Shoah en Eslovaquia

Eslovaquia constituyó la primera nación en formar parte del bando del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que se acabaría convirtiendo en uno de los países que más estrechamente cooperó con la Alemania cuando empezó el Holocausto. Los responsables de esta colaboración fueron muchos políticos y militares del régimen del Monseñor Jozef Tiso, quienes se sumaron activamente a la persecución de los judíos eslovacos y por tanto en su deportación a los campos de exterminio dentro del marco de la Solución Final.

Cuando Eslovaquia se independizó el 14 de Marzo de 1939 después de la desintegración de Checoslovaquia, el régimen del Partido del Pueblo Eslovaco al frente del Monseñor Jozef Tiso impuso un sistema de carácter fascista que imitó en muchos aspectos al Tercer Reich. El elemento más significativo fue un brazo paramilitar armado que se articuló en la Guardia «Hlinka», cuyos milicianos al mando del Primer Ministro Vojtech Tuka, cometieron actos violentos de tintes antisemitas; sin obviar con que el Ministro del Interior Sano Mach aprobó una serie de leyes raciales contra los 80.000 miembros de la comunidad judía (el equivalente al 3’3% de la población).

El 28 de Julio de 1940, ya empezada la Segunda Guerra Mundial y formando parte Eslovaquia de las potencias del Eje, la Oficina Central de Economía (UHU) expulsó a los judíos de la administración pública, se expropió a los comerciantes hebreos de todas sus empresas y se creó un organismo de representación articulado en el Consejo Judío Eslovaco (UZ). Al cabo de un año, en Septiembre de 1941, se aprobó el Código Judío que obligaba a los hebreos llevar cosida en la ropa la Estrella de David (en color amarillo), les prohibía el acceso a parques, teatros o campos de fútbol, e incluso les castigaba a desempeñar ciertas labores ciudadanas como limpieza de calles o el mantenimiento del inmobiliario público. A estas humillaciones se sumaron las amenazas y palizas propinadas por los milicianos de la Guardia «Hlinka», algo que provocó que centenares de hebreos tomaran la decisión de abandonar sus hogares y emigrar fuera de Europa.

Milicianos eslovacos de la Guardia Hlinka detienen a judíos para su deportación en el Holocausto.

Al comenzar la Solución Final en toda Europa a inicios de 1942, el Tercer Reich alcanzó un acuerdo con el Partido del Pueblo Eslovaco para la entrega de todos los judíos de Eslovaquia (aunque las SS mintieron sobre su destino porque aseguraron que serían empleados para trabajar en la industria bélica como mano de obra). Según el pacto suscrito entre el diplomático germano Dieter Wisliceny y los representantes del Gobierno de Bratislava encarnados por el Primer Ministro Vojtech Tuka y su jefe de gabinete Izidor Koso, el Gobierno de Berlín pagaría una cidra de 500 marcos «Reichsmarks» por cada judío enviado a Alemania.

Oficialmente el 26 de Marzo de 1942 comenzó la Solución Final en Eslovaquia cuando el primer contingente de deportados, concretamente 999 mujeres, partieron en tren hacia Polonia para ser asesinadas dentro de las cámaras de gas del campo de exterminio de Auschwitz. A partir de entonces y durante las semanas próximas hasta finales de Abril, otros hebreros sufrieron el mismo destino hasta alcanzarse una cifra de 20.000 personas aniquiladas; siendo el peor mes del de Julio, pues los deportados y judíos erradicados sumaron los 52.000, la mayoría gaseados en el complejo de Auschwitz II-Birkenau.

A mediados del verano de 1942 el Monseñor Jozef Tiso ordenó la cancelación de las deportaciones de judíos ante los rumores de que estaban siendo exterminados y no utilizados como mano de obra para la industria del Reich, tal y como habían asegurado las SS. La principal razón de esta sospecha se basaron en las quejas emitidas por el Vaticano y más en concreto por su Secretario de Estado Luigi Maglione, quién en dos ocasiones se reunió con representantes eslovacos en Roma; además de por el obispo Pavol Jantausch en Trnava y ciertos pastores de la Iglesia Luterana Eslovaca que decían que el objetivo de los cristianos no era aniquilar a los judíos, sino hacerles ver su error y convertirles a la fe de Jesucristo. Gracias a este tipo de polémicas y escándalos que de manera discreta se filtraban a la ciudadanía, unos 35.000 hebreos eslovacos que estaban a punto de partir en tren hacia los campos de exterminio, de repente fueron liberados por las autoridades y devueltos a sus hogares en Eslovaquia.

Centinelas de la Guardia Hlinka en el campo de concentración de Novaky.

A pesar de que en 1943 los judíos de Eslovaquia había evitado la Solución Final, la inmensa mayoría continuarían siendo objeto de abusos por parte del Partido del Pueblo Eslovaco debido a que fueron expulsados de sus casas y deportados a campos de internamiento dentro del país que se ubicaron en Proprad, Novaky, Vyhne y Sered. La vida en estos recintos fue insoportable porque como los centinelas eran miembros del la Guardia «Hlinka», éstos no dudaron en hacerles la vida imposible a la hora de obligarles a fregar excrementos del suelo, castigarles durante semanas en celdas de aislamiento o propinarles palizas a base de patadas y golpes de varas de madera, insultando a los hombres al grito de «¡os lo tenéis bien merecido» o a las mujeres diciéndolas «¡putas judías!».

La cultura judía de Eslovaquia fue igualmente eliminada por la Guardia «Hlinka» porque sus milicianos erradicaron cualquier símbolo hebreo en los centros de ocio, bibliotecas y cementerios, mientras que incendiaron decenas de sinagogas (en Bratislava tan sólo una se mantendría intacta al final de la Segunda Guerra Mundial). Respecto a muchos de los judíos que tuvieron la suerte de moverse con libertad y no ser confinados, la mayoría fueron convertidos en esclavos desde 1944, aunque por fortuna un buen puñado se librarían de este destino mediante pagos y sobornos a través del Grupo de Trabajo de Bratislava al frente del rabino Michael Dov Ber Weissmandel y el sionista Gisi Fleischmann.

Al producirse el Levantamiento Nacional Eslovaco en el verano de 1944 para sacar a Eslovaquia de su alianza con el Eje, la sublevación consiguió hacerse con el control de las regiones orientales del país y liberar el campo de concentración de Novaky, por lo que 1.650 judíos se sumaron a la insurgencia y combatieron como partisanos. Sin embargo al cabo de unas semanas la rebelión acabó en un fracaso porque el régimen del Partido del Pueblo Eslovaco y la Guardia «Hlinka», que contaron con la intervención militar del Ejército Alemán, aplastaron la insurrección y ejecutaron a un total de 5.000 rebeldes, entre ellos numerosos hebreos. Una vez resuelto el problema, las SS que estaban presentes en el país presionaron a la Guardia «Hlinka» para participar en el Holocausto, por lo que dichos milicianos secuestraron a 12.600 judíos y los deportaron a los campos de Auschwitz y Theresienstadt.

Durante las últimas fases de la Segunda Guerra Mundial en Europa los milicianos de la Guardia «Hlinka», por ese entonces muy radicalizados y organizados en batallones de emergencia o POHG (Pohotovostné Oddiely Hlinkovej Gardy), prosiguieron con sus habituales cacerías y eliminación de todos aquellos judíos eslovacos que encontraron a su paso, por lo menos hasta que el país fue objeto de una ofensiva del Ejército Rojo y acabó siendo ocupado por la Unión Soviética. Una vez terminado el conflicto con la derrota del régimen tisista en Mayo de 1945, un total de 71.000 hebreos habían sido asesinados durante el Holocausto, aproximadamente el 80% de toda la población judía de Eslovaquia.

 

Bibliografía:

-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.120-639
-Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.149-155
-Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.25
-Carlos Canales y Miguel del Rey, Guerras sin Recuerdo, Conflictos Olvidados entre 1939 y 1945, «La prueba del valor: la Insurreción Eslovaca», Edaf (2026), p.446