Batalla de Stalingrado

 

La Segunda Guerra Mundial para el Eje iba viento en popa en el verano de 1942. Nacionalsocialismo y fascismo avanzaban triunfalmente por todos los campos de batalla del Planeta Tierra sin oposición. Toda la Europa Continental estaba en manos del Tercer Reich o formaba parte de su alianza. Sobre África, la Italia Fascista con ayuda del Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel, ocupaba una franja del continente y había comenzado la invasión de Egipto. Más lejos, en Asia y el Pacífico, el Imperio de Japón dominaba parte de China, el Sudeste Asiático y en cuestión de escaso tiempo había conquistado innumerables archipiélagos del basto océano. Simultáneamente la Francia de Vichy y su Imperio Colonial continuaban su guerra contra Inglaterra desgastando a los ingleses en la Isla de Madagascar; mientras en el Océano Atlántico los submarinos alemanes hundían los mercantes aliados uno a uno con increíble facilidad.

Tras el largo despertar del Eje durante la primera etapa del año 1942, la segunda mitad todavía pintaba mejor, especialmente en el Frente del Este para Rumanía, Hungría, Italia, Croacia y otros socios del Tercer Reich. Finalizado el crudo invierno, las líneas alemanas todavía permanecían cerca Moscú al norte y apuntando hacua el Cáucaso hacia el Sur después de haber conquistado con éxito la Península de Crimea. Fuera de Rusia, Inglaterra se encontraba acorralada a la defensiva entre la India y Egipto por la presión del Imperio Japonés desde Birmania y por el Afrika Korps desde el Desierto del Sáhara tras su victoria en Tobruk. Estados Unidos a pesar de que había vencido en la Batalla de Midway a los japoneses, seguía aislado en el Océano Pacífico debido a sus derrotas navales en los meses anteriores y Australia bloqueada tras la ocupación japonesa de las Islas Salomón. Adolf Hitler, a punto de ganar ya la guerra, optó por dar el toque de gracia y poner fin al conflicto. Bajo el nombre de “Plan Orient”, el Tercer Reich haría subir a sus ejércitos desde África hacia Oriente Medio y desde el Caúcaso los haría bajar hacia hacia el sur de Rusia al mismo tiempo que desde la India entraría en contacto con sus socios europeos desembarcando en el Golfo Pérsico, desde donde se propiciaría una sublevación musulmana por parte de los árabes simpatizantes del Eje que supuestamente dejaría a los Aliados encerrados en una gran trampa. Con un este plan, Europa y Asia quedarían de manera irremediable a disposición del Imperio Germano-Japonés. Sin embargo no todo iba ser tan fácil, ya que el Eje se toparía con tres obstáculos que no se imaginaba: El-Alamein en Egipto; Guadalcanal en Australia; y la peor de todas en Rusia, en forma de una ciudad a orillas del Volga que se convertería en la mayor tragedia de la Humanidad hasta la fecha, Stalingrado.

Eje

El Führer Adolf Hitler, en el verano de 1942 estaba deseoso de ver al Ejército Alemán (Wehrmacht) y a los demás ejércitos del Eje reiniciar la ofensiva que se había visto frustada sobre Moscú. Esta vez el Grupo de Ejércitos Sur sería el protagonista, por lo que Moscú y Leningrado quedarían fuera de sus planes. Bajo el nombre de “Operación Azul”, el objetivo prioritario sería cruzar el Río Don y avanzar contra el Caúcaso para capturar los pozos petrolíferos y llegar al Mar Caspio. Para ello Hitler trasladó su nuevo cuartel general a Vinnitza, Ucrania, desde donde dirigiría las operaciones proximas al Don. En un principio a todos los generales les pareció bien la idea, incluidos los dos más importantes en la misión, Friedrch Von Paulus y Hermann Hoth, aunque muchos cambiaron radicalmente de idea cuando Hitler ordenó modificar el plan, alegando que el ataque debería hacerse en dos alas dividiendo al Grupo de Ejércitos Sur. Un estas alas sería el Grupo de Ejércitos A y estaría destinada al Caúcaso; la otra era el Grupo de Ejércitos B encargado de tomar el margen occidental del Río Volga y la ciudad industrial de Stalingrado.

Friedrich Von Paulus en el extremo izquierdo, conversa con el Führer Adolf Hitler sobre la Operación Azul a realizar en Stalingrado y el Caúcaso.

La “Operación Azul” consistía en cerrar el Río Volga con el VI Ejército de Friedrich Von Paulus y con el IV Ejército Panzer (IV Panzerarmee) de Hermann Hoth atacando hacia Stalingrado, mientras que el resto del Grupo de Ejércitos Sur, conquistaba el Cáucaso con sus pozos petrolíferos. Los aliados de Alemania también tendrían un gran protagonismo en la operación, en especial el III Ejército Rumano de Petre Dumitrescu, el IV Ejército Rumano de Constantin Constantinescu, el II Ejército Húngaro de Gustav Jany, el VIII Ejército Italiano de Italo Garibaldi y el 369º Regimiento Croata.

El despliegue del Eje se efectuaría de la siguiente manera: El VI Ejército cargaría de frente contra Stalingrado; más abajo lo haría el IV Panzerarmee; al sur de todo el sector se situaría el IV Ejército Rumano; en la retaguardia el III Ejército Rumano; al norte el VIII Ejército Italiano; y encima de este en el extremo más lejano el II Ejército Húngaro. Todos las fuerzas del Eje estarían apoyadas por la IV Flota Aérea Alemana de la Luftwaffe del general Wolfran Von Richthofen, primo del mítico Barón Rojo, Manfred Von Richthofen; y de la X Flota Aérea Rumana del general Emil Gheorghiu.

Básicamente la fuerza principal de asalto era el Ejército Alemán con 320.000 hombres, 2.068 cañones, 2.700 tanques, 1.600 aviones, 14.000 vehículos y 58.104 caballos. El Ejército Rumano disponía de 200.350 tropas rumanas y 100 aviones. El Ejército Húngaro también tenía 235.000 hombres. El Ejército Italiano desplegaba 220.000 soldados con 988 cañones, 30 tanques, 420 morteros, 25.000 caballos y 17.000 vehículos. El Ejército Croata únicamente aportó 5.000 tropas, muchos católicos croatas y algunos musulmanes de Bosnia. Por último, unos 60.000 voluntarios eslavos blancos de las colaboracionistas Rusia Autónoma de Lokot y la Rada de Ucrania, participarían a favor del Eje como infantes o auxiliares.

Fuerzas del Eje:
VI Ejérctio Alemán (General Friedrich Von Paulus)
·IV Cuerpo Alemán
-29ª División de Infantería Motorizada Alemana
-297ª División de Infantería Alemana
-371ª División de Infantería Alemana
·VIII Cuerpo Alemán
-76ª División de Infantería Alemana
-113ª División de Infantería Alemana
·XI Cuerpo Alemán
-44ª División de Infantería Austriaca
-376ª División de Infantería Alemana
-381ª División de Infantería Alemana
·XIV Cuerpo Panzer Alemán
-3ª División de Infantería Motorizada Alemana
-60ª División de Infantería Alemana
-16ª División Panzer Alemana
·LI Cuerpo Alemán
-71ª División de Infantería Alemana
-79ª División de Infantería Alemana
-94ª División de Infantería Alemana
-295ª División de Infantería Alemana
-305ª División de Infantería Alemana
-389ª División de Infantería Alemana
-14ª División Panzer Alemana
-24ª División Panzer Alemana
-100ª División de Cazadores Austriaca
IV Panzerarmee Alemán (General Hermann Hoth)
·LVII Cuerpo Panzer Alemán
-6ª División Panzer Alemana
-17ª División Panzer Alemana
-26ª División Panzer Alemana
III Ejérctio Rumano (General Petre Dumitrescu)
·I Cuerpo Rumano
-7ª División de Infantería Rumana
-11ª División de Infantería Rumana
·II Cuerpo Rumano
-9ª División de Infantería Rumana
-14ª División de Infantería Rumana
·IV Cuerpo Rumano
-1ª División de Caballería Rumana
-13ª División de Infantería Rumana
·V Cuerpo Rumano
-5ª División de Infantería Rumana
-6ª División de Infantería Rumana
·Reserva Rumana
-7ª División de Caballería Rumana
-15ª División de Infantería Rumana
IV Ejército Rumano (General Constantin Constantinescu)
·VI Cuerpo Rumano
-1ª División de Infantería Rumana
-2ª División de Infantería Rumana
-4ª División de Infantería Rumana
-18ª División de Infantería Rumana
-20ª División de Infantería Rumana
·VII Cuerpo Rumano
-5ª División de Caballería Rumana
-8ª División de Caballería Rumana
-4ª División de Infantería Rumana
VIII Ejército Italiano (General Italo Garibaldi)
·Cuerpo Alpino Italiano
-2ª División Alpina Italiana “Tridentina”
-3ª División Alpina Italiana “Julia”
-4ª División Alpina Italiana “Cuneense”
·II Cuerpo Italiano
-5ª División de Infantería Italiana “Cosseria”
-13ª División de Montaña Italiana “Ravenna”
·XXXV Cuerpo Italiano
-9ª División de Infantería Semi-Motorizada “Pasubio”
-298ª División Mixta Italo-Alemana
·XXIX Cuerpo Italo-Alemán
-2ª División de Montaña Italiana “Sforzesca”
-3ª División de Caballería “Principe Amadeo Duca d’Aosta”
-53ª División de Infantería Semi-Motorizada “Torino”
·Camisas Negras
-Agrupación “3 de Enero”
-Agrupación “28 de Marzo”
II Ejército Húngaro (General Gustav Jany)
·III Cuerpo Húngaro
-6ª División de Infantería Húngara
-7ª División de Infantería Húngara
-9ª División de Infantería Húngara
·IV Cuerpo Húngaro
-10ª División de Infantería Húngara
-12ª División de Infantería Húngara
-16ª División de Infantería Húngara
·VII Cuerpo Húngaro
-1ª División Blindada Húngara
-19ª División de Infantería Húngara
-20ª División de Infantería Húngara
-23ª División de Infantería Húngara
·369º Regimiento Croata (Coronel Viktor Pavicic)
IV Flota Aérea Alemana (General Wolfran Von Richthofen)
·VIII Cuerpo Aéreo Alemán
-9ª División de Artillería Antiaérea Alemana “Flak”
X Flota Aérea Rumana (General Emil Gheorghiu)
Milicias Rusas Blancas “Hiwis” (Comandante Bronislaw Kaminski)

Unión Soviética

Cariñosamente los soviéticos denominaban a Stalingrado con tres apodos: “Reina de la estepa”, “Dominadora del Volga” y “Puerta del Cáucaso”. Para Stalin era un símbolo, ya que durante la Guerra Civil Rusa (1917-1924), el Ejército Rojo comandado por él mismo había vencido al Ejército Blanco de Anton Denikin causándole 130.000 bajas en un evento conocido como la Batalla de Tsaristin. A partir de ese momento se cambió el nombre de la ciudad por el de Stalingrado. Desde entonces el trazado urbano se había transformado en una urbe de nueva generación soviética, con sus casas de ladrillo y mares de bloques de apartamentos para los obreros, llegando a vivir más de 800.000 habitantes en ella. Los seis barrios que componían Stalingrado tenían nombres revolucionarios: Fábrica de Tractores, Barricadas, Octubre Rojo, Dzerzhinsky, Voroshilovski y Kirovski, todos habitados por los trabajadores y familiares en sus más de 120 empresas estatales que incluían grandes albergues de viviendas, escuelas, guarderías, bibliotecas, hospitales y parques de ambulancias. Altededor de la urbe existían numerosas áreas fortificadas como el Monte Mamev Kurgan de 200 metros y la “Barricada Roja”, un complejo inmenso de naves industriales de unos 173.000 metros. Por el extremo oriental, Stalingrado deliminaba con el Río Volga, siendo la base portuaria de mayor tráfico fluvial interno de Rusia. Krasnia Sloboda comprendía la localidad al otro lado del río que abastecía Stalingrado junto a las dos porciones de tierra en medio del agua que constituían la Isla de Golodny y la Isla de Zaitsevsky. Con esta urbe tan compleja, al oeste abriéndose a Europa y al este hacia Asia, se iba a decidir el destino del mundo.

El problema planteado a la hora de defender Stalingrado era su dificultad, no sólo en la ciudad, sino en todo el margen izquierdo del Volga, un motivo que llevó al Alto Mando Soviético (STAVKA) a fragmentar la batalla de tres frentes. El primero sería el Frente Sudoccidental junto a los más débiles ejércitos húngaros e italianos al norte; el Frente del Don delante del IV Ejército Rumano; y el más amplio, el Frente de Stalingrado, sobre una línea de 65 kilómetros a ambos lados de la ciudad frente al VI Ejército Alemán, al IV Panzerarmeee y al III Ejército Rumano. Vasily Chuikov fue el comandante designado para dirigir la defensa de la ciudad junto a su compañero Nikita Jruschov, cuya función era mantener operativos a los LXII Ejército y LXIV Ejércitos Soviéticos que se batían en retirada desde el Don para refugiarlos en Stalingrado, donde podrían abastecerles a ambos con tropas frescas traídas desde el Volga procedentes de los diversos lugares del Asia Central y Siberia durante la batalla. Si se conseguía convertir Stalingrado en una guerra de desgaste para los alemanes, los soviéticos diseñarían a lo largo de los próximos meses una operación para contraatacar y destruir a los ejércitos del Eje, algo muy ambicioso, pero que de producirse el milagro quizá fuera posible.

El Ejército Rojo apenas disponía de soldados adiestrados y curtidos en batalla, ya que la gran mayoría carecían de experiencia militar y equipo, muchos de extracción campesina que eran enviados al frente directamente sin recibir lección técnica alguna debido a que un gran porcentaje de la recluta urbana había causado baja entre 1941 y 1942. Algunos de los pocos soldados procedentes de ciudad eran obreros entre los 16 y 55 años de la misma Stalingrado a los que se enroló en el Ejército Rojo o como milicia, ya fuesen mujeres o niños, a los que también se puso trabajar en columnas de 20 personas para trabajar en diversos distritos del núcleo urbano organizados por el Partido Comunista Soviético (PCUS). Simultáneamente se movilizaron a los habitantes de las aldeas de alrededor para cavar trincheras y situar a las mujeres en las piezas de artillería antiaérea; al mismo tiempo que los niños más jóvenes de las escuelas supervisados por sus maestros fueron llevados a construir defensas de barro junto al Río Volga. Cada edificio de Stalingrado fue convertido en una fortaleza impasable y cada calle en una barricada infranqueable. La Policía del Estado (NKVD) tomó el control de todas las esquinas para evitar desertores y derrotismos. Stalin estaba totalmente decidido a sacrificar toda Rusia si hiciera falta con tal de no entregar la ciudad que llevaba su nombre.

Durante el clímax de la Batalla de Stalingrado el Ejército Rojo llegó a disponer de 1.200.000 tropas, 894 tanques, 13.451 cañones y 1.115 aviones.

Apenas la Unión Soviética disponía de ayuda internacional en el Frente de Stalingrado, salvo unidades auxiliares de sus títeres Mongolia Exterior y Tannu Tuva. Sin embargo disfrutaba de divisiones y regimientos reclutados de sus diversas Repúblicas Soviéticas, de hecho, sólo un 60% de los soldados del Ejército Rojo en Stalingrado eran rusos porque el resto pertenecían a las regiones asiáticas de Kazakhstan, Uzbekistán, Kirziguistán o el Turkestán, entre otras, además de los habituales ucranianos, cosacos o la caballería mongola. El problema de estos pueblos del Asia Central como los kazakos, uzbekos, turkestanos, mongoles, calmucos, caucásicos o tártaros, era que al ser ciudadanos de regiones totalmente alejadas del mundo exterior para Occidente, les obligaban a ir al frente sacados de sus aldeas a punta de pistola sin tener ni idea de que a que tipo de guerra iban, algo que propiciaría numerosas deserciones nada más llegar a Stalingrado. A pesar de los muchos obligados, hubo voluntarios de la Internacional Comunista (Kommintern) de diversos países como bolcheviques de la China de Mao Tse-Tung o republicanos españoles que habían luchado en la Guerra Civil de España (1936-1939). Estados Unidos y Gran Bretaña también aportaron al Ejército Rojo muchos tanques, armas e incluso instrucotres o técnicos para la defensa de la ciudad.

Ejército Rojo (Mariscal Georghi Zukhov):
Frente de Stalingrado (General Andrei Yeremenko y General Nikita Jruschov)
·LXII Ejército (General Vasily Chuikov)
-10ª División de Fusileros
-13ª División de Guardias
-37ª División de Guardias
-39ª División de Guardias
-45ª División de Fusileros
-95ª División de Fusileros
-112ª División de Fusileros
-138ª División de Fusileros
-193ª División de Fusileros
-196ª División de Fusileros
-224ª División de Fusileros
-284ª División de Fusileros Siberiana
-308ª División de Fusileros
-42ª Brigada Especial
-87ª Brigada Blindada
-92ª Brigada de Infantes de Marina
-115ª Brigada Especial
-124ª Brigada Especial
-137ª Brigada Blindada
-149ª Brigada Especial
-160ª Brigada Especial
-189ª Brigada Blindada
·LXIV Ejército (General Mikhail Shumilov)
-29ª División de Fusileros
-36ª División de Guardias
-38ª División de Fusileros
-157ª División de Fusileros
-204ª División de Fusileros
-13ª Brigada Blindada
-56ª Brigada Blindada
-66ª Brigada Especial
-93ª Brigada Especial
-96ª Brigada Especial
-97ª Brigada Especial
-154ª Brigada de Infantes de Marina
·LVII Ejército (Mariscal Fiódor Ivanovich Tolbujin)
-XIII Cuerpo Mecanizado
-169ª División de Fusileros
-422ª División de Fusileros
-90ª Brigada de Tanques
-143ª Brigada Especial
-235ª Brigada Blindada
·LI Ejército (General Nukolal Ivanovitch Trufanov)
-IV Cuerpo Mecanizado
-IV Cuerpo de Caballería
-15ª División de Guardias
-91ª División de Fusileros
-126ª División de Fusileros
-302ª División de Fusileros
·XXVIII Ejército (General Vasilii Filippovich Gerasimenko)
-34ª División de Guardias
-248ª División de Fusileros
-330ª División de Fusileros
-6ª Brigada de Guardias Blindada
-52ª Brigada Especial
-85ª Brigada Blindada
-152ª Brigada Especial
-159ª Brigada Especial
·VIII Ejército del Aire (General Timojiev Chriukin)
Frente del Don (General Konstantin Rokossovsky):
·LXVI Ejército (General Aleksei Semenovich Zhadov)
-64ª División de Fusileros
-99ª División de Fusileros
-116ª División de Fusileros
-226ª División de Fusileros
-299ª División de Fusileros
-349ª División de Fusileros
-58 Brigada Blindada
·XXIV Ejército (General Ivan Vasiljevitsj)
-XVI Cuerpo Blindado
-49ª División de Fusileros
-84ª División de Fusileros
-120ª División de Fusileros
-173ª División de Fusileros
-233ª División de Fusileros
-260ª División de Fusileros
-273ª División de Fusileros
-10ª Brigada Blindada
·LXV Ejército (General Pavel Ivanovich Batov)
-4ª División de Guardias
-23ª División de Fusileros
-24ª División de Fusileros
-27ª División de Guardias
-40ª División de Guardias
-252ª División de Fusileros
-258ª División de Fusileros
-304ª División de Fusileros
-321ª División de Fusileros
-121ª Brigada de Tanques
·II Ejército de Guardias (General Rovion Milanovsky)
-XIII Cuerpo de Guardias
-3ª División de Guardias
-33ª División de Guardias
-24ª División de Infantería
-49ª División de Fusileros
-378ª División de Fusileros
·XVI Ejército del Aire (General Sergei Ignatjewitsch Rudenko)
Frente Sudoccidental (General Nikolai Fiodorovitch Vatutin):
·XXI Ejército (General Mikhail Chistiakov)
-III Cuerpo de Guardias de Caballeria
-IV Cuerpo Blindado
-63ª División de Fusileros
-76ª División de Fusileros
-96ª División de Fusileros
-277ª División de Fusileros
-293ª División de Fusileros
-333ª División de Fusileros
·V Ejército Blindado (General Profoky Logvinovich Romanenko)
-I Cuerpo de Tanques
-VIII Cuerpo de Caballeria
-XXVI Cuerpo de Caballeria
-14ª División de Guardias
-47ª División de Guardias
-50ª División de Guardias
-119ª División de Fusileros
-159ª División de Fusileros
-346ª División de Fusileros
·I Ejército de Guardias (General Dmitrii Danilovich Leliushenko)
-I Cuerpo de Guardias Mecanizado
-1ª División de Infantería
-153ª División de Fusileros
-197ª División de Fusileros
-203ª División de Fusileros
-266ª División de Fusileros
-278ª División de Fusileros
·II Ejército del Aire (General Konstanton Smirnov)
·XVII Ejército del Aire (General Stepan Akimovich Krasovski)

Operación Azul

A mediados del verano de 1942, la ofensiva del Eje sobre el Río Don y el Caúcaso comenzó sin contratiempos. Los alemanes apoyados por intenso fuego de la artillería y la Luftwaffe cruzaron el Río Don por el puente de Viertachi y avanzaron como un rayo por la cuenca de los Donets. Cuando el Grupo de Ejercitos Sur se dividió según el “Plan Azul” en el Grupo de Ejércitos A y el Grupo de Ejércitos B, ambos se abalanzaron hacia sus propios objetivos. El Grupo de Ejercitos B arrolló a los rusos sobre la estepa, que prácticamente se retiraron sin combatir. Un chiste muy común citado por los alemanes en aquel entonces era “delante ni un enemigo, detrás ni un suministro”, en referencia a la lentitud con que llegaba el combustible en la zona asiática de Rusia como consecuencia de los lejanos campos petrolíferos de Ploiesti en Rumanía. A unos 100 kilómetros de Stalingrado más o menos, fue cuando alemanes, rumanos, italianos y húngaros se dieron cuenta de que estaban luchando en la Eurasia y no en Europa. El lugar les recordaba al continente asiático con sus desiertos, palmerales, cañones rocosos, temperaturas calientes de hasta 53º C e incluso una interesanta fauna compuesta por camellos y dromedarios. La única diferencia era que todo aquello contrastaba con unas grandes campiñas verdes que se hacían interminables, coronadas a veces por el humo negro de las instalaciones petrolíferas que ardían en ciertas localidades boicoteadas por los soviéticos. Tales victorias alemanas durante esta etapa de movimientos llevaron a la captura de Gumrak, ciudad que causó la primera voz de alarma para que la URSS declarase Stalingrado en estadio de sitio. La batalla más dura de la Humanidad estaba a punto de comenzar.

Mapa de la Batalla de Stalingrado. Despliegue tanto del Eje como de la URSS.

El 23 de Agosto de 1942, la 16ª División Panzer del general Hans Valentin Hube, avanzaba tranquilamente hacia Stalingrado cuando un avión de reconocimiento Fieseler Storch de la Luftwaffe sobrevoló las columnas de tanques dando media vuelta y aterrizando junto a estas. Del aparato bajó Wolfran Von Richthofen, jefe de la IV Flota Aérea, que para sorpresa de Hube, le vino a comunicar que muy pronto verían la mayor concentración bélica en el aire sobre un objetivo desde que había empezado la guerra en el Frente del Este. Los soldados de la 16ª División Panzer se sentaron curiosos a observar el espectáculo, cuando de repente hicieron aparición sobre sus cabezas un total de 1.200 aviones de la Luftwaffe que emitían un rugido a lo largo y ancho de la estepa. Los aparatos se componían de bombarderos Heinkel He 111, Junkers Ju 88 y los temidos Stukas, los cuales durante varios minutos sobrevolaron la zona alemana hasta desapercer en el horizonte. Su objetivo claramente era Stalingrado.

Aquel 23 de Agosto, la ciudad del Volga se había despertado soleada y tranquila, cuando de repente aparecieron los aviones. Los Stukas, más rápidos, se adelantaron a los bombarderos soltando sus bombas sobre las casas y ametrallando las calles. Después los Heinkel He 111 y Junkers Ju 88 desprendieron cargas incendiarias que consumieron las viviendas de madera al sudeste de la ciudad, convirtiendo el área en una hoguera. Las bombas de fragmentación derrumbaron los edificios de dos plantas, aunque los apartamentos de más altura sólo se resquebrajaron por dentro sin llegar a demolerse. La central telefónica y las depuradoras de agua fueron destruidas, incluso hasta el hospital recibió un bombazo que lo partió en dos haciendo que saltaran despedidos por las ventanas los pacientes. Tras el ataque al centro de la ciudad, los aviones se concentraron sobre la zona industrial en la orilla del Volga, impactando con sus bombas los tanques de petróleo que provocaron una reacción química de los combustibles fósiles con la consiguiente bola de fuego que se elevó 450 metros, la cual a los pocos minutos acabó convirtiéndose en una columna de humo que alcanzó una inmensa altura, tanto, que podía verse a 320 kilómetros de distancia en Rusia Meridional e incluso desde Ucrania. Como saltaron los conductos de agua, los bomberos no pudieron apagar los incendios, problema al que se sumó el petróleo desparramado por el agua ardiendo y su extensión a las calles en donde llegó a abrasar los postes telefónicos. Al final del bombardeo los muertos fueron incontables. La Luftwaffe habían lanzado un total de 1.000 toneladas de bombas perdiendo sólamente tres aviones con la pérdida de un piloto, que tras saltar en paracaídas tuvo la mala fortuna de caer dentro de una casa incendiada en la que se quemó vivo.

Aviones Heinkel He 111 bombardean la devastada ciudad de Stalingrado. Imagen del film Enemigo a las Puertas.

Una vez finalizó el bombardeo, la 16ª División Panzer comenzó a moverse muy rápido, avanzando 40 kilómetros hacia el interior al mismo tiempo que los cañones antiaéreos soviéticos a las afueras de Stalingrado cambiaban sus mirillas de los aviones hacia los blindados. La confusión inicial dejó algunos Panzer fuera de combate, pero en seguida llegaron los Stukas para dar cuenta de las piezas enemigas, destrozando a la mayoría y matando a sus dotaciones. Superado el problema, la 16ª División Panzer todavía no se habían dado cuenta de que sus hombres ya se había enzarzado en la lucha por Stalingrado. Oficialmente a las 16:00 horas de la tarde de ese 23 de Agosto, los alemanes llegaron por primera vez al Río Volga tras recorrer 60 kilómetros, concretamente a la localidad de Kuporosnoe. Para inmortalizar el momento se sacó una fotografía muy famosa a la que titularon “Llegamos al Volga”. Esa fue la primera vez que vieron Stalingrado a lo lejos con las inmensas columnas de humo difuminándose en el cielo, tras ésta, el continente asiático se extendía en un interminable desierto.

El pánico cundió en la ciudad al saber que los alemanes estaban tan próximos. Pero temiendo Stalin que la situación se le fuera de las manos, cursó la orden de prohibir cualquier plan de evacuación a través del río, apostando para ello centenares de Guardias Rojos y miembros de la NKVD que impidieron que nadie pasara al otro lado. Mientras tanto, la 16ª División Panzer dejó atrás el sector de Ronik que los alemanes tomaron sin problemas, para luego internarse en la última fase de avance hacia Stalingrado. Las mujeres rusas que dirigían las baterías antiaéreas a las afueras de la ciudad dispararon ferozmente contra los tanques al verlos estaban tan cerca de la urbe, pero no sirvió de mucho, pues los alemanes corrieron fugazmente destruyendo a 37 cañones soviéticos y capturando a un buen número de jeeps Willy estadounidenses que usaban los rusos. El general Vasily Chuikov con Nikita Jruschov evaluaron la situación para llegar ambos a la conclusión de que los alemanes alcanzarían los suburbios al día siguiente gracias a la absurda orden de Stalin de resistir en la ciudad. Desgraciadamente no consiguieron hacer cambiar de opinión a su líder, quién obsesionado con la idea, no que deseaba de ningún modo entregar a Hitler una ciudad que ostentaba su nombre.

Con los movimientos envolventes de los Panzer a través de las zonas de Rossoka y Samofalovska, la 86ª División de Fusileros Soviética quedó cercada en Bolsiciaya. Tenazmente los soviéticos resistieron los asaltos alemanes del 24 de Agosto, consiguiendo destruir 27 tanques alemanes en una sóla jornada, lo que les facilitó escapar del cerco hacia Stalingrado. Curiosamente en la acción participaron numerosos republicanos españoles, entre ellos Rubén Ibarruri, hijo de Dolores Ibarruri, “la Pasionaria”, Presidenta del Comité Central del Partido Comunista Español, quién tras ser mortalmente herido en Bolsiciaya perdió la vida.

Fuerzas acorazadas alemanas avanzan por una aldea a las afueras de Stalingrado con un semioruga Hanomag y un Panzer PzKpfw IV.

Otro bombardero a gran escala de la Luftwaffe se produjo el 25 de Agosto, aunque con muchos menos aparatos que la otra vez. Numerosas viviendas fueron destruidos, así como el famoso Restaurante Chino Shangai. No muy lejos de allí, los tanques y cañones de la 16ª División Panzer se detuvieron frente a Stalingrado sin llegar a entrar en la ciudad, ya que al otro lado del Volga divisaron decenas de embarcaciones llevando tropas y suministros a la zona soviética. Sin dudarlo un momento abrieron fuego y hundieron varias barcazas sobre el Volga, matando a numerosos ocupantes.

A finales del mes de Agosto, los alemanes bombardearon el río con cañones, Panzer y Stukas, mientras las embarcaciones soviéticas transportaban refuerzos a Stalingrado y al otro lado, en la costa de Asia, evacuaban a los heridos. Las armas alemanas hundieron 9 barcos sobre el Volga, de las cuales 7 fueron transportes y 2 barcos de vapor. La orilla opuesta del Volga también fue bombardeada por la artillería alemana, aunque el único resultado que obtuvieron fue la voladura de un tren. Fuera de Stalingrado, el IV Ejército Panzer de Hoth, también cosechó éxitos al hacerse con parte de la zona meridional que incluía el Lago Sarpa tras una larga persecución de los rusos en retirada que acabó con la toma de los Altos de Gavrilovska. Otros destacamentos del IV Ejército Panzer se apoderaron del aeródromo ruso de Kalach junto a Stalingrado, estableciendo en este una base aérea para la Luftwaffe que fue bombardeada inmediatamente por aviones rusos nada más estar lista, por suerte sin daños tras ser repelidos por cazas Messerchmitt Bf 109.

Hubo un primer intento de penetrar dentro de Stalingrado la mañana del 29 de Agosto. La Wehrmacht lo protagonizó asaltando las afueras del Barrio de la Fábrica de Tractores la mañana del 29 de Agosto. No obstante terminó en un fracaso absoluto porque las tropas y las baterías antiaéreas soviéticas apostadas en la zona consiguieron repelar el ataque alemán con éxito al eliminarles 70 tanques y abatir 12 aviones.

Por aquel entonces ya habían muerto 40.000 civiles en Stalingrado bajo las bombas alemanas. Ante la desastrosa estrategia que los rusos estaban planteando en Stalingrado, Stalin hizo cambios en su plana mayor, nombrando entonces a su general favorito, Georghi Zukhov, a vicecomandante supremo para dirigir un contraataque del Ejército Rojo. Mientras tanto Vasily Chuikov fue puesto la frente de la defensa de la ciudad con la misión de mantenerla en manos rusas el mayor tiempo posible.

El 1 de Septiembre de 1942, tres años después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo lanzó un contraataque contra el VI Ejército Alemán como última medida desesperada para impedir que los germanos pusieran pie en Stalingrado. El ataque lo dirigió Georghi Zukhov, con el I Ejército de la Guardia y el XXIV Ejército. Pero ni siquiera la audacia de Zukhov pudo evitar la catástrofe, ya que las tropas se desmoralizaron y comenzaron a retirarse nada más comenzar los ataques aéreos alemanes. El contraataque se convirtió en otra huída desordenada, aunque todo no fue en vano, pues se retrasó a los alemanes el tiempo suficiente para que los restos del LXII Ejército y el LXIV Ejército que llevaban semanas huyendo del Frente del Don, consiguieran resguardarse en Stalingrado para reorganizarse. Finalmente el 3 de Septiembre, el cerco de Stalingrado se completó y la ciudad a orillas del Volga quedó asediada por tierra a merced del Ejercito Alemán. terrestremente

Justo después de completarse el cerco de Stalingrado, la Wehrmacht dividió sus fuerzas en dos grupos para el asalto a la ciudad: el primero iba encaminado al norte de la urbe la 16ª División Panzer; mientras que el segundo se lanzaría sobre el sur y centro de la ciudad con las 24ª, 71ª, 76ª, 94ª y 295ª Divisiones de infantería, la 29ª División Motorizada y la 14ª División Panzer; quedando en reserva la 389ª División de Infantería, la 60ª División Motorizada y la 100ª División de Cazadores Austriacos. La 16ª División Panzer al estar aislada en el norte de la ciudad fue la que más sufrió durante la embestida a los suburbios porque el Ejército Rojo lanzó a todos sus carros de combate disponibles en Stalingrado contra esta fuerza alemana como última oportunidad para impedir el acceso de los germanos a la ciudad, asalto que acabó en tragedia después de que los Panzer destruyeran a más de 100 tanques rusos entre T-34 y Sherman importados de Estados Unidos. Por esta victoria local alemana, el comandante de blindados Hyazinth Graf Strachwitz recibió las Hojas de Roble con la Cruz de Hierro y la jubilación, lo que le salvaría del horror que estaba por venir, recayendo el nuevo mando de su división en el comandante Bern Freytag-Loringhoven.

Soldados rumanos a camello conquistando los alrededores de Stalingrado en el Frente del Don.

Von Paulus pronto comprendió que había infravalorado al Ejército Rojo al descubrir que aún tenía tropas suficientes para lanzar contraataques. Por esa razón decidió limpiar las zonas a las afueras de la ciudad que como el tramo ferroviaro de Gumark o el Cañón del Tsaritsa, una cadena de montañas recortadas y precipicios junto al Río Tsaritsa donde los rusos poseían numerosa artillería y fuerzas partisanas de retaguardia, se habían convertido en una molesta guarnición para la Wehrmacht. A la hora de asegurar el Cañón del Tsaritsa fue necesario el uso de Stukas contra las posiciones rusas y posteriores cargas de la infantería alemana, mientras, para debilitar los envíos de refuerzos enemigos la Luftwaffe acosó Krasnia Sloboda en la orilla asiática del Volga donde se encontraba el cuartel general de Chuikov. Otros objetivos tomados durante esa etapa fueron la Estación de Voroponovo y la Casera de Basarghino. Los aliados de Alemania también entraron en escena ese día, ya que detrás de Stalingrado se apostó el III Ejército Rumano limpiando las últimas defensas rusas, al norte el VIII Ejército Italiano frente al Río Don y 200 kilómetros más arriba las tropas del II Ejército Húngaro.

Para el 10 de Septiembre, po fin la evacuación de la población civil de Stalingrado se llevó a cabo a través del Volga. Fueron trasladados 300.000 civiles al margen oriental, pero otros 50.000 tuvieron que quedarse en la ciudad para sufrir un incierto destino. El último trasbordador que salió de Stalingrado fue alcanzado por un proyectil que lo hundió y que apenas dejó supervivientes en la explosión. Victoriosos los alemanes, la entrada en la ciudad quedó fijada para el 12 de Septiembre. Por aquel entonces el Eje había capturado 26.500 prisioneros soviéticos y destruido 830 tanques y 350 cañones rusos.

Batalla de Stalingrado

A las 6:45 de la madrugada hora rusa (4:45 hora alemana) del 11 de Septiembre, el VI Ejércitó Alemán dio comienzo la conquista de Stalingrado. El primer objetivo de la ciudad en ser atacado fue la Estación de Sadovaya por la 76ª División de Infantería, al mismo tiempo que la 71ª División de Infantería asaltaba el embarcadero central, una acción inútil esta última porque fue rechazada a manos de unos pocos defensores. En el momento en que los alemanes recibieron su primer bautismo de fuego en Stalingrado, comprendieron en el lío en que se habían metido, ya que todos los edificios se habían convertido trampas mortales, las calles eran vías impasables por culpa de los escombros, el aire se había vuelto de color marrón y por si fuera poco se respiraba un desagradable polvo por todas partes.

Mamev Kurgan, una montaña natural de 102 metros de altura que había sido convertida por los rusos en una fortaleza inexpugnable en la mitad de un parque del Barrio de Dzerzhinski, entró en los planes de conquista de la Wehrmacht al principio mismo de la campaña, operación a la que fueron asignadas las 14ª, 24ª y 94ª Divisiones de Infantería. El combate por el Mamev Kurgan se inició el 14 de Septiembre, una lucha encarnizada, en la cual los escasos defensores rusos no dieron tregua a los alemanes que escalaban una y otra vez la colina, descendiendo a continuación con muy pocos supervivientes. Simultáneamente a la batalla por el Mamev Kurgan, la lucha en la Estación de Stalingrado se desarrolló cruelmente, pues en escasas horas, las instalaciones ferroviarias cambiaron tres veces de manos, una por parte de los alemanes y otra por parte de los soviéticos. El único éxito alemán esa aciaga jornada fue la captura de la depuradora de agua en las orillas del río.

Vista de Stalingrado desde la otra orilla del Río Volga en Krasnia Sloboda.

Más o menos los rusos consiguieron frenar la conquista alemana de Stalingrado por todos los puntos, motivo que llevó a Zukhov a la decisión de lanzar un contraataque con fuerzas al otro lado del Volga contra los sectores en donde los alemanes estaban desgastándose más. La 13ª División de Guardias compuesta por 10.0000 soldados y tropas a camello fue seleccionada para dar el golpe. El 15 de Septiembre por la mañana, las tropas y los camellos de la 13ª División de Guardias, tuvieron que camuflarse tras la parte asiática del Volga, entre vegetación exótica para evitar a los Stukas que sobrevolaban sobre ellos en busca de presas. Una vez pasó el peligro los soldados esperaron al crepúsculo, entonces comenzaron a subir en todo tipo de embarcaciones como cañoneras, barcos pesqueros, gabarras y botes a remo. El cruce fue aterrador para los rusos, ya que los alemanes les disparaban desde la orilla con cañones, morteros y ametralladoras, recibiendo una cañonera el impacto de un proyectil que quitó la vida a 20 soldados soviéticos. Nada más llegar los primeros botes a la orilla, los rusos saltaron y cargaron directamente contra los alemanes sin tomar ninguna medida para cubrirse. Los germanos que se situaban a 100 metros del río se replegaron hacia atrás para ocultarse en la estación y unas fáctorías. Pero los rusos no desistieron, porque les persiguieron y les dieron caza en una fábrica de ladrillo rojo, instalación en la se enzarzaron en un fortísimo combate que terminó en victoria soviética tras acribillar a balazos la infraestructura durante horas. Al terminar el dia, de los 10.000 hombres de la 13ª División de Guardias, sólo quedaban 3.000 vivos tras haber muerto casi 7.000.

El combate en la montaña del Mamev Kurgan llegó a un punto culminante para los dos contendientes el 16 de Septiembre. La 295ª División de Infantería volvió a cargar contra la colina defendida por tropas de la NKVD con algo más éxito que en jornadas anteriores, pero de nuevo tuvo que retirarse cuando llegaron los restos de la 13ª División de Guardias para reforzar a los defensores. La artillería alemana inmediatamente bombardeó el Mamev Kurgan intensamente, respondiendo también los rusos al cañonear el parque a la falda de la montaña donde se amontonaban los alemanes. Tras el amanecer frío del 17 de Septiembre, los germanos protagonizaron una nueva intentona de conquistar el Mamev Kurgan, esta vez lanzando a los tanques contra la montaña, aunque nada más empezar el ataque, los rusos destruyeron un Panzer y eso causó el pánico entre las filas alemanas que terminaron por retirarse de nuevo. Paulus ya cansado de ver como el Mamev Kurgan no caía, ordenó un ataque masivo contra la montaña costase lo que costase. El 18 de Septiembre los alemanes se lanzaron en oleadas y a bayonetas caladas hacia el Mamev Kurgan. Los rusos, que ya sólo tenían 50 defensores y 10 tanques T-26, rechazaron diez ataques con encarnizados combates cuerpo a cuerpo. Por la noche las dos únicas ametralladoras Maxim que tenían los soviéticos para defenderse en la montaña fueron destruidas, instante en que se ordenó la retirada del Mamev Kurgan, abandonando atrás a los heridos que se quedarían a merced del enemigo. Al finalizar la jornada, los alemanes conquistaron la tan odiada colina para ellos.

Avión Stuka ametralla a las barzas soviéticas rumbo a Stalingrado en e Río Volga. Imagen del film Enemigo a las Puertas.

La lucha urbana se convirtió en una pesadilla para los alemanes. Siempre tenían que vivir en tensión y con un miedo interior que no podían disipar, estando sus ojos rojos de cansancio y volviéndose las esperanzas de victoria lejanas. Cada vez que se conquistaba un edificio los rusos recapturaban otro al mismo que tiempo que entre las ruinas ocultaban cañones antitanque desde donde convertían a los Panzer en blancos fáciles tras quedar inmovilizados entre los escombros. Por si fuera poco los francotiradores se habían ganado el título de expertos en cazar a oficiales alemanes y los ingenieros en volar edificios ocupados. El cielo de la ciudad estaba constantemente ennegrecido y era difícil ver el Sol por culpa de un inmenso hongo de humo que alcanzaba los 3 kilómetros de altura después de haber sido incendiados los oleoductos, algo que otorgó a Stalingrado un aspecto gris y tenebroso. El ruido de los camiones lanzacohetes Katiusha, más conocidos como “órganos de Stalin”, desmoralizaba a los alemanes, mientras que el grito de los Stukas al caer en picado desconcertaba a los rusos con su insoportable eco entre las avenidas. El miedo a la noche era terroífico, pues los rusos hacian incursiones nocturnas a cuchillo contra las posiciones alemanas tras sus líneas y colocaban minas antes del amancer para que por la mañana el enemigo las pisara. Tampoco los ataques de los aviones nocturnos U-2 soviéticos que aparecían silenciosamente por sorpresa ayudaban a pasar mejor la noche. Pero lo peor que tenían que soportar los alemanes era la conquista de casas y apartamentos porque antes debían despejar cada muro, ruinas y tejados defendidos por los rusos a un coste altísimo en bajas. Tan desesperante era esa función, que entre pared y pared se escuchaba al enemigo hablar y respirar. Para tomar un simple fábrica, los alemanes tenían que emplear a más de 700 soldados contra unos defenores que no llegaban a las 40 personas. Al soldado alemán tuvieron que equiparle sobretodo con más lanzallamas y granadas, ya que no había en la ciudad no había un sólo rincón que no estuviese defendido, siendo necesario para ello limpiar cada sótano e incluso las alcantarillas. Precisamente la batalla se intensificó en los subsuelos y alcantarillados a lo largo de interminables hileras de oscuros túneles atestados de agua sucia y ratas. Pero la superficie era más peligrosa, ya que las trincheras se cavaban a 45 metros una de otra, desde las cuales los contendientes se insultaban y amenzaran a gritos cuando se aburrían, como por ejemplo cuando los alemanes gritaban: “Russ, skoro bul-bul u Volga (Pronto haréis burbujas en el Volga)”. El nombre de “Blitzkrieg (Guerra Relámpago)”, fue sustituido por los alemanes por el de “Rattenkrieg (Guerra de Ratas)”. Aunque los alemanes estaban sufriendo un terror psicológico tremendo, los rusos no estaban mejor, pues a pesar de que se sentían más seguros tras sus defensas, las bajas eran mucho más elevadas en su bando; de hecho, morían 6.000 soviéticos y 700 alemanes diariamente en la ciudad, llegando a ser la esperanza de vida de un ruso en Stalingrado sólamente de un día.

Durante la segunda mitad de Septiembre de 1942, los alemanes poco a poco fueron superando los obstáculos y empezaron a moverse con más facilidad entrando en el centro de la ciudad. Sectores como el Barrio de Minina, el Silo de Grano, el Complejo Agroalimentario o la Fábrica de Clavos cayeron en manos alemanas. Pero sin duda la batalla más dura tuvo lugar en la Plaza Roja, donde los alemanes y rusos se desangraron por obtener el control del enorme Almacén Univermag, una batalla que culminó con la conquista alemana de dicha instalación y con la toma de la Sede del Partido Comunista Soviético (PCUS).

Tropas del Ejército Rojo combatiendo en las ruinas de Stalingrado.

Al saber que los alemanes estaban en la simbólica Plaza Roja, los rusos se desmoralizaron y se retiraron hacia los dos embarcaderos que todavía eran seguros en el Volga para poder escapar, no sin antes ser ejecutados muchos de ellos por los comisarios. Esa desbandada permitió el 22 de Septiembre que 100 tanques alemanes se hicieran con la Avenida de Moskovskaia, las calles Kurskaia y Kíevskaia y un área a 200 metros junto a la depresión del Río Tsaritsa, ocupando su embarcadero central y destruyendo el transbordador, además de reducir a la 42ª Brigada Especial de los rusos a sólo 20 hombres. El Barrio de Voroshilovski fue ocupado también en su totalidad, así como la Casa L y la Casa de los Trabajadores del Ferrocarril. Con estos avances un 90% de Stalingrado estaba en manos alemanas, mientras que el Ejército Rojo sólo disponía de una estrecha franja de 8 kilómetros de largo en la orilla del Volga con una profundidad entre los 100 y 800 metros. Aprovechando la ventaja y el caos reinante, los alemanes empezaron a bombardear los embarcaderos con artillería y lanzacohetes Neberwerfer. La oleada de miedo se extendió en los siguientes días por toda la ciudad anunciando que Stalingrado estaba a punto de caer, los civiles que aún se encontraban allí colapsaron los muelles y la situación poco a poco empezó a irse de las manos para los rusos.

Zukhov con la intención de disminuir la presión de los éxitos alemanes y calmar a sus propios hombres que veían perdida la batalla, decidió fijar un contraataque para el 23 de Septiembre encaminado a desalojar la falda del Mamev Kurgan usando para ello a la 13ª División de Guardias y la 284ª División Siberiana. El plan fue preparado minuciosamente con el traslado nocturno de los batallones de guardias y siberianos procedentes de Asia a través del Volga la noche del 22 al 23 de Septiembre sin que los alemanes advirtieran de su presencia. Sobre las 3:00 horas, las dos divisiones soviéticas cargaron a través del Barranco de Krutoi y al despuntar el alba alcanzaron las cotas bajas del Mamev Kurgan. Sin embargo la acción terminó en fracaso porque los germanos les rechazaron provocándoles elevadas bajas, una buena noticia para Von Paulus que aquel día cumplía 52 años de edad. No obstante el asalto no fue en vano, pues la presencia de los siberianos en el sector facilitó a los rusos el día 24 irrumpir en la Plaza 9 de Enero y arrebatar a los alemanes el Banco Estatal (Goshbank) y la Casa Pavlov, además de reforzar los Barracones de la NKVD, por aquel entonces altamente disputados.

Fracasado el primer contraataque contra los alemanes, los LI y LVII Ejércitos Soviéticos lanzaron un segundo intento esta vez contra el IV Ejército Rumano situado al sur de Stalingrado con la intención atraer sacar fuerzas alemanas y disminuir la presencia germana sobre la urbe. Sin embargo los dos ejércitos soviéticos también fracasaron completamente en su en su misión, pues ni los alemanes se movieron y ni los soldados rumanos retrocedieron al resistir la embestida soviética en sus posiciones. Aquella derrota provocó que el miedo cundiese entre las filas del Ejército Rojo e hizo que todos los puestos de mando y comandancias dentro de la ciudad huyesen a la Isla de Golodni situada en medio del Volga, desobedeciendo de esa manera las órdenes de Stalin de no retroceder. La única fuerza soviética que quedó en Stalingrado fueron unos pocos hombres valientes parapetados en los muelles, quienes milagrosamente aguantaron con éxito siete ataques alemanes durante las siguientes 24 horas. Para celebrar aquella victoria la prensa germana del Ministerio de Propaganda dirigido por Joseph Goebbels anunció el 26 de Septiembre que la bandera nacionalsocislista ondeaba sobre Stalingrado, algo en parte cierto porque los alemanes controlaban gran parte de la ciudad, salvo una pequeña franja a orillas del Volga y unos pocos edificios.

Cruce del Río Volga con gabarras, barcazas, vapores y cañoneras entre Krasnia Sloboda y Stalingrado, esta última cubierta por el humo al fondo. Imagen del film Enemigo a las Puertas.

Nadie se pensaba en el Alto Mando Alemán (OKW) que el Ejército Rojo lanzaría otro de sus contraatques el 27 de Septiembre, adelantándose de esta manera a la ofensiva alemana prevista sobre los embarcaderos que casualmente había comenzado con un bombardeo de Stukas a las 4:00 de la mañana. Inesperadamente una oleada rusa que había desembarcado gran cantidad refuerzos por la noche, se extendió a lo largo de las posiciones alemanas realizando asaltos selectivos sobre el Mamev Kurgan, la Fábrica de Armamento Barrikadi, la Planta Química Lazur, la Metalistería Octubre Rojo y los alrededores de la Fábrica de Tractores. El primer objetivo en atacar el Ejército Rojo fue la Fábrica de Armamento Barrikadi y las viviendas obreras de alrededor, tornándose el combate en un sangriento espectáculo cuando las mujeres rusas que allí residían salieron huyendo de sus escondites para ser en el acto masacradas por una ametralladora soviética de su propio bando que las acusó de traidoras y cobardes.

Simultáneamente al asalto de los rusos del 27, los alemanes se anticiparon con otro ataque en diversos sectores que incluyeron la Metalistería Octubre Rojo con una carga que protagonizó la 100ª División de Cazadores Austríaca. A escasos metros la 24ª División Panzer y la 95ª División de Fusileros Soviética se encontraron inesperadamente cara a cara mientas ascendían hacia la cumbre del Mamev Kurgan, lo que derivó en tiroteo por parte de ambos en el que los alemanes se fueron imponiendo al forzar la retirada rusa y asegurar las cisternas del monte. Curiosamente los únicos que no encontraron apenas resistencia fueron los voluntarios del 369º Regimiento Croata que tomaron con facilidad la Terminal de Locomotoras y se atrincheraron frente a los Barracones de la NKVD. Precisamente tan buena fue la labor de los croatas, que el mismo Gobernador “Poglavnik” de Croacia, Ante Pavelic, se convirtió en el primer y único líder de un país que visitó Stalingrado para comprobar la eficacia de sus hombres, por aquel entonces asentados en torno a la Metalistería Octubre Rojo.

Sobre las aguas del Río Volga empezaron a llegar refuerzos el 28 de Septiembre con la intención de proseguir la contraofensiva. Como era de preveer la Luftwaffe los interceptó y lanzó a sus cazabombarderos contra los barcos. Mientras unos aviones distraían a las piezas de artillería antiaéreas en la orilla asiática de Krasnia Sloboda; el resto atacaban a las embarcaciones, resultando seis lanchas de transporte dañadas de un total de siete con la consiguiente pérdida de hombres y material. Precisamente Krasnia Sloboda ya era desde hacía días un gran cuartel que acumulaba a todos los regimientos y divisiones soviéticas que tenían que cruzar al lado de Stalingrado, además de albergar un gran campo de heridos y mutilados evacuados de la ciudad. También allí se estableció lo que denominaron “Grupo de Artillero del Frente”, consistente en una gran batería de 83 cañones que barrían la ciudad desde el lado opuesto del río compuesto por 10 obuses de 203 milímetros 39 ML-20 de 152 milímetros, 28 A-19 de 122 milímetros y 6 piezas de 107 milímetros, además de numerosos escondites con camiones lanzacohetes Katyusha.

Un día después de las incursiones al Volga, el 29 de Septiembre, avanzadillas soviéticas salieron de Stalingrado hacia la estepa occidental y se internaron dentro de la aldea de Orlovka. Para cuando los alemanes se dieron cuenta, tuvieron que expulsar a los rusos de Orlovka sacando de Stalingrado a la 60ª División Motorizada y a la 389ª División de Infantería que llegaron al día siguiente, el 30, momento en que se enfrentaron a los soviéticos en una gran batalla de blindados que acabó en victoria alemana. Los germanos no sólo recapturaron el poblado, sino que además destruyeron 72 tanques soviéticos, aunque para ello tuvieron que debilitar su frente en la ciudad, algo nada recomendable en aquel momento.

Al empezar Octubre, la situación en Stalingrado era crítica desde el mismo día 1. Los alemanes dominaban las dos estaciones ferroviarias, el barrio de negocios, parte de Barrikadi y parcialmente la Fábrica de Tractores. Ese mismo día la zona fortificada denominada “Stalingrado I” fue capturada, huyendo los 6 únicos rusos supervivientes, que todos heridos, subieron a una barcaza y se dejaron llevar por la corriente durante tres días hasta que los rescató la dotación de un cañón antiaéreo en la localidad de Kuporosnoie.

Carga sucida de soldados rusos contra los alemanes en la Plaza Roja de Stalingrado con los fusiles en mano y la bandera soviética en alto.

Desesperados aquel inicio de Octubre los soviéticos enviaron más refuerzos a Stalingrado desde el Volga en forma de la 39ª División de Guardias y la 308ª División de Infantería Siberiana. La maniobra distrajo a los comandantes rusos de la atención sobre otros sectores como el Barranco de Krutoi, donde la 295ª División Soviética se salvó por los pelos de un envolvimiento alemán. Los alemanes para compensar la llegada de más rusos sanearon sus líneas haciendo entrar en escena a la 14ª División Panzer y a la 94ª División de Infantería contra la Metalistería Octubre Rojo. El traslado efectuado el 2 de Octubre se coordinó con bombardeo aéreo que incendió un almacén de combustible, lo que dejó una inmensa mancha de petróleo negro que descendió ladera abajo quemando vivos a varios rusos hasta que se apagó una vez entró en contacto con el río. Otra tragedia similar ocurrió en el agua el día 6 cuando cuando una barca sobrecargada con soldados volcó y 16 soviéticos se ahogaron.

Uno de los mayores espantos que sufrieron los soldados rusos en Stalingrado fue su propia NKVD, la fuerza política que controlaba a todo el Ejército Rojo. Durante la batalla la NKVD fue culpable de una de las mayores matanzas en la Historia que un ejército había perpetrado hacia sus propias tropas. Miles de soldados soviéticos murieron bajo las balas de su mismo bando en la ciudad, siendo múltiples las razones; la mayoría escapar en medio de un asalto hacia sus líneas, cobardía, deserción, autoinfligirse heridas para no combatir, intentar entregarse prisionero a los alemanes o difundir el derrotismo. Todas las unidades de combate dentro de Stalingrado tenían un comisario de la NKVD que destacaba por sus chaqueta negra de cuero. Cuando alguien infrigía la normativa el castigo podía hacerse de dos maneras: una de estas era una acción punitiva masa después de que grupos o incluso compañías enteras de soldados huyeran del combate para ser ametrallados a continuación desde sus propias posiciones por los comisarios y tropas del NKVD; o también una acción punitiva individual al cesar la lucha, en este caso desnudando a los acusados antes de ser fusilados para aprovechar la ropa. A tal punto llegó la obsesión de la NKVD que las familias de los desertores sin tener culpa de nada eran arrestadas en sus hogares y enviadas a campos de concentración o gulags de Siberia, incluso a veces ejecutadas. Supuestamente de este modo motivaban a las tropas a no escapar cuando veían a sus mujeres, hijos, bebés o padres amenazados. El más mínimo comentario de queja o derrotismo se pagaba con la vida, llegando incluso los soldados rusos a temer más a su ejército que a los alemanes, lo que facilitó infinidad de suicidios entre los reclutas. Pero no obstante los civiles también pagaron caro la cacería de la NKVD, pues muchos hombres y mujeres que estaban en la zona alemana de Stalingrado y que por escasos momentos recapturaban los rusos, eran ejecutados por la más absurda sospecha de haber tenido contacto con el enemigo. Los comisarios soviéticos no tuvieron piedad ni de los niños, pues muchos de estos cuando se acercaban a los alemanes para que les regalaran un trozo de chocolate o algo de comer, eran inmediatamente abatidos por francotiradores del NKVD a sangre fría sin importarles la edad, llegándose a veces a matar a pequeños de hasta tres años. Un total de 13.500 soviéticos fueron ejecutados por la NKVD comunista en Stalingrado. A pesar de todo era difícil en muchos casos no desertar, ya que las condiciones en que estaban los soldados eran pésimas. Por ejemplo durante las cargas frontales contra el enemigo la mitad de las tropas iban sin armas, por lo que tenían que estar a la espera de que un compañero muriese para coger la suya y disparar. Sin embargo los crímenes no sólo ocurrieron en el lado soviético, sino en mucha menor medida también en el alemán. Un ejemplo de ello fue el Sonderkommando 42 de las SS que se encargó de ejecutar a todo aquel que perteneciera al Partido Comunista Soviético y la NKVD, además de deportar como esclavos a los pocos judíos que residían en la ciudad.

Alemanes del VI Ejército en una trinchera en las cercanías de una fábrica.

Avanzado Octubre de 1942, las otras fuerzas del Eje a las afueras de la urbe también empezaron a sufrir los estragos de la batalla por Stalingrado. Los rusos aprovecharon la baja moral del II Ejército Húngaro para lanzar octavillas sobre sus líneas incitándoles a rendirse, además de asaltar varios de sus perímetros defensivos, fracasando en los dos objetivos porque las tropas húngaras no se amedrentaron en ningún momento. Sobre el VIII Ejército Italiano emplearon el mismo método con igual resultado a pesar de que en este caso la desmoralización italiana era mayor. Los ejércitos más fuertes en moral y profesionalidad eran los rumanos, lo que hizo optar a los rusos por evitarlos en el combate, concentrádose más en italianos y magiares. La estrategia del Alto Mando Alemán (OKW) de colocar a los italianos entre medias de rumanos y húngaros, respondía a la rivalidad histórica entre Rumanía y Hungría, dos países que aunque eran aliados se odiaban por motivos fronterizos en Transilvania y que de vez en cuando no dudaban en enfrentarse entre sí. No obstante aquella decisión fue un error a largo plazo que más tarde se pagaría muy caro, pues los italianos eran tropas miedosas y poco combativas, lo que debilitó notablemente el dispositivo central entre húngaros y rumanos, clave para mantener la presión sobre Stalingrado.

Sobre la Metalistería Octubre Rojo y la Fábrica de Tractores de Stalingrado se registraron los combates más duros del mes de Octubre. Estos eran los dos puntos más fuertes de la ciudad que los rusos los habían fortificado con trincheras y conductos subterráneos bajo tierra interconectados. Otro sector en resistir fue la Casa Pavlov, defenida únicamente por 20 soldados soviéticos que mantendrían a los germanos alejados siempre de sus muros. Inútilmente alemanes y croatas se lanzaron al asalto sobre estas posiciones de las que siempre tenían que retirarse con muchos muertos al toparse con minas, cañones ocultos y decenas de francotiradores soviéticos que se apostaban desde las altas chimeneas de las fábricas hasta el interior de las tuberías. Tan sangrante se volvió la pugna por la Metalistería Octubre Rojo y la Fábrica de Tractores que los alemanes bautizaron a ambas posiciones como la “Batalla de Verdún” en memoria de la terrible matanza de la Primera Guerra Mundial.

El 14 de Octubre el VI Ejército Alemán lanzó otra de sus grandes ofensivas contra la Fábrica de Tractores apoyándose en oleadas de Stukas. Gracias a las bombas de fósforo de la Luftwaffe y los lanzacohetes Neberwerfer, la 14ª División Panzer consiguió cargar contra la Fábrica de Tractores atravesando con algunos de sus 150 tanques las paredes de ladrillo y enzarzándose en una lucha infernal. El general Chuikov que estaba en la zona tuvo que trasladarse a retaguardia cuando los alemanes llegaron a los bidones de petróleo que habían sido quemados días antes, siendo con él evacuados a la otra orilla un total de 3.500 heridos graves. La ofensiva de Paulus no conquistó la ciudad, ni siquiera la Fábrica de Tractores ni la Metalistería Octubre Rojo, pero fue un gran logro porque destruyó a la 37ª División de Guardias y cercó a la 112ª División Soviética en una bolsa. Tras este resultado, el frente dentro de la ciudad se extendió hasta la Fábrica de Armamento Barrikadi, la cual fue asaltada en un desastroso ataque organizado por los alemanes el 16, viéndose estos obligados a retirarse tras toparse con torretas de blindados T-34 enterradas en el suelo.

Distintas fotografías del campo de batalla en Stalingrado. Fotografía izquierda: Apartamentos de forma cúbica típicos de la ciudad en ruinas. Fotografía centro: La famosa Fuente Barmaley junto a la Estación Nº1 con forma de unos niños bailando alrededor de unos cocodrilos en la Plaza Roja. Fotografía derecha: Barricadas antitanque y estacas en una calle.

A lo largo del segundo período de Octubre los francotiradores soviéticos en Stalingrado ganaron fama y gran admiracón por parte del Ejército Rojo Al fin y al cabo eran ellos los que más bajas estaban causando al enemigo. El francotirador más popular fue Vasili Zaitsev, un campesino procedente de los Urales que abatió a 149 alemanes en la ciudad. Desde Alemania tanto miedo llegó a infundar este tirador, que la Wehrmacht llegó a enviar al mejor francotirador del país, el austríaco Heinz Thorval, para eliminar al mejor de Rusia, precisamente Zaitsev. Sorprendentemente ambos mantuvieron un duelo durante días como de si de un “Western” de pistoleros se tratase que alcanzó fama internacional en la prensa de todo el mundo. Finalmente el combate finalizó con la victoria de Zaitsev tras haber descubierto la posición de Thorval escondido bajo una lámina de zinc, momento que aprovechó para dispararle y definitivamente matarle.

Nada cambió durante la última etapa de Octubre en la ciudad del Volga a excepción del área defendida por los rumanos a las afueras, donde el LVII Ejército Soviético lanzó múltiples cargas con la finalidad de desgastar los flancos. Sin embargo todas terminaron en fracaso porque los rumanos, bien aferrados al terreno, les repelieron constantemente. La única unidad del Eje que realmente lo pasó mal fue la 20ª División de Infantería Rumana, que durante días tuvo que sostener la cima de una loma junto al Volga hasta que ya no pudo aguantar más y se vió obligada a retirarse dejando atrás elevadas bajas. Por aquel entonces los flancos del VI Ejército Alemán en Stalingrado protegidos por rumanos, italianos y húngaros se alargaban casi 200 kilómetros, lo que dejaba a los alemanes dentro de la ciudad en una posición muy vulnerable. A las advertencias sobre dicha debilidad en los extremos que hizo saber el Conducator rumano Ion Antonescu a Hitler, el Führer optó por reforzarlos sacando a un total de150.000 animales de carga, entre estos caballos, camellos y bueyes para suministrar el perímetro exterior.

Avance de soldados soviéticos sobre la infernal ciudad.

Para el comienzo de Noviembre, el día 1, los alemanes y croatas que combatían en la Metalistería Octubre Rojo fueron finalmente rechazados del edificio gracias a la potente artillería soviética desplegada al otro lado del río y los cohetes Katyusha que constantemente caían sobre ellos. La 112ª División de Fusileros Soviética que había quedado embolsada el mes anterior cerca de dicho sector, también quedó libre y pudo regresar a sus líneas. Aquel fue un revés inesperado para los alemanes, que una vez más veían como Stalingrado se les escapaba de las manos.

Mientras tanto en el exterior, muy lejos de Stalingrado, en Egipto, las tropas del Eje empezaban a sufrir sus primeros contratiempos en la contienda. Primeramente el Afrika Korps de Rommel fue derrotado en El-Alamein; al mismo tiempo que la Francia de Vichy quedaba neutralizada en Marruecos y Argelia tras el desembarco angloamericano durante la “Operación Torch”. Sobre el Pacífico los japoneses pasaron de intentar cercar a los americanos en Guadalcanal, para quedar ellos atrapados defendiendo la isla. Repentinamente en Noviembre de 1942 todos los frentes del planeta quedaron en un punto de inflexión tanto para el Eje como para Aliados, algo inédito hasta ese momento en la guerra. Por si fuera poco aquel mes, el invierno llegó al Frente Oriental antes de lo previsto el 11 de Noviembre, quedando las ruinas de Stalingrado blancas, la estepa cubierta de nieve y el Río Volga congelado con enormes bancos de hielo que hicieron encallar a los barcos rusos después de que las temperaturas descendiera drásticamente a -18ºC grados centígrados bajo cero.

Tropas alemanas con un Panzer PzKpfw IV se defienden en una trinchera excavada en plena avenida de un asalto del Ejército Rojo.

Coincidiendo con la llegada el tan temido “general invierno”, el VI Ejército Alemán lanzó la última gran ofensiva dentro de Stalingrado contra los últimos núcleos de resistencia soviética presente en los embarcaderos, la Metalistería Octubre Rojo, la Fábrica de Tractores, la Planta Química Lazur y la Fábrica de Armamento Barrikadi. Protagonizaron el asalto las 71ª, 79ª, 295ª, 305ª y 389ª Divisiones de Infantería Alemanas, la 100ª División de Cazadores Austríaca y el 369º Regimiento Croata apoyados por la IV Flota Aérea de la Luftwaffe y 150 tanques Panzer. Nada más comenzar la jornada, Stukas hicieron una de sus mejores actuaciones de la campaña al impactar con sus bombas las chimeneas de las fábricas, las cuales terminaron partiéndose y saliendo rodando ladera abajo mientras aplastaban a numerosos soldados soviéticos y arrollaban a un barco de vapor encallado en el hielo del Volga. A continuación las divisiones alemanas se lanzaron contra la Planta Química Lazur y tras un duro combate descendieron hacia el nudo ferroviario, donde tanto a alemanes como a rusos les fue difícil reconocerse debido a un polvo químico amarillo que se había desparramado por el lugar. A las 9:50 horas de la mañana la artillería alemana se sumó al ataque bombardeando unos tanques petrolíferos en el margen del Volga y logrando que tres fueran incendiados dejando el cierlo cubierto de negro. Sobre la Fábrica de Armamento Barrikadi y la Metalistería Octubre Rojo, los alemanes cosecharon más éxitos al reducir el frente enemigo a sólo 500 metros con el Volga. Un ejemplo de las pérdidas rusas ese día fueron los 6 supervivientes del 118º Regimiento de la Guardia, que de sus 264 hombres iniciales 258 perdieron la vida. Tan crítica llegó a ser la situación para el LXII Ejército Soviético que defendía la ciudad, que incluso los mandos pensaron rendir Stalingrado de una vez por todas, algo que no se produjo porque el Ejército Rojo tenía el plan definitivo para aniquilar de un sólo golpe al VI Ejército Alemán.

Operación Urano

Mitad de Noviembre de 1942. La nieve se acumulaba en los fríos pavimentos de Stalingrado y los ejércitos enfrentados quedaban enterrados entre toneladas de hielo. Pocos de los que se encontraban en tal situación sabían que desde hacía meses el Alto Mando Soviético (STAVKA) había decidido lanzar una gran ofensiva para convertir la ciudad en una trampa y embolsar al VI Ejército Alemán. Con la llegada del “general invierno” la hora había llegado. Bajo el nombre de “Operación Urano”, el Ejército Rojo atacaría con varios ejércitos e innumerables efectivos los diversos frentes de Stalingrado para destruir a los alemanes y a sus aliados rumanos. La Unión Soviética había dispuesto la enome suma de siete ejércitos con 54 divisiones, todas ellas dirigidas por el vicecomandante supremo de las fuerzas armadas Georgui Zukhov. Para destruir al VI Ejército Alemán, la ofensiva consistiría primero en golpear a los III y IV Ejércitos Rumanos situados en el norte y sur respectivamente de Stalingrado, para luego embolsar la ciudad en abanico. El Conducator de Rumanía, Ion Antonescu, que ya se había quejado sin éxito a Hitler de lo mal defendidos que se encontraban los ejércitos rumanos en los salientes de Stalingrado, no se equivocaba en su percepción, ya que frente a ellos se había ido concentrando todo el Ejército Rojo y el 60% de la aviación soviética procedente de toda la URSS. Desde Stalingrado hacia el norte, justo al borde de la frontera con el VIII Ejército Italiano, se estacionaron los soviéticos en el siguiente orden: XXIV Ejército, el LXV Ejército, el XXI Ejército y el V Ejército Blindado, todos ellos ubicados al otro lado del Río Don para destruir al III Ejército Rumano. Al sur de Stalingrado, junto al LXIV Ejército y delante del Río Volga se concentraron el LVII Ejército y el LI Ejército en este orden, siendo su misión la de acabar con el IV Ejército Rumano. Nadie en la inteligencia militar del Eje se enteró de lo que estaba pasando, pues bajo las ventiscas de nieve y la densa niebla que hacían invisibles el enemigo, el Ejército Rojo pudo cruzar con vehículos y trineos el Don y el Volga sin ver visto por los rumanos con un total de 1.101.000 soldados, 675 tanques, 10.250 piezas de artillería y 1.216 aviones. Aquella formidable fuerza militar fue calificada por Iósif Stalin como la punta de lanza que vengaría el insulto de la “Operación Barbarroja”.

Cañón rumano con su dotación resistiendo a la ofensiva soviética durante la “Operacón Urano”.

A las 5:00 de la madrugada del jueves 19 de Noviembre de 1942, una gran ventisca de nieve combinada con una densa niebla que impedía la visibilidad a más de diez metros, cubrió con su manto los márgenes del Río Volga. En medio de aquel panorama gris, unos centinelas de la 1ª División de Caballería Rumana capturaron a un solitario soldado soviético que había cruzado las líneas, al cual primero interrogaron y luego enviaron al enlace alemán destacado en su sector, el teniente Gerhard Von Stöck, campeón en jabalina de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. El prisionero había confesado poco antes a los rumanos que el Ejército Rojo lanzaría una ofensiva en un par de horas sobre todo el frente. Sin embargo los alemanes calmaron la preocupación rumana asegurando que era mentira. No obstante los rumanos tenían motivos para desconfiar, pues durante toda la noche habían visto como zapadores soviéticos con equipo invernal se habían adelantado a sus líneas avanzando a gatas sobre la nieve para cortar alambradas y colocar minas anticarro. Pronto la pesadilla se tornaría realidad.

Inesperadamente, a las 7:20 horas de la mañana de aquel 19 de Noviembre de 1942, un toque ensordecedor de trompetas desde el lado soviético extendió un eco por todo el sector rumano, incluso escuchándose también en Stalingrado y otras localidades próximas. Pocos segundos después del toque de trompeta, más de 1.500 cañones, lanzacohetes Katyushas y morteros de gran calibre iniciaron un masivo bombardeo de plomo y acero contra el perímetro del III Ejército Rumano. La primera tanda de proyectiles destruyó casi por completo la prímera línea enterrando a los rumanos bajo la tierra y la segunda produjo daños de menor intensidad al caer más atrás. Finalizado el bombardeo, los soviéticos atacaron en varias oleadas la zona defendida por la 13ª División de Infantería Rumana, la cual presentó una encarnizada resistencia y pudo rechazar a los rusos causándoles numerosas bajas. Pero el Ejército Rojo al ver que la infantería no servía para cargar contra el enemigo frontalmente, envió en esta ocasión otra nueva oleada de soldados acompañados por tanques T-34. Milagrosamente los rumanos volvieron a aguantar la embestida y rechazaron a los soviéticos, perdiendo la vida muchos de estos y resultando decenas de sus tanques destruidos. No obstante las reservas soviéticas eran interminables y a partir de ese punto ya no pudieron resistir las siguientes tandas de oleadas. La primera brecha en el III Ejército Rumano se abrió cuando el III Cuerpo de Guardias de Caballería junto al IV Cuerpo Blindado, ambos integrados en el XXI Ejército Soviético, penetraron las posiciones enemigas aplastando a los rumanos, al mismo tiempo que cosacos a caballo se infiltraban por la grieta del dispositivo. Mientras tanto, a 50 kilómetros al oeste, el Ejército Rojo perforó las trincheras del IV Cuerpo Rumano y puso a sus divisiones en retirada. Por si fuera poco los soviéticos contaron con un aliado inesperado, la niebla, ya que al ser muy densa en su sector les protegía de los artilleros enemigos, todo lo contrario respecto al lado rumano donde se había disipado a media mañana, lo que facilitó enormemente a los II, XVI y XVII Ejércitos del Aire para lanzar sus bombas sin ser molestados.

Sorprendentemente el VI Ejécito Alemán, que continuaba desangrándose en Stalingrado, no sé enteró de lo que estaba ocurriendo en los flancos rumanos hasta las 9:45 horas de la mañana. Hitler tranquilizó a los mandos asegurando que los rusos estaban en las últimas y que el ataque cesaría pronto, algo que no convenció a Von Paulus ni al resto de asediantes una vez avanzada la mañana al evaluar que la situación podía ser más peligrosa de lo que pensaban. Justo en aquel instante el IV Cuerpo Blindado Soviético superó a la 13ª División de Infantería Rumana y avanzó 10 kilómetros hacia el oeste hasta llegar a Gromki; al mismo tiempo que la 1ª División Blindada Rumana se vio obligada a batirse en retirada en cuanto los rusos atacaron una base cercana que cortó las comunicaciones rumano-alemanas. Por la tarde, al fin los alemanes se pusieron en marcha para ayudar a los rumanos enviando a unos pocos efectivos que se interpusieron frente al V Ejército Blindado Sovético y al I Cuerpo Blindado, donde se produjo una batalla de tanques entre la niebla de complicada visibilidad para los dos bandos. Al caer la noche, gran parte del III Ejército Rumano había abandonado los puestos de comandancia evacuando en camiones todo el material y personal disponible. Sorprendentemente los alemanes, mucho más optimistas en Stalingrado, daban la impresión de no haber comprendido la gravedad de la situación.

“Operación Urano”. Infantería soviética lanzándose al asalto contra las líneas rumanas.

Al día siguiente, 20 de Noviembre, fue el turno de ataque de los LXIV y LVII Ejércitos Soviéticos utilizando como punta de lanza al IV Cuerpo de Caballería, IV Cuerpo Mecanizado y el XIII Cuerpo Mecanizado, apoyados por el fuego de Katyushas y piezas artillería en la zona de Beketovka al sur de Stalingrado contra el IV Ejército Rumano. Al igual que el día anterior, los rumanos volvieron a resistir ferozmente acabando con centenares de rusos y varios blindados, aunque otra vez al inferiores en número, fueron finalmente arrollados y rebasados. La única unidad que tuvo más suerte aquella jornada fue la 29ª División de Infantería Rumana del general Hans-Georg Leyser que contraatacó sobre los soviéticos 16 kilómetros al sur de Beketova consiguiendo detener la ofensiva enemiga en dicho sector y provocando una gran cantidad de bajas a los rusos. También la 14ª División Panzer que había acudido en ayuda de los rumanos destruyó a un regimiento soviético al completo del III Cuerpo de Guardias de Caballería aniquilando a 35 tanques. Sin embargo a pesar de algunos éxitos tácticos, ya no se podía contener la gran ofensiva rusa. A la caída de la tarde la 1ª División Blindada Rumana fue puesta en retirada y el V Cuerpo Rumano quedó embolsado dentro del avance ruso, el cual presentaría una fanática y heroica resistencia dirigida magistralmente por el general Mikhail Lascar que se prolongaría durante días y causaría infinidad de bajas a los soviéticos hasta su total aniquilación.

Friedrich Von Paulus por fin cayó en la cuenta el 21 de Noviembre de que el objetivo del Ejército Rojo era cercar Stalingrado mediante una ofensiva en dos alas por el norte y sur de los III y IV Ejércitos Rumanos. Las primeras medidas que se tomaron fueron evacuar el cuartel general del VI Ejército Alemán en el cruce de ferrocarril de Gumark y después sacar a todos los comandantes a la ciudad. Pero ya era demasiado tarde porque al finalizar el día se produjo el derrumbe rumano en todos los frentes alrededor de Stalingrado y los soviéticos se colaron por todas las brechas avanzando como rayos. A medianoche las vanguardias soviéticas alcanzaron el Puente de Kalach en Ostrov, donde los alemanes destruyeron a varios tanques rusos del V Ejército Blindado que intentaron cruzarlo sin éxito. Sin embargo a las 6:15 de la madrugrada del 22 de Noviembre sucedió algo asombroso cuando centinelas alemanes divisaron a varios semiorugas Hanomag de su propio bando que para su sorpresa al acercarse comenzaron a dispararles y a salir soldados soviéticos de su interior. Haciéndose pasar aquellos rusos por soldados de la Wehrmacht, terminaron por tomar con relativa facilidad el Puente de Kalach y hacer prisionera a toda la guarnición.

Soldados rumanos en una trinchera defendiéndose del asalto del Ejército Rojo para cercar Stalingrado y a su VI Ejército.

A punto de amanecer el 21 de Noviembre de 1942, las dos ofensivas soviéticas al norte y al sur de los ejércitos rumanos en Stalingrado por fin se encontraron en Sovietski. Los hombres del V Ejército Blindado con los del LVII Ejército se abrazaron y vitorearon en la nieve, inmortalizando el momento del triunfo de la operación. El cerco se había completado y el VI Ejército Alemán estaba embolsado.

Amanecida aquella mañana del 21 de Noviembre, Von Paulus sin saber todavía que había sido cercado por el Ejército Rojo envió a la 16ª Division Panzer para intentar resolver la situación, aunque resultó emboscada en Suchanov, viéndose obligada a dar marcha atrás debido a la carencia de combustible. Un intento similar hizo la 44ª División de Infantería Austriaca con el mismo resultado fallido. A pesar de todo, el cerco soviético todavía era muy débil y los rusos necesitaban reforzarlo lo más pronto posible antes de que los alemanes y rumanos pudiesen romperlo en algún sector. Precisamente tan frágil era el anillo ruso en las primeras horas que fue atravesado por varios grupos germano-rumanos que escaparon de la bolsa, o bien, erróneamente entraron en ella como fue el caso de una columna de soldados italianos que habían ido a buscar suministros dentro de la ciudad. Cuando a media mañana las tropas del Eje comprobaron que el cerco era ya un hecho, rápidamente cundió el pánico en filas rumanas y alemanas, que intentando alcanzar el oeste, abandonaron a los heridos todavía con los vendajes puestos y se pisaron unos a otros intentando cruzar los caminos y puentes, llegando algunos incluso a caer al interior del Río Don después de que el hielo se fracturase bajo sus pies. Mientras tanto en lado ruso las desgracias tampoco fueron ajenas, como por ejemplo ocurrió con los saqueos de los campamentos enemigos. En una ocasión un total de 150 tropas soviéticas perdieron la vida después de consumieran comida intoxicada que los rumanos habían abandonado durante la retirada. También otros 3 soldados rusos fallecieron por la misma causa tras comer los alimentos de un tren alemán capturado.

Desconcertado por la ofensiva, Paulus pensó que la mejor forma de salir de escapar de la trampa era intentar atravesar el cerco por la fuerza, motivo que le llevó a solicitar suministros a la Luftwaffe el 24 de Noviembre aprovechando que la bolsa rusa era todavía débil. Casi inmediatamente aviones transportes Junkers Ju 52 llevaron provisiones a las fuerzas germano-rumanas, aunque nada más volar sobre Stalingrado tuvieron la mala suerte ser emboscados por la aviación soviética, resultando al 22 aparatos alemanes derribados. Al día siguiente, el 25 de Noviembre, sucedió una tragedia aérea similar después de que otros 9 Junkers Ju 52 fueran abatidos.

Encuentro feliz de los hombres del V Ejército Blindado Soviético con el LVII Ejército en Sovietski.

Hitler convocó una reunión de urgencia a raíz de los sucesos de Stalingrado, durante la cual prohibió cualquier tipo de retirada “provisional” en el cerco. Ningún general estuvo de acuerdo con la decisión, pero fueron callados por el Führer alegando que él tenía controlada la situación. El único que se atrevió a levantarle la voz fue el Conducator rumano Antonescu, quién se enfadó con el lider alemán tras echarle en cara que sus compatriotas rumanos también estaban allí, por lo que él no tenía el derecho exclusivo de decidir el destino de aquellas tropas que no fueran alemanas. No obstante el carácter político oratorio del Führer convenció finalmente al líder rumano de que esperar era la mejor opción, cosa que el Conducator con ciertas dudas acabó aceptando. Sin embargo quién se llevó la peor reprimenda de la reunión fue Von Paulus tras solicitar abandonar Stalingrado y escapar del cerco, lo más sensato en aquel momento. Sin embargo Hitler le sentó tan mal la idea que decidió humillar a Paulus enviando a Stalingrado a un general más fiel, Walther Von Seydlitz, para compartir conjuntamente el mando del VI Ejército Alemán. Simultáneamente el Führer también designó responsable a Erich Von Manstein como comandante del Grupo de Ejércitos B, cuyas divisiones permanecían fuera del anillo soviético y que serían las encargadas de romperlo desde fuera. Pero lo cierto era que tales modificaciones no quitaban gran parte de la culpablidad a Hitler en el desastre, ya que para tomar Stalingrado había colocado a sus Panzer en contra de la opinión de todos los expertos en un ángulo de 90º conocido como “ángulo muerto, impidiéndoles presentar batallas de movimiento lo que facilitó a los rusos su destrucción. Aquella fatal decisión la pagarían muy caro los hombres del VI Ejército.

Mientras todos los generales y políticos discutían, los soviéticos compactaban la bolsa alrededor de Stalingrado. Las últimas tropas en caer dentro del cerco fueron los soldados de la 44ª División de Infantería Austriaca, que en vez de marchar al oeste, cometieron el grave error de cruzar el Puente de Luchinski hacia Stalingrado y volarlo para que no lo atravesaran los rusos a las 3:30 horas del 26 de Noviembre. Al día siguiente, el 27 de Noviembre, el cerco de Stalingrado quedó finalmente consolidado por el Ejército Rojo con los LXII, LXVI, XXIV, LXV, XXI, LVII y LXIV Ejércitos Soviéticos rodeando la ciudad. En el interior de la urbe los alemanes increíblemente pasaron de ser los asediantes a ser los asediados. Dentro quedaron atrapados 290.000 soldados, de los cuales 228.000 eran germanos del VI Ejército Alemán, 50.000 rusos colaboracionistas “hiwis”, 12.600 rumanos del VI Cuerpo Rumano y unos 1.000 croatas del 369º Regimiento Croata.

Operación Tormenta de Invierno

Con la llegada de Diciembre los alemanes y rumanos atrapados en la bolsa de Stalingrado, bautizada por la Wehrmacht como “Kessel”, se habían mantenido inalterados respecto a los rusos. No obstante pronto descubrieron un nuevo enemigo, en este caso las condiciones escasamente salubres como las heladas, los piojos, la disentería y la carencia de alimentos. Por lo menos la moral era muy alta al mantener todos la esperanza de que un contraataque pronto les liberaría. Mientras tanto la Luftwaffe les fue enviando suministros por aire con 44 transportes diarios que traían 350 toneladas de suministros, ración insuficiente para completar las 750 necesarias (40 de estas sólo en pan). Los Junkers Ju 52 despegaban de Tazinskai y Morozovsk para aterrizar con víveres en los dos únicos aeropuertos dentro de la bolsa situados en Gumrak y Pitomnik, desde los cuales a la vuelta evacuaban a cientos de heridos y a las enfermeras alemanas y croatas a las que se otorgó prioridad por su condición de mujer. Pero el puente aéreo no fue tan efectivo como esperaba la Luftwaffe, ya que en cuestión de pocos días los grandes esfuerzos sólo consiguieron aumentar las 350 toneladas iniciales a las 500 toneladas de las 750 requeridas.

“Operación Tormenta de Invierno” fue la denominación que la ehrmacht otorgó al plan para salvar al VI Ejército ese mismo Diciembre. La misión consistiría en un ataque del IV Ejército Panzer (Panzerarmee) del general Hermann Hoth, que acompañado por algunas fuerzas rumanas, desarrollaría una ofensiva por dos flancos para romper el anillo de ejércitos soviéticos que asediaban Stalingrado. Erich Von Manstein y Herman Hoth fueron los encargados tácticos de la acción en dos fuerzas: un ala avanzaría desde Kotielnikovo al oeste del Río Don a una distancia de 160 kilómetros del VI Ejército y la otra ala desde Chir a unos kilómetros más al este. Como punta de lanza la ofensiva la 6ª División Panzer, recién transferida desde Francia para la ocasión, iría en cabeza.

El IV Panzerarmee del general Hermann Hoth durante la “Operación Tormenta de Invierno”.

Antes de que los alemanes iniciaran su contraofensiva, los soviéticos se adelantaron a ellos probando cerrar la bolsa. No obstante apenas avanzaron unos pocos metros antes de ser repelidos, ya que por aquel entonces desconocían cuál era la situación exacta de VI Ejército Alemán en su interior. Equivocadamente los rusos pensaban que habían dejado embolsados a unos 86.000 soldados del Eje, pero lo cierto era que la cifra real ascendía a los 290.000, un número muy alto que dejaba a los soviéticos en inferioridad para subyugar a tantos defensores. Por si fuera poco Zukhov había tenido que debilitar el asedio todavía mucho más al verse obligado a enviar desde la reserva nuevas fuerzas para cubrir el Frente del Don cubierto por italianos y húngaros, entre estas el II Ejército de Guardias del general Rodion Malinovsky.

Oficialmente la “Operación Tormenta” de Invierno se inició el 12 de Diciembre con un fuerte bombardeo de la artillería contra las líneas rusas en Kotielnikovo, seguido por ataques aéreos de la Luftwaffe e incursiones de los zapadores e ingenieros. Desde Stalingrado los cercados del VI Ejército escucharon el tronar de sus cañones a lo lejos con esperanza cuando el IV Panzerarmee comenzó el ataque que en un primer momento aplastó a los soviéticos del II Ejército de la Guardia. La 6ª División Panzer con la 23ª División Panzer y el apoyo de dos divisiones rumanas realizaron un veloz avance a lo largo de un frente de 100 kilómetros entre Tsimila y Kotelnikovski. Aquí entraron en combate los nuevos tanques Tiger que despejaron el camino a la 6ª División Panzer a la hora de cruzar el Río Axai y alcanzar Verjne-Kumski el 13 de Diciembre. Simultáneamente la 17ª División Panzer con apoyo de la IV Flota Aérea Alemana alcanzó el Río Mishkova y para el 15 de Diciembre la 6ª División Panzer ya tan sólo se situó a 65 kilómetros de Stalingrado. Los hombres del VI Ejército, ya viendo próximo al IV Panzerarmee, decidieron que era hora de prepararse para unirse a la lucha desde la retaguardia y atacar a los rusos por la espalda. Sin embargo, un hecho aislado en el Frente Sudoccidental modificaría otra vez la situación para desgracia de Eje.

Operación Saturno

Italia, una de las potencias entre los varios países que participaban en la Batalla de Stalingrado, era el que tenía un despliegue más débil y peligroso de cara al enemigo. Guardando un frente de 300 kilómetros, había un soldado italiano cada 7 metros. Para soportar el invierno, el 90% de las tropas estaban abrigadas con imitaciones de lana o ropas civiles enviadas por familiares y colectas en Italia, lo mismo que el alimento que traían desde tan lejos como pan, harina, castañas o higos secos. Tanto el hambre como el frío habían hecho mella en los hombres, surgiendo dentro del VIII Ejército Italiano un disputado mercado negro “estraperlo”. No obstante, salvo por estos inconvenientes, la moral italiana era buena, ya que las tropas al fin y al cabo vivían cómodamente en las cabañas rusas o las isbas de la estepa que protegían muy bien del frío. De hecho las tropas italianas mantenían estrechas relaciones con la población local rusa del campo, especialmente los soldados de origen campesino procedentesde Sicilia o Piamonte. Entre los intercambios que se hacían estaban los regalos de galletas o panes unos a otros, e incluso en ocasiones los piamonteses y sicilianos junto con los civiles rusos exclamaban en conversaciones: “Mussolini kaputt” y “Stalin kapput”, en rechazo a ambos líderes nacionales.

Soldados italianos “Bersaglieri” intentan escapar del embolsamiento del Ejército Rojo al VIII Ejército Italiano durante la Operación Saturno.

Cuando de nuevo todo parecía ir bien para los alemanes en el Frente del Don, a punto ya de liberar a sus camaradas del VI Ejército en el cerco de Stalingrado, los soviéticos inesperadamente lanzaron una ofensiva llamada “Operación Saturno” contra el sector del VIII Ejército Italiano. El 16 Diciembre de 1942, el I Ejército de Guardias, el V Ejército Blindado y el XXI Ejército Soviético atacaron al solitario VIII Ejército Italiano en el Frente Sudoccidental de Stalingrado. La 13ª División de Infantería “Ravenna” y 5ª División de Infantería “Cosseria” de los italianos fueron las primeras en enfrentarse a la embestida soviética de primera línea, resultando ambas arrolladas a pesar de haber opuesto resistencia con determinación. Al día siguiente, el 17 de Diciembre, los tres ejércitos soviéticos avanzaron tan rápido que pasaron por encima de las Divisiones “Pasuvio”, “Torino”, “Celere Amadeo Duque de Aosta”, “Sforzesca” y la 298ª División Italo-Alemana, quedando todas fuera de combate con grandes pérdidas entre sus filas. Apenas pudieron hacer nada los débiles blindados italianos contra los T-34 soviéticos, resultando 28 de sus tanquetas destruidas durante el enfrentamiento. Dos días después, el 19, los soviéticos expulsaron a los italianos de Kantemirovka y dejaron a todo el Cuerpo Alpino embolsado en un cerco parecido al del VI Ejército Alemán. Pero el mayor desastre no tuvo lugar hasta el 21 de Diciembre, cuando, las dos alas del Ejército Rojo se unieron en Millerovo y Diogtevo, cerrando de esa manera una nueva bolsa en Stalingrado, esta vez con el VIII Ejército Italiano en el interior y más de 100.000 tropas italianas de las Divisiones “Ravenna”, “Celere” y “Sforzesca”.

Con el cerco al VIII Eército Italiano y roto el Frente Sudoccidental, todas las fuerzas en ayuda de Stalingrado y el Cáucaso quedaron expuestas y amenazadas, además de haberse echado por tierra cualquier intento de liberar la ciudad del Volga. No obstante Hitler decidió seguir adelante con el IV Panzerarmee de Hoth que en aquel momento avanzaba bajo una fuerte ventisca y una encarnizada oposición de los ejércitos soviéticos. Mientras tanto los transportes a Stalingrado seguían abasteciendo la urbe diariamente con el envío de 289 toneladas de suministros el 21, aunque poco a poco se fueron redujendo. Pero las cosas todavía se pusieron peor cuando el IV Panzerarmee sufrió una inesperada derrota sobre el Río Mishkova después de que murieran 1.100 alemanes de la 6ª División Panzer que luchaban por abrirse paso hacia la ciudad sitiada. Aquel fue el máximo avance de la ofensiva alemana que debía alcanzar Stalingrado antes de que se frenase definitivamente en Verkhene-Kumskaia. Por aquel entonces los sovieticos ya habían preparado la segunda parte de la “Operación Saturno” encaminada a rechazar al IV Panzerarmme de Hoth en el Río Mishkova mediante un ataque frontal del II Ejército de Guardias y otro desde el flanco oriental con el LI Ejército.

Repentinamente la contraofensiva soviética se inició el 23 de Diciembre a las 5:20 horas de la noche contra el aeródromo de Skassirkaia, cuando sin previo aviso unos tanques T-34 se presentaron a las afueras del campo de aviación. Alertada la Luftwaffe ordenó despegar a los 180 aparatos que se encontraban reposando en la instalación, pero la advertencia se emitió demasiado tarde porque los T-34 en cuestión de segundos irrumpieron en las pistas. La mayoría de Junkers Ju 52 arrancaron sus motores e intentaron despegar como pudieron, siendo muchos de estos alcanzados por las torretas de los blindados en el momento que levantaban las ruedas del suelo y pulverizados en el aire. Otros con peor suerte chocaron en la pista o ardieron en sus hangares. Incluso uno de los Junkers Ju 52 se estrelló con uno de los T-34, quedando ambos desintegrados y las dos tripulaciones muertas, tanto de los pilotos alemanes del avión como los carristas rusos del tanque. Finalizada la incursión, 108 aviones habían conseguido escapar y otros 72 habían sido destruidos destruidos, una cifra enorme que equivalía al 10% de toda la flota de transporte de la Luftwaffe.

Italianos en el cerco de Stalingrado intentan escapar en un transporte aéreo Savoia SM 81 inútilmente debido al congelamiento y a la nieve.

Dentro de Stalingrado las condiciones se volvieron pésimas aquel invierno para los soldados cercados y se convirtieron en una auténtica pesadilla. Los alemanes padecían de disentería, hambre, piojos y vivían en la más triste inmundicia bajo sus escondites de nieve conviviendo con las ratas. Las temperaturas descendieron drásticamente hasta los -30º y -40º grados bajo cero, los congelamientos se hicieron comunes y las muertes por frío aumentaron debido a la falta de estufas, lo que obligó a quemar toda la medera y restos de objetos como los cuerpos humanos de los muertos para entrar en calor. Sin embargo el enemigo más temido no eran los rusos, sino el hambre. Inesperadamente en Diciembre se registró una cifra muy alta de fallecidos por inanición debido a la reducción de pan diario de los 200 a 100 gramos, situación que llevó a muchos hombres del VI Ejército a comerse sus caballos para luego pasar al canibalismo de sus camaradas muertos. Ni siquiera los paquetes de la Luftwaffe eran suficientes para satisfacer las necesidades básicas porque únicamente los aviones soltaban a los sitiados 94 toneladas de víveres al día, cifra sietes veces inferior al promedio necesario. Esto era debido a que los vuelos tuvieron que reducirse notablemente debido a que los motores se congelaban de manera constante y las pistas quedaban invadidas por toneladas de nieve. Respecto al personal en espera de ser evacuado pronto comenzaron las peleas por ver quién subía antes a un avión. De hecho, los soldados estaban tan desesperados por volver a casa que muchos se aferraban a las ruedas y alas de los aviones mientras cogían velocidad para despegar, lo que inevitablemente provocaba su descuelgue en cuanto el aparato tomaba altura y los individuos se soltaban y se mataban estampándose contra el suelo. Peor todavía lo pasaban los heridos moribundos a la espera de la muerte, pues al no existir capacidad para evacuar a los afectados graves debido a que ocupaban demasiado espacio con las camillas, sólo se admitía subir a bordo a los leves o más sanos. Eso facilitó que se cometieran casos de heridas autoinfligidas, lo que generó ejecuciones por parte de la Gendarmería Alemana (Felgendarmerie) que llegó a cumplir 364 condenas a muerte, sin contar aquellos que se lanzaban contra los aviones para intentar escapar. Pero si los alemanes estaban mal, la situación no era mejor para los 3.500 prisioneros soviéticos en Gumrak y Voroponovo, que encerrados en la bolsa junto a los alemanes, morían a 20 por día de hambre y frío. No obstante, el momento más triste de la bolsa, fue sin duda la Navidad y el Año Nuevo que tuvieron que vivir los soldados del VI Ejército Alemán, que a pesar de la nostalgia tan lejos de casa, aún sacaron fuerzas para hacerse regalos de comida entre ellos y colocar arbolillos navideños. Desde Alemania todo el mundo empezó a percibir el inevitable fin del VI Ejército y espontáneamente se solidarizó con él. Hitler por ejemplo prohibió el champán y el coñac en su cuartel general. El Ministro de Industria Albert Speer también se puso a dieta perdiendo 12 kilogramos, ya que tenía a su hijo entre los sitiados, Ernst Speer, el cual rechazó un salvoconducto que le ofreció su padre alegando de manera ejemplar que los heridos más graves debían ser evacuados antes y no él (poco después moriría).

Fuera del cerco del VIII Ejército Italiano, las divisiones supervivientes comenzaron la penosa retirada a través de la estapa intentando llegar a una base segura en retaguardia mientras por detrás eran perseguidos por el Ejército Rojo y por delante acosados por los partisanos. El 26 las Divisiones “Pasubio” y “Torino” fueron embolsadas tras la toma de Chertkovo y el 28 los soviéticos se hicieron con Skassirkaia. Tristemente los italianos, acompañados por algunos rumanos, avanzaron a paso lento, cayendo congelados en la nieve o desfallecidos por las heridas, siendo ametrallados en todo momento por aviones en vuelo rasante y acosados por las vanguardias soviéticas. En ocasiones veían vehículos alemanes pasar y les suplicaban que les dejasen subir a sus heridos, algo a lo que se negaban los germanos llegando a amenazar con la bayoneta a sus propios aliados, ya fuesen italianos o rumanos. Por las noches, los partisanos se infiltraban en las isbas y sorprendían a decenas de tropas italianas en la cama que hacían prisioneros. Pero asombrosamente la población civil rusa tenía tanto cariño por los italianos que les ofrecían cobijo en su casa o les alimentaban, incluso en algunos casos los escondieron durante todo el conflicto, llegando a formalizarse matrimonios en la postguerra entre italianos y mujeres rusas.

Durísimos combates alredededor de la bolsa de Stalingrado entre los soldados del Ejército Rojo y el VI Ejército Alemán. En la imagen se combate entre las trincheras con granadas, mientras en el cielo cazabombarderos soviéticos Ilusyin II-2 sobrevuelan el campo de batalla . Un Stuka se encuentra estrellado en el suelo.

Todo el plan alemán de liberar Stalingrado quedó echo añicos con el derrumbe del VIII Ejército Italiano, con la destrucción de las últimas fuerzas rumana y con la “Operación Saturno” presionando al IV Panzerarmee. Probablemente en este punto de la batalla Hitler tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de la guerra: abandonar al VI Ejército Alemán en la ciudad del Volga. Al fin y al cabo insistir en liberar Stalingrado sólo acabaría en una tragedia mayor. Así pues, el 30 de Diciembre de 1942, las fuerzas germano-rumanas del IV Panzerarmee iniciaron la retirada dejando atrás una auténtica muralla de varios ejércitos soviéticos alrededor de Stalingrado. La suerte de cientos de miles de vidas en la ciudad estaba echada.

Curiosamente y prefiriendo evitar una matanza inútil para ambos bandos después de haber finalizado con éxito la retirada del IV Panzerarmee, el general Zhukov ofreció a Von Paulus a través de tres emisarios con bandera blanca una rendición aceptable el 8 de Enero de 1943. Antes de tomar una decisión por cuenta propia, Paulus habló por radio con Hitler para obtener autorización, algo a lo que el Führer se negó rotundamente. Como respuesta por la contestación negativa de Paulus, el Ejército Rojo bombardeó con más de 5.000 cañones la ciudad y lanzó un poderoso asalto de infantería que desalojó a los alemanes de las zonas urbanas circundantes de Krovzov, Zybenko, Dmitrevka y Karpovka. Esta operación concluida poco antes de la primera mitad de Enero, dejó al 80% de Stalingrado en manos soviéticas.

Operación Anillo

“Kolsto”, también conocida como “Operación Anillo”, una misión encaminada a estrechar el cerco sobre Stalingrado comenzó el 10 de Enero de 1943 a las 8:05 horas con un bombardeo previo de 7.000 piezas de artillería, morteros y Katyusha que duró 55 minutos. El Saliente de Marinovka fue el primer objetivo asaltado por el Ejército Rojo, concretamente por los XXI y LXV Ejércitos Soviéticos apoyados por el XVI Ejército del Aire; mientras que del lado contrario los defensores eran las 3ª y 9ª Divisiones de Infantería Alemanas y la 44ª División de Infantería Austriaca. Con facilidad las 3ª y 9ª Divisiones de Infantería Motorizadas fueron neutralizadas y la 44ª División de Infantería Austriaca derrotada, aunque sendos cuerpos soviéticos no pudieron avanzar más allá de estas posiciones. Al mismo tiempo en el sector norte reservado al LXVI Ejército Soviético, los rusos fracasaron al ser rechazados por los soldados de la 60ª División de Infantería Motorizada y la 16ª División Panzer. Más al sur de la bolsa el LXIV Ejército Soviético se lanzó al asalto contra el XI Cuerpo Rumano y a la 297ª División de Infantería Alemana cosechando un nuevo fracaso, ya que tanto alemanes como rumanos rechazaron a los rusos una y otra vez.

Al pasar del fiasco soviético la primera jornada de la ofensiva, al día siguiente, 11 de Enero, el Ejército Rojo recapturó Marinovka y Karpovka matando en el asalto 1.600 soldados alemanes a costa de unas pérdidas propias 20 veces más altas, ya que 26.000 soldados soviéticos murieron en poco más de 24 horas debido a la fanática resistencia de los cercados. Por suerte las noticias para los rusos fueron mejores el 12 de Enero tras la conquista del Saliente de Karpovka por los XXI y LXV Ejércitos Soviéticos. Pero el mejor sabor de boca lo dejó la venganza que se cobró el LXII Ejército Soviético de Chuikov, que tras cinco meses de asedio en la ciudad, el 13 de Enero sorprendió a los alemanes dentro de Stalingrado reconquistando varios edificios y calles, además de causar elevadas bajas a la 100ª División de Cazadores Austriacos y la 305ª División de Infantería Alemana.

Tanques soviéticos T-34 destruidos en la estepa por los alemanes al principio de la “Operación Anillo”. Imagen del film Stalingrado.

Junto con la “Operación Anillo”, la “Operación Saturno” todavía continuaba más al norte alrededor del cerco del VIII Ejército Italiano. Así pues, para debilitar más aún el frente del Eje, el 13 de Enero el Ejército Rojo lanzó una ofensiva sorpresa contra el II Ejército Húngaro. Estupefactos por el ataque, los húngaros resistieron estoicamente en una línea situada entre Mitrofanovka y Kantemirovka durante horas. No obstante la ofensiva soviética fue tan contundente que rápidamente las posiciones magiares fueron arrolladas. Aquella fugaz e inesperada derrota húngara, dejó una tercera bolsa para el Eje en la Batalla de Stalingrado, esta vez con el II Ejército Húngaro encerrado entre el norte del Río Don y el área comprendida en torno a Svoboda.

Próximos a los húngaros, los italianos del Cuerpo Alpino fueron machacados el 14 de Enero por los soviéticos, los cuales destruyeron a las Divisiones “Julia” y “Cunnense” en las afueras. La única fuerza que en su totalidad sobrevivió a la tragedia del VIII Ejército Italiano fue la 2ª División Alpina “Tridentina” con 40.000 hombres, quienes lograron resistir a los rusos en unas condiciones muy rudimentarias rechazando al Ejército Rojo todas las veces. No obstante a diferencia de los italianos, los húngaros que todavía carecían de muchos más medios no pudieron aguantar la presión y en cuestión de pocos días gran parte del II Ejército Húngaro se derrumbó y fue casi virtualmente destruido. Únicamente un reducido grupo de fuerzas húngaras pudo escapar del cerco de Svoboda para unirse a los italianos de la 2ª División Alpina “Tridentina” en retirada y que finalmente se pondría a salvo.

Soldados húngaros con carretas y coches huyendo tras la embestida del Ejército Rojo al II Ejército Húngaro que se encontraba entre el Frente de Stalingrado y el Frente de Voronezh.

Más al sur de la bolsa ítalo-húngara, los alemanes recibieron su golpe más duro el 15 de Enero cuando los rusos conquistaron el aeródromo de Pitomnik, aunque fracasaron a la hora de capturar los Messerschmitt Bf 109 y Stukas en la pista que en el último instante escaparon hacia el aeropuerto de Gumrak; logrando únicamente el Ejército Rojo hacerse con varios Focke Wulf Fw 200 Condor y el hospital con heridos, a los cuales asesinaron. Para esas mismas fechas los soviéticos destruyeron a la 376ª División de Infantería Alemana, lo que advirtió al resto de divisiones enfrentarse directamente con ellos, por lo que se replegaron hacia el este de la bolsa. Precisamente cuanto más al interior, más fácil era defenderse, como demostró la 9ª División Antiaérea de la Luftwaffe al anotarse la destrucción de 15 tanques soviéticos con los últimos cañones disponibles. Pero pronto los alemanes volvería a desilusionarse con el nuevo fiasco ocurrido el 18 de Enero, una jornada que sería recordada tristemente para la Luftwaffe, después de que oleadas de cazas y bombarderos soviéticos destruyeran a 50 aviones Junkers Ju 52 en Gumrak que no pudieron escapar debido a que sus trenes estaban enterrados en la nieve.

Podgornoye pronto centraría la atención de la batalla para el VIII Ejército Italiano en retirada, después de que el 18 de Enero los rusos arrebataran a los latinos las vecinas localidades de Popovka, Postoiali y Olichovotka, muy próximas al último gran bastión italiano de Podgornoye, que inmediatamente empezó a ser bombardeado. Dicha ciudad era lo más parecido al caos, ya que las isbas estaban completas con italianos hacinados y las concurridas calles saturadas de mulas, caballos, carruajes, trineos, camiones, cañones y otros materiales de uso bélico. Tal era la anarquía que nadie obedecía órdenes, las tiendas de coñac eran asaltadas por centenares de borrachos, los almacenes se encontraban ardiendo y los depósitos de municiones explosionaban al mínimo contacto con el fuego, algo que derivó en grandes atascos de vehículos, mulos enloquecidos y camiones volcados por violentos. A los 30.000 italianos que vagaban sin rumbo se les echó una avalancha de millares de húngaros desarmados en retirada procedentes del sector oriental. Sin embargo, a pesar de aquel derrumbe, cuando los soviéticos atacaron Podgornoye, los italianos y húngaros resistieron con todo lo que tuvieron, logrando repeler con sus escasos medios a los tanques a los T-34 rusos y e incluso las tropas alpinas consiguiendo recapturar temporalmente las localidades de Scororib y Postoiali. Aquel éxito inesperado permitió que todas las tropas del Eje en Podgornoye pudieran reagruparse e iniciar una retirada más ordenada para escapar. Gracias a ello, cuando finalmente, el 20 de Enero los rusos conquistaron Novo Charkovka, Novo Postoialovka, Kopani, Valuiki y Podgornoye, todas se encontraban vacías porque los ítalo-húngaros habían huído.

Unas pocas tropas de caballería italiana escapando del cerco al VIII Ejército Italiano en el Frente del Don con una heroica carga y la bandera de Italia en mano.

Al caer la noche del 20 de Enero se reanudó la ofensiva del Ejército Rojo contra la bolsa del “Kessel”, tomando el LXV Ejército Soviético la localidad Gonchara. Dos días más tarde, el 22, los rusos inutilizaron el aeropuerto de Gumrak mediante un bombardero, lo que obligó a los alemanes a abrir un nuevo aeródromo en Stalingradski, aunque mucho más rudimentario. Esa misma jornada la 297ª División de Infantería Alemana fue expulsada de Voroponovo, viéndose presionada por las vanguardias enemigas hasta establecerse el día 23 al sur de Stalingrado, donde recibió otros tres asaltos frontales de los rusos que las tropas alemanas milagrosamente aguantaron con simples rifles, subfusiles y pistolas hasta la 9:30 de la mañana, hora en que de nuevo tuvo que escapar otra vez hacia el interior de la bolsa. Irremediablemente ese mismo día el aeródromo de Gumrak fue finalmente conquistado por el Ejército Rojo, cuyas tropas nada más hacerse con la instalación asesinaron a 500 enfermos, dos camilleros y un capellán del hospital de campaña. Otros 50.000 heridos también fueron abandonados por toda la geografía circundante en torno a Stalingrado dentro de subterráneos, estaciones de tren, silos de cereales y los más ingeniosos lugares hasta su posterior captura y en la mayoría de veces asesinato.

Al día siguiente de la captura de Gumrak, el 24 de Enero de 1943, todas las fuerzas del Eje en la bolsa de Stalingrado se habían replegado hacia la ciudad del Volga abandonando la helada estepa y las llanuras circundantes. Stalingrado por aquel entonces se encontraba atestado de personas que convivían hacinadas expuestas a temperaturas árticas, los congelamientos y la inanición, una situación de riesgo sobretodo para los 40.000 heridos, entre los que había 20.000 graves y 600 críticos. Una vez más las raciones disminuyeron exageradamente a 200 gramos de carne, 75 gramos de pan, 12 gramos de grasas, 11 gramos de azúcar y un cigarrillo diario. Pronto los nuevos soldados venidos de fuera adquirieron un aspecto similar a los del interior con la clásica cara amarillenta verdosa afectada por las enfermedades, los piojos paseándose por el cuerpo y la falta de calorías que impedía a muchos mantenerse en pie y por tanto menos aún estar operativo para entrar en combate.

Para el 25 de Enero de 1943, la muy castigada 297ª División de Infantería Alemana definitivamente se rindió a los soviéticos entregándose con los efectivos que todavía conservaba en la desembocadura del Río Tsaritsa. Aquel día, la inolvidable montaña del Mamev Kurgan que tanta sangre había costado a los alemanes tomar en verano, volvió a caer en manos soviéticas cuando la reconquistó el XXI Ejército Soviético el 26 de Enero. La pérdida del Mamev Kurgan significó que las fuerzas alemanas estacionadas en la ciudad quedaran divididas en dos partes: una bolsa grande al norte y otra bolsa más pequeña al sur. Este giro de los acontecimientos tan inesperado para Von Paulus, obligó a trasladar el cuartel general del VI Ejército Alemán a los Almacenes Univermag de la Plaza Roja, mucho más protegidos contra las bombas y más fáciles de defender.

Una encarnizada lucha sobre la estepa de Stalingrado en la que intervienen soldados rusos enfrentándose a los soldados alemanes y a un tanque Panzer PzKpfw III. En el cielo se divisa un avión soviético Ilushyn II-2 cayendo derribado.

Respecto a la suerte de los italianos durante la Batalla de Stalingrado la fortuna les sonrió algo más que no con los alemanes. Una prueba de ello ocurrió cuando el 26 de Enero la 2ª División “Tridentina” embolsada desde hacía días en el Río Don, rompió inesperadamente el cerco soviético sobre el sector de Nikolayevka que anillaba al VIII Ejército Italiano en torno a un área de 50 kilómetros. Abierta la brecha hacia la libertad, los alpinos italianos escaparon junto a algunos húngaros que se unieron a la marcha a través de la estepa bajo una ventisca de nieve de -30ºC y -40ºC grados bajo cero. La ruta que siguieron supuso una pesadilla para ambos a lo largo de pueblos como Sceliakino, Nikitovka, Uspenska y la barrera soviética de Arnautovo, esta última rebasada y superada por los aguerridos alpinos de Val Chiese. Aunque la acción de los italianos era algo casi imposible dentro de las artes militares, milagrosamente los sitiados del VIII Ejército Italiano lo consiguieron y a diferencia del VI Ejército Alemán muchos de sus integrantes pudieron salvar la vida. Una de las primeras en llegar a líneas seguras del Eje entre la frontera de Rusia con Ucrania fue la 2ª División Alpina “Tridentina”, imitada poco después por el resto de fuerzas italianas que tras una exhaustiva marcha de 700 kilómetros a pie por la estepa invernal, terminaron su trayecto en las plazas de Slobin y Gomel. Durante aquella operación de evasión pudieron salvarse del cautiverio un total de 37.000 soldados (20.000 italianos y 17.000 húngaros) a costa de fallecer en el trayecto 8.550 tropas italianas. Como premio por haber sobrevivido a este infierno, el Duce Benito Mussolini autorizó a sus veteranos regresar a Italia, bastando únicamente 17 trenes para repatriarlos, cifra llamativa teniendo en cuenta los 200 trenes que habían sido necesarios para llevarlos a Rusia antes de la batalla.

Rendición de Stalingrado

Durante los últimos días de Enero, el Ejército Rojo llevó a cabo el asalto sobre los Almacenes Univermag de Stalingrado, uno de los últimos reductos del VI Ejército en la ciudad. Asombrosamente y a pesar de las pésimas condiciones salubres y materiales en las que se encontraban, los alemanes resistieron todos los ataques. Sólamente cuando se les acabaron las municiones, una vez agotadas todas las cajas, aceptaron la propuesta de rendición del Ejército Rojo y sus defensores salieron de los escondites con los brazos en alto, tirando sus armas a un rincón y formando en filas ante sus captores para que los registraran.

Desde el cuartel general y queriendo evitar derrotismos, el 30 de Enero Hitler otorgó al general Friedrich Von Paulus el rango de mariscal de campo. La intención del Führer respecto al ascenso de Von Paulus era claramente para incitarle al suicidio, un acto que lo convertiría en un “mártir” propagandístico con la intención de cosechar en la imagen del público un mito heroico acerca de los militares alemanes. Sin embargo el nuevo mariscal no sólo optó por no matarse él mismo, sino que prohibió expresamente a todos los oficiales cometer actos de suicidio. Supuestamente aquella actitud inesperada de Von Paulus fue en venganza hacia Hitler por haber abandonado a sus hombres en Stalingrado.

El último asalto soviético sobre la Fabrica de Tractores de Stalingrado para desalojar a los alemanes.

Por fin el 31 de Enero de 1942, el LXIV Ejército Soviético del general Mikhail Shumilov lanzó la última gran ofensiva sobre el centro de Stalingrado y contra los pocos edificios controlados por los alemanes en la Plaza Roja. Sin embargo muchos rusos morirían inútilmente en el asalto, ya que no sabían que justo en ese instante el mariscal Friedrich Von Paulus se encontraba viajando en un coche junto al teniente de la NKVD, Lev Beziminski, para formalizar su rendición y la de sus hombres. Así pues, a 80 kilómetros de Stalingrado en la localidad de Zavarakino, Paulus se entrevistó con los generales soviéticos Semyon Timoshenko, Konstantin Rokossovski, Nikolai Voronov y el coronel Konstantin Telegin. Nada más sentarse en la mesa los rusos exigieron la rendición del VI Ejército, aunque Paulus les comunicó que por el momento sólo se rendía él, ya que aunque emitiera a sus hombres la orden de rendirse, estos no lo harían hasta que ellos quisieran. Inútilmente los soviéticos intentaron insistirle, pero como no estaba en manos del mariscal no consiguieron nada. Lo único que ganaron aquellos generales fue una victoria propagandística al inmortalizar junto a Von Paulus en una fotografía que realizó el cineasta ruso Roman Karmen.

Hasta el 1 de Febrero de 1943, los alemanes sitiados en las dos bolsas de la ciudad no recibieron la noticia de la rendición de su general a los rusos, unos con pena y otros con alegría con tal de que terminara aquel infierno ya. Los oficiales alemanes y rumanos al fin se decidieron a emitir las órdenes necesarias a los soldados para proceder a entregarse a los soviéticos. Casi de manera simultánea, desde todos los rincones y escondites de la ciudad empezaron a salir soldados con los brazos en alto y banderas blancas. Con cierta cautela los rusos les hicieron identificarse, luego les registraron y por último en columnas empezaron a llevarles a los campos de prisioneros. Algunos decidieron resistir hasta la última bala, como fue el caso de algunos alemanes y croatas en la Fábrica de Tractores y otros lugares de la ciudad que lucharon hasta su completa aniquilación. Los colaboracionistas rusos fueron los únicos que no se rindieron, ya que prefirieron vestirse con ropa civil para intentar escapar hacia Ucrania a través de la estepa, siendo en el intento la mayoría capturados y ejecutados por el Ejército Rojo tras acusarles de traidores. Cuando por fin todo el VI Ejército Alemán se capituló en la ciudad junto al XI Cuerpo Rumano y al 369º Regimiento Croata, los prisioneros ascendieron a un total de 91.000 soldados del Eje.

Últimas instancias de la batalla antes de terminar el 1 de Febrero de 1943. En la imagen se distingue la ciudad en llamas. A la izquierda hay filas de prisioneros alemanes, aunque pueden verse aún combates sobre el terreno y en el cielo.

El 2 de Febrero de 1943, un avión de reconocimiento de la Luftwaffe sobrevoló Stalingrado. Como casi siempre en aquellas latitudes el día era nublado a primera hora, por lo menos hasta que las nubes se retiraron del objetivo dejando ver un Sol radiante que con increíble belleza hizo contrastar el blanco helado de la estepa con el luminoso azul del cielo. Según pudo atestiguar el piloto tras realizar varias pasadas sobre la ciudad sin encontrar indicios de lucha entre los edificios, el aviador comunicó el siguiente mensaje: “En Stalingrado, ningún signo de combate”. Stalingrado, la batalla más grande de la Historia, había terminado para siempre.

Conclusión

Tras la cruenta batalla, la ciudad de Stalingrado amaneció bajo un silencio sepulcral, cubierta por unos edificios convertidos en esqueletos y bloqueada por calles atestadas de escombros y ruinas. Por todas partes se apilaban cadáveres de casi dos millones de soldados soviéticos, alemanes, rumanos, italianos, húngaros y croatas, muchos de ellos descubiertos tras el deshielo del Volga, que tétricamente dejó mostrar sobre su superficie centenares de cuerpos flotando y restos de barcos fantasma. Las viviendas de los obreros, antaño llenas de vida, habían desaparecido bajo el polvo, aunque al menos 10.000 de sus habitantes originarios se encontraban con vida gracias a los escondites fabricados bajo tierra, en las alcantarillas o cuevas. Según la información recopilada tras la batalla, un 99% de la ciudad estaba arrasada con la consiguiente destrucción de más de 41.000 casas, 300 fábricas y 113 hospitales y escuelas.

Nada más terminar la Batalla de Stalingrado, Estados Unidos envió ayuda material y humana para reconstruir la ciudad. Todo los supervivientes trabajaron, incluyendo huérfanos y ciudadanos, durante un vertiginoso desescombro en el que todavía se irían encontrando miles de cadáveres a lo largo de todo el siglo XX y principios del XXI. La única estructura que permaneció en pie dentro de Stalingrado fue la Fuente de Barmaley, un monumento llamativo por albergar las estatuas de unos niños bailando alrededor de cocodrilos, cuyos rostros parecían ser los únicos testigos verdaderos de lo ocurrido.

Prisioneros alemanes son llevados a Beketovka escoltados por tanques KV1 y centinelas soviéticos.

Trágico fue el destino de los 91.000 prisioneros del Eje, llevados desde el primer instante de su captura en un largo caminar por la nieve con temperaturas de -25ºC y -30ºC grados bajo cero hasta el campo de concentración de Beketovka. Durante el trayecto conocido como la “marcha de la muerte” fallecieron 40.000 de los capturados, casi el 45%. Dentro de la misma Stalingrado sólo se quedaron 3.500 de los prisioneros tras ser seleccionados para reconstruir la ciudad; permaneciendo el resto en Beketovka, donde la tasa de mortalidad altísima por culpa del hambre, las venganzas de los centinelas rusos o las epidemias de tifus, disentería, icteria, difteria, escorbuto, tuberculosis, hidropesía o malaria, que dejaron un rastro de 15.000 muertos. Todavía lo pasaron peor los enfermos o heridos tras ser alojados en hospitales de campaña a la orilla del Río Tsaritsa bajo unas condiciones infrahumanas sin comida y con el agua contaminada. Cuando por fin terminó la pesadilla de Beketovka, los cautivos serían enviados a Asia Central y otros lugares de Rusia para ser distribuidos en campos de concentración y gulags como los de Lunovo, Suzdal, Krasnogorsk, Yelabuga, Bekedal, Usman, Astrakán, Basianovski, Oranki y Karaganda. Los prisioneros del Eje capturados en Stalingrado estuvieron toda la Segunda Guerra Mundial en los campos de concentración soviéticos, muriendo un 90% del total. No fue hasta después de la contienda, cuando en 1945 empezaron a ser liberados algunos, aunque la mayoría todavía permanecerían mucho más tiempo, salvo en 1950 que se hizo una excepción con 50.000 de los cautivos. Cuando en 1953 Iósif Stalin falleció por enfermedad y el reformista Nikita Jruschov adquirió gran poder dentro del Partido Comunista Soviético, todos los prisioneros de Stalingrado sin excepción, 2.000 por aquel entonces, regresaron a Alemania, Rumanía, Hungría e Italia después de 14 años de cautiverio para reunirse de una vez por todas con sus familias.

La Batalla de Stalingrado fue la masacre más grande de la Historia de la Humanidad, algo inédito hasta la fecha. Aproximadamente 2 millones de personas perdieron la vida, convirtiéndose sin duda el suceso armado en el más trágico que había vivido el Planeta Tierra hasta ese momento.

Bandera soviética victoriosa ondeando sobre la recién reconquistada Plaza Roja de Stalingrado.

La Unión Soviética fue la gran vencedora de la Batalla Stalingrado, a pesar de que el triunfo supusiera unas pérdidas humanas y materiales de magnitudes gigantescas. Durante el enfrentamiento murieron más de 1.200.000 soldados soviéticos (1.100.000 militares, 50.000 civiles y 13.000 ejecutados por la NKVD) y hubo otros 650.878 heridos. También las pérdidas materiales fueron altísimas, incluyendo un total de 4.341 tanques y 15.728 cañones destruidos, además de resultar 4.088 aviones derribados.

El Eje fue el gran derrotado de la Batalla de Stalingrado, cosechando el mayor desastre de la Segunda Guerra Mundial hasta la fecha, lo que sin duda varió el curso de la contienda. Cinco ejércitos fueron destruidos: el VI Ejército Alemán, el III Ejército Rumano, el IV Ejército Rumano, el VIII Ejército Italiano y el II Ejército Húngaro, además de resultar seriamente dañado el IV Panzerarmee y ser aniquilado el 373º Regimiento Croata. Respecto a las muertos las tropas del Eje sumaron los 800.000 soldados fallecidos incluyendo todas las nacionalidades, entre estos 400.000 alemanes y austriacos, 200.000 rumanos, 130.000 italianos, 120.000 húngaros, 50.000 rusos blancos y 1.000 croatas. A nivel material las pérdidas también fueron desalentadoras con un total de 500 tanques y 6.000 cañones destruidos, además de 900 aviones abatidos (827 alemanes y 73 rumanos).

Muertos en Stalingrado:
Unión Soviética = 1.200.000
Alemania = 400.000
Rumanía = 200.000
Italia = 130.000
Hungría = 120.000
Rusia Blanca = 50.000
Croacia = 1.000
TOTAL = 2.000.000

Con el fin de la Batalla de Stalingrado se terminó la hegemonia del Eje en todos los frentes. Aquel Febrero de 1943 no sólo el Frente del Este cambió a favor de los soviéticos, sino que el 9 de ese mismo mes, una semana después de la batalla, ocurría un nuevo “Stalingrado” para Japón en el Frente del Pacífico durante la Batalla de Guadalcanal que modificó la situación de ese escenario en favor de Estados Unidos; exactamente igual que simultáneamente les había ocurrido a los Aliados en África con la retirada del Afrika Korps. Tales sucesos obligaron al Eje a definir una de las etapas más tristes de la Segunda Guerra Mundial y de la Historia del Planeta Tierra: la “Guerra Total”. Sin embargo la crueldad desatada por las fuerzas del Eje a partir de este punto de inflexión que decantó la guerra en favor de los Aliados, no serviría para que Alemania se recobrase de la derrota en Stalingrado y mucho menos para evitar su colapso final en 1945.

Fotografía del siglo XXI. Estatua de la mujer con la espada sobre el Mamev Kurgan de 85 metros de alto dedicada a la tragedia de Stalingrado. Desde la colina descienden unas escaleras hasta un hermoso parque con una fuente que simboliza la lucha del soldado soviético y un tranquilo ambiente natural que invita a rememorar a los más de 2 millones de seres humanos caídos durante la batalla más importante de la Historia.

Para conmemorar la terrible tragedia vivida en Stalingrado, las autoridades soviéticas y posteriores tomaron una serie de medidas para salvar la memoria de todos aquellos que cayeron durante la batalla. Primeramente se erigió una estatua de 85 metros de altura sobre el Monte Mamev Kurgan que tantas vidas de soviéticos y alemanes se había cobrado. Poco después el fusil del francotirador Vasili Zaitsev se expuso en el Museo de Stalingrado dedicado a la batalla casi como si se tratase de una reliquia sagrada. Desde Gran Bretaña se entregó a la ciudad del Volga la “Espada de Stalingrado”, un sable que el Rey Jorge VI del Imperio Británico y su corte regalaron a Stalin después de la batalla, antes de que el líder soviético se autoproclamase “Mariscal de la Unión Soviética”, algo que sin duda molestó a generales como Zukhov y Chuikov, ya que al fin y al cabo habían sido ellos junto a sus hombres los verdaderos artífices de la victoria, certeza que sin duda pasaría inadvertida por la propaganda comunista de la época. No obstante la mayor parte de los combatientes rusos no estaban para triunfos heroicos, pues durante los meses siguientes a la batalla estuvieron colgando papeles y escribiendo nombres por las paredes de Stalingrado para poder encontrar a algún ser querido. Tan triste era la realidad que de todos los niños censados en la gran ciudad sólo 9 volverían a reencontrarse con sus padres. Curiosamente cuando acabó la Guerra Fría y cayó la Unión Soviética, Stalingrado cambió su nombre por el de Volgogrado. No obstante, por muchas modificaciones que sufriese su denominación, nadie olvidaría la palabra “Stalingrado” como un referente de tragedia humana que nadie quisiera volver a repetir.

 

Bibliografía:

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