Anexión de Austria “Anschluss”

 

Indudablemente el año 1938 marcó un punto clave en la Historia de Europa. Por primera vez el Tercer Reich ampliaba sus fronteras, proceso que se iría repitiendo durante los años posteriores. Aquella primera aventura exterior que dirigió Adolf Hitler tuvo lugar en la tierra que le había visto nacer, Austria.

Antecedentes

Tanto Alemania como Austria formaban parte del mundo germánico desde tiempos muy remotos en la Historia. Su desunión sólamente se explicaba por la monarquía de los Habsburgo que mantuvo su dominio sobre Austria para perpeturase en el poder durante siglos. Del lado contrario, en el caso de Alemania, los pueblos germánicos habían sido reinos y principados independientes enfrentados entre sí hasta la unificación de la mano de Prusia en el siglo XIX.

Independientes las dos naciones, Austria y Alemania, llegaron incluso a enzarzarse en peleas por territorios de habla germana como la Guerra Austro-Prusiana de 1886 que acabó con la victoria alemana tras la Batalla de Sadowa. No obstante la tendencia natural de ambos pueblos iba a ser unirse en el futuro. Así sucedió con la Triple Alianza en la Primera Guerra Mundial, donde Alemania y Austria fueron en coalición contra Gran Bretaña, Rusia y Francia. Desafortunadamente tanto para Viena como para Berlín, sendas naciones perdieron la guerra y sufrieron unas cláusulas humillantes por los vencedores con el Tratado de Versalles para Alemania y el Tratado de Saint-Germain para Austria, que prohibió mediante un decreto internacional unificarse a ambos países, incluso aunque hubiese un consenso de toda la población.

Durante años cuantiosos grupos pangermanistas surgieron en Austria y Alemania pidiendo la unificación, aunque nunca llegaron a tener fuerza considerable. Más negro todavía se hizo el horizonte cuando en 1932 adquirió la Cancillería de Austria Engelbert Dollfuss, un antialemán que impuso un autoritarismo de extrema derecha en el país, persiguiendo a todo aquel proclive a la unificación.

Hasta 1933 las cosas no cambiaron, momento en que Adolf Hitler llegó al poder en Alemania y fundó el Tercer Reich. El Führer, que precisamente era austríaco, se declaraba un firme partidario de la reunificación con Alemania tal y como había descrito en su libro Mein Kampf. Para ello se valió del movimiento hermano, el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Austríacos (DNSAP), el cual incluía SS austríacas, con la finalidad de que en el futuro se hiciese con la Cancillería en Austria y aprobase la incorporación de Austria al Reich.

El intento de anexión tuvo lugar en 1934 con un golpe de las SS austríacas a la Cancillería de Viena. Aunque los sublevados lograron matar a Dollfuss, finalmente terminaron por ser derrotados, encarcelados y 13 de ellos ejecutados con la posterior ilegalización del nacionalsocialismo en Austria. Aquella crisis llevó a preocupar tanto a Benito Mussolini, Duce de Italia y amigo de Dollfuss, que movilizó a su ejército contra el Paso del Brennero en la frontera austríaca. El motivo de esta respuesta era que Mussolini temía que la zona del Alto Adiggio habitada por 300.000 ciudadanos de lengua alemana fuese reclamada también por Hitler. Además Italia era aliada de Austria y un gesto como aquel golpe de Estado era un claro “causus belli” para declarar la guerra a Hitler. Sabiendo el Führer que no podía hacer frente a los ejércitos italiano y austríaco juntos, decidió claudicar ante las exigencias de Roma y Viena. Aquella humillante derrota política obligó a Alemania a jurar que no intentaría la anexión por la fuerza y que no se serviría de más organizaciones nacionalsocialistas austríacas para sus propósitos.

Claramente Hitler fue derrotado políticamente respecto a la cuestión austríaca. Sin embargo había perdido una batalla, pero no lo guerra. Lo que decidió fue que en lugar de ir él a Austria, Austria fuese hacia él. Para ello reforzó en secreto los lazos y las finanzas con el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Austríacos. Esta formación política sería la encargada de convencer a los austríacos para que en un futuro a largo plazo pudiesen revocar a los independientistas del poder y de ese modo reunificarse con Alemania.

Anexión de Austria

Radicalmente la situación cambió en 1938. De repente el contextó internacional varío tanto que para Alemania las cosas se pusieron realmente muy fáciles para poder anexionarse Austria. Primeramente Italia había decidido hacer una política de acercamiento hacia Alemania para una futura alianza; segundo, la Francia con el Gobierno del Frente Popular compuesto por personalides de extrema izquierda mantenía relaciones tensas con Austria debido a su Gobierno de extrema derecha; tercero, Checoslovaquia rechazó la alianza con Austria por temor a represalias; y por último, el nuevo Canciller austríaco, Kurt Schusschnigg, era un líder católico débil y fácil de manipular.

Hitler saludando desde su coche a la población tras entrar en Austria.

Sin dudarlo Hitler aprovechó la situación y el 12 de Febrero de 1938, Schusschnigg fue invitado a tener una entrevista con el Führer en la ciudad alemana de Obersalzberg. Durante la recepción Hitler haciendo gala de su violencia verbal y de la debilidad de oratoria de Schusschnigg, lanzó un discurso gritando y amenazando a su interlocutor que lo amedrentó e incluso le convenció de la necesidad de unificación. Al final del monólogo Schusschnigg aceptó todas las propuestas del Führer entre las que se incluían un referéndum, un tratado económico con el Reich, la legalización del nacionalsocialismo austríaco y la inclusión de tres ministro pro-alemanes en los Ministerios de Interior, Economía y Defensa.

Cuando Schusschnigg llegó a Viena comprendió su error y rápidamente intentó buscar ayuda en el exterior. Sabía que si realizaba el referéndum la mayor parte del pueblo austríaco votaría a favor de la anexión, razón por la cual debía impedirlo. Primeramente recurrió a Italia y a su Ministro de Asuntos Exteriores, Galeazzo Ciano, para que interviniera militarmente, pero el Duce supo que ir a la guerra por Austria era una locura pues en cuanto pisasen las tropas italianas los Alpes la población austríaca se pondría a favor de los alemanes y cambiarían la mira de los fusiles hacia ellos. Sin poder contar con Italia Schusschnigg recurrió a Hungría, pero este país también estaba buscando una alianza con Hitler para repartirse Checoslovaquia en el futuro.

Viéndose desbordado por los acontecimientos y sin poder tener ayuda del exterior, Schusschnigg dimitió el 11 de Marzo de 1938. En su lugar fue nombrado Canciller un nacionalsocialista austríaco, Arthur Seiss-Inquart. En menos de 24 horas la Cancillería en Viena informó al Führer que podía proceder con las fuerzas armadas alemanas a ocupar Austria.

Definitivamente el 13 de Marzo de 1938, el Ejército Alemán (Wehrmacht), traspasó la frontera con Austra para ocupar el país. El propio Hitler en coche cruzó la demarcación germano-austríaca por el puente hacia Branau Am Inn, ciudad donde había nacido. Precisamente en su localidad natal fue recibido por unos niños que rodearon su coche y lo llenaron de flores, mientras la gente se agolpaba en las calles y balcones con imágenes del Führer y banderas de la esvástica. Por la tarde Hitler entró en Linz, ciudad en la que había residido de joven, alojándose en el Hotel Weinzinger desde donde lanzó un discurso a 6.000 personas que vinieron a verle, decía: Si la Providencia en su día me alejó de esta ciudad para dirigir el Reich, debió hacerlo para encomendarme una misión: restituir mi amada patria al Reich alemán. He creído en esa misión; he vivido y luchado por ella y ahora la he cumplido.

Al día siguiente por la noche, 14 de Marzo, Hitler entró triunfal en Viena bajo el repicar de las campanas de las iglesias y del Palacio Real de Schönbrunn. Un día después, el 15 de Marzo, una multitud acudió al Hotel Imperial en donde se alojaba Hitler gritando “¡queremos ver al Führer!”. Para contentar a las masas Hitler marchó a la Plaza Helden, sitio en el que había sido vagabundo en su juventud, para ofrecer un discurso ante 250.000 personas, un tercio de los habitantes de Viena. Sus palabras fueron: He cumplido con la mayor misión de mi vida. Como Führer y Canciller de la nación alemana doy parte a la Historia de que mi patria se incorpora ahora al Reich Alemán.

Jóvenes austríacas dan la bienvenida a Hitler en la Plaza Helden de Viena agitando banderas del nacionalsocialismo.

Por fin el tan esperado referéndum tuvo lugar el 10 de Abril de 1938 tanto para los ciudadanos de Alemania como para los de Austria. La papeleta de voto contenía dos preguntas a contestar: 1) “¿Está de acuerdo con la reunificación de Austria con el Reich Alemán?”; 2) “¿Aprueba la lista única de candidatos al Reichstag presentada por nuestro Führer Adolf Hitler?”. El 99% de los alemanes voto a favor y también el 99′ 7% de los austríacos.

Oficialmente el 11 de Abril de 1938 Austria fue anexionada por el Tercer Reich. Se convirtió en provincia de Alemania bajo el nombre de Ostmark (Marcas Orientales del Pueblo Alemán). Con la reunificación germano-austríaca se cerraba un ciclo para los pueblos alemanes que había tardado siglos en resolverse.

 

Bibliografía:

David Solar, Hitler: Austria en un puño, Revista La Aventura de la Historia Nº114 (2008), p.30-34
Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El Anschluss” S.A.R.P.E. (1978), p.19