La destrucción de los judíos de Europa por parte del Tercer Reich alcanzó su máxima expresión en Polonia durante la ocupación alemana que se prolongó desde el año 1939 hasta 1945. La razón fue que el 50% de todas las víctimas mortales que dejó el Holocausto procedían del Estado Polaco, aproximadamente unos 3 millones que bien perecieron por las malas condiciones del Gueto de Varsovia o la Reserva de Lublin, o bien asesinados en los campos de exterminio de Auschwitz, Belzec, Chelmno o Treblinka, aunque curiosamente su calvario comenzaría mucho antes en forma de leyes y humillaciones con el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Antecedentes
Polonia disponía de una población de 3 millones de judíos, la comunidad más grande de Europa y también de todo el mundo por encima incluso de los Estados Unidos. A diferencia de otros países del continente como Alemania, Francia u Holanda, donde los judíos componían una abultada clase media y alta, por el contrario el 70% de los hebreos polacos eran realmente pobres, ya que vivían en casas de una sola habitación o sótanos, mientras que la mayoría no se habían integrado en la sociedad de acogida, ya que un alto porcentaje continuaban hablando la lengua yiddish y respetando su culto a Yahvé.
Mucho antes de la invasión del Tercer Reich, Polonia poseía un régimen nacionalista, ultracatólico y en cierto modo xenófobo a todos aquellos que no fueran polacos, tal y como se manifestó por el trato desigualitario dado a la minoría ucraniana de Galitzia o Volhynia, a los habitantes alemanes de Poznan o Silesia, o los residentes lituanos de Vilna. También los judíos se situaron en el punto de mira del Estado Polaco, cuyo antisemitismo ya se había desatado en forma de algunos pogromos durante la Guerra Soviético-Polaca de 1919-1920, sin obviar con que el gabinete del Presidente Józef Pilsudsky había llevado a cabo numerosos abusos económicos y expropiaciones contra los hebreos a lo largo de la década de 1930.
Cuando en Septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia, el día 19 se produjo la primera matanza antisemita de la Segunda Guerra Mundial cuando las SS asesinaron en Przekopana a 100 judíos. Ese mismo día en el pueblo polaco de Dynow otros 72 civiles hebreros fueron masacrados y la sinagoga incendiada; mientras que a las veinticuatro horas de sucederse ambos crímenes, el 20, se registraron fusilamientos aislados en diversas zonas de Polonia que dejaron un saldo de 600 judíos ejecutados, una cifra que acabaría por ampliarse a en las dos semanas posteriores a los 1.200. Afortunadamente los mandos del Ejército Alemán (Wehmarcht) que se acabaron enterando de lo sucedido, entre ellos el general Johannes Blaskowitz, enviaron una serie de quejas a Berlín denunciando los excesos de las SS, por lo que por el momento el Estado Nacionalsocialista prohibió cometer nuevos excesos en Polonia.
Reasentamientos
Al finalizar la conquista y el reparto Polonia entre Alemania y la Unión Soviética, Adolf Hitler ofreció una propuesta de paz a Gran Bretaña y Francia el 6 de Octubre de 1939, en la que propuso una nueva distribución geográfica para el país que satisfaciese a todas las partes implicadas en el conflicto. Esta iniciativa incluía respetar cierta integridad del Estado Polaco y curiosamente también la creación de un pequeño Estado Judío, tal y como se plasmó en un documento filtrado a los Gobiernos de Londres y París que se resumió del sigiuiente modo:
-Polonia Occidental: Formaría parte del Tercer Reich desde la frontera con Alemania hasta el Río Vístula con los distritos de Danzig, la Alta Silesia, Posnania y Pomerania, las cuales serían repobladas por colonos agrícolas germanos en el llamado «espacio vital» o «Lebensraum».
-Polonia Central: Formaría parte del Estado Polaco con capital en Varsovia y las importantes ciudades de Cracovia y Lublin, aunque dicha nación mantendría una alianza defensiva con el Tercer Reich.
-Polonia Oriental: Formaría parte de la Unión Soviética con la completa desaparición del Estado Polaco en las provincias de Grodno, Polesia, Podolia, Volhynia y Galitzia que sería anexionadas a las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Bielorrusia.
-Estado Judío: Se situaría delimitado por un muro entre el Río Vístula y el Río Bug con un censo de 3.500.000 personas (los 3 millones de judíos polacos y medio millón que serían expulsados de Alemania, Australia y Checoslovaquia), aunque mantendría una alianza con el Tercer Reich.
Como Gran Bretaña y Francia rechazaron la propuesta de partición de Polonia promovida por Alemania, las autoridades de Berlín no tuvieron más remedio que cancelar los planes de establecer un Estado Polaco y un Estado Judío para convertirse en los dueños absolutos de la nación, salvo en las zonas entregadas a la Unión Soviética, la provincia de Vilna cedida a Lituania y el distrito de Teschen que se anexionó Eslovaquia. Así fue como tan sólo seis días después de la negativa expresada por los Aliados, el 12 de Octubre de 1939, se constituyó el Gobierno General de Polonia (en lo que teóricamente debían haber sido las fronteras polacas del documento) bajo el liderzago de Hans Frank en calidad de gobernador o «gauleiter», quién trasladó la capital administrativa de Varsovia a la más pequeña ciudad de Cracovia.

Judíos obligados a realizar trabajos forzados en la calle son escoltados por dos soldados del Ejército Alemán.
La primera medida del Gobierno General fue acoger a toda la población polaca expulsada de Pomerania, Posnania, la Alta Silesia y el recién disuelto Estado Libre de Danzig, las cuales desde entonces pasaron a ser colonizadas por campesinos alemanes e incorporadas al Tercer Reich. Al mismo tiempo en que se reasentaban a todos estos refugiados en diversos distritos del centro de Polonia, las SS aplicaron una política bien distinta respecto de los judíos, ya que los separaron del resto de la ciudadanía polaca y les trasladaron a un área de exclusión situada al sureste del país que fue conocida como la Reserva de Lublin.
La Reserva de Lublin fue fundada como una especie de «reserva india» similar a las de Estados Unidos, donde fueron reubicados decenas de miles de judíos desterrados de Alemania, Austria, Polonia y la provincia de Memel en Lituania. Al frente de esta operación estuvo comisario Odilo Globocnik al mando de varias escuadras de las SS, así como 500 efectivos de la recién creada Policía Judía, cuyos agentes en primer lugar trasladaron a los hebreos de Viena, Mährisch Ostrau y Kattowitz para ser realojados en barracones y establos de la comarca de Nisko. Al año siguiente, a inicios de 1940, vinieron 1.800 niños procedentes de Stettin y Schneidemühl, además de 40.000 personas de diversa condición evacuadas de Cracovia (esta última redujo su censo a 16.000 judíos) que se reasentaron en Podgorce.
Curiosamente muchos judíos optaron por emigrar a la Polonia Oriental ocupada por la Unión Soviética sin saber que las autoridades comunistas habían clausurado todas las sinagogas y asesinado tanto a la intelectualidad hebrea como a sus rabinos, además de haber deportado a muchos compatriotas a los gulags de Siberia y Asia Central. De hecho hubo un gran número de judíos que ante el temor de sufrir represalias por parte del Comisariado de Asuntos Internos (NKVD) hicieron el viaje al revés y emigraron a la zona bajo control del Tercer Reich, tal y como por ejemplo ocurrió en la frontera germano-soviética cuando coincidieron dos trenes cargados de población hebrea que viajaban en direcciones opuestas. Una vez los pasajeros de cada convoy se avistaron, uno de los individuos que abandonaba Rusia en dirección al Gobierno General gritó a los que entraban en la URSS la siguiente advertencia: «¡Estáis locos!, ¿a dónde váis?».
Antisemitismo del Gobierno General
El Gobierno General de Polonia adoptó las leyes antisemitas del Tercer Reich como la obligatoriedad para todos los judíos de llevar un brazalete blanco con la Estrella de David (bordada en azul), expulsarles de las profesiones administrativas o intelectuales, vedarles el acceso a parques o restaurantes, impedirles cambiar de residencia o prohibirles usar el transporte público o caminar por la acera (tuvieron que hacerlo por la calzada, por lo que muchos perdieron la vida en accidentes de tráfico). A estas humillaciones se sumó una intensa campaña publicitaria promovida por las Unidades de Propaganda (Propaganda Kompanien) en las que se mostraba a hebreos trabajando en labores manuales mientras un comentarista decía «Los judíos por fin se ganan el pan», o en todo caso se proyectaban películas de carácter antisemita como fue el caso del Judío Süss (Jud Süss), El Judío Eterno (Der Ewige Jude) y Los Rotschilds (Die Rotschilds).

Guardias polacos de la Policía Azul y soldados alemanes de las SS requisan objetos a unos judíos en Polonia.
La vida no fue fácil para los judíos del Gobierno General entre los años 1939 y 1940 porque los soldados alemanes de las SS y los colaboracionistas polacos de Policía Azul les obligaban a cantar o bailar ante el escarnio de la muchedumbre, les hacían limpiar los excrementos de las calles con mantos e incluso cortaban la barba y mechas de las sienes de los rabinos, además de forzar a los más devotos religiosos a danzar alrededor de hogueras ardientes con pergaminos de la Torá. Hubo incluso castigos colectivos como les sucedió a 107.000 personas de entre 15 a 60 años en diversas ciudades, a quienes les entregaron cubos y escobas para que hiciesen limpieza del pavimento urbano ante las risas y burlas de la ciudadanía polaca, aunque muchos casos, en concreto unos 33.000 hebreos se libraron de este tipo de cometidos sobornando con dinero a mandos de las SS.
El 24 de Enero de 1940 el Gobierno General dictaminó por orden del «gauleiter» Hans Frank la expulsión de los judíos de sus hogares y viviendas, así como la confiscación de todas sus empresas y bienes de alto valor, salvo por la excepción de los objetos personales y un mínimo de 1.000 marcos de dinero en efectivo. Una vez despojados de todas sus pertenencias y también de su dignidad humana, los hebreos fueron confinados en barrios reservados exclusivamente para ellos que poco a poco se convertirían en los Guetos de Varsovia, Lodz, Lublin, Podgorce, Piotrkow Trybunalski, etcétera.
Al producirse la conquista de Europa por parte de las potencias del Eje entre los años 1940 y 1941, los judíos del Gobierno General, a pesar de las privaciones sufridas y a que 7.000 miembros de su comunidad fueron ejecutados en diversas circunstancias por las SS, apenas sintieron los efectos de la Segunda Guerra Mundial. Hasta ese instante, muy pocos de ellos sabían que entre los años 1942 y 1945, más de tres millones de sus compatriotas serían asesinados en Polonia, lo que convertiría a este país en el mayor afectado de todo el Holocausto.
Bibliografía:
-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los Judíos (1939-1945) Los años del exterminio, Galaxia Gutenberg (1997), p.35-821
-Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Biblioteca II Guerra Mundial Planeta DeAgostini (2005), p.50-54
-Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.26
-Antonio Muñoz Lorente, Walter Model, el León de la Defensa, «Alemania Triunfante», HRM Ediciones (2023), p.115