La Segunda Guerra Mundial apenas afectó a los judíos de la Italia Fascista porque a diferencia de otros países europeos las autoridades tan sólo se limitaron a aprobar leyes antisemitas muy tímidas que evitaron su persecución en el Holocausto. A pesar de que entre 1940 y 1942 el fascismo protegió a decenas de miles de hebreos nativos y extranjeros, cuando comenzó la Guerra Civil Italiana y el Tercer Reich ocupó la Península Itálica entre 1943 y 1945, una parte de la comunidad judaica se vio perseguida por la República de Saló y en muchos casos exterminada durante la Solución Final.
Preludio
La Italia Fascista de Benito Mussolini nació bajo la pretensión de exportar su ideología a todas las naciones del mundo en una especie de «nacionalismo internacionalista», tal y como el propio Duce afirmó en un discurso cuando manifestó que llevaría su proyecto «más allá de las estrellas». Como el fascismo era básicamente una doctrina económica y social que surgió como «tercera vía» al capitalismo liberal y al comunismo marxista, jamás incluyó en su programa ninguna referencia a teorías raciales o contrarias a las minorías étnicas, ni siquiera contra los judíos que apoyaron la Marcha sobre Roma de 1922 y financiaron al Partido Nacional Fascista (PNF), tal y como fue el caso del empresario Cesar Goldman.
Repentinamente las cosas cambiaron el 5 de Agosto de 1938 cuando la Italia Fascista aprobó el Manifiesto de las Ciencias Racistas o Defensa de la Raza (Difensa della Raza), redactado por un grupo de científicos bajo la supervisión de Benito Mussolini, cuyas líneas defendían la segregación étnica entre los italianos y judíos por motivo de su raza. A pesar de que estas leyes fueron copiadas de la Alemania Nacionalsocialista a la hora de dictaminar la expulsión de las administraciones públicas de todos aquellos judíos que no estuviesen afiliados al Partido Nacional Fascista o fuesen miembros del Ejército Italiano, prácticamente casi nadie se vio afectado por la normativa debido a que la mayor parte de la población hebrea formaba parte del movimiento fascista o de organizaciones paralelas. La razón de esta contradicción se basaba en que Italia buscaba el apoyo del Tercer Reich para anexionarse Albania, por lo que dicha normativa no dejó de ser más que una simple tapadera propagandística de cara a la obtención un beneficio diplomático, tal y como el Duce reconoció con la siguiente frase: «Me importa un comino esa teoría del antisemitismo».
Al estallar la Segunda Guerra Mundial en Europa en Septiembre de 1939, en la Italia Fascista vivían un total de 47.252 judíos, de los cuales 9.000 estaban afiliados al Partido Nacional Fascista y otros tantos pertenecían a las milicias de los Camisas Negras, aunque para entonces muchos había perdido su trabajo como consecuencia de las leyes raciales o se habían visto señalados por propagandistas antisemitas como Roberto Farinacci, viéndose un buen puñado obligados a marchar al extranjero, incluyendo la esposa del físico Enrico Fermi, quién pese a no ser hebreo, acompañó a su mujer a Estados Unidos (donde contribuiría a fabricar la bomba atómica en el Proyecto Manhattan). Al año siguiente, el 10 de Junio de 1940, el Imperio Italiano se sumergió en la contienda tras declarar hostilidades a Gran Bretaña y Francia, por lo que la comunidad judía italiana se vio inmersa en un conflicto de incierto futuro contra los Aliados Occidentales y formando parte de una dudosa coalición con el Tercer Reich.
Ayuda del «Fascio» a los Judíos
Al comenzar la «Operación Barbarroja» en 1941, el VIII Ejército Italiano que se había sumado a la invasión de la Unión Soviética, documentó muy detalladamente lo que ocurría en las zonas de Rusia que estaban ocupadas por el Tercer Reich. Según demostraron los observadores latinos, éstos verificaron la perpetración de ejecuciones masivas a manos de las SS y también la deportación de poblaciones enteras, incluyendo la existencia del campo de concentración de Theresienstadt en Checoslovaquia. Lógicamente estas informaciones generaron indignación y preocupación entre los mandos fascistas de Roma, quienes haciendo caso omiso de las solicitudes germanas, decidieron no participar en este tipo de acciones e incluso proteger a la gente dentro de las áreas bajo control de las Fuerzas Armadas Italianas.
Hasta el año 1942 la única política represiva de carácter antisemita aplicada por Italia en la Segunda Guerra Mundial había tenido lugar en el Norte de África y más en concreto en la colonia de Libia, en donde se trató de segregar a los judíos autóctonos de los musulmanes libios debido a que con los primeros se corría el riesgo de que pudiesen colaborar con el Ejército Británico, por ese entonces presente en Cirenaica y la frontera con Egipto. Así fue como miles de hebreos fueron detenidos y enviados a los campos de internamiento de Giado, Sidi Azzaz y Buq Buq, en cuyas instalaciones recibieron un trato correcto de los guardias italianos, aunque aquello no evitó que 562 perdieran la vida debido a las elevadas temperaturas, al escaso suministro y a las inclemencias propias del Desierto del Sáhara.
Con el inicio de la Solución Final en Europa, el Reichsführer Heirich Himmler de las SS, se reunió en Roma con Benito Mussolini el 11 de Octubre de 1942 para proponerle la entrega de todos los judíos italianos, algo a lo que el Duce se negó alegando que los hebreos eran un problema exclusivo del Gobierno Italiano. Gracias a esta decisión firme de no colaborar con Berlín, el Imperio Italiano se convirtió en un importante territorio de acogida para miles de refugiados de origen judío que escapaban de la Solución Final, especialmente de Francia y los Balcanes. De hecho 5.000 hebreos balcánicos que iban a ser cedidos a Croacia (por aquel entonces una nación que participaba de manera entusiasta en el Holocausto) se les salvó la vida porque las autoridades italianas lo impidieron; mientras que en Grecia los diplomáticos Guelfo Zamboni en Salónica y Pellegrino Ghigo en Atenas, ayudaron a cientos de judíos a ocultarse en zonas bajo jurisdicción militar latina con el falso pretexto de que tenían la nacionalidad italiana u ostentaban ese derecho por haber engrandecido la cultura nacional.
Al igual que otras potencias del Eje, la Francia de Vichy exigió entregar a los judíos de Niza sin éxito porque las tropas de ocupación del Ejército Italiano en los Alpes Marítimos se negaron de manera tajante, llegando el general Alberto Calisse a regalar pasaportes para su entrada en Italia. De hecho el propio Benito Mussolini envió al sur de Francia a un equipo conformado por el inspector Guido Lospinoso de la Policía Italiana, el judío Angelo Donati y el fraile francés Pierre Marie-Benoît, quienes en 1943 sacaron de la Costa Azul a un total de 30.000 hebreos que fueron puestos a salvo en hoteles turísticos de la Alta Saboya.
El boicot que la Italia Fascista llevó a cabo contra la Solución Final despertó las iras del Tercer Reich y del Ministerio de Exteriores, cuyos representantes exigieron al Gobierno de Roma no entrometerse más en los asuntos de Berlín. A pesar de que los italianos hicieron caso omiso de esta solicitud, en algunas ocasiones hubieron de recular para evitar conflictos con los alemanes, como por ejemplo sucedió en una localidad de Grecia cuando las tropas italianas arrestaron a un grupo de 320 judíos a quienes entregaron a las SS.
Ocupación de Italia
Al producirse la capitulación de Italia el 8 de Septiembre de 1943 tras el Armisticio de Cassibile, el Ejército Alemán ocupó fugazmente el norte de la Península Italiana y desarmó a las unidades del Ejército Italiano, exactamente igual que hicieron en el sur los Aliados Occidentales. A partir de entonces el país quedaría dividido en dos mitades que fueron la zona fascista pro-alemana de la República Social Italiana al frente de Benito Mussolini y la zona monárquica pro-occidental del Reino del Sur al frente del Rey Víctor Manuel III, las cuales se enzarzarían en la Guerra Civil Italiana, un conflicto fratricida que al mismo tiempo se desarrollaría dentro de la propia Segunda Guerra Mundial.
Las primeras víctimas del Tercer Reich tras la inmediata rendición de Italia fueron el millón de prisioneros hechos al Ejército Italiano y a los Carabineros, quienes se entregaron desarmados en la Península Itálica, Francia, los Balcanes y otros puntos de Europa a las tropas del Ejército Alemán. Como era de esperarse sus captores no tendrían piedad con los latinos, a los que consideraban traidores por haberse cambiado de bando, por lo que en numerosas ocasiones no se les aplicó la Convención de Ginebra y se les deportó a campos de concentración y trabajo esclavo en Alemania. De hecho de todos estos cautivos un total de 45.000 perderían la vida, entre ellos 4.600 fusilados en pelotones de ejecución y los restantes 41.400 a causa de la malnutrición, enfermedades, malos tratos, etcétera.
Con la desaparición del Ejército Italiano, los judíos que hasta momento habían gozado de una protección privilegiada durante la Era Fascista quedaron completamente a merced del Tercer Reich y también de su nuevo «Estado satélite» de la República de Saló. A partir de entonces los hebreos italianos ya no podrían escapar durante más tiempo a la Solución Final, ya que desde Berlín se designó como responsable de los asuntos antisemitas en el país al comandante Herbert Kappler, por ese entonces jefe del Servicio de Seguridad (SD), así como a dos líderes judíos encargados de vigilar a su comunidad, concretamente Ugo Foà y Dante Almansi.
Oficialmente el sábado 9 de Octubre de 1943 comenzó el Holocausto en Italia cuando soldados de las SS irrumpieron en la ciudad de Trieste y deportaron hacia los campos de exterminio a algunos judíos, aunque por suerte la mayoría evitó su secuestro porque las escuadras fascistas que vigilaban la urbe impidieron este tipo de abusos a los alemanes. Algo similar ocurrió con los 30.000 judíos de la Alta Saboya porque pese a que las SS ofrecieron 5.000 francos por cada individuo delatado, la medida surtió poco efecto debido a que tan sólo una mujer con ansias de riqueza denunció a 17 personas que fueron eliminadas, mientras que otros 1.819 hebreos fueron capturados en diversas circunstancias y asesinados (el equivalente únicamente al 5% del total).
Algunas escuadras de la República de Saló, a diferencia de la mayoría de los destacamentos que obstaculizaron el Holocausto, sí que colaboraron activamente con los mandos de las SS desplegados en Italia. Aquel fue el caso del escuadrón fascista del capitán Pietro Koch, entre cuyas filas militaban los actores Luisa Ferida y Osvaldo Valenti, quienes al frente del Cuartel de Villa Trieste en Milán, secuestraron a numerosos judíos a los que torturaron y finalmente mataron. También sucedió algo parecido en el Gueto de Venecia, en donde una milicia italiana no dudó en arrestar a 193 personas (144 mujeres y niñas, más 49 varones y niños) a los que entregó a las SS para su posterior exterminio en el Tercer Reich.
Redada al Gueto de Roma
El Gueto de Roma fue fundado en 1500 por los Estados Papales para separar a católicos y judíos durante comienzos de la Edad Moderna, aunque al materializarse la ocupación de la capital por el Ejército Alemán en 1943, las SS lo reutilizarían para tener en cuarentena a los hebreos que posteriormente serían aniquilados en la Solución Final. El trazado urbano de dicho recinto abarcó parte de los Barrios de Rione Campitelli, Regola y Transtevere, sin obviar con que la zona quedó delimitada por la Pórtico d’ Ottavia, Vía Arenula, Vía della Reginella, Vía Santa María del Pianto, Vía del Templo, Vía Catalana, Vía Lungotévere Cenci, Piazza Mattei, Vía Tribuna di Campitelli, Vía Sant’ Angelo in Pescheria, Vía dei Funari, Piazza Sant’ Elena, Vía del Felegnami, Piazza Costaguti, Vía del Progresso y Piazza Cenci.
La primera medida de las SS en el Gueto de Roma fue hacer pagar a los judíos 50 kilogramos de oro en plata en un plazo de 36 horas como castigo por el simple hecho de residir en Italia (de lo contrario 300 inquilinos serían deportados al azar, aunque por suerte no fue necesario porque todos donaron la cantidad acordada). Al cabo de unos días de este despropósito, soldados de las SS y agentes italianos de la Guardia Nacional Republicana asaltaron la Biblioteca de la Comunidad Israelita (Biblioteca della Comunità Israelitica), donde robaron manuscritos datados en 1492 referentes a la expulsión de los judíos de España y el Reino de las Dos Sicilias, así como un diccionario fechado de 1488 que estaba traducido en tres lenguas (hebreo, italiano y árabe), obras del matemático Elia Mizrahi y ocho volúmenes del siglo XVI del impresor Daniel Bomberg. Afortunadamente un buen puñado de piezas históricas consideradas de alto valor pudieron salvarse de la rapiña efectuada por los guardias alemanes e italianos gracias a que fueron ocultadas por sus dueños en el interior de una pared de los Baños Rituales de Purificación (Mikhav).
El sábado 16 de Octubre de 1943 tuvo lugar la primera redada al Gueto de Roma cuando agentes italianos de la Guardia Nacional Republicana y soldados germanos de las SS que estaban dirigidos por el comisario Gennaro Cappa, se dirigieron a veintiséis zonas de operaciones distintas del barrio y entraron en las viviendas de los judíos, a quienes concedieron veinte minutos para asearse, recoger sus cosas y salir al exterior, donde tras permanecer a la espera bajo la lluvia, un total de 1.259 personas fueron subidas a la parte trasera de varios camiones y enviadas al Colegio Militar Italiano de la Calle Lungara. Una vez en el edificio, 229 detenidos fueron liberados el domingo 17 de Octubre (uno era de nacionalidad vaticana y el resto mestizos judeo-latinos); mientras que a los 1.030 restantes se les separó por sexos con los varones a un lado y las mujeres y niños al otro. Al día siguiente, a las 14:04 horas del lunes 18, los detenidos fueron llevados a la Estación de Tiburtina y deportados en tres trenes, el primero con 18 vagones (aproximadamente de 50 a 60 pasajeros por coche) y los otros dos con capacidad para 600 individuos cada uno, que partieron de Roma pasando Chiusi y Firenze hasta detenerse en Padua el martes 19, después de que el convoy fuese atacado por aviones de la Fuerza Aérea Estadounidense que mataron a varios de presos con sus bombas. Al cabo de veinticuatro horas, el miércoles 20, los deportados cruzaron el Paso del Brénnero en Austria y el jueves 21 circularon a través del Protectorado de Bohemia-Moravia en Checoslovaquia para a continuación acceder a Polonia. La marcha concluyó el viernes 22 al poco de que los trenes alcanzasen el campo de exterminio de Aushcwitz, en cuyo interior serían asesinados 834 judíos italianos, sobreviviendo únicamente 196 que fueron destinados como trabajadores forzosos a las Minas de Jawischowitz (aunque de éstos tan sólo 15 estarían vivos al terminar la Segunda Guerra Mundial).
Campos de Concentración Italianos
Bajo la Orden Número 5 aprobada por Benito Mussolini, la República Social Italiana autorizó la creación de una serie de campos de concentración para albergar a judíos, prisioneros de guerra y presos políticos contrarios al ideal del Partido Republicano Fascista. Al frente del comisario Giovanni Preziosi que había sido designado como jefe de la Oficina de Inspección General de la Raza, estos recintos estuvieron custodiados por militares del Ejército Nacional Republicano, cuyos guardias al menos respetaron la vida de la mayoría de los cautivos y trataron a los internos con mucho más respeto, a diferencia de lo que hacían las SS en otros lugares de Europa.
El 5 de Diciembre de 1943 se fundó el campo de concentración de Fossoli, empleado como un área de tránsito desde donde se deportó hacia el campo de exterminio de Auschwitz a un total de 650 judíos el 22 de Febrero de 1944. Algo más tarde se abrió el campo de la Arrocería de San Sabba en Trieste, muy cerca de la frontera con Yugoslavia, en cuyo interior murieron 3.000 prisioneros, la mayoría partisanos italianos y yugoslavos capturados por las fuerzas de la República de Saló, así como también algunos enfermos que fueron eliminados mediante piquetes de fusilamiento. También destacaron las instalaciones de Borgo San Dalmazzo, pues tras sus rejas seis presos fueron asesinados por las Brigadas Negras; aunque por suerte el resto de campos gozaron de unas condiciones más humanas, como por ejemplo el recinto de Ferramonti di Tarsia, donde unos 2.000 judíos se salvaron gracias al buen trato de los guardias fascistas; algo que también sucedió en otros centros penitenciarios como el de los Abruzos, Molise, Campania, Basilicata, Pulla, Emilia Romaña, Toscana, Gries, Asti, Servigliano, Isla Ponza e Isla Ventonete.
Terminada la Segunda Guerra Mundial con la disolución de la República Social Italiana el 30 de Abril de 1945, los últimos campos de concentración en Italia fueron liberados por las tropas de los Aliados Occidentales. Hasta la fecha un total de 7.500 judíos italianos habían muerto en la Solución Final, aproximadamente el 20% de la población hebrea del país, aunque por suerte gracias a que el fascismo italiano fue mucho más moderado que el nacionalsocialismo alemán, el 80% de los hebreos pudo salvar la vida durante el Holocausto.
Bibliografía:
-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.642-748
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «En Roma como en Varsovia», S.A.R.P.E. (1978), p.1264-1272
-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Los Seiscientos Días de Saló. Los campos de concentración en Italia», Susaeta, (2003), p.172-173
-Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.296
-Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.26


