Fuga japonesa del campo australiano de Cowra

Los campos de prisioneros fueron algo habitual en la Segunda Guerra Mundial y por tanto las numerosos fugas que tuvieron lugar, algunas espectaculares, otras con fatal resultado. La huida protagonizada por cautivos japoneses en el campo de Cowra en Australia, fue una de las trágicas de todas las ocurridas durante la Guerra del Pacífico.

Campo de Cowra

Cowra era un campo de prisioneros bajo control del Ejército Australiano que se ubicaba en el Valle de Lanchan, al sur del país en Nueva Gales del Sur y a una distancia de 314 kilómetros de Sidney. Abierto al inicio de la Segunda Guerra Mundial, fue catalogado con el número doce de una veintena de recintos similares a lo largo de toda la geografía de Australia.

Originalmente el campo de Cowra fue pensado para albergar a 2.000 prisioneros capturados en el Norte de África, la mayoría latinos del Ejército Italiano, aunque también unos pocos alemanes del Afrika Korps. Sin embargo con el estallido de la Guerra del Pacífico en 1941, los cautivos aumentaron a 4.000 con la llegada de otros 2.000 nuevos prisioneros, entre ellos japoneses y coreanos del Ejército Imperial Japonés, así como algunos colaboracionistas indonesios de las Milicias “Heiho”.

Fotografía del campo de Cowra en Australia, tomada el 1 de Julio de 1944. En la imagen se ve a unos prisioneros del Eje jugando al béisbol.

Inicialmente los internos fueron 4.000 soldados del Eje, la mayoría italianos, unos 2.000, aunque también coreanos al servicio del Ejército Japonés y colaboracionistas indonesios con Tokyo. No hubo incidentes hasta 1943, fecha en que estalló una revuelta entre los prisioneros, que obligó a los centinelas a instalar ametralladoras Vickers y Lewis en las torretas de vigilancia, así como reforzar la seguridad con más guradias del 22nd Batallón de Guarnición.

Hasta 1943 no se produjeron incidentes en Cowra, salvo por una breve revuelta que fue rápidamente silenciada, lo que obligó a establecer en el recinto una serie de torres de vigilancia con ametrallados Vickers y Lewis, además de algunos guardias procedentes del 22nd Batallón de Guarnición del Ejército Australiano. Al año siguiente de estos sucesos, en 1944, la población de prisioneros del Eje ascendió a 18.528 internos entre 14.720 italianos, 2.223 japoneses (entre ellos 544 marineros mercantes y Hajime Toyoshimo, este último el primer nipón capturado por Australia en la Guerra del Pacífico) y 1.585 alemanes, sin contar a los colaboracionistas coreanos e indonesios que probablemente darían una cifra de 20.000 cautivos.

Fuga de Cowra

A las 2:00 de la noche del 4 al 5 de Agosto de 1944, un total de 1.104 prisioneros japoneses se abalanzaron repentinamente contra las alambradas del campo de Cowra. Los centinelas que reaccionaron sorprendidos ante esta inesperada situación, apenas tuvieron tiempo de nada porque una masa de cautivos comenzaron a trepar y a romper los alambres mucho antes de que tuviesen listas sus armas para intervenir. De hecho sólo dos centinelas, los soldados Benjamin Hardy y Ralph Jones, eran los únicos que poseían ametralladoras aquella noche cuando después del asombro inicial, abrieron fuego de manera indiscriminada. Lo que a continuación sucedió, fue una gran matanza porque los japoneses murieron acribillados por los balas, enredados en el metal o estampados contra el suelo al caer. No obstante y a pesar de que 231 nipones perdieron la vida en el intento, mataron en la confusión a 4 soldados australianos y lograron que un total de 107 compañeros escapasen hacia el interior de Australia.

La situación de los japoneses evadidos de Cowra no fue mejor que los que permanecieron en el recinto, pues se encontraban en medio de un país habitado por la raza blanca, algo que hacía imposible pasar inadvertidos ante los ojos de la población civil debido a su condición de asiáticos y “amarillos”. Así pues, fue relativamente sencillo para las autoridades capturarlos a todos y ser devueltos al campo de prisioneros. Solamente un grupo de 25 nipones no fue atrapado porque tras negarse a rendirse, acabaron por suicidarse.

Al saber el Primer Ministro John Curtin acerca de lo sucedido en Cowra, criticó que sus guardias no hubiesen cumplido la Convención de Ginebra porque abrieron fuego contra prisioneros que estaban completamente desarmados. Como el episodio fue un evidente Crimen de Guerra, el Gobierno Australiano decretó una férrea censura por miedo a que el Gobierno Japonés se enterase de lo sucedido y tomara represalia contra los prisioneros australianos presos en Japón.

Oficialmente en 1950, cinco años después de haber terminado la Segunda Guerra Mundial, el Gobierno Australiano reconoció la masacre de 256 prisioneros japoneses en el campo de Cowra. Como recuerdo a la matanza, se construyó fuera del recinto un templo estilo Edo y se plantó un jardín en honor a la paz sobre la cercana Colina Bellevue.

 

Bibliografía:

-Jesús Hernández, Una fuga suicida, Revista Muy Historia Nº22 (2009), p.51
-http://en.wikipedia.org/wiki/Cowra_breakout