Invasión de Filipinas

Al producirse el ataque a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941 por el cual Japón forzó a Estados Unidos a entrar en la Segunda Guerra Mundial, simultáneamente la aviación japonesa bombardeó numerosos objetivos de los Aliados situados tanto en el Océano Pacífico como el Sudeste Asiático. De todos estos sectores atacados, la invasión de Filipinas fue una de las campañas más decisivas para el desarrollo posterior de la contienda.

Plan de Japón

Coordinando un ataque simultáneo a Pearl Harbor, Wake Island, Malasia, Birmania y Hong Kong, las Filipinas fueron consideradas uno de los objetivos más fundamentales para los japoneses. Por su situación geográfica, a medio camino entre Japón y el Sudeste Asiático, las Filipinas podían cortar en dos mitades las rutas militares y económicas del Imperio Japonés. Por este inconveniente y en caso de desatarse una guerra contra Estados Unidos, antes sería necesario ocupar las Islas Filipinas y ponerlas bajo tutela del “Mikado”.

Básicamente el plan japonés consistía en desembarcar sobre diversos sectores de Luzón, principal isla de las Filipinas, con la finalidad de tomar y rodear a los estadounidenses aprovechando el factor sorpresa. Para ello el XVI Ejército Japonés al mando del general Masaharu Homma con la 16ª División de Infantería procedente de Formosa, la 48ª División de Infantería procedente de las Islas Ryûkyû-Palau y posteriormente por la 4ª División de Infantería “Yodo” procedente de China, acompañadas por los 4º y 7º Regimientos Blindados y la 65ª Brigada de Infantería, desembarcarían en los tres sectores de Aparri y Gonzaga al norte, Vigan y Lingayen al oeste, y Legazpi y la Bahía de Lamón al sur. Simultáneamente otras fuerzas menores que incluían dos regimientos de infantería, cinco batallones antiaéreos y un batallón de artillería de campaña se entretendrían en ocupar los archipiélagos más pequeños y objetivos secundarios.Toda esta fuerza sería transportada y escoltada a través del mar por la 3ª Escuadra Naval del vicealmirante Ibo Takahashi y cubierta desde el aire por la 11ª Flota Aérea, la 5ª División Aérea y el portaaviones Ruyjo.

Japón desplegó a un total de 129.435 tropas, 604 aviones, y 64 navíos (1 portaaviones, 10 cruceros, 29 destructores, 17 dragaminas, 3 portahidroaviones y 4 torpederos).

XVI Ejército Japonés:
4ª División de Infantería “Yodo”
16ª División de Infantería
48ª División de Infantería
65ª Brigada de Infantería
4º Regimiento Blindado
7º Regimiento Blindado
3ª Escuadra Naval
11ª Flota Aérea
5ª División Aérea

Plan de los Aliados

Filipinas era un satélite dentro de una especie de “Commonwealth Filipina” tutelada por Estados Unidos desde su victoria contra España en la Guerra Hispano-Americana de 1898. No obstante, si las relaciones de los filipinos con los españoles habían sido malas, con los estadounidense fue peor, especial tras la Guerra Filipino-Americana de 1899 a 1902 que costó a la población filipina más de 1 millón de muertos. Sin embargo y a medida que avanzó el siglo XX las relaciones entre ambos países mejoraron, sobretodo con el nombramiento del Presidente pro-americano Manuel Quenzón en 1935 y salvo las protestas, a veces violentas, de movimientos fascistas filipinos proclives al Eje como el Partido Sakdalista y la Falange Filipina. Así pues la integración a la hora de convivencia entre norteamericanos y filipinos fue muy buena hasta que Japón se interesó por Filipinas en la Segunda Guerra Mundial.

Geográficamente las Filipinas eran un cúmulo de 7.107 islas, siendo la mayor Luzón, donde se ubicaba la capital de Manila. Precisamente allí el Ejército Estadounidense al mando del general Douglas McArthur disponía de su mejor unidad, la 1ª División de Infantería “Filipinas”, escoltada por el Grupo Blindado Provisional. Mientras tanto en los alrededores los norteamericanos disponían de manera irregular el 10º Regimiento de Ametralladoras, el 12º Regimiento de Caballería y el 34º Regimiento de Infantería recientemente desembarcado desde América, así como el 4º Regimiento de Marines, uno de los cuerpos más profesionales en operaciones en la jungla, además de otras fuerzas menores como batallones de artillería de costa, intendencia, ingenieros, policía, médicos, etcétera. Simultáneamente la aviación se agrupaba en la Fuerza Aérea del Lejano Oriente (Far East Air Force) con 157 aviones de todos los tipos en los Aeródromos de Clark e Iba; y la flota en la Marina Asiático-Estadounidense (Asian US Navy) con más de cincuenta buques anclados en la Bahía de Manila, entre estos los dos cruceros USS Houston y USS Marblehead.

General Douglas McArthur, al mando del Ejército Estadounidense en Filipinas.

El Ejército Filipino al mando del general Vicente Lim sumaba un total de 10 divisiones con más de 100.000 tropas y otros tantos milicianos encuadrados en los “Scouts Filipinos”. Anticuado y poco efectivo, el Ejército Filipino estaba formado mayoritariamente por jóvenes soldados sin experiencia o bien por numerosos reservistas no capacitados para llevar a cabo una guerra moderna. A esto se añadía la dificultad de comunicación entre las distintas unidades, ya que en Filipinas se hablaban más de 170 lenguas y la fractura social entre cristianos y musulmanes era muy profunda, prefiriendo ambos hacer la guerra por su cuenta. Así pues, ante este oscuro panorama militar, el Ejército Filipino dependía únicamente de las fuerzas estadounidenses en la isla y por tanto del resultado futuro entre Washington y Tokyo.

Los Aliados desplegaron a un total de 31.095 soldados (16.643 estadounidenses y 14.452 filipinos), 157 aviones (91 cazas P-40 Warhawk, 34 bombarderos B-17 y 32 hidroaviones PYB Catalina) y 53 navíos (2 cruceros, 13 destructores, 6 cañoneros, 6 lanchas torpederas y 29 submarinos).

Ejército Estadounidense:
·1ª División de Infantería “Filipinas”
-12º Regimiento de Intendencia
-26º Regimiento de Caballería
-43th Batallón de Infantería
-45th Batallón de Infantería
-47th Batallón de Infantería
-47ª Compañía de Transporte Motorizado
-23ª Compañía de Artillería de Campaña
-71th Batallón Médico
-74th Batallón de Intendencia
-87ª Compañía de Artillería de Campaña
-88ª Compañía de Artillería de Campaña
·Grupo Provisional Blindado
-192th Batallón Blindado
-194th Batallón Blindado
·4º Regimiento de Marines
·10º Regimiento de Ametralladoras
·34º Regimiento de Infantería
·59th Batallón de Artillería Costera
·60th Batallón de Artillería Costera
·91th Batallón de Artillería Costera
·92th Batallón de Artillería Costera
·515º Regimiento de Artillería Costera
·200º Regimiento de Artillería Costera
·202th Batallón de Ingenieros Filipinos
·808th Batallón de Policía
·Fuerza Aérea del Lejano Oriente
-19º Escuadrón de Bombardeo
-27 Escuadrón de Bombardeo
-24º Escuadrón de Persecución
-35º Escuadrón de Persecución

Ejército Filipino:
11ª División de Infantería
21ª División de Infantería
31ª División de Infantería
41ª División de Infantería
51ª División de Infantería
61ª División de Infantería
71ª División de Infantería
81ª División de Infantería
91ª División de Infantería
101ª División de Infantería

Bombardeo a Filipinas

A las 2:30 horas de la noche del 7 de Diciembre de 1941, el general Douglas Mc.Arthur en Filipinas recibió la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor (por aquel entonces franja horaria matutina). Alertado por el bombardeo que estaba teniendo lugar en las Islas Hawaii, decretó zafarrancho de combate y declaró máxima alerta primero en Luzón y luego en el resto de los archipiélagos, siendo todas las tropas filipino-americanas desplegadas y a la espera en sus puestos de batalla.

Pintura en la que cazas P-40 Warhawk se enfrentan al ataque sorpresa de los Zeros japoneses sobre los cielos de Luzón, Filipinas. Desde el 7 de Diciembre de 1941 el Zero demostró su superioridad en el aire frente a los demás cazas enemigos tanto en Pearl Harbor como en Filipinas.

Queriendo adelantarse a los japoneses, sobre las 8:00 de la mañana todos los bombarderos B-17 norteamericanos y cazas P-40 despegaron de sus respectivos aeródromos para patrullar el cuelo filipino y dar caza a la posible llegada de aviones japoneses. Sin embargo a medida que avanzaba la mañana nadie hizo acto de presencia, por lo que McArthur ordenó hacer regresar a todos los aparatos en el aire con la intención de ser repuestos de gasolina y cargados con bombas para a continuación viajar a Formosa y bombardear objetivos militares nipones. No obstante, lo que jamás pudieron imaginar los mandos norteamericanos en Filipinas, fue que mientras se iban a realizar las tareas de avituallamiento con sus aparatos en tierra, una oleada de aviones japoneses se encontraba sobrevolando el mar a punto de aparecer sobre Luzón.

Mientras los cazas y bombarderos norteamericanos se encontraban cargando las bombas en las pistas de los Aeródromos de Clark e Iba, un grupo de 25 aviones japoneses apareció repentinamente sobre Luzón, soltando las primeras bombas en los cuarteles de Tuguegarao y Baguio, causando graves daños y algunos muertos. Acto seguido, alrededor de las 12:15 horas, otros escuadrón mayor de 84 cazas y 108 bombarderos nipones atacaron el Aeródromo Clark. Inmóviles sobre las pistas y con las bombas a medio cargar, los aparatos estadounidenses fueron bombardeados y ametrallados por los aviones japoneses, siendo destruidos uno a uno con pasmosa facilidad. Finalizado el ataque el resultado fue catastrófico para los estadounidenses porque perdieron 103 aviones (56 cazas P-40, 17 bombarderos B-17 y otros 30 aparatos de diversos tipos), lo que constituyó la completa aniquilación de la Fuerza Aérea del Lejano Oriente en las primeras 24 horas de batalla.

Desembarco en Luzón

Oficialmente la operación anfibia japonesa en Filipinas comenzó el 10 de Diciembre de 1941 cuando la 48ª División de Infantería Japonesa a bordo de los navíos de la 3ª Escuadra Naval escoltada por el crucero Nagara, se presentó ante las playas de Luzón. Nada más aproximarse a la costa, un grupo de aviones norteamericanos atacaron la formación japonesa, dañando levemente con sus bombas dos buques de transporte antes de que apareciesen cazas Zero y les obligaran a retirarse. Una vez despejado el cielo, un grupo de 200 soldados japoneses desembarcó en Luzón, tomando tierra en Aparri, Gonzaga y Vigan al norte de la isla donde durante las horas siguientes fueron incrementando sus efectivos tras la llegada de numerosas tropas y material. Simultáneamente otro grupo nipón desembarcó y ocupó apenas sin encontrar oposición la cercana Isla de Camiguin. Todo este tipo de operaciones se efectuaron con una respuesta mínima por parte estadounidense, ya que únicamente una serie de bombarderos B-17 atacaron las cabezas de playa sin éxito, resultando uno de estos, el del capitán Collin Kelly, abatido por un caza Zero del “as” Saburo Sakai, lo que constituyó su primer derribo de la contienda.

Pintura que representa un ataque de los Zeros a un aeródromo americano en Filipinas. Sobre la pista cazas P-40 Warhawk y bombarderos B-17 ardiendo en tierra, sin los artilleros de las piezas antiaéreas poder hacer nada por evitarlo.

Al día siguiente, el 11 de Diciembre, los japoneses volvieron a bombardear Luzón sin causar muchos daños a causa de una densa niebla que se levantó, lo que a su vez impidió también a los norteamericanos atacar las cabezas de playa niponas que se fueron reforzando con la llegada de equipo de pesado. Una vez la niebla se disipó el 12 de Diciembre, 100 aviones japoneses cubrieron otra operación anfibia en Legazpi, al sur de Luzón; al mismo tiempo que el contingente del norte arrebataba al Ejército Filipino los Aeródromos de Tuguegarao y Laoag. Tal cosa favoreció que el 13 de Diciembre las tropas japonesas iniciaran la ofensiva partiendo desde Vigan contra el Golfo de Lingayen, principal obstáculo antes de Manila. Ante aquella tan delicada situación, el general McArthur ordenó que todos los navíos anclados en la Bahía de Manila, así como los 20 aviones operativos, abandonasen Filipinas para refugiarse en Australia.

Desembarco en Mindanao y Joló

A las 4:00 horas del 20 de Diciembre de 1941, los japoneses desembarcaron en Mindanao, la siguiente islas más grande en tamaño de Filipinas situada al sur del archipiélago. Defendido el territorio insular por un pelotón del 10º Regimiento de Ametralladoras Estadounidense, los norteamericanos causaron numerosas bajas a los japoneses en la playa de Davao. Sin embargo el fuego de los cruceros nipones anclados frente a la costa desbarataron a los defensores, a los que obligaron a replegarse a un aeródromo en el interior de la isla hasta ser completamente aniquilados. Bastaron sólo unas pocas jornadas para que toda Mindanao pasara a estar bajo el control del Ejército Imperial Japonés.

Joló fue la siguiente isla de cierta importancia estratégica en la cual los japoneses también desembarcaron el 20 de Diciembre. A pesar de que en esta ocasión la resistencia presentada por los filipinos y estadounidenses fue mayor, los defensores terminaron siendo vencidos y Joló conquistada el día 24.

Avance hacia Manila

Con todas los efectivos y refuerzos desembarcados el 24 de Diciembre, los japoneses iniciaron su avance desde el norte Luzón marchando paralelamente a la costa occidental. A pesar de que encontraron cierta resistencia en la ciudad de Bauang donde sufrieron numerosas bajas, los japoneses terminaron rechazando a los norteamericanos, ocupando el puerto del Rosario, destruyendo a un batallón filipino y conquistando la ciudad de Baguio. Simultáneamente, al caer la tarde, 7.000 tropas de la 16ª División de Infantería Japonesa desembarcaron en las playas de Atimonan y Siain. Esta nueva fuerza expedicionaria que muy pronto penetró hacia el interior de Luzón, aseguró la Bahía de Lamón y cortó en dos mitades la Península de Bicol, antes de continuar su progreso hacia Batangas. Mientas tanto el general McArthur, comprendiendo el peligro real de quedar embolsado por culpa del nuevo desembarco, trasladó a su Estado Mayor a la más segura Isla de Corregidor.

Tranquilo transcurrió el 25 de Diciembre, Día de Navidad, hasta que la jornada del 26 tanques japoneses Ha-Go ocuparon la ciudad de Carmen y cortaron la carretra hacia Manila. Aquello supuso la retirada del Ejército Filipino en una serie de convoyes ferroviarios, siendo atacados algunos trenes durante el trayecto por avanzadillas niponas, aunque la mayoría de las veces inútiles gracias a la aparición oportuna de tanques estadounidenses a modo de escolta. Durante los días siguientes tanto las tropas filipinas como norteamericanas resistieron en Cabanatuán hasta que los japoneses rompieron el frente y avanzaron directos hacia Manila, donde se atrincheraron las 11ª y 21ª Divisiones de Infantería Filipinas a la espera de presentar una heroica defensa.

Manila era el objetivo más lógico al que apuntarían los japoneses, aunque el general Masaharu Homma cambió de parecer en el último momento y se decidió ir a por la Península de Bataán con la esperanza de aniquilar a todas las divisiones enemigas allí estacionadas. De hecho en el primer asalto nipón a Bataán se consiguió abrir una brecha en las líneas norteamericanas, por lo menos hasta que artillería filipina cayó sobre los japoneses y desbarató su ataque. Ante la imposibilidad de rodear al enemigo por culpa de los pantanos en los flancos, las tropas niponas cargaron frontalmente hacia la carretera de asfalto, resultando el ataque un auténtico fracaso porque cientos de japoneses fallecieron a tiros de ametralladora o combatiendo cuerpo a cuerpo, a pesar de que los norteamericanos también sufrieron elevadas bajas, sobretodos los tanques Stuart M3 contra los más poderosos Ha-Go. Así pues, mientras los japoneses se desangraban en Bataán, rápidamente cientos de vehículos y tanques aliados a través del Río Culo trasladaron infinidad de tropas y material de guerra destinados a la defensa de Manila.

Tras la desastrosa campaña de los Aliados en la Isla de Luzón, la mayor parte de las tropas estadounidenses y filipinas se concentraron en la Península de Bataán. Separada del resto del archipiélago por una línea defensiva de 14 kilómetros en forma de selvas y riscos montañosos, Bataán albergó a un total de 80.000 soldados dispuestos a defenderse, a pesar de que la mayoría estaban escasos de munición, vivían en unas condiciones higiénicas terribles y estaban enfermos de malaria.

Al mismo tiempo que se combatía en Bataán, los japoneses prepararon el asalto a Manila el 29 de Diciembre mediante una serie de bombardeos aéreos a la Isla de Corregidor, una de las principales guarniciones norteamericanas situada a un islote a la entrada del puerto. De este modo a la 11:42 horas de la mañana, un escuadrón de cazas Zero lanzó un ataque contra los defensores de Corregidor; incursión a la que siguió un segundo raid a las 12:30 con 40 aparatos (22 bombarderos pesados Mitsubishi G3M y 18 bombarderos en picado Aichi Val); y un tercero al mediodía con 60 bombarderos más que causaron serios desperfectos a la isla a costa de 7 aviones japoneses derribados (4 Aichi Val y 3 Mitsubishi G3M) por las piezas de artillería antiaérea.

Incomunicada Manila y tras ser objetivo de numerosos bombardeos aéreos, el XVI Ejército Japonés aprovechó la fuga del mayor grueso de las tropas aliadas a la Península de Bataán para romper el frente, superar las defensas y entrar en la capital destruyendo a las 11ª y 21ª Divisiones de Infantería Filipinas. Así fue como finalmente el 2 de Enero de 1942, los soldados japoneses entraron triunfales en Manila.

Asedio de Bataán

A las 15:00 horas del 9 de Enero de 1942, los japoneses comenzaron la invasión a gran escala de Bataán justo después de soltar miles de panfletos publicitarios lanzados desde aviones para invitar a la rendición. Inicialmente penetraron 5 kilómetros al interior, aunque a partir de dicha distancia fueron bombardeados por cañones filipinos y estadounidense que les obligaron a cubrirse dentro de un campo de cañas de azúcar cercano donde tuvieron que pasar la noche. Nada más amanecer el 10 de Enero, los nipones salieron de la vegetación y efectuaron una suicida carga “Banzai” que llegó hasta las alambradas del enemigo, antes de ser acribillados y masacrados. Aquel fracaso costó una carnicería que acabó con la vida de 300 soldados japoneses.

Avance japonés de la infantería sobre las defensas norteamericanas con apoyo de artillería y un tanque Ha-Go.

Paralizada la primera ofensiva japonesa, el 11 de Enero se desencadenó una segunda que terminó con un resultado igual de insatisfactorio. No obstante al día siguiente, el 12 de Enero, consiguieron a costa de muchas bajas arrebatar a las tropas filipinas una colina sobre la que desplegaron artillería para bombardear mejor las posiciones aliadas. A partir de este instante el frente en Bataán se estancó durante dos semanas sin ningún bando avanzar ni retroceder, salvo por la excepción de la conquista de la Península de Bicul por parte japonesa. Mientras tanto ambos bandos tantearon la situación intentando descubrir un punto débil al contrario, algo que creyeron haber encontrado los nipones cuando fueron conscientes de que los norteamericanos trataban en condiciones de inferioridad a sus compañeros filipinos, a quienes más exponían en primera línea y reducían sus víveres en propio beneficio. Desde entonces los japoneses organizaron una intensa campaña propagandística mediante la cual desde aviones lanzaron sobre los filipinos una serie fotografías con ilustraciones de platos de comida deliciosa, mujeres desnudas y madres que lloraban la muerte de sus hijos. Sin embargo y pesar del montaje sensacionalista, pocos fueron los filipinos que desertaron.

Un nuevo ataque sobre Bataán desarrollaron los japoneses el 23 de Enero, donde por primera vez penetraron en las líneas filipino-estadounidenses y destruyeron importantes emplazamientos de artillería. Ante este suceso inesperado, los Aliados comenzaron el repliegue hacia otra línea de protección en retaguardia, siendo perseguidos por las avanzadillas niponas que el día 26 tomaron la aldea de Orión. Sin embargo una vez afianzadas las nuevas posiciones, los filipinos y estadounidenses volvieron a frenar en seco el avance japonés el 31 de Enero.

Muy preocupado por la situación en el Lejano Oriente, a inicios de Febrero de 1942 el Presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, intentó revertir la situación por medios diplomáticos intentando que Filipinas se declarase neutral a la Segunda Guerra Mundial a cambio de una retirada pactada tanto de las tropas norteamericanas como japonesas. Sin embargo aquella idea era absurda a aquellas alturas de la campaña, ya que los japoneses estaban a punto de obtener la victoria y no lógicamente no iban a aceptar tal cosa. Ante esta negativa, Roosevelt no tuvo más remedio que ordenar al general Douglas McArthur y las autoridades filipinas que abandonasen el archipiélago para continuar la guerra en el exilio desde Australia. Así fue como McArthur, afligido y triste, expresó su famosa frase: “¡Volveré!”. Acto seguido, el general junto a su esposa e hija pequeña, abandonaron Bataán el 11 de Marzo a bordo de una lancha torpedera que cruzó el mar hasta la Isla de Mindanao, para una vez allí embarcar en un bombardero B-17 que los llevó a Australia.

Jonathan Waijinwright fue el nuevo general que asumió el mando de las fuerzas aliadas cercadas en la Península de Bataán. Desgraciadamente para él, su ejército estaba mermado y prácticamente incapacitado. Por ejemplo la falta de alimentos extendió el hambre, los casos de malaria y disentería aumentaron y la falta de vitaminas generó el escorbuto. Por si fuera poco apenas sobraban medicamentos, pero tampoco mulas y caballos para el transporte, ni siquiera cigarrillos e incluso los uniformes y las botas de los combatientes estaban hechos trizas. A estas pésimas condiciones se tuvo que sumar el bombardeo diario de los aviones japoneses y la presión psicológica que eso suponía para las tropas.

Tras aproximadamente cuatro meses de combates sobre Filipinas, el 3 de Abril de 1942 los japoneses desencadenaron la ofensiva final. Precedido el asalto por un intenso bombardeo de aviones, cañones y morteros, la infantería japonesa penetró más de un kilómetro en las líneas enemigas. Al día siguiente, el 4 de Abril, el avance japonés prosiguió imparable al mismo tiempo que un escuadrón de bombarderos en picado japoneses Aichi Val localizaban en campo abierto a dos batallones norteamericanos, a los cuales atacaron y prácticamente aniquilaron. Gracias a aquella coordinación entre las fuerzas terrestres y aéreas, los nipones atravesaron el frente enemigo sin oposición hasta ocupar el día 7 las localidades de Limay y Limao, además de hacer cumbre en los Montes Mariveles, la última posición entre las montañas y el mar.

Desesperados ante la proximidad de los japoneses, los norteamericanos atacaron las faldas de los Montes Mariveles, siendo repelidos y hostigados por la artillería y aviación japonesa. Aquel fue el último intento de ruptura protagonizado por los estadounidenses, ya que el general Jonathan Waijinwright prohibió más contraataques ante la inviabilidad de victoria alguna. Así pues, desmoralizados y con las municiones agotadas, el 9 de Abril de 1942 un grupo de parlamentarios estadounidenses izó la bandera blanca y pactaron dialogar con los japoneses.

Finalmente a últimas horas del 9 de Abril de 1942, toda la guarnición filipino-estadounidense capituló ante el Imperio Japonés. Los Aliados encajaron un auténtico desastre militar sin precedentes tras sufrir 115.000 bajas (10.000 muertos, 20.000 heridos y 75.000 prisioneros), sobreviviendo únicamente 2.000 soldados estadounidenses que se refugiaron en la Isla de Corregidor para presentar una última resistencia ante sus oponentes. Japón por otro lado solamente sumó 19.000 bajas (7.000 muertos y 12.000 heridos).

Asalto a Corregidor

La Isla de Corregidor era un territorio insular que custodiaba la entrada a la Bahía de Manila separada de Luzón únicamente por una franja de agua de 3 kilómetros y 200 metros. También conocida como el “Gibraltar del Pacífico” contaba con una serie de excelentes defensas costeras, almacenes de municiones, cuarteles, abundantes víveres y túneles de municiones, lo que le valió ser bautizada por sus defensores como la “roca” a la que erróneamente consideraban inexpugnable.

Pintura en la que artilleros estadounidenses se defienden como pueden de la aviación japonesa en sus cañones antiaéreos durante los ataques a la Isla de Corregidor a principios de Mayo de 1942.

Aproximadamente un total de 15.000 soldados estadounidenses y filipinos defendían el último baluarte de las Filipinas en Corregidor. Al mando del general Jonathan Waijinwright que acababa de escapar de Bataán, la principal fuerza que custodiaba el islote era el 4º Regimiento de Marines, además de unidades menores como dos compañías de apoyo, una de policía militar, otra de ingenieros y un destacamento de servicios. Simultáneamente la isla disponía de unos excelentes dispositivos de protección costera con 45 piezas de artillería repartidas en 23 baterías independientes distribuidas en una serie de fortalezas de la siguiente manera: el Fuerte Hughes con 800 efectivos, el Fuerte Frank con 400 y el Fuerte Drum con 200.

Japón por el contrario desplegó a un contingente enorme para desembarcar y ocupar Corregidor. Se trató de un grueso de invasión compuesto por la 4ª División de Infantería “Yodo”, una fuerza veterana recién traída desde China, así como 75.000 soldados de otros cuerpos apoyados desde el cielo por los aparatos de la 5ª División Aérea.

El 31 de Abril de 1942, el Ejército Imperial Japonés inició su bombardeo preliminar contra Corregidor utilizando grandes cantidades de artillería y aviación. Durante dos días los nipones se centraron especialmente en las Baterías “Coreckett” y “Geary”, hasta que el 2 de Mayo, un proyectil de alto calibre perforó el cemento de este último, detonando la dinamita y causando un gigantesco estallido que sacudió enteramente la isla. Justo tras quedar toda la Bahía de Manila cubierta por una nube de humo, cientos de escombros llovieron en todas direcciones y miles de soldados sufrieron hemorragias de oído y roturas de tímpanos. Incluso algunos morteros instalados en puestos defensivos fueron despedidos por los aires a causa de la onda expansiva, llegando a caer uno de estos a más de 100 metros de distancia sobre un campo de golf. Sin duda alguna aquello sólo fue un preludio del infierno que todavía estaba por desatarse.

Durante todo el día 5 de Mayo, la artillería japonesa emplazada en Luzón bombardeó intensamente las playas al norte de Corregidor lanzando un total de 16.000 proyectiles. Mientras tanto a las 21:00 horas de la noche, un total de 790 soldados japoneses de la 4ª División de Infantería subieron a las lanchas de desembarco y emprendieron la marcha hacia Corregidor navegando a través de la Bahía de Manila. Todo parecía estar marchando bien hasta que unas corrientes marinas en medio del canal desviaron a las barcazas lejos de sus objetivos. Gracias a ello los marines y filipinos que defendían la orilla escucharon el ruido de lanchas motoras, por lo que abrieron fuego disparando con sus ametralladoras, fusiles y morteros contra la formación naval enemiga. La masacre en el agua fue terrible porque el 70% de las embarcaciones fueron hundidas y los japoneses que llegaron nadando a las playas tuvieron que cavar defensas para protegerse de las balas enemigas. Por culpa de aquel incidente que el general Masaharu Homma no previó, ordenó a medianoche que partiese la segunda oleada.

Bajo el amparo de la oscuridad de la noche del 5 al 6 de Mayo, numerosas tropas de refresco japonesas empezaron a fluir hacia las playas de Corregidor y a incrementar los efectivos desembarcados durante la desastrosa primera oleada. De esta forma, una vez asentados en la orilla y siendo superiores en número, los japoneses dejaron atrás las playas, vencieron a los defensores en la costa y se adentraron hacia el interior de la isla. Tan rápida fue la reacción de los nipones que esa misma noche neutralizaron el emplazamiento artillero del sector “Denver” y penetraron en el Túnel de Malinta, protagonizando un combate contra las fuerzas estadounidenses dentro de la montaña que finalmente terminó con victoria japonesa.

Al amanecer del 6 de Mayo los japoneses ya se habían hecho con el control de varias cabezas de playa en Corregidor a pesar de que los filipino-estadounidenses resistieron en muchos puntos con ferocidad. De hecho, tal fue la intensidad de la lucha que en ocasiones los norteamericanos combatieron arrojando viejas granadas de la Primera Guerra Mundial y retando a sus oponentes con bayonetas. Sin embargo el valor no fue suficiente porque rápidamente los japoneses, apoyados por tres tanques Ha-Go, envolvieron a los defensores y les aislaron del resto de la isla.

Pintura en la que una lancha de desembarco japonesa cruza la Bahía de Manila rodeada por los disparos de las baterías costeras de la isla. Ni siquiera los aviones nipones fueron capaces de ofrecerles cobertura y muchos resultaron derribados.

Incapaces de resistir por más tiempo, a las 10:00 horas del 6 de Mayo, los estadounidenses emitieron un mensaje a Tokyo por el cual se ofrecían a dialogar una eventual rendición. Así pues, mientras tenían lugar las negociaciones entre ambos bandos, los soldados estadounidenses aprovecharon para destruir todas las municiones, inutilizar el armamento, consumir los víveres e incluso beberse todo el alcohol para no dejar nada en manos de los japoneses. Al día siguiente, el 7 de Mayo, las tropas norteamericanas y filipinas con el general Jonathan Waijinwright a la cabeza, izaron banderas blancas y se rindieron.

Curiosamente algunos soldados estadounidenses se rindieron un día después de la capitulación, ya que al encontrarse incomunicados, tardaron 24 horas en enterarse de lo ocurrido. Fue entonces como el 8 de Mayo de 1942, Corregidor fue ocupado y por tanto las Filipinas completamente conquistadas.

Aproximadamente la Batalla de Corregidor costó a los Aliados un total de 27.000 bajas (15.000 muertos,1.000 heridos y 11.000 prisioneros). Mientras tanto Japón sufrió unas 2.100 bajas (900 muertos y 1.200 heridos).

Consecuencias

El 10 de Abril de 1942, Radio Manila comunicó oficialmente la ocupación de Bataán. Ante este suceso todas las Islas Filipinas pasaron a formar parte del Imperio Japonés, el cual afianzó una de las posiciones estratégicas más importantes del Océano Pacífico y vital para su posterior expansión hacia el sur, más en concreto hacia las Islas Orientales Holandesas y Nueva Guinea. También la victoria significó un triunfo absoluto de las armas japonesas sobre sus enemigos, ya que los Aliados sufrieron alrededor de 150.000 bajas, siete veces más que los propios nipones, lo que otorgó a estos últimos un esteriotipo de “invencibilidad”.

Los Aliados sufrieron 146.000 bajas (25.000 muertos, 21.000 heridos y 100.000 prisioneros) y el derribo de 130 aviones.

Japón sufrió 22.700 bajas (9.000 muertos, 13.200 heridos y 500 desaparecidos).

Ocupadas las Islas Filipinas, Japón mantuvo su soberanía nacional a cambio de que la nueva administración satélite filofascista, bautizada como II República Filipina al frente del Presidente José Laurel, se adhiriese al Eje y a la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental, aportando los recursos económicos y militares necesarios a la causa. Menos suerte sin embargo tuvieron los 100.000 prisioneros filipino-estadounidenses, ya que se les hizo caminar sin agua ni comida durante días en un suceso conocido como “Marchas de la Muerte de Bataán” que dejaron un trágico saldo de 10.000 muertos.

Filipinas permaneció bajo control de Japón toda la Segunda Guerra Mundial. La ocupación se mantendría hasta que el Ejército Estadounidense recuperó el archipiélago en 1945, momento en que el general Douglas McArthur cambió su frase de “¡Volveré!”, por la de “¡He vuelto!”. Sin embargo ya nada sería igual, pues cuatro años de presencia japonesa, de guerrilla y de colaboración modificaron notablemente la mentalidad de los filipinos, lo que de manera inevitable convirtió la retirada estadounidense de 1941 en una retirada para siempre. Así fue como ante las presiones de los mismos filipinos, un año después de la reconquista del archipiélago en 1946, la Commonwealth Americana fue disuelta y las Islas Filipinas obtuvieron su ansiada independencia.

 

Bibliografía:

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