Pacto de No Agresión Germano-Soviético “Ribbentrop-Molotov”

“Fuertes antagonismos ideológicos y de política interior no tienen que ser obstáculo para la colaboración práctica entre dos Estados”. Aquellas fueron las palabras que Iósif Stalin pronunció cuando la Unión Soviética entró en una extraña fase de cooperación con la Alemania Nacionalsocialista de Adolf Hitler que acabaría materializándose en el Pacto de No Agresión Germano-Soviético, también conocido como “Pacto Ribbentrop-Molotov”.

La década de 1930 había sido muy convulsa en Europa tras el ascenso al poder de Adolf Hitler y la fundación del Tercer Reich. Hasta ese momento Alemania había sorteado los vaivenes de la política de apaciguamiento formulada por los Aliados Occidentales porque apenas sin oposición diplomática había disuelto el Tratado de Versalles impuesto por los vencedores tras la Primera Guerra Mundial mediante la recuperación del Sarre en 1935, la remilitarización de Renania en 1936 y la anexión de Austria durante el “Anschluss” en 1938. Sin embargo su mayor éxito tendría lugar con el Pacto de Munich en Octubre de 1938 que facilitó la ocupación de los Sudetes con el visto bueno de Gran Bretaña, Francia e Italia; así como el posterior desemembramiento de Checoslovaquia que convirtió al territorio de Chequia en el Protectorado de Bohemia-Moravia y a Eslovaquia en un “estado satélite” de Berlín; y la obtención de la región de Memel a costa de Lituania en Marzo de 1939.

Polonia se vislumbraba en 1939 como el siguiente objetivo del Tercer Reich ante la necesidad de recuperar los territorios perdidos en el Tratado de Versalles que incluían el Estado Libre de Danzig y partes de Pomerania y Posnania que separaban la Alemania Continental de Prusia Oriental y que se encontraban mayoritariamente habitados por población germano-parlante Lógicamente en esta ocasión ni Gran Bretaña ni Francia iban a tolerar una nueva agresión y menos aún con Polonia que formaba parte de la Alianza Anglo-Franco-Polaca. Curiosamente a esta coalición debía sumarse también la Unión Soviética que veía con preocupación el creciente poder de Alemania sobre Europa, aunque por el momento el Kremlin declinó el ofrecimiento debido a la intervención anticomunista que los Aliados Occidentales habían protagonizado en la Guerra Civil Rusa de 1917 a 1923, así como su actitud pasiva frente al expansionismo alemán en los años anteriores, que evidentemente convirtieron a Londres y París en candidatos todavía menos fiables que Berlín.

A mediados de 1939 la Unión Soviética abrió una serie de conversaciones secretas con Alemania mientras alargaba su respuesta de alianza que constantemente le formulaban Gran Bretaña y Francia. La razón de este diálogo entre Berlín y Moscú era que la Unión Soviética, al igual que Alemania en el oeste, había perdido grandes territorios en el este a costa de Polonia durante la Guerra Polaco-Soviética de 1920 que desde hacía dos décadas aspiraba a recuperar. Se trataba de Lublin, Lodz, Brest, Volhynia, Grodno, entre otros, que estaban poblados mayoritariamente por habitantes rusos y ucranianos, y que desde hacía años habían sido represaliados por el Ejército Polaco. De hecho en Abril de 1939, Adolf Hitler pronunció un discurso en Berlín denunciando la Alianza Anglo-Franco-Polaca alegando que dentro de Polonia existían “muchas naciones”, en lo que claramente fue un gesto discreto de amistad dirigido a la URSS.

Inicialmente un eventual acuerdo con la Unión Soviética era visto con pesimismo en el Tercer Reich hasta que Iósif Stalin impulsó el cese del Ministro de Asuntos Exteriores Maxim Litvinov, quién curiosamente era judío y no ayudaba a las relaciones con Alemania, para ser sustituido por el mucho más pro-germano Vyacheslav Molotov. Este personaje que dentro del Partido Comunista Soviético (PCUS) era un histórico de la Revolución Bolchevique por haber estado al frente del diario Pravda durante los días del Sóviet de Petrogrado, lo primero que hizo fue dinamitar todos los canales de diálogo con el Primer Ministro Neville Chamberlein del Reino Unido; al mismo tiempo en que ya había mantenido cinco reuniones con el embajador alemán Friedrich Werner Von Schulenburg.

Oficialmente en Julio de 1939, Gran Bretaña y Francia alcanzaron un acuerdo de cooperación militar con la Unión Soviética sin saber que todo se trataba de una tapadera porque bajo el más absoluto secreto el Kremlin había estado estrechando lazos con Berlín cuando el Ministro de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop presentó a los rusos los “Seis Artículos” que incluían la negociación de cualquier cuestión geoestratégica siempre que Moscú no interviniese en los asuntos internos alemanes. Así fue como Von Ribbentrop telegrafió a Molotov para concertar una entrevista, algo a lo que Stalin contestó afirmativamente siempre tuviese plenos poderes para negociar. Sin ningún inconveniente, Hitler no sólo le otorgó tal poder a Von Ribbentrop, sino que además cablegrafió al mismo Stalin para ofrecerle un reparto de Polonia y Europa Oriental que adjudicarían en áreas de influencia. Sorprendido el líder soviético por aquella tentadora propuesta y esperanzado de llevar a cabo su venganza contra la odiada Polonia, a las 24 horas del mensaje autorizó el acceso de Von Ribbentrop a la URSS con el fin de llegar a un compromiso.

Pacto de No Agresión Germano-Soviético. De izquierda a derecha: Joachim Von Ribbentrop, Iósif Stalin y Vyacheslav Molotov.

Bajo la oscuridad de la noche del 22 de Agosto de 1939, el Ministro de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop despegó en avión desde Berlín para volar a la Unión Soviética y aterrizar en Moscú a la mañana siguiente del 23 de Agosto. Una vez en tierra, el Ministro de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov acudió cordialmente a recibirle y a escoltarle en un coche en dirección hacia el Kremlin mientras casualmente pasaban por delante de la residencia donde se hallaban reunidos los negociadores británicos y franceses, quienes engreídamente seguían convencidos de que la URSS se sumaría a la Alianza Anglo-Franco-Polaca para cuando Alemania invadiese Polonia, cuya fecha prevista de agresión inicialmente había sido fijada para el 25 de Agosto de 1939 (aunque con posibilidad de posponerse).

La reunión del Kremlin entre Iósif Stalin y el Ministro de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov representando a la Unión Soviética, junto con el Ministro de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop y el embajador Friedrich Werner Von Schulenburg representando a Alemania; se prolongaron los días 23 y 24 de Agosto de 1939, fecha de la firma, dándose a conocer públicamente por los periódicos ruso y alemán Pravda y Völkischer Beobachter respectivamente la mañana del 25 de Agosto. El contendido que fue recogido en el Pacto de No Agresión Germano-Soviético, también conocido como “Pacto Ribbentrop-Molotov”, anunciaba un convenio de no intervención militar entre ambas potencias independientemente de los conflictos que pudiesen surgir con otros terceros, además de un Acuerdo de Créditos mediante el cual Berlín financiaría econónomicamente a Moscú a cambio de materias primas y petróleo durante un período de diez años, prorrogable a cinco más. Lógicamente Gran Bretaña y Francia se sintieron traicionadas por el Kremlin porque el documento otorgaba vía libre al Tercer Reich para desencadenar cualquier tipo de ataque contra Polonia o en el oeste de Europa, por lo que ambas potencias retiraron a sus embajadores del país e interrumpieron la diplomacia con la Unión Soviética. Sin embargo lo peor estaba por venir porque Alemania y la URSS también habían suscrito el llamado “Protocolo Secreto” que preveía la invasión del Ejército Alemán y el Ejército Soviético a Polonia (el primero lo haría el 1 de Septiembre de 1939 y el segundo el día 17) con la finalidad de repartirse territorialmente el país del siguiente modo: el oeste para los alemanes y el este para los rusos a través de una frontera que estaría definida por los márgenes del los Ríos Vístula, Narew y San. Simultáneamente y como compensación a la permisividad del Kremlin para que el Tercer Reich se expandiese hacia Europa Occidental, el “Protocolo Secreto” incluyó que las tres naciones de Estonia, Letonia y Lituania fueran ocupadas y anexionadas a la URSS (con la excepción del distrito lituano de Suwalki que sería entregado a Alemania), así como las provincias de Carelia, Salla y Petsamo a costa de Finlandia y las de Besarabia y Bukovina a costa de Rumanía que pasarían a formar parte de la Rusia Soviética.

“Sé lo mucho que el pueblo alemán ama a su Führer. Por eso quisiera beber a su salud”. Aquellas fueron las palabras con las que Iósif Stalin brindó su copa con el Ministro de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop instantes antes de cerrar el Pacto de No Agresión Germano-Soviético. Justo una semana después de este acontecimiento que sacudió los cimientos de la diplomacia internacional, Alemania invadió Polonia el 1 de Septiembre de 1939 y estalló la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Sergi Vich Sáez, Una extraña amistad: el Pacto Hitler-Stalin, Revista Historia y Vida Nº459 (2006), p.84-91
-Sergi Vich Sáez, La invasión de Polonia: el origen de la Segunda Guerra Mundial, Revista Historia y Vida Nº438 (2004), p.78-89
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 1. El Camino hacia el Desastre. “XVI En el límite”, Editorial Planeta DeAgostini (1959), p.153-160