Guerra de Invierno

La Guerra de Invierno, también conocida como Guerra Ruso-Finesa, fue uno de los mayores focos de conflicto en las fases iniciales de la Segunda Guerra Mundial. Librada entre la Unión Soviética y Finlandia desde finales de 1939 hasta comienzos de 1940, el pueblo finlandés defendió su patria protagonizando una de las resistencias más feroces y populares del siglo XX.l.

Causas

Cuando se firmó el Pacto de No Agresión Germano-Soviético o “Ribbentrop-Molotov” entre Alemania y la Unión Soviética, las cláusulas secretas prometieron a Moscú ciertos territorios de Finlandia a cambio de la cooperación militar del Ejército Rojo durante la invasión de Polonia. De hecho la libertad de acción para Adolf Hitler en el oeste de Europa cuando Gran Bretaña y Francia le declararon la guerra, la URSS la compensó mediante la autorización alemana para ocupar Polonia Oriental, Lituania, Letonia y Estonia que pasarían a quedar sometidas bajo la órbita comunista.

Mariscal Carl Emil Gustav Von Mannerheim del Ejército Finlandés.

Finlandia era uno de los objetivos estratégicos que más importancia otorgaba la URSS para su política de seguridad común en Europa Oriental y el Mar Báltico. Este país habitado por suomis y lapones, así como por una importante comunidad sueca, había sido anexionado por Rusia durante las Guerras Napoléonicas de 1809, por lo menos hasta la proclamación de su independencia en 1917 tras la derrota del Imperio Ruso en la Primera Guerra Mundial. Justo a partir de ese instante, la Rusia Bolchevique intentó expandir el comunismo en la región precipitando la Guerra Civil Finlandesa de 1918 que libraron la Guardia Roja y la Guardia Blanca, la cual precisamente ganó esta última gracias a la ayuda militar de Alemania y Suecia, así como por la magistral estrategia del general finés Carl Emil Gustav Von Mannerheim en la Batalla de Tampere. Una vez aplastado el comunismo en toda el país y expulsadas las tropas rusas en 1919, la nueva Finlandia se erigió como una nación democrática e influyente en la Península de Escandinavia.

Iósif Stalin que durante la Guerra Civil Finlandesa había sido Comisario de Nacionalidades para la Rusia Bolchevique y había fracasado a la hora de atraer a Finlandia al comunismo, se tomó como algo personal la cuestión de anexionarse esta nación por la fuerza bruta. Por eso mismo convocó una reunión de su Ministro de Asuntos Exteriores, Vyacheslav Molotov, con el Ministro de Asuntos Exteriores finés, el Conde Aarno Yrjö-Koskinen, a quién le propuso un arrendamiento de la base naval de Hanko y alargar la frontera soviética 65 kilómetros en el Istmo de Carelia, a cambio de ceder los soviéticos el doble del territorio en la Carelia Rusa. Lógicamente las autoridades de Heilsinki no se fiaron de la propuesta y la rechazaron, lo que llevó a Stalin a emitir una nueva oferta para comprar las bases de Hanko, Tanner y Paasikivi, la cual también fue denegada.

Como por medios pacíficos el Kremlin jamás podría convencer a Heilsinki de la entrega de Carelia y Hanko, el 23 de Noviembre de 1939 tuvo lugar el llamado “Incidente de Mainila”, cuando un grupo de soldados soviéticos fingieron un tiroteo con varios muertos para culpar falsamente al Ejército Finlandés de lo ocurrido. Solamente tres días más tarde, el 29 de Noviembre, la Unión Soviética y Finlandia rompieron relaciones diplomáticas para dar comienzo a la Guerra de Invierno.

Plan de la URSS

La Unión Soviética disponía de unas fuerzas inmensamente mayores para invadir Finlandia, aunque las autoridades del Kremlin y el propio Iósif Stalin desconocían de sus propias deficiencias en el mando y la estrategia con motivo de la “Gran Purga” de 1937 durante la cual había sido depurada una gran parte de la oficialidad profesional para ser sustituida por oficiales politizados y corruptos. Así pues, confiando nada más que en la superioridad numérica y material, el Ejército Rojo bajo el liderazgo del mariscal Semyón Timoshenko desplegó a sus fuerzas de la siguiente manera: los VII y XIII Ejércitos frente al Istmo de Carelia; el X Ejército frente al Lago Ladoga; y el IV Ejército en la Península de Kola frente a Laponia.

Aproximadamente el Ejército Rojo reunió a un total de 1.500.000 soldados, 1.200 tanques, 900 cañones y 700 aviones.

Ejército Rojo:
·VII Ejército
-XIX Cuerpo: 24ª División de Fusileros, 43ª División de Fusileros, 70ª División de Fusileros y 123ª División de Fusileros
-L Cuerpo: 49ª División de Fusileros, 90ª División de Fusileros y 142ª División de Fusileros
VIII Ejército
-Independientes: 75ª División de Fusileros y 139ª División de Fusileros
·IX Ejército
-XL Cuerpo Especial: 44ª División de Fusileros y 163ª División de Fusileros
·XIV Ejército
-Independientes: 52ª División de Fusileros y 54ª División de Fusileros

Plan de Finlandia

El Ejército Finlandés al mando del mariscal Carl Gustaf Emil Von Mannerheim basó su estrategia en el factor de la naturaleza debido a que las fronteras de Finlandia se hallaban protegidas por 70.000 lagos, infinidad de bosques y capas de hielo que impedían el paso tanto de tropas como de vehículos enemigos. Solamente en el Istmo de Carelia se concentraron los mejores hombres sobre una red de trincheras y búnkers que fue bautizada como “Línea Mannerheim”, la cual favorecía la guerra de guerrillas por el gran número de arboledas y parajes helados. Según la ubicación asignada, el despliegue de las fuerzas armadas finesas fue el siguiente: el Ejército del Istmo (seis divisiones y una brigada de caballería) en Carelia; el IV Cuerpo (dos divisiones y tres batallones) en el Lago Ladoga; y el Grupo “Laponia” junto a la Guardia Blanca y la Guardia Fronteriza entre Laponia y la costa del Océano Glacial Ártico.

Suecia que mantenía una activa amistad con Finlandia, envió al Cuerpo Voluntario Sueco del general Ernst Linder para contribuir a la defensa de Escandinavia. También Dinamarca prestó el Cuerpo Expedicionario Danés, Noruega a la Unidad de Voluntarios Noruegos, Hungría al Destacamento Voluntario Húngaro y Gran Bretaña al Cuerpo Voluntario Británico, además de constituirse el Batallón “Sisu” con voluntarios procedentes de Estonia, Letonia, Lituania, Holanda, Bélgica, Italia, Estados Unidos, Canadá, España y Portugal. Por último un contingente de 372 rusos anticomunistas se alistaron en el Ejército Finlandés y 346 fineses residentes en el extranjero volvieron a su patria para participar en la defensa.

Aproximadamente el Ejército Finlandés reunió un total de 225.000 soldados (214.000 fineses, 8.000 suecos, 1.010 daneses, 752 noruegos, 372 rusos blancos, 350 húngaros y 340 británicos), 212 cañones, 59 tanques y 147 aviones (113 fineses, 20 suecos y 14 daneses).

Ejército Finlandés:
·Ejército del Istmo
-II Cuerpo: 4ª División de Infantería, 5ª División de Infantería, 11ª División de Infantería y 5ª Brigada de Caballería
-III Cuerpo: 8ª División de Infantería y 10ª División de Infantería
-Reserva: 1ª División de Infantería
·IV Cuerpo
-Independientes: 12ª División de Infantería, 13ª División de Infantería, 8th Batallón de Infantería, 9th Batallón de Infantería y Batallón Ciclista
·Grupo de Laponia
·Guardia Blanca
·Guardia Fronteriza
·Voluntarios Internacionales:
-Cuerpo Voluntario Sueco
-Cuerpo Expedicionario Danés
-Cuerpo Voluntario Británico
-Unidad de Voluntarios Noruegos
-Destacamento Voluntario Húngaro
-Batallón Extranjero “Sisu”

Guerra de Invierno

A las 6:50 horas de la mañana del 30 de Noviembre de 1939, el Ejército Rojo de la Unión Soviética desencadenó la ofensiva contra Finlandia sobre un frente de 1.537 kilómetros que abarcó desde el Istmo de Carelia hasta la Península de Kola. A las tropas soviéticas que cruzaron la frontera fino-rusa, les acompañó un potente bombardeo de artillería que cubrió el avance en la “Línea Mannerheim” del VII Ejército Soviético en Carelia y del VIII Ejército Soviético en torno al Lago Onega. Casi simultáneamente, a las 9.00 horas la aviación soviética bombardeó Viipuri y a las 9:20 la capital de Heilsinki; antes de lanzar diferentes incursiones sobre otras 16 ciudades finlandesas que dejaron 957 civiles muertos.

Urgentemente el Gobierno de Heilsinki liderado por el Presidente Risto Ryti, trasladó la capital administrativa a Terijoki. Allí se nombró el 1 de Diciembre de 1939 un Gobierno de Salvación Nacional con todas las fuerzas políticas, entre las que estuvo incluida el Partido Comunista Finés, después de que su líder Arvo Tuominen denunciase públicamente la invasión soviética a la que calificó de criminal y en contra de los valores marxistas. El propio Iósif Stalin, sintiéndose traicionado por Arvo Tuominen, creó a toda prisa un nuevo Partido Comunista Finés alternativo que implantó un régimen provisional en las zonas ocupadas bajo el liderazgo de Otto Vilhem Kuusinen.

El Ejército Finlandés en Heilsinki al estallar la Guerra de Invierno.

La polémica internacional por la invasión de la URSS a Finlandia, causó verdadera indignación en Suecia, Noruega y Dinamarca que rompieron relaciones con Moscú y comenzaron a movilizar tropas hacia Escandinavia. Simultáneamente Gran Bretaña y Francia denunciaron lo ocurrido y a pesar de encontrarse sumergidas en la Segunda Guerra Mundial contra el Eje, enviaron ayuda como hicieron los ingleses en forma de voluntarios y los franceses con el suministro de material bélico. Solamente Alemania se mostró partidaria de la URSS, llegando a boicotear el esfuerzo de todas aquellas naciones democráticas que decidieron colaborar con Finlandia tal y como Adolf Hitler advirtió en un discurso: “Por un feliz mañana del pueblo soviético amigo”. Sin duda alguna, esta actitud chocó con algunos de los socios fascistas del Tercer Reich que como Hungría, decidió hacer caso omiso a los alemanes y facilitar un contingente a la Península Escandinava.

Todo parecía apuntar a una victoria incuestionable de la Unión Soviética hasta que el diminuto Ejército Finlandés comenzó a causar problemas al Ejército Rojo aprovechándose del favorable terreno natural compuesto por densos bosques nevados e infinidad de lagos que favorecieron las emboscadas y el acoso desde la retaguardia. A este tipo de escaramuzas que costaron la vida a cientos de rusos, siguió una política de tierra quemada en los campos que generó una grave ausencia de alimentos en pleno invierno y el hostigamiento a sus líneas internas mediante el empleo de esquiadores que se deslizaban durante la noche hacia la espalda del enemigo para provocar el caos. Otra de las hazañas utilizada fue la “táctica Motti” consistente en resistir frontalmente las oleadas del Ejército Rojo entre sólidas trincheras y tupidas arboledas, para a continuación lanzar pequeños contingentes por los flancos que dividían a las tropas rusas, las aislaban y finalmente las exterminaban. Por último y para acabar con los tanques se inventó el Cóctel Molotov (en honor al Ministro de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov) a base de una botella de gasolina rellena con un trapo en forma de mecha que era arrojada sobre los carros, los cuales rápidamente ardían y estallaban sin apenas poder defenderse.

Simultáneamente la Flota Roja del Báltico declaró una zona de exclusión situada a 12 millas náuticas de la costa de Rusia y 20 millas náuticas del litoral del Finlandia con la pretensión de impedir el tráfico marítimo y al mismo tiempo amenazando con hundir a todo aquel buque neutral que cruzase dichas aguas, una decisión que todavía causó más hostilidad internacional hacia Moscú. Sin embargo, dicha medida tampoco serviría de mucho porque los navíos rusos apenas pudieron aproximarse a los límites territoriales después de que el crucero Kirov, que imprudentemente se acercó a una distancia de 24 kilómetros el 1 de Diciembre de 1939, recibió un proyectil de 234 milímetros procedente de una batería costera en la vecina Isla de Russarö que explosionó en su costado y le provocó 47 bajas entre 17 muertos y 30 heridos.

A inicios de Diciembre de 1939 el progreso del Ejército Rojo fue mínimo porque únicamente ocupó el área de Maanselka y conquistó la ciudad de Pétsamo en la Península de Kola. Sin embargo en el resto de escenarios la situación era desesperante porque los soldados soviéticos avanzaban a paso de tortuga por inmensos bosques y pantanos helados, en donde eran fácilmente cazados por los tiradores fineses ocultos entre la niebla y el hielo. Por culpa de este enemigo invisible, la moral soviética cayó por los suelos, se multiplicaron las deserciones y también aumentaron las bajas por congelación como consecuencia de un equipo invernal inadecuado.

Soldado finlandés examina cañones soviéticos capturados en Carelia.

Bajo unas temperaturas de -40ºC grados bajo cero, las tropas del Ejército Rojo fueron víctimas de los “Sissit”, una serie de unidades especialistas en climas fríos que se componían por soldados equipados con uniformes de camuflaje blanco, esquís y trineos, los cuales rodeaban a sus enemigos aprovechándose de su mucha mejor movilidad y rapidez, para a continuación golpearles en la retaguardia y aniquilarles. Gracias a este tipo de tácticas, cuando el VIII Ejército Soviético ocupó la ciudad de Tohmajäriv el 8 de Diciembre de 1939, los “Sissit” efectuaron un contraataque por los flancos que desbordó a los rusos y les obligó a retirarse con un saldo de 5.000 muertos.

Si los problemas en Finlandia ya eran graves de por sí para la URSS, en el exterior tampoco las cosas le fueron mejor. Cuatro países de Latinoamérica entre los que se contabilizaron Chile, Perú, Paraguay y Bolivia denunciaron la agresión rusa a Finlandia y llevaron el caso a las instituciones internacionales de Ginebra en Suiza. Fue entonces cuando por unanimidad, el 14 de Diciembre de 1939 la Unión Soviética fue expulsada de la Sociedad de Naciones, convirtiéndose en el primer y único país en sufrir este varapalo diplomático. Pero por si aquello no fuera poco, el 22 de Diciembre un total de siete naciones latinoaamericanas entre las que estuvieron Argentina, México, Perú, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Haití, aprobaron el envío de ayuda urgente a Finlandia. Incluso la Italia Fascista de Benito Mussolini que hasta ese momento había permanecido al margen debido al Pacto de Acero con Alemania (esta última era pro-soviética tras el Pacto Ribbentrop-Molotov), decidió romper el silencio y solidarizarse con el pueblo finés entregando a la Fuerza Aérea Finlandesa un total de 35 aviones Fiat G.50 y 94.500 fusiles para las fuerzas de tierra.

Nuevamente el 22 de Diciembre de 1939 el Ejército Rojo fue contundentemente vencido durante una emboscada que pasó a ser conocida como la Batalla de Agaläjärvi, donde más de 2.600 soviéticos causaron bajas entre 2.000 muertos y 600 prisioneros. Al día siguiente de este desastre, el 23 de Diciembre, los contingentes del Ejército Finlandés situados cerca de la aldea de Agaläjärvi, pasaron al contraataque y consiguieron hacer retroceder a los rusos de sus posiciones de primera línea, aunque también ellos fueron detenidos por el fuego de ametralladora. No obstante y a pesar de evitar un descalabro general, las pérdidas para el Ejército Rojo fueron tan graves que varias divisiones tuvieron que ser sacadas del frente y regresar a Rusia.

La Batalla de Süomussalmi constituyó el mayor y más épico enfrentamiento de la Guerra de Invierno. Todo ocurrió el 30 de Diciembre de 1939 cuando el Ejército Rojo que seguía el curso del Lago Onega, remontó la carretera que unía Süomusslami con Oulu sin saber que a su retaguardia el enemigo acababa de cortar el camino erigiendo barricadas en los bosques. Rápidamente los cuerpos de defensa locales y reservistas liderados por el comandante Hjalmar Sïïlasvuo desencadenaron una ofensiva por la espalda que dejó atrapada a la 163ª División de Fusileros Soviética en Tolvajari y precipitó su más absoluta destrucción. Simultáneamente la 44ª División de Fusileros Soviética que había quedado algo más rezagada, también fue embolsada y aniquilada el 8 de Enero de 1940 en el pueblo de Süomussalmi. La magnitud de la catástrofe para el Ejército Rojo dejó un resultado de 23.000 bajas entre muertos y prisioneros, y la pérdida de 43 tanques, 100 cañones, 260 camiones y 1.170 caballos, a costa únicamente de 800 fineses fallecidos.

Soldados del Cuerpo Voluntario Sueco en Laponia.

Süomussalmi supuso un punto de inflexión en la dirección de la Guerra de Invierno por parte de los mandos del Ejército Rojo. El desastre cosechado en tierra, incluso también en el aire cuando la aviación sueca se sumó a la finesa y juntas abatieron a una alarmante cifra de aviones soviéticos sobre el Lago Märkäjärvi, obligó al Estado Mayor Soviético (STAVKA) a repensar toda su estrategia. Tanto Iósif Stalin como el mariscal Semyón Timoshenko llegaron a la conclusión de que las oleadas frontales utilizando grandes concentraciones de fuego no servían de nada porque los finlandeses conocían el terreno y se encontraban muy bien fortificados. La única solución a este problema sería renunciar a una victoria rápida y alegar a la paciencia, por lo que durante el restante mes de Enero de 1940 el Ejército Rojo permaneció atrincherado e inactivo mientras los observadores soviéticos iban recopilando información y localizando la posición exacta de todas las posiciones defensivas finesas de cara a la ofensiva que se estaba gestando para Febrero.

Al amanecer del 1 de Febrero de 1940, el Ejército Rojo desencadenó la gran ofensiva en Carelia mediante un potente bombardero preliminar de artillería que a diferencia de en otras ocasiones, fue devastador gracias a que durante las semanas previas se habían descubierto las defensas finesas. Bastaron unas pocas horas para que la mayor parte de los búnkers y blocaos de la “Línea Mannerheim” fueran destruidos y casi todas las fortificaciones disueltas ante la feroz lluvia de proyectiles, los cuales también impidieron al enemigo efectuar fuego de contrabatería debido a que las piezas del Ejército Finlandés resultaron pulverizadas. Una vez finalizado el bombardeo de los cañones y la aviación soviética, las tropas del Ejército Rojo asaltaron la “Línea Mannerheim” y a pesar de las bajas sufridas, fueron rebasando poco a poco las trincheras y eliminando a los focos de resistencia que presentaron los finlandeses.

El 17 de Febrero de 1940 el Ejército Rojo finalmente superó la “Línea Mannerheim” e irrumpió en el Istmo de Carelia. Simultáneamente al norte del país, las tropas soviéticas lanzaron una nueva ofensiva sobre Laponia que inicialmente logró algunos avances, aunque el 25 de Febrero los soldados del Cuerpo Voluntario Sueco rechazaron a los soviéticos y les forzaron a retirarse. Este inesperado revés demostró que todavía los escandinavos era una fuerza temible y formidable, exactamente tal y como por ejemplo manifestó la aviación fino-sueca que en una sóla jornada derribó 120 aviones rusos por solamente 12 propios.

Voluntario del Cuerpo Voluntario Sueco con un perro pastor alemán de vigilancia descansa en un campamento del Ejército Finlandés durante la Guerra de Invierno.

Respecto a los extranjeros que combatieron junto al Ejército Finlandés en la Guerra de Invierno, también fueron protagonistas de ciertas gestas. Básicamente el Cuerpo Voluntario Sueco llevó a cabo el mayor peso de la lucha enfrentándose al Ejército Rojo en diversos choques sobre Laponia como Tornea y Turku. De igual forma la Unidad de Voluntarios Noruegos se distinguió en la batalla por Märkäjärvi, el Cuerpo Expedicionario Danés en las operaciones sobre Uleaborg y el Cuerpo Expedicionario Británico cubriendo la retirada del Lago Ladoga.

A nivel naval el Mar Báltico fue otro escenario bélico durante la Guerra de Invierno. Por ejemplo la Flota Roja del Báltico fue artífice del hundimiento de seis mercantes fineses que fueron echados a pique de la siguiente manera: el Wilpes y el Fenris fueron torpedeados por el submarino ruso Shch-311; mientras que el sumergible S-1 hizo lo propio con el carguero Bolheim y el Shch-323 con el Kassari; además de ser echados a pique por diversos ataques aéreos el mercante Leo sobre Turku y el transporte militar Valamon Lausari sobre el Lado Ladoga (aunque los cañones antiaéreos de los destructores Illmarinen y Väinämöinen derribaron un gran número de aviones soviéticos). También la Marina de Guerra Finlandesa (Merivoimat) destruyó a un vapor soviético tras un minado conjunto de los submarinos Vetehinen e Iku-Turso; y hundió al submarino ruso S-2 mediante un artefacto acuático plantado por el dragaminas Louhi en el Golfo de Botnia. Incluso fueron hundidos por error los mercantes alemanes Reinbeck y Bolheim después de recibir “fuego amigo” por parte de submarinos soviéticos cuando Alemania y la URSS eran socios en el Pacto Ribbentrop-Molotov.

Superada la “Línea Mannerheim”, el 27 de Febrero de 1940 el Ejército Rojo aseguró de una vez por todas el Istmo de Carelia. A la semana siguiente, el 2 de Marzo, las tropas soviéticas finalmente conquistaron la importante ciudad de Viipuri (Vyborg en ruso) y la jornada del 4 tomaron la localidad de Vilajoki. Esta serie de reveses para el Ejército Finlandés, no sólo cedieron el control de una gran parte de Carelia a los rusos, sino que además decantaron la Guerra de Invierno en favor de la Unión Soviética.

Tropas del Ejército Rojo con un mortero durante en la ofensiva lanzada en Febrero de 1940 contra la “Línea Mannerheim”.

Aparentemente el Ejército Finlandés parecía acabado, hasta que el Ejército Rojo decidió desviar la atención de Carelia para golpear el centro de Finlandia desencadenando a inicios de Marzo de 1940 una ofensiva sobre el Rio Kollaa que por aquel entonces protegía la 12ª División de Infantería Finlandesa. Dicha maniobra fue un completo error porque la única carretera de acceso a la zona se hallaba rodeada de tupidos bosques, lo que facilitó a los finlandeses efectuar sus habituales embolsamientos por la retaguardia con esquís e ir aniquilando a los las tropas rusas que se iban adentrando en la trampa. Fue así como el Ejército Rojo se hubo de retirar con 8.000 bajas a costa de únicamente 1.500 finesas. Curiosamente durante esta campaña conocida como la Batalla de Kollaa, un reservista llamado Simo Häyhä se convirtió en el mejor francotirador del mundo al matar con su rifle (sin mira telescópica) a 542 soldados soviéticos.

Incapaz el Ejército Finlandés de mantener la presión en Carelia y al mismo tiempo el Ejército Rojo de proseguir a corto plazo con la ofensiva tras la Batalla de Kollaa, a ambos bandos no les quedó más remedio que sentarse a negociar y evitar que otras naciones como Reino Unido, Francia, Suecia o Noruega se implicaran en el conflicto, lo que sin duda expandiría la Segunda Guerra Mundial a teatros más amplios y peligrosos. Fue así como finalmente el 13 de Marzo de 1940, la URSS y Finlandia firmaron el Tratado de Paz de Moscú que después de 105 días de combate puso fin a la Guerra de Invierno.

Consecuencias

La derrota de Finlandia en la Guerra de Invierno convirtió a Finlandia en la perjudicada debido a las pérdidas territoriales, aunque por lo menos consiguió mantener la independencia y también hacer que las ganancias de la Unión Soviética fueran mucho menores de las previstas por el Kremlin. Según el Tratado de Paz de Moscú, Finlandia tuvo que ceder a la URSS la zona de Carelia con las importantes ciudades de Viipuri, Käkisalmi y Sortavala, la región de Salla, la Península de Rybachi en Laponia, la Isla de Kalastajasaarento en el Ártico y las Islas de Suusaari en el Mar Báltico, además de arrendar la Base Naval de Hanko por un período de 30 años. Respecto a la ciudad de Enso, fue incorporada ilegalmente a Rusia debido a que cuando el diplomático finlandés delimitó la línea sobre el mapa con un lápiz, no se atrevió a desplazar el dedo de Iósif Stalin, lo que dejó a dicha localidad dentro de la zona soviética de forma accidental (curiosamente la zona sería bautizada como el “dedo de Stalin”).

La Unión Soviética sufrió un total de 801.000 bajas entre 200.000 muertos, 600.000 heridos y 1.000 prisioneros, además de resultar 3.543 tanques destruidos, 684 aviones derribados y 2 buques hundidos (1 submarino y 1 vapor).

Finlandia sufrió un total de 69.487 bajas entre 21.396 muertos, 43.557 heridos, 1.434 desaparecidos y 3.100 prisioneros; además de resultar 30 tanques destruidos, 62 aviones derribados y 6 cargueros hundidos.

Los socios que ayudaron a Finlandia en la Guerra de Invierno también cosecharon bajas. Por ejemplo hubo un total de 45 muertos (33 suecos, 5 daneses, 5 noruegos, 1 británico y 1 estadounidense), además de resultar derribados 10 aviones (5 suecos y 5 daneses).

La Guerra de Invierno fue la contienda más sangrienta librada hasta la fecha en la Historia de Escandinavia. A pesar de que Finlandia salió vencida de este conflicto y posteriormente de la Guerra de Continuación entre 1941 y 1944 junto con Alemania, su heroica resistencia impidió a la Unión Soviética invadir el país y sobretodo garantizar la independencia de su patria que al terminar la Segunda Guerra Mundial se convertiría en una nación próspera y ejemplar dentro de Europa.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El Ejército Rojo ataca Finlandia”, S.A.R.P.E. (1978), p.60-67
-Robert Wernick, Hitler y el III Reich, La Guerra Relámpago. “Guerra Invernal”, Time-Folio-Books (2008) p.88-99
-Jacques Pirenne, Historia Universal. “La URSS ocupa los países bálticos y Finlandia”, Exito (1961) p.264-270
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 1. El camino hacia el desastre. “XX Escandinavia. Finlandia”, Planeta Deagostini (1959) p. 228-239
-Carlo Carinci, Las Victorias Relámpago. “La guerra ruso-finlandesa”, Ediciones Iberoamericanas Quorum (1986), p.43-55
-Erik Norling, Sangre en la Nieve. “Capítulo 1. Finlandia en la Historia de Europa”, García Hispán Editor (1996),p.28-40
-R.G, Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia. “Suomusslami”, Grijalbo (2014),p.805
Redacción Serga, La Guerra de Invierno en el Mar, Revista Serga Nº109 (2017), p.12-17