Bombardeo de las Presas de Möhne y Eder

Las presas y embalses de las naciones beligerantes de la Segunda Guerra Mundial se convirtieron en un objetivo prioritario para causar destrozos en la retaguardia, tal y como por ejemplo lo interpretaron los mandos de la aviación del Reino Unido a la hora de bombardear algunas de las infraestructuras hidráulicas de Alemania. Así fue como surgió la “Operación Chastise” llevada a cabo por bombarderos Lancaster, popularmente conocidos como “Dambusters” a causa de sus bombas rompedoras, que en la primavera de 1943 arrasarían las Presas de Möhne y Eder sobre el Valle del Ruhr.

Preludio

Desde finales de 1942 la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) había emprendido el bombardeo selectivo de factorías sobre la cuenca industrial del Ruhr en Alemania, logrando éxitos muy limitados a costa de elevadas pérdidas en aviones. Sin embargo pronto los mandos del Reino Unido descubrieron que una buena forma de causar grandes daños simultáneos sobre varias instalaciones era rompiendo los diques de hormigón de las presas para que con el desbordamiento de toneladas de agua las olas arrasaran todas las fábricas a su paso, como por ejemplo podía ocurrir en algunas zonas del Ruhr como Möhne, Eder, Sörpe y Ennepe, famosas por albergar más de 60 minas de carbón y la Acería Krupp.

Bajo el nombre de “Operación Chastise”, el Ministro del Aire Francis John Linell y el mariscal Arthur Harris, con el visto previo del Rey Jorge VI que personalmente se interesó mucho en esta misión, se aprobó destruir con bombarderos las Presas de Möhne, Eder y Sörpe. La dificultad del raid era manifiesta por dos motivos: primero porque si se agujereaba la parte superior el desbordamiento sería mínimo; y segundo porque si se utilizaban torpedos bajo la superficie no serviría de nada porque quedarían enganchados en las cadenas y redes antitorpedos. Ante este dilema el ingeniero Barnes Wallis inventó la “Bomba Rebotante ” o “Upkeep Bomb” consistente en un cilindro metálico cargado con entre 2.900 y 3.300 kilogramos de explosivo que lanzado desde una distancia inferior a 400 metros del objetivo, a una velocidad de 354 kilómetros por hora y desde una posición de 7 grados a 18 metros de altitud, se conseguiría un efecto rebote sobre el agua hasta que el artefacto chocase contra el muro y se sumergiera hasta el fondo del embalse, momento en que un temporizador activaría la detonación y rompería el sector más vulnerable de la pared que se vendría abajo como consecuencia de la profundidad y presión.

La “Operación Chastise” estaría estaría protagonizada por 19 bombarderos Lancaster, rebautizados para dicha misión como “Dambusters” por sus modificaciones bajo la panza para albergar a las “bombas rebotantes”. La tripulación de estos cuatrimotores estuvo compuesta por un personal anglo-canadiense de 133 pilotos, copilotos, técnicos, ingenieros, operadores y artilleros que se repartieron en el 617º Escuadrón de Bombarderos del siguiente modo: el 1º Grupo con nueve aviones al frente del comandante Guy Gibson, el 2º Grupo con cinco tres aparatos a las órdenes del comandante Joe McCarthy y el Grupo de Reserva Móvil con otros tres al mando del sargento Ken Brown.

Operación Chastise

A las 21:28 de la noche del 16 de Mayo de 1943, los 19 bombarderos Lancaster “Dambusters” de la “Operación Chastise” despegaron del Aeródromo de Lincolnshire en Inglaterra para sobrevolar el Mar del Norte y dirigirse a las costas de Holanda. Una vez los aparatos pasaron por encima de los Países Bajos, el 617º Escuadrón de Bombarderos se encaminó a Alemania tras dividirse en tres pequeños escuadrones según el objetivo: el 1º Grupo enfiló hacia las Presas de Möhne y Eder; el 2º Grupo aproó hacia las de Presas de Ennepe y Lister; y el Grupo de Reserva Móvil se encaminó hacia la Presa de Sörpe.

Pintura sobre un bombardero Lancaster “Dambuster” soltando su bomba rebotante en una de las presas del Ruhr.

Cuando el 1º Grupo Aéreo del comandante Guy Gibson apareció sobre la Presa de Möhne en la medianoche del 16 al 17 de Mayo de 1943, las baterías antiaéreas del Ejército Alemán apenas tardaron en responder disparando sus cañones, por lo que la mayor parte de los bombarderos se dispersaron y soltaron sus artefactos al azar, resultando derribado uno de los Lancaster. Milagrosamente y contra todo lo esperado, una de las bombas pasó rebotando por encima de las redes y colisionó contra el muro para acto seguido sumergirse y explosionar en el fondo, provocando un géiser y abriendo una brecha en la franja central que derrumbó la presa mientras miles de toneladas de aguas se vertían sobre el paisaje y causaban una tremenda inundación que arrasó pueblos, granjas y factorías de armamento.

Después del exitoso raid a la Presa de Möhne, los restantes aviones del 1º Grupo Aéreo del comandante Guy Gibson se dirigieron a la Presa de Eder. Como en esta infraestructura no había desplegadas baterías antiaéreas, la única dificultad para los aviones fue sortear la complicada orografía que entorpeció el hecho de hacer blanco porque todos los Lancaster fallaron a la hora de soltar sus artefactos salvo el último, ya que la “bomba rebotante” se hundió bajo el muro y lo rompió al hacer detonación, con el consiguiente derrumbe de la pared de hormigón y la liberación de miles de toneladas de agua que causaron infinidad de destrozos y daños en el Valle de Eder.

Aproximadamente el agua vertida por las Presas de Möhne y Eder fue de unos 330.000 metros cúbicos sobre una superficie de 64 kilómetros cuadrados en los que perecieron ahogados medio millar de civiles alemanes, sin contar las casas destruidas, los campos de cultivo arrasados y los miles de animales muertos en el sector ganadero. Sin embargo la mayor tragedia tuvo lugar entre los más de mil soldados del bando de los Aliados en aquellos momentos se encontraban trabajando como esclavos en un campo de concentración, la mayoría eslavos procedentes de la Unión Soviética y Polonia, pero también ex-combatientes de Francia, Bélgica y Holanda, ya que todos perdieron la vida tragados por el devastador tsunami y en uno de los casos más polémicos de “fuego amigo”.

A las 00:15 horas de la medianoche del 17 de Mayo de 1943, los aviones Lancaster del 2º Grupo Aéreo del comandante Joe McCarthy sobrevolaron la Presa de Ennepe y atacaron sus infraestructuras sin resultado debido que la totalidad de las “bombas rebotantes” erraron en el blanco. Simultáneamente a esta acción, los dos últimos bombarderos del Grupo de Reserva Móvil del comandante Ken Brown lanzaron su particular incursión sobre la Presa de Sörpe que también terminó en fracaso porque únicamente uno de los artefactos alcanzó el muro, pero por una avería técnica explosionó en la parte superior antes de sumergirse (lo que no generó efecto alguno), siendo además derribado a manos de los cañones antiaéreos uno de los Lancasters.

Presa de Ennepe destruida y desbordada tras la “Operación Chastise”.

Concluido el ataque a las Presas de Möhne, Eder, Sörpe y Ennepe, los 15 bombarderos Lancaster del 617º Escuadrón de Bombarderos emprendieron el viaje de regreso hacia Inglaterra. Lamentablemente como toda la red de alerta del Ejército Alemán había sido activada para rastrear a los intrusos, justo cuando los aviones sobrevolaron el espacio aéreo de Holanda, fueron recibidos por un potentísimo fuego de las baterías de artillería antiaérea que rodearon a los cuatrimotores en una nube de trazadoras y detonaciones. Durante el trayecto sobre los Países Bajos un total de seis Lancaster serían abatidos, la mayoría a la altura de Ijmuiden, antes de que los nueve restantes alcanzaran el Mar del Norte y aterrizasen en Gran Bretaña.

Resultado

La acción de los “Dambusters” sobre el Ruhr fue un imprevisto que nadie se esperó en el Tercer Reich, pues el 17 de Mayo por la mañana viajó hasta la zona el propio Ministro de Industria Albert Speer. Según él mismo pudo comprobar volando a bordo de su avión, más de un centenar de fábricas quedado sido sepultadas bajo el agua, la industria de acero estaba interrumpida, el transporte por ferrocarril paralizado y la red fluvial anulada, obviamente sin contar los daños en las infraestructuras civiles y el sector agrícola, lo que sin duda convirtió a la destrucción de la Presas de Möhne y Eder en un revés para Alemania dentro del marco de la defensa aérea de Europa.

Los Aliados sufrieron las bajas de 1.056 militares entre 1.053 muertos y 3 prisioneros, contabilizándose entre las víctimas mortales de 53 aviadores (40 británicos y 13 canadienses) y 1.000 prisioneros de guerra por “fuego amigo” (soviéticos, polacos, franceses, holandeses y belgas); así como la pérdida material de 8 aviones derribados (Lancasters).

Alemania sufrió la muerte de 650 civiles y la destrucción de 2 presas, 114 fábricas de armamento y 25 puentes.

Curiosamente el Tercer Reich precisó de tres meses para recuperarse al completo del ataque de los “Dambusters”, siendo reactivadas las fábricas gracias a la labor de 7.000 trabajadores forzosos de la “Organización Todt”, lo mismo que reparados los embalses y restituida la energía eléctrica en tan sólo 45 días. A pesar de que todo volvió a la normalidad en la cuenca industrial del Ruhr, el desbordamiento de las Presas de Möhne y Eder durante la “Operación Chastise” fue sin duda una de las misiones más audaces protagonizadas por la Fuerza Aérea Real Británica en la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Redactores de WW2GP, Operación Chastise, Revista WW2GP Magazine Nº4 (2014), p.11-12
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, “Operación Castigo”, Grijalbo, (2012), p.854
-https://en.wikipedia.org/wiki/Operation_Chastise