Anexión de Austria “Anschluss”

El año 1938 fue una fecha clave en la Historia del siglo XX porque por primera vez el Tercer Reich se expandió más allá de sus fronteras. El objetivo fue la tierra natal de Adolf Hitler, Austria, que mediante un referéndum legal y pactado, aprobaría la anexión y unificación dentro de Alemania durante un proceso conocido como el “Anschluss”.

Antecedentes

Históricamente Austria y Alemania eran herederas de la antigua “Germania” por compartir la misma raza, cultura y lengua. Separadas exclusivamente por una mera cuestión monárquica, todos la unificación no había podido llevarse a cabo porque la Casa de los Habsburgo que gobernaba Viena había apostado por expandir sus dominios hacia Europa Oriental y los Balcanes tras la unión con Hungría y la fundación del Imperio Austro-Húngaro; mientras que la Casa de Hohenzollern que gobernaba en Berlín y que al frente de Prusia había alcanzado la independencia en 1871, dirigió sus aspiraciones territoriales hacia el oeste para apoderarse de Alsacia y Lorena a costa de Francia.

La Primera Guerra Mundial en 1914 que comenzó con la formación de la Triple Alianza entre Alemania y Austria-Hungría, y que posteriormente conformarían los Imperios Centrales a los que se sumarían Turquía y Bulgaria, concluyó en 1918 con la derrota ante los Aliados representados por Gran Bretaña, Francia, Italia, Estados Unidos, Bélgica, Serbia, Grecia, Portugal, Japón, etcétera. Con este revés que supuso el derrocamiento de ambas monarquías, tanto la del Káiser Guillermo II de Hohenzollern como la de Carlos I de Habsburgo, todo parecía augurar que una vez libres las dos naciones de los lazos dinásticos, Austria iba a integrarse con total seguridad en la naciente República Alemana. No obstante y contra todo pronóstico, los vencedores de la Gran Guerra que redactaron el Tratado de Versalles y el Tratado de Saint-Germain en 1919, prohibieron de manera específica cualquier tipo de unificación entre Berlín y Viena, además de obligar a esta última a independizarse bajo la forma de una República Austríaca, lo que como era de esperar desató una indignación y frustración total entre la población que comenzó a reclamar venganza.

Durante la década de 1920 la República Austria vivió fuertes tensiones entre los grupos favorables a la unificación con Alemania que eran la amplia mayoría tanto del aspecto político tanto de la izquierda como de la derecha, así como otros contrarios que eran proclives a la restauración de la monarquía (también prohibida por el Tratado de Saint-Germain, lo que dejaba a la crisis territorial en una permanente contradicción legal). De repente la situación cambió en 1932 cuando la Milicia del “Heimwehr” alcanzó el poder en el Gobierno de Viena y fue nombrado Canciller Engelbert Dollfuss, quién impuso un régimen de carácter filofascista imitando a Benito Mussolini en Italia y que perseguió todas las opiniones favorables a la unión con Alemania.

Mientras tanto en Alemania, el ascenso de Adolf Hitler a la Cancillería en 1933 y la proclamación del Tercer Reich, modificaron el contexto estratégico porque desde entonces la política exterior de Berlín se orientó a intentar la unificación con Austria, tal y como el Führer había redactado en su libro autobiográfico Mein Kampf. Precisamente el Estado Alemán financió la creación y organización del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Austríacos (DNSAP) que al mando de Alfred Proksch, llegó incluso a tener su propio brazo paramilitar armado conformado por las “SS Austríacas”.

El 25 de Julio de 1934 tuvo lugar el “Putsch de Viena” cuando un grupo de voluntarios austríacos de las SS irrumpió en la Cancillería de Viena y asesinó de un disparo al Canciller Engelbert Dollfuss. A pesar de la muerte de este molesto personaje, el golpe de Estado fracasó en la capital y en todo el país, al mismo tiempo que la Italia Fascista de Benito Mussolini, que tenía suscrita una alianza con Viena (existía una comunidad de 300.000 alemanes en la provincia italiana del Alto Adiggio que podían rebelarse), envió a 80.000 soldados del Ejército Italiano al Paso del Brennero para enfrentarse al Tercer Reich. Aquel suceso que sin duda hubiese significado el final de la carrera de Hitler porque Alemania todavía no estaba preparada para afrontar una guerra contra una coalición militar conformada por Italia y Austria, obligó al Führer a aceptar su derrota atendiendo las peticiones de Roma y Viena que incluyeron entregar a todos los golpistas refugiados en su patria y a renunciar públicamente a sus aspiraciones por medio de las armas de unión con Austria.

La derrota del Tercer Reich respecto a Austria y el fracaso del “Putsch de Viena” en 1934 fueron dos episodios negativos que Hitler sólo consideró temporales. Desde ese instante aprendió de su error y comprendió que la única forma de alcanzar la unificación era utilizar medios pacíficos y no la fuerza militar. Fue entonces cuando muy acertadamente expresó: “Si nosotros no vamos a Austria, Austria vendrá a nosotros”. Y en eso mismo se puso a trabajar porque bajo el más absoluto secreto las autoridades de Berlín reforzaron los lazos y las finanzas con el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Austríacos, además de apoyar una intensa campaña propagandística que hiciese cambiar de opinión a la mayor parte del pueblo austríaco.

Anexión de Austria

Inesperadamente en el año 1938 el contexto internacional en Europa era tan distinto al del lejano “Putsch de Viena” de 1934, que Alemania se vio en la más absoluta facilidad para reclamar la anexión de Austria. Básicamente las causas de estos cambios fueron cuatro: 1) la Italia Fascista había optado por llevar a cabo una política de acercamiento hacia el Tercer Reich debido a las sanciones comerciales impuestas por las democracias occidentales tras la Guerra Ítalo-Etíope que había acabado con la anexión de Etiopía como parte del África Oriental Italiana; 2) Francia se encontraba liderada por el Gobierno del Frente Popular compuesto por extremistas de izquierda que habían retirado todo el apoyo al Gobierno del “Heimwehr” en Austria; Checoslovaquia rechazó una alianza con Viena por miedo a represalias de Alemania debido a la cuestión de la provincia de los Sudetes que estaban habitados por una mayoría de población germana; y 4) el Canciller Kurt Schusschnigg que representaba a la República Austríaca era un jefe débil y fácil de manipular.

Adolf Hitler saludando desde su coche a la población tras entrar en Austria.

El 12 de Febrero de 1938, Adolf Hitler y el Canciller Kurt Schusschnigg celebraron una reunión en la ciudad de Obersalzberg. Durante la recepción en la que el Führer hizo gala de su violencia verbal poniendo en evidencia la debilidad oratoria de Schusschnigg, pronunció un discurso gritando y amenazando a su interlocutor que lo amedrentó e incluso le convenció de la necesidad de unificación. Sus palabras fueron: La Historia de Austria constituye una ininterrumpida traición al pueblo alemán. Antes y ahora. Pero esta demencial contradicción debe hallar una solución adecuada. Y fíjese bien en lo que digo, señor Schusschnigg: estoy plenamente decidido a acabar con esta traición… Debo cumplir con mi misión histórica y la cumpliré porque la Divina Providencia me ha elegido para ello… He recorrido un camino más penoso que cualquier otro alemán, y he conseguido llevar a cabo la misión más grande de la Historia Alemana…¿Cree usted que podrá detenerme una sola hora? Quién sabe, quizá me presente de improviso una noche en Viena como si fuera una tormenta primaveral. ¡Entonces verá usted lo que es bueno!. Al final de aquella conversación que más bien fue un monólogo en medio del almuerzo, Schusschnigg aceptó todas las propuestas de Hitler entre las que se incluyeron los siguientes términos: celebración de un referéndum, un tratado económico con el Tercer Reich, la legalización del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Austríacos y la inclusión de tres ministros pro-alemanes en las Carteras de Interior, Economía y Defensa.

Al regresar el Canciller Kurt Schusschnigg a Austria en Febrero de 1938 y después de plantear los términos al Gobierno de Viena, las autoridades comprendieron el error que acababan de cometer porque en caso de realizarse un referéndum, la mayor parte del pueblo austríaco votaría a favor de la anexión. Fue entonces cuando en un acto de desesperación, se intentó recurrir al exterior enviando un mensaje de socorro a Italia que fue desestimado por el Ministro de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano, quién tras evaluar la situación, acertadamente entendió que la población austríaca se defendería con fusiles en cuanto las tropas del Ejército Italiano cruzasen los Alpes. Ante esta negativa por parte de Roma, el Gobierbo Viena recurrió al Gobierno de Budapest liderado por el Regente Miklós Horthy para obtener la misma respuesta debido a que Hungría había suscrito un pacto secreto con Alemania para proceder en el futuro al desmembramiento de Checoslovaquia y apoderarse de las provincias húngaro-parlantes de Ruthenia, Ungvar y Munacks.

A finales de Febrero de 1938 las presiones de Alemania sobre Austria fueron aumentando y todas las peticiones de ayuda emitidas al resto de países vecinos descartadas. A raíz de esta crisis y después de ser disuelto todo el Gobierno de Viena, el 11 de Marzo de 1938 se produjo la dimisión del Canciller Kurt Schusschnigg. Al día siguiente, el 12 de Marzo, miembros de las SS austríacas tomaron las principales calles de las ciudades del país e irrumpieron en la Cancillería de Viena. Acto seguido, el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Austríacos accedió al poder para ser nombrado Canciller Arthur Seiss-Inquart, quién nada más tomar posesión de su cargo, anunció que el Ejército Austriaco no opusiera ningún tipo de resistencia a partir de las 20:45 horas porque desde esa hora el Ejército Alemán procedería a entrar en Austria durante las siguientes 24 horas en la recién bautizada como “Operación Otto”.

La mañana del domingo 13 de Marzo de 1938, el Ejército Alemán (Wehrmacht) cruzó la frontera septentrional con Austria sin encontrar ningún tipo de oposición por parte del Ejército Austríaco. Al frente de las columnas motorizadas a las que seguía la infantería a pie, el propio Adolf Hitler regresó a su patria viajando a bordo de un coche descapotable para visitar su ciudad natal de Branau Am Inn, donde los vecinos se agolparon alrededor de él y le arrojaron flores mientras de los balcones se colgaban cuadros con su rostro y banderas con la esvástica. Inmediatamente después de esta emotiva parada y de colocar una corona fúnebre en la tumba de sus padres ubicada en el Cementerio de Leonding, el Führer continuó su marcha hasta la ciudad de Linz, en la que también había vivido de niño, para pronunciar un discurso desde la balconada del Hotel Weinzinger ante más de 6.000 personas que salieron a recibirle. Sus palabras fueron: Si la Providencia en su día me alejó de esta ciudad para dirigir el Reich, debió hacerlo para encomendarme una misión: restituir mi amada patria al Reich alemán. He creído en esa misión; he vivido y luchado por ella y ahora la he cumplido.

El 14 de Marzo de 1938, las tropas del Ejército Alemán con Adolf Hitler a la cabeza, entraron en la capital de Viena bajo el repicar de las campanas de las iglesias y del Palacio Real de Schönbrunn. Al día siguiente de este recibimiento, el 15 de Marzo, una multitud acudió al Hotel Imperial en donde se alojaba Hitler al grito de “¡queremos ver al Führer!”. Fue entonces cuando Hitler, queriendo contentar a las masas, marchó a la Plaza Helden (allí había sido vagabundo en su juventud) para ofrecer un discurso ante 250.000 personas, aproximadamente un tercio de los habitantes de Viena, que concluyó del siguiente modo: He cumplido con la mayor misión de mi vida. Como Führer y Canciller de la nación alemana, doy parte a la Historia de que mi patria se incorpora ahora al Reich Alemán.

Jóvenes austríacas dan la bienvenida a Hitler en la Plaza Helden de Viena agitando banderas con la esvástica.

La jornada del 10 de Abril de 1938, se celebró el referéndum sobre la unificación o “Anschluss” de Alemania y Austria. Según el texto, cada papeleta contenía dos preguntas a contestar: 1) “¿Está de acuerdo con la reunificación de Austria con el Reich Alemán?”; 2) “¿Aprueba la lista única de candidatos al Reichstag presentada por nuestro Führer Adolf Hitler?”. Tal y como era de esperarse, el 99% de los alemanes votó a favor y también el 99’7% de los austríacos.

Oficialmente el 11 de Abril de 1938, Austria fue anexionada por el Tercer Reich. Desde entonces y una vez reconocido el “Anschluss” por la comunidad internacional, la provincia pasaría a conocerse por el nombre de Ostmark (Marcas Orientales del Pueblo Alemán). Así fue como Austria y Alemania cerraron un complicado ciclo de unificación que había empezado hacía mucho tiempo, pero que sólo sería un primer paso para unas aspiraciones territoriales mucho más grandes que conducirían a la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-David Solar, Hitler: Austria en un puño, Revista La Aventura de la Historia Nº114 (2008), p.30-34
-Joachim Fest, Hitler. Una Biografía II, “El Alemán más Grande”, Biblioteca II Guerra Mundial Planeta Deagostini (2005), p.765-772
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El Anschluss” S.A.R.P.E. (1978), p.19