Shoah en Dinamarca

 

Siempre en Dinamarca la población nativa se había relacionado muy bien con otros grupos diversos de habitantes procedentes de fuera. Las minorías no danesas se integraban totalmente, ya fueran suecos, noruegos, islandeses o judíos. Estos últimos se sentían patrióticamente daneses, teniendo viviendas propias, acudiendo a las sinagogas y atendiendo negocios como cualquiera.

Apenas se notó la ocupación alemana de Dinarmarca en 1940. Desde el principio Adolf Hitler ordenó que no se estableciera ninguna administración política alemana, pues se permitiría a los daneses continuar con la suya propia. Así pues el Rey Cristian X, el Primer Ministro Eric Scavenius, la democracia, el Parlamente Danés con todos los partidos políticos legales y la Policía Danesa siguieron funcionando.

No obstante, aunque no hubiera germanización en la administración, eso no significaba que los alemanes no pudiesen influenciar, especialmente a través del Partido Nacional Socialista Danés. Una de las políticas alemanas que tratarían las SS de exportar fueron las costumbres antisemitas. Sin embargo no logró éxito, ya que ningún movimiento adoptó sus posturas, ni siquiera lo hicieron cien por cien los nacionalsocialistas daneses mucho más moderados que sus hermanos alemanes. A diferencia del resto de Europa, en Dinamarca no hubo estrellas de David cosidas en la ropa, no se aprobaron leyes raciales, no se abrieron guetos y por supuesto los judíos siguieron conservando sus propiedades y empleos sin restricción alguna. Incluso la monarquía danesa hizo gestos a sus ciudadanos judíos, ya que curiosamente una vez un rabino que había recopilado en danés los cinco libros de Moisés en el Pentateuco, regaló un ejemplar a la Reina Alejandrina de Meckelenburg-Schwerin cuando salía del palacio, preguntando ella “¿Es esto para mi esposo?”, “Sí, alteza” respondió, entonces al día suguiente el Rey Cristian X envió una nota de agradecimiento al rabino y un saludo a la comunidad hebrea.

Nadie se metió con los judíos durante los tres primeros años de la ocupación alemana. No sería hasta 1943 con la derrota en la Batalla de Stalingrado, cuando Alemania lanzó una oferta a Dinamarca en la que proponía hacerse cargo de los judíos, aunque lo cierto es que deseaba eliminarlos en la Solución Final que ya funcionaba en casi toda Europa. Copenhague se negó hasta que se sucedieron los primeros sabotajes y atentados de comunistas daneses. El Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler, comunicó el 29 de Agosto de 1943 al representante alemán en Dinamarca, Werner Best, que los judíos tenían que ser deportados cuanto antes. Como Best era un alemán que se sentía muy próximo a los daneses y por tanto a los judíos, tuvo la necesidad de contárselo al agregado naval alemán Georg Duckwitz, en la misma situación ideológica, decidiendo ambos transmitir los planes de su país a Dinamarca para salvar todas las vidas posibles. Tanto la administración danesa como el Parlamento estudiaron los planes alemanes para la deportación de sus judíos, sin embargo fue la neutral Suecia la que se propuso la responsabilidad de alojarlos en su país. Copenhague y Estocolmo aprobaron el traspaso de judíos a Suecia, por lo menos hasta que la guerra acabase.

Por mucho que Suecia se prestara a acoger a los judíos, el problema era llevarlos hasta allí sin que se enterasen los alemanes. Asombrosamente todo el país se volcó con los judíos. Desde la gente más humilde hasta la policía y los políticos se involucraron en intentar que los hebreos que no pudiesen huír en buques habilitados, lo hiciesen por otros medios. La mayor evacuación de judíos se produjo entre los martes y miércoles 28 y 29 de Septiembre por vías oficiales, con lo cual los alemanes no pudieron intervenir. El resto lo hizo en vehículos a países neutrales o hacia Suecia mediante pesqueros y guardacostas que ofrecieron echarles una mano y transportarlos desde la Península de Jutlandia a Estocolmo. Hasta la Iglesia Cristiana Danesa colaboró activamente en el salvamento de la población judía.

Judíos daneses cruzando el Mar Báltico en una embarcación rumbo a Suecia.

Como Escandinavia era más área de influencia danesa que del Tercer Reich, más de 7.000 judíos partieron sin ningún problema hacia Suecia, salvando todos ellos la vida. Otros con menos suerte fueron segregados en el campo de Horserot vigilado por guardias daneses que velaron por su seguridad.

Impacientes los alemanes por las trabas danesas de entregar a sus judíos y ver como les dejaban marchar a Suecia, decidieron intervenir de una vez por todas y presionar a los daneses a tomar medidas más duras en la política de ocupación. Finalmente Dinamarca accedió a las peticiones alemanas y el 1 de Octubre de 1943, la Policía Danesa lanzó una redada y arrestó a 485 judíos que fueron entregados y deportados al campo de concentración de Theresienstadt en Checoslovaquia. Todos los internos no representaban más que el 5% de la población danesa. Curiosamente la mayoría de deportados sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial, pudiendo volver a Dinamarca, es decir, cuatro de cada cinco.

Algo sorprendente que se produjo en Dinamarca y no sucedió en otras partes de Europa fue que todos los judíos daneses que regresaron al final de la guerra se encontraron sus propiedades intactas. La población danesa se había asegurado de cuidar los bienes de los hebreos para cuando volvieran tras dieciocho meses de ausencia estuviesen en condiciones. En muchos casos los vecinos tuvieron el detalle de pagar provisionalmente el alquiler de los apartamentos o embalar los muebles para que no se estropearan. Un ejemplo fue el de la familia Bier que al abrir la puerta de su casa se encontró en la mesa dos años más tarde el pato crudo que habían dejado, aunque descompuesto.

Dinamarca fue el único país de Europa que durante la ocupación alemana tuvo un comportamiento ejemplar en comparación con el resto.

 

Bibliografía:

Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.296-305
Saul Friedländer, El Tercer Reich y los Judíos. Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.537-794