“Ferrocarril de la Muerte” en Birmania

Cuando Japón invadió Birmania en 1942, miles de soldados del Ejército Británico y la Commonwealth fueron hechos prisioneros por el Ejército Imperial Japonés. La mayoría de estos cautivos, quienes hasta ese momento no podían haber imaginado un destino peor, acabarían convertidos en esclavos durante el resto de la Segunda Guerra Mundial para trabajar en el tendido de vías de tren sobre la jungla tropical en un proyecto que fue conocido como el “Ferrocarril de la Muerte”.

Como el objetivo de Japón en el Sudeste Asiático era el de invadir la India, antes era necesario tender una vía ferroviaria que partiese desde Thailandia, por aquel entonces un miembro del Eje, hacia la capital de Rangún en Birmania, y de ahí hasta la misma frontera en el Subcontinente Indio. Así fue como se escogieron a 300.000 prisioneros de guerra y esclavos entre los que hubo 200.000 asiáticos de China y Birmania, 30.000 procedentes de Gran Bretaña, 18.000 de Holanda, 15.000 de Corea, 16.000 de Australia y 700 de Estados Unidos.

Oficialmente las obras del “Ferrocarril de la Muerte” comenzaron el 22 de Junio de 1942 sobre la ciudad de Ban Pong en Thailandia, mientras los reos eran vigilados en todo momento por un grupo de guardias japoneses y thailandeses al mando del comandante Hiroshi Abe. A pesar de que los abusos y maltratos estuvieron a la orden del día desde el principio, en tiempo récord los esclavos construyeron 415 kilómetros de tendido ferroviario y 8 puentes de acero, aunque a un coste de 1.414 prisioneros muertos entre los de origen occidental.

Fusilamiento de prisioneros de la Commonwealth en Birmania.

A partir de 1943, las condiciones del “Ferrocarril de la Muerte” se volvieron terribles cuando las vías se internaron entre las frondosas selvas del Birmania. Especialmente difícil fue sobrevivir en la provincia de Sangkhla porque los esclavos trabajaban agotadoras jornadas durante las horas de luz y bajo un calor abrasador, además de ser víctimas de las lluvias monzónicas que inundaban sus puestos de trabajo, del cansancio por culpa de la humedad y de un ambiente hostil con insectos y serpientes venenosas. Tampoco los barracones eran un lugar mejor porque no eran más que chozas construidas en cañas de bambú, donde los reos tenían que acomodarse sobre tablones en un espacio de 60 centímetros por persona, normalmente atestados de piojos y moscas, lo que sumado a una dieta de dos cuencos de arroz al día con la consiguiente desnutrición, derivó una serie de epidemias de disentería, malaria y cólera. Sin embargo, lo peor era hacer obras en los puentes porque los reos estaban parcialmente sumergidos en el agua o en el barro, o subidos a las alturas de unos andamios que solían causar accidentes mortales, siendo uno de los tramos más peligrosos el “Puente 227”, también conocido como el “Puente sobre el Río Kwai”.

La brutalidad de los guardias del Ejército Imperial Japonés y los colaboracionistas del Ejército de Defensa Birmano, fueron junto a las bofetadas, palizas y humillaciones algo habitual en el “Ferrocarril” de la Muerte”. Entre las torturas habituales de los nipones estaba propinar patadas a los prisioneros con la punta de las botas, o lo que era peor, la jaulas de bambú o las chapa metálicas, en cuyo interior se introducía a la víctima para dejarla morir de calor y sed (algunos hombres aguantaron el récord de cuarenta días con vida). A veces también se hacían las clásicas ejecuciones sumarias mediante fusilamientos, aunque igualmente se mataba a la bayoneta, se ahorcaba de árboles, se decapitaba con la katana y se arrojaba a los cautivos a un río repleto de cocodrilos para ser devorados. Hubo incluso una crucifixión, como le sucedió a un militar australiano llamado Ringer Edwards, quién resistió 63 horas clavado a una cruz hasta que los japoneses decidieron perdonarle y le bajaron (terminada la contienda se convirtió en novelista hasta su fallecimiento en el año 2000).

Entre Junio y Octubre de 1943, un total de 7.304 prisioneros, la mayoría británicos, murieron en el “Ferrocarril de la Muerte”. También otros tantos perdieron la vida en los transportes mientras se dirigían a sus áreas de trabajo esclavo, como por ejemplo les sucedió a 41 militares holandeses que fallecieron a bordo del carguero prisión Nichimei Maru cuando fue hundido por error por aviones ingleses en el Golfo de Martaban. Respecto a Thailandia que formaba parte de la coalición con Japón y que tenía a su cargo millares de esclavos capturados a los Aliados, los soldados del Ejército Thailandés fueron responsables de la muerte de 4.000 presos occidentales en los campos de trabajo de Chungkai, Kanchanaburi, Nong Pladuk, Nakhon Pathom y Tha Muang.

Hacia 1944, las víctimas del “Ferrocarril de la Muerte” se redujeron notablemente porque la infraestructura se dio por concluida, siendo desde ese instante la mayor parte de los esclavos trasladados a otros lugares de Asia, sobretodo al puerto de Saigón en Vietnam. De hecho al año siguiente, en 1945, fue el período con menos muertos registrados porque sólo perdieron la vida 1.009 prisioneros (200 de los cuales a manos de los bombardeos llevados a cabo por los Aliados en lo que sería un caso de “fuego amigo”).

Imagen de la película El Puente sobre el Río Kwai que recordaba los sucesos del “Ferrocarril de la Muerte” en Birmania.

Al producirse la retirada del Ejército Imperial Japonés del Sudeste Asiático durante las últimas fases de la Guerra del Pacífico, todo el territorio de Birmania fue reconquistado por los Aliados a mediados de 1945. Hasta la fecha y según los datos de la Cruz Roja Internacional, se contabilizaron un total de 29.576 supervivientes entre los occidentales, de los cuales 13.312 fueron británicos, 11.334 holandeses, 4.634 australianos y 296 estadounidenses.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, un total de 200.000 personas perdieron la vida en el “Ferrocarril de la Muerte”, entre las cuales hubo 160.000 chinos y birmanos, 6.540 británicos, 2.815 australianos, 2.830 holandeses, 1.000 coreanos, 356 estadounidenses y unos pocos canadienses, indios, etcétera. Ante tales cifras, el comandante Hiroshi Abe fue juzgado en el Tribunal del Lejano Oriente de Tokyo (aunque por falta de pruebas sólo fue condenado a 15 años de prisión).

Los sucesos de Birmania durante la Segunda Guerra Mundial se popularizaron posteriormente con la novela Le Pont de la Rivière Kwaï del escritor francés Pierre Boulle, pero sobretodo con la película El Puente sobre el Río Kwai que en 1957 estrenó el director David Lean y que estuvo protagonizada por los actores Alec Guiness, William Holden y Sessue Hayakawa, ganando hasta un total de siete Oscars en Hollywood. Gracias a estas iniciativas culturales, el “Ferrocarril de la Muerte” sería recordado como uno de los episodios más oscuros del siglo XX en el Sudeste Asiático.

 

Bibliografía:

-Jeroen Kemperman, The Encyclopedia of Indonesia in the Pacific War, “Prisioners of war put to work on the Thailand-Burma Railway”, Brill (2010), p.179-184
-http://en.wikipedia.org/wiki/Burma_Railway
-http://scottmurray.com/bridge.htm