El almirante Isoroku Yamamoto fue el mayor maestro naval de la Segunda Guerra Mundial cuando al frente de la Marina Imperial Japonesa condujo a su poderosa aviación embarcada a protagonizar algunas de las epopeyas más impresionantes sobre el teatro de operaciones del Pacífico. La figura de este intrépido marino no sólo se redujo a su brillante ataque sobre Pearl Harbor, sino porque a partir de esta acción y otras similares definió la doctrina marítima basada en el uso ofensivo de portaaviones que imperaría en todas las flotas del siglo XX.
Isoroku Takano nació un 4 de Abril de 1884 en Nagaoka, una ciudad de la prefactura de Nigata situada al noroeste de la Isla de Honshû y cuyas costas eran bañadas por las aguas del Mar de Japón. Su padre fue Sadakichi Takano, un maestro de escuela burgués descendiente de una familia de samuráis que tenía 56 años de edad, quién curiosamente no dudó en bautizar a su hijo con el nombre de Isoroku, cuyo significado en idioma japonés hacía referencia al número «cincuenta y seis».
Desde muy pequeño Isoroku Takano se sintió atraído por la tradición guerrera de Japón y sobretodo por todo lo relacionado con el mar, escuchando historias sobre la Batalla de Aizu en la Guerra Boshin y jugando a los barcos junto a las orillas del Río Shinano. Gracias a esta vocación a los 16 años ingresó en la Academia Naval de Hiroshima, en donde pasaría los mejores años de su vida, destacando en el idioma inglés y en el deporte, pero también escribiendo poesía y practicando caligrafía. A pesar de que durante esta etapa dedicó mucho tiempo al ocio, pues le encantaba la buena comida, las chicas, acudir a espectáculos de geishas y apostar dinero en los juegos de azar como el go o el shôgi, eso no le impidió distraerse de su cometido, pues con 21 años consiguió graduarse como guardiamarina y pasar a servir en los navíos de la Marina Imperial Japonesa.
Al comenzar la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 que confrontó a Rusia contra Japón, Takano fue movilizado para prestar servicio en el crucero pesado Nisshin. A bordo de este navío, combatiría en la Batalla de Tsushima el 28 de Mayo de 1905 cuando la Marina Imperial Japonesa hundió a la Flota Rusa del Báltico en la que sin duda fue la victoria naval más decisiva lograda hasta la fecha para Japón. Lamentablemente durante el encuentro, un cascote de granada provocó quemaduras en la parte inferior de su cuerpo, abriéndole un agujero en el muslo derecho y arrancándole los dedos índice y corazón de la mano izquierda, por lo que hubo de ser evacuado de urgencia a un hospital naval del puerto de Nagasaki. Una vez de regreso a su patria y durante los 160 días en que se prolongó su ingreso, uno de los médicos quiso amputarle el brazo como consecuencia de una infección que podía haberle provocado la muerte en una posibilidad del 50%, algo a lo que Yamamoto se negó en rotundo alegando que prefería morir a tener que dejar su carrera militar siendo un lisiado (curiosamente su arriesgada decisión fue acertada porque se recuperó totalmente).
Terminada la Guerra Ruso-Japonesa en 1905 con un triunfo absoluto del Imperio Japonés, Takano volvió a la vida castrense en el ámbito naval, estudiando durante su tiempo libre las tácticas del almirante Heihachirô Tôgô que había vencido a los rusos en la Batalla de Tsushima (y de quién conservaba una carta de felicitación que guardó toda su vida). Al cabo de una década, en 1914, entró en el Colegio del Estado Mayor de Tokyô, precisamente coincidiendo con la entrada de Japón en la Primera Guerra Mundial, de donde se graduó con el rango de teniente en el año 1916.
Al fallecer Sadakichi Takano en 1916, de repente Isoroku se quedó sin padre, por lo que siguiendo la tradición militar japonesa, fue adoptado honoríficamente por una familia de origen samurái, los Yamato, por ese entonces un linaje muy popular en Japón que databa del Período Edo. A partir de entonces Isoroku luciría con orgullo el apellido de Yamamoto, aunque también aprovechó el tiempo para formar su propia familia, ya que en 1918 se casó con una chica llamada Reiko Mihashi, con quién tendría cuatro hijos, entre estos dos niños y dos niñas.
En el ámbito personal personal el oficial Yamamoto siempre fue un hombre sano porque no bebía ni fumaba, le gustaba hacer gimnasia y a menudo leía la Bíblia (pero sin abandonar su fe shintoísta). Entre los malos hábitos estuvo el de contratar los servicios de geishas, especialmente de una llamada Kawai Chijoki que se convirtió en su amante, pero también su enganche a los juegos de azar como la ruleta. A pesar de todo se le daba muy bien apostar, pues en uno de sus viajes a Mónaco ganó una fortuna en el Casino de Montecarlo, algo que le aportaría una cierta mentalidad de jugador que más tarde aplicaría liderando a la Marina Imperial Japonesa.
La mayor oportunidad en la carrera de Yamamoto se presentó cuando tuvo ocasión de viajar a Estados Unidos tras ser admitido en la prestigiosa Universidad de Harvard y el Colegio Naval durante un curso de tres años que se prolongó de 1919 a 1921, durante cuya estancia aprendió a hablar inglés fluidamente y se convirtió en un apasionado de la cultura occidental, afirmando ser un sincero admirador del difunto Presidente Abraham Lincoln. De hecho sería precisamente en América, donde realizó inspecciones a los arsenales navales y descubrió un nuevo tipo arma que se estaba fabricando por aquel entonces: los portaaviones. Al regresar a Japón y ser ascendido a capitán en 1923, propuso a los mandos de la Marina Imperial Japonesa dotarse de portaaviones y de una aviación naval embarcada a sabiendas de que esta clase de buque lideraría la próxima guerra ofensiva en el mar. Así lo clarificó ante sus superiores: «La nave más importante del futuro más inmediato será una nave capaz de llevar aeroplanos». Contra todo pronóstico y pese a muchas opiniones discordantes, el Ministerio de Marina aceptó el consejo de Yamamoto y comenzó la construcción de portaaviones, designándole a él como director de la primera escuela de pilotos embarcados que formaron el Grupo Aéreo Kasumigaura.
A partir de 1925 el capitán Yamamoto fue nombrado agregado naval en la embajada de Washington, donde realizó una positiva labor diplomática reuniéndose con las más grandes personalidades de la Flota Estadounidense (US Navy), con cuyos oficiales jugaba a menudo al póker, al bridge o al golf. De vuelta a Japón en 1928, fue puesto al mando del crucero Isuzu y a los pocos meses al frente del moderno portaaviones Akagi. Después de haberse estado familiarizando dos años con esta nave, en 1930, fue ascendido al rango de contraalmirante, lo que le permitió participar en la Conferencia Naval de Londres para fijar el tonelaje de las diferentes flotas internacionales presentes en el Océano Pacífico, antes de que en 1931 se convirtiera en director del Departamento Técnico de Aeronáutica, el cual se encargó de fabricar los bombarderos de largo alcance Mitsubishi G3M y G4M.
Respecto a la «doctrina naval basada en los portaaviones» que Yamamoto estaba desarrollando, contó con la ventaja de que aunque Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia también poseían este tipo de naves, los occidentales únicamente los veían como un arma de apoyo a las tropas de tierra durante operaciones anfibias o en todo caso para la defensa de sus respectivas escuadras para repeler ataques aéreos. No obstante fue Yamamoto quién introdujo la idea de dotar a los portaaviones de una utilidad mucho mayor a la hora de convertirles en buques de carácter ofensivo con fines estratégicos, logrando convencer de su revolucionaria propuesta a los representantes del Estado Mayor Naval de Tokyo, los cuales le otorgaron el mando de la 1ª División de Portaaviones y le autorizaron crear una aviación naval propia con base en tierra, naciendo así la Fuerza de Ataque o «Kido Butai».
El desarrollo industrial de los portaaviones solicitado por Yamamoto se disparó a partir de la década de 1930, proyectándose hasta un total de catorce unidades, pese a que encontró ciertas opiniones en contra por parte de los generales del Ejército del Kwantung que preferían invertir tales recursos en atacar China. De hecho Yamamoto, quién no disimulaba ser un pacifista declarado, se mostró bastante crítico con la invasión de Manchuria en 1931 y también con la posterior Segunda Guerra Sino-Japonesa desde 1937, además de manifestar su rechazo al nacimiento de la alianza del Eje conformada por la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista en 1940.
Cuando el Primer Ministro Hideki Tojo y la Facción del Tôseiha se alzaron con el poder en Japón en 1940, el Emperador Hiro-Hito nombró almirante a Isoroku Yamamoto y le otorgó el rango de comandante supremo de la Marina Imperial Japonesa. Justo en ese instante le informaron de que debía preparar un ataque contra Estados Unidos en Pearl Harbor, a lo que reaccionó con perplejidad y estupefacción, ya que tras haber vivido muchos años en Norteamérica, era consciente de la enorme dificultad de la empresa e incluso de su inviabilidad. De hecho sus palabras de advertencia fueron: «En caso de una guerra, la Marina Japonesa será capaz de dañar gravemente al enemigo por seis meses o un año, lo que suceda después será imprevisible». Lógicamente y a pesar de que se manifestó absolutamente contrario a meterse en la Segunda Guerra Mundial junto a las potencias del Eje, su sincero patriotismo y el sentido del deber le llevaron a aceptar la oferta de elaborar un plan de asalto que estuvo concluido el 13 de Noviembre de 1941. Una vez sus subordinados le felicitaron al conocer los detalles de la planificación, a la que calificaron de «brillante», entonces Yamamoto les respondió: «Un hombre brillante encontraría el modo de no hacer la guerra».
Al mando de la Flota Combinada, el almirante Isoroku Yamamoto se presentó el 7 de Diciembre de 1941 al norte de las Islas Hawaii con una escuadra de 23 navíos que incluían los seis portaaviones Hiryu, Soryu, Kaga, Akagi, Zuikaku y Shokaku, tres acorazados, tres cruceros, ocho destructores y tres submarinos. Acto seguido y nada más amanecer, una formación de 353 aviones entre cazas Zero, bombarderos en picado Aichi Val y torpederos Nakajima B5N, se precipitaron contra las líneas de barcos anclados en la rada de Pearl Harbor y contra los aviones que reposaban en los aeródromos de la Isla de Oahu. El resultado de la acción fue de 13 buques hundidos entre los que se hallaban los siete acorazados USS Arizona, USS Oklahoma, USS California, USS West Virginia, USS Tennessee, USS Nevada y USS Utah, el crucero USS Raleight, tres destructores, un portahidroaviones y un dragaminas, además de ser destruidos en tierra 188 aviones y morir 2.403 militares estadounidenses; a costa de solamente ser derribados 29 aparatos japoneses. Después de esta impresionante victoria del Imperio Japonés, eclipsada en parte por no haber sido destruidos los portaaviones que aquella mañana se encontraban ausentes, Yamamoto expresó la siguiente frase: «Me temo que hemos despertado a un gigante dormido y le hemos obligado a tomar una terrible resolución».
Con el comienzo de la Guerra del Pacífico, el almirante Yamamoto que encabezaba el viaje de vuelta a Japón, detuvo a los buques de la Flota Combinada para apoyar las operaciones anfibias sobre la Isla de Wake que fue conquistada tras un rápido desembarco a finales de Diciembre de 1941. A continuación, Yamamoto lideró magistralmente a su escuadra en una serie de incursiones contra la Isla de Bataán en las Filipinas, así como diversos raids aéreos contra las Indias Orientales Holandesas, Australia y Birmania, además de contra la Isla de Ceilán al sur de la India, en donde aniquiló a la Marina Real Británica (Royal Navy) del Océano Índico causando el hundimiento del portaaviones HMS Hermes, tres cruceros, dos destructores, una corbeta, un cañonero y 24 mercantes. A pesar de que Yamamoto fracasó al no poder desembarcar a sus tropas en Port Moresby durante la campaña Nueva Guinea, al menos se resarció a la hora de repeler a la Flota Estadounidense en la Batalla del Mar del Coral, hundiendo al portaaviones USS Lexington, al destructor USS Sims y al petrolero USS Neosho.
La Batalla de Midway entre el 4 y 6 de Junio de 1942 supuso la prueba decisiva de Yamamoto porque al frente del superacorazado Yamato, se vio obligado por sus superiores a relegar el mando de la Flota Combinada al vicealmirante Chuichi Nagumo, a quién se confió la misión de navegar en dirección a las Islas Midway, mientras él permanecía en la retaguardia gestionando la operación y también la invasión de las Islas Aleutianas en Alaska. Esta división del mando tendría nefastas consecuencias porque Nagumo era un comandante sumamente precavido y con falta de iniciativa, el cual no se ciñó al boceto original del plan consistente en bombardear el Atalón de Midway y luego atacar la escuadra enemiga, ya que después del raid titubeó y ordenó sustituir en las cubiertas los torpedos por bombas y viceversa varias veces en los aviones de ataque, algo que facilitó a los norteamericanos lanzar a su aviación embarcada desde los portaaviones HMS Enterprise, HMS Hornet y HMS Yorktown. La inesperada incursión contra una flota desprotegida acabó con el hundimiento de los cuatro portaaviones japoneses Akagi, Kaga, Soryu e Hiryu, más el crucero Mikuma y el derribo de 260 aviones; a costa de tan sólo ser hundido el portaaviones estadounidense USS Yorktown y el destructor USS Hamman, además de ser abatidos 154 aviones. Aquella gran derrota supuso un desastre estratégico para Japón debido a que mermó la capacidad ofensiva de sus portaaviones en el Pacífico, precisamente lo que Yamamoto había tratado de evitar, por lo completamente abatido a causa de lo sucedido expresó: «Yo asumiré todas las responsabilidades ante el Emperador».
Con el inicio de la Batalla de Guadalcanal a mediados de 1942, el almirante Isoroku Yamamoto que acababa de ser exculpado de lo ocurrido en Midway tras recaer las culpas en el vicealmirante Chuichi Nagumo, volvió a tomar el mando de la Flota Combinada para marchar al Pacífico Sur. Al poco de llegar a las Islas Salomón fracasó en la conocida como Batalla de las Salomón Orientales tras perder al portaaviones Ryûjô, en seguida se resarció después de que uno de sus submarinos hundiara al portaaviones norteamericano USS Wasp. No obstante su mayor gesta tendría lugar el 26 de Octubre durante la Batalla de las Islas Santa Cruz, cuando al frente de los cuatro portaaviones Shôkaku, Zuikaku, Zuihô y Junyô hundió sin sufrir bajas propias al portaaviones estadounidense USS Hornet y al destructor USS Porter, además de dañar gravemente al portaaviones USS Enterprise. De hecho durante la Primera Batalla Naval de Guadalcanal que se libró al mes siguiente, la noche del 12 al 13 de Noviembre, el gran almirante se impuso otra vez tras echar a pique a los dos cruceros USS Atlanta y USS Juneau, así como a otros cuatro destructores, a costa de encajar el hundimiento del acorazado Hiei y dos destructores. A raíz de estas sorprendentes victorias que otorgaron a Japón la superioridad en el Pacífico durante algunos meses, la Marina Imperial Japonesa concedió un permiso a Yamamoto, quién desde entonces sería sustituido por el almirante Nobutake Kondo.

Última fotografía de Yamamoto con vida el 18 de Abril de 1943 cuando visitaba a unos pilotos en Rabaul. Horas después moriría en una emboscada aérea sobre Ballae.
Bajo el nombre de «Operación Venganza», Estados Unidos organizó el asesinato de Yamamoto tras descodificar un imprudente mensaje de radio que indicaba que el almirante iba a realizar una inspección a las Islas Salomón. Curiosamente la orden de eliminarlo procedió del mismo Presidente Franklin Delano Roosevelt desde la Casa Blanca, quién encargó la misión al almirante William Halsey que por ese entonces operaba en el Pacífico Sur. Así fue como el 18 de Abril de 1943, justo después de que Yamamoto presidiera una visita cordial a una escuadrilla de pilotos en la Isla de Rabaul y subiese a bordo de un bombardero Mitsubishi G4M que debía trasladarlo a Ballae, en pleno vuelo el bimotor sufrió una emboscada de 16 cazas norteamericanos P-38 Lightning. A pesar de que uno de los aparatos estadounidenses fue abatido por interceptores de escolta del modelo Zero, el Mitsubishi G4M fue alcanzado por el avión del teniente Rex Barber y derribado sobre la jungla de Ballae. La causa de la muerte de Yamamoto fue una bala que le atravesó el torso, aunque hasta el último instante el almirante sujetó con sus guantes blancos la katana samurái de su familia, justo antes de que el avión impactase contra los árboles y explosionase en una bola de fuego que mató a toda la tripulación.
Justo al día siguiente del fallecimiento de Yamamoto, el 19 de Abril de 1943, una patrulla japonesa localizó su cadáver dentro del avión estrellado y lo trasladó hasta la Base Naval de Truk para embarcarlo con todos los honores en el acorazado Musashi. A Japón no llegó hasta el 5 de Junio de 1943, donde recibió un espectacular funeral de Estado en el Santuario de Yasukuni presidido por un gigantesco desfile militar que recorrió el centro Tokyo, en cuyas calles el féretro fue paseado a bordo de un carromato escoltado por marineros mientras era aclamado por un millón de ciudadanos que acudieron a decirle un último adiós. El cuerpo terminaría siendo incinerado en el Cementerio de Tama y sus cenizas enterradas junto a las de su padre biológico Sadakichi Takano en el Templo Chuko-Ji, situado en su ciudad natal de Nagaoka. Curiosamente a título póstumo el Emperador Hiro-Hito le ascendió a «Mariscal de Almirantes», la Marina Imperial Japonesa le condecoró con la Orden del Crisantemo y la Alemania Nacionalsocialista le concedió la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.

Funeral de Isoroku Yamamoto en Tokyo. Miles de personas con banderas se concentran para expresar un último adiós a su «Mariscal de Almirantes».
Con la muerte del almirante Isoroku Yamamoto en 1943, jamás se borró su legado porque gracias a su figura, todas las flotas de las grandes potencias, tanto en la Segunda Guerra Mundial como en los conflictos posteriores, adoptaron una doctrina marítima basada en el uso ofensivo de los portaaviones como arma geoestratégica, tal y como él mismo había puesto en práctica en Pearl Harbor y otras gestas del Frente del Pacífico. Así fue como Yamamoto, sin duda alguna se convirtió no sólo en uno de los grandes marinos del siglo XX, sino también en términos generales de toda la Historia Naval.
Bibliografía:
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8, «Isoroku Yamamoto», S.A.R.P.E. (1978), p.383-385
-Pablo Guerrero, Ascenso y Ocaso de la Kido Butai, «Yamamoto», HRM Ediciones (2024), p.204-210
-Javier García de Gabiola, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, «Almirante Yamamoto VS Almirante Nimitz», Revista Clío Biografías 4 (2015), p.90-93
-http://en.wikipedia.org/wiki/Isoroku_Yamamoto



