Batallas de El-Alamein

Egipto constituyó el último bastión del Reino Unido ante la ofensiva final del Eje para echar de una vez por todas a los Aliados del Norte de África. Así fue como las fuerzas alemanas e italianas del mítico Afrika Korps que comandaba el mariscal Erwin Rommel, bautizado tanto por sus hombres como por sus oponentes con el apodo del “Zorro del Desierto”, arremetieron con sus miras puestas en el puerto de Alejandría y el Río Nilo, librando la campaña más decisiva de todas las que tuvieron lugar sobre aquel árido teatro de operaciones que entre Julio y Noviembre de 1942 se desarrollaron de la siguiente manera: la Primera Batalla de El-Alamein, la Batalla de Alam Halfa y la Segunda Batalla de El-Alamein.

Primera Batalla de El-Alamein

La situación de los Aliados en el Norte de África era dramática desde que el Afrika Korps liderado por el mariscal Erwin Rommel había expulsado a sus oponentes de Libia y los había aniquilado en la Batalla de Gazala, lo que propició la caída de Tobruk y una segunda victoria militar en la Batalla de Mersa Matruh. Con estos impresionantes triunfos las tropas ítalo-germanas habían provocado a sus oponentes nada menos que 60.000 bajas entre muertos y prisioneros, más la destrucción de casi 1.200 tanques, por lo que ya nadie auguraba un feliz destino para el Imperio Británico cuando los soldados alemanes e italianos invadieron más de la mitad norte de Egipto.

El estado de los soldados del VIII Ejército Británico que habían sido derrotados por el Afrika Korps era pésimo porque se encontraban en plena retirada sobre el Desierto del Sáhara con la esperanza de alcanzar la seguridad del Delta del Río Nilo. La mayoría de las tropas deambulaban polvorientas, sedientas y con la ropa hecha jirones, mientras algunos tiraban sus armas para no llevar peso, al tiempo en que abandonaban los camiones y piezas de artillería, así como los aviones que eran arrastrados desde los extremos de las alas por remolques. Algo más al oeste, cerca de Alejandría, se fijaron puestos de cobertura para facilitar el repliegue a la altura de Mena y Uadi El-Natrun; aunque en El Cairo muchos entraron directamente en pánico porque miles civiles ingleses huyeron o fueron evacuados mediante el tendido de dos puentes de barcazas en uno de los canales sobre el Río Nilo. Incluso en los bazares cientos de árabes se echaron a las calles para celebrar la marcha de los ocupantes e izaron algunas banderas con la esvástica, sin obviar con que muchos mandos del Ejército Egipcio comenzaron a conspirar para un levantamiento armado contra el Ejército Británico, como por ejemplo los líderes Anwar El-Sadat y Gamel Abdel Nasser del Movimiento de los Oficiales Libres.

Contrariamente en el bando del Afrika Korps que perseguía al VIII Ejército Británico todo era optimismo porque las fuerzas germano-italianas avanzaron vertiginosamente sobre las arenas de Egipto sin encontrar prácticamente a nadie que les saliese a ofrecer resistencia, salvo grupos de rezagados que eran sobrepasados y capturados. Gracias a este veloz progreso de 100 kilómetros los soldados alemanes entraron en la ciudad vacía de Fuka el 28 de Junio de 1942 y aquella misma jornada tomaron una línea de ferrocarril abandonada en medio del Desierto del Sáhara con un viejo cartel que rezaba “El-Alamein”. Nada más atrincherarse sobre este sector para reponerse del cansancio y recargar posiciones, a no mucha distancia un grupo mixto de tropas ítalo-alemanas se apoderaron de la localidad árabe de El-Quseir, por lo que a partir de este punto al mariscal Erwin Rommel sólo le quedó decidir si dirigirse bien a Alejandría o bien a las Pirámides de El-Cairo

La mayoría de altos cargos en el Estado Mayor de El Cairo, sede de la Comandancia del Próximo Oriente, consideraron que la campaña en el Norte de África se había perdido y de que había que abandonar tanto la ciudad como el puerto de Alejandría para atrincherarse al otro lado del Canal de Suez, abogando incluso algunos por dejar atrás la Península del Sinaí y aguardar a los ítalo-germanos en Oriente Medio mediante una línea de defensa entre Gaza y el Mar Rojo. Sin embargo no lo entendió así el general Claude Auchinleck que lideraba el VIII Ejército Británico, pues a sabiendas de que el Afrika Korps había estirado mucho su cadena de abastecimientos desde Tobruk y apenas contaba con tanques operativos, todavía tenía una oportunidad de frenar su avance en el último obstáculo natural a 80 kilómetros de Alejandría. Se trataba de la “Línea de El-Alamein”, un tramo desértico muy estrecho y de fácil defensa que poseía 48 kilómetros de largo de norte a sur entre la llamada “Carretera de la Costa” paralela al Mar Mediterráneo y la Depresión de Qattara, esta última una cuenca de arena intransitable e incompatible con la vida a 133 metros por debajo del nivel del mar.

Soldados británicos dando de beber a sus camellos durante la retirada de Egipto hasta la “Línea de El-Alamein”.

Sobre la “Línea de El-Alamein” el VIII Ejército Británico reunió a unos 150.000 hombres con 800 cañones y 147 tanques entre 38 Grant, 61 Stuart M3, 36 Crusader y 12 Valentine, más 1.500 aviones de la Fuerza Aérea del Desierto (Desert Air Force). El despliegue de tales efectivos de norte a sur, ambos bajo la responsabilidad respectiva del XXX Cuerpo del general Charles Norrie y del XIII Cuerpo del general William Gott, fue el siguiente: entre la ciudad de El-Alamein y la Cresta de Ruweisat estuvo la 1ª División Blindada Británica con las 4ª y 22ª Brigadas Blindadas, en medio de éstas junto a Alam El-Onsol la 1ª División de Infantería Sudafricana, más abajo en Deir El-Shein la 18ª Brigada de Infantería, más hacia el sur en Bab El-Qattara la 6ª Brigada de Infantería Neozelandesa, luego en la Sierra de Deir El-Munassib la 5ª División de Infantería India y la 2ª División de Infantería Neozelandesa, y por último en la Depresión de Qattara la 7ª División Blindada Británica, además de permanecer en reserva la 50ª División de Infantería Británica y la 9ª División de Infantería Australiana.

Frente al VII Ejército Británico el Afrika Korps dispuso de 96.000 soldados entre 56.000 italianos y 40.000 alemanes con 80 tanques sumando a 50 germanos y 30 italianos, 500 cañones entre 300 alemanes (sólo 29 cañones de 88 milímetros) y 200 italianos, así como unos 500 aviones ítalo-alemanes. El despliegue de tales fuerzas se ejecutó de norte a sur del siguiente modo: junto a la costa de Mar Mediterráneo en Tel El-Eisa estaba el XXI Cuerpo Italiano con la 102ª División Motorizada “Trento” y la 60ª División de Infantería “Sabratha”; más al sur sobre el Talud de El-Milriya el Grupo Panzer “Afrika” con la 90ª División Ligera y las 15ª y 21ª Divisiones Panzer; abajo en Tell-el-Aqqaqir el XX Cuerpo Italiano con la 101ª Division Motorizada “Trieste”, las 132ª y 133ª Divisiones Blindadas “Ariete” y “Littorio”, y la Legión Árabe; y finalmente en Deir El Bayad el X Cuerpo Italiano con las 17ª y 27ª Divisiones de Infantería “Brescia” y “Pavía”; permaneciendo en reserva la 164ª División de Infantería Alemana y la 185ª División Paracaidista “Folgore”.

Tanque Panzer IV maniobra junto a una tanqueta italiana durante la Primera Batalla de El-Alamein.

La mañana del 30 de Junio de 1942 fueron los Aliados los que se adelantaron a la ofensiva del Eje prevista para aquella jornada cuando la la 1ª División Blindada Británica efectuó una incursión rápida sorpresa contra las posiciones del XX Cuerpo Italiano al suroeste de Manaqir El-Daba. Aunque al principio eliminaron a numerosos soldados italianos que se rindieron y rebasaron ciertos puestos defensivos, una repentina tormenta de arena detuvo la maniobra de la 1ª División Blindada, así como los refuerzos del cercano XXI Ejército Italiano y la 133ª División Blindada “Littorio” que desarticularon la operación inglesa en las afueras de Tell El Aqqaqir.

A las 15:00 horas del día siguiente, 1 de Julio de 1942, el Afrika Korps inició la gran ofensiva al norte de la “Línea de El-Alamein” con las 15ª y 21ª Divisiones Panzer arremetiendo contra el centro del dispositivo en el enclave fortificado de Deri El-Shein, ambas protegidas desde el sur por el XX Cuerpo Italiano con la 101ª División Motorizada “Trieste” y las 132ª y 133ª Divisiones Blindadas “Ariete” y “Littorio. Los tanques alemanes pronto chocaron con la 18ª Brigada de Infantería India que resistió varios asaltos, en parte gracias a la determinación de un grupo de voluntarios “gurkhas” de Nepal. Sin embargo la voluntad de aguantar no fue suficiente porque tanto los indios como los nepalís, pese a destruir o dañar con ayuda de elementos de la 1ª Brigada Blindada a 18 carros germanos, fueron expulsados a las 18:00 de Deri El-Shein que quedó en poder del Eje.

Eliminado el peligro de Deri El-Shein el 2 de Julio, algo más al norte la 90ª División Ligera pudo descender cómodamente por el Talud de El-Mitelriya y atacar el corazón del dispositivo de la Commonwealth en Alam El-Onsol que defendían 3.000 soldados de la 1ª División de Infantería Sudafricana, quienes influenciados por su general Dan Piennar que entró en pánico y ordenó el repliegue para ceder la posición a los alemanes, la llegada “in extremis” de los refuerzos de la 50ª División de Infantería Británica mandados urgentemente por el general Claude Auchinleck salvaron la situación porque junto a los sudafricanos pasaron al contraataque, echaron a los germanos y recuperaron el enclave. Tampoco las 15ª y 21ª Divisiones Panzer que más abajo avanzaron paralelas sobre la Cresta de Ruweisat obtuvieron resultado alguno porque primero porque sus vanguardias fueron detenidas por una carga frontal de 30 tanques de origen estadounidense Grant y encima muchos de sus hombres fueron batidos por las piezas de artillería que en su flanco había fijado la 6ª Brigada de Infantería Neozelandesa.

Las cosas mejoraron en la Cresta de Ruweisat el 3 de Julio porque el mariscal Erwin Rommel, mucho más diestro a la hora de maniobrar con sus tanques, se impuso sobre la 1ª División Blindada Británica a la que fue acosando desde los flancos de las arenas del desierto y puso en retirada con la consiguiente destrucción de 39 tanques ingleses, entre estos 19 Stuart M3, 17 Grant y 3 Valentine, además de progresar 14’5 kilómetros y abrir una brecha dentro del dispositivo de la Commonwealth. Lamentablemente la jornada se torció porque más al sur elementos acorazados de la 1ª División Blindada Británica y tropas de la 2ª División de Infantería Neozelandesa protagonizaron una contraofensiva contra las posiciones más débiles del Eje, en concreto las defendidas por el XX Cuerpo Italiano, sobre el que se abalanzaron por sorpresa sobre el Talud de Alam Nayil, logrando los soldados neozelandeses arrollar las posiciones de los latinos con una carga a la bayoneta y causar bajas muy graves a la 132ª División Blindada “Ariete” a la que hicieron 350 prisioneros y capturaron 44 cañones (entre estos once Flak de 88 milímetros).

Tanques italianos M1340 durante la Primera Batalla de El-Alamein.

Muchas fueron las dudas que asaltaron al mariscal Erwin Rommel con motivo de los continuos contraataques del VIII Ejército Británico, sospechando que dicha agrupación no estaba derrotada del todo tal y como había pensado tras la caída de Tobruk y la Batalla de Gazala. De hecho en el último asalto contra el XX Cuerpo Italiano sobre el Talud de Alam Nayil, cuyas tropas al final contuvieron a los neozelandeses y les rechazaron de El-Mireir, se creó un inesperado saliente con el que los ingleses aumentaron la línea del frente de los 48 kilómetros iniciales a 56 kilómetros, una distancia imposible de cubrir por las escasas fuerzas del Afrika Korps. Fue entonces cuando el 4 de Julio transmitió instrucciones a sus mandos para detener la ofensiva a la espera de tener una idea más clara de la situación, aunque para su amargura en última instancia dicha orden fue revocada por Benito Mussolini, quién tan sólo unos días antes había venido a Egipto con la feliz idea de entrar triunfal y montado a caballo en el puerto de Alejandría, emulando al mítico Alejandro Magno.

Antes de que el mariscal Erwin Rommel intentase convencer de su error al Duce, el VIII Ejército Británico ya pasó a la contraofensiva el 5 de Julio mediante una arremetida infructuosa con tanques en torno a la Cresta de Ruweisat que fue detenida con piezas Flak de 88 milímetros camufladas y que dejó con menos de una treinta de carros operativos a la 1ª División Blindada. Dos días más tarde, el 7 de Julio, también la 2ª División de Infantería Neozelandesa fue repelida por los defensores italianos de Munga Wahla y la 1ª División Blindada Británica de la ciudad de Fuka, aunque durante esta última misión consiguió efectuar un bombardeo de artillería con el que dañó la pista del cercano Aeródromo de Fuka. Fracasados todos los contraataques del VIII Ejército Británico, el “Zorro del Desierto” no concedió ningún respiro a sus vapuleados oponentes porque rápidamente envió a la 90ª División Ligera y a la 133ª División Blindada “Littorio” para cargar contra la expuesta 6ª Brigada de Infantería Neozelandesa, a la cual los ítalo-germanos expulsaron de sus posiciones y la arrebataron el enclave de Bab El-Qattara. Sin embargo el general Claude Auchinleck no se intimidó porque a las 10:00 horas del 10 de Julio mandó a sus últimas reservas consistentes en elementos de la 9ª División de Infantería Australiana y la 1ª División Sudafricana, ambas acompañadas por 40 tanques en 32 Matilda y 8 Valentine, que progresaron por el norte desbordando a los italianos de la 60ª División de Infantería “Sabratha” durante la ocupación de Tell El-Makh Khad, lo que les situó a tan sólo 5 kilómetros del Estado Mayor del Afrika Korps en Tell El-Eisa, obligando entonces al general Friedrich Von Mellethin a improvisar un arco defensivo de 3 kilómetros con los soldados alemanes recién transportados por aviones de la 164ª División de Infantería que acababan de aterrizar procedentes de la Isla de Creta. A este peligro junto a la “Carretera de la Costa” se sumó que la jornada del 11 la 9ª División de Infantería Australiana varió el rumbo y torció hacia el sur para caer de flanco sobre la 101ª División Motorizada “Trieste” que se retiró con bajas muy elevadas, aunque al menos las tropas italianas evitaron los días 12 y 13 que los australianos se adentrasen más en su dispositivo, rechazándoles tanto de Deir El-Abyad como del Talud El-Mitelriya.

Soldados británicos durante la Primera Batalla de El-Alamein.

La contraofensiva a gran escala del VIII Ejército Británico tuvo lugar a las 23:00 horas de la noche del 14 Julio con una amalgama de unidades escogidas por el general Claude Auchinleck que incluyeron a la 1ª Brigada Blindada Británica, la 2ª División de Infantería Neozelandesa y la 5ª División de Infantería India. Gracias a la oscuridad nocturna las tropas anglo-indias escalaron los riscos de la Cresta de Ruweisat y arrebataron a los alemanes la Cota 63 y la Cota 64, al tiempo en que los soldados neozelandeses hicieron 1.000 prisioneros italianos que fueron capturados por sorpresa en Deir El-Shein. Lamentablemente para los atacantes, la 1ª División Blindada Británica se movió demasiado tarde de sus posiciones, casi hasta bien entrada la mañana del 15, lo que concedió al Afrika Korps un tiempo precioso para reorganizarse e impedir a los carros ingleses penetrar más allá de Alam El-Dihmaniya, algo que facilitó a los alemanes desarrollar un potente contraataque contra sus rivales y reconquistar otra vez la Cota 63 en el extremo más occidental de la Cresta de Ruweisat.

Creyendo el general Erwin Rommel que había salvado la situación en la Cresta de Ruweisat, lanzó un precipitado contraataque el 16 de Julio del que las 15ª y 21ª Divisiones Panzer no salieron muy bien paradas porque se vieron atrapadas en fuego cruzado por parte del tiro concentrado de la artillería británica, lo que sumado a un contraataque de 75 tanques de la 1ª División Blindada Británica, los germanos hubieron de suspender la operación dejando atrás 24 de sus carros destruidos, así como 6 vehículos y 26 cañones. A las veinticuatro horas de este desastroso asalto, el 17, el Eje encajó un nuevo revés porque los anglo-neozelandeses se abalanzaron sobre las posiciones del X Ejército Italiano en el sur, provocando bajas muy graves a la 60ª División de Infantería “Sabratha” en el sector de El-Mitelriya, lo que forzó a Rommel a enviar pequeños destacamentos alemanas a las zonas custodiadas por los italianos para evitar un derrumbe de su moral y la caída de más reductos.

Carga de tropas italianas durante la Primera Batalla de El-Alamein.

Entre los días 18 y 20 de Julio tanto el VIII Ejército Británico como el Afrika Korps se fortificaron en la “Línea de El-Alamein” a la espera de quién lanzaba la siguiente ofensiva, si el mariscal Erwin Rommel o el general Claude Auchinleck. Sería precisamente este último el que se adelantaría al disponer de nuevas unidades y refuerzos procedentes de El Cairo, así como de 242 tanques de todos los tipos que habían sido recientemente descargados en el Canal de Suez. No obstante el “Zorro del Desierto” en esta ocasión prefirió no embarcarse en nuevas aventuras y optó por aferrarse al terreno para tender una emboscada a sus oponentes, empleando para ello a 92 nuevos tanques entre 42 alemanes y 50 italianos, pero sobretodo a millares de minas que en menos de tres días los zapadores desenterraron de los campos de Mersa Matruh y volvieron a enterrar frente a los ingleses sobre un arco situado entre el oeste de la Cresta de Ruweisat y la localidad de El Mireir, precisamente el lugar escogido para el ataque de la Commonwealth.

En la mañana del 21 de Julio comenzó la ofensiva final del general Claude Auchinlek bajo un potente fuego preliminar de 300 piezas de artillería, antes de que 104 tanques de la 22ª Brigada Blindada Británica emprendiesen un penoso avance de tan sólo 2 kilómetros, ya que a mitad del trayecto los conductores se internaron en los densos campos de minas que se extendían entre El Mireir y Deir El-Shein, siendo volados por los artefactos bajo la arena un total 30 carros y otros 20 convertidos en chatarra por los cañones Flak de 88 milímetros que los pulverizaron uno a uno. Una vez inmovilizada la 22ª Brigada Blindada Británica sobre el suelo minado, la 21ª División Panzer contraatacó contra sus vulnerables oponentes con un resultado devastador porque otras tantas decenas de tanques fueron destruidos por los Panzer III y Panzer IV, sobreviviendo únicamente once carros ingleses que escaparon en dirección a Alejandría. Así fue como al día siguiente, el 22 de Julio, el ataque del VIII Ejército Británico fracasó estrepitosamente contra el centro del dispositivo del Eje, perdiéndose la elevada cifra de 104 tanques y siendo virtualmente aniquilada la 22ª Brigada Blindada.

Paralelamente en otros sectores de la “Línea de El-Alamein” la ofensiva del general Claude Auchinleck también naufragó porque la 2ª División de Infantería Neozelandesa y elementos de la 1ª División Blindada Británica fueron repelidos por los defensores ítalo-germanos de El Mireir, dejando atrás a 21 de sus carros ardiendo sobre la arena. Más al norte, entre Tell El-Eisa y Tell El-Makh Khad, un grupo acorazado y unidades de la 9ª División de Infantería Australiana también fueron puestos en fuga por una guarnición del XXI Cuerpo Italiano que causó a los anglo-australianos numerosas bajas y la destrucción de 23 tanques. A esta imposibilidad de ganar el terreno al Eje, hubo que añadir que encima el Afrika Korps se reforzó desde el 25 de Julio con la llegada reciente de Italia de la 185ª División Paracaidista “Folgore”, cuyos hombres taponaron cualquier posible brecha a la altura de la Meseta de El-Taqa. De hecho el único éxito de la Commonwealth tuvo lugar a las 15:00 horas del 26 con la toma por parte de los australianos de Sainet El-Mitelriya, pero por poco tiempo debido a que los paracaidistas italianos llevaron a cabo un contraataque con el que recapturaron la posición sin excesivas dificultades y forzaron a huir a la 9ª División de Infantería Australiana.

Pieza de artillería pesada britántica en la Primera Batalla de El-Alamein.

La Primera Batalla de El-Alamein oficialmente se dio por concluida el 28 de Julio de 1942 cuando el general Chaude Auchileck, entendiendo que era imposible de proseguir con la ofensiva tras la pérdida de 148 tanques y miles de bajas entre sus filas, bastante superiores a sus rivales, ordenó cancelar la operación y hacer volver a sus fuerzas hacia la zona segura en la cara oriental de la Cresta de Ruweisat. Aunque los británicos no habían podido vencer al Afrika Korps ni tampoco hacerle retroceder ni un sólo palmo de terreno dentro de Egipto, al menos por el momento habían frenado su avance e impedido al mariscal Erwin Rommel continuar su camino hacia Alejandría y El Cairo, evitando de ese modo que las fuerzas del Eje cortaran el Delta del Río Nilo e incluso el vital Canal de Suez.

La Commonwealth sufrió 15.000 bajas durante la Batalla de El-Alamein contando muertos, heridos y desaparecidos, los cuales según la nacionalidad se repartieron en 5.000 británicos 4.000 neozelandeses, 3.000 indios, 2.552 australianos y 425 sudafricanos, además de perderse unos 300 tanques. Respecto al Eje el Afrika Korps encajó 10.000 bajas entre 3.300 muertos sumando 2.300 alemanes y 1.000 italianos, 1.700 heridos y 5.000 prisioneros italianos, más la destrucción de 100 de sus tanques.

Batalla de Alam Halfa

En cuanto el Primer Ministro Winston Churchill del Reino Unido se enteró acerca de que la ofensiva del general Claude Auchinleck había sido rechazada por el Afrika Korps en la Primera Batalla de El-Alamein, rápidamente se trasladó a Egipto y visitó El Cairo para averiguar él mismo la pésima situación del VIII Ejército Británico y como las fuerzas de la Commonwealth estaban con la moral por los suelos, muchas deseando ser evacuadas al Oriente Medio. De hecho tal era la preocupación que le generaba el “Zorro del Desierto”, que durante una tarde entera se paseó frente a las Pirámides con la mirada perdida y diciendo en voz baja: “Rommel, Rommel…”. Después de debatir con los oficiales del Mando del Próximo Oriente e inspeccionar personalmente las posiciones y atrincheramientos en la propia “Línea de El-Alamein”, el Premier comunicó al general Claude Auchinleck que sería relevado de sus funciones para poner al frente de la campaña norteafricana al general William Gott que hasta ese momento había liderado el XIII Cuerpo Británico.

Contra todo lo imaginado, el 7 de Agosto de 1942 en que se iba a producir el nombramiento del general William Gott como jefe del VIII Ejército Británico, el avión de transporte Bristol Bombay que lo trasladaba del Aeródromo de Burg-el-Arab a la Base de Heliópolis en El Cairo, fue interceptado a mitad del trayecto por un caza alemán Messerschmitt Bf 109 al mando del oficial Emil Clade que lo derribó con un par de ráfagas y mató a los diecisiete miembros de la tripulación. Nada más saberse acerca del fallecimiento del general William Gott, se tuvo que buscar a un sustituto a toda prisa, siendo elegido un hombre bajito, delgado y con boina oscura del que nadie se había percatado hasta la fecha pero que tenían muy buen historial manejando tanques, en concreto el general Bernard Law Montgomery.

General Bernard Montgomery del VIII Ejército Británico.

Bernard Montgomery, un general sin experiencia en África apodado “Monty”, heredó el 15 de Agosto de 1942 el mando de un VIII Ejército Británico completamente desecho tras la Primera Batalla de El-Alamein. Después de fijar su cuartel bajo la sombra de las Pirámides de Giza, comenzó a preparar una nueva estrategia que hasta la fecha no había llevado a cabo ninguno de sus antecesores, ni el general Archibald Wavell en 1940-1941 ni el general Claude Auchinlek en 1941-1942, consistente en dejar de lado cualquier acción ofensiva del estilo la “Operación Compass” o la “Operación Crusader”, pues los nuevos tiempos implicaban una visión meramente defensiva y no de ataque debido a la supuesta “invencibilidad” del mariscal Erwin Rommel. Así fue como esperó a la llegada de nuevos refuerzos a través del Canal de Suez, como por ejemplo la 44ª División de Infantería Británica y las 7ª y 10ª Divisiones Blindadas que sustituyeron a la ya desaparecida 1ª División Blindada, además de tender extensos campos de minas en forma de “U”, emplazar numerosas baterías de artillería de 25 libras ocultas entre las montañas en medio del desierto, enterrar a la mitad de los 500 tanques disponibles con las torretas sobresaliendo de la arena, e incluso colocando decenas de falsos carros hinchables que confundieron a los aviones de reconocimiento del Eje.

El despliegue defensivo elegido por el general Bernard Montgomery sobre la “Línea de El-Alamein” se basó en los informes del equipo de desciframiento “Ultra” que interceptaron al enemigo a través de la base secreta de Bletchley Park en Inglaterra, los cuales indicaban que el Afrika Korps centraría todo el esfuerzo de su ofensiva al sur, concretamente entre Bab El-Qattara y la Pirámide de Qaret El-Himeinat. Así fue como el VIII Ejército Británico siguió un ángulo escalonado primero de norte a sur y luego de oeste a este de la siguiente manera: sobre la “Carretera de la Costa” la 9ª División de Infantería Australiana, junto a El-Alamein la 1ª División de Infantería Sudafricana, en la Cresta de Ruweisat a la 5ª División de Infantería India, en torno al Talud de Alam Nayil a la 2ª División de Infantería Neozelandesa, por detrás de la Cota 102 a la 22ª Brigada Blindada, en la Sierra de Alam Halfa a la 10ª División Blindada y la 44ª División de Infantería Británica, y finalmente colindando con la Depresión de Qattara a la 7ª División Blindada.

La estrategia del mariscal Erwin Rommel que disponía de un total de 472 tanques entre 229 alemanes y 243 italianos consistiría en un ataque masivo por encima de la Depresión de Qattara que se desarrollaría del siguiente modo: en la vertiente más meridional arremeterían las 15ª y 21ª Divisiones Panzer, justo encima el XX Cuerpo Motorizado Italiano con la 101ª División Motorizada “Trieste” y las 132ª y 133ª Divisiones Blindadas “Ariete” y “Littorio”, y algo más arriba la 90ª División Ligera; las cuales desbordarían de manera coordinada las líneas del enemigo para a continuación torcer hacia el noreste y atacar la Sierra de Alam Halfa, donde supuestamente embolsaría al grueso del VIII Ejército Británico en El-Alamein. Simultáneamente a esta maniobra, se generaría confusión a las fuerzas de la Commonwealth desplegadas en el Talud de Alam Nayil, la Cresta de Ruweisat y la “Carretera de la Costa” mediante una falsa ofensiva simulada al norte y al centro del dispositivo con la 164ª División de Infantería Alamana y el X Cuerpo Italiano que incluía a la 185ª División Paracaidista “Folgore”, la 25ª División de Infantería “Bologna” y a las 17ª y 27ª Divisiones Motorizadas “Pavía” y “Brescia”.

Bombarderos británicos Boston sobrevolando el Desierto del Sáhara para atacar las líneas de suministros del Eje durante la Batalla de Alam Halfa.

Curiosamente la ofensiva de Alam Halfa formaba parte del “Plan Orient” diseñado por Adolf Hitler que supuestamente debía destruir de una vez por todas a las fuerzas de la Commonwealth en Egipto para que acto seguido el Afrika Korps cruzase el Canal de Suez y accediese a Oriente Medio, coordinándose desde Rusia con el Ejército Alemán que descendería desde el Cáucaso hacia los campos petrolíferos de Persia y el Próximo Oriente, al tiempo en que Japón invadía la India e incluso quizá desembarcaba un contingente en el Golfo Pérsico. Sin embargo la operación no sólo era ambiciosa y casi irrealizable, sino que ya algo tan limitado como alcanzar la Sierra de Alam Halfa era muy complicado, pues los ítalo-germanos adolecían de un problema crónico de falta de combustible debido a que precisaban del transporte de más de 6.000 toneladas de carburante, de las cuales 1.000 llegaron en avión y 2.200 se perdieron tras ser hundidos dos petroleros a manos la aviación inglesa basada en la Isla de Malta, mientras que las 3.000 restantes llegarían con mucho retraso, ya que dependiendo del puerto tenían que recorrer una distancia de 2.200 kilómetros desde Trípoli, 990 kilómetros desde Bengasi y 555 kilómetros desde Tobruk, todo lo contrario de los británicos que sólo debían circular 90 kilómetros desde Alejandría y 350 Kilómetros desde el Río Nilo.

La noche del 30 al 31 de Agosto de 1942, el Afrika Korps inició su ofensiva al sur de la “Línea de El-Alamein” lanzando a sus fuerzas acorazadas y unidades motorizadas a su estela por encima de la Depresión de Qattara. Desde el primer instante en que comenzó la que sería conocida como Batalla de Alam Halfa las cosas no salieron según lo previsto, pues los Aliados ya estaban esperando el ataque del Eje, por lo que en medio de la oscuridad aviones Wellington de la Fuerza Aérea Real Británica sobrevolaron las formaciones enemigas y arrojaron cohetes lumínicos en paracaídas que iluminaron el desierto, para acto seguido descargar sus bombas sobre las concentraciones de tanques que causaron infinidad de estragos y retrasos. Una vez amaneció, a las 8:00 horas, los carros ítalo-germanos entraron en los campos de minas que retuvieron su avance, mientras las piezas de artillería camufladas y morteros macharon a los asaltantes, así como las ametralladoras que hostigaron y diezmaron a la infantería. De hecho una de las minas enterradas en la arena pulverizó el tanque en el que viajaba el general Georg Von Bismack, comandante de la 21ª División Panzer, además de causar heridas en el general Walther Nehring.

Hasta las 13:00 horas del mediodía del 31 de Agosto, el Afrika Korps no consiguió salir de su estancamiento y progresar entre 13 y 16 kilómetros según el sector, logrando la 90ª División Ligera rebasar las posiciones británicas en la Sierrra de Deir El-Munassib, tomar la 21ª División Panzer la aldea árabe de Qaballa y protagonizar la 133ª División Blindada “Littorio” un récord de avance con sus tanquetas sobre el desierto rocoso y polvoriento, por lo menos hasta que se vieron frenadas por la 22ª Brigada Blindada en la Cota 102. No mucho tiempo después la 15ª División Panzer alcanzó el extremo suroccidental de la Sierra de Alam Halfa, donde entabló un cruento combate con la 10ª División Blindada que se saldó con un fracaso germano con la destrucción de 22 tanques Panzer IV por 21 carros ingleses Grant. Respecto a las unidades que tenían que realizar una maniobra de distracción en el centro y norte de la “Línea de El-Alamein” su papel fue testimonial porque la 25ª División de Infantería “Bologna” y un regimiento alemán de la 164ª División de Infantería efectuaron incursiones contra el perímetro de la 1ª División de Infantería Sudafricana y la 5ª División de Infantería India, ocupando brevemente la Cota 211 sobre la Cresta de Ruweisat, antes de perderla nuevamente tras un contraataque de la 2ª División de Infantería Neozelandesa.

Cañón británico durante la Batalla de Alam Halfa.

El 2 de Septiembre de 1942 prácticamente toda la ofensiva del Afrika Korps se había estrellado contra las sólidas posiciones del VIII Ejército Británico sobre un arco que iba la Cota 102 con la 90ª División Ligera y la 133ª División Blindada “Littorio” en su ala occidental, a la Sierra de Alam Halfa con las 15ª y 21ª Divisiones Panzer en el ala oriental, ambas frenadas por la 10ª División Blindada y la 44ª División de Infantería, sin obviar la amena por el flanco de fresca 7ª División Blindada que venía como refuerzo desde las profundidades de Egipto. A pesar de todo, el mariscal Erwin Rommel reanudó sus ataques con el apoyo de bombarderos en picado Stukas que eliminaron algunas posiciones enemigas y emplazamientos artilleros, pero que igualmente no cambiaron en nada la situación porque la la aviación británica no dejaba de acosar a sus columnas desde el cielo con oleadas masivas de bombarderos Wellington y Baltimore, así como los grupos de exploración semiblindados que se infiltraban en la retaguardia del Desierto del Sáhara y atacaban a los convoyes del Eje, destruyendo en una ocasión a 58 camiones cargados con el vital combustible. Sorprendentemente aquellas dificultades no fueron suficientes para que el 3 de Septiembre elementos acorazados germanos bordeasen por el sur la Sierra de Alam Halfa y recorriesen vertiginosamente las dunas hasta situarse a tan sólo 25 kilómetros de Alejandría, por aquel entonces el máximo cénit de avance protagonizado por el Eje sobre África durante la Segunda Guerra Mundial.

Como la victoria en la Batalla de Alam Halfa era ya imposible, el 3 de Septiembre el mariscal Erwin Rommel ordenó la retirada general del Afrika Korps hacia el punto de partida de la ofensiva del 31 de Agosto. De este modo y con efecto inmediato cientos de vehículos y miles de soldados emprendieron la huida a través del desierto, levantando grandes polvaredas y atrayendo la atención de la aviación enemiga que les acosó desde el aire, pero milagrosamente sin ser perseguidos por el VIII Ejército Británico debido a que el general Bernard Montgomery, temiéndose una trampa por parte del “Zorro del Desierto”, dio instrucciones de no moverse y por tanto dejó escapar a sus oponentes casi intactos durante las jornadas del 4, 5 y 6, algo por lo cual fue bastante criticado entre los mandos en Londres. De hecho en pleno repliegue y para evitar una maniobra envolvente de las fuerzas de la Commonwealth, los ítalo-germanos mantuvieron la iniciativa porque la 90ª División Ligera y la 185ª División Paracaidista “Folgore” que cubrían el flanco norte vigilando la Cresta de Ruweisat, se adelantaron mediante un ataque preventivo rápido de carga y contracarga, causando 972 bajas a la 2ª División de Infantería Neozelandesa. Solamente algo de éxito cosechó la 5ª División de Infantería India, que desobedeciendo a “Monty” alivió la presión sobre el norte con una breve escaramuza contra un reducto que terminó con la captura de 200 prisioneros al X Ejército Italiano. Así fue como salvo por esta excepción, los ítalo-germanos se refugiaron sin mayores dificultades por detrás de la línea entre El-Taqa y Babr El-Qattara la jornada del 7 de Septiembre, poniéndose fin a la última ofensiva del Eje sobre Egipto.

Tropas británicas junto a los restos de un tanque alemán Panzer IV durante la Batalla de Alam Halfa.

La Batalla de Alam Halfa costó a las fuerzas del Eje un total de 2.940 bajas entre 570 muertos, 1.800 heridos y 570 prisioneros (la mayoría italianos), así como un material perdido de 49 tanques (38 alemanes y 11 italianos), 400 camiones, 70 cañones (15 de campaña y 50 anticarro) y 36 aviones. Contrariamente las fuerzas de la Commonwealth encajaron 1.750 bajas (más de la mitad neozelandeses y el resto ingleses) contando a 1.400 muertos o heridos y 350 prisioneros, más un material destruido de 150 tanques, 30 cañones (10 de campaña y 20 anticarro) y 67 aviones.

El revés del Eje en la Batalla de Alam Halfa, aunque no tuvo mucha repercusión en el número de bajas del Afrika Korps que volvió casi intacto al otro lado de la “Línea de El-Alamein”, cercenó cualquier posibilidad del mariscal Erwin Rommel para avanzar sobre Alejandría o El Cairo. Las razones del fracaso fueron la falta de gasolina que no llegó a tiempo a sus unidades acorazadas, la superioridad en el aire de la Fuerza Aérea Real Británica y los errores de su servicio de inteligencia a la hora de hacerle creer que las defensas enemigas en el sur serían muy débiles a la altura de la Depresión de Qattara. Fue de este modo como a partir de entonces, las fuerzas ítalo-germanas no tendrían más remedio que pasar a la defensiva y atrincherarse a la espera de recibir la ofensiva que ya había comenzado a planificar el general Bernard Montgomery.

Segunda Batalla de El-Alamein

La victoria defensiva del Reino Unido en la Batalla de Alam Halfa cambió todo el panorama en el Norte de África, pues desde ese instante el Imperio Británico podía pasar a la ofensiva contra el Afrika Korps. Aunque el Primer Ministro Winston Churchill era partidario de desarrollar una gran operación sobre El-Alamein para Septiembre de 1942, el general Bernard Montgomery le convenció de retrasarla lo máximo posible a finales de Octubre, ya que para entonces sería posible reaprovisionar a las desgastadas unidades que ya se batían en el desierto desde hacía meses, entrenar a las nuevas generaciones de soldados recién llegados, recibir los lotes de tanques Sherman prometidos por Estados Unidos, y sobretodo traer nuevos contingentes de Gran Bretaña, India, Oriente Medio, Persia y las Islas Seychelles.

Bajo el nombre de “Operación Bertram”, el VIII Ejército Británico reunió en Egipto a 220.000 soldados, 1.029 tanques (294 Crusader, 252 Sherman, 194 Valentine, 170 Grant, 119 Stuart M3), 2.331 piezas de artillería (1.403 anticarro, 908 de campaña, 849 medios y 554 ligeros), y 750 aviones (500 cazas y 200 bombarderos). Según el plan del general Bernard Montgomery, la Commonwealth concentró a su fuerza de choque principal al norte de la “Línea de El-Alamein”, desplegando desde la “Carretera de la Costa hasta la Cresta de Ruweisat al XXX Cuerpo del general Oliver Leese con la 9ª División de Infantería Australiana, la 51ª División de Infantería Escocesa “Highland”, la 2ª División de Infantería Neozelandesa, la 1ª División de Infantería Sudafricana y la 4ª División de Infantería India, las cuales primero despejarían pasillos los campos de minas y luego abrirían brecha por donde se colaría el X Cuerpo del general Herbert Lumsden con las 1ª, 8ª y 10ª Divisiones Blindadas Británicas. Al cabo de una semana y media, ya en Noviembre, también se pondría en práctica la “Operación Supercharge” consistente en una segunda ofensiva entre el Talud de Alam Nayil y la Depresión de Qattara por parte del XIII Cuerpo del general Brian Horrocks con la 50ª División de Infantería Británica, la 7ª División Blindada Británica, la 44ª División de Infantería Británica, la Brigada de Infantería Griega y las 1ª y 2ª Brigadas de Infantería Francesas Libres.

Mapa de la Segunda Batalla de El-Alamein (23 de Octubre – 7 de Noviembre de 1942).

El Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel reunió en la “Línea de El-Alamein” a un total de 108.000 soldados entre 58.000 italianos y 60.000 alemanes, 489 tanques entre 211 alemanes (126 Panzer IV y 85 Panzer III) y 278 italianos (M13/40), 1.219 piezas de artillería (475 de campaña, 658 anticarros y 86 Flak de 88 milímetros) entre 644 alemanas y 575 italianas, y 675 aviones entre 275 alemanes y 400 italianos. Desde el extremo septentrional en la costa del Mar Mediterráneo al extremo meridional en la Depresión de Qattara, justo por detrás de un inmenso campo de 500.000 minas, el despliegue fue el siguiente: el Frente Norte con la 15ª División Panzer, la 133ª División Blindada “Littorio”, la 164ª División de Infantería Alemana, la 90ª División Ligera y el XX Cuerpo Italiano con la 132ª División Blindada “Ariete” y la 102ª División Motorizada “Trento”; el Frente Centro con la 21ª División Panzer y el XX Cuerpo Italiano con la 101ª División Motorizada Trieste y las 17ª y 25ª Divisiones de Infantería “Bologna” y “Brescia”; y el Frente Sur con el X Cuerpo Italiano con la 185ª División Paracaidista “Folgore”, la 27ª División de Infantería “Pavía”, la Brigada Paracaidista Alemana “Ramcke” y la Legión Árabe.

Sorprendentemente antes de la “Operación Bertram” ya se realizó un ensayo denominado “Operación Braganza” consistente en adelantar posiciones sobre el Deir El-Munassib mediante un ataque de 44ª División de Infantería Británica y otros elementos del XIII Cuerpo Británico. Sin embargo el asalto resultó ser un fiasco porque encontraron más resistencia de la esperada por parte de un grupo de soldados italianos de la 185ª División Paracaidista “Folgore” al mando del general Enrico Frattini, quienes rechazaron a los ingleses y les provocaron 328 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. A raíz de este fracaso los británicos sacaron interesantes lecciones para la futura “Operación Bertram”, ya que desde entonces sólo arremeterían contra sus oponentes cuando fuesen mucho más débiles, algo que con el tiempo se haría realidad a causa de las complicaciones logísticas que padecía el Eje.

Soldados italianos de la 185ª División Paracaidista Folgore en la Línea de El-Alamein.

La vida de los soldados ítalo-alemanes que iban a afrontar la ofensiva de El-Alamein era mucho más dura que la de los británicos, pues mientras los ingleses que estaban muy cerca de sus bases en el Delta del Río Nilo recibían 6 litros de agua y todo tipo de carne, galletas, vegetales, té, cigarrillos y jabón para el aseo, los germanos únicamente disponían de carne y galletas, siendo las frutas y las verduras casi inexistentes por las inmensas distancias desde los puertos en Libia, además de consumir y lavarse con agua de los pozos que solía estar sucia y caliente por el sol. A esta situación de debilidad, a la que había que añadir una clara inferioridad numérica de las fuerzas del Eje, la suerte tampoco jugaría de parte del Afrika Korps, ya que encima el mariscal Erwin Rommel se tuvo que ausentar de Egipto primero para recuperarse de un problema de salud en el Hospital de Semmering de los Alpes y luego para recibir el bastón de mariscal de manos del propio Adolf Hitler, por lo que su sustituto provisional, el general Georg Stumme que era veterano de la campaña de Rusia, apenas conocía el tipo de guerra que se libraba en las arenas del Norte de África.

Otra de las ventajas del VIII Ejército Británico sería que el general Bernard Montgomery consiguió engañar al mariscal Erwin Rommel de que el ataque principal vendría del XIII Cuerpo por el sur, pero no del XXX Cuerpo por el norte, ya que elaboró una magistral campaña de enmascaramiento y confusión consistente en colocar por encima de la Depresión de Qattara infinidad falsos almacenes de municiones, depósitos de gasolina y hasta un oleoducto de mentira. De hecho la noche antes de la “Operación Bertram” se informó por radio de un movimiento inexistente de una división acorazada, además de echarse al Mar Mediterráneo una escuadra de la Marina Real Británica (Royal Navy) con lanchas de desembarco que se aproximaron a la costa occidental del Egipto y la bombardearon con fuego de mortero y tiros de ametralladoras para luego marcharse, algo que obligó a trasladar hacia el litoral a algunas unidades del Eje.

A las 21:40 horas de la noche del 23 de Octubre de 1942, más de 1.000 piezas de artillería del VIII Ejército Británico abrieron fuego sobre las posiciones ítalo-germanas del Afrika Korps sobre toda la “Línea de El-Alamein”, iluminando el cielo nocturno con los haces de los fogonazos, la mayoría cañones Bófors guiados por trazadoras de tubos antiaéreas de 40 milímetros, así como por focos reflectores en proyectaban sus haces contra posibles objetivos enemigos, impidiendo a éstos últimos efectuar fuego de contrabatería. Aproximadamente cada tres minutos, la barrera artillera saltaba una distancia de 100 metros, causando un efecto devastador sobre los atrincheramientos del Eje en los que incluso uno de los proyectiles alcanzó y destruyó el vehículo en el que viajaba el general Georg Stumme, quién perdió la vida en el incidente mientras precisamente sustituía de manera provisional al mariscal Erwin Rommel, algo que dejó sin mando a las fuerzas alemanas que de momento pasaron a depender del general italiano Ettore Bastico y de su subalterno el general Ritter Von Thoma.

Soldados de la 9ª División de Infantería Australiana atacando el Frente Norte en la Segunda Batalla de El-Alamein.

Dos horas después del bombardeo de artillería del VIII Ejército Británico, a las 23:00 de la noche, el XX Cuerpo Británico inició el avance con la 9ª División de Infantería Australiana y la 51ª División de Infantería Escocesa “Highland” a la cabeza sobre un sector de 11 kilómetros de ancho entre Tell El-Eisa y el Talud de El-Mitelriya, cuyos hombres salieron de sus trincheras y se internaron en los campos de minas sufriendo las primeras bajas al pisar los artefactos, lo que alertó a los soldados italianos de la 102ª División Motorizada “Trento que lanzaron bengalas y se defendieron disparando con sus ametralladoras y morteros. Especialmente elevadas fueron las bajas entre los escoceses, pues al ir vestidos con llamativas faldas y tocar los gaiteros sus instrumentos a todo volumen, resultaron ser blancos fáciles de los cañones enemigos y también de los tiradores ocultos que eliminaron a decenas de ellos. De hecho, tan complicado fue moverse por los campos minado que los equipos de zapadores que iban mucho más adelantados tuvieron que tender una cinta blanca iluminada por lámparas por la que finalmente durante la madrugada lograron colarse miles de tropas anglo-escocesas y australianas sobre un estrecho pasillo al que bautizaron como “Ruta Oxalic”.

Alrededor de las 2:00 horas de la madrugada del 24 de Octubre, el X Cuerpo Británico también se desplazó por los pasillos abiertos en los campos de minas, sufriendo las primeras bajas pérdidas de algunos tanques Crusader que saltaron por los aires como consecuencia de los artefactos anticarro, todos pertenecientes a las 1ª y 10 Divisiones Blindadas que en seguida quedaron varadas como consecuencia de la intervención de unidades acorazadas de la 21ª División Panzer. A estas arremetidas pronto se unió al sur el XIII Cuerpo Británico junto a la Depresión de Qattara que mediante una maniobra de distracción intentó ocupar la Pirámide de Qaret El-Himeinat, siendo la acción un fracaso porque la 1ª Brigada de Infantería Francesa Libre apenas pudo desplazarse por una arena mucho más blanda de lo previsto y sobretodo porque los galos fueron rechazados por los muy bien atrincherados soldados germano-italianos; exactamente igual que les sucedió a un contingente de la 44ª División de Infantería Británica que fue derrotado en Yébel Kalakh por los miembros de la 185ª División Paracaidista “Folgore”.

Con el amanecer del 24 de Octubre, ya avanzada la mañana del inicio de la ofensiva sobre El-Alamein, la 4ª División de Infantería India arremetió hacia el oeste de la Cresta de Ruweisat sin éxito porque fue repelida por los defensores alemanes de la Cota 63; algo muy parecido a lo que les ocurrió a los soldados de la 2ª División de Infantería Neozelandesa al norte del Talud de El-Mitelriya que fueron totalmente detenidos por las tropas alemanas de la 90ª División Ligera y la 164ª División de Infantería. Frustrados todos los intentos de penetración de la Commonwealth sobre la denominada “Línea Pierson” contra la que se habían estrellado las 1ª, 2ª, 4ª, 9ª y 51ª Divisiones de Infantería Sudafricana, Neozelandesa, India, Australiana y Escocesa “Highland”, al menos sirvió para atraer la atención hacia la zona de la 21ª División Panzer en el sur y otras unidades menores de la 15ª División Panzer y la 133ª División Blindada “Littorio” que mandaron fuerzas hacia el sector para desguarnecer otras sobre la “Línea de El-Alamein”.

Tanques Sherman durante la Segunda Batalla de El-Alamein.

Dos días después del comienzo de la Batalla de El-Alamein, el 25 de Octubre, el mariscal Erwin Rommel regresó a Egipto para tomar el mando del Afrika Korps en medio de una crisis muy grave, pero al menos no todavía desesperada porque ninguno de los objetivos previstos por el VIII Ejército Británico se había cumplido para amargura del general Bernard Montgomery. De hecho y aunque a las 8:00 horas fue desbaratado un contraataque de la 15ª División Panzer y los X y XXX Cuerpos Británicos por fin dejaron atrás el campo de minas con elementos de vanguardia de la 1ª División Blindada Británica y la 2ª División de Infantería Neozelandesa que establecieron una cabeza segura de 1.800 metros al sudeste, en el resto de sectores de la “Línea de El-Alamein” el estancamiento continuó siendo crónico para las unidades de la Commonwealth.

El 26 de Octubre un total de 370 tanques de la 15ª División Panzer y la 133ª División Blindada “Littorio” lanzaron por orden del mariscal Erwin Rommel un contraataque contra la 1ª División Blindada Británica y la 2ª División de Infantería Neozelandesa que avanzaban por el norte intentando cortar su ruta de suministros en Sidi Abd El-Rahman. El combate que se vivió en el sector fue la tónica que se repetiría en la Segunda Batalla de El-Alamein, ya que los soldados anglo-neozelandeses que progresaban apoyados por una potente barrera de artillería a la retaguardia, de repente se veían acosados por los cañones y las ametralladoras de las tropas ítalo-germanas, las cuales en alguna ocasión contaron con el apoyo aéreo de bombarderos en picado Stukas. Acto seguido los carros ingleses entraban en acción, lo que a su vez propiciaba la intervención de los tanques germanos, pasando el enfrentamiento de ser una reyerte entra infantes peleando al cuerpo a cuerpo o la bayoneta, a uno blindado entre dos grandes fuerzas acorazadas. Después de horas de refriega, finalmente la 15ª División Panzer frenó el progreso enemigo hacia Sidi Abd El-Rahman y causó tantas pérdidas a la 2ª División de Infantería Neozelandesa que tuvo que ser retirada para reponer pérdidas en la retaguardia.

Carga a la bayoneta de la 2ª División de Infantería Neozelandesa durante la Segunda Batalla de El-Alamein.

Bastante las cosas se complicaron para el Eje el 27 de Octubre porque como la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) y la Fuerza Aérea Real Italiana (Regia Aeronautica) carecían de suficiente combustible para estar constantemente en el aire, la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force) se impuso sobre los cielos de Egipto porque los cazas en vuelo rasante y cazabombarderos destruyeron a decenas de camiones y vehículos cargados con suministros que circulaban sobre la “Carretera de la Costa”, además de hundir la aviación basada en la Isla de Malta a dos petroleros que ya no pudieron proveer de su carburante al Afrika Korps. A tales desastres en su logística, hubo que añadir que todos los ataques lanzados por el mariscal Erwin Rommel contra la brecha del XXX Cuerpo Británico fracasaron durante la jornada, como por ejemplo hicieron las 15ª y 21ª Divisiones Panzer contra la Cresta Kidney y el “Reducto Snipe” que se vieron sorprendidas por un campo de minas, cañones antitanque ocultos y un contraataque de la 1ª División Blindada bajo la cobertura de oleadas de aviones que destrozaron a nada menos que 50 tanques alemanes junto al Talud de Mitelriya.

Sobre otros puntos de la “Línea de El-Alamein” el Afrika Korps prosiguió lanzando ataques contra las aperturas del VIII Ejército Británico, pero al igual que lo sucedido en la Cresta Kidney todos fracasaron con elevadas bajas entre sus filas como fue el caso del “Reducto Stirling” y el “Reducto Aberdeen”. Al día siguiente, el 28 de Octubre, la 9ª División de Infantería Australiana liderada por el general Leslie Moreshead presionó en el sector septentrional sobre la línea de ferrocarril entre Tell El-Eisa y Sidi Abd El-Rahman, embolsando a las fuerzas de la 164ª División de Infantería Alemana, las cuales “in extremis” fue liberadas y pudieron escapar del cerco gracias a un rápido contraataque de la 90ª División Ligera. Sin embargo los australianos no se rindieron porque el 29 de Octubre volvieron a cargar contra los germanos sin éxito, aunque sí el 30 porque con relativa facilidad superaron los blocaos y trincheras de los germanos y les arrebataron el “Reducto Thompson”, rechazando posteriormente un contraataque alemán procedente de la cercana Cota Barre. El propio mariscal Erwin Rommel tanto se desesperó por el empuje de las tropas australianas que el 31 de Octubre envió el último convoy de suministros al “Frente Norte”, en concreto una columna de 150 camiones que reforzaron con gasolina y pertrechos a la 15ª División Panzer, a la 90ª División Ligera y a la 164ª División de Infantería.

Tanque Grant junto a los restos de un carro italiano M13/40 en la Segunda Batalla de El-Alamein.

Más abajo sobre el Frente Centro, el X Cuerpo Blindado Británico lanzó una ofensiva el 1 de Noviembre (tan sólo veinticuatro horas antes de la “Operación Supercharge” contra el Frente Sur) que tuvo como foco de atención las inmediaciones de la Cresta Kidney. Contra todo pronóstico las defensas del Eje habían mejorado en la zona porque los mandos italianos trasladaron a las 101ª División Motorizada “Trieste”, la 185ª División Paracaidista “Folgore” y elementos de las 132ª y 133ª Divisiones Blindadas “Ariete” y “Littorio”, cuyas tropas resistieron frontalmente las cargas de sus oponentes, distinguiéndose especialmente los paracaidistas y los soldados de élite “Bersaglieri”, quienes dejaron a los tanques ingleses completamente inmovilizados en la arena para luego caer desde los flancos los carros ligeros M13/40. Aunque estas tanquetas no era rivales para sus enemigos, el hecho de situarse casi a una distancia a bocajarro y en los laterales o partes traseras de sus chasis, terminó en un completo desastre para los atacantes porque sus tanques fueron destruidos uno a uno, sin contar con que el resto chocaron y se atascaron, momento que aprovecharon los infantes para salir y volarlos con granadas o armas explosivas. El resultado de la acción fue la mayor victoria acorazada de la Historia de Italia, pues un total de 300 tanques británicos fueron destruidos o quedaron gravemente dañados sobre el Desierto del Sáhara.

A las 2:30 de la madrugada del 2 de Noviembre de 1942 comenzó la “Operación Supercharge” cuando 360 piezas de artillería del XIII Cuerpo Británico abrieron una pantalla de fuego al norte de la Depresión de Qattara y sepultaron las posiciones de vanguardia del X Cuerpo Italiano. Acto seguido más de 800 tanques de la 7ª División Blindada Británica, seguidos por miles de oleadas de soldados ingleses, franceses libres y griegos arrollaron las posiciones italianas y desbordaron todo el Frente Sur. No obstante y a pesar de abrir una brecha de 5.500 metros de profundidad por 3.600 metros de anchura, las minas, las emboscadas de los cañones y otras trampas de los italianos ralentizaron el avance enemigo y destruyeron a nada menos que 87 tanques británicos, aproximadamente el tamaño de una brigada entera.

Caza británico Hurricane ataca y destruye con cohetes a un tanque alemán durante Segunda la Batalla de El-Alamein.

Con el desmoronamiento del Frente Sur, el mariscal Erwin Rommel supo que se había perdido la Segunda Batalla de El-Alamein y de que a lo único a lo que podían optar era replegarse hacia Libia antes de que el XIII Cuerpo Británico envolviese desde el flanco meridional al Frente Centro y Norte. Así fue como a las 12:00 horas del 3 de Noviembre decretó la orden de retirada que las unidades ítalo-germanas comenzaron a cumplir, cuando de repente Benito Mussolini desde Roma presionó a Adolf Hitler para evitar una huida al estar convencido de que sus oponentes se encontraban exhaustos. Lo sorprendente fue que la súplica del Duce surtió efecto en el Führer, pues este último se puso en contacto con Rommel y le insistió para que las tropas volvieran a sus puestos, algo que se comunicó a las 16:00 horas en plena evacuación. Fue entonces cuando se volvió realidad la premisa de “orden + contraorden = desorden”, ya que se provocó una confusión total entre los diversos contingentes que tuvieron que dar media vuelta o regresar sobre sus pasos, además de producirse embotellamientos de tráfico e incluso que muchas fuerzas no se enterasen de nada como los italianos de la 25ª División de Infantería “Bologna” que estuvieron pivotando de un lado a otro. Aquel caos facilitó todavía más las cosas a los británicos que se apoderaron de numerosos atrincheramientos vacíos e hicieron infinidad de prisioneros que cayeron en sus manos.

Mientras el Frente Sur se venía abajo por el imparable avance del XIII Cuerpo la jornada del 4 de Noviembre, en el Frente Norte más de 700 tanques de los X y XXX Cuerpos Británicos acabaron por colapsar la “Línea Pierson” hasta que chocaron con los últimos restos de las 15ª y 21ª División Panzer que tan sólo disponían de 90 carros para hacer frente a sus oponentes en Tell El-Aqaqqir. Aunque la desigualdad era manifiesta y la batalla se aventajaba imposible para el Afrika Korps, contra todo lo imaginado el mariscal Erwin Rommel actuó brillantemente contraatacando y rellenando con pasmosa velocidad los huecos que abrían los ingleses en sus líneas, incluso en alguna ocasión hundió los salientes provocando la confusión y la desbandada de las tropas británicas. Precisamente un factor que jugó en su favor fue poner en retirada a los soldados a pie, lo que entorpeció la marcha de los tanques en vanguardia que resultaron ser un blanco fácil para los Panzer IV y las piezas Flak de 88 milímetros. Así fue como gracias a esta magistral táctica por el momento los alemanes mantuvieron sus posiciones en Tell El-Aqaqqir y rechazaron al VIII Ejército Británico que encajó la pérdida de cientos de sus tanques a costa de ser pulverizados 68 carros germanos (sólo 22 quedaron ilesos), algo que incluso en los momentos de crisis y derrota demostró una vez más la genialidad del “Zorro del Desierto”.

Prisionero alemán del Afrika Korps capturado por la 9ª División de Infantería Australiana.

Al mismo tiempo en el Frente Centro, el tanque alemán del general Ritter Von Thoma fue dejado fuera de combate por un impacto y él hecho prisionero por el XXX Cuerpo Británico. A continuación la ofensiva se trasladó contra el XX Cuerpo Italiano que recibió el ataque de nada menos que 100 tanques Sherman que cayeron sobre el flanco derecho de las fuerzas latinas, poniendo en fuga a la 101ª División Motorizada “Trieste” y destrozando a los débiles carros M13/40 de la 132ª División Blindada “Ariete”, la cual virtualmente dejó de existir después de enviar un último mensaje de emergencia que decía: “Tanques enemigo nos penetran desde el sur…”. Al día siguiente, el 5 de Noviembre, los últimos restos del XX Cuerpo Italiano se rindieron o huyeron después de resistir en posiciones fijas, como hicieron los voluntarios de la Legión Árabe compuesta por musulmanes del Norte de África y Oriente Medio que después de aguantar un tiempo en sus atrincheramientos huyeron hacia el oeste. Sólo permanecieron hasta el final las tropas de la 185ª División Paracaidista “Folgore” que montaron una defensa escalonada sobre el desierto, causando bajas graves a sus perseguidores hasta que finalmente todos los paracaidistas fueron embolsados y aniquilados.

A la caída de la tarde el 5 de Noviembre, finalmente el mariscal Erwin Rommel desobedeció a Adolf Hitler y ordenó la retirada general de todo el Afrika Korps y el XXI Ejército Italiano, así como de los escasos los restos supervivientes de los X y XX Cuerpos Italianos en dirección a su nueva zona de reagrupamiento en Fuka. En cuanto el Führer se enteró de que las tropas ítalo-germanas se replegaban hacia Libia montó en cólera, aunque en seguida los demás miembros del Estado Mayor Alemán (OKW) le hicieron entrar en razón y otorgar su aprobación a sabiendas de que en caso de permanecer en la “Línea de El-Alamein” significaría la total destrucción del Eje en Egipto. Así fue como durante la noche del 5 al 6, desde Roma y Berlín otorgaron “luz verde” al Afrika Korps para retirarse a Libia.

Conclusión

El 6 de Noviembre de 1942 el Afrika Korps y el XXI Ejército Italiano abandonaron la “Línea de El-Alamein” y se reagruparon en Fuka, antes de partir hacia el oeste siguiendo la “Carretera de la Costa” paralela a la costa del Mar Mediterráneo. Milagrosamente el general Bernard Montgomery, quién cometió el error de ser demasiado precavido, tardó mucho en salir en persecución de sus oponentes, por lo que cuando el VIII Ejército Británico se movió para intentar capturar a las fuerzas ítalo-germanas, de repente se desató sobre el desierto un violento y raro temporal de lluvias que inmovilizó a los ingleses e incluso impidió despegar a la aviación. Gracias a la errática decisión de “Monty” y a la inesperada ayuda de la naturaleza, las tropas alemanas y italianas que habían conseguido escapar de Fuka, pudieron replegarse cómodamente y huir sin ser molestadas hacia la colonia italiana de Libia, algo que sin duda salvó al Afrika Korps de su destrucción y le permitió continuar manteniéndose en África hasta casi mediados de 1943.

En el Eje sufrió 35.000 bajas entre 2.300 muertos (2.120 alemanes y 971 italianos), 4.819 heridos (3.886 alemanes y 933 italianos) y 23.602 prisioneros (8.050 alemanes y 15.552 italianos), así como unas pérdidas materiales de 491 tanques (213 alemanes y 278 italianos), 254 cañones y 84 aviones (64 alemanes y 20 italianos).

Los Aliados sufrieron 13.560 bajas con 4.610 muertos y 8.950 heridos, de las cuales el 58% fueron británicas o escocesas, el 22% australianas, el 10% neozelandesas, el 6% sudafricanas, el 1% indias y el restante 3% francesas libres o griegas. Respecto al material se perdieron 800 tanques, 111 cañones y de 97 aviones (77 británicos y 20 estadounidenses).

La Batalla de El-Alamein constituyó el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial sobre el Norte de África porque con aquella derrota militar las potencias del Eje ya no se podrían mantener en el continente ni aspirar a ninguna campaña ofensiva de importancia en el Desierto del Sáhara. Así quedó demostrado tan sólo veinticuatro horas después de la retirada del Afrika Korps de Egipto cuando el 8 de Noviembre de 1942 las tropas de Estados Unidos desembarcaron en Marruecos y Argelia durante la conocida como “Operación Torch”, doblegando a las fuerzas de la Francia de Vichy y haciéndose pasar a todo el África Occidental Francesa al bando de los Aliados, algo que obligó al mariscal Erwin Rommel a huir de Libia y refugiarse en Túnez, de donde finalmente los ítalo-germanos serían expulsados para siempre en Mayo de 1943.

Con la victoria en la Batalla de El-Alamein repicaron por primera vez desde el inicio de la contienda las campanas de todas las iglesias del Reino Unido, ya que después de muchos años de espera por fin el Ejército Británico obtuvo un triunfo de carácter estratégico contra la hasta ahora invencible Alemania. Eso mismo manifestó emocionado el Primer Ministro Winston Churchill con la siguiente afirmación: “Este no es el fin, no es siquiera el principio del fin. Pero tal vez sea el fin del principio”. Así fue como con las Primera y Segunda Batallas de El-Alamein, el conflicto se volvió a favor de los Aliados sobre el Norte de África, tan sólo tres meses antes de que en Febrero de 1943 también sucediera lo mismo en el Frente Oriental tras la debacle germana en la Batalla de Stalingrado y en el Frente del Pacífico tras el revés de Japón en la Batalla de Guadalcanal, algo que hizo cambiar el curso de toda la Segunda Guerra Mundial en detrimento absoluto de las potencias del Eje.

 

Bibliografía:

-Jon Latimer, El-Alamein, Inédita Editores (2004), p.111-463
-Erwin Rommel, Memorias, Altaya (2008), p.279-300
-David Fraser, Erwin Rommel el Zorro del Desierto, Esfera de los Libros (2004), p.397-440
-Eric Dorman O’Gowan, El-Alamein, la Batalla que salvó a El-Cairo, Revista Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 40, Noguer (1972), p.153-161
-Francis de Guingand, El-Alamein: Cambian los Vientos, Revista Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 43, Noguer (1972), p.232-243
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2. El triunfo y la tragedia, “XVIII La Batalla de El-Alamein”, Planeta Deagostini (1959), p.191-196
-David Solar, El Ocaso de los Dioses, “Capítulo 2: El-Alamein: Demasiado para el Zorro del Desierto”, la Esfera de los Libros (2005), p.67-80
-David Solar, Misión Imposible, Revista La Aventura de la Historia Nº105 (2007), p.26-35
-Antonio Jiménez Manzanaque, El arte operacional del general Montgomery, Revista Serga Nº55 (2008), p.50-51