Emigración al extranjero

 

Muchos judíos de Europa y también no judíos perseguidos por el Tercer Reich, como era lógico buscaron alternativas para salir del contintente ocupado rumbo a otros países. Las negativas de las naciones neutrales y también las de los propios Aliados complicaron de sobremanera escapar de Europa.

Imperio Británico

Gran Bretaña en guerra contra Alemania fue el caso más sorprendente. En lugar de ayudar a los judíos, que compartían un común enemigo, los británicos pusieron todas las trabas posibles para frenar la emigración hebrea, especialmente a Palestina, incluso empleando a veces la violencia. El principal argumento del Imperio Británico era que agentes alemanes se infiltrarían entre los judíos para dificultar el esfuerzo bélico, cosa que en parte era cierto, pues había agitadores que intentaban encender la mecha en el antisemita mundo árabe. Sin embargo la principal razón fue que Londres no quería arriesgarse a perder de su Imperio el Mandato de Palestina, cosa que podía suceder si se establecían colonos judíos. Una de las soluciones fue la de enviar a los judíos a la Isla de San Mauricio, un infierno tropical en donde se los albergó como si fueran delincuentes en unos barracones rodeados de alambre de espino. El hecho más trágico ocurrió cuando un grupo de judíos que se negaban a ir a San Mauricio intentaron provocar una avería en el barco Patria, hundiéndolo por accidente y muriendo 267 de los refugiados hebreos. Otros, unos 2.000, fueron a parar a Australia. A pesar de todo existió un intercambio de judíos polacos por ciudadanos alemanes prisioneros de los británicos en Palestina el 16 de Noviembre de 1942.

América

Estados Unidos, el sueño americano de muchos inmigrantes y por supuesto de los judíos, fue el sitio al que muchos intentaron ir. Lo hacían desde el Comité de Rescate de Emergencia (ERC), establecido en Marsella, la Francia de Vichy, que requería menos trámites que en la zona ocupada por el Reich. Algunos cientos de judíos y políticos de izquierda franceses fueron sacados, hasta que finalmente Estados Unidos cerró su frontera por miedo a espías alemanes por un decreto del Presidente Franklin Delano Roosevelt.

América Latina fue la otra oportunidad de escapar, haciéndolo algunos a México y Cuba. Chile y Brasil por su parte cerraron las fronteras y prohibieron la entrada. A pesar de todo, gracias a que América Latina tenía grandes relaciones con el Vaticano por su catolicismo, el Papa Pío XII negociando con Brasil y con el Gobierno de Getulio Vargas, logró 1.000 visados de judíos que salvarían su vida.

Asia

Asia se convirtió en la desgracia de la emigración judía procedente de la Europa Ocupada. El puerto de Yokohama en Japón, Shangai en China y Manchukuo fueron los destinos de 800 personas. Sin embargo cuando estalló la Guerra del Pacífico y Japón entró en la Segunda Guerra Mundial aliado con Alemania, los judíos de Asia vivirían el calvario de estar bajo la ocupación japonesa, tan dura como la germana.

Balcanes y Cárpatos

Los Balcanes a través de los Cárpatos y Rumanía se convirtió en otra ruta posible, sin embargo estos dos países eran profundamente antisemitas y pronto entrarían en la órbita del Eje. El caso más trágico fueron los 1.200 judíos salidos de Bratislava y Viena rumbo a Palestina atravesando el Río Danubio en un barco, el cual fue detenido por las autoridades rumanas en la frontera con Yugoslavia, pudiendo salir únicamente 110 niños, siendo todos los adultos devueltos a manos alemanas.

Península Ibérica

La Península Ibérica fue quizá el lugar de más fácil acceso para escapar. A través de Hendaya, muchos judíos pasaron a España y Portugal. Aunque ambas naciones ero filo-fascistas con Francisco Franco en la primera y Olviera Salazar en la segunda, fueron los dos países que más judíos acogieron. Sólo en España entraron más de 20.000 judíos.

Escandinavia y Suiza

Contrariamente a los casos de España y Portugal, las neutales y democráticas Suiza y Suecia en Escandinavia fueron los países de Europa que menos judíos acogieron, mostrando las dos actitudes antisemitas como grabar en los pasaportes hebreos la “J” de judíos en color rojo.

Únicamente el suizo Paul Grüninger, policía en la frontera de Suiza, ayudó a pasar a 3.601 refugiados a través del sector de Sankt Galen. Salvo este hecho Suiza colaboró activamente con los alemanes a la hora de devolverlos hacia el Reich cuando eran interceptados en la frontera. La misma República Helvética destinó a la División de Policía comandada por el comisario Heinrich Rothmund para atrapar judíos, llegando a colaborar en las partidas de caza por los Alpes el mismo Ejército Suizo. En otras ocasiones, algunos ladrones y timadores suizos engañaban a los judíos para sacarlos de la Europa Ocupada y en la frontera les robaban todo o a veces les mataban.

Suecia se mostró reacia a aceptar judíos en su país, por lo menos hasta que en 1942 la Solución Final se extendió a Noruega. Solidirazándose con sus vecinos noruegos, el subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores, Gösta Engzell, permitió el paso a algunos judíos, pero no de otro país. Respecto a Dinamarca, Suecia se hizo cargo de 7.000 judíos daneses gracias a un acuerdo con la administración danesa, por aquel entonces independiente de la alemana cuando estaba en marcha el Holocausto.

 

Bibliografía:

Saul Friedländer, El Tercer Reich y los Judíos. Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.86-593
http://www.ijs.org.au/Jewish-Inmigration-after-the-Second-World-War/default.aspx
http://www.jewishvirtuallibrary.org/jsource/Holocaust/swiss.html