Con la rendición de Italia y el desembarco de las fuerzas de Estados Unidos y el Imperio Británico sobre Salerno, Tarento y Calabria, todas las provincias del centro y norte del país pasaron a estar ocupadas por el Tercer Reich, dando comienzo a una de las campañas más largas y costosas de la Segunda Guerra Mundial. Dentro de este contexto, justo cuando las divisiones de los Aliados se disponían a subir por la costa del Mar Tirreno, inesperadamente estalló una rebelión de la población civil italiana a retaguardia del Eje que sería conocida como la «Insurrección de los Cuatro Días de Nápoles».
Preludio
Al firmarse el Armisticio de Cassibile tras la capitulación de Italia ante los Aliados, los soldados del Ejército Alemán entraron en Nápoles desarmando a las escasas unidades del Ejército Italiano que se rindieron voluntariamente o prácticamente sus hombres se deshicieron de los uniformes para camuflarse entre la población civil. Salvo por una serie de breves tiroteos en la Fortaleza de Castel de’ll Ovo y el Palacio de la Telefónica, finalmente todos los soldados italianos tiraron las armas y se entregaron a los alemanes. Una vez pacificada la ciudad, el nuevo comandante Walter Schöll que se erigió gobernador provisional de la urbe, el 12 de Septiembre cursó una polémica directiva que decía lo siguiente: «Quienquiera que actúe abierta o engañosamente contra las fuerzas alemanas será pasado por las armas. Todo soldado alemán herido o asesinado será vengado cien veces. Ordeno el toque de queda desde la 20:00 horas hasta las 6:00. Rige el estado de sitio».
Curiosamente nada más decretarse en Nápoles la directiva del comandante Walter Schöll el mismo 12 de Septiembre, ya se ejecutaron ocho rehenes al azar, todos prisioneros italianos que habían participado en la defensa de la Fortaleza de Castel de’ll Ovo, quienes fueron fusilados ante un pelotón frente a los muros del Palacio del Almirantazgo en la Calle Césare Cónsole. Sin embargo la represión no acabó ahí porque a las pocas horas las tropas alemanas hicieron redadas en los bajos de las casas, en las residencias señoriales e incluso en los negocios familiares tras romper los cierres, donde tras robar objetos e inmuebles, capturaron a más militares italianos que se habían hecho pasar por civiles napolitanos vestidos de paisano. Como castigo a uno de los cautivos se le mató en la Avenida Rettifilo con un ráfaga de subfusil por no caminar deprisa (no podía avanzar rápido a causa de una herida), antes de que al resto se los trasladase a la comarca de Aversa y se les alojase en la ciudad de Teverola, en cuyas inmediaciones al día siguiente, el 13, se fusilaron a catorce miembros de los Carabineros (Carabinieri) que habían presentado oposición en el Palacio de la Telefónica.
Mientras en Nápoles la ciudad permanecía bajo férreo control del Ejército Alemán, al sur de Italia los Aliados estaban Occidentales reorganizándose tras el desembarco del V Ejército Estadounidense del general Mark Clark en Salerno tras la «Operación Avalanche» y del VIII Ejército Británico del mariscal Bernard y Montgomery en Calabria Tarento tras la «Operación Baytown» y la «Operación Slaptisk». Reunidas estas dos últimas fuerzas del Reino Unido y Canadá en Potenza, apenas tardaron en enlazar con las de Estados Unidos en el Río Sele y poner en marcha el estudio de un plan para lanzar la próxima ofensiva hacia Nápoles.
Según la idea del general Dwith Eisenhower, comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Europa, los nortamericanos avanzarían paralelos a la costa del Mar Tirreno para alcanzar Nápoles y los anglo-canadienses apoyarían la ofensiva desde las comarcas interiores de los Apeninos. El V Ejército Estadounidense se movería mediante el X Cuerpo Británico al mando del general Richard McCreery con la 46ª División de Infantería del general John Hawkesworth y la 56ª División de Infantería del general Douglas Graham, más con el VI Cuerpo Estadounidense al frente del general Ernest Dawley con la 3ª División de Infantería del general Lucien Truscott, la 45ª División de Infantería del general Troy Houston Middleton y la 82ª División Aerotransportada del general Matthew Ridway.
Ejército Aliado:
V Ejército Estadounidense
·X Cuerpo Británico
-46ª División de Infantería
-56ª División de Infantería
·VI Cuerpo Estadounidense
-3ª División de Infantería
-45ª División de Infantería
-82ª División Aerotransportada
El X Ejército Alemán liderado por el general Heinrich Von Vietinghoff, que a su vez estaba subordinado al Grupo de Ejércitos C del mariscal Albrecht Kesselring con sede en Roma, era el encargado de dirigir la defensa al sur de Italia. Atrincherado en un primer cinturón a 40 kilómetros de distancia de Nápoles y en un segundo cinturón que cubría su flanco oriental desde Biferno, la guarnición de la ciudad acaudillada por el general comandante Walter Schöll sumaba alrededor de 8.000 hombres, incluyendo los colaboracionistas italianos de la Sección Provincial Fascista mandada por el prefecto Domenico Tilena.
Grupo de Ejércitos C:
X Ejército Alemán
·Guarnición de Nápoles
·Sección Provincial Fascista Italiana
El 21 de Septiembre de 1943 comenzó la ofensiva hacia Nápoles mediante un avance de las 3ª y 45ª Divisiones de Infantería adscritas al V Ejército Estadounidense, una operación que pese a las altas expectativas del general Mark Clark, salio bastante mal debido a que los atacantes no tuvieron en cuenta el abrupto relieve del centro-sur de Italia. Desde el primer momento los norteamericanos quedaron estancados a causa del paisaje mediterráneo compuesto por terreno accidentado, caminos estrechos, ríos caudalosos, valles secos y vados difíciles de cruzar, sin obviar las numerosas colinas, masas de follaje y grandes extensiones de arboledas de pinos, los cuales les convirtieron en blancos fácil de los soldados alemanes atrincherados en el entorno. A esta dificultad se añadió que encima la jornada del 22 cayó una lluvia torrencial seguida de un intenso frío y un fangoso barrizal que empantanó las carreteras, lo que ralentizó a límites alarmantes el tráfico entre la línea del frente y las cabezas de playa en Salerno.
Las fuerzas del X Cuerpo Británico se sumaron a la ofensiva el 23 de Septiembre partiendo desde sus áreas de concentración de Salerno y Vietri, pero desgraciadamente el resultado fue el mismo porque los ingleses fueron rechazados por unidades alemanas muy reducidas e inmovilizados por la voladura de todos los puentes transitables para vehículos. De hecho el único avance significativo fue de unos 5 kilómetros hasta San Severino y unas jornadas después hasta el Río Sarno, donde un grupo de blindados tuvo la suerte de apoderarse de un puente intacto en Scafati. No obstante y por muy malas que fuesen las noticias procedentes del frente, la milagrosa ayuda vendría desde la propia retaguardia del Eje cuando la población civil italiana repentinamente se lanzó a la «Insurrección de los Cuatro Días de Nápoles».
«Cuatro Días de Nápoles»
Las razones del por qué los ciudadanos de Nápoles terminaron por odiar a los soldados del Ejército Alemán, además de los fusilamientos posteriores a la caída de la ciudad, fue una orden cursada por el comandante Walter Schöll en la que se especificaba el reclutamiento de obreros forzosos para trabajar en la industria bélica de Alemania, aproximadamente el equivalente a la mayor parte de la población masculina napolitana. Con efecto inmediato, las tropas alemanas cortaron las calles y cerraron los accesos a la ciudad, para acto seguido comenzar a llevarse a miles de varones, desde jóvenes hasta algunas ancianos, a los que subieron a bordo de camiones. Antes de que el proceso finalizase, los italianos que todavía no habían capturados y que aún se contaban por miles optaron por rebelarse, algo que no había entrado en los planes de los ocupantes alemanes.
Inesperadamente el 28 de Septiembre de 1943, la población civil se lanzó de manera espontánea a las calles de Napóles. Estuviese o no armada, miles de hombres, mujeres, niños, ancianos, pobres y ricos, muchos equipados con pistolas, escopetas, viejos fusiles, cuchillos, bombas caseras y cócteles Molotov, se abalanzaron contra los soldados alemanes y los fascistas italianos que sorprendidos no supieron cómo reaccionar, siendo las primeras víctimas mortales dos motoristas germanos emboscados en la Vía Belvedero. Acto seguido también se se sublevaron los vecinos del Barrio Momero protagonizando enfrentamientos en la Plaza Vanvitelli, la Vía Cimarosa y la Vía Acarlatti, antes de que la revuelta se extendiese al casco urbano y a la periferia. Como represalia por aquellas acciones los soldados alemanes ejecutaron a tres pilotos italianos en el Aeropuerto de Capodichino, cuyos cuerpos fueron paseados en féretros por toda la ciudad, generando un odio indescriptible de la ciudadanía hacia los ocupantes. Fue entonces cuando una multitud furiosa y exaltada irrumpió en las instalaciones y en los hangares, matando a algunos germanos y retomando el control al completo del Aeropuerto de Capodichino.

Milicianos, civiles armados y desertores del Ejército Italiano todavía con sus uniformes se unen a la «Insurrección de los Cuatro Días de Nápoles».
Gracias a la «Insurrección de los Cuatros Días de Nápoles» los Aliados pudieron romper el frente sobre uno de los tramos del Río Volturno porque los Aliados se vieron forzados a trasladar grandes concentraciones de tropas en los alrededores de la metrópoli para combatir a los más de 30.000 ciudadanos que se habían unido al alzamiento armado. De hecho durante los días próximos los germanos ya peleaban prácticamente contra toda la población civil en los Barrios de Vomera, Soccavo y Chiaiano, incluso contra los niños, pues un pequeño de 12 años llamado Gennaro Capuozzo lanzó una bomba de mano contra una posición ametralladora, eliminando la automática pero cayendo él víctima de las balas (a título póstumo le sería concedida la Medalla de Oro). No obstante, una de las mayores hazañas estuvo protagonizada por un grupo de civiles liderados por el teniente Giovanni Abbate que en el Barrio de Pigna flanquearon entre los edificios a una columna acorazada enemiga contra la que cargaron matando a 12 soldados alemanes y destruyéndoles dos vehículos blindados, un coche militar y una motocicleta.
Todos los combates que se sucedieron en Nápoles estuvieron acompañados por una destrucción masiva de las infraestructuras que los alemanes pretendían negar a los Aliados en cuanto ocuparan la ciudad. Así fue como volaron o destrozaron las centrales eléctricas, nudos de comunicaciones, puentes, estaciones de trenes, muelles, malecones, conducciones de agua, redes de alcantarillado e incluso hoteles y edificios universitarios. También sabotearon la planta industrial de la Compañía Alfa Romeo, incendiaron pilas de carbón, destruyeron bidones de combustible con capacidad para 1’5 millones de barriles (600.000 se perderían para siempre), incendiaron pilas de carbón, quebraron secciones de la vía férrea, rompieron tuberías y hundieron un centenar de navíos en la entrada del puerto, la mayoría embarcaciones portuarias, balandras, corbetas, arrastreros, barcos cisternas y grúas flotantes con la finalidad de bloquear su acceso.
El 29 de Septiembre un destacamento de 200 soldados del Ejército Alemán a bordo de camiones y motos efectuaron la mayor cacería contra Nápoles mediante una redada en las viviendas, negocios y palacios, fusilando a seis rehenes que se resistieron y encerrando como a otros 47 en el Estadio de Vomero. No obstante en cuanto los insurrectos se enteraron de lo sucedido, una masa enfervorecida de napolitanos que lideraba el capitán Vicenzo Stimolo atacaron la instalación escalando por los techos e irrumpiendo en el campo deportivo, algo que amedrentó a los alemanes quienes por ser inferiores en número se refugiaron en las gradas del propio Estadio de Vomero y también en las instalaciones del Palacio de Bomberos. Desgraciadamente de nada les sirvió porque los civiles se apoderaron de una ametralladora y la usaron contra sus antiguos dueños, disparando a quemarropa contra sus escondites y puestos defensivos. Como consecuencia de aquella turba imposible de contener, los ocupantes mostraron bandera blanca y negociaron con el capitán Vicenzo Stimolo liberar a los prisioneros a cambio de dejarles abandonar la ciudad. Una vez formalizado el pacto, los alemanes entregaron a los 47 rehenes y se marcharon sin ser molestados de Nápoles luciendo pañuelos blancos en sus vehículos a través de la Vía de Roma.
Con la huida del Ejército Alemán de Nápoles, a modo de venganza el comandante Walter Schöll decidió emplazar una serie de piezas de artillería en las colinas de alrededor con las que el 30 de Septiembre bombardeardeó el Barrio de Avvocata, el Barrio de Matardei y el Barrio de Stella, así como la Plaza Mazzini, la Plaza Dante, la Vía Pessina, la Vía Imbriano y el Museo Napolitano. Una vez finalizado el cañoneo que dejó algunas víctimas mortales, los alemanes se marcharon y al día siguiente, el 1 de Octubre de 1944, los paracaidistas estadounidenses de la 82ª División Aerotransportada que poco antes acababan de pasearse por las ruinas de Pompeya (destruida por la erupción volcánica del Vesubio en el 79 d.C.), entraron en la ciudad por la Plaza del Municipio y el Palacio Real para desembocar en el Barrio de Toledo, donde la población italiana recibió jubilosamente a los Aliados.
Conclusión
Después de la llegada del V Ejército Estadounidense a Nápoles, los Aliados se esmeraron dentro de lo posible por reacondicionar el puerto y las instalaciones afectadas durante la triunfal rebelión de la Resistencia Italiana. A estas labores contribuyeron los zapadores de los 343º y 540º Regimientos de Ingenieros y millares de napolitanos movilizados para el desescombro, los cuales en pocos días despejaron 200 obstrucciones en calles, desatascaron 50 canales del alcantarillado y repararon el acueducto napoleónico. También 600 vehículos anfibios DUKW ayudaron a llevar suministros y personal, mientras que tres submarinos de la Marina Real Italiana venidos desde Malta consiguieron bombear agua a través de la estación de trolebuses y con ello devolver la energía eléctrica a la castigada ciudad.
Durante los primeros días de la presencia de los Aliados en Nápoles, la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) efectuó continuos bombarderos que redujeron los suministros de los anglo-norteamericanos de las 7.000 toneladas diarias a tan solo 3.500 toneladas. De hecho entre las incursiones más devastadoras estuvo la del 7 de Octubre cuando un grupo de bombarderos germanos arrojaron bombas con temporizador retardado que para sorpresa de los transeúntes no estallaron al entrar en contacto con el suelo. Sin embargo lo que no sabían los napolitanos era los artefactos no poseían ningún defecto, sino que estaban pensados para detonar unos horas más tarde, tal y como ocurrió cuando de repente uno estalló junto a la Oficina de Correos con la consiguiente muerte de 65 personas, entre estas 35 soldados estadounidenses y 30 civiles italianos. Lo mismo ocurrió la jornada del 11 con una segunda explosión junto al cuartel general que acabó con la vida de 18 paracaidistas e hirió a otros 56, todos de la 82ª División Aerotransportada. Aquellas fueron las últimas víctimas de la «Insurrección de los Cuatro Días» que concluyó con la anulación del puerto durante tres meses hasta inicios de 1944, pero sin duda con claro triunfo de la Resistencia Italiana.
La Resistencia Italiana sufrió 330 bajas entre 168 muertos y 162 heridos, además de perder la vida 159 civiles en el «fuego cruzado».
El Ejército Alemán sufrió 96 muertos.
La «Insurrección de los Cuatro Días de Nápoles» fue una de las sublevaciones más exitosas e inesperadas para el Tercer Reich dentro de Europa, ya que a diferencia de otras en el continente, a los germanos les encontró totalmente por sorpresa y no tuvieron más remedio que aceptar su derrota para retirarse en dirección a Roma. Sin embargo el hecho más destacado de la rebelión protagonizado por el pueblo napolitano, fue que el precedente sentó las bases para el surgimiento de la famosa Resistencia Italiana, articulado a través del Comité de Liberación Nacional, que operaría a la retaguardia del Eje durante toda la Segunda Guerra Mundial.
Bibliografía:
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Los Cuatro Días de Nápoles», S.A.R.P.E. (1978), p.1.179-1.182
-Martin Blumenson, De Salerno al Sangro, La Campaña Italiana, Volumen 1, «Nápoles», HRM Ediciones (2025), p.264-269
-https://en.wikipedia.org/wiki/Four_days_of_Naples