La Guerra Ítalo-Etíope entre los años 1935 y 1936 fue uno de los grandes conflictos coloniales del siglo XX que incendió una parte del África Oriental y que de manera indirecta tendría cierta relevancia en el desencadenamiento posterior de la Segunda Guerra Mundial. Esta contienda que se libró sobre un vasto espacio geográfico entre Italia Fascista y Etiopía, acabaría con la derrota e independencia de los etíopes, aunque al mismo tiempo con el auge y resurgimiento del Imperio Italiano.
Causas
Italia se unió muy tarde a la carrera colonial por África como consecuencia del largo proceso de unificación durante el «Risorgimento», por lo que no pudo centrar sus miras en el vasto continente hasta una fecha tan tardía como el último cuarto del siglo XIX. El objetivo fue Etiopía, por ese entonces uno de los escasos territorios que no estaba sometido al control de ninguna de las potencias europeas, a la cual los italianos no dudaron en invadir durante un conflicto conocido como la Primera Guerra Ítalo-Etíope que duró de 1895 a 1896. Lamentablemente para los latinos la contienda concluyó con un catastrófico revés durante la Batalla de Adua cuando de forma inesperada el Ejército Etíope infligió más de 5.000 muertos al Ejército Italiano, algo que terminó frustrando el sueño de Roma de expandirse sobre el África Oriental y de tener que conformarse con sus dominios territoriales ya presentes en Eritrea y Somalia.
Hasta el nacimiento de la Italia Fascista, el Gobierno de Roma no volvió a interesarse por Etiopía cuando Benito Mussolini adoptó las tesis nacionalistas acerca de refundar el extinto Imperio Romano, las cuales ya llevaban promocionando con anterioridad los partidarios del «irredentismo» y famosos intelectuales como Gabrielle D’Annunzio. Así fue como desde la década de 1930 las autoridades italianas pusieron sus miras en el África Oriental, más en concreto sobre Etiopía debido a que ofrecía una amplio espacio donde establecer población italiana del continente, explotar sus recursos naturales e impulsar una industria, además de que con su posesión se podría unir territorialmente las colonias de Eritrea y Somalia ante un eventual conflicto con el Imperio Británico que rodeaba los dominios latinos desde Kenya y Sudán.
Numerosas fueron las causas que terminarían desatando la Guerra Ítalo-Etíope, aunque el pretexto buscado por Benito Mussolini comenzó a tomar forma el 22 de Noviembre de 1934, cuando en la zona de Welwel situada sobre el triángulo que unía las demarcaciones de Etiopía, la Somalia Italiana y la Somalia Británica, cuya ruta empleaban los nómadas somalís para comerciar, las tropas del Ejército Británico que custodiaban la frontera fueron sustituidas (bajo solicitud italiana) por guardias del Ejército Etíope. A las dos semanas se haberse efectuado este cambio, el 5 de Diciembre, de repente los soldados etíopes cometieron la torpeza de abrir fuego contra una guarnición italiana, lo que generó un violento tiroteo que se prolongó hasta la jornada del 7 con un trágico saldo de 50 militares muertos tanto italianos como somalís, así como otros 107 etíopes que cayeron abatidos en medio de la refriega.
El Incidente de Welwel fue la escusa perfecta mediante la cual el régimen fascista presentó sus quejas a la Sociedad de Naciones en Suiza, esperando obtener luz verde de la comunidad internacional para llevar a cabo un castigo ejemplar contra Etiopía. Sin embargo y contra sus aspiraciones, ni Reino Unido ni Francia apoyaron las exigencias italianas, a pesar de que recientemente Benito Mussolini había sido clave durante la Conferencia de Stresa para evitar la anexión de Austria por parte de Alemania. Ni tan siquiera la comisión de investigación abierta por los italianos en Suiza el 15 de Abril de 1935, ni el acercamiento entre Roma y París a través del Ministro de Exteriores Pierra Laval (declarado filofascista), consiguieron una solución pactada porque la única alternativa a la que Gran Bretaña accedió fue la de otorgar una salida al mar con la cesión del puerto de Zeil, así como la entrega a modo compensatorio de las áridas tierras del Desierto de Ogadén. Como cabía esperar el Duce no pudo aceptar territorios que eran poco menos que un páramo yermo, por lo que decidió saltarse la legalidad vigente y arriesgarse con una invasión de Etiopía.
Ejército Etíope
Etiopía era junto con Sudáfrica y Liberia el único país de África que había mantenido su independencia de las potencias coloniales europeas durante el período de depredación occidental que marcó todo el siglo XIX. Al frente del Emperador o «Negus» Haile Selassie, la actitud de sus súbditos hacia el régimen imperial era de dudosa lealtad debido a que poseía un rancio sistema feudal y a que por aquel entonces era el último Estado esclavista del mundo en el que todavía se compraban y vendían seres humanos con los pies encadenados. A estos problemas derivados de la escasa o nula modernización se añadía que la nación carecía de industrias o infraestructuras, además de que la población alcanzaba un analfabetismo del 96%, a que frecuentemente se daban luchas tribales entre los diversos clanes de la nobleza local, al florecimiento de hambre en algunas regiones y a una agricultura que sufría los efectos de las constantes sequías.
El Ejército Etíope contaba con 804.000 efectivos contando a soldados y oficiales, así como un material bélico de 4 tanques, 246 cañones, 1.198 ametralladoras, 7 vehículos blindados, 300 camiones y 19 aviones. Según el organigrama el despliegue para la defensa se llevó a cabo en el Frente Norte con 70.000 hombres del Ejército del Centro al mando del general Mulugeta Yeggazu, 35.000 del Ejército Izquierdo liderado por el general Imru Selassie y 78.500 en el Ejército Derecho encabezado general Kassa Darge; y en el Frente Sur con 12.000 soldados de la Agrupación «Ogadén» del general Grazmach Afawarq Walda Samayat, 19.000 de la Agrupación «Haraghe» del general Nasibu Emmanual, 20.300 de la Agrupación «Juba» del general Desta Damtev y 4.000 de la Agrupación «Bale» del general Beine Merid; además de permanecer como reserva unas 12.000 tropas de la Agrupación «Welega-Ardjo» del general Bitwoded Maokonnen Demissie, 4.000 de la Guardia Imperial de Addis Abbeba del general Kebur Zabangna y 2.000 de la Agrupación «Wollo» del Príncipe Asfaw Wossen Tafari.
Ejército Etíope:
·Frente Norte:
-Ejército del Centro
-Ejército Derecho
-Ejército Izquierdo
·Frente Sur:
-Agrupación «Ogadén»
-Agrupación «Haraghe»
-Agrupación «Juba»
-Agrupación «Bale»
·Reserva:
-Agrupación «Welega-Ardjo»
-Agrupación «Wollo»
-Guardia Imperial de Addis Abbeba
A nivel técnico y profesional, el Ejército Etíope de 1935 era considerado como una de las fuerzas armadas más débiles de África porque sus unidades de infantería y caballería estaban distribuidas irregularmente por la geografía, la calidad del armamento era obsoleto con viejos fusiles austríacos Mannlicher (e incluso a veces simples lanzas) y las compañías de morteros o ametralladoras eran prácticamente inexistentes. La única ventaja con la que curiosamente contaban las tropas etíopes y las milicias formadas a toda prisa, era su capacidad para organizarse en guerrillas sobre las zonas montañosas, mesetas y desiertos que conocían a la perfección y que tan buenos resultados les daría contra los invasores, ya que podían recorrer de 30 a 40 kilómetros al día (y los mensajeros abarcar grandes distancias en poco menos de 8 horas).
Fuera de Etiopía uno de los pocos países que envió cierta ayuda a los etíopes fue la Alemania Nacionalsocialista debido a su enemistad con Italia por la cuestión de Austria y la Conferencia de Stresa de 1934, ya que no dudó en mandar algunos instructores y material bélico como por ejemplo cañones anticarro PaK 35 y algunos aviones Foker VII, uno de estos manejado por piloto germano Ludwig Weber. De igual manera acudieron por cuenta propia una serie de voluntarios procedentes de Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y Suecia entre los que estuvieron los cinco pilotos galos André Maillet, Gaston Vedel, Thierry Maignal, René Drouillet y Paul Corigé, los tres norteamericanos Hubert Julian, John Robinson y John Spencer, el sueco Carl Gustaf Von Rosen y el británico Charles Hayter; además de involucrarse Polonia con la venta de ocho bombarderos Potez 25 y Turquía con el asesoramiento del general Wehib Pachá.
Ejército Italiano
El Ejército Real Italiano al mando del mariscal Emilio De Bono reunió a 512.800 efectivos (404.500 italianos entre 18.200 oficiales y 386.300 soldados o suboficiales, más 108.300 guerreros eritreos o somalís), 795 tanques, 800 cañones, 6.000 ametralladoras, 8.377 camiones, 1.000 equipos de radio y 595 aviones. Según su organigrama, el despliegue se efectuó en Eritrea con el Frente Norte del general Pietro Badoglio y en Somalia con el Frente Sur del mariscal Rodolfo Graziani. La idea con este despliegue era lanzar una ofensiva simultánea desde suelo eritreo y somalí para converger en dos pinzas sobre el interior del país y conquistar la capital de Addis Abbeba.
El Frente Norte en Eritrea incluyó al I Cuerpo del general Ruggero Santini con la 4ª División de Camisas Negras «3 de Enero», la 5ª División Alpina «Pusteria» y las 26ª y 30ª Divisiones de Infantería «Assieta» y «Sabauda»; el II Cuerpo del general Pietro Maravigna con la 3ª División de Camisas Negras «21 de Abril» y las 19ª y 21ª Divisiones de Infantería «Venezia» y «Pinerolo»; el III Cuerpo del general Ettore Bastico con la 1ª División de Camisas Negras «23 de Marzo» y la 27ª División de Infantería «Brescia»; el IV Cuerpo del general Ezio Babbini con la 5ª División de Infantería «Cosseria» y las 2ª y 5ª Divisiones de Camisas Negras «28 de Octubre» y «1 de Febrero»; y el Cuerpo Eritreo del general Alessandro Pirzio Biroli con las 1ª y 2ª Divisiones Coloniales Eritreas. De la misma forma el Frente Sur en Somalia se constituyó por la Columna «Graziani» del coronel Luigi Frusci con la 1ª División Colonial Libia, la 6ª División de Camisas Negras «Tevere», la 29ª División de Infantería «Piemonte» y la Legión Latinoamericana «Parini» (compuesta por 450 voluntarios de Argentina, Brasil y Uruguay); y el Ejército Feudal Somalí del Sultán Olol Dinke con el Escuadrón de Caballería Indígena «Dubat».
Ejército Italiano:
Frente Norte
·I Cuerpo
-4ª División de Camisas Negras «3 de Enero»
-5ª División Alpina «Pusteria
-26ª División de Infantería «Assieta»
-30ª División de Infantería «Sabauda»
·II Cuerpo
-3ª División de Camisas Negras «21 de Abril»
-29ª División de Infantería «Venezia»
-21ª División de Infantería «Pinerolo»
·III Cuerpo
-1ª División de Camisas Negras «23 de Marzo»
-27ª División de Infantería «Brescia»
·IV Cuerpo
– 5ª División de Infantería «Cosseria»
-2ª División de Camisas Negras «28 de Octubre»
-5ª División de Camisas Negras «1 de Febrero»
·Cuerpo Eritreo
-1ª División Colonial Eritrea
-2ª División Colonial Eritrea
Frente Sur
·Columna «Graziani»
-1ª División Colonial Libia
-6ª División de Camisas Negras «Tevere
-29ª División de Infantería «Piemonte»
-Legión Lationamericana «Parini»
·Ejército Feudal Somalí
-Escuadrón de Caballería «Dubat»
Guerra Ítalo-Etíope
El día 2 de Octubre de 1935, Benito Mussolini convocó a sus seguidores en el Plaza del Palazzo Venezia de Roma, en donde comunicó a las masas congregadas y a las legiones de Camisas Negras que había tomado la determinación de intervenir militarmente en el África Oriental. A la jornada siguiente de este comunicado, al amanecer del 3, la Italia Fascista rompió relaciones diplomáticas y declaró hostilidades a Etiopía, desencadenando con esta acción la Segunda Guerra Ítalo-Etíope, también conocida como Guerra de Abisinia.
A las 5:00 horas del 3 de Octubre de 1935, el Frente del Norte del Ejército Italiano cruzó la frontera de Eritrea con Etiopía a través del Río Mareb, ocupando durante una acción muy rápida todo el área de Ual Ual. Simultáneamente el Frente Sur atravesó la demarcación desde Somalia y se internó en el Desierto de Ogadén, al mismo tiempo en que los aviones latinos arrojaban pasquines sobre las líneas del Ejército Etíope para incitar a los oficiales a la rendición, algo que no surtió ningún efecto porque ese mismo día el Emperador Haile Selassie apareció públicamente ante sus súbditos y declaró la guerra a Italia.
Mientras se desataba la Crisis de Abisinia, la Sociedad de Naciones de Ginebra convocó de urgencia una cumbre internacional que se celebró en Suiza la jornada del 4 de Octubre de 1935, en donde se evaluó lo ocurrido y se calificó a Italia como «nación agresora». A continuación un total de 48 países anunciaron sanciones contra el Imperio Italiano, siendo las más duras las de Gran Bretaña y Francia que embargaron todo el comercio de armamento, o Estados Unidos que subió el precio de sus materias primas, aunque la mayoría de naciones adoptaron penalizaciones muy leves e incluso algunas como Austria, Hungría y Albania retiraron las suyas. El castigo impuesto al final no dejó de ser más que un mero gesto diplomático, pues los italianos apenas se vieron afectados y encima el Duce respondió a las críticas retirando a Italia de la Sociedad de Naciones, lo que supuso un duro golpe de cara al posterior sistema de alianzas en Europa.
Justo 48 horas después de la invasión a Etiopía, el 5 de Octubre de 1935, el avance del Frente Norte fue imparable porque el I Cuerpo tomó las ciudades de Adrigat e Inticho; mientras que el II Cuerpo ocupó Adua la jornada del 6, vengando de ese modo la humillación por la derrota de 1896 durante la Primera Guerra Ítalo-Etíope. Al día siguiente, el 7 de Octubre, más de 1.200 tropas del Ejército Etíope desertaron hacia el Ejército Italiano y entregaron intacta la ciudad de Mek’ele; exactamente igual que la jornada del 11 hicieron otros etíopes descontentos con la localidad de Gugsa. Cuatro días más tarde, el 15 de Octubre, las tropas italianas entraron triunfales en la importante ciudad de Axum, izando la bandera fascista sobre el famoso Obelisco de Azum de 1.700 años de antigüedad.
La marcha del Frente Norte pareció imparable porque los 20.000 africanos del Cuerpo Eritreo avanzaron a un ritmo vertiginoso tomando la ciudad de Mai Cei en lo que sin duda fue la primera gran campaña motorizada de la Historia. Esta misma agrupación a continuación emprendió un largo recorrido en dirección sur que desde el punto de partida abarcó la impresionante cifra de 320 kilómetros en una semana (alrededor de 48 kilómetros diarios) hasta ocupar el enclave de Dessie, algo que en parte se consiguió gracias a un eficaz puente aéreo de los aviones italianos que suministraron a los eritreos con unas 117 toneladas de alimentos y municiones.
Simultáneamente las tropas del Frente Sur sobre el Desierto de Ogadén, progresaron hacia Kelafo, Dagnerai, Gorahai, Gherlogubi, Harrarino y Geladi hasta que el mariscal Rodolfo Graziani, por aquel entonces el mejor militar del Ejército Italiano, ordenó a sus hombres detenerse el 21 de Octubre cuando tras evaluar la situación, comprendió que iba a ser necesario asegurar una larga vía de suministros a su retaguardia para evitar un estancamiento e incluso un embolsamiento. Curiosamente una de las causas de dicha decisión fue que los etíopes prendieron fuego a los altos matorrales que cubrían la región desértica, los cuales impidieron la visibilidad por culpa del huma e incrementaron la sensación térmica de la tropa. De este modo fue como los soldados italianos y somalís no tuvieron más remedio que suspender la marcha mientras la vegetación se consumía y en su lugar empezar a construir una carretera asfaltada entre Gapredarre y Mogadiscio, lo que facilitó a las demás columnas en cabeza enlazar la línea del frente entre el Canal de Doria y el Canal de Daua Parma, además de aumentar sus reservas con voluntarios árabes y también fomentar algunas revueltas de las bandas «dubats» en contra de los mismos etíopes.
A diferencia del Frente Sur procedente de Somalia, el Frente Norte que descendía desde Eritrea al mando del mariscal Emilio de Bono, cometió el error de continuar adentrándose en el corazón de Etiopía sin asegurar su línea de suministros y menos aún de vigilar sus flancos. A pesar de que en las semanas próximas las tropas italianas consiguieron ocupar la ciudad de Macallé y apoderarse de la región del Tigré, la resistencia del Ejército Etíope y las diversas guerrillas paralizaron el avance hasta dejar totalmente estancando al Frente Norte después de haber agotado todos los suministros (y encima antes las amenazas del Reino Unido de embargar todas las compras de petróleo). Ante esta situación de riesgo el mariscal Emilio De Bono fue sustituido el 16 de Noviembre por el general Pietro Badoglio, aunque la medida se tomó demasiado tarde porque por ese entonces la crisis de avituallamiento se había agravado tanto que cuando el Ejército Etíope desencadenó la «Ofensiva de Navidad» el 15 de Diciembre de 1935.
La «Ofensiva de Navidad» encontró totalmente desprevenidas a las fuerzas latinas que fueron sorprendidas mediante un asalto masivo desde el Río Takkaze y empujadas hacia el Paso de Dembeguina, en donde una columna de nueve tanquetas Ansaldo CV-33 quedaron atrapadas en un terreno rocoso hasta ser todas destruidas por los etíopes, quienes bloquearon sus dos ametralladoras encajando piedras para impedir su giro y a continuación sacando a sus tripulaciones para matarlas a golpes. A raíz de este descalabro inesperado las tropas italianas no tuvieron otra alternativa que replegarse más de 20 kilómetros, siendo durante el proceso capturados 4.700 soldados, 18 tanques, 33 cañones, 175 ametralladoras y 2.605 fusiles.
La victoria del Ejército Etíope en la «Ofensiva de Navidad» obligó al general Pietro Badoglio a replantear toda la estrategia del Frente Norte e imitar al Frente Sur del mariscal Rodolfo Graziani mediante la consolidación de las zonas conquistadas, el tendido de una línea de suministros mucho más segura desde Eritrea y el recibimiento de nuevos refuerzos procedentes de Italia que incluyeron un millón de toneladas de vituallas, 200 cañones, 2.300 vehículos y 6.000 mulas. Mientras tanto los aviones de la Fuerza Aérea Real Italiana se dedicaron a violar de manera flagrante la Convención de Ginebra cuando bombardearon las posiciones del Ejército Etíope con armas químicas ilegales entre las que estaban el gas mostaza y la iperita, cuyas nubes tóxicas provocaron una gran cantidad de muertos y también heridos con graves quemaduras en la piel, incluyéndose entre las víctimas numerosos civiles tras ataques indiscriminados sobre aldeas desprotegidas.
Gracias a la nueva estrategia del Frente Norte, las tropas italianas del general Pietro Badoglio pudieron reanudar la marcha el 20 de Enero de 1936 aniquilando a 8.000 etíopes en la Primera Batalla de Tembien y apoderándose el 24 del estratégico Paso de Uarieu. Al mes siguiente, a inicios de Febrero, los soldados del Frente Norte prosiguieron con su avance accediendo al Macizo Amba Aradam y librando la Batalla de Endertá durante la que provocaron 18.000 bajas al Ejército Etíope, además de matar al general Mulugeta Yeggazu y conquistar posteriormente Scirè y Ascianghi. Simultáneamente el Frente Sur del mariscal Rodolfo Graziani también eliminó a otros 9.000 etíopes en la Batalla de Ganalia Doria, tomando a continuación el vital enclave de Negele y Dolo que le abrieron las puertas al resto del Desierto de Ogadén y empujaron a un gran número de unidades del Ejército Etíope a la frontera con Kenya.
A finales de Febrero de 1936 tuvo lugar la Segunda Batalla de Tembien con la que el Frente Norte aniquiló a 8.000 etíopes y poco después la Batalla de Shire en la que los africanos encajaron otras 4.000 bajas, algo que sin duda facilitó a los italianos tomar Uroq Amba y avivar una rebelión de las Tribus «Gallas» que traicionaron y atacaron a las fuerzas leales al «Negus». A raíz de estos últimos reveses que a punto estuvieron de precipitar el derrumbe del Ejército Etíope, el Emperador Haile Selassie no tuvo más remedio que detenerse a analizar la situación y barajar las siguientes dos opciones: luchar en el norte con las fuerzas todavía existentes o retirarse hacia el interior para alargar las vías de suministro italianas y organizar una guerrilla. Contra todo pronóstico y a pesar de que lo más sensato era escapar, escogió la primera opción y por eso mismo preparó una ofensiva suicida que culminaría en la Batalla de Maitschew.
La Batalla de Maitschew comenzó el 31 de Marzo de 1936 cuando 40.000 soldados del Ejército Etíope y la Guardia Imperial Etíope se abalanzaron sobre sus enemigos en tres vertientes, en concreto con las alas centro, derecha e izquierda, las cuales colisionaron con una concentración de 40.000 tropas italianas y eritreas encuadradas en las 1ª y 4ª Divisiones de Camisas Negras «23 de Marzo» y «3 de Enero», las 26ª y 30ª Divisiones de Infantería «Assieta» y «Sabauda», la 5ª División Alpina «Pusteria» y las 1ª y 2ª Divisiones Coloniales Eritreas. La contraofensiva sorprendió a los invasores y les forzó a retroceder porque los etíopes arrollaron a los montañeses de la 5ª División Alpina «Pusteria» y exterminaron un batallón africano de la 2ª División Colonial Eritrea. No obstante en cuanto los ítalo-eritreos se recuperaron del choque inicial, se enzarzaron en una pelea cuerpo a cuerpo con bayoneta a la que se fue sumando el apoyo de la artillería, varias oleadas de tanques y algunos escuadrones de aviones que bombardearon la retaguardia enemiga. Así fue como después de varias horas de terrible y sangrienta lucha finalmente los etíopes se retiraron derrotados con más de 11.000 bajas, a costa de haber provocado un total de 1.273 en el bando atacante contando a 400 italianos y 873 eritreos.
Después de la derrota del Ejército Etíope en la Batalla de Maitschew, el Frente Norte del general Pietro Badoglio reemprendió la marcha hacia la capital de Addis Abbeba mediante una columna de 1.700 camiones con 16.500 hombres entre 12.500 italianos y 4.000 eritreos, quienes apenas sin encontrar oposición recorrieron 402 kilómetros en diez días durante un episodio que apodaron la «Marcha de la Férrea Voluntad». Mientras tanto el Frente Sur del mariscal Rodolfo Graziani, aniquiló a los últimos 5.000 soldados del Ejército Etíope en la Batalla de Ogadén que se libró en Abril, por lo que acto seguido las tropas ítalo-somalís iniciaron un largo trayecto que las condujo a la conquista de todo el Desierto de Ogadén y a la ruptura de las fortificaciones de la «Línea Hindenburg».
A inicios de Mayo de 1936 el Emperador Haile Selassie abandonó en avión Etiopía y se presentó en la Sociedad de Naciones de Suiza para denunciar en persona la agresión cometida por Italia, antes de marchar al exilio en Inglaterra y establecer un gobierno provisional en Londres (que no sería reconocido por el Reino Unido hasta la Segunda Guerra Mundial en el año 1940). Acto seguido, el 5 de Mayo, las tropas italianas del Frente Norte al mando del general Pietro Badoglio entraron triunfales en la capital de Addis Abbeba que fue declarada por las autoridades «ciudad abierta». Al día siguiente, el 6 de Mayo, los soldados del Frente Sur encabezados por el mariscal Rodolfo Grazziani tomaron la localidad de Giggia, el 8 la ciudad de Harrar y el 9 el Ferrocarril de Dire Daua, poniéndose fin con la captura de este último enclave a la total conquista de Etiopía.
Consecuencias
Oficialmente el 9 de Mayo de 1936, la Guerra Ítalo-Etíope finalizó con la desaparición de Etiopía como nación independiente y también con una rotunda victoria de la Italia Fascista que desde ese instante pasó a dominar un vasto espacio geográfico sobre el África Oriental de nada menos que 1.295.000 kilómetros cuadrados. Aquella misma jornada en la Península Italiana, Benito Mussolini se mostró ante las masas desde el balcón del Palazzo Venezia de Roma para nombrar con el título de «Emperador» al Rey Víctor Manuel III y proclamar el nacimiento del Imperio Italiano.
Etiopía sufrió 275.000 bajas entre 70.000 muertos y 205.000 heridos.
Italia sufrió 54.000 bajas entre 10.000 muertos y 40.000 heridos.
Las consecuencias de la Guerra Ítalo-Etíope entre 1935 y 1936 fueron muy diferentes tanto a nivel interno como externo, ya que en el caso de la propia Etiopía el país perdió la independencia y pasó a formar parte del Imperio Italiano, aunque esto último trajo algunas ventajas como la modernización de sus infraestructuras, el establecimiento de una educación universal para la población y sobretodo la abolición de la esclavitud (de hecho la presencia italiana acabó con el último Estado Esclavista del mundo). Respecto a las implicaciones en el plano internacional, las sanciones aplicadas por Gran Bretaña y Francia provocaron que Italia abandonara la coalición con Londres y París para acercar posturas con Alemania, algo muy nocivo para los Aliados debido a que se traduciría en el Pacto de Acero en 1939 y en el desencadenamiento posterior de la Segunda Guerra Mundial.
Bibliografía:
-Sergi Vich Sáez, Mussolini en Abisinia. La Guerra ganada a los Etíopes, Revista Historia y Vida Nº457 (2006), p.86-95
-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Del Marenostrum al Imperio Africano», Susaeta (2003), p.134-135
-Robert Citino, En Busca de la Victoria Decisiva, del Punto Muerto a la Blitzkrieg en Europa 1899-1940, «El Conflicto en Etiopía: Análisis y Lecciones», HRM Ediciones (2021), p.308-321
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 1. El Camino hacia el Desastre, «VIII Sanciones contra Italia», Planeta Deagostini (1959)






