Belzec

 

Lublin se había convertido en la reserva de judíos de Europa. Aquel distrito del Gobierno General de Polonia dirigido por Hans Frank, hacía una función similar a la de las reservas indias en Estados Unidos en las que estaban separados unos de otros, en este caso judíos de polacos y ucranianos. Cuando se inició la Solución Final para las SS quedó claro que Lublin tendría prioridad en el exterminio debido a su gran población. Belzec haría esa función.

Oficialmente la orden de levantar el campo de exterminio de Belzec se aprobó el 13 de Octubre de 1941, pero no fue iniciada su construcción hasta el día 1 de Noviembre cuando empezaron las obras. En un principio la principal causa por lo que se hizo este campo fue para vaciar toda la reserva judía que consideraban improductiva de Lublin.

Ubicado en el distrito de Lublinia, el campo de Belzec ocupaba 9 hectáreas de bosque en Polonia cuando finalizó su construcción. Al mando de la instalación quedó el SS-Hauptsturmführer Christian Wirth, un hombre de 56 años que había pasado de ser carpintero, a veterano de la Primera Guerra Mundial, miembro del Partido Nacionalsocialista (NSDAP) y experto en eutanasia de enfermos.

Como en 1941 los métodos del extemrinios estaban todavía en proceso de pruebas, únicamente se construyeron dos pequeñas chozas herméticas para realizar gaseamientos que se conectaban con motores de monóxido de carbono. Adolf Eichmann, alto cargo de las SS, visitó las cámaras en persona, pero su escasa calidad técnica y poca fiablidad hizo que fueran desmantaledas.

A partir de Diciembre de 1941, el planteamiento del campo de Belzec cambió sus expectativas, especialmente tras la Conferéncia de Wansee celebrada ese mes para dar inicio a la Solución Final. A Wirth en persona se le encargó la supervisión de nuevas obras en el campo, el objetivo según él era hacer de Belzec un lugar de exterminio exclusivamente y no esclavo para el trabajo al mismo tiempo, como sí lo eran Auschwitz, Sóbibor o Treblinka.

La transformación de Belzec se caracterizó por la división de dos campos en uno. El Campo 1 constaba de la estación de ferrocarril, vestuarios para desnudar a las víctimas y algunos barracones de los judíos colaboracionistas, los Sonderkommando. El Campo 2 contenía el Búnker I con las cámaras de gas, ocultas y precedidas por un pasillo llamado “El Tubo” adornado con plantas y ramajes que disimulaban su verdadera función. No había ni instalaciones para los centinelas, pues vivían en casa requisadas de aldeas cercanas. Una de las curiosidades de Belzec fue que únicamente manejaban el campo 20 alemanes de las SS y 100 guardias ucranianos divididos en dos pelotones, todos muy antisemitas por las matanzas comunistas en Ucrania.

Intento de escapar de Belzec a través de la alambrada.

El primer contingente de víctimas judías en Marzo de 1942 a Belzec provenía de Izbica, siendo asesinados en cámaras de gas 11.000 de los 13.000 iniciales, mientras que los otros 2.000 fueron empleados como mano de obra. Vecina a Izbica, la Reserva de Lublin comenzó a ser vaciada hacia Belzec con la deportación y exterminio de 30.000 habitantes. Cada día llegaban a Belzec dos trenes con 20 vagones cada uno cargados de judíos, normalmente uno de Lublin y otro de Lvov respectivamente, aunque el itinerario variaba a veces.

Inesperadamente el Búnker I se rompió en Junio de 1942 a causa de la saturación que sufría el campo al recibir más víctimas de las que se podía permitir y carecer de instalaciones para albergarlas. Inevitablemente se hubo de cerrar el campo temporalmente y suspender las matanzas hasta que el problema fuese superado. La solución fue la construcción del Búnker II con más cámaras de gas, que junto al Búnker I evitarían la sobrecarga de víctimas. Cuando las obras acabaron, se reiniciaron las matanzas.

La mayoría de víctimas de Belzec fallecían en las cámaras de gas, aunque a los que se resistían los lanzaban contra las alambradas electrificadas y morían a causa de la corriente, mientras que otros perdían la vida al saltar del tren tiroteados por los guardias. El comandante del campo, Wirth, destacaba por su crueldad, ya que a veces mataba judíos con sus propias manos o conducía a golpes a las mujeres a la cámara de gas, algo que le valió el apodo de “El Salvaje”.

En primavera se eliminaron a 13.500 judíos más procedentes de Izbica, Zamosc, Piaski, Cracovia, Szczebrzeszyn e incluso desde Lvov en Ucrania, suma que el siguiente mes, es decir en Mayo, ya contabilizaba la cifra de 75.000 judíos asesinados. Entre las víctimas hubo también algunos judíos de Rumanía que las autoridades rumanas entregaron a los alemanes. El nombre de estas matanzas sistemáticas en Belzec fueron bautizadas como “Aktion Reinhardt (Acción Reinhardt)” en honor al segundo jefe de las SS, Reinhardt Heydrich, fallecido semanas antes en un atentado de comandos checos al servicio de los Aliados.

Una de las personas que denunció la existencia de Belzec fue un desinfectador químico llamado Kurt Gerstein. Este hombre tras vender 100 kilogramos de gas Zyklon B a los empleados alemanes y ucranianos dentro del mismo Belzec donde se desplazó, descubrió casualmente lo que hacían allí a los judíos. Al regresar a Alemania se puso en contacto con el diplomático sueco Göran Von Otter para explicarle todo, el cual se lo comunicó a Suecia. Como país neutral Suecia no sacó la existencia de Belzec a la luz, sin embargo presentó a los Aliados el informe. Sorprendentemente y a pesar de estar en guerra contra Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña guardaron silencio.

Algunos de los pocos obreros judíos de Belzec.

Hasta bien entrado el año 1944 el campo de Belzec funcionó eliminando mayoritaiamente a judíos polacos o de Europa Oriental.

Antes de llegar el Ejército Rojo a Belzec a finales de 1944, los alemanes quemaron parte de los documentos, destruyeron las instalaciones y por último echaron tierra al suelo para dejar que creciese el bosque y que los campesinos polacos cultivaran un bonito huerto. La huella del crimen fue borrada, pero no el recuerdo.

Un total de 434.508 judíos fueron exterminados durante la Segunda Guerra Mundial en Belzec.

 

Bibliografía:

Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.225-644
Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.215-222