Invasión de Filipinas

El ataque a las Filipinas constituyó una de las grandes ofensivas de Japón cuando las tropas imperiales iniciaron su expansión sobre el Lejano Oriente justo después del ataque a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941. La campaña sobre el archipiélago culminaría en un triunfo absoluto para las armas niponas con la conquista de todas islas y su entrada triunfal en Manila, aunque las fuerzas norteamericanas y filipinas también protagonizarían gestas muy épicas como la defensa de la Península de Bataán y Corregidor.

Plan de Japón

Al mismo tiempo en que Japón desencadenó sus ataques sobre Pearl Harbor, la Isla de Wake, Hong Kong y Malasia, también se lanzó a la conquista de las Filipinas por los dos siguientes motivos: en primer lugar por ser un condominio de Estados Unidos y en segundo lugar por su ubicación geográfica y estratégica a medio camino entre la metrópoli y el Sudeste Asiático. La posesión de este vasto archipiélago que los japoneses habían previsto ocupar en un plazo menor de 50 días, no sólo evitaría que los norteamericanos cortaran en dos sus rutas marítimas con el sur de Asia, sino que a la vez ofrecía una excelente barrera defensiva desde la que contener futuras ofensivas enemigas procedentes del Océano Pacífico.

El XVI Ejército Japonés al mando del general Masaharu Homma fue la agrupación escogida para invadir Filipinas, pero tan sólo de manera parcial debido a que tan sólo intervendrían dos tercios de sus efectivos, concretamente la 16ª División de Infantería procedente de Formosa y la 48ª División de Infantería desplegada entre las Islas Ryûkyû y las Islas Palaos, así como la Fuerza «Tanaka», el Destacamento Taiwanés «Kanno», la Fuerza Especial Naval de Desembarco «Kure» y los 4º y 7º Regimientos Blindados; aunque vez la campaña se complicase también se movilizaría desde China a la 4ª División de Infantería «Yodo» y a la 65ª Brigada de Infantería. La idea del Estado Mayor Imperial era desembarcar primero sobre la Isla de Luzón en tres sectores que fueron Aparri y Gonzaga al norte, Vigan y Lingayen al oeste, y Legazpi y la Bahía de Lamón al sur; al mismo tiempo en que otras fuerzas menores conformadas por dos regimientos de infantería, cinco batallones antiaéreos y un batallón de artillería atacarían el resto de islas como Mindanao, Mindoro, Cebú, Negros, Palawán, etcétera; obviamente bajo el soporte aéreo de las 5ª y 11ª Divisiones Aérea, además de los barcos de la 3ª Escuadra Naval liderada por el vicealmirante Ibô Takahashi que incluía 104 navíos entre el portaaviones Ryûjô, los cinco cruceros pesados Ashigara, Haguro, Maya, Myôkô y Nachi, los tres cruceros ligeros Jintsû, Kuma, Nagara y Naka, los veintiséis destructores Murasame, Yûdachi, Harusame, Samidare, Asagumo, Minegumo, Natsugumo, Yamakaze, Suzukaze, Kaakaze, Umikaze, Yukikaze, Tokistuskaze y Kawakaze, Harukaze, Asakaze, Matsukaze, Hatakaze, Fumizuki, Minazuki, Nagatszuuki, Satsuki, Natsushio, Kuroshio, Oyashio y Hayashio, los cuatro portahidroaviones Mizuho, Chitose, Sanyo Maru y Kamikawa Maru, los cinco cañoneros Ikushima Maru, Busho Maru, Keiko Maru, Kanko Maru y Myoken Maru, los minadores Aotaka, Shirotaka, Itsukushima y Yaeyama, diecisiete dragaminas, once cazasubmarinos, dos patrulleras, cuatro lanchas torpederas y 37 cargueros.

Japón concentró a un total de 129.435 soldados, 90 tanques, 604 aviones y 104 navíos (1 portaaviones, 5 cruceros pesados, 4 cruceros ligeros, 26 destructores, 4 minadores, 17 dragaminas, 4 portahidroaviones, 4 lanchas torpederas, 2 patrulleras y 37 cargueros).

Plan de los Aliados

Filipinas era una archipiélago formado por 7,107 islas, el segundo más grande del mundo por detrás de Indonesia, el cual pertenecía a Estados Unidos en forma de condominio desde que se lo arrebató a España en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898. A pesar de que los autóctonos sufrieron lo indecible durante el proceso de colonización que dejó un millón de muertos durante la Guerra Filipino-Americana de 1899 a 1902, la situación mejoró a medida que avanzaba el siglo XX, sobretodo desde la llegada al poder del Presidente Manuel Quezón que se convirtió en un firme partidario de someterse a los designios de la Casa Blanca y no dudó en declarar la guerra a Japón cuando se produjo el ataque a Pearl Harbor.

General Douglas McArthur, al mando del Ejército Estadounidense en Filipinas.

El Ejército Estadounidense presente en el archipiélago estaba al mando del general Douglas McArthur, nombrado también mariscal a título simbólico de las Fuerzas Armadas Filipinas, el cual era responsable de la 1ª División de Infantería «Filipinas», el Grupo Blindado Provisional, el 4º Regimiento de Marines, el 10º Regimiento de Ametralladoras, el 14º Regimiento de Ingenieros, el 26º Regimiento de Caballería, los 31º, 43º, 45º y 57º Regimientos de Infantería, y otras unidades menores que incluyeron batallones de artillería costera, zapadores, transmisiones, intendencia, policía militar, sanidad, etcétera. La aviación por el contrario se agrupó en la Fuerza Aérea del Lejano Oriente (Far East Air Force) del general Lewis Brereton con 157 aviones de todos los tipos sobre los Aeródromos del Carmen, Clark, Iba, Laoag, Tuguegarao, Legazpi, Zablan, Nichols y Nielson; mientras que la armada se articuló en la Flota Asiática (Asiatic Fleet) del almirante Thomas Hart. En el caso de esta última había un total de 68 buques anclados en la Bahía de Cavite y otros fondeadores, entre estos el crucero pesado USS Houston, los tres crucero ligeros USS Boise, USS Marblehead y USS New York, el portaaviones USS Langley, los quince destructores USS Paul Jones, USS John Edwards. USS Alden, USS Whipple, USS Edsall, USS Stewart, USS Barker, USS Bulmer, USS Parrott, USS John Ford, USS Pope, USS Peary, USS Pillsbury, USS Childs y USS William Preston, los seis drgaminas USS Whipporwill, USS Heron, USS Finch, USS Bittern, USS Pidgeon y USS Quail, los veintisiete submarinos USS S-36, USS S-37, USS S-38, USS S-39, USS S-40, USS S-41, USS Porpoise, USS Pike, USS Shark, USS Tarpon, USS Perch, USS Pickerel, USS Permit, USS Salmon, USS Seal, USS Snapper, USS Stingray, USS Sturgeon, USS Sargo, USS Saury, USS Spearfish, USS Sculpin, USS Swordfish, USS Seadragon, USS Sealion, USS Searaven y USS Seawolf, los cinco cañoneros USS Asheville, USS Tulsa, USS Luzón, USS Oahu y USS Mindanao, las seis lanchas torpederas USS PT-31, USS PT-32, USS PT-33, USS PT-34, USS PT-35 y USS PT-41 el buque nodriza USS Canopus, el remolcador USS Genesee, el buque de rescate USS Research y el velero USS Lanikai.

El Ejército Filipino al mando del general Basilio Valdes sumaba un total de 100.000 tropas repartidas en la 1ª División Regular, las 11ª, 21ª, 31ª, 41ª, 51ª, 61ª, 71ª, 81ª, 91ª y 101ª Divisiones de Infantería, las 2ª y 102ª Divisiones Provisionales, y los 59º, 60º, 61º y 62º Regimientos de Aritllería Costera, así como los milicianos pertenecientes a los «Exploradores Filipinos» o «Philippine Scouts». La mayor parte de las Fuerzas Armadas Filipinas poseían un material obsoleto para hacer frente a los japoneses, sin obviar con que estaban compuestas bien por jóvenes soldados sin experiencia o bien por numerosos reservistas de escasa capacitación, entre los cuales no todos hablaban el mismo idioma por existir 170 lenguas distintas y encima encontrarse socialmente divididos, especialmente los cristianos con los musulmanes que habitaban las regiones de Mindanao y Joló.

Según el área de operaciones de los Aliados en las Filipinas, el general Douglas MacArthur creó tres grandes departamentos o agrupaciones repartidas en diferentes latitudes para hacer frente a la inminente invasión de Japón. Al norte de Luzón se situó la Fuerza Septentrional «Luzón» del general Jonathan Wainwright con el 26º Regimiento de Caballería y las 11ª, 21ª, 31ª y 71ª Divisiones de Infantería; al sur de la isla la Fuerza Merdional «Luzón» del general George Parker con las 41ª y 51ª Divisiones de Infantería; y en el resto del archipiélago la Fuerza «Visayan-Mindanao» del general William Sharp con el 43º Regimiento de Infantería y las 61ª, 81ª y 101ª Divisiones de Infantería.

Los Aliados desplegaron a un total de 151.000 soldados, así como 108 tanques, 157 aviones (91 cazas P-40 Warhawk, 34 bombarderos B-17 y 32 hidroaviones PYB Catalina) y 68 navíos (1 crucero pesado, 3 cruceros ligeros, 1 portaaviones, 15 destructores, 7 dragaminas, 27 submarinos, 5 cañoneros, 6 lanchas torpederas, 1 buque nodriza, 1 remolcador, 1 buque de rescate y 1 velero).

Bombardeo del Aeródromo Clark

A las 2:30 horas de la madrugada del 7 de Diciembre de 1941 (8 de Diciembre en Filipinas), un oficial del Cuerpo de Marines informó al almirante Thomas Hart, por ese entonces el comandante de la Flota Asiática, acerca de la noticia del ataque japonés a Pearl Harbor. El general Douglas MacArthur no tuvo conocimiento de lo sucedido en las Islas Hawaii hasta las 3:30, cuando se enteró gracias a una emisora local de Manila, por lo que acto seguido convocó a todos los altos mandos, decretó zafarrancho de combate y declaró el estado de máxima alerta primero en Luzón y luego en el resto del archipiélago, mientras se ordenaba la movilización general del Ejército Filipino.

Como todo el mundo esperaba un ataque de Japón, a las 8:00 de la mañana un puñado de bombarderos B-17 y cazas P-40 Warhawk despegaron de Luzón para patrullar el cuelo filipino y dar respuesta a una más que probable incursión de Imperio del Sol Naciente. Sin embargo los estadounidenses no sabían que la Isla de Formosa se hallaba cubierta por una fina capa de nubes, por lo que los japoneses no habían podido emprender el vuelo, algo que obligó a los norteamericanos a aterrizar con sus propios aviones al poco de agotárseles el combustible. Una vez en tierra los aparatos fueron reabastecidos de carburante y cargados con bombas para lanzar un raid contra Taiwán que jamás se llevaría a cabo, pues a las 12:15 horas del mediodía, justo cuando docenas de aeroplanos se hallaban alineados en pista para despegar, aparecieron varias oleadas de la Fuerza Aérea Imperial Japonesa.

Destrucción del Aeródromo Clark.

El ataque de Japón estuvo protagonizado por un total de 192 aviones sumando a 84 cazas y 108 bombarderos, los cuales primero enviaron a una formación de 25 aeroplanos que causaron destrozos en las instalaciones y cuarteles de cuarteles de Tuguegarao y Baguio, así como en los hangares del Aeródromo de Iba. Lo peor sin embargo ocurrió en el Aeródromo Clark porque como los cuatrimotores se hallaban en fila con el carburante lleno y cargados de bombas, fueron destruidos uno a uno con ametrallamientos a ras de suelo o con artefactos sobre las pistas que provocaron un verdadero infierno de fuego y devastación. El resultado de aquella letal incursión costó a los estadounidenses la pérdida de 103 aparatos (56 cazas P-40, 17 bombarderos B-17 y 30 aparatos de diversos tipos), lo que implicó la aniquilación total de la Fuerza Aérea del Lejano Oriente a las veinticuatro horas de haberse iniciado la Guerra del Pacífico.

Desembarcos en Luzón

Oficialmente la primera operación anfibia sobre Filipinas tuvo lugar el mismo 8 de Diciembre de 1941 con la fugaz invasión del Islote de Batán situado en el Canal de Bashii entre Luzón y la Isla de Formosa, al que siguió dos días más tarde la sencilla conquista del Islote de Camiguin. Sería precisamente desde Taiwán y las Islas de los Pescadores de donde zarparon más de 2.000 hombres a bordo de la 3ª Escuadra Naval compuesta por una flotilla de 23 navíos al mando del vicealmirante Shôji Nishimura que incluía al crucero Naka, los siete destructores Murasame, Yûdachi, Harusame, Samidare, Asagumo, Minegumo y Natsugumo, seis dragaminas, nueve cazasubmarinos y seis cargueros, los cuales se presentaron en el extremo septentrional de Luzón en la madrugada del 10 de Diciembre.

La primera oleada de desembarco compuesta por 200 efectivos de la «Fuerza Tanaka», denominada con ese nombre en honor a su comandante Tohru Tanaka, tomó tierra en las playas de Aparri y Gonzaga, en cuyas inmediaciones establecieron una cabeza al noreste de Luzón. Al mismo tiempo los soldados del Destacamento Taiwanés «Kanno» desembarcaron al noroeste sobre Pandan y ocuparon sin dificultades la ciudad de Vigan, aunque un puñado de bombarderos estadounidenses B-17 soltaron sus bombas sobre la escuadra invasora, hundiendo al dragaminas W-10 y averiando a los dos cargueros Oigawa Maru y Takao Maru que tuvieron que encallar en la arena. Los cuatrimotores sin embargo no tardaron en ser ahuyentados por cazas Zero, resultando derribado el pilotado por el capitán Collin Kelly que cayó acribillado a manos del famoso «as» Saburo Sakai.

A las veinticuatro horas de los desembarcos en Luzón, el 11 de Diciembre, las tropas taiwanesas del Destacamento «Kanno» protagonizaron un espectacular avance de 80 kilómetros hacia el norte para unirse a la Fuerza «Tanaka», apoderándose durante el trayecto del Aeródromo de Laoag. A la jornada siguiente, el 11, de nuevo la aviación japonesa lanzó un raid con un centenar de cazas y bombarderos sobre los Aeródromos de Tuguegaro y Legazpi, causando numerosos daños y reduciendo los aviones enemigos a tan sólo 30 aparatos operativos, entre estos el viejo caza filipino P-26 Peashooter del oficial Jesús Villamor, quién tras derribar a tres aeroplanos japoneses se convertiría en el máximo «as» de la Fuerza Aérea Filipina. Aquel tipo de incursiones también alcanzaron los puntos de anclaje de la Flota Asiático en la Bahía de Cavite, ya que los nipones hundieron o dejaron fuera de combate al crucero ligero USS New York, al submarino USS Sealion y al dragaminas USS Bittern.

Lanchas de desembarco japonesas en Luzón.

Simultáneamente aquel 11 de Diciembre en el sureste de Luzón, una escuadra conformada por 18 navíos al mando del contraalmirante Kyuiji Kubo ancló por debajo del Islote de Catanduanas con el crucero ligero Nagara, los seis destructores Yamakaze, Suzukaze, Kaakaze, Umikaze, Yukikaze y Tokistuskaze, los dos portahidroaviones Mizuho y Chitose, dos patrulleras y siete cargueros que llevaban a bordo 2.500 hombres del Destacamento «Kimura» bajo el liderazgo del general Naoki Kimura. A pesar de que justo en la playa se desató un combate aéreo en el que resultaron derribados nueve aviones japoneses a costa de perderse dos cuatrimotores B-17, las tropas japonesas y los infantes navales desembarcaron y conquistaron sin mayores incidentes el estratégico puerto de Legazpi.

La jornada del 12 de Diciembre la Fuerza «Tanaka» progresó unos 80 kilómetros en paralelo al Río Chico para acceder al Valle de Cagayán y conquistar el vital Aeródromo de Tuguegarao, antes de torcer hacia al suroeste y conquistar algunos días más tarde el enclave de Bantoc. Simultáneamente sobre el sector de Legazpi, los avances del Destacamento «Kimura» también fueron significativos porque tras breves encuentros con el Ejército Filipino, los japoneses ocuparon la ciudad de Naga y alcanzaron la localidad de Daet, dejando atrás a una pequeña guarnición que acabó por rendirse en el extremo meridional de Irosin.

El siguiente desembarco tuvo lugar junto al Golfo de Lingayen en la madrugada del 22 de Diciembre de 1941, en este ocasión sobre los tres puertos de Bauang, Agoo y Caba con los 43.110 efectivos de la 48ª División de Infantería y los 90 tanques de los 4º y 7º Regimientos Blindados que en seguida fijaron una amplia cabeza al oeste de Luzón, ya que tras expulsar a un batallón filipino de la costa y la población de Demortis, los invasores acabaron por tomar al asalto la ciudad de Rosario y desalojar de las inmediaciones al 26º Regimiento de Caballería. A las veinticuatro horas de la operación anfibia, el 23, los japoneses avanzaron 10 kilómetros hacia el interior y empujaron a las 11ª y 71ª Divisiones de Infantería Filipinas, alcanzando el Río Agno y ocupando entre esa jornada y el 24 el Aeródromo de Nagilian, el puerto de San Fernando y las localidades de Sison, Pozorrubio, Binalonan y Tayug.

La última operación anfibia de calado sobre Luzón también se llevó a cabo al sur de la isla junto a la Bahía de Lamón, siendo los protagonistas 7.000 soldados de la 16ª División de Infantería al mando del general Susumu Morioka que transportó una escuadra procedente de las Islas Ryûkyû. Aquella formación naval estuvo compuesta por un total de 44 navíos entre los que estaban el crucero pesado Ashigara, el crucero ligero Nagara, los seis destructores Kawakaze, Suzukaze, Tokitsukaze, Umikaze, Yamakaze y Yukikaze, el minador Aotaka, los dos dragaminas W-7 y W-8, el portahidroaviones Mizuho, los cinco cañoneros Ikushima Maru, Busho Maru, Keiko Maru, Kanko Maru y Myoken Maru, los dos cazasubmarinos Shonan Maru Nº5 y Takunan Maru Nº5, el arrastrero Fukei Maru Nº5 y los veinticuatro cargueros Bengal Maru, Dainichi Maru, Durban Maru, Kaimei Maru, Kayo Maru, Kitano Maru, Kofuku Maru, Lisbon Maru, Nagato Maru, Nichiren Maru, Ryoka Maru, Ryuyo Maru, Shinsei Maru, Shinshu Maru, Taian Maru, Tamon Maru No. 5, Tatsuno Maru, Tofuku Maru, Toyama Maru, Toyohashi Maru, Hakusan Maru, Kimishima Maru, Myoko Maru y Senko Maru.

A las 8:30 horas del Día de Nochebuena, las tropas de la 16ª División de Infantería desembarcaron en tres puntos de la Bahía de Lamón que de norte a sur abarcaron los puertos de Mauban, Atimonan y Siain, los cuales cayeron en manos niponas tras una tímida resistencia de los filipinos, quienes encima se vieron acosados por los aparatos del portahidroaviones Mizuho. Curiosamente una de las columnas alcanzó en cuestión de horas la cara contraria del istmo en la Bahía de Tabayas, lo que separó en dos secciones a los Aliados sobre la Península de Bicol, sin obviar con que otro de los contingentes llegó a la Laguna de Bay, mientras las unidades restantes tomaban la población de Lucban y la ciudad de Batangas, además de coronar las alturas de los Montes Malicbuy.

Caída de Manila

Completados los desembarcos en diferentes puntos del norte y sur de Luzón, el foco principal de la campaña se trasladó al sector del Golfo de Lingayen, donde el Día de Navidad, el 25 de Diciembre, las tropas estadounidenses y filipinas comenzaban a flaquear sobre una línea defensiva fijada sobre el Río Agno entre la ciudad de Carmen y los contrafuertes de los Montes Zambales. Después de presionar sobre Villasis y San José, un grupo de veintiséis tanques nipones Ha-Go quebraron las defensas enemigas y ocuparon el estratégico enclave del Carmen, por lo que a raíz de dicho acontecimiento las fuerzas defensoras entraron en pánico y se descompusieron, emprendiendo entonces la retirada hacia un nuevo perímetro a medio improvisar en Cabanatuán.

El caótico repliegue desde la ciudad de Carmen por parte de las 11ª y 21ª Divisiones de Infantería Filipinas también generó una profunda preocupación en el mismo general Douglas MacArthur, quién con todo su Estado Mayor decidió trasladar el Cuartel General a la mucho más segura Península de Bataán. Sin embargo por aquel entonces el daño ya estaba hecho debido a que los filipinos huyeron en desbandada y abordaron los trenes para escapar a través del ferrocarril que conectaba la zona con una estación situada en Moncada, resultando algunas de las locomotoras y vagones dañados por el fuego de los carros japoneses Ha-Go, por lo menos hasta la llegada de un puñado de tanques Stuart y un semioruga equipado con un cañón de 75 milímetros que consiguieron ahuyentar a los nipones el tiempo suficiente para facilitar la evacuación. Lamentablemente para los defensores, entre el 26 y el 28 de Enero toda la línea del frente se vino abajo debido a que la 48ª División de Infantería conquistó en «efecto dominó» las localidades de Bolac, Gerona y Tarlac, sin obviar con que la jornada del 29 cruzó el Río Pampanga y ocupó la importante ciudad de Cabanatuán.

Las noticias procedentes de Cabanatuán provocaron miedo en Manila, sobretodo cuando la población contempló como cientos de vehículos y tanques norteamericanos entraban en la capital para atravesar la metrópoli de punta a punta y salir en dirección a la Península de Bataán. Las oleadas de aviones japoneses que sobrevolaban la Bahía de Manila tampoco ayudaron a mantener la calma, pues ese día 29 la Isla de Corregidor recibió tres incursiones que se sucedieron del siguiente modo: la primera a las 11:42 horas por parte de un grupo de cazas Zero, la segunda a las 12:30 con 40 aeroplanos entre veintidós bombarderos pesados Mitsubishi G3M y dieciocho bombarderos en picado Aichi Val, y la tercera al mediodía con 60 bimotores; los cuales causaron graves desperfectos en la base, echaron abajo el círculo de oficiales y derrumbaron un hospital, a costa de ser derribados siete aparatos por las piezas de artillería antiaérea (cuatro Aichi Val y tres Mitsubishi G3M).

Columna blindada japonesa entrando en Manila.

A comienzos del Nuevo Año 1942, el 1 de Enero, el Presidente Manuel Quezón que acababa de huir a Australia, declaró a Manila con el estatus de «ciudad abierta» para evitar un combate urbano dentro de sus calles y por tanto una masacre entre la población. De este modo fue como la 16ª División de Infantería, cuyos soldados acababan de protagonizar un espectacular avance sobre Tiaong, el Lago Taal y Santiago hasta conquistar la base naval de Cavite a primeras horas del día 2, esa misma jornada torcieron hacia el oeste y sin apenas encontrar ningún tipo de oposición entraron triunfales en la capital de Manila.

La caída de Manila se simultaneó con una ofensiva desde el norte por parte de la 48ª División de Infantería cuando sus tropas abrieron una brecha de 1.800 metros sobre Porac, en parte gracias a un bombardeo de apoyo con piezas pesadas de 105 milímetros. Una vez roto el frente el 3 de Enero, los japoneses fueron imparables porque ocuparon las ciudades de Calumpit, Sexmoan y Guagua, mientras las maltrechas fuerzas norteamericanas y filipinas cruzaban el único puente intacto sobre el Río Culo para alcanzar las fortificaciones defensivas de la Península de Bataán.

Asedio de Bataán

La Península de Bataán constituyó la última barrera fortificada al oeste de Luzón que estaba precedida por una primera línea entre el Monte Santa Rosa y la costa del Mar de China Meridional, seguida por una segunda línea situada 14 kilómetros más abajo que contaba con excelentes posiciones naturales en forma de selvas y riscos montañosos, en cuyas elevaciones los defensores emplazaron unas pocas baterías de 75 milímetros. La guarnición encargada de custodiar el perímetro incluía a 80.000 soldados filipinos y norteamericanos, así como a 26.000 refugiados civiles, aunque en condiciones muy deplorables debido a que tan sólo había raciones de alimentos para 43.000 hombres y se padecía una escasez crónica de quinina para atender los abundantes casos de malaria entre la tropa.

A las 15:00 horas del 9 de Enero de 1942 un batallón del XVI Ejército Japonés emprendió la ofensiva sobre la Península de Bataán, avanzando unos 5 kilómetros hasta cruzar el Río Calaguiman y situarse los soldados sobre una plantación de azúcar a tan sólo 140 metros del enemigo. Una vez en aquel entorno los japoneses pasaron la noche ocultos entre la vegetación para al amanecer siguiente, el 10, salir a campo abierto gritando «¡Banzai» y efectuar una carga a la bayoneta que fue precedida por un fuego preliminar de cañones y morteros. A pesar de que muchas de las tropas alcanzaron la alambrada, en seguida fueron masacrados por la artillería filipina y los infantes estadounidenses, resultando el asalto completamente desbaratado a un coste de 300 atacantes muertos.

Conjuntamente al asalto principal desde el Río Calaguiman hubo otros intentos de los japoneses por acceder al perímetro de la Península de Bataán, como el protagonizado por tanques japoneses Ha-Go que apenas pudieron moverse por la presencia de pantanos en los flancos y las bajas sufridas por los disparos frontales tanto de la artillería filipina como de unos pocos carros estadounidenses Stuart. De hecho el único éxito destacado de los nipones fue desalojar la jornada del 12 a dos regimientos filipinos de una colina que lograron mantener bajo su poder, pese a los intentos de las tropas filipinas por reconquistarla durante un infructuoso contraataque que acabó con la retirada hacia uno de los segundos escalones en la Península de Bataán.

El 18 de Enero el XVI Ejército Japonés volvió a lanzar un ataque fallido sobre el centro de la Península de Bataán, seguido por otro la jornada del 23 que en esta ocasión culminó con una tímida penetración dentro de las líneas enemigas y en la destrucción de unos pocos emplazamientos de artillería filipinos. Al cabo de tres días, el 26, los japoneses se anotaron otro éxito a la hora de arrebatar a los estadounidenses la aldea de Orión, aunque para el 31 de ese mes los atacantes de nuevo quedaron paralizados sobre una improvisada línea de defensa que se extendía en las inmediaciones de la localidad de Bagac.

Soldados filipinos en la Batalla de Batáan.

Como las bajas del XVI Ejército Japonés ya sumaban las 7.000 desde que había comenzado la invasión de Luzón, sin contar a los 10.000 enfermos de malaria, el general Masaharu Homma ordenó suspender nuevos asaltos sobre la Península de Bataán. La idea a partir de ese momento consistiría en tratar de rendir a la guarnición mediante un asedio prolongado, aprovechando que la comida de los defensores se agotaba a un ritmo alarmante, sus municiones escaseaban, sus ropas estaban hechas jirones, carecían de cigarrillos y las enfermedades proliferaban sin control, especialmente el escorbuto derivado de la falta de vitaminas. De hecho para hundir la moral de los filipinos la aviación se dedicó a arrojar millares de pasquines que mostraban fotografías con ilustraciones de platos de comida deliciosa, mujeres desnudas y madres que lloraban la muerte de sus hijos, una intensa campaña propagandística que a corto plazo no resultó demasiado exitosa debido a que fueron muy pocos los soldados que desertaron.

La grave situación en las Filipinas condujo al Presidente Franklin Delano Roosevelt a evaluar la posibilidad de enviar una flota de socorro que en seguida se vislumbró como inviable debido a las pérdidas sufridas en Pearl Harbor; mientras que el Presidente Manuel Quezón propuso que se reconociera la independencia del archipiélago y se declarase su neutralidad con la consiguiente salida tanto de las tropas estadounidenses como japonesas. Sin embargo como ninguna de las opciones era realista, finalmente el 12 de Marzo la Casa Blanca ordenó al general Douglas MacArthur que abandonara la Isla de Luzón, quién en compañía de su esposa, su hijo, su niñera, quince oficiales y el vicealmirante Francis Rockwell, partieron a bordo de cuatro lanchas torpederas para desembarcar en Mindanao, en donde subió a un bombardero B-17 que lo llevó hasta Australia para nada más aterrizar en Port Darwin expresar su mítica frase de «¡He salido de allí, pero volveré!».

En la mañana del Viernes Santo 3 de Abril de 1942, el XVI Ejército Japonés desencadenó la ofensiva final sobre la Península de Bataán con un devastador bombardeo preliminar de cinco horas en el que docenas de obuses, cañones y morteros descargaron 60 toneladas de proyectiles sobre el principal baluarte en el Monte Sabat. A la caída de la tarde, los soldados de la 65ª Brigada de Infantería Japonesa salieron de sus posiciones y abrieron brecha sobre la elevación, penetrando un kilómetro en el dispositivo enemigo sin apenas encontrar oposición por parte de los debilitados defensores. Al día siguiente, el 4, una oleada de bombarderos en picado Aichi Val machacaron a dos batallones norteamericanos que trataban de cerrar el hueco abierto por los invasores, cuyas tropas entraron en pánico y huyeron en desbandada, algo que los nipones aprovecharon para agrandar la ruptura en dirección a la pendiente norte de los Montes Mariveles.

La lucha en los Montes Mariveles se prolongó hasta el 7 de Abril cuando los soldados del XVI Ejército Japonés abrieron un peligroso saliente de 6’5 kilómetros por el que se colaron millares de tropas a pie y algunos tanques Ha-Go, ocupando durante su imparable marcha las poblaciones de Limay y Limao. Una vez los japoneses comenzaron a superar las colinas, el general Jonathan Waijinwright, quién sustituía al general Douglas MacArthur, ordenó enviar a dos negociadores con bandera blanca para parlamentar con el general Masaharu Homma, mientras los equipos de demolición se dedicaban a destruir el armamento y un destacamento de marineros hundía en la costa al buque nodriza USS Canopus.

A últimas horas del 9 de Abril de 1942, toda la guarnición del Ejército Filipino y el Ejército Estadounidense capituló de manera oficial ante el Imperio Japonés sobre la Península de Bataán. El mayúsculo desastre costó a los Aliados un total de 115.000 bajas entre 10.000 muertos, 20.000 heridos y 75.000 prisioneros, ya que tan sólo sobrevivieron 2.000 soldados norteamericanos que se refugiaron en la Isla de Corregidor; mientras que Japón encajó unas 19.000 bajas entre 7.000 fallecidos y 12.000 heridos.

Desembarco en Mindanao, Panay, Cebú y Joló

Al mismo tiempo en que se invadía la Isla de Luzón y se alargaba la Batalla de la Penínsulua Bataán, el XVI Ejército Japonés puso en marcha otros desembarcos sobre el archipiélago con la finalidad de controlar el resto de las Filipinas. Las operaciones anfibias durante este período, a las que siguieron algunos choques armados contra los defensores del Ejército Filipinos y unas pocas guarniciones del Ejército Estadounidense, se produjeron fundamentalmente en Mindanao, Panay, Cebú y Joló.

La Isla de Mindanao sería la más difícil de conquistar para Japón cuando a las 4:00 horas del 20 de Diciembre de 1941 una escuadra conformada por doce navíos de guerra entre los que estaban el portaaviones Ryûjô, los tres cruceros pesados Nachi, Haguro y Myōkō, el crucero ligero Jintsû, los seis destructores Amatsukaze, Hatsukaze, Kuroshio, Oyashio, Hayashio y Natsushio, y el portahidroaviones Chitose, depositaron a las afueras de Davao a 6.500 efectivos del Destacamento «Sakaguchi» y la Fuerza Especial Naval de Desembarco «Kure». Gracias a que la aviación embarcada destruyó la estación de radio del Cabo San Agustín y derribó a dos de los cuatro hidroaviones de reconocimiento PBY Catalina, los dos batallones encargados de la defensa quedaron incomunicados con el resto del Ejército Filipino, por lo que el desembarco se efectuó sin apenas incidentes y por tanto los japoneses pusieron en fuga a los más de 2.000 filipinos presentes para terminar apropiándose de Davao.

A los tres días de haberse llevado a cabo la operación anfibia sobre Davao, el 23 de Diciembre, los invasores en seguida aprovecharon el puerto que acaban de capturar en Mindanao para organizar un contingente que debía partir a la vecina Isla de Joló, situada a medio camino entre Filipinas y las Indias Orientales Holandesas. El desembarco tuvo lugar la Nochebuena del 24, siendo la misión un éxito porque los 300 filipinos presentaron una oposición mínima y se rindieron, en parte porque las autoridades del Sultanato de Sulú, cuyos líderes musulmanes eran claramente pro-Eje, no tuvieron reparos a la capitular Joló a las tropas del Imperio del Sol Naciente.

El 16 de Abril de 1942 se produjo la invasión de la Isla de Cebú por parte de 4.500 efectivos del Destacamento «Kawaguchi» del general Kiyotake Kawaguchi, los cuales desembarcaron en el este insular sobre las playas de Talisay y en el litoral occidental sobre Barangai Bato. Después de emplazar la artillería y descargar un puñado de tanques Ha-Go, los japoneses tomaron al asalto la ciudad de Toledo y Cebú Capital, antes de perseguir a los más de 6.000 filipinos comandados por el teniente coronel Fortunato Borbón hacia los riscos y selvas de Sierra Madre, en donde tras volar el único puente de acceso sobre Cantabaco, los defensores rechazaron durante varias semanas a los invasores, a los que infligieron unas 500 bajas entre muertos y heridos. Aquella heroica resistencia permitió que un gran número de tropas filipinas fuesen evacuadas vía marítima, aunque una vez agotaron las municiones más de un millar se rindieron en Barili por orden del juez José Abad Santos, quién sería ejecutado al poco tiempo de que toda Cebú quedara bajo firme control del Imperio Japonés.

Simultáneamente al desembarco en Cebú, exactamente el mismo día 16 de Abril se produjo la invasión de la Isla de Panay defendida por 7.500 efectivos entre 7.000 soldados estadounidenses y filipinos de la 61ª División de Infantería bajo el mando del general Bradford Chynoweth, así como por 500 agentes nativos liderados por el oficial Macario Peralta. La fuerza atacante estuvo compuesta por 4.106 soldados del Destacamento «Kawamura» del general Saburo Kawamura, quienes gracias al apoyo de cuatro cruceros pudieron poner el pie en las playas de Capiz, Jaro y San José, tomando las tres localidades y avanzando hacia el interior hasta que la jornada del 18 vencieron durante una batalla a los últimos defensores sobre Iloilo, momento en que los Aliados se rindieron y los invasores declararon por conquistada la totalidad de Panay.

Mientras los combates se desarrollaban tanto en Luzón como en el resto de las Filipinas, la campaña de Mindanao prosiguió con pasmosa lentitud, pues pese a que los japoneses presentes en Davao ocuparon el sur insular y desalojaron a sus rivales del enclave de Digos, no fueron capaces de derrotar a 6.000 defensores equipados con dos obuses de 250 milímetros sobre las montañas, contra quienes lanzaron un infructuoso asalto de doce tanques Ha-Go y bombardearon con la aviación procedente del portaaviones Ryûjô. Lo mismo sucedió en otros sectores que los nipones tardaron meses en conquistar, como el puerto de Zamboanga o el distrito de Malabang a un coste de 400 muertos propios por 1.100 bajas filipinas entre 600 fallecidos y 500 prisioneros. Ante estos retrasos tan considerables, la Marina Imperial Japonesa finalmente intervino organizando grandes desembarcos de flanqueo como ocurrió a la hora de depositar a 3.000 infantes y 18 vehículos blindados sobre Parang con los que posteriormente consiguieron vencer a un grupo de resistentes en Cotobato; y a otros 4.500 efectivos sobre Cayagán de Oro, en donde eliminaron a 1.200 tropas filipinas a costa de 450 bajas en sus filas, lo que permitió dominar la Bahía de Macajalar, apoderarse de los muelles de Bugo y Macabalan, e incluso enlazar con las demás columnas hasta completar la conquista definitiva de Mindanao en Mayo de 1942.

Asalto a Corregidor

Corregidor, apodado como «la Roca» o el «Gibraltar de Oriente», era un islote situado a tan sólo 5 kilómetros de distancia de la Península de Bataán, justo en medio del Canal del Norte que unía la Bahía de Manila con el Mar de China Meridional. Las medidas del enclave eran de 4’15 kilómetros de longitud y 2’5 kilómetros de anchura, siendo su franja intermedia una zona baja de 500 metros denominada «Bottomside» en donde se ubicaban los almacenes, algunos muelles, tiendas, cámaras frigoríficas y el pueblo de San José. Al del complejo se hallaba la denominada «Cola del Renacuajo» con la Punta Hocker y la Punta Norte que incluía al Aérodromo de Kindley; mientras que al oeste la «Cabeza del Renacuajo» que se dividía en una llanura apodada «Middleside» con acuartelamientos y un hospital, así como en un área elevada conocida como «Topside» con la plaza de armas y diversos puestos fortificados entre la Cañada de James y la Cañada de Cheney. El sector central del dispositivo se hallaba fuertemente defendido por la Colina Malinta y a su vez el famoso Túnel de Malinta, una galería subterránea de 427 metros de longitud y 9 metros de altura, la cual se ramificaba en otros 25 pasillos bajo el subsuelo a intervalos de 122 metros. La defensa de todo este perímetro recaía en 15.000 soldados estadounidenses y filipinos al mando del general Jonathan Waijinwright, muchos del 4º Regimiento de Marines, quienes contaban con 56 piezas de artillería costeras (dieciocho obuses navales de 304 milímetros con entre 24 kilómetros y 14 kilómetros de alcance, diecinueve cañones de 155 milímetros con 15 kilómetros y diecinueve bocas medias de 76 milímetros), veinticuatro armas antiaéreas, 48 ametralladoras y cinco reflectores con espejo.

Alrededor de la Isla de Corregidor, exactamente por debajo del enclave y 450 metros por encima de Cavite, se hallaban otros tres dominios insulares encargados de custodiar el acceso a la Bahía de Manila. Según su ubicación de norte a sur las posesiones estadounidenses fueron las siguientes; el Islote del Caballo con el Fuerte «Hughes» poseía un bastión de 400 metros cuadrados con diecisiete piezas de artillería que variaban de los 435 a los 76 milímetros; el Islote del Fraile incluía al Fuerte «Drum», también conocido como el «Acorazado Drum», pues su planta de hormigón 106 metros de largo por 44 metros de ancho recordaba a un barco gracias a su vistosa torre y cuatro baterías de obuses de 356 milímetros, así como cuatro cañones más pequeños de 152 milímetros y tres armas antiaéreas de 76 milímetros; y el Islote de Carabao con el Fuerte «Frank» que articulaba una defensa constituida por 21 bocas de fuego de diferente calibre.

Mientras había tenido lugar la Batalla de la Península de Bataán, los aviones de la 5ª División Aérea se dedicaron con regularidad a bombardear Corregidor desde una cota de 7.000 a 8.000 metros de altitud, a veces con oleadas de 50 a 60 bimotores que casi a diario provocaron cuantiosos desperfectos materiales. A mismo tiempo, una batería de artillería instalada por el oficial Toshinori Kondo en Ternate, un puerto situado a 19 kilómetros del enclave, disparó en intervalos de un minuto cada tres horas durante todos los días; por lo menos hasta que fue sustituida por un grupo de obuses de 240 milímetros del 11º Regimiento de Artillería que el oficial Masayoshi Hayakawa emplazó en el Pico del Loro, los cuales causaron graves daños en el Fuerte «Frank» del Islote de Carabao, pero fracasaron a la hora de intentar perforar los 11 metros de hormigón del Fuerte «Drum» en el Islote del Fraile. A este castigo pronto se sumaron otras piezas de diferentes calibres, usualmente por encima de los 76 milímetros, que consiguieron destruir una posición artillera norteamericana, dejar fuera de combate a las Baterías «Crockett» y «Craghill», e incluso hacer que una gigantesca roca se desplomara sobre la Batería «James», matando por asfixia a un total de 42 artilleros. Los estadounidenses obviamente respondieron a la amenaza disparando sus bocas de fuego contra el litoral Luzón, en ocasiones con bastante éxito porque volaron una batería japonesa entera, incendiaron un depósito de municiones y pulverizaron un par de tanques Ha-Go.

Batería Antiaérea del Ejército Estadounidense en Corregidor.

A las 7:25 horas del 29 de Abril de 1942, exactamente el día del cumpleaños del Emperador Hiro-Hito, un descomunal bombardeo de obuses y cañones de entre los 240 y 76 milímetros machacó todo el perímetro de Corregidor para preparar el desembarco que se tenía previsto para el mes de Mayo, aunque de igual forma se castigó el Islote de Caballo, en cuyos muelles resultó hundido el cañonero USS Mindanao. El bombardeo se prolongó por espacio de una semana, siendo la peor jornada de todas el día 2 porque tras efectuarse la asombrosa cifra de 3.600 disparos, un proyectil de 180 kilogramos con espoleta retardada detonó en el polvorín de la Batería «Geary», la cual quedó completamente volatilizada en un gigantesco estallido que envolvió la isla y provocó hemorragias en la nariz y oídos de los defensores, mientras cientos de trozos de escombros se desperdigaban por los alrededores y trece piezas de 130 milímetros saltaban por las aires, una de las cuales cayó en un campo de golf a nada menos que 136 metros de distancia.

La fase final del bombardeo sobre Corregidor se efectuó el 5 de Mayo con una tormenta de 16.000 proyectiles sobre el litoral septentrional, mientras algo más de un millar de soldados se concentraban en Luzón para iniciar la invasión desde Limay, la mayoría pertenecientes a la 4ª División de Infantería «Yodo». Una vez concluyó el diluvio de fuego y acero, un total de 790 tropas japonesas embarcaron a las 21:00 horas de la noche para las 21:30 comenzar a navegar a través de la Bahía de Manila. A pesar de que la misión aparentaba ser fácil, de repente una improvisada y turbulenta corriente se desató en el Canal del Norte, por lo que la mayor parte de las barcazas se desviaron un kilómetro del objetivo y desembarcaron en la Punta Norte de Corregidor, donde fueron cazadas por un grupo bien atrincherado de marines estadounidenses, infantes norteamericanos y exploradores filipinos armados, así como por algunos emplazamientos de cañones de 37 y 75 milímetros. Como cabía imaginarse la masacre en el agua fue tremenda porque el 70% de las embarcaciones resultaron hundidas a manos de las piezas y las ametralladoras, al mismo tiempo en que los japoneses eran acribillados en las playas por parte de las líneas de fusileros y marineros dotados de lanzagranadas y fusiles Enfield.

Bastante más suerte tuvo la segunda oleada cuando desembarcó más al oeste de la «Cola del Renacuajo», en donde un batallón liderado por el coronel Sempachi Sato eliminó a los artilleros del Reducto «Denver» y mediante un asalto a la bayoneta se abrió paso entre los debilitados defensores, la mayoría enfermos y mal alimentados, hasta alcanzar el Túnel de Malinta, en cuya entrada se desató un violento tiroteo. Al la jornada siguiente, el 6 de Mayo, las cosas mejoraron todavía más con la llegada de artillería de refuerzo y un grupo de tres tanques Ha-Go, los cuales contribuyeron a aislar varias posiciones enemigas y amenazar la boca de salida del Túnel de Malinta.

La gravedad de la situación a partir de las 10:00 de la mañana del 6 de Mayo, condujo al general Jonathan Waijinwright a enviar a su ayudante de campo a parlamentar con los japoneses para negociar la rendición. Gracias a esta tregua los últimos defensores norteamericanos y filipinos aprovecharon el tiempo concedido para destruir todas las municiones, inutilizar el armamento, consumir los víveres e incluso beberse todo el alcohol (incluyendo el medicinal), por lo menos hasta que el día 7 de Mayo la guarnición del «Gibraltar de Oriente» izó la bandera blanca y se rindió al Imperio Japonés.

El resultado de la Batalla de Corregidor fue un completo desastre para los Aliados porque registraron 12.800 bajas entre 800 muertos, 1.000 heridos y 11.000 prisioneros, además de resultar cinco navíos hundidos o embarrancados, entre estos los dos dragaminas USS Quail y USS Pidgeon, más el remolcador USS Genesee y los dos cañoneros USS Oahu y USS Luzón. Los japoneses por el contrario encajaron 2.100 bajas entre 900 muertos y 1.200 heridos, pero al menos no sufrieron ningún contratiempo a la hora de ocupar los demás enclaves insulares que se rindieron sin ofrecer oposición, como fue el caso de los Islotes de Caballo, Fraile y Carabao.

Consecuencias

La caída de Corregidor marcó el final de la campaña por el archipiélago de las Filipinas que en un período menor a los seis meses fue conquistado en su totalidad por el Imperio del Sol Naciente. La operación nipona fue sin duda magistral en términos de cooperación terrestre, aérea y naval, pues los defensores fueron sorprendidos en todo momento, aislados y aniquilados por separado sobre Luzón, Bataán, Corregidor, Mindanao, Bebú, Panay, Joló, etcétera, sin obviar con que las demás islas cayeron por su propio peso o mediante negociación como fue el caso de Mindoro, Leyte, Negros, Palawán, etcétera.

Los Aliados sufrieron 146.000 bajas entre 25.000 muertos, 21.000 heridos y 100.000 prisioneros, así como el derribo de 130 aviones y el hundimiento de 10 navíos entre los que estuvieron el crucero ligero USS New York, el submarino USS Sealion, los tres dragaminas USS Bittern, USS Quail y USS Pidgeon, los tres cañoneros USS Luzón, USS Mindanao y USS Oahu, el buque nodriza USS Canopus y el remolcador USS Genesee.

Japón sufrió 22.700 bajas entre 9.000 muertos, 13.200 heridos y 500 desaparecidos, así como el hundimiento de 2 navíos entre el dragaminas W-12 y un carguero.

Inmediatamente a la capitulación de Filipinas, los más de 100.000 prisioneros vivieron un verdadero calvario a manos del Imperio Japonés porque 30.000 de ellos fueron víctimas de la denominada «Marcha de la Muerte de Bataán», durante la cual 10.000 soldados estadounidenses y filipinos murieron desfallecidos hasta llegar a sus respectivos campos de concentración, como por ejemplo el de Cabanatuán. Respecto a la nueva administración militar en manos del XVI Ejército del general Masaharu Homma, en seguida estableció un gobierno colaboracionista que se adheriría a la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia Oriental e incluso en 1943 proclamaría la independencia de la II República Filipina bajo el mando del Presidente José Laurel.

Las Filipinas permanecían ocupadas durante tres años por Japón hasta que en Octubre de 1944 los Aliados procedieron a reconquistarlas cuando el general Douglas MacArthur desembarcó en la Isla de Leyte al grito de «¡He vuelto!». A partir de entonces comenzaría una larga campaña por el control del archipiélago que a diferencia de la de 1941-1942, fue mucho más costosa y que tan sólo concluyó con la capitulación del Imperio Japonés en 1945, momento en que se reinstauró un gobierno pro-americano bajo el Presidente Sergio Osmeña, quién negoció con la Casa Blanca la disolución de la Commonwealth y la independencia definitiva de Filipinas que se materializó en 1946.

 

Bibliografía:

-John Vader, Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 35, «El Ataque a las Filipinas», Noguer (1972), p.45-56
-José María Sole Mariño, El Imperio del Sol Naciente, «La ocupación de Filipinas», Ediciones Iberoamericanas Quorum (1986), p.52-58
-Derrick Wright, Pacific Victory, «»I shall return»», Sutton (2005), p.10-13
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Alba de fuego en Pearl Harbor», S.A.R.P.E. (1978), p.662-682
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2, El triunfo y la tragedia, «IV ¡Pearl Harbor!», Planeta Deagostini (1959), p.48-49
-Germán Arévalo, Una misión, dos versiones, Revista WW2GP Magazine Nº6 (2015), p.36
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