Eslovaquia había sido el primer socio de Alemania desde el mismo comienzo de la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia en 1939, así como uno de sus más files colaboradores en el plano militar debido a que los eslovacos acompañaron a los germanos durante los siguientes cinco años en el Frente Oriental. Las cosas sin embargo cambiaron a principios de 1945 cuando el Ejército Eslovaco quedó recluido dentro de su propia patria después de que las divisiones del Ejército Rojo se apostaran en la frontera con la pretensión de someter al país a la esfera de influencia de la Unión Soviética.
La República Eslovaca era el único país dentro de Europa que en 1945 se mantenía totalmente fiel a Alemania junto a Hungría, el Estado Independiente Croacia y la República Social Italiana. Al frente del Monseñor Jozef Tiso que lideraba el movimiento del Partido del Progreso Eslovaco y la milicia fascista de la Guardia «Hlinka», la coalición con el Tercer Reich había permanecido intacta gracias a que en el verano de 1944 se había aplastado con ayuda del Ejército Alemán el conocido como Levantamiento Nacional Eslovaco, cuyos insurrectos habían pretendido sin éxito pasarse al bando de los Aliados. Lamentablemente una vez se consolidó la continuidad del Gobierno de Bratislava en el lado del Eje, el Ejército Eslovaco quedó reducido a la nada por culpa de los enfrentamientos fraticidas, los miles de exiliados y las purgas, contabilizándose tan sólo 30.000 soldados, de los cuales 20.000 se concentraron en las inmediaciones de Nitra.
Como el número de soldados del Ejército Eslovaco no era suficiente para afrontar los retos del año 1945, algunos de los altos cargos del Partido del Progreso Eslovaco encarnados por Stefan Tiso y Stefan Hassik decidieron crear una milicia paralela a la Guardia «Hlinka» a la que bautizaron Defensa Nacional o «Domobrana». Se trató de una formación paramilitar con unidades formadas a toda prisa a las que catalogaron de emergencia o POHG (Pohotovostné Oddiely Hlinkovej Gardy) con un total de 6.000 hombres repartidos en 38 batallones, quienes sumados a los regulares de las Fuerzas Armadas Eslovacas y los millares de milicianos de la Guardia «Hlinka» alcanzaron la cifra de 53.433 efectivos para frenar el imparable avance del Ejército Rojo.
La Unión Soviética se dispuso a invadir Eslovaquia a mediados de Enero de 1945, sabiendo que el Ejército Eslovaco no suponía una amenaza, pero sí su población compuesta mayoritariamente por campesinos y ciudadanos de tendencias conservadoras, anticomunistas o católicas. A esta actitud hostil por parte de la ciudadanía, encima había que añadir que un alto porcentaje de los eslovacos habían aprobado en 1939 la disolución de Checoslovaquia y por tanto eran contrarios a la reunificación con Chequia, justo en el mismo instante en que los Aliados habían pactado una vuelta al «statu quo» anterior con el Gobierno Checo exiliado en Inglaterra. Como esta posición política planteaba un horizonte de dudosa confusión una vez los rusos pisaran el país, el Kremlin quiso evitar sorpresa innecesarias y por tal motivo desplegó a un gigantesco contingente de 100.000 soldados del IV Frente Ucraniano al mando del mariscal Iván Konev, aproximadamente un ratio de 3’5 a 1 en favor del Ejército Rojo.
Oficialmente el 15 de Enero de 1945 comenzó la invasión de Eslovaquia cuando el IV Frente Ucraniano cruzó la frontera a través de sus posiciones en Polonia y Hungría, aniquilando a las escasas guarniciones sobre la demarcación y obligando a emprender la retirada a las demás unidades del Ejército Eslovaco. Gracias a este contundente golpe las tropas del Ejército Rojo progresaron con increíble velocidad porque el día 20 ocuparon con la importante ciudad de Kosice, mientras que una semana después, el 28, conquistaron la de Presov y superaron el cauce del Río Ipel y el Río Hron. Las cosas sin embargo se complicaron a partir de Febrero porque los soldados rusos accedieron a un entorno natural de regiones montañosas, bosques y granjas, en donde los eslovacos se aferraron al suelo rechazando infinidad de asaltos y tendiendo emboscadas a los invasores, a los que no sólo provocaron cuantiosas bajas, sino que además interrumpieron su avance durante casi un mes para desesperación de Iósif Stalin.
Hasta el 2 de Marzo de 1945 no se reanudó la ofensiva del Ejército Rojo que aquella misma jornada ocupó la estratégica ciudad de San Nicolás de Liptov, en cuyo interior los soldados rusos se dedicaron a cometer crímenes y pillajes, asesinando a numerosos civiles y violando a incontables mujeres. A raíz de estos acontecimientos que ocasionaron un gran escándalo en el distrito, las tropas del Ejército Eslovaco de repente se envalentonaron y 11 de Marzo lanzaron una inesperada contraofensiva que sorprendió a los invasores. Contra todo lo imaginado los soldados eslovacos desbordaron a los ocupantes de la metrópoli y les obligaron a retirarse con pérdidas considerables entre sus filas, por lo que finalmente el 12 de Marzo reconquistaron San Nicolás de Liptov. Aquella increíble hazaña constituyó la última victoria militar del Ejército Eslovaco en la Segunda Guerra Mundial porque causó a los rusos un total de 410 bajas entre 300 muertos y 110 prisioneros, entre estos últimos 40 colaboracionistas del Partido Comunista Eslovaco.
Después de la recuperación de San Nicolás de Liptov, el Ejército Eslovaco aprovechó el ímpetu y desencadenó un segundo contraataque local mediante el que retomó el control de Kaliste la jornada del 18 de Marzo. Lamentablemente al cabo de cinco días, el 23, el IV Frente Ucraniano volvió a protagonizar un de ofensivas con decenas de miles de tropas que perforaron las líneas de los defensores y reocuparon Kaliste, antes de cruzar por varios puntos el cauce del Río Hron el 25. A la jornada siguiente, el 26, los aviones de la Fuerza Aérea Soviética arrasaron la ciudad de Nitra que fue conquistada a la caída de la tarde, mientras que los días 29 y 31 de Marzo la aviación mató a numerosos civiles durante las violentas incursiones al casco urbano de Hlohovec.
La proximidad de las divisiones del Ejército Rojo a Bratislava propició que el 2 de Abril el Monseñor Jozef Tiso y todo el gabinete del Partido del Progreso Eslovaco abandonaran la ciudad, acompañados en todo momento por un puñado de soldados en retirada, militares alemanes y miles de refugiados civiles en dirección al oeste con la pretensión de alcanzar la frontera con Austria. A pesar de que en la metrópoli permaneció una pequeña guarnición del Ejército Eslovaco, sus componentes desertaron en su mayoría la jornada del 3, por lo que al cabo de veinticuatro horas, el 4 de Abril, las tropas soviéticas entraron triunfales en la capital de Bratislava que desde ese instante fue puesta bajo la administración provisional del IV Frente Ucraniano.
Ocupada Bratislava por el Ejército Rojo, las unidades supervivientes del Ejército Eslovaco y los milicianos de la Guardia «Hlinka» se retiraron al oeste de Eslovaquia, muy próximos a la frontera con Chequia. Sólamente la División Rápida Eslovaca que poseía elementos motorizados y algunas tanquetas LT vz 38, se abrió paso combatiendo contra los rusos hasta que no tuvo más remedio que disolverse y entregarse al Ejército Rojo en Hungría. De manera muy diferente en la ciudad de Zlina, los últimos destacamentos del Ejército Eslovaco organizaron una fanática resistencia que se prolongó por espacio de un mes e incluso ocasionó a los soviéticos cuantiosas bajas, por lo menos hasta que todos los defensores fueron aniquilados, huyeron a Austria para entregarse al XX Cuerpo Estadounidense o se rindieron con la capitulación de la plaza el 30 de Abril de 1945, completándose de ese modo la conquista definitiva de Eslovaquia.
Terminada la Segunda Guerra Mundial sobre Europa en Mayo de 1945, se procedió al desmantelamiento del Ejército Eslovaco y a la depuración tanto política como militar de toda la extinta República Eslovaca. Así le ocurrió al Monseñor Jozef Tiso que fue juzgado y ahorcado el 18 de Abril de 1947, así como a otros 11.800 políticos nacionalistas o miembros del cuerpo de oficiales que fueron encarcelados o castigados a trabajos forzados. Al mismo tiempo otros 50.000 combatientes de las Fuerzas Armadas Eslovacas fueron deportados a los gulags de Siberia, la mayoría al campo de concentración de Novorossijsk sobre el Cáucaso, donde perecieron 22.000 de ellos y regresaron con vida tan sólo 28.000 tras su liberación en 1953.
Como jamás la República Eslovaca fue reconocida por el bando de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, tal y como británicos, estadounidenses y rusos pactaron con el Gobierno Checo exiliado en Inglaterra, el país fue nuevamente reunificado en Checoslovaquia. Así fue como a partir de entonces los eslovacos quedaron sometidos a los checos y también al régimen comunista manejado desde el Kremlin durante las cuatro décadas siguientes de la Guerra Fría, por lo menos hasta la caída del bloque socialista y la disolución de la Unión Soviética, ya que el 1 de Enero de 1993 volvió a separarse de Chequia para independizarse de manera definitiva como Eslovaquia.
Bibliografía:
-Santiago Mata, El Ejército Eslovaco durante la Segunda Guerra Mundial, «La Guerra en Eslovaquia. Hasta el final de la guerra», Revista Serga Nº18 (2002), p.54-55
-Carlos Canales y Miguel del Rey, Guerras sin Recuerdo, Conflictos Olvidados entre 1939 y 1945, «La prueba del valor: la Insurreción Eslovaca», Edaf (2026), p.460

