Europa, las normas antisemitas de la ocupación alemana no tardaron en estrenarse, la más polémica fue establecer a los judíos en un gueto. El antiguo gueto judío de Roma que precisamente existía desde el año 1500 fundado por los Estados Papales para separar a católicos y judíos, fue vuelto a utilizar con el mismo fin. Estaba delimitado por el Pórtico d’ Ottavia, Vía Arenula, Vía della Reginella, Vía Santa María del Pianto, Vía del Templo, Vía Catalana, Vía Lungotévere Cenci, Piazza Mattei, Vía Tribuna di Campitelli, Vía Sant’ Angelo in Pescheria, Vía dei Funari, Piazza Sant’ Elena, Via del Felegnami, Piazza Costaguti, Vía del Progresso y Piazza Cenci, mientras que era rodeado por los barrios de Rione Campitelli, Regola y Transtevere.

El primer castigo para los nuevos habitantes del gueto fue hacerles entregar a las SS la cantidad de 50 kilogramos de oro en plata en un plazo de 36 horas como pago por el simple hecho de residir en Italia, de lo contrario 300 inquilinos serían deportados al azar. A los pocos días alemanes y colaboradores de la Policía Italiana asaltaron a Biblioteca de la Comunidad Israelita (Biblioteca della Comunità Istaelitica), en donde se robaron manuscritos de 1492 perteneciente a la expulsión de judíos de España y el Reino de las Dos Sicilias, un diccionario de 1488 en hebreo-italiano-árabe, obras del matemático Elia Mizrahi y 8 volúmentes del siglo XVI del impresor Daniel Bomberg, aunque por suerte pudieron salvarse piezas valiosas ocultas en la pared de los baños rituales de purificación (Mikhav).

Deportación de judíos en tren son acompañados por soldados italianos.

La primera redada antisemita en Roma se efectuó el sábado 16 de Octubre de 1943 de manos de la Policía Italiana y las SS, todo ello al mando del comisario de policía italiano Gennaro Cappa. Sin previo aviso hombres uniformados se presentaron en las viviendas de los judíos y les dieron 20 minutos para asearse y recoger sus cosas, una vez fuera, bajo un cielo nublado y con lluvia, fueron subidos a camiones negros listos para el transporte. Se arrestaron en la redada 1.259 judíos italianos en un total de 26 zonas de operaciones, a los que albergaron en la Calle Lungara dentro del Colegio Militar Italiano, separando previamente a hombres por un lado y mujeres y niños por el otro. Al día siguiente, domingo 17 de Octubre, fueron liberados 229 de los detenidos, todos mestizos y un hombre de nacionalidad vaticana.

A las 14:04 horas del lunes 18 de Octubre, los restantes 1.030 judíos del Colegio Militar Italiano de Roma, fueron conducidos a la Estación de Tiburtina donde se deportó al primer grupo en un tren de 18 vagones en el que iban de 50 a 60 personas por vagón. Le siguieron dos trenes más de similares características con 600 personas cada uno. Ese día los trenes salieron de Roma pasando por Chiusi y Firenze. Al día siguiente, el martes 19, los vagones pararon en Padua donde fueron atacados y ametrallados con algunas víctimas por aviones estadounidenses que los confundieron con un convoy militar alemán. El miércoles 20 cruzaron el Brénnero y el jueves 21 dejaron Italia a través del Tercer Reich por Austria, Chequia y luego Polonia. Al campo de exterminio de Auschwitz llegaron por fin el viernes 22 de Octubre, lugar donde descendieron de los trenes, siendo la mayoría conducidos y asesinados a las cámaras de gas. De aquellos judíos italianos sobrevivieron 196 de ellos por ser elegidos para trabajos forzados en las minas de Jawischowitz, aunque al final de la guerra solo quedarían 15 vivos.

Concluida la redada al Gueto de Roma, fue polémica la actuación del Vaticano, ya que las advertencias de muchos sacerdotes al Papa Pío XII no causaron que se implicara, ni siquiera se hiciese una denuncia pública. Probablemente la presión del Vaticano a los alemanes no hubiera impedido la redada, pero sí posiblemente reducir las victimas con una negociación.

Campos de concentración italianos

Campos de concentración se extendieron por toda Italia para albergar a los judíos, prisioneros de guerra yugoslavos y presos políticos italianos, entre estos últimos muchos partisanos. La aprobación del empleo de dichos centros fue dada por la Orden Policial Número 5. Todas las instalaciones estuvieron siempre controladas por soldados italianos de la República de Saló y en menor medida de las SS. Como representante de la República de Saló respecto a la cuestión judía se eligió a Giovanni Preziosi, jefe de la recién fundada Inspección General para la Raza. No obstante, en los campos bajo control absoluto italiano, los presos siempre estuvieron bien tratados y las autoridades italianas lograron evitar en la mayoría de casos entregar a sus cautivos a los alemanes, salvo algunas excepciones.

Campo de concentración de Fossoli. A un lado de la doble alambrada están los judíos, al otro guardias italianos de la República de Saló.

Oficialmente se abrió el primero el 5 de Diciembre de 1943, era el campo de concentración de Fossoli, donde deportaton desde allí hacia la muerte de Auschwitz a 650 judíos el 22 de Febrero de 1944. Más tarde se construyó el campo de la Arrocería de San Sabba en Trieste, el más mortal de todos los campos, que por las malas condiciones se cobró unas 3.000 vidas, siendo la mayoría excombatientes partisanos italianos y yugoslavos, aunque los más viejos y enfermos eran pasados directamente por las armas. El campo de Ferramonti di Tarsia en Calabria fue otra gran instalación con 2.000 judíos, de los cuales la mayoría se salvó gracias al buen trato de los guardias fascistas. Otros campos fueron Abruzos, Molise, Campania, Basilicata, Pulla, Emilia Romaña, Toscana, Gries, Asti, Servigliano, Isla Ponza e Isla Ventonete.

Final

Apenas se tocaron a los judíos en el año 1945. El caos que se vivía en Italia para los alemanes, permitió a las autoridades y civiles ocultar judíos de sus verdugos. El 28 de Abril de 1945 concluyó la guerra en Italia tras la caída de Benito Mussolini, que en los últimos momentos fue traicionado por los alemanes y entregado a los partisanos comunistas, los cuales le fusilaron.

Cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial en Italia un total de 7.500 judíos italianos habían muerto en el Holocausto, alrededor del 20 % de la población judaica total. No obstante, gracias a Italia y al más moderado fascismo el 80% de los judíos italianos pudieron salvarse.

 

Bibliografía:

Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.642-748
Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “En Roma como en Varsovia”, S.A.R.P.E. (1978), p.1264-1272
Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “Los Seiscientos Días de Saló. Los campos de concentración en Italia”, Susaeta, (2003), p.172-173
Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.296
Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.26