Esclavos “Romushâ”

A partir de 1944, la crisis del Imperio Japonés era manifiesta porque estaba siendo derrotado en todos los escenarios bélicos de la Guerra del Pacífico. Como consecuencia de esta situación de extrema gravedad, los japoneses tuvieron que recurrir a miles de trabajadores forzosos en los países ocupados, como sucedió con los “rômusha” en Indonesia.

Oficialmente en Enero de 1944 se decretó la orden reclutar a los “rômusha” mediante una campaña propagandística en la que se prometían buenos sueldos y estabilidad laboral. Las maneras tan moderadas de proceder al reclutamiento tuvieron su explicación en que desde la invasión de las Islas Orientales Holandesas en 1942 y la promesa al archipiélago de una secesión de los Países Bajos bajo la forma de la República Indonesia que se integraría en las potencias del Eje y en la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia-Oriental, las simpatías por el Imperio Japonés se habían multiplicado a lo largo de 1943. Sin embargo y pese a las esperanzas iniciales de los autóctonos, el anuncio de labores forzosas y la negativa de ciertos Sultanatos a ceder ciudadanos, obligó a los japoneses a llevar a cabo selecciones forzosas entre dos colectivos, los varones de 12 a 19 años y los de 20 a 30 años, a quienes alojaban durante 9 o 10 días en barracones a la espera de superar las pruebas médicas, para una vez pasado el examen, proporcionarles un billete de tren en dirección a las supuestas “áreas de trabajo”.

Los alrededores de la capital de Yogyakarta fueron uno de los lugares más duros para el trabajo esclavo que según la tarea se dividió en tres departamentos: el Aeródromo de Maguwo junto a la aldea de Badug, la costa de Merangi y el Canal de Mataram en el Estrecho de Surakarta. En el caso del Aeródromo de Maguwo, los peones construían refugios para tropas, aviones o armas, cavaban túneles, talaban árboles y cultivaban vegetales desde las 7:00 de la mañana hasta las 16:00 de la tarde (con un turno para comer a las 12:00). Respecto a la costa de Merangi, se excavaban cuevas horadando los montes y se recogía arena de las orillas del Río Opak. Finalmente en el Canal de Mataram, una obra iniciada por el Sultán Hamengku Buwono IX, se trabajaba picando piedra desde las 7:00 de la mañana hasta el atardecer (con un turno libre al mediodía en el que se repartía un menú de arroz con verduras), logrando los obreros abrir un pasillo de 18′ 7 kilómetros de largo por 560 metros de largo.

Esclavos “romushâ” en trabajando en un ferrocarril de Indonesia.

Mucho peor fue lo ocurrido en el resto de la Isla de Java porque una epidemia de cólera, malaria, disenterías y úlceras tropicales se extendió como consecuencia del hambre entre los “rômusha”. Lamentablemente a esta situación de escasez, también se sumaron las palizas y ejecuciones de los soldados japoneses contra todos aquellos que se negaban a trabajar en las infraestructuras militares. Incluso los colaboracionistas indonesios de la Milicia “PETA” fueron implacables contra sus propios compatriotas porque maltrataron a miles de ciudadanos en diversas obras como por ejemplo la construcción de una muralla junto al Monte Malabar. A raíz de este tipo de brutalidades y falta de alimentos, de los 270.000 “rômusha” iniciales en Java, un total de 200.000 perdieron la vida durante la Segunda Guerra Mundial.

Otros tareas terribles para los “romushâ” fueron la extracción de carbón en la Mina de Bayah porque tuvieron que tender una línea ferroviaria de 100 kilómetros a través de la jungla hacia la Estación de Tegalombo, además de construir una carretera para carros tirados por caballos de 40 kilómetros, durante un tiempo de esfuerzo desde las 7:00 horas de la mañana hasta las 15:00 horas (con un turno para el almuerzo desde las 12:00 a las 13:00) y una paga diaria de 22 céntimos para un hombre y 15 céntimos para una mujer. Al mismo tiempo en la Isla de Sumatra, los “romushâ” trabajaron en fábricas de dinamita y refinerías de petróleo, o en el tendido de 220 kilómetros de vía que atravesaba el territorio insular de este a oeste, a costa de una raciones de alimentos basadas en cuencos de arroz, pescado, judías, maíz, patatas dulces, boniato y plátanos. Respecto a la Isla de Borneo la vida fue algo más cómoda porque los esclavos actuaron de peones en los puertos o en la extracción de crudo con una dieta de tres comidas al día consistente en arroz, verdura y pescado. Sin embargo no sucedió lo mismo con los “romushâ” de la Residencia de Banyumas porque como la cosecha se perdió al quedar yermas 16.000 hectáreas de cultivo, murieron 60.000 trabajadores de hambre y otros 300.000 enfermaron de malaria. A esta tragedia hubo que añadir las víctimas de las minas de diamantes de Banjarmasin, cuyos “romushâ” picaban a destajo el mineral precioso que posteriormente solía acabar en el mercado negro.

Las condiciones del trabajo no sólo fueron el único elemento negativo para los “romushâ” porque también el alojamiento fue pobre e incómodo. Eso mismo comprobaron los 7.000 obreros del campo de Tanjungkaran que convivieron en una misma nave separada interiormente por bloques de 30 personas, exactamente igual que los 4.000 inquilinos de Sulasewi que se hacinaban en un mismo barracón; o los 500 trabajadores de Surabaya que dormían encima de gente enferma y a veces sobre cadáveres. Tampoco solía haber hospitales en los recintos, salvo escasas excepciones, por lo que las enfermedades se transmitían rápidamente como sucedió en Palembang después de que de 3.000 “romushâ” contagiados de disentería, falleciesen un total de 2.300.

Entre los aspectos más tristes de los “rômusha” estuvo la mano de obra infantil durante las últimas fases de la Guerra del Pacífico. Por ejemplo en el recinto obrero de Tabanan, un total de 1.693 niños entre los 7 y los 8 años cargaron mercancías que variaban entre los 5 y 30 kilogramos de peso, estando en todo momento vigilados por sus mismos profesores de escuela que para mantener la moral alta les hacían cantar canciones. También otra de las tareas encomendadas a los pequeños era entrar en la jungla y recolectar un vegetal llamado “lengua del diablo”, cuyas propiedades eran esenciales para los Globos Fugo que los japoneses lanzaban en forma de artefactos explosivos contra el territorio metropolitano de Estados Unidos.

Numerosas empresas del Japón se instalaron en Indonesia para aprovechar la excelente mano de obra que ofrecían los “romushâ”, tal y como hizo la Compañía Mitsui en la Isla de Sumatra, abriendo una filial junto a las minas de carbón de Ombilin a las afueras del pueblo de Sawahlunto. De hecho en este complejo, un grupo de 2.878 trabajadores forzosos estuvieron excavando durante días sin ver la luz solar y con una nutrición pésima, hasta que una epidemia de malaria y tifus acabó con la vida de muchos, sin contar los 66 accidentes laborales que dejaron un saldo de 10 muertos, 21 heridos graves y 33 heridos de menor consideración.

Fuera de Indonesia, un total 69.000 “rômusha” fueron deportados en embarcaciones y transportados a otros lugares del Sudeste Asiático para trabajar en diversas obras sobre Thailandia, Indochina, Malasia o el llamado “Ferrocarril de la Muerte” en Birmania (muchos de los cuales jamás regresarían a su patria). También hubo otros mucho “romushâ” que fueron transferidos a distintas islas dentro de la propia Indonesia, sobretodo hubo muchos intercambios de población entre Java y Sumatra, como por ejemplo ocurrió en Marzo de 1944 con la deportación de 1.000 ciudadanos de Sukadana en Borneo.

Cuando expiraba el contrato a los “romushâ”, los trabajadores podían abandonar los campos de trabajo y regresar a sus hogares a las 9:00 de la mañana del día siguiente de haber concluido lo acordado en el momento del reclutamiento. No obstante, muchos optaron por escaparse comprando billetes de tren en el momento de la evasión, o directamente no regresando del período vacacional. Hubo incluso ciertos casos llamativos como una fuga masiva de 150 “romushâ” del campo de Gresik, o un trabajador que caminó durante 27 días alimentándose de frutas en la selva hasta que llegó a su casa. Curiosamente, los soldados japoneses no solían tomar represalias contra los evadidos porque como salía muy caro organizar partidas de búsqueda, simplemente efectuaban redadas masivas contra las localidades más cercanas y los sustituían por personas recién secuestradas.

Apróximadamente hubo un total de 10 millones de “romushâ” en el periodo comprendido entre los años 1944 y 1945. Ante esta cifra de trabajadores forzosos sin precedentes en la contienda, Indonesia y su archipiélago se convirtieron en el mayor centro esclavo de Asia durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Jeroen Kemperman, The Encyclopedia of Indonesia in the Pacific War, “Prisioners of War (POWs)”, Brill (2010), p.174-179
-http://en.wikipedia.org/wiki/Japanese_occupation_of_Indonesia