Putsch de Viena

La prohibición que los Aliados impusieron a Alemania y Austria para unificarse al término de la Primera Guerra Mundial, fue un error diplomático de grandes proporciones porque desde entonces la Europa Central fue un foco de conflicto y agitación. Aquella tensión como consecuencia del Tratado de Versalles y el Tratado de Saint-Germain, llevaría a la instauración de un régimen autoritario militar dirigido por el Canciller Engelbert Dollfuss y posteriormente a un golpe de Estado del Partido Nacionalsocialista Austríaco en lo que sería conocido como el “Putsch de Viena”.

Crisis en Austria

Austria y Alemania, ambas herederas de la antigua “Germania” por compartir la misma raza, lengua y cultura, se hallaban separadas por una simple cuestión monárquica. La Casa de los Habsburgo que gobernaba en Viena había apostado por expandir sus dominios hacia Europa Oriental y los Balcanes mediante la fundación del Imperio Austro-Húngaro y la unión con Hungría en el siglo XIX; mientras que Alemania había alcanzado la independencia recientemente en 1871 y desde entonces su “espacio vital” se había dirigido hacia el oeste a costa de Alsacia y Lorena en Francia.

La Primera Guerra Mundial y la derrota de los Imperios Centrales representados por Alemania y Austria-Hungría frente a los Aliados en 1918, acabó con el derrocamiento de las monarquías, tanto la del Káiser Guillermo II de Hohenzollern como la de Carlos I de Habsburgo, por lo que la unión entre las dos naciones en la recién instaurada República Alemana parecía ser cuestión de tiempo. Sin embargo y contra todo pronóstico, el Tratado de Versalles y el Tratado de Saint-Germain que los vencedores obligaron a firmar a Berlín y Viena respectivamente en 1919, prohibieron explícitamente cualquier tipo de unificación y obligaron a Austria a independizarse bajo la forma de una República Austríaca, desatando una indignación y frustración total que en un futuro pasaría factura a los responsables.

Milicias del “Heimwehr” en Austria.

Toda la década de 1920 fue una época de convulsión en Austria como consecuencia del Tratado de Saint-Germain, la ruina económica y un intento revolucionario fallido por parte del Partido Social-Demócrata Austríaco que intentó imitar el sistema de la Unión Soviética. Simultáneamente en la derecha, el Partido Social Cristiano que estaba vinculado al Vaticano y era contrario a la unificación con Alemania debido a la mayor presencia de la Iglesia Protestante en este país, también protagonizó altercados callejeros con las izquierdas obreras organizadas en la Liga de Defensa Republicana (Republikanischer Schutzbund) y el Partido Comunista Austríaco (KPO), lo que para mantener el orden ciudadano, las autoridades se vieron obligadas a intervenir con el Ejército Regular (Bundesheer) que en ocasiones empleó la fuerza bruta.

Gobierno del “Heimwehr”

Las agitaciones y desórdenes en Austria llevaron a la creación de un movimiento paramilitar armado llamado Guardia Patriótica o “Heimwehr” que se escindió del Partido Social Cristiano. Al frente de Engelbert Dollfuss, esta milicia de extrema derecha, católica, antialemana y conformada por antiguos combatientes de la Primera Guerra Mundial, se organizó en una serie de escuadras a imitación de los Camisas Negras de la Italia Fascista, cuyos miembros uniformados y debidamente equipados que se hacían llamar “austrofascistas”, comenzaron a pelear en las calles contra los comunistas, sindicatos y elementos pro-germánicos hasta hacerse con el control de las grandes ciudades y presentarse en forma de partido a unas elecciones que acabaron ganando en 1932.

El 20 de Mayo de 1932 la “Heimwehr” alcanzó el poder en Austria bajo la denominación de Frente Patriótico y nombrado Canciller Engelbert Dollfuss. Desde entonces la democracia fue disuelta y se instauró un régimen que en algunos aspectos imitó al fascismo italiano de Benito Mussolini con el sistema de “partido único” y la fusión de las patronales y los sindicatos en corporaciones. Al mismo tiempo, las nuevas autoridades enviaron numerosos opositores políticos a campos de concentración y reprimieron cualquier tipo de disidencia de otros partidos o manifestaciones favorables a la unión con Alemania. De hecho y contra todo lo esperado, una de las máximas polémicas fue castigar a todo aquel turista alemán que quisiera viajar a Austria con una multa de 1.000 marcos (algo absurdo porque el turismo de montaña procedente de Alemania era uno de los principales motores económicos del país), lo que generó una caída de los visitantes y por tanto de las inversiones, las ventas y puestos de trabajo.

Engelbert Dollfuss con milicanos austríacos del “Heimwehr”.

La unión entre Austria y Alemania fue interrumpida de manera aparente con el triunfo del Canciller Engelbert Dollfuss y la “Heimwehr”. Sin embargo y por mera casualidad del destino, todo cambió en 1933 con el ascenso de Adolf Hitler como Canciller de Alemania y la proclamación del Tercer Reich, porque según el Führer había dejado patente en su libro Mein Kampf, la unificación con Austria iba a ser algo prioritario dentro de su política exterior. Así fue como desde Berlín se promovió al Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Austríacos (DNSAP) que dirigido por Alfred Proksch comenzó a hacerse notar en Viena y otras ciudades, organizando incluso unas SS austríacas que llevaron a cabo diversas acciones contra el Gobierno del “Heimwehr” como por ejemplo el boicot a centrales eléctricas, asaltos a bancos, corte de las vías ferroviarias, destrozos en edificios públicos y atentados contra personalidades destacadas.

Guerra Civil Austríaca

La Guerra Civil Austríaca, también conocida como “Levantamiento de Febrero”, fue una insurrección organizada por la izquierda en contra del Gobierno del “Heimwehr”. Los artífices de esta revuelta fueron 50 revolucionarios que el 12 de Febrero de 1934 tomaron el Hotel Schiff de la ciudad de Linz y protagonizaron un tiroreo que dejó tres bajas entre un muerto y dos heridos hasta que finalmente los asaltantes fueron derrotados y reducidos. Acto seguido y a raíz de la represión ejercida por el Canciller Engelbert Dollfuss, estalló una inmediata sublevación en el capital de Viena tras un llamamiento a la desobediencia que pronunciaron los miembros de la Liga de Defensa Republicana y el Partido Comunista Austríaco.

A media mañana del 12 de Febrero de 1934, un total de 17.500 revolucionarios socialistas y comunistas de Viena que se armaban con 2.500 fusiles, 250 pistolas, 1.500 granadas y 10.000 cartuchos de munición, tomaron los Barrios de Simmering, Ottakring, Floridsdorf, Döbling y Margareten, además de hacerse con algunos puentes sobre el Río Danubio y la Fábrica de Pan de Ankerbrot. Simultáneamente en otros lugares de la Alta Austria y Baja Austria, así como en las ciudades de Linz, Graz, Steyr, Kapfenberg, Bruck an der Mur, Weiz, Sankt Pöltem, Carintia, Voralberg y Holzleithen, las izquierdas que por entonces contaban con 80.000 efectivos, se levantaron ocupando algunos núcleos urbanos y pueblos, por lo que la insurrección dejó de ser una protesta obrera para convertirse directamente en una verdadera guerra civil.

Tropas del Ejército Regular en la Ópera de Viena durante la Guerra Civil Austríaca.

La respuesta del Frente Patriótico del Canciller Engelbert Dollfuss fue el envío de las tropas del Ejército Regular, las milicias del “Heimwehr” y los agentes de la Gendarmería Austríaca que abriéndose paso a disparos y tiros de ametralladora, fueron accediendo a las calles de Viena. Así fue como entre el 13 y el 15 de Febrero de 1934, los soldados gubernamentales fueron recuperando los Barrios de Simmering, Ottakring y Floridsdorf, y peleando en algunos edificios públicos y comisarías; además de emplazar piezas de artillería con las que bombardearon y demolieron los Complejos de Viviendas Obreras de Karl-Marx-Hof y Schilengerhof, en donde murieron sepultadas decenas de personas. Tampoco fuera de Viena las cosas fueron mejor para los revolucionarios porque las tropas austríacas los vencieron en Linz, Graz, Steyr y el resto de ciudades, e incluso paralizaron un intento insurreccional en Salzburgo.

El 16 de Febrero de 1934 la Guerra Civil Austríaca se dio por concluida con la reconquista de toda Viena y la ciudad de Estiria que fue la última en capitular. Hasta ese momento el balance para los revolucionarios había sido de 1.000 muertos, 399 heridos y 10 personas ejecutadas como represalia; mientras que para los gubernamentales de 118 muertos y 319 heridos. Sin embargo la mayor consecuencia de este conflicto fue que los partidos de izquierda como la Liga de Defensa Republicana y el Partido Comunista Austríaco fueron disueltos, al mismo tiempo en que el “Heimwehr” se erigía como el movimiento político con más poder dentro de Austria.

“Putsch de Viena”

A mediados de 1934, Adolf Hitler reclamó públicamente desde Berlín la unión de Austria con el Tercer Reich. A pesar de que el llamamiento no estuvo cargado de una intencionalidad directa, la Italia Fascista que patrocinaba al régimen del “Heimwehr” en Austria, se sintió totalmente amenazada debido a que en la provincia meridional del Alto Addigio existía una minoría de 300.000 habitantes de raza y lengua alemana que podían rebelarse en la misma la frontera con los Alpes. Fue entonces cuando Benito Mussolini y el Gobierno de Roma, prometieron al Canciller Engerbelt Dollfuss su máximo apoyo diplomático e incluso anunciaron una intervención militar en caso de producirse un eventual intento de anexión por parte de Alemania.

Inesperadamente a las 00:00 horas de la noche del 25 de Julio de 1934, tres agrupaciones de las SS que estaban adscritas al Partido Nacionalsocialista Austríaco bajo el mando compartido de Gustav Otto Von Wächter y Rudolf Weydenhammer, iniciaron una operación coordinada con el fin de dar un golpe de Estado y derrocar al Gobierno del Frente Patriótico. Así fue como el primer grupo se apoderó de la Radio RAVAG situada en la Calle Johannestrasse y emitió una falsa noticia acerca de que el Canciller Engerbelt Dollfuss había dimitido, algo que fue desmentido en cuanto aparecieron las fuerzas de la Gendarmería Austríaca y todos los insurrectos fueron desarticulados con relativa facilidad; exactamente igual que sucedió con los miembros del segundo grupo que fueron neutralizados en su intento de acceder al Ministerio de Interior.

Más suerte tuvo la tercera agrupación de las SS bautizada como 89º Estandarte (Standarte 89) que compuesta por 154 efectivos al mando del oficial Fridolin Glass, irrumpieron en el Edificio Ballhaus de la Cancillería debido a que la Guardia del “Heimwehr” confundió a las camionetas con refuerzos. Acto seguido los combatientes de la SS entraron por los pasillos, desarmaron a las fuerzas de seguridad e inmovilizaron a todos los empleados. Tanto el Canciller Engelbert Dollfuss, como el Primer Ministro Emil Fey y el Subsecretario Karl Karwinsky, apenas tuvieron tiempo de reaccionar porque en cuanto intentaron escapar cruzando las salas, se encontraron con una patrulla de nacionalsocialistas que abrieron fuego. Durante el tiroteo que siguió, el miliciano Otto Planetta hirió con una bala al mismo Canciller Dollfuss que se retiró junto a un grupo de leales a una habitación contigua en la que se atrincheraron. Mientras tanto en el exterior, el Ejército Regular y la Gendarmería Austríaca acordonaron el edificio y dejaron atrapados en su interior al 89º Estandarte de las SS que por entonces acababa de nombrar un Gobierno Provisional al frente de Anton Rintelen. No obstante y a pesar de verse cercados, los nacionalsocialistas que al mismo tiempo tenían rodeado al Canciller Dollfuss, decidieron fortificarse con la esperanza de que su objetivo muriese desangrado. Y sorprendentemente aquello fue lo que sucedió porque después de horas de agonía, Engelbert Dollfuss falleció de sus heridas a las 18:00 horas de la tarde de aquel 25 de Julio, siendo sus últimas palabras: “Llamad a un sacerdote y a un médico, y procurad que Mussolini se ocupe de mi esposa y de mis hijos…”.

Soldados austríacos irrumpiendo en la Cancillería para desalojar a los golpistas.

Con la muerte del Canciller Engelbert Dollfuss y el fracaso del golpe de Estado que sería conocido como el “Putsch de Viena”, los soldados de las SS disolvieron el 89º Estandarte y se rindieron al Ejército Regular. Respecto al resto de combatientes del Partido Nacionalsocialista Austríaco que habían tomado algunas zonas de Viena, también fueron reducidos tras una violenta intervención del “Heimwehr” y de la Gendarmería Austríaca al frente de Kurt Von Schuschnnigg. Hasta ese momento los nacionalsocialistas habían sufrido 153 muertos durante los combates, además de 6.000 prisioneros, de los que trece fueron ejecutados (entre ellos el asesino del Canciller Dollfuss, Otto Planetta) y 5.000 encerrados en el campo de concentración de Wöllersdorf, sin contar con los miles que tuvieron que exiliarse en Alemania.

Crisis con Italia

A la caída de la noche del 25 de Julio de 1934, la Agencia de Información Alemana (Deutsches Nachrichten Bureau), comunicó a Hitler lo ocurrido durante el “Putsch de Viena” mientras se encontraba escuchando la melodía de El Oro del Rin compuesta por Richard Wagner en la Ópera de Bayeruth. A pesar de que el resultado de la operación había sido un rotundo fiasco para las aspiraciones del Tercer Reich, el Führer se conformó organizando una cena en un restaurante para celebrar la muerte del odiado Canciller Engelbert Dollfuss.

Mientras tanto en Italia, Benito Mussolini se sintió escandalizado al saber la noticia acerca de la muerte de su amigo, el Canciller Engelbert Dollfuss, cuando precisamente tenía concertada una cita con él para el día siguiente, el 26 de Julio a las 20:00 horas de la tarde en la Estación Termal de Riccione, a la que ya jamás acudiría. De hecho fueron el mismo Duce y su esposa Rachele Mussolini, quienes dieron la trágica noticia del fallecimiento de su marido a Alwine Dollfuss, mujer del difunto que casualmente se hallaba en aquellos momentos en Italia. Curiosamente tan unido se sentía Mussolini con Dollfuss, que como gesto de amistad acogió a la hija enferma de éste en su casa y proporcionó un avión a su viuda Alwine para regresar a Austria y asistir a los funerales de Estado.

Como represalia por atentar contra Austria, a la que Italia consideraba “estado tapón” frente Alemania, Benito Mussolini decretó la movilización parcial del Ejército Real Italiano (Regio Esercito). Se trató de un total de cinco divisiones con 48.000 efectivos que fueron desplegadas en la frontera ítalo-austríaca junto al Paso del Brennero y con las que pretendía entrar en Austria para disuadir al Tercer Reich de realizar cualquier intento de anexión. A pesar de que el Duce obtuvo una respuesta afirmativa del Gobierno de Viena representado por el Príncipe Ernst Rüdiger Starnhemberg; en el último instante el Gobierno de Roma pospuso la intervención en cuanto Gran Bretaña anunció que no apoyaría a Italia en caso de una guerra abierta con Alemania.

La “Crisis de Italia” constituyó una de las horas más angustiosas en la vida de Adolf Hitler por dos motivos: primero porque el Presidente Paul Von Hindenburg que ostentaba la Jefatura del Estado en el Tercer Reich, podía resolver el conflicto derrocando al Führer e incluso entregándole como prisionero a los fascistas italianos; y segundo porque en caso contrario estallaría una guerra con Austria e Italia que jamás Alemania podría afrontar (todavía el Ejército Alemán era minúsculo como consecuencia del Tratado de Versalles) y que por tanto perdería con total seguridad. Así pues, la única solución factible fue abrir un diálogo con el Gobierno del “Heimwehr” en Viena que llevó a cabo de forma magistral el Vicecanciller Franz Von Papen, quién gracias a sus buenas relaciones con los austríacos, rebajó la tensión a cambio de ciertas concesiones. Entre las reclamaciones que Hitler tuvo que aceptar (para él supuso una humillación ante Mussolini), estuvo la de renunciar oficial a la anexión de Austria por medio de las armas, a la entrega de los golpistas evadidos y a la retirada de la embajada de Viena tanto del cónsul Kurt Reith como del inspector Theo Habicht.

Sorprendentemente el fracaso del “Putsch de Viena” de 1934 sólo fue un contratiempo en los planes de Adolf Hitler que tuvo de posponer hasta encontrar en el futuro una situación más propicia para Alemania. De hecho tendría que esperar hasta el año 1938 para que definitivamente el Tercer Reich pusiera en marcha el “Anschluss” y con éste la anexión unificadora con Austria.

 

Bibliografía:

David Solar, Hitler: Austria en un puño, Revista La Aventura de la Historia Nº114 (2008), p.26-30
Mario Costa, El asesinato de Dolffuss, Revista Historia y Vida Nº86 (1975), p.102-109
Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El Anschluss” S.A.R.P.E. (1978), p.19