Wilhelm Keitel

El general Wilhelm Keitel fue uno de los generales más leales a Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. Jefe del Estado Mayor entre 1938 y 1945, por su actuación durante la contienda en la planificación de las agresiones y en crímenes de guerra, sería uno de los principales procesados en los Juicios de Nuremberg.

Wilhelm Keitel nació el 22 de Septiembre de 1882 en Helmscheroede, una localidad del Ducado de Brunswick en Alemania. Su padre fue el rico terrateniente Carl Keitel; mientras que su madre Apollonia Vissering. Ambos procedían de familias adineradas y relacionadas con el ámbito militarista de Prusia, por lo que desde muy pequeño educaron a su hijo en los valores tradicionales y patrióticos, enviándole a estudiar en el Gimnasio de Göttingem

General Wilhelm Keitel.

Con 19 años de edad, Wilhelm Keitel ingresó en el Ejército Alemán en el año 1901. Formando parte de la rama del Ejército Prusiano, accedió al 46º Regimiento de Artillería de Wolfenbütel, donde gracias a sus méritos y vocación para los estudios fue ascendido al grado de capitán en 1914.

Fuera del ámbito militar, Wilhelm Keitel formó su propia familia casándose con una chica de Hannover llamada Lisa Fontaine. Fruto del matrimonio nacerían seis hijos, entre ellos Karl-Heinz Keitel que al igual que su padre ostentó el rango general de una división de las Waffen-SS durante la Segunda Guerra Mundial.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Keitel fue destinado al Frente Occidental de Francia para combatir en la Primera Batalla del Marne a las afueras de París. Al año siguiente, en 1915, fue puesto al mando de una batería artillería; antes de resultar herido durante la Batalla de Verdún de 1916. Recuperado de sus heridos, regresó a primera línea en 1917 y luchó en la Batalla de Passchendaele, siendo premiado con las condecoraciones de la Cruz de Hierro de 1ª y 2ª Clase.

Finalizada la Gran Guerra con la derrota de Alemania en 1918, Keitel se sintió frustrado por considerar culpables a comunistas y judíos de la tragedia de su patria y de las abusivas cláusulas del Tratado de Versalles. Descontento con la situación, ayudó a organizar una de las milicias de los Cuerpos Francos (Freikorps) que lucharon contra Polonia en la Guerra de Silesia. Acto seguido fue admitido como alto oficial del Ejército de la República de Weimar (Reichswehr), impartiendo clases en la Escuela de Caballería de Hannover, ascendiendo a general de brigada en 1933 y trabajando en el Ministerio de la Guerra en 1934.

Cuando Adolf Hitler alcanzó el poder en Alemania en 1933 y fundó el Tercer Reich, Keitel fue uno de los pocos militares que se sintió atraído por el pensamiento nacionalsocialista a diferencia del resto del generalato que mostró cierta hostilidad. De hecho y como las relaciones entre el Führer y los generales del Ejército Alemán (Wehrmacht) no fueron buenas desde el principio, en Keitel encontró alguién de quién verdaderamente fiarse. Así fue como gracias a su lealtad, Hitler nombró a Keitel jefe del Departamento del Ejército del Ministerio de la Guerra en 1935, le ascendió a general de división en 1936, le otorgó el título de teniente general en 1937 y finalmente le designó comandante supremo del Alto Mando Alemán (Oberkommando der Wehrmacht o OKW).

Al producirse la anexión de Austria en 1938, el Ejército Alemán al mando de Keitel jugó un importante papel durante el “Anschluss”. Inmediatamente la misma labor desempeñó en los Sudetes y Checoslovaquia; mientras que al comenzar la Segunda Guerra Mundial supervisó la invasión de Polonia en 1939; las de Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Francia en 1940; y las de Grecia, Yugoslavia y la Unión Soviética en 1941.

La remodelación que sufrió el Estado Mayor a finales de 1941 como consecuencia del desarrollo de la contienda en el Frente Oriental, llevó a Hitler a ascender a Wilhelm Keitel a mariscal de campo y hacerle cabeza visible de todo el Alto Mando Alemán (OKW) junto a los generales Alfred Jodl y Walter Warlimont. Sin embargo y a diferencia de otras figuras que habían ostentado esta responsabilidad, el triunvirato Keitel, Jodl y Warlimont no se mostró efectivo en las decisiones porque más bien estaban ahí por idolatrar al Führer y rara vez le contradecían por miedo a perder su rango. De hecho la única ocasión en que Keitel se atrevió a proponer a Hitler llevar a cabo una retirada táctica durante la Batalla de Moscú en Diciembre de 1941, éste le contestó: “Es usted un imbécil”.

Rápidamente Keitel levantó la antipatía de casi todo el generalato del Ejército Alemán porque era incapaz de discutir ante Hitler y siempre le contestaba con un “sí” por respuesta. De hecho mientras el propio Führer le definía cariñosamente como “fiel como un perro”; el resto de sus compañeros le apodaron “lakaitel (lacayo)”. Otros motes similares fue los que recibió por parte del Ministro de Industria Albert Spee que le llamaba “general Jawohl (general Sí Señor)”, del mariscal Erwin Rommel que le decía “héroe de butaca” o del general Ludwig Beck que le calificó como “gumminlöwe (león de goma)”. Incluso desde Italia la palabra empleada por Benito Mussolini para referirse a Keitel fue simplemente la de “imbécil”.

Otras de las facetas de Wilhelm Keitel fue su implicación en los crímenes de guerra del Ejército Alemán mediante órdenes que él mismo cursó. Algunas de las más polémicas fueron las ejecuciones masivas efectuadas por las tropas alemanas en la Unión Soviética como la “Orden de los Comisarios”, así como el trato a los prisioneros soviéticos que acabó con la muerte de 2 millones de soldados del Ejército Rojo que cayeron cautivos en los compases iniciales de la “Operación Barbarroja”. También Keitel firmó la normativa de “Nacht und Nebel Erlass (Decreto de Noche y Niebla)” consistente en el arresto y desaparición de elementos sociales peligrosos; la matanza de 50 civiles cada vez que un soldado alemán era asesinado en Polonia o Rusia; o los fusilamientos de paracaidistas estadounidenses o británicos que eran apresados en la retaguardia.

A medida que la Segunda Guerra Mundial comenzó a torcerse para Alemania, el mariscal Wilhelm Keitel fue perdiendo influencia sobre Hitler debido a que tras el Atentado de Rastenburg sufrido el 20 de Julio de 1944, el Führer no se fiaba ni de sus amigos más cercanos. De hecho cuando los Aliados rompieron el Frente Occidental por Francia y liberaron París, Keitel que por aquel entonces estaba cargado de dudas acerca del curso de la contienda, se dirigió al mariscal Gerd Von Rundest y le preguntó “¿entonces qué debemos hacer?”; a lo que éste respondió “¡Haga la paz, imbécil”.

Durante la Batalla de Berlín en Abril de 1945, Keitel estuvo al cargo del Ejército Alemán defendiendo algunas zonas de la capital y dirigiendo contraataques contra el Ejército Rojo hasta que fue informado acerca del suicidio de Hitler bajo el búnker de la Cancillería. A sabiendas de esta noticia y tras establecer contactos con los Aliados Occidentales, Keitel fue elegido representante durante el Armisticio de Karlshorst que firmaron Alemania y la Unión Soviética el 9 de Mayo de 1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el 13 de Mayo de 1945 el mariscal Wilhelm Keitel que había formado parte del Gobierno Provisional de Flensburgo al frente del almirante Karl Doenitz, subió a un avión británico que lo condujo a retaguardia para ser detenido por los Aliados. Tal y como era de esperarse, fue sentado en el banquillo durante los Juicios de Nuremberg, donde se le acusó de los cuatro cargos consistentes en Conspiración, Crímenes contra la Paz, Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad. Finalmente y tras casi un año de proceso, el 1 de Octubre de 1946 el Tribunal Penal Internacional le encontró culpable de todos los cargos y lo condenó a muerte en la horca (siendo desestimada su petición de ser fusilado como el código militar alemán recogía).

A las 1:13 horas de la madrugada del 16 de Octubre de 1945, el mariscal Wilhelm Keitel entró en el Gimnasio de la Prisión de Nuremberg y fue subido a la plataforma de la horca donde el verdugo le colocó la soga al cuello. Sus últimas palabras fueron: “Ruego a Dios Todopoderoso que tenga misericordia del pueblo alemán. Más de dos millones de soldados alemanes han encontrado la muerte por la patria antes que yo. Ahora sigo a mis hijos. Todo por Alemania, Alemania sobre todo”. Acto seguido se abrió la trampilla y Keitel falleció al instante de una fractura cervical.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Wilhelm Keitel”, S.A.R.P.E. (1978), p.194-197
-http://en.wikipedia.org/wiki/Wilhelm_Keitel