Caída de Singapur

 

Al mismo tiempo de producirse el ataque sobre Estados Unidos en Pearl Harbor, Japón invadió también las Filipinas, Hong Kong, Guam, la Isla de Wake y Malasia. Precisamente en Malasia el avance japonés fue tan arrollador que el Ejército Británico fue inevitablemente derrotado, viéndose obligado a refugiarse en Singapur, el último baluarte del Sudeste Asiático frente al expansionismo nipón.

Antecedentes

Singapur, una isla escasamente poblada por chinos étnicos de la antiga cultura Temasek, fue anexionada por el Sultanato de Johore en el siglo XVI. A partir de este momento se convirtió en un puerto estratégico de Asia ambicionado por todos los reinos vencinos, pues era el único sitio que comunicaba el Océano Índico con el Océano Pacífico, siendo por tanto un lugar de disputa. El afortunado fue el Imperio Británico, quién en 1824 consiguió incorporar la isla bajo la tutela de la Compañía de las Indias Orientales (British East India Company). Oficializada como colonia en 1912, Singapur se convirtió junto con el Estrecho de Gibraltar en España y el Canal de Suez en Egipto, en la base británica más importante del mundo.

A principios de 1942 la situación era desesperada en Malasia y Singapur. La destrucción de los acorazados HMS Repulse y HMS Prince of Wales en la Batalla del Golfo de Siam otorgó la supremacía naval a Japón; lo que obligó a los Aliados a abandonar la Península de Malaca hacia la pequeña colonia inglesa cruzando el puente que interconectaba ambos territorios. Sin embargo tampoco en el islote estuvieron a salvo porque durante los primeros días de Febrero la aviación japonesa bombardeó intensamente Singapur, alcanzando varios depósitos de combustible y causando numerosos incendios con grandes columnas de humo negro que cubrieron el cielo. Tales incursiones aéreas sin duda marcaron el preludio de la invasión.

Plan de los Aliados

Muchas eran las fuerzas de las que disponían los británicos en Singapur, un total de 85.000 hombres, aproximadamente tres veces más que los japoneses. La mayoría procedían de Reino Unido, Australia, India y Malasia en este orden. A pesar de ser mayor en número, su situación era pésima porque apenas disponían de armas municiones, medicinas, agua y alimentos, ya que todos aquellos recursos fueron consumidos o perdidos inútilmente en la fallida defensa de Malasia. Por si fuera poco la moral estaba por los suelos y el miedo se extendía, especialmente por la presencia que muchas familias de los militares se encontraban viviendo en Singapur.

Batería de defensa artillera británica camufluda en una posición costera de Singapur.

Al mando de todas las fuerzas de Singapur se encontraba el general Arthur Percival, quién presionado por el Primer Ministro Winston Churchill, emitió la orden de resistir sin una posible retirada. Así pues para la defensa de la isla, Percival contaba con los restos de las unidades que habían sido diezmadas en Malasia dentro del III Cuerpo, incluyendo la 18ª División de Infantería Británica, la 8ª División de Infantería Australiana, la 44ª Brigada de Infantería India y el Regimiento de Infantería Malayo, este último formado por voluntarios locales malayos. Algunos refuerzos de última hora fueron traídos por el destructor estadounidense USS Mount Vernon, aunque escasamente significativos.

Otras fuerzas secundarias fueron la Dalforce Singapuresa con milicianos singapureses, entre los que había nacionalistas, comunistas, antijaponeses y antifascistas. También la China del Kuomintang pudo reunir con los residentes nacionales en la colonia británica el Ejército Voluntario Chino-Singapurés de Ultramar con 2.000 voluntarios dirigidos por el empresario Tan Kah Kee, una fuerza formada obreros, estudiantes, religiosos e incluso mujeres, una de ellas conocida como la “Pasionaria” llamada Cheng Shang How en honor a Dolores Ibarruri (republicana de la Guerra Civil Española), además de contar también con Tan Malaka, guerrillero del Partido Comunista Indonesio.

Paralelamente, el jefe del Estado Mayor en el Lejano Oriente con base en la India, Archibal Wavell, héroe de guerra en África tras derrotar a Italia en 1940 durante la “Operación Compass”, tenía la misión de cumplir a rajatabla una durísima defensa en Singapur para retrasar todo lo posible el avance japonés en otros puntos de Asia. Para ello viajó hasta la misma Singapur para dirigir la campaña junto con Percival, esperando repetir un milagro como la “Operación Compass” en Libia contra las tropas italianas. Sin embargo en aquella ocasión los ingleses se equivocaron porque los japoneses no eran precisamente como los italianos.

III Cuerpo Aliado:
18ª División de Infantería Británica
8ª División de Infantería Australiana
44ª Brigada de Infantería India
Regimiento de Infantería Malayo
Dalforce Singapuresa
Ejército Voluntario Chino-Singapurés de Ultramar

Plan de Japón
Tomoyuki Yamashita fue el general al frente de la operación que se gestó contra la colonia británica de Singapur. Muy superiores en todo, tanto en aviación como en artillería y blindados, los japoneses únicamente fueron inferiores en hombres con aproximadamente 35.000 soldados, aunque sin duda mucho mejor equipados, armados, entrenados y avituallados que los británicos.

El plan para desembarcar era sencillo. Primero se bombardearía Singapur con aviones y artillería. Disueltas las defensas por aire, se desembarcaría al XXV Ejército en la Isla de Ubin a través del Estrecho de Johore. Al mismo tiempo en Singapur Oeste atacarían la 5ª y 8ª División de Infantería con los generales Takuro Matsui y Renya Matugachi respectivamente, seguidas por la veterana División de Guardias Imperiales del general Takuma Nishimura. También fue desplegada la Agencia Kikan (F-Kikan) compuesta por 20 voluntarios indios libres del Ejército Nacional Indio al mando del capitán Allh Ditta con la misión de provocar el caos en la retaguardia a cambio de que los japoneses reconocieran en el futuro la independencia de la India.

XXV Ejército Japonés:
División de Guardias Imperiales
5ª División de Infantería
8ª División de Infantería
Ejército Nacional Indio

Asedio

Durante la primera semana de Febrero de 1942, Singapur recibió un fortísimo bombardeo por parte de la aviación japonesa que arrojó toda clase de artefactos como bombas incendiarias de gasolina, bombas antipersona y bombas de azufre que mataron diariamente de 150 a 200 habitantes. La Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force o RAF) encajó unas pérdidas elevadas entre aparatos y pilotos, entre estos algunos veteranos de la Batalla de Inglaterra y voluntarios estadounidenses. Ante la inutilidad se seguir defendiendo el cielo, los últimos 8 cazas Hurricane abandonaron Singapur rumbo a otras colonias del Imperio Británico.

Rápidamente los británicos tuvieron que tomar medidas para evitar el pánico. En primer lugar la carretera elevada de Johore que cruzaba el Canal de Singapur entre la isla y Malasia fue volada con explosivos para evitar que los japoneses cruzaran a través de ésta. Sin embargo parte del miedo fue motivado por la guerra psicológica, ya que decenas de aviones lanzaron millares de panfletos invitando a la rendición. Incluso incitaban con esas mismas octavillas a la sublevación de la población indígena singapuresa contra los británicos, algo que no lograron.

Tropas coloniales malayas junto a soldados británicos usando armas de mano y un mortero en plena batalla por Singapur durante Febrero de 1942.

Al otro lado del Estrecho de Johore los soldados japoneses instalaron piezas de artillería desde donde pronto comenzaron a disparar proyectiles contra la isla. Durante aquellos días los cañones nipones golpearon fuertemente las bases militares que fueron poco a poco reducidas a escombros. Uno de los proyectiles incendió la gasolina y dejó un rastro enorme de columnas de humo en el cielo.

Singapur era una ciudad famosa por sus licores y bebidas alcohólicas en Asia, un lugar predilecto junto a Shangai para la juerga y la diversión en tiempos de paz. Pero ese lujo suponía un problema en guerra. Por eso mismo, para evitar los británicos que tales preciados manjares cayeran en manos japonesas, lanzaron al canal más de 25 millones de litros de licores. El resultado concluyó en un hedor insoportable para los dos bandos, ya que el licor se mezcló con el petróleo arrojado al mar y a los cuerpos de los muertos, haciendo imposible algo tan sencillo como respirar.

Conquista

Por la noche del 7 de Febrero de 1942, observadores británicos avistaron lanchas de desembarco enemigas apostadas al otro lado del Canal de Singapur. Rápidamente la artillería británica abrió fuego alcanzando a algunos soldados japoneses, pero sin provocar serias pérdidas. Al amanecer los japoneses pusieron en marcha la primera parte de la operación utilizando para ello a los indios libres. Los protagonistas de la acción fueron los 20 comandos del Ejército Nacional Indio que cruzaron el canal y neutralizaron a la guarnición británica de la Isla de Ubin. Ante este suceso grave los británicos no reaccionaron y Percival cometió el error de situar a la 18ª División de Infantería Británica junto al puente destruido en la carretera de Johore, zona aislada de la verdadera batalla.

Durante la noche del 8 al 9 de Febrero se inició definitivamente la invasión japonesa con decenas de lanchas de desembarco atravesando el canal. La primera oleada pisó en el extremo occidental de la isla, siendo allí recibida por fuego de ametralladoras británicas y aniquilada totalmente en la playa. La segunda oleada fue más afortunada, pues consiguió destruir a los defensores y pudo comenzar el ataque hacia interior de la isla. Mientras tanto los Aliados seguían sin reaccionar. Únicamente peleaban los australianos del general Gordon Bennet en la playa de Sarimbun sin que nadie fuera a echarles una mano. No muy lejos de allí, la 18ª División de Infantería Británica seguía inmóvil esperando entre el puente de Johore y un pantano cercano. Ese fallo de inmovilidad permitió que los japoneses rodearan por la espalda a la despistada 8ª División de Infantería Australiana, la cual fue cogida por sorpresa, embolsada y destruida al completo. Tampoco el Ejército Voluntario Chino-Singapurés de Ultramar estacionado con 155 tropas en Kranji soportó la embestida japonesa, un choque que costó a los chinos 102 bajas de las cuales 2 fueron oficiales y 100 soldados. Gracias a aquella victoria, para el final del dia los japoneses ya habían asegurado una gran cabeza de playa y por los caminos hacia el centro de la isla ya marchaban sin oposición las tres divisiones invasoras.

Los bombarderos aéreos japoneses fueron terribles para la población civil. Singapur resultó muy dañada a lo largo del infernal asedio.

Nadie se esperaba que sucediese tan pronto, pero el 9 de Febrero los japoneses habían avanzado tan rápido por el sector central de la isla que se detuvieron ante las puertas de la ciudad de Singapur para estupor de los habitantes. Cerca de la urbe, primeramente se hicieron con el Aeródromo de Tangah, que para sorpresa de los nipones se encontraba con varios aviones británicos aparcados en perfectas condiciones para volar, los cuales serían rápidamente incorporados a las fuerzas aéreas japonesas. A las pocas horas de asentarse frente a la ciudad, ésta recibió un masivo bombardeo de todo tipo de bombas y proyectiles. Las casas de los civiles fueron derrumbadas por aquel infierno y los muertos se fueron acumulando en las avenidas. Más de un millón de civiles quedaron sin hogar o resultaron afectados, además de quedar cortada el agua y la electricidad. Aterrados, millares de desplazados salieron a la calle huyendo de la guerra.

Al día siguiente, el 10 de Febrero, Wavell abandonó Singapur en dirección a Java. Su última orden fue clara: “luchar hasta el último aliento”. Pero las condiciones no posibilitaban sostener una larga resistencia. Los japoneses en medio de una violenta tormenta que no consiguió dificultarles la marcha se hicieron con el punto más elevado de Singapur en Bukit Timah, derrotando a los defensores y estableciendo artillería desde donde bombardear la ciudad con más dinamismo. Un día después, el 11 de Febrero, el primer barco de carga, el SS Empire Star, salió de Singapur evacuando a un total de 2.500 refugiados, entre ellos muchas enfermeras, a la vecina Isla de Sumatra.

Del 11 al 12 de Febrero el asedio en torno a Singapur fue recrudeciéndose y el cerco estrechándose. De hecho, la bolsa quedó cerrada al completo cuando los japoneses convergieron en la lujosa zona costera de Orchad Road. Allí se libró una intensa batalla sobre los campos de cricket, de golf e incluso en un hipódromo que los japoneses ganaron.

Para el día 13 la situación en la ciudad de Singapur era un caos. Militares y civiles se agolpaban contra los muelles intentando escapar en barco hacia otro país, los soldados desertaban a la mínima, los asaltos a almacenes y tabernas se sucedían sin que las fuerzas de seguridad no pudieran hacer nada, las enfermedades se propagaban y los bombardeos se hacían insoportables mientras la gente vivía en la inmundicia. Los propios soldados empezaron a perder la cabeza, pues al ver que iban a morir se comportaron como auténticos animales. Como si fueran bestias saquearon locales robando todo lo que podían, se emborracharon hasta reventar o sacaron a chicas asiáticas de sus casas desnudas a la calle y practicaron el sexo como locos. Percival, al ver el desastre imperante empezó seriamente a pensar en la posibilidad de rendición antes de que las cosas se desmoronasen.

Día tras día los cargueros y mercantes hicieron lo imposible para evacuar a todas las personas posibles de Singapur. Por ejemplo el 13 de Febrero el carguero británico SS Kuala y el chino Tien Kwang partieron de la colonia cargados de refugiados, aunque durante el trayecto la aviación japonesa interceptó al navío chino sobre la Isla Pompong al que hundió con una tripulación de 400 mujeres y niños, 300 trabajadores y 50 monjas, a los que increíblemente los aparatos no perdonaron ya que ametrallaron a los supervivientes sobre el agua. Al día siguiente, el 14, el mismo destino sufrió el carguero inglés SS Vyner Brooke tras ser hundido por los aviones japoneses con 600 tripulantes a bordo. El último barco, el carguero SS Tanjong Penang, también resultó hundido, sobreviviendo únicamente una enfermera.

Los días 14 y 15, los británicos siguieron resistiendo pero ya estaban al límite de sus fuerzas. No podían combatir en la ciudad debido al gran número de civiles que habitaban en ella, hacer eso supondría una carnicería innecesaria, además, las cantimploras de agua solo estaban llenas para durar un día más y las municiones ya eran apenas inexistentes. Un último combate se desarrolló en Pasir Panjang, donde tras encajar 159 muertos el Regimiento de Infantería Malayo fue practicamente destruido junto a los voluntarios singapureses. Por todos aquellos motivos, Percival optó por la que quizá fuese la decisión más difícil de su vida: rendir Singapur.

General británico Arthur Percival rindiéndose al coronel japonés Ichiiji Sugita el 15 de Febrero de 1942.

A las 15:00 horas del 15 de Febrero de 1942, un centinela japonés avistó una bandera blanca con sus prismáticos en el emplazamiento de radio del Edificio Cathay. Unos minutos más tarde, un coronel japonés llamado Ichiiji Sugita salió al encuentro de la bandera en un coche. Al llegar a la zona británica habló con unos parlamentarios ingleses donde se negoció la rendición. Transcurridos unos minutos cada parlamentario volvió a sus líneas y finalmente a las 17:15 de la tarde Percival se presentó con dos oficiales y un intérprete ante los japoneses tras cruzar la carretera minada de Bukit Timah. Decenas de periodistas, fotógrafos, operadores cinematográficos y micrófonos de radio recogieron el histórico momento. Definitivamente a las 18:30 horas se firmó la capitulación de Singapur.

Todavía hubo algunos enfrentamientos dentro de Singapur tras la firma de la rendición, aunque en esta ocasión con la población urbana. Aprovechando el vacío de poder en las horas posteriores a la capitulación, miles de singapureses se lanzaron al saqueo y al pillaje asaltando las viviendas y mansiones de los británicos. Dinero, joyas de valor y otros enseres fueron robados. De hecho en medio de las carreteras de vez en cuando aparecían pianos y muebles a los que extrajeron la madera para utilizarla leña. También los almacenes de opio fueron los más visitados por los vándalos en busca de droga gratutia, así como depósitos de alcohol. Mientras tanto muchos pacientes del manicomio que recientemente había sido abandonado se escaparon y se dispersaron por la ciudad causando problemas. Incluso tras la huida de los guardias de la Cárcel de Changi, en donde aún permanecían algunos prisioneros japoneses y casi 500 reclusos, estos se valieron de la situación para fugarse.

Quién finalmente puso orden en Singapur fueron los 1.000 soldados británicos de la guarnición que bajo la amenaza de las armas terminaron con los disturbios de los saqueadores singapureses. Hubo además tiempo para destruir la munición del Fuerte Canning, misión que llevaron a cabo los últimos supervivientes del Regimiento de Infantería Malayo y la Dalforce Singapuresa a cambio de una recompensa de 50 y 10 dólares respectivamente. También los integrantes chinos del Ejército Voluntario Chino-Singapurés de Ultramar aprovecharon ese intervalo de tiempo para escapar hacia Sumatra montados en lanchas motoras. Poco antes de la caída de la última hora de la tarde de aquel 15 de Febrero de 1942, las tropas del Ejército Imperial Japonés entraron victoriosas en Singapur.

Rendición

La caída de Singapur supuso el mayor desastre militar de la Historia de Gran Bretaña. El Imperio Británico nunca había perdido a 85.000 de sus hijos de una forma tan humillante. Tampoco le habían arrebatado una joya colonial tan simbólica como era Singapur, con lo que la vergüenza era doble. Esta derrota sentó como un afilado puñal al orgullo inglés y en general a toda la sociedad británica de la época. Dentro del Parlamento la noticia provocó una crisis política y se pidieron responsabilidades a Churchill, incluso hubo diputados que abogaron a favor de negociar una paz con el Eje.

Los Aliados cosecharon en Singapur un total 85.000 bajas (40.000 británicos y australianos, 30.000 indios, 6.000 malayos y 4.000 singapureses o chinos). También perdieron la vida 7.000 civiles a causa de los bombardeos aéreos y la artillería; mientras que a nivel material fueron hundidos 3 cargueros.

Japón cosechó 4.485 bajas entre 1.713 muertos y 2.772 heridos.

Jamás en ningún conflicto al Imperio Británico le habían sido capturados tantos soldados por una potencia extranjera. Desgraciadamente los prisioneros serían conducidos a los campos de concentración y obligados la mayoría a trabajar en el ferrocarril de Birmania como esclavos. Un gran número de ellos no volvería a ver su patria nunca más; salvo los 30.000 indios que se alistarían como parte del Ejército Nacional Indio y lucharían del lado del Eje.

Tropas japonesas entrando triunfantes en Singapur y desfilando por la calles de la ciudad.

Adolf Hitler desde Alemania, emocionado al saber lo de Singapur, llegó a decir: “Gran Bretaña está acorralada”. Y no le faltaba razón. Inglaterra había perdido en favor de Japón las colonias de Hong Kong, Borneo, Birmania, Malasia y Singapur en Asia, además de las Islas Gilbert en el Pacífico. Simultáneamente los acorazados de la Fuerza Z, el HMS Repulse y HMS Prince of Wales, habían sido hundidos por los japoneses en el Golfo de Siam; más el portaaviones HMS Hermes en Ceilán; así como los acorazados HMS Valiant y HMS Queen Elisabeth destruidos por los italianos en el Mar Mediterráneo. Pero por si aquello todavía no fuera suficiente, el Afrika Korps del general Erwin Rommel aniquiló poco después a otro ejército de 50.000 hombres en la Batalla de Gazala e invadió el protectorado de Egipto. Ante esta serie de desastres irrecuperables, el orgullo británico se desmoronó a pasos agigantados.

Singapur significó el inicio del fin del Imperio Británico. Tras esta catastrófica derrota, Gran Bretaña jamás se repondría militar ni moralmente. El Imperio empezó su decaída, siendo sustituido por otros del enemigo como Alemania o Japón, pero sobretodo del bando amigo como la Unión Soviética o los Estados Unidos.

 

Bibliografía:

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Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2. El triunfo y la tragedia. “VII La caída de Singapur”, Planeta Deagostini (1959), p.72-84
Derrick Wright, Pacific Victory. “A great disaster for British arms”, Sutton (2005), p.8-10
Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “El ataque a Singapur: “Resistid a toda costa””, S.A.R.P.E. (1978), p.698-700
R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, “Caída de Singapur”, Grijalbo, (2012), p.828