El mariscal Semión Budionny fue uno de los grandes padres del Ejército Rojo y uno de los mayores defensores del arma de caballería cuando no dudó en lanzar a sus jinetes lanza en ristre contra numerosos oponentes tanto durante la Guerra Civil Rusa como durante la Guerra Polaco-Soviética. A pesar de que en la Segunda Guerra Mundial tuvo un papel bastante cuestionable durante las fases iniciales de la «Operación Barbarroja», su gran amistad con Iósif Stalin y su fama en conflictos anteriores no sólo evitaron su purga, sino que incluso consiguió mantener su estatus de icono nacional dentro de la Unión Soviética.
Semión Mijálovich Budionny nació un 25 de Abril de 1883 en Kozyurin, una región entre Salsk y Rostov en torno al Río Kubán que formaba parte del Imperio Ruso, por ese entonces bajo el reinado de la Dinastía Romanov. A pesar de que procedía de una familia eslava campesina, desde niño se crió con los cosacos de la Tribu del Kubán, de quienes aprendió grandes valores y tradiciones guerreras, antes de que sus padres se trasladaran a vivir a la ciudad de Voronezh. Una vez en su nuevo hogar el joven Buddiony trabajó como granjero y aprendiz de herrero hasta el año 1903, cuando echando de menos la vida ecuestre de los cosacos con los que había convivido tanto tiempo, decidió alistarse en el arma de caballería del Ejército Ruso. Así fue como en 1903 entró en el Regimiento de Caballería de Dragones con el que combatió contra Japón sobre las llanuras de Manchuria durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 a 1905; lo que le valió ser admitido en la Escuela de Oficiales de Caballería de San Petesburgo al año siguiente de 1906, donde se graduó con el empleo de comandante y obtuvo el liderazgo del Regimiento de la Caballería Marítima.
Cuando se desencadenó la Primera Guerra Mundial entre Alemania y Rusia, el comandante Budionny sirvió como oficial en el 18º Regimiento de Dragones «Seversky», el cual fue enviado a Francia para ayudar al Ejército Francés en la defensa del Frente Occidental entre los años 1914 y 1915. Después de distinguirse durante la «guerra de trincheras» junto a la frontera con Bélgica, fue trasladado al Cáucaso para tomar parte en diversas acciones contra el Ejército Turco sobre Anatolia y la Transcaucasia, en cuyas cumbres llevó a cabo una serie de misiones muy exitosas que le valieron ser premiado por el propio Zar Nicolás II con el título honorífico de «Caballero de la Orden de San Jorge» y ser condecorado con la Cruz de San Jorge de 4ª Clase.
Al iniciarse la Guerra Civil Rusa en 1917, el comandante Budionny se declinó por apoyar al bando de la Rusia Bolchevique liderada por Vladimir Lenin, por lo que en seguida ingresó con el rango de general en las filas del Ejército Rojo, donde gracias a su conocimiento de la cultura cosaca en la infancia, fue enviado al Cáucaso para organizar una fuerza de élite bautizada con el nombre de los «Cosacos Rojos», la cual estuvo formada por voluntarios de las Tribus del Don, Kubán y Terek con las que en seguida amplió las plantillas hasta crear el I Ejército de Caballería. Al frente de esta agrupación combatió durante la Batalla de Tsaritsin en el Río Volga (futura ciudad de Stalingrado), en cuyas inmediaciones ayudó a las tropas de Iósif Stalin, con quién entabló una buena amistad, a apoderarse de la urbe y expulsar al Ejército Blanco del general Anton Denikin. Acto seguido se encargó de pacificar la Transcaucasia y en una ocasión protagonizó una heroica carga de caballería para romper un cerco tras lanzar la siguiente proclama a sus jinetes: «Nuestra situación es desesperada, muchachos. Alegría». Una vez ocupado el Cáucaso el I Cuerpo de Caballería de Buddiony cambió de rumo y se dirigió a Ucrania, contribuyendo en esta ocasión a derrotar a las fuerzas blancas del general Piotr Wrangel y también a la Caballería Cosaca Blanca encabezada por el Atamán Piotr Krasnov.
Con el estallido de la Guerra Polaco-Soviética en 1920, el I Ejército de Caballería del general Semión Budionny contaba con 10.000 monturas, jinetes y voluntarios de los Cosacos Rojos, con quienes destruyó vías férreas, desarticuló líneas logísticas y bloqueó nudos de comunicaciones al oeste de Ucrania, arrollando al Ejército Polaco y a sus colaboradores del Ejército Nacional Ucraniano, no sin antes liberar a cientos de prisioneros bolcheviques e incluso tomar importantes ciudades como Zhitomir, Berdichev y Koziatyn. Acto seguido los escuadrones de Budionny entraron en Lituania para apoderarse de la capital de Vilna, en donde capturaron 3.000 prisioneros y 16 cañones, para a continuación irrumpir en Polonia y tomar las plazas de Grodno y Brody, además de cruzar el Río Narew, el Río Niemen y el Río Bug. Aquellos éxitos se debieron a su dinamismo, incansable energía y al buen manejo del factor sorpresa, pues en lugar de moverse por caminos o carreteras, las monturas se desplazaban por campos de pasto, arroyos o depresiones para evitar ser interceptados por el enemigo. El mismo general polaco Jozef Pilsudski, quién despreciaba al arma de caballería, reconoció lo siguiente: «He subestimado a este nuevo enemigo de manera considerable. La caballería de Budionny se está convirtiendo en una fuerza invencible y legendaria».
La suerte del general Semión Budionny se acabó en la Batalla de Varsovia, pues cuando el Ejército Polaco lanzó la gran ofensiva que envolvió al Ejército Rojo y le ocasionó una catastrófica derrota con más de 130.000 bajas; el I Ejército de Caballería que se hallaba entre Komarów y Zamosc, el 31 de Agosto quedó embolsado sobre un área de entre 13 y 16 kilómetros por unas unas fuerzas enemigas que sumaban cinco divisiones al mando del general Juliusz Rómmel. Después de una sangrienta lucha sobre la Cota 255, donde los Cosacos Rojos se enfrentaron contra los ulanos polacos a golpes de sables y moharras, de repente el 1 de Septiembre los escuadrones de Budionny abrieron una pequeña brecha entre los Desfiladeros de Hrubiszów y Ustilug, a través de los cuales escaparon siguiendo el curso del Río Bug en dirección a Wlodzimierz. La maniobra no evitó que la caballería soviética perdiese a 3.000 hombres a costa de haber provocado 500 bajas a la caballería polaca, aunque por lo menos Budionny se convirtió en el único general que consiguió sacar a más de la mitad de su agrupación montada de la mortal trampa que se cerró sobre Polonia.
Concluida la Guerra Civil Rusa y proclamada la Unión Soviética en 1922, Budionny adquirió el mando del Distrito Militar del Cáucaso en 1923, a cuyo frente organizó el Comité Ejecutivo Central para la Región Autónoma de Chechenia. Al año siguiente, en 1924, fue ascendido a comandante en jefe de la caballería del Ejército Rojo, un cargo que desempeñaría casi una década hasta que en 1932 se graduó en la Academia Militar de Frunze, siendo entonces ascendido a mariscal en 1935 (tan sólo cinco personas ostentaban aquel rango en la URSS). La amistad personal de Budionny con Iósif Stalin le salvó la vida durante la Gran Purga de 1937 a 1938, e incluso salió beneficiado a corto plazo porque tras resultar asesinado el mariscal Mikhail Tujachevsky, por ese entonces su principal competidor, pudo ocupar su antiguo puesto como jefe del Distrito Militar de Moscú.
Cuando Alemania invadió la Unión Soviética durante la «Operación Barbarroja» en el verano de 1941, el viejo mariscal Semión Budionny era uno de los pocos supervivientes del generalato durante la «Gran Purga», por lo que en seguida fue puesto al mando del Frente Sudoccidental en Ucrania, un nombramiento que no tardó en demostrarse contraproducente debido a que carecía de los conocimientos necesarios acerca de las nuevas doctrinas que se habían ido desarrollando en las fases iniciales de la Segunda Guerra Mundial. La escasa preparación de Buddiony para afrontar la «Guerra Relámpago» o «Blitzkrieg» quedó patente después de que miles de tropas alemanas, rumanas, húngaras y eslovacas del Grupo de Ejército Sur bajo el liderazgo del mariscal Gerd Von Rundest, arrollaran con relativa facilidad a los soviéticos sobre la frontera y aniquilasen a 100.000 efectivos en la Bolsa de Umán, además de dejar atrapados a muchos más en la capital de Kíev, incluyendo a Budionny y todo su Estado Mayor. A pesar de que se organizó una inútil resistencia ante las imbatibles columnas de tanques Panzer, finalmente el 18 de Septiembre la Bolsa de Kíev fue suprimida con 800.000 bajas soviéticas, entre éstas 600.000 prisioneros, siendo destruidas nada menos que 22 divisiones, el equivalente a la totalidad de los V, XXI, XXVI y XXXVII Ejércitos Soviéticos. El mariscal Budionny, pese a ser el principal responsable de la catástrofe, consiguió subir a un avión y escapar junto a su compañero Nikita Jruschov hacia Moscú, en donde tras presentarse ante Stalin en el Kremlin se echó a llorar y a maldecir expresando «¡me mato, me mato!». De manera sorprendente el mandatario soviético no le otorgó ninguna importancia e incluso le consoló con las siguientes palabras: «También yo podría llegar a equivocarme, Semión Mijálovich».

Desfile de la caballería del Ejército Rojo sobre Moscú en 1947, donde Semión Budionny encabeza la marcha.
Como consecuencia de la derrota del Ejército Rojo en la Bolsa de Kíev, Stalin decidió relegar a Budionny a un segundo plano con su traslado al Frente de Reserva que se situaba en la retaguardia de Moscú. Sin embargo después de un año de inactividad, a mediados de 1942, le entregó el mando del Frente de la Transcaucasia, donde de nuevo dirigió a los Cosacos Rojos, en esta ocasión ralentizando el avance del Ejército Alemán sobre las altas cumbres de la Cordillera del Cáucaso durante la «Operación Edelweiss». Una vez las fuerzas del Eje fueron expulsadas de nuevo a Ucrania en 1943, Budionny obtuvo la jefatura de la Oficina de Inspección de la Caballería del Ejército Rojo, un cargo que desempeñó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial tras haber sido condecorado hasta ocho veces con la Orden de Lenin.
Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Budionny no sólo estuvo en la tribuna principal durante el Desfile de la Victoria, sino que fue elegido miembro del Presidium del Soviet Supremo, todo ello pese a las dudas de muchos de sus compañeros que le recriminaban sus derrotas pasadas en la Batalla de Varsovia (1920) y la Bolsa de Kíev (1941). De hecho en el ámbito personal Budionny nunca fue una figura ejemplar porque tras discutir con su mujer por un plato de sopa poco caliente que le acababa de servir, en un ataque de ira la asesinó y por tanto fue arrestado por las autoridades, aunque durante el juicio fue exonerado de todos sus cargos por intervención del mismo Iósif Stalin, e incluso los propios magistrados le rieron la gracia cuando declaró: «ya sabéis que soy un hombre impetuoso».
Al intensificarse la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, Budionny obtuvo la dirección de los Establos del Pueblo en 1955, por ese entonces una de las escuelas dedicadas a la cría de caballos de carreras y al entrenamiento de jinetes que mayor prestigio ostentaba en la URSS. Después de desempeñar este último cargo se jubiló y pasó a la reserva, dedicándose durante los últimos años de su vida a jugar al ajedrez con oficiales de servicio o a disfrutar de una nueva esposa cuarenta años menor que él. De hecho durante su retiro también tuvo tiempo de escribir sus memorias en cuatro tomos y escuchar unas marchas militares que fueron compuestas en su honor para el Ejército Rojo bajo el título de La Marcha Budionny y La Canción de la Caballería Roja.
Con más de 90 años de edad en 1976, el mariscal Semión Budionny, ya muy frágil y débil como consecuencia de la vejez, aguantó sentado durante más de cuatro horas el desfile del 105º Aniversario del Nacimiento de Lenin, contemplando emocionado la marcha de las tropas desde la Tribuna de Honor del Palacio de Congresos del Kremlin. Aquel mismo año, el 26 de Octubre de 1976, la vida de Budionny se apagó para siempre después de una existencia dedicada enteramente al arte ecuestre y al desarrollo del arma de la Caballería Roja.
Bibliografía:
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8, «Semen M. Budënnyj», S.A.R.P.E. (1978), p.42
-Adam Zamoyski, Varsovia 1920 El intento fallido de Lenin de conquistar Europa, Siglo XX (2008), p.1-121
-Ismael López Domínguez, Sables al Viento, La Caballería en la Guerra Moderna 1860-1945, «¡Proletarios a caballo!», Ático de los Libros (2026), p.588-594
-http://en.wikipedia.org/wiki/Semyon_Budyonny
