Shoah en Eslovaquia

Eslovaquia fue la primera nación en formar parte del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. Ante este estatus dentro de la coalición con la Alemania Nacionalsocialista, no fue extraño que el régimen eslovaco cooperase activamente en la persecución de los judíos y por tanto en la deportación a los campos de exterminio dentro del marco de la Solución Final.

Cuando Eslovaquia se independizó en 1939 después de la desintegración de Checoslovaquia, el Gobierno del Partido del Pueblo Eslovaco al frente del Monseñor Jozef Tiso impuso un sistema de carácter fascista que imitó en muchos aspectos al Tercer Reich. De hecho su brazo paramilitar armado, la Guardia Hlinka al mando del Primer Ministro Vojtech Tuka, cometió algunos actos violentos de tintes antisemitas, al mismo tiempo en que el Ministro del Interior Sano Mach aprobaba leyes raciales contra los 80.000 miembros de la comunidad judía (el equivalente al 3’3% de la población).

El 28 de Julio de 1940, con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha y estando Eslovaquia dentro de las potencias del Eje, la Oficina Central de Economía (UHU) expulsó a los judíos de la administración pública, se expropió a los comerciantes todas sus empresas y se creó un organismo de representación hebreo articulado en el Consejo Judío Eslovaco (UZ). Al cabo de un año, en Septiembre de 1941, se aprobó el Código Judío que les obligaba a llevar cosida en la ropa la Estrella de David (en color amarillo), les prohibía el acceso a parques, teatros o campos de fútbol, y les castigaba realizar labores ciudadanas como limpieza de calles. A estas humillaciones se sumaron las amenazas y palizas propinadas por los milicianos de la Guardia Hlinka, lo que provocó que muchos centenares de hebreos abandonasen sus hogares y emigrasen fuera de Europa.

Milicianos eslovacos de la Guardia Hlinka detienen a judíos para su deportación en el Holocausto.

Al comenzar la Solución Final en toda Europa a inicios de 1942, el Tercer Reich alcanzó un acuerdo con el Partido del Pueblo Eslovaco para la entrega de todos los judíos de Eslovaquia (aunque las SS mintieron sobre su destino porque aseguraron que serían empleados para trabajar en la industria bélica como mano de obra). Según el pacto suscrito por el diplomático germano Dieter Wisliceny y los representantes del Gobierno de Bratislava encarnados por el Primer Ministro Vojtech Tuka y el Jefe de gabinete Izidor Koso, el Gobierno de Berlín pagaría una cidra de 500 marcos “Reichsmarks” por judío enviado a Alemania.

Oficialmente el 26 de Marzo de 1942, empezó la Solución Final en Eslovaquia cuando el primer contingente de deportados, concretamente 999 mujeres, partieron en tren hacia Polonia para ser asesinadas con gas en el campo de exterminio de Auschwitz. A partir de entonces y durante las semanas próximas, nuevos cargamentos de hebreros sufrieron el mismo destino hasta alcanzar una cifra de 20.000 en Abril. Sin embargo, lo peor de todo ocurrió en Junio porque hasta entonces los judíos eslovacos deportados y aniquilados ya sumaban los 52.000 individuos, la mayoría gaseados en el complejo de Auschwitz II-Birkenau.

A finales de Junio de 1942, el Monseñor Jozef Tiso ordenó la cancelación de las deportaciones de judíos ante los rumores de que estaban siendo exterminados y no utilizados como mano de obra, tal y como habían asegurado las SS. La principal razón de esta sospecha fueron las quejas efectuadas por el Vaticano y más en concreto por su Secretario de Estado, Luigi Maglione, quién en dos ocasiones se reunió con representantes eslovacos en Roma; además de por el obispo Pavol Jantausch en Trnava y ciertos pastores de la Iglesia Luterana Eslovaca que decían que el objetivo de los cristianos no era aniquilar a los judíos, sino hacerles ver su error y convertirles a la fe de Jesucristo. De este modo y gracias al polémico escándalo, unos 35.000 hebreos eslovacos que estaban a punto de partir en tren hacia los campos de exterminio, fueron liberados y devueltos a sus hogares en Eslovaquia.

Centinelas de la Guardia Hlinka en el campo de concentración de Novaky.

A pesar de que en 1943 los judíos de Eslovaquia había evitado la Solución Final, la inmensa mayoría continuarían siendo objeto de abusos por parte del Partido del Pueblo Eslovaco porque fueron expulsados de sus casas y deportados a campos de internamiento dentro del país que se ubicaron en Proprad, Novaky, Vyhne y Sered. La vida en estos recintos fue insoportable porque como los centinelas eran miembros del la Guardia Hlinka les hacían fregar excrementos del suelo, les castigaban en celdas de aislamiento durante semanas y les propinaban palizas a base de patadas y golpes de vara de madera, insultando a los varones al grito de “¡os lo tenéis bien merecido” o a las mujeres diciéndolas “¡putas judías!”.

La cultura judía de Eslovaquia fue igualmente eliminada por la Guardia Hlinka porque sus milicianos erradicaron cualquier símbolo hebreo en los centros de ocio, bibliotecas y cementerios, mientras que incendiaron decenas de sinagogas (en Bratislava sólo una se mantendría intacta al final de la Segunda Guerra Mundial). Respecto a muchos de los judíos que quedaban libres, casi todos fueron convertidos en esclavos desde 1944, aunque por fortuna un buen puñado se librarían de este destino mediante pagos y sobornos que gestionó el Grupo de Trabajo de Bratislava al frente del rabino Michael Dov Ber Weissmandel y el sionista Gisi Fleischmann.

Al producirse el Levantamiento Nacional Eslovaco en el verano de 1944 para sacar a Eslovaquia de su alianza con el Eje, la sublevación resultó ser un fracaso porque el Gobierno del Partido del Pueblo Eslovaco y la Guardia Hlinka, que contaron con la intervención militar del Ejército Alemán, aplastaron la insurrección y ejecutaron a un total de 5.000 rebeldes. Una vez resuelto el problema, las SS que estaban presentes en el país presionaron a la Guardia Hlinka para participar en el Holocausto, por lo que dichos milicianos secuestraron a 12.600 judíos y los deportaron a los campos de Auschwitz y Theresienstadt.

Durante las últimas fases de la Segunda Guerra Mundial, los miembros de la Guardia Hlinka prosiguieron con su cacería y eliminación de los judíos eslovacos hasta que el país fue ocupado por la Unión Soviética. Una vez terminado el conflicto en 1945, un total de 71.000 hebreos habían sido asesinados en el Holocausto, aproximadamente el 80% a la población judía de Eslovaquia.

 

Bibliografía:

-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.120-639
-Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.149-155
-Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.25