Incidente de Shangai

El Incidente de Shangai fue uno de los episodios que derivaron en una confrontación bélica directa entre Japón y la China del Kuomintang durante los primeros inicios de la década de 1930. A pesar de la violencia urbana que se desató sobre la que era la segunda ciudad más grande de Asia, el resultado terminó en un acuerdo pacífico muy beneficioso para el Imperio Japonés que contribuiría al futuro estallido de la Segunda Guerra Mundial en el Lejano Oriente.

Origen

Al producirse en 1931 el Incidente de Mukden que condujo a la invasión de Manchuria, se desató una especie de “guerra no declarada” entre Japón y la China del Kuomintang que se prolongaría sobre dicha región hasta 1932. Hacia esa fecha, el Imperio Japonés se había apoderado de un vasto territorio que más tarde convertiría en su propio estado satélite bajo el nombre de Manchukuo y que estaría liderado por el Emperador Pu-Yi de la Dinastía Qing.

Como era de preverse, la intervención del Ejército del Kwantung en Manchuria despertó la ira de los nacionalistas chinos por todo el país y especialmente en Shangai. De hecho, como en las Delegaciones Internacionales (entre las que estaban el “Bund” del Reino Unido, la Concesión Francesa, la Concesión Italiana y un territorio bajo la soberanía de distintos países como Estados Unidos), el “Pequeño Tokyo” que era propiedad de Japón, concretamente sobre una demarcación entre el Barrio de Hongkou y el Barrio de Yangshupu, fue objeto de los ataques de grupos violentos de chinos, sobretodo de una facción paramilitar llamada Asociación Anti-Japonesa de Salvación Nacional, que hostigó a varios residentes y comercios. A partir de entonces, comenzó un boicot contra los negocios de los japoneses, que no sólo se tradujo en algún que otro asalto, sino en huelgas masivas por parte de los obreros chinos que trabajaban en las industrias téxtiles de los empresarios nipones en la ciudad. A este sentimiento de odio hacia todo lo japonés, se unió la caída en picado de la producción nipona en la ciudad y la paralización de casi todas las exportaciones.

Infantería Naval Japonesa preparándose a invadir Shangai en 1932.

La tensión terminaría por explotar en Shangai el 18 de Enero de 1932 cuando cinco monjes budistas japoneses de la Secta Nichiren que se encontraban tocando sus instrumentos frente a la Fábrica de Toallas de la Compañía San Yu, fueron linchados por los trabajadores de la empresa y miembros de la Asociación Anti-Japonesa de Salvación Nacional. Como consecuencia de esta paliza, dos de los monjes perdieron la vida, uno en el acto y otro en el hospital, además de resultar los otros tres heridos de gravedad.

Al cabo de dos días de lo sucedido con los monjes, el 20 de Enero, los residentes japoneses en el “Pequeño Tokyo” decidieron cobrarse su propia venganza convocando a la Organización “Seinendan”, un grupo paramilitar de civiles nipones residentes en Shangai, quienes famosos por lucir un brazalete con la bandera de Japón en su vestimenta de paisano, solían actuar como una milicia armada de autodefensa. Así pues, un grupo de 500 milicianos del “Seinendan”, que a nivel individual se autodenominaban “rônin”, incendiaron la sede de la Asociación Anti-Japonesa de Salvación Nacional y protagonizaron un enfrentamiento contra la policía al coste de dos muertos (un chino y un japonés) y cuatro heridos (dos de cada nacionalidad).

Apenas sin control, los actos violentos de las dos partes se fueron multiplicando, siendo especialmente relevante fue el asesinato de un empresario nipón en Cantón o el intento de atentado bomba contra la residencia del Ministro en China, Mamuru Shigemitsu, quién en aquellos momentos no se encontraba en el inmueble. A raíz de esta oleada de ataques contra los intereses de Japón en Shangai, e incluso algunos actos de vandalismo similares que se registraron en Pekín y Hong Kong, sin obviar la intensa campaña de xenofobia antijaponesa lanzada por el periódico Min-Kuo Jih-Pao; al Gobierno de Tokyo no le quedó más remedio que aprobar el envío de tropas reforzar su situación militar en China.

La madrugada del 28 de Enero de 1932, una escuadra conformada por el portahidroaviones Notoro, el crucero ligero Yubari, doce destructores y varios transportes, depositó en el “Pequeño Tokyo” de Shangai a la Fuerza Especial Naval de Desembarco. Al mando del capitán Tomoshige Samejima, se trataba de una unidad de 6.000 infantes de marina, concretamente marineros armados que operaban fuera de sus buques como parte del 2º Regimiento, cuyos efectivos estaban repartidos en seis batallones con seis secciones de fusileros cada uno.

Simultáneamente a los movimientos de la Fuerza Especial Naval de Desembarco, el Kuomintang movilizó al XIX Ejército de Ruta del general Jiang Guangnai que por aquel entonces tenía desplegados a unos 30.000 efectivos, la mayoría soldados cantoneses de origen campesino que eran de poco fiar porque con anterioridad habían servido con los Señores de la Guerra. Dichas tropas características por su escaso equipo y sombreros cónicos del ámbito rural, fueron desplegados entre el Estuario del Río Yang-Tsé y la Concesión Francesa de Shangai del siguiente modo: las 60ª y 66ª Divisiones de Infantería dentro de la propia la ciudad, la 61ª División de Infantería en la Ensenada de Suzhou y la 68ª División de Infantería en torno a la Fortaleza de Wusong.

A las 9:00 horas de la mañana del 28 de Enero, un terrorista chino detonó una bomba en el Consulado de Japón en Shangai, provocando desperfectos y daños en la fachada, pero afortunadamente sin tener que lamentar víctimas mortales. La reacción del alcalde de la ciudad, Wu Tiehcheng, ante un acto que sin duda dejaba al Gobierno del Kuomintang en una posición de desventaja diplomática, fue la de acceder a los humillantes términos formulados por el cónsul Karamatsu Murai consistentes en una petición de disculpa oficial por lo sucedido con los monjes, la interrupción del boicot a los productos japoneses, la compensación económica a los afectados por la violencia callejera (incluyendo la asistencia médica y psicológica), la clausura del periódico Min-Kuo Jih-Pao y la ilegalización de la Asociación Anti-Japonesa de Salvación Nacional (con la consiguiente encarcelación de todos aquellos que hubiesen cometido actos delictivos). No obstante y contra todo lo esperado, el representante nipón añadió una claúsula de última hora en la que también se fijaba la retirada obligatoria del XIX Ejército de Ruta, algo que también los chinos tuvieron que aceptar, aunque a cambio del posterior e inmediato reembarque de la Fuerza Especial Naval de Desembarco.

Inicialmente todo parecía indicar que la crisis iba a resolverse hasta al saberse la noticia acerca del acatamientos de los términos dictados por Tokyo, la población shangainesa se sintió tan humillada e insultada, que miles de ciudadanos se echaron a las calles de la ciudad, entre ellos 5.000 estudiantes y simpatizantes alentados por el Partido Comunista Chino. Así fue como en unas pocas horas, a la caída de la tarde, la metrópoli era un hervidero de huelgas y manifestaciones que no pudieron ser contenidas por la policía, y mucho menos por los mismos residentes japoneses que vieron como sus comercios fueron destrozados por alborotadores e incluso dos compatriotas linchados junto a la Estación Norte. De hecho, el mismo cónsul Karamatsu Murai tuvo que ser evacuado a bordo de la cañonera Ataka para evitar ser interceptado por la turba. Así pues, una vez desatado el caos a lo largo y ancho de toda la urbe, el Gobierno de Japón no tuvo más remedio que suspender lo pactado con el Kuomintang y autorizar una intervención militar con el uso de la fuerza en Shangai.

Guerra de Shangai

Oficialmente la Guerra de Shangai comenzó a las 23:00 horas de la noche del viernes 28 de Enero de 1932, cuando una columna de 1.000 soldados japoneses de la Fuerza Especial Naval de Desembarco que iban acompañados de cinco coches blindados, dieciocho camiones y treinta motocicletas con sidecar equipadas con ametralladoras, atravesaron la línea fronteriza de las Delegaciones Internacionales con el Barrio de Zhabei, remontando sobre la Calle Bazilu, la Calle Quijianlu y la Calle Hengbinglu. Transcurridos tan sólo dos minutos del cruce de la demarcación, a las 23:02 horas, se produjeron los primeros disparos después de que un grupo de francotiradores chinos parapetados en las azoteas de azoteas los edificios, abriesen fuego al paso de una de los convoyes. A estos tiros de procedencia desconocida, pronto se unieron el de los fusileros apostados en la Estación de Tren de Tien Tungan y en los apartamentos de la Avenida Qiujiang.

Artillería japonesa en 1932 durante el Incidente de Shangai.

Alrededor de medianoche todo el avance de la Fuerza Especial Naval de Desembarco había sido detenido en el Barrio de Zhabei y en especial sobre el trayecto que conducía a la Estación Norte, considerado el principal enclave a tomar. Precisamente en esta misma posición, los chinos emplazaron un tren blindado bautizado como “Mary la Resbaladiza”, que armado con cinco cañones Krupp a bordo de sus vagones, comenzó a bombardear desde la distancia a los invasores y a causar estragos entre las filas niponas.

La Estación Norte se convirtió en el principal objetivo de la Fuerza Especial de Desembarco durante la madrugada del 28 al 29 de Enero, aunque los japoneses tuvieron el dilema no poder efectuar bombardeos contra la infraestructura debido a que era una propiedad compartida con el Imperio Británico (que había invertido 2 millones de dólares en la línea que unía Shangai con Nankíng), por lo que en caso de resultar dañada, podía despertar la animosidad de Londres. Como consecuencia de este inconveniente, las tropas niponas cargaron sin el debido soporte artillero y por lo tanto fueron rechazadas con numerosas bajas a manos de unos chinos muy bien protegidos tras los ventanales y el tejado. Sin embargo este no fue el único fracaso porque las otras columnas también resultaron detenidas como por ejemplo la que avanzaba por la Calle Paoshan y o la que subía por la Calle Sichuán Norte gracias a los tiradores chinos cubiertos en las terrazas y balcones. Incluso una patrulla fue emboscada por 200 gángsters de la Mafia Verde, que tras ser comprada por el Kuomintang, dejó un saldo de veinte japoneses muertos y heridos.

Con el amanecer del 29 de Enero, la la Fuerza Especial de Desembarco optó por desatascar la situación iniciando un potente bombardeo de artillería mediante cañones y el apoyo tanto de las baterías de los buques anclados en el Río Huangpu y los aparatos embarcados del portahidroaviones Notoro. No obstante y pese las esperanzas depositadas en esta acción, apenas ninguna barricada china fue neutralizada y encima uno de los proyectiles causó por error desperfectos en la cúpula de la Estación Norte, lo que generó protestas por parte del Reino Unido, sin contar los artefactos que dañaron el edificio de la Prensa Comercial e incendiaron la Librería Nacional de Oriente, perdiéndose algunos manuscritos históricos de gran valor.

La jornada del 29 de Enero concluyó con 400 bajas en ambos bandos, concretamente 300 en el lado chino y 100 en el lado japonés sin cosecharse ganancia significativa alguna para nadie. Así pues, como consecuencia de este estancamiento, los dos actores confrontados comenzaron a movilizar a sus respectivas fuerzas en retaguardia con la finalidad de enviarlas a Shangai lo más pronto posible. Por ejemplo el Presidente Chiang Kai-Shek, inició el traslado de los 20.000 efectivos encuadrados en las 87ª y 88ª Divisiones de Infantería del V Ejército al mando del general Zhang Zhizhong y sometidos a la inspección del general alemán George Wertzell, cuyos hombres habían recibido un tipo de instrucción occidental con equipo y asesores procedentes de Alemania, Gran Bretaña y Estados Unidos.

Al empezar el mes de Febrero de 1932, la Marina Imperial Japonesa que tenía el dominio absoluto del agua, amplió la cabeza de playa de la Fuerza Especial Naval de Desembarco efectuando algunas operaciones anfibias que proporcionaron a los nipones el control total del Río Huangpu y el acceso libre al Estuario del Río Yang-Tsé (salvo por la excepción de la Fortaleza de Wusong que continuó en manos del Kuomintang gracias al hormigón de su muralla y a las baterías Armstrong de 150 milímetros que batían la zona). De este modo, quedó dibujado un frente de guerra de norte a sur que arrancaba desde las afueras del puerto de Wusong, pasaba por las zonas rurales con la aldea de Changhuaping en el centro, y concluía en los suburbios ocupados del Barrio de Hongkou dentro de la propia Shangai.

Confiados los japoneses en que al final los chinos terminarían viniéndose abajo, el 2 de Febrero, más de 3.000 efectivos de la Fuerza Especial Naval de Desembarco y la Organización “Seinendan” volvieron a llevar a cabo una temeraria intentona en el Barrio de Zhabei, de donde lograron expulsar a un gran número de enemigos hacia el área de Chiangwan, aunque fracasaron nuevamente a la hora de asaltar la Estación Norte y la Calle Sichuán Norte. La razón de este estrepitoso revés fue que los chinos habían concentrado una enorme cantidad de refuerzos entre los laberintos de avenidas y callejones que rodeaban a la Estación Norte que por aquel entonces ya sumaban más de 10.000 hombres.

Ante la imposibilidad de sentar al Kuomintang en la mesa de negociaciones, los japoneses recurrieron a la aviación para sembrar el terror sobre Shangai, como por ejemplo sucedió en un ataque sobre la Estación Norte que costó la vida a cincuenta civiles y pulverizó a ocho vagones sobre la vía. Afortunadamente para los defensores, la Fuerza Aérea China respondió con una pericia inmejorable porque el 5 de Febrero, un escuadrón de dieciocho cazas chinos (de origen norteamericano Vought O2U Corsair, inglés Blackburn Lincok III y alemán Junkers K-47) al mando del comandante Huang Yuquan, interceptó a una escuadrilla de once aparatos nipones al frente del teniente Kidokoro Mochahiro, derribando a continuación tres de los aviones en lo que constituyó la primera victoria en el aire de China sobre Japón.

Tropas chinas del XIX Ejército de Ruta combatiendo en una barricada durante el Incidente de Shangai de 1932.

Ni los bombardeos contra Shangai, ni el bloqueo naval sobre las costas de China por la Patrulla del Yang-Tsé que incluía catorce buques al mando del almirante Kiochi Shiozawa (los dos portaaviones Kaga y Hosho, el acorazado Kirishima, los nueve cruceros Hirado, Oi, Yubari, Naka, Abukama, Yura, Tenryu, Izumo y Tatsuta, los cinco destructores Urazake, Hagi, Fuji, Susuki y Tsuta, el dragaminas Tokiwa, los dos cañoneros Ataka y Kakata, y el portahidroaviones Notoro) sirvieron para amedrentar a los chinos y obligarles a negociar. De hecho, la presencia de estas naves no hizo más que aumentar la presión de la Liga de Naciones por buscar una salida pacífica a la conflagración, sobretodo después de que unos proyectiles chinos dirigidos contra la escuadra japonesas impactasen por error en el crucero británico HMS Suffolk y mataran a dos marineros ingleses.

La Fortaleza de Wusong en el norte, al igual que Shangai en el sur, centró la mayor parte de las operaciones a lo largo de la primera mitad de Febrero. A pesar de los continuos bombardeos desde el agua con cruceros y de las incursiones aéreas de los aparatos embarcados del portaaviones Kaga, los japoneses sólo consiguieron demoler uno de los dormitorios del fuerte y eliminar seis cañones. Ni siquiera las partidas desembarcadas en los alrededores de la infraestructura y a las afueras del mismo puerto de Wusong sirvieron de nada porque los bancos de arena y un promontorio cercano ofrecieron a los chinos una excelente cobertura con la que rechazaron todos los ataques del enemigo.

Hasta el 7 de Febrero las cosas no comenzarían a cambiar cuando la III Flota Imperial del vicealmirante Kichisaburo Nomura depositó al sur de Wusong a la 9ª División de Infantería y la 24ª Brigada Mixta que aumentaron considerablemente los efectivos nipones a 20.000 y por tanto aliviaron la presión de los invasores en todo el frente. Gracias a este enorme contingente, las tropas niponas tomaron la Estación de Changhuapin y protagonizaron algunos avances en torno a Wusong mediante el tendido de pontones sobre los canales de agua de la zona, antes de ser la macha detenida en el último instante por la oportuna llegada de los chinos de la 87ª División de Infantería.

Nuevamente a mediados de Febrero, la línea del frente entre Shangai y el Estuario del Río Yang-Tsé volvió a paralizarse, siendo especialmente sangrienta la lucha por las aldeas de Chichiachiao y Tsaochiachiao que terminó en tablas para ambos bandos. No obstante y a diferencia de la fase anterior de la campaña, los japoneses obtuvieron una ligera ventaja primeramente porque en el sector de Wusong superaron la molesta Ensenada de Wentsaopeng mediante el hábil uso de gases fumígenos; mientras que en Shangai, un reducido grupo de 200 infantes navales desembarcó y se apropió de una extensa porción urbana del Barrio de Yangshupu.

La novedad de la situación condujo al Gobierno de Tokyo a llevar a cabo una ofensiva definitiva contra el Kuomintang utilizando por primera vez y de forma masiva a la Fuerza Especial de Desembarco, la 9ª División de Infantería y la 24ª Brigada Mixta que fueron unificadas en la Fuerza Expedicionaria de Shangai (posteriormente se unirían la 11ª y 14ª Divisiones de Infantería que estaban en camino desde Japón). Esta formidable agrupación que contaba con 30.000 soldados, 90 tanques, 190 cañones y 100 aviones, se abalanzaría sobre un número similar de chinos mediante un ataque en tres alas que estaría planificado de la siguiente manera: la 9ª División de Infantería y la 24ª Brigada Mixta caerían en los sectores norte y centro del V Ejército Chino contra la 88ª División de Infantería en Wusong y la 87ª División de Infantería entre Miohang y Chiangwan; y la Fuerza Especial de Desembarco en el sector del XIX Ejército de Ruta con las 60ª, 61ª y 78ª Divisiones en la ciudad de Shangai.

A las 7:30 horas de la mañana del 20 de Febrero de 1932, la Fuerza Expedicionaria de Shangai comenzó la ofensiva bajo un potente bombardeo de artillería y aviación preliminar que causó las primeras bajas a los chinos. No obstante y a pesar de las esperanzas depositadas en la operación, la misión resultó ser un completo fracaso en todos los sectores donde teóricamente tendría que haberse producido la ruptura. Al norte en Wusong, los hombres de la 24ª Brigada Mixta se dispersaron entre las fortificaciones y los alambres de espino para acabar retirándose con 200 muertos. En el centro, sobre el área comprendida entre Miohang y Chiangwan, los soldados de la 9ª División de Infantería fueron rechazados por los muy bien parapetados chinos que defendían las pistas de carreras de caballos y el campus de la Universidad de Futan. Y en el sur, concretamente en el Barrio de Zhabei de Shangai, los infantes de la Fuerza Especial Naval de Desembarco perdieron nueve de los diez tanques con los que iniciaron la carga hacia la Estación Norte, siendo el último capturado por los chinos.

Tampoco salieron bien las ofensivas menores lanzadas contra Miohang los días 21 y 22 de Febrero porque aunque los japoneses consiguieron abrir un boquete en la alambrada después de que un zapador se inmolara en medio del espino, las tropas chinas se aferraron al terreno matando a 385 asaltantes (a costa de un millar de bajas propias) e incluso capturaron a uno de los capitanes nipones que dirigía la operación, el oficial Kuga Noboru, quién posteriormente se suicidaría por la vergüenza. A raíz de estos reveses, la aviación japonesa probó debilitar a los chinos incrementando su radio de acción en la retaguardia mediante el bombardeo de ciudades como Suzhou o Hangzhou, donde había concentradas un gran número de unidades con destino al frente. Lógicamente la Fuerza Aérea China contestó a estas incursiones más o menos con relativo éxito, como sucedió la jornada del 23, cuando el piloto voluntario estadounidense Robert McCawley, a los mandos de un biplano Boeing 218, interceptó a tres cazas enemigos Nakajima A1N y derribó a uno de ellos, exactamente al del teniente Susumu Kotani, antes de que otro de los aparates nipones, pilotado por el teniente Ikuta Nogiji, ametrallase al avión del norteamericano y acabase con su vida.

Aparentemente el Kuomintang parecía haber detenido la ofensiva de la Fuerza Expedicionaria de Shangai y daba la impresión de estar controlando la situación. Sin embargo, todo era un espejismo porque lo cierto era que las divisiones del V Ejército y el XIX Ejército de Ruta estaban en las últimas debido a que ya no podían cubrir las innumerables bajas encajadas, los suministros no llegaban con regularidad como consecuencia del control del cielo por parte del enemigo y las defensas flaqueaban ante los bombardeos constantes procedentes de tierra, mar y aire; algo que contrastaba con la ventajosa posición de los japoneses que acababan de recibir enormes refuerzos desde Japón con el desembarco de las 11ª y 14ª Divisiones de Infantería.

Vehículos blindados Vickers Crossley e infantes de marina nipones tras unos sacos terreros en plena calle durante el Incidente de Shangai de 1932.

La vulnerabilidad del Kuomitang quedó finalmente demostrada con el último asalto de la 9ª División de Infantería contra la ciudad de Chiangwan, que después de quedar completamente arrasada, fue conquistada por los japoneses la jornada del 28 de Febrero. A partir de entonces, el Presidente Chiang Kai-Shek, comprendiendo que la resistencia por el momento era inútil, ordenó una retirada hacia una línea fortificada erigida que los chinos erigieron a toda prisa entre Kunchan, Tachan y Chenju, justo en medio de la vía ferroviaria que unía Shangai con Nankíng.

A inicios de Marzo de 1932, las líneas del Kuomintang se derrumbaron definitivamente cuando los infantes de la Fuerza Especial de Desembarco, aprovechándose de los huecos dejados por los chinos durante la evacuación a las nuevas líneas defensivas, eliminaron a los pocos defensores que todavía quedaban en Shangai, ocupando todo el Barrio de Zhabei y la emblemática Estación Norte que cayó la jornada del 2. Al día siguiente, el 3 de Marzo, tuvo lugar la última acción de la campaña después de que 800 efectivos de la 11ª División de Infantería que acababan de tomar el puerto de Wusong, desembarcaran en una de las caras de la Fortaleza de Wusong, irrumpiendo en su interior y eliminando a los rezagados chinos, antes de que a las 8:05 horas de la mañana, se produjese el triunfal izado sobre la muralla de la bandera del Sol Naciente.

Conclusión

La caída de la Fortaleza de Wusong coincidió con una resolución oficial de la Liga de Naciones que instaba al cese de las hostilidades de forma inmediata bajo la amenaza de fuertes sanciones a los dos bandos confrontados. A raíz de este comunicado, el general Yoshinori Shirikawa que lideraba a la Fuerza Expedicionaria de Shangai, acató el alto el fuego el 3 de Marzo, aunque el Kuomintang que temía verse de nuevo humillado por una potencia extranjera, no lo hizo hasta la jornada del 5 cuando vio el Presidente Chiang Kai-Shek comprendió que iba a ser imposible obtener unas condiciones justas para China.

El resultado de aquella aventura bélica que sería recordada por los dos oponentes como la “Guerra de Shangai” o “Guerra de 1932”, costó la vida a 13.000 civiles en la ciudad y daños muy graves en algunos distritos que implicaron daños en 144.000 edificios o viviendas y 896 factorías o naves industriales. Respecto a las pérdidas militares, el Ejército Chino sufrió 14.811 bajas (840 oficiales y 13.261 soldados) contando 4.271 muertos (199 oficiales y 4.072 soldados), 9.830 heridos (641 oficiales y 9.189 soldados) y 710 desaparecidos; mientras que el Ejército Japonés registró 5.000 bajas entre 3.000 muertos y 2.000 heridos.

Finalmente el 5 de Mayo de 1932, se firmaría el Acuerdo de Alto el Fuego de Shangai mediante el que se decretaba el final de las hostilidades entre China y Japón bajo la supervisión internacional de Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia y Francia. Según este documento que reconocía al Imperio Japonés como el vencedor, los nipones tuvieron que abandonar todas las áreas ocupadas en torno a Wusong y los exteriores de la ciudad, aunque a cambio se les concedió como ganancia territorial todo el Barrio de Hongkou y el Barrio de Yangshupu que pasaron a estar custodiados por la Fuerza Especial Naval de Desembarco. Respecto a la China del Kuomintang, tuvo que soportar la vergüenza de ver como se le prohibía disponer de fuerzas militares dentro de la metrópoli, las cuales debían permanecer a un mínimo de 20 kilómetros de distancia por detrás de Suzhou y Kunchan, además quedar todas las unidades policiales encuadradas en el recién constituido Cuerpo de Preservación de la Paz, cuyos efectivos chinos se sometieron a la tutela y el control de Tokyo.

Los acuerdos pacíficos suscritos por Japón en lo referente a la cuestión de Shangai en 1932, apenas tardaron en romperse en otros lugares de la geografía china. Por ejemplo al año siguiente, en 1933, el Ejército del Kwantung ocupó la provincia de Rehe; mientras que en 1934 extendió sus operaciones bélicas a la Gran Muralla China. También entre 1935 y 1936, el Gobierno de Tokyo fomentó la secesión de la Mongolia Interior con el resto de China, lo que condujo al Ejército Mongol-Japonés a llevar a cabo una serie de campañas muy violentas sobre las provincias de Chahar y Suiyuán. No fue extraño que ante esta serie de incumplimientos e incremento constante de la tensión, la guerra volviese a desatarse de manera oficial con el llamado Incidente del Puente Marco Polo en Pekín que condujo al inicio de la Segunda Guerra Sino-Japonesa.

 

Bibliografía:

-Donald Jordan, China’s Trial by Fire. The Shangai War of 1932, Michigan Press (2004), p.44-234
-Alfonso Marina, Shangai 1932. China y Japón se enfrentan en las calles de la metrópoli, Revista Serga Nº94 (2015), p.22-24
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, “Shangai”, Grijalbo, (2012), p.781