Depuración de Bélgica, Holanda y Luxemburgo

Con el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa Occidental, los vencedores perpetraron una serie de crímenes contra los colaboracionistas del Eje tal y como llevó a cabo Francia en la llamada “Depuración”. No obstante, los vecinos de los franceses no fueron una excepción porque en algunos casos los fusilamientos, las matanzas y los encarcelamientos arbitrarios alcanzaron límites también alarmantes en Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

Bélgica

Al producirse la “Liberación” de Bélgica a finales de 1944, los Aliados volvieron a unificar la nación después de que el Tercer Reich hubiese promovido el independentismo francófono de la región de Valonia y el independentismo neerlandés de Flandes. Así pues, en cuanto las autoridades retomaron el control del país bajo la Corona del Rey Leopoldo III, los secesionistas de ambas etnias, representados por el Partido Rexista y la Unión Nacional Flamenca, serían fuertemente represaliados.

Los obreros belgas que habían marchado a trabajar a Alemania como parte de la “Organización Todt” fueron los que más sufrieron la persecución en forma de arrestos y ejecuciones por parte del Gobierno de Belga. El ejemplo más sangriento tuvo lugar a finales de Mayo de 1945, cuando después de amarrar un barco cargado de 3.000 obreros en el puerto de Ostende, acto seguido una multitud de gente furiosa irrumpió en el navío y sacó a golpes a los pasajeros a los muelles, para lincharlos en la orilla y ahogarlos vivos (los supervivientes de esta matanza fueron escasos).

Muchos de los veteranos belgas del Frente Oriental en la Unión Soviética, ya fuesen los miembros de la 27ª División SS de Granaderos Flamenca “Langemark” y la 28ª División SS de Granaderos Valona “Wallonie”, tuvieron un destino mucho más complicado porque salvo los soldados, la mayoría de los mandos y la oficialidad fueron fusilados. El caso más polémico fue el juicio en ausencia contra el general León Degrelle (también líder del Partido Rexista) que en aquellos instantes se encontraba exiliado en España, a quién como fue imposible castigar por no estar presente, la justicia se ensañó con sus familiares a los que culpó del “delito de progenitores”, siendo en su lugar encarcelados tanto sus padres como sus hermanas, su esposa e hija de nueve años, incluso su hermano que fue injustamente asesinado.

El mundo del arte y la intelectualidad sufrieron un golpe tremendo porque los periodistas Paul Colin, Joseph Streel, Jules Lhost y Victor Meulenyzer fueron ejecutados. Al mismo tiempo se encarceló a los dos novelistas Robert Poulet y Georges Simenon, más el ensayista Félicien Marceau; mientras que Georges Hergé, autor del cómic de Tintín, fue suspendido de empleo por dos años (aunque posteriormente sería perdonado).

Cuando el Gobierno de Bruselas se moderó en lo referente a aplicar las penas de muerte a todo aquel acusado de colaboracionismo con el Tercer Reich, no lo hizo en otros aspectos porque las libertades se restringieron a límites inimaginables. Por ejemplo un total de 28.000 empresarios (alrededor del 80% de la patronal), fueron detenidos con la consiguiente repercusión económica negativa para la nación. También se decretó la Ley 123 Sexies que calificó a 231.000 ciudadanos de “incivilizados” y los prohibió de por vida acceder a empleos de alto nivel como ser funcionarios, abogados, profesores, periodistas, mayoristas o directores de teatro y cine; además de abrirse 75.391 expedientes a menores de edad.

La “Depuración Belga” dejó alrededor de un total de 15.000 personas asesinadas y otras 70.000 encarceladas. Junto con Francia en la “Depuración Francesa”, lo sucedido en Bélgica se convirtió en la mayor represión posterior a la Segunda Guerra Mundial de todos los países de Europa Occidental.

Holanda

A diferencia de la “Depuración Belga”, la “Depuración Holandesa” fue bastante más comedida porque los muertos y encarcelados resultaron ser bastante menos en comparación con Bélgica o Francia. Según el pacto establecido entre la Reina Guillermina de Orange y el Gobierno Holandés en el exilio de Londres, sólo se acordó eliminar a los responsables más activos de colaborar con el Tercer Reich durante los cinco años de ocupación a los Países Bajos.

Holanda tenía la particularidad de haber sido el primer país en abolir la pena de muerte, lo que supuso un problema jurídico a la hora de aplicar el máximo castigo a los colaboracionistas. La solución fue una treta de dudosa legalidad consistente en modificar el Código Penal y añadir una cláusula denominada “Crímenes de Guerra”, en la cual se especificaba hacer una excepción en lo referente a la pena capital si ser era declarado culpable de este delito. A pesar de que el Código Penal no se ajustaba a la realidad porque los acusados no eran criminales de guerra, ya que la mayoría eran funcionarios o militares voluntarios que habían luchado contra la Unión Soviética y no contra Holanda (y encima no se conocían casos de abusos sobre la población rusa), los juicios no fueron más que un circo mediático amañado en los que se condenó a muerte a 200 personas, aunque sólo 38 serían ejecutadas, entre estas Anton Mussert que había liderado el Partido Nacional Socialista Holandés (NSB).

Mujer sometida a escarnio público por la Resistencia Holandesa después de ser rapada y apalizada tras ser acusada de haber colaborado con el Tercer Reich.

Las detenidos por colaboración fueron muchos porque inicialmente se arrestó a 150.000 ciudadanos, aunque un buen puñado serían liberados sin cargos porque al finalizar la Segunda Guerra Mundial la cifra se redujo a sólo 96.044. La mayoría de estos encausados pertenecían a la Policía Verde y a las 24ª y 34ª Divisiones SS de Granaderos “Nederland” y “Landstorm Nederland”, además de numerosos funcionarios que pasarían largos años en la prisión. También 24.000 mujeres fueron detenidas, aunque antes se las desnudó públicamente y se las rapó el pelo de manera humillante, para a continuación ser encarceladas por el simple delito de haberse enamorado de un alemán o haber bailado con un soldado germano en una fiesta (20.000 niños tuvieron que ser llevados a orfanatos ante la ausencia de sus madres).

Otros de los castigos del Gobierno Holandés fue el destierro a la colonia de la Guayana Holandesa en América del Sur, donde 46.615 personas fueron deportadas a vivir en las más difíciles condiciones de la selva ecuatorial. Curiosamente, los delitos para ser enviados al Caribe fueron los siguientes: poseer amistad con alemanes, expresar ideas de unión al pueblo germano, realizar el saludo fascista romano, tener retratos en casa de Adolf Hitler o denominar “asesinos” a los pilotos de la Fuerza Aérea Estadounidense tras haber bombardeado los Países Bajos (esto último fue grotesco porque el bombardeo sí era un delito en las Naciones Unidas y no las cosas absurdas por las que se privó de libertad a tantos holandeses).

Luxemburgo

El Gran Ducado de Luxemburgo era una nación pequeña que había sido invadida por el Tercer Reich en menos de veinticuatro horas el 10 de Mayo de 1940. A pesar de que la Segunda Guerra Mundial apenas afectó a este país hasta su liberación en 1944, el término del conflico implicó una moderada “Depuración Luxemburguesa”.

Al ser reinstaurada la Corona de Luxemburgo al frente de la Gran Duquesa Carlota en 1945, las nuevas autoridades se encontraron con que casi toda la población joven del país había formado parte del Ejército Alemán, con lo que iba a ser imposible juzgar y castigar a tal cantidad de personas (la nación se quedaría sin mano de obra ni futuro intelectual). Ante este dilema, la única opción viable para congraciarse con los Aliados fue penar algunos delitos de opinión en lo referente a la anexión con Alemania, por lo que sólo 4 personas fueron ejecutadas y otras 15.000 encarceladas, entre estas el intelectual Damien Kratzenberg.

 

Bibliografía:

-Joaquín Bochaca, Los Crímenes de los Buenos. “La Liberación de Europa”, Ediciones Siegheil (2009), p.368-372