Atentado de Vía Rasella y Masacre de las Fosas Ardeatinas

 

Hacía tiempo que la Junta Militar del Comité de Liberación de Roma, que luchaba clandestinamente contra la ocupación alemana de Italia y la República de Saló, planeaba realizar un atentado en Roma. Sabiendo de las represalias que podían tomar los alemanes y que podían herir a italianos al organizarlo dentro de Roma, se arriesgaron de modo bastante irresponsable sin calcular las consecuencias.

El Grupo de Acción Partisana (GAP) ubicado en Roma y al mando de Carlo Salinari, fue el encargado de llevar a cabo la misión. Los dos principales componentes del atentado en colocación y manipulación de la bomba serían Rosario Bentivegna y una chica llamada Carla Capponi, mientras que el artificiero en explosivos con 18 kilogramos de trilita fue Giulio Cortini. El resto de colaboradores fueron Franco Calamandrei, Fraco Ferri, Mario Fiorinenti, Raul Falcioni, Francesco Curreli, Silvio Serra, Fernando Vitaliano, Pasquale Balsamo y Guiglielmo Blasi.

Durante días el grupo encargado del atentado estuvo observando a una columna de alemanes étnicos “volksdeutsche” del Alto Adigio pertenecientes al Batallón Bozen que pasaban a diario por la Vía Rasella, exactamente entre la Vía Tritone y Vía Quattro Fontane con los Jardines del Quirinal. En ese punto colocaron la bomba en un carrito de limpieza municipal.

Cuando pasaba la columna de alemanes a las 15:30 horas del 23 de Marzo de 1944, caminando en formación por Vía Rasella, la bomba explosionó destrozando carne, ropas y cristales de las viviendas cercanas. Cuando se disipó el humo decenas de cadáveres mutilados y heridos gritando yacían en el suelo, mientras curiosos vecinos horrorizados y policías italianos se acercaban a la zona para ayudar. Habían muerto 33 alemanes.

No muy lejos de la zona del atentado, en el Hotel Excelsior, se encontraba el general alemán de Roma, Kurt Mältzer, que alertado salió al lugar de la matanza. En un arrebato de ira al llegar allí y ver a los muertos, ordenó a las SS que sacaran a todos los habitantes de las viviendas adyacentes. Casa por casa los alemanes y soldados italianos fascistas desalojaron a algunas personas, además de los curiosos que caminaban por la calle, obligándoles a alinearse junto a una pared del Palacio Barberini. Entre los detenidos incluso había un niño de 15 años que hacía los deberes en casa de su amigo. Mältzer furioso pidió a sus soldados que ejecutara a toda esa gente, por suerte en la zona hizo presencia al instante el coronel de las SS, Eugen Dollmann, que pudo hacerle recapacitar y anular el castigo. Albrecht Kesselring, general militar alemán en jefe de la República de Saló, que casualmente se encontraba ese día en el frente, retornó inmediatamente a la capital e impidió a cualquier superior tomar represalias contra nadie hasta que no se esclarecieran los hechos.

Soldados alemanes y milicias republicanas italianas detienen a civiles en Vía Rasella.

Adolf Hitler, hasta muy avanzada la tarde, no se enteró del atentado en su cuartel de Rastenburg, Prusia Oriental. Se sintió furioso al saber de aquello y ordenó que se ejecutaran a 50 italianos condenados a muerte sin juicio por cada alemán muerto, es decir, 1.650 personas. Kesselring al saberlo, se quedó aterrado, pues pensaba que eso era una venganza atroz y no un castigo, además era imposible porque no había tantos condenados a muerte. También Benito Mussolini intentó frenar aquello, alegando que sólo fueran castigados los culpables y no personas inocentes. Finalemente Hitler escuchó a todos sus mandos y accedió a que únicamente fueran ejecutadas 330 personas en total.

Para la selección de ejecutados se acudieron a varias instituciones penitenciarias. Los primeros 12 arrestados fueron algunos de los transeúntes que pasaban por la zona del atentado, entre ellos el chico de 15 años que hacía deberes en su casa, dos jóvenes de 17 años y un viejo de 74 años llamado Mosé di Consiglio. En los cuarteles de la Policía Italiana de Roma dirigida por el comisario Angelo Caruso se extrajeron al azar 50 personas, aunque el jefe de prisión italiano intentó evitarlo llamando al Ministro del Interior en la República de Saló, Buffarini Guidi, el cual le contestó: “Tú dáselos, dáselos… Si no, cualquiera sabe lo que harán”. También se detuvo a 57 judíos italianos elegidos al azar por el odio alemán hacia esa raza. El resto de seleccionados eran presos políticos italianos encerrados en la Cárcel de la Vía Tasso. Por culpa de un error se añadieron cinco personas más a la lista, ascendiendo los condenados a muerte a 335 en lugar de los 330 indicados por el Führer.

Desde la Cárcel de Vía Tasso salieron los primeros sentenciados a las 14:00 horas de la tarde del 24 de Marzo a bordo de camiones de transporte para productos cárnicos. Poco después se unieron otros camiones procedentes de diversos lugares con más víctimas. Acompañando al cortejo fúnebre estaba el coche del comandante Herbert Kappler que se había ofrecido voluntario para realizar la masacre, conduciendo su vehículo un colaboracionista italiano llamado Massimo Parris.

Fosas Ardeatinas, cuevas en las que según el Cristianismo, Jesucristo se apareció a San Pedro, fue el lugar escogido por los alemanes para las ejecuciones.

Sobre las 14:30 horas los detenidos empezaron a descender de los camiones frente a las Fosas Ardeatinas. A todos se les organizó en grupos de cinco personas que irían entrando en orden a las cuevas. Hasta las 15:30 no entró el primer grupo para ser ejecutado. El proceso era sencillo, primero se los hacía pasar a las cuevas con las manos atadas a la espalda y avanzar hacia el interior, luego se les ponía de rodillas y a continuación se les disparaba en la nuca. Los que esperaban nerviosos fuera escuchaban los disparos al grupo que tenían delante de ellos. Normalmente los soldados alemanes del interior de la cueva eran los mismos, aunque con ellos había un polaco colaboracionista; aguardando mientras tanto fuera Kappler con más prisioneros. A medida que se llenaban las fosas unas víctimas eran arrodilladas sobre los cadáveres de otras antes de matarlas, de hecho una cueva quedó saturada y se hubo de emplear una segunda. El último grupo de cinco personas esperó varias horas antes de entrar, pero antes de hacerlo el contador cayó en la cuenta que esas sobraban porque se habían equivocado, ya que en vez de elegir 330 eran 335, no obstante Kappler inhumanamente ordenó que se las fusilara como al resto, tal y como se hizo. Sin excepción 335 personas habían sido ejecutadas.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial respondieron judicialmente por la Matanza de las Fosas Ardeatinas el general Albrecht Kesselring en 1946, Kurt Mältzer en 1947 y Herbert Kappler en 1948. Tanto Kesselring como Mältzer salieron declarados inocentes al ser legal según la Convención de Ginebra fusilar a raíz de un atentado si se consideraba terrorista, sin embargo Kappler fue condenado a pena de prisión por la ejecución de 5 personas más de las indicadas en el castigo estipulado, aunque el 15 de Agosto de 1977 se fugó de la cárcel.

 

Bibliografía:

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “Represalia en Roma”, S.A.R.P.E. (1978), p.1421-1428
http://en.wikipedia.org/wiki/Ardeatine_massacre