Adolf Eichmann

Adolf Eichmann fue uno de los grandes líderes de las SS y uno de los principales autores del Holocausto. Responsable de haber enviado a millones de personas hacia una muerte segura, su figura se haría mucho más popular por su posterior desaparición y posteriormente su polémico secuestro en Argentina para ser juzgado por crímenes en Israel.

Otto Adolf Eichmann nació un 19 de Marzo de 1906 en Solingen, localidad de Renania, durante la Alemania del II Reich del Káiser Guillermo II. Su padre fue un industrial llamado Kark Adolf Eichmann y su madre un ama de casa llamada María Schefferling, siendo el primogénito de diez hermanos.

Con tan sólo 10 años, Eichmann perdió a su madre María cuando falleció a causa de una enfermedad. Abatido por la tristeza, su padre Karl abandonó la empresa de tranvías en Solingen y se mudó con los hijos a Austria, fijando su residencia en Linz. Allí trabajó en una compañía eléctrica hasta que se hizo con el control de una pequeña sociedad minera, mientras sus hijos y entre ellos Eichmann se dedicaban a cursar estudios en la escuela.

Adolf Eichmann.

Nunca Eichamnn fue un buen estudiante porque constantemente suspendía los exámenes y no se preocupaba en abrir un sólo libro de la biblioteca familiar en casa, algo que disgustó mucho a su padre. Sus únicas distracciones eran los acontecimientos políticos que sucedían en la convulsa República de Weimar y sus aventuras tras ingresar en una asociación de veteranos de carácter monárquico y pangermanista conocida como “Jungfrontkämpfverband”. Cansado su progenitor de verle perder el tiempo, le obligó a trabajar en su propia mina como obrero, donde tras servir un tiempo, se terminó aburriendo para hacerse vendedor en la Fábrica Elektrobau Gesellschaft. Al frente de este oficio Eichmann destacó por su capacidad organizativa, incluso en los momentos más difíciles, por lo que en 1927, a la edad de 21 años, fue contratado en la más prestigiosa Compañía Petrolífera Vacuum.

Poco a poco Adolf Eichmann comenzó a encauzar su vida a pesar de ser habitual en él ir cambiando de un trabajo a otro. Así fue como conoció y se enamoró de una joven bohemia llamada Veronika Leibl, a la que no dudó en pedirle la mano y casarse con ella. Fruto de esta pareja nacerían cuatro hijos llamados Klaus, Dieter, Horst y Ricardo Francisco, quienes apodarían a su padre con el mote de “Eichie”.

Casualmente y mientras llevaba a cabo su apacible vida en Linz, un buen día Eichmann conoció a un abogado llamado Ernst Kaltenbrunner que por aquel entonces ostentaba un importante cargo en el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). A pesar de que Eichamann nunca había oído hablar de los nacionalsocialistas, ni conocía su ideología, ni siquiera sabía quién era Adolf Hitler, decidió dar algo de sentido a su monótona existencia y decidió enrolarse simplemente por probar nuevas experiencias. De hecho su ingreso transcurrió de la forma más curiosa porque Kaltenbrunner le preguntó “¿por qué no entras en las SS?”, a lo que Eichamann respondió “¿y por qué no?”. Fue dicho y hecho porque el 1 de Abril de 1932 Eichmann se afilió al NSDAP con el número de carné 889.895 y a las SS con el tatuaje reglamentario bajo la axila de 45.326.

Como miembro de las SS, Eichmann inició su adiestramiento en 1933 en el Campo de Cadetes de Lechfeld, antes de unirse a la Legión Austríaca de las SS en 1934 para generar el desorden en las calles de Austria y facilitar la futura anexión. Al año siguiente, en 1935, fue trasladado a Berlín para trabajar en el Servicio de Policía Interior de las SS (Sicherheitsdients) al mando de Reinhard Heydrich, con quién entabló gran amistad y además ayudó a recopilar datos para la creación de un museo dedicado a la masonería, esta última catalogada como elemento muy peligroso en el Tercer Reich. Sin embargo sería en la Sección de Judíos II 112, donde Eichmann encontró verdadera vocación de su vida, tras ser elegido responsable del problema a la cuestión hebrea en Alemania.

Al frente de la Sección de Judíos II 112, Adolf Eichmann debía convertirse en el mayor experto del Tercer Reich respecto a todo lo relacionado con el judaísmo, por lo que fue enviado en un viaje de dos días con todos los gastos pagados a Palestina para iniciar su investigación. Inmediatamente a esta experiencia, comenzó a estudiar la cultura hebrea y aprendió a hablar yiddish, ya que según él, si se conocía la lengua del enemigo, partiría de una situación de ventaja para enfrentarse a sus oponentes. De hecho pronto su formación generó frutos porque tras la anexión de Austria de 1938 en el “Anschluss”, Eichmann consiguió mediante una serie de políticas abusivas o de expropiaciones que 150.000 judíos (aproximadamente un 60% de la población) abandonaran el país hacia el extranjero y entregasen todas sus propiedades a las autoridades alemanas. Gracias a este rotundo éxito en política migratoria, Eichmann fue ascendido a teniente coronel de la Allgemeine-SS y elegido hombre de confianza de sus dos máximos superiores, el Reichsführer Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, Eichmann destacó como líder organizativo y gestor a la hora de llevar a cabo todo el complejo sistema antisemita sobre los territorios ocupados desde Polonia hasta los Pirineos dentro de la Sección IV D 4. También fue un férreo defensor del Plan Madagascar consistente en trasladar a los judíos europeos a la Isla de Madagascar en África para darles la oportunidad de crear un “Estado Judío”, algo que jamás pudo llevarse a cabo debido al control marítimo ejercido por el Imperio Británico. Sin embargo uno de los mayores papeles de Eichmann tuvo lugar durante la Conferencia de Wansee el 20 de Enero de 1942, una reunión secreta que se celebró en el número 56-58 de la Calle Am Grossen, en donde oficialmente se aprobó la Solución Final.

Durante el Holocausto el cometido de Adolf Eichmann se centró en gestionar toda la deportación por ferrocarril de los judíos europeos hacia los campos de exterminio de Auschwitz, Treblinka, Sóbibor, Chelmno, Belzec y Madjanek. Personalmente Eichmann firmó su rubrica sobre todos los documentos entre 1942 y 1943 para liquidar a 2 millones de judíos de Polonia, 100.000 de Holanda, 90.000 de Francia, 50.000 de Grecia, 30.000 de Bélgica, 30.000 de Croacia, 11.000 de Bulgaria, 7.000 de Italia, 800 de Noruega, 600 de Luxemburgo, 485 de Dinamarca e incluso 7 de Finlandia y 5 de las Islas Jersey y Guernsey (Reino Unido). Al año siguiente, en 1944, Eichmann batió su propio récord tras arrestar y ejecutar con la milicia de la Cruz Flechada Húngara a más de 400.000 judíos residentes en Hungría. Incluso en el último año de la contienda en 1945, Eichmann gestionó una evacuación conocida como la “marcha de la muerte” de más de 60.000 personas desde los países antes ocupados hasta el corazón de Alemania.

Semanas antes de terminar la Segunda Guerra Mundial en Europa en Abril de 1945, Eichmann se encontró inactivo del servicio por no haber más judíos a los que deportar. Fue entonces cuando Heinrich Himmler se acordó de él tras proponerle utilizar a los 200 supervivientes del campo de concentración de Theresienstadt para ofrecerlos como rehenes de cara a una negociación para rendir el Frente Occidental a los Aliados. Lamentablemente Eichmann no pudo cumplir con su cometido porque mientras realizaba el trayecto entre Salzburgo y Alt Aussee, las tropas del Ejército Estadounidense bloquearon la carretera y hubo de dar media vuelta para evitar caer prisionero. Sería precisamente en Alt Aussee donde se reunió por última vez con su amigo Ernst Kaltenbrunner, quién le propuso organizar una guerrilla en los Alpes que Eichmann rechazó por considerarlo inviable.

A inicios de Mayo de 1945 Adolf Eichmann fue capturado por soldados del Ejército Estadounidense cerca Ulm junto al Río Danubio, aunque como llevaba una identidad falsa le confundieron con un cabo de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) llamado Adolf Barth (que en realidad era el nombre del propietario de una droguería próximo a su casa). A pesar de que fue sometido a un duro interrogatorio y torturado, nadie en el campo de prisioneros de Berndorf, situado a las afueras de Rosenhiem, le reconoció a pesar del tatuaje con el número de las SS bajo el brazo. De hecho ningún alto mando de los Aliados Occidentales había escuchado hablar acerca de un tal Adolf Eichmann, ni siquiera se sabía de la existencia de una persona con ese nombre porque hasta ese momento su papel en la Segunda Guerra Mundial había sido de un secretismo absoluto.

Curiosamente durante los Juicios de Nuremberg que sentaron en el banquillo a Ernst Kaltenbrunner como principal responsable de las SS (Heinrich Himmler y Reinhard Heydrich habían muerto), ningún miembro de la fiscalía conocía la participación de Eichmann en el Holocausto, a pesar de que muchos de los imputados y sus abogados desviaron la culpa hacia él (algo que la acusación no se creyó pensando que se trataba de una estratagema para cargar sus presuntos crímenes sobre alguien inexistente). Sin embargo todo eso cambió el 3 de Enero de 1946 cuando el fiscal estadounidense Smith Brookhart interrogó en la sesión número 26 al comandante de las SS, Dieter Wisliceny, quién en un intento por salvar su vida ante el tribunal, señaló a Eichmann como responsable de la gestión de los transportes a los campos de exterminio e incluso describió su aspecto, estatura y número del tatuaje de las SS bajo la axila. Tantos detalles acerca de este misterioso hombre que casualmente aportaron muchos de los acusados llevó a plantearse a los jueces de que tal vez no estaban mintiendo y que quizá el tal Eichmann existía de verdad. El único problema era que no disponían de ningún documento firmado por él, ni tan siquiera una ficha de nacimiento ni una fotografía para saber que rostro tenía. Por si fuera poco en cuanto la prensa filtró que se estaba buscando a una persona con ese nombre, el verdadero Eichmann escapó del campo de prisioneros de Berndorf aprovechando una zona de la alambrada no vigilada y se refugió primero en Oberdachstetten y luego en Prien. Sin embargo sería en la localidad de Lüneburger a 80 kilómetros de Hamburgo, donde bajo la falsa identidad de un señor llamado Otto Henninger que supuestamente era originario de Breslau, Eichmann pasó desapercibido trabajando como leñador en una empresa maderera.

Simón Wiesenthal, un famoso judío que se convirtió en cazador de los criminales de guerra del Tercer Reich, fue quién se adjudicó a si mismo encontrar a Adolf Eichmann recopilando todas las pruebas disponibles en un documento guardado dentro de una carpeta roja al que denominó Obst. E.. Primeramente localizó a su padre, Karl Eichmann, que todavía vivía en Linz y con el que pudo mantener una entrevista, aunque sin sacar nada en claro debido a que su progenitor hacía años que no tenía noticias sobre su hijo. Al menos durante esta visita obtuvo una posible dirección en la localidad de Fischendorf, Alt Aussee, hacia donde unos soldados norteamericanos se trasladaron para encontrarse ante su máximo asombro con su esposa Veronika Leibl. Nada más interrogarla, ella aseguró que había pedido el divorcio tres meses antes porque le habían dicho que su marido había muerto en Praga o que había sido fusilado por soldados soviéticos del Ejército Rojo. Evidentemente su mujer mentía, pero Wiesenthal no podía saberlo en aquellos momentos porque le mostró el certificado de su esposo, fechado un 30 de Abril de 1945 en el número 22 de la Calle Molitschstrasse de Praga y firmado por un funcionario de nombre Karl Lucas, que en realidad era el marido de María Leibl, concretamente la hermana de Veronika y el cuñado de Eichmann. Sin embargo Wiesenthal no se fue con las manos vacías porque consiguió numerosas fotografías del sujeto que fueron publicadas por toda Alemania y Austria, ofreciendo recompensa a quién lo encontrase. Las pistas no tardaron en llegar cuando el artillero Rudolf Scheide, recluso en el campo de prisioneros Berndorf que había sido compañero de Eichmann, comunicó a las autoridades norteamericanas que lo conocía personalmente bajo otra identidad y que se había fugado no hacía mucho.

Aspecto de Adolf Eichmann en el exilio.

Mientras Simón Wiesenthal investigaba el paradero Eichmann, éste último estuvo al corriente de todos los acontecimientos debido a que su esposa Veronika le fue advirtiendo mediante el envío de correspondencia secreta a su residencia de Lüneburger. Ante el riesgo que suponía permanecer en Alemania, Eichmann contactó en 1950 con la Organización ODESSA encargada de socorrer a antiguos líderes del Tercer Reich, cuyos hombres le ayudaron a salir del país a través de Austria y cruzar la frontera hacia Italia sobre el Paso del Brénnero gracias a la ayuda de un obispo simpatizante del fascismo llamado Alois Hudal. Tras residir en Génova algún tiempo, consiguió un pasaporte falsificado con el nombre de Ricardo Klement, un italiano soltero nacido en Bolzano el 23 de Mayo de 1913. Curiosamente y para asemejarse más a esta nueva personalidad encubierta, Eichmann se dejó crecer el bigote y cambió el vestuario germano por uno más latino con gafas solares, chaqueta negra y corbata de lazo. A continuación obtuvo un visado de la Cruz Roja para viajar a Argentina y el 14 de Junio de 1950 zarpó desde Génova a bordo del barco motonave Giovanna C de la Compañía Flotta Costa. Exactamente un mes más tarde, el 14 de Julio, desembarcó en Buenos Aires con 465 pesos en el bolsillo, dinero que le sirvió para alojarse provisionalmente en la pensión número 1.429 de la Calle Monasterio. Al día siguiente, 15 de Julio, empezó a trabajar como mecánico en un taller ubicado en el número 1.818 de la Calle Serrano. En cuanto ganó un poco de dinero, se alejó de la capital para vivir en una bonita casa situada entre la Cordillera de los Andes y el Río Protredo, donde pudo trabajar como empleado de las centrales hidroeléctricas de la Compañía Capri. A partir de este nuevo oficio, la situación económica de Eichmann mejoró notablemente y por tanto pudo permitirse traer en secreto desde Alemania a toda su familia, que pasando por Zurich en Suiza y luego por Italia, Veronika y los niños embarcaron a bordo del vapor argentino Salta el 30 de Junio de 1952, hasta llegar al puerto de Buenos Aires el 28 de Julio (curiosamente un día después de la muerte de Eva Perón, lo que fue un golpe de suerte porque todo el país y la prensa internacional estaba centrada en este acontecimiento).

La desaparición de la familia de Eichmann sin dejar rastro en Alemania, levantó las sospechas de Simón Wiesenthal que decidió cambiar de estrategia y dedicarse a investigar al antiguo Servicio Secreto del Ejército Alemán (Abwehr). Tras bucear en los archivos y obtener las confesiones de algunos testigos, Wiesenthal descubrió que muchos antiguos criminales de las SS habían pasado por Roma y posteriormente se habían trasladado a Sudamérica con identidades falsas. Las piezas parecían encajar y por eso optó por seguir la pista latinoamericana hasta conseguir el testimonio de un aristócrata tirolés que decía haberlo visto trabajando en una empresa de agua de Argentina bajo el nombre de “Klemt” o “Klems”. Desgraciadamente a partir de este punto se perdió la pista de Eichmann porque no se encontraron más testigos, tampoco documentos y encima la información recopilada no era contrastable al cien por cien. Así fue como durante meses y años Wiesenthal se obsesionó tanto por Eichmann que sus amigos le incitaron a que abandonase la búsqueda tras asegurar de que estaba persiguiendo a un auténtico “fantasma”. Abatido por la impotencia de no poder hacer nada más y frustrado por la ausencia de indicios, Wiesenthal dejó la investigación y se retiró del caso en 1953, aunque previamente envió todo el material de la carpeta roja Obst. E. al Congreso Mundial Judío de Nueva York y una copia al Gobierno de Israel.

Suspendida la búsqueda de Simón Wiesenthal, Adolf Eichmann pudo respirar tranquilo en Argentina. Lo primero que hizo fue abandonar la Compañía Capri de los Andes y volver junto a su familia a la capital de Buenos Aires, alojándose en un piso de alquiler amueblado, curiosamente de un judío alemán que se situaba en el número 4.261 de la Calle Chacabusco. Aquellos años fueron momentos difíciles para la familia porque a causa de la crisis económica en Argentina apenas entraba dinero en casa y todos sus miembros tuvieron que hacer esfuerzos muy grandes para comer y pagar las deudas. Durante esta etapa de su vida Eichmann desempeñó varios empleos como vendedor de zumos de fruta, obrero en una factoría de martillos y criador de conejos en la Compañía Joaquín Gorina a 70 kilómetros de Buenos Aires. También abrió una lavandería propia, aunque por falta de clientes, el negocio fracasó y hubo de cerrar. No sería hasta la Navidad de 1958, cuando Eichamnn al fin encontró un trabajo estable y digno de su estatus tras ser nombrado director de oficina en la Compañía Mercedes Benz del Barrio de San Jarosto. Con este nuevo empleo, el dinero comenzó a fluir para los Eichamnn y su calidad de vida mejoró notablemente, tanto que incluso se compraron una casita de ladrillo de una sola planta en la Calle Garibaldi, concretamente en una zona de clase media ubicada en el Barrio de San Fernando.

La cómoda vida que Adolf Eichmann tuvo en Argentina le llevó a sentirse optimista y a cometer una serie de torpes errores que le llevaron a desvelar su anonimato. Después de haber estado 15 años huyendo, desde 1959 descuidó la guardia pensando que por el tiempo transcurrido nadie se acordaría de él. De hecho su primera equivocación fue casarse de nuevo con Veronika para obtener la nacionalidad argentina, escribiendo en el registro civil a su mujer con el nombre de “Veronika Leibl Eichmann”, exactamente igual que hizo con su cuarto hijo al que bautizó como Ricardo Francisco Klement Eichmann (curiosamente el apellido original que constaba en los documentos de los tribunales penales internacionales). También poco a poco comenzó a entablar amistad con la colonia de inmigrantes alemanes en Buenos Aires, revelando a algunos de sus amigos su verdadera identidad. Sin embargo su mayor equivocación fue conceder una entrevista a un periodista (aunque sin mostrar su rostro ni su verdadero nombre) acerca de su verdadera identidad, un relato que fue publicado en las revistas Time, Life y Stern, lo que hizo saltar las alarmas en los ambientes de Israel. Finalmente todos aquellos errores llevaron a que el Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales Israelís (Mossad) localizara definitivamente a Eichmann en 1960.

Bajo la denominación clave de “Operación Garibaldi”, el Mossad de Israel preparó un equipo especial para secuestrar a Eichmann y sacarlo ilegalmente del país para juzgarle en Tel Aviv. Al mando del grupo bautizado con el nombre de “Vengadores” o “Nokmin” estuvo el espía Rafael Eitan, acompañado por Peter Malkin e Isser Harel. La autorización la otorgó el Primer Ministro Ben Gurion, junto con el general Isser Harel que liderada el Mossad. Lo cierto era de que por aquel entonces Eichmann sospechaba que podían estar tras su pista debido a que había escuchado a sus vecinos decir que unos extranjeros, posiblemente de nacionalidad estadounidense, se habían instalado en el barrio para montar un taller de costura (algo absurdo porque en la zona no había corriente eléctrica). Sin embargo y a pesar del riesgo que corría, Adolf Eichmann que ya estaba cansado de huir, prefirió arriesgarse y enfrentarse al destino, fuese cuál fuese.

Jamás Adolf Eichmann pudo imaginarse lo que estaba a punto de sucederle la tarde del miércoles 11 de Mayo de 1960. Como cualquier otro día, Eichmann salió de su trabajo dispuesto a tomar el autobús de la línea 195. Durante el trayecto hacia el parada cerró los ojos para descansar la vista tras la agotadora jornada, sin percatarse de que detrás de él un hombre con gorra lo estaba observando. Mientras tanto, en la zona de la emboscada, otros dos comandos esperaban simulando que reparaban un vehículo averiado (ambos muy nerviosos porque ya habían pasado dos autobuses del mismo número y un ciclista al que tuvieron que echar tras haberse detenido unos instantes para preguntar si necesitaban ayuda). Finalmente el autobús 195 se detuvo en la parada de la Avenida General Paz, donde Eichmann descendió confiadamente y comenzó a caminar seguido por el agente que venía detrás de él. Fue así como a las 18:30 horas, cuando uno de los israelís que adredemente llevaba los cordones de un zapato desatado, se agachó para aparentar hacer un nudo, momento en que tomó impulso y se abalanzó frontalmente sobre Eichmann. Acto seguido, los otros dos agentes también se lanzaron a por el objetivo desde ambos lados, inmovilizándole e introduciéndole en el coche que ya tenían preparado. Eichmann no opuso resistencia, ni siquiera mostró una actitud de sorpresa porque simplemente se limitó a decir muy relajadamente lo que ya imaginaba: “Sí. Yo soy Adolf Eichmann. Sé que estoy en manos de israelís”.

Concluida la primera parte de la “Operación Garibaldi” por el Mossad, al comando israelí compuesto por Rafael Eitan, Peter Malkin e Isser Harel todavía les quedaba sacar a Adolf Eichmann de Argentina sin levantar sospechas por parte de las autoridades ante lo que era claramente una extradición ilegal. Así fue como se obligó a Eichmann a firmar una declaración mediante la que se especificaba que voluntariamente expresaba su deseo de abandonar el país, al mismo tiempo en que se ponía en marcha la “Operación Accidente de Carretera” consistente en un intento de extracción a bordo de una delegación diplomática israelí que acababa de aterrizar con la línea aérea El-Al tras haber sido invitada a festejar el 150º Aniversario de la Revolución de Mayo. Fue entonces cuando se simuló un accidente de tráfico de un miembro de la delegación israelí, quién tras ser llevado a un hospital, suplicó regresar a Israel cuanto antes en avión. Gracias a esta estratagema las autoridades de Argentina accedieron a que el falso accidentado se marchase, por lo que el 20 de Mayo el sujeto supuestamente herido fue escoltado hacia el Aeropuerto de Ezeiza por una serie de guardias israelís (entre ellos Eichmann al que habían vestido con uniforme del Ejército Israelí y drogado para evitar su fuga). Una vez en el avión, Eichmann y sus captores despegaron de Buenos Aires y atravesaron el Océano Atlántico haciendo escala en el puerto de Dakar de África, antes de sobrevolar el Desierto del Sáhara. Curiosamente durante el vuelo los secuestradores ofrecieron comida y cigarros a su prisionero, y por supuesto le hicieron preguntas para verificar su identidad y su pasado; incluso él propio Eichmann les felicitó por haberle capturado de aquella manera tan magistral. Cuando por fin el aparato aterrizó en Israel, Eichmann fue conducido a la Prisión de Ramla en Tel Aviv y encarcelado a la espera de juicio; mientras en Argentina el Presidente Artiruo Frondizi protestó enérgicamente en cuanto se enteró de la violación de su soberanía y del secuestro de un ciudadano por una potencia extranjera, lo que supuso la inmediata ruptura diplomática entre las dos naciones.

Juicio de Adolf Eichmann en Israel.

Al difundirse la noticia de que Adolf Eichmann estaba preso en Israel, miles de personas se concentraron ante la Prisión de Ramla en Tel Aviv para protestar y pedir que fuese ejecutado (a pesar de que en el país no existía la pena de muerte). Bajo esta presión interna, se le sometió a juicio mediante un tribunal que suscitó mucha polémica debido a que Israel no existía como país antes de la Segunda Guerra Mundial y por tanto el proceso no tendría ninguna validez jurídica a nivel internacional, ya que las únicas naciones con competencias para sentarle en el banquillo eran Polonia, Francia, Holanda, Hungría, etcétera (las cuales expresaron sus quejas por no extraditarlo a Europa). No obstante y haciendo caso omiso del resto de potencias, Israel siguió adelante con el juicio por un tribunal compuesto por los jueces Moshe Landau, Benjamin Halevy y Yitzhak Raveh que procesaron a Eichmann por el Cargo Nº4 de Crímenes contra la Humanidad, siendo su abogado defensor Robert Servatius (él mismo que en los Juicios de Nuremberg había defendido a Fritz Sauckel). Una vez comenzaron la sesiones, Eichmann se mostró muy colaborador con los fiscales y la acusación porque afirmó haber cometido todos aquellos crímenes obedeciendo órdenes y manifestando su arrepentimiento. Incluso en varias de sus declaraciones habló en yiddish para sorpresa de los presentes debido a su gran conocimiento del idioma hebraico. Finalmente la sentencia se leyó el 15 de Diciembre de 1961 tras ser Eichmann fue declarado culpable y sentenciado a morir en la horca (lo que obligó al Gobierno de Israel a modificar la Constitución e instaurar la pena de muerte).

Oficialmente el 31 de Mayo de 1962 el Justicia Israelí cumplió la sentencia cuando Adolf Eichmann fue sacado desnudo de su celda en la Prisión de Ramla de Tel Aviv y ejecutado en la horca, antes de ser arrojadas sus cenizas al Mar Mediterráneo, aunque fuera de aguas territoriales de Israel. Curiosamente y justo antes de morir, sus últimas palabras fueron: “Larga vida a Alemania. Larga vida a Austria. Larga vida a Argentina. Estos son los países con los que más me identifico y nunca los voy a olvidar. Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera. Estoy listo”.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Adolf Eichmann”, S.A.R.P.E. (1978), p.90-96
-http://sgm.casposidad.com/
-http://es.wikipedia.org/wiki/Adolf_Eichmann
-http://es.wikipedia.org/wiki/Operacion_Garibaldi