La Batalla de Anzio que se desarrolló en la costa centro-oeste de Italia durante la primera mitad del año 1944, se planificó como un fugaz desembarco de los Aliados para rápidamente dirigirse a conquistar la capital de Roma. Sin embargo y contra todo lo imaginado por las fuerzas estadounidenses y británicas, éstas se verían sometidas a un infernal desgaste por parte de las tropas alemanas y fascistas italianas, librando uno de los combates más duros y sangrientos del teatro mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial.
Plan de los Aliados
La situación de los Aliados en la Península Italiana era pésima a finales de 1943, pues pese a la caída del fascismo de Benito Mussolini y la capitulación del Reino de Italia en Septiembre, las tropas de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Commonwealth que habían desembarcado en Salerno y tomado el puerto de Nápoles, acababan de ser frenadas en seco ante las formidables defensas de la «Línea Gustav». Aquel perímetro fortificado sostenido por el Eje se extendía sobre un terreno montañoso desde el Mar Tirreno hasta el Mar Adriático, en donde las fuerzas norteamericanas quedaron estancadas sobre el curso del Río Liri, mientras que las fuerzas inglesas y coloniales sufrieron el mismo destino en el sector central, librando la durísima Batalla de Montecassino.
Ante la imposibilidad de superar frontalmente la «Línea Gustav», el general Harold Alexander que era responsable del teatro de operaciones en el Mediterráneo, evaluó con el Primer Ministro Winston Churchill y el general Mark Clark del V Ejército Estadounidense, desembarcar a espaldas del inexpugnable perímetro sostenido por el Ejército Alemán. El lugar propuesto fue Anzio, un pueblecito pesquero del Lazio ubicado a tan sólo 56 kilómetros de Roma, el cual podía facilitar una operación anfibia gracias a su baja cota a nivel de mar, a sus extensas playas de arena blanca y a una serie de bosquecillos en los alrededores que impedirían la maniobra inicial del enemigo. La idea era depositar a varias divisiones, la mayoría estadounidenses y en menor medida británicas, cuyas fuerzas tomarían los Montes Albanos, una pequeña cadena montañosa desde donde dominar la capital y la Carretera Nacional Número 6 que enlazaba con Montecassino. Una vez logrado este objetivo los anglo-estadounidenses se apoderarían de la vecina Nettuno, una localidad famosa por sus viñedos y bodegas de la marca «Vini di Castelli», antes de torcer 110 kilómetros hacia el sur rodeando a los alemanes en Cassino y uniéndose al VIII Ejército Británico de Montgomery (aproximadamente diez días después del inicio de la campaña), algo que sin duda permitiría a los Aliados embolsar en dos frentes a las fuerzas del Eje y finalmente conquistar Roma.
El 7 de Enero de 1944 el general Mark Clark organizó una conferencia en el sur de Italia para decidir la viabilidad de un desembarco sobre Anzio, durante la cual estuvieron presentes el contraalmirante Spencer Lewis como planificador naval, el coronel William Hill como jefe de operaciones y el coronel Edward O’Neill como jefe de logística, quienes también contaron con la opinión del general Alfred Gruenther, el contraalmirante Frank Lowry y el coronel Ralph Tate. Ante la imposibilidad de poder reunir a un considerable número de transportes anfibios del modelo LST, la mayoría previstos para ser utilizados en la futura invasión de Normandía o en la Guerra del Pacífico, los responsables terminaron por descartar la idea. Sin embargo al día siguiente en Marruecos, el 7, el Primer Ministro Winston Churchill que estaba de visita en Marrakech, de repente convocó al almirante Andrew Cunningham, al general Alexander Smith y al general Jacob Devers para dar luz verde a la operación y prestar a Clark las barcazas requeridas, siempre bajo la condición de que las devolviese antes de acabar el mes.
Bajo el nombre de «Operación Shingle» o «Guijaro» los Aliados planificaron desembarcar en Anzio con el grueso del V Ejército Estadounidense, cuyo despliegue resultó debilitado sobre la «Línea Gustav» en favor de la nueva misión proyectada sobre el Lazio. De la misma manera también se restaron 71 transportes anfibios LST de otros teatros bélicos, exactamente 56 de Gran Bretaña destinados a la «Operación Overlord» y 15 del Océano Índico que esperaban realizar un desembarco en Birmania, algo que generó cierta preocupación en el general Dwith David Eisenhower, quién por ese entonces veía a la campaña italiana como un escenario secundario debido a que se hallaba volcado en exclusiva en el Día-D.
El general Mark Clark al mando del V Ejército Estadounidense no era el hombre idóneo para desempeñar la «Operación Shingle, pues era demasiado precavido y poco arrojadizo a diferencia del general George Patton, quién para asombro de todos había sido apartado del mando en Italia tras protagonizar un polémico abofeteamiento de un soldado raso en Sicilia. A pesar de todo los Aliados confiaban en su mera superioridad numérica para imponerse a los alemanes debido a que reunieron los siguientes contingentes: el VI Cuerpo Estadounidense liderado por el general John Lucas con la 1ª División Blindada Estadounidense del general Ernest Harmon, la 1ª División de Infantería Británica del general William Penney, la 3ª División de Infantería Estadounidense del general Lucian Truscott, la 5ª División de Infantería Británica del general Philip Gregson Ellis, la 34ª División de Infantería Estadounidense del general Charles Ryder, la 36ª División de Infantería Estadounidense «Texas» del general Fred Walker, la 45ª División de Infantería Estadounidense del general William Eagles, la 56ª División de Infantería Británica «Londres» del general Gerald Templer, la Brigada «del Diablo» Estadounidense-Canadiense del coronel Reuben Henry Tucker y la 6.615th Fuerza de «Rangers» Estadounidense del coronel William Darby; y el II Cuerpo Estadounidense de Reserva encabezado por el general Geoffrey Keyes con la 85ª División de Infantería Estadounidense del general John Coulter y la 88ª División de Infantería Estadounidense del general John Sloan.
Aproximadamente los Aliados desplegaron a un total de 150.000 soldados, 736 tanques, 1.500 cañones, 5.200 vehículos y 334 navíos entre 4 cruceros, 28 destructores, 16 dragaminas, 2 cañoneros, 2 submarinos, 1 portahidroaviones, 2 petroleros, 4 cargueros, 3 remolcadores, 4 buques hospitales, 16 lanchas lanzacohetes y 252 lanchas de desembarco (88 LST, 60 LCT, 96 LCI y 8 LSI).
V Ejército Estadounidense:
VI Cuerpo Estadounidense
-1ª División Blindada Estadounidense
-1ª División de Infantería Británica
-3ª División de Infantería Estadounidense
-5ª División de Infantería Británica
-34ª División de Infantería Estadounidense
-36ª División de Infantería Estadounidense «Texas»
-45ª División de Infantería Estadounidense
-56ª División de Infantería Británica «Londres»
-Brigada «del Diablo» Estadounidense-Canadiense
-6.615th Fuerza de «Rangers» Estadounidense
II Cuerpo de Reserva Estadounidense
-85ª División de Infantería Estadounidense
-88ª División de Infantería Estadounidense
Flota Aliada:
-4 Cruceros = USS Brooklyn (estadounidense), HMS Orion (británico), HMS Penélope (británico) y HMS Spartan (británico)
-28 Destructores = HMS Beaufort (británico), HMS Brecon (británico), HMS Crete (británico), USS Croome (estadounidense), USS Edison (estadounidense), HMS Englefield (británico), USS Frederick Davis (estadounidense), USS Gleaves (estadounidense), USS Herbert Jones (estadounidense), HMS Inglefield (británico), HMS Janus (británico), HMS Jarvis (británico), HMS Kempenfelt (británico), HMS Laforey (británico), HMS Loyal (británico), USS Ludlow (estadounidense), USS Mayo (estadounidense), USS Niblack (estadounidense), HMS Palomares (británico), USS Plunkett (estadounidense), HMS Tenacious (británico), HMS Tetcott (británico),
HMS Themistocles (británico), USS Trippe (estadounidense), HMS Ulster Queen (británico), HMS Urchin (británico), HMS Wilton (británico) y USS Woolsey (estadounidense)
-16 Dragaminas = HMS Bude (británico), HMS Cadmus (británico), USS Dextrous (estadounidense), HMS Fly (británico), USS Pilot (estadounidense), USS Pioneer (estadounidense), USS Portent (estadounidense), USS Prevail (estadounidense), HMS Ready (británico), HMS Rinaldo (británico), HMS Rothsay (británico), USS Strive (estadounidense), HMS Sustain (británico), USS Sway (estadounidense), USS Symbol (estadounidense) y HMS Waterwitch (británico)
-2 Cañoneros = Flores (holandés) y Soemba (holandés)
-2 Submarinos = HMS Ultor (británico) y HMS Uproar (británico)
-1 Portahidroaviones = USS Biscayne (estadounidense)
-2 Petroleros = HMS Barndale (británico) y HMS British Chancellor (británico)
-4 Cargueros = HMS Bulolo (británico), HMS Derbyshire (británico), HMS Glengyle (británico) y Sobieski (polaco)
-3 Remolcadores = USS Evea (estadounidense), USS Edenshaw (estadounidense) y HMS Prosperus (británico)
-4 Buques Hospitales = HMS Leinster (británico), HMS Saint Andrew (británico), HMS Saint Davis (británico) y HMS Saint Julien (británico)
·Total = 66 Navíos
Plan del Eje
Anzio o «Antium», tal y como se denominaba a la antigua capital de la tribu de los volscos en el Lazio, constituyó una de las ciudades que rivalizó con Roma durante las luchas por la supremacía de la Península Italiana hasta que finalmente terminó siendo absorbida por el Imperio Romano en el año 338 a.C.. A tan sólo 56 kilómetros de la «Ciudad Eterna», el enclave se transformó con el paso de las centurias en un simple puerto de pescadores, aunque también en un punto turístico de sol y playa a principios del siglo XX. La época de aparente paz terminó en la Segunda Guerra Mundial, pero especialmente en 1943, cuando los soldados del Ejército Alemán y las milicias fascistas de la República de Saló se instalaron en el lugar para emplazar baterías costeras, requisar casas de los civiles para utilizarlas como barracones, e incluso evacuar a todos los habitantes de los edificios próximos al mar para convertirlos en fortificaciones de cara a un eventual desembarco de los Aliados.
El Grupo de Ejércitos C bajo el mando del mariscal Albrecht Kesselring era el encargado defender el centro de Italia y la propia capital de Roma, incluyendo todas aquellas unidades empeñadas en la «Línea Gustav» y la Batalla de Montecassino, pero también las destinadas en la costa y por supuesto en las inmediaciones de Anzio. Las fuerzas germanas que acudirían a este último sector estarían agrupadas en el IV Ejército Alemán liderado por el general Eberhard Von Mackensen que poseía el siguiente organigrama: el I Cuerpo Paracaidista Alemán dirigido por el general Alfred Schlemm con la 4ª División Paracaidista del general Heinrich Trettner, la 29ª División Panzergrenadier del general Walter Fries, la 65ª División de Infantería del general Hellmuth Pfeifer, la 114ª División de Cazadores del general Karl Eglseer y la 715ª División de Infantería del general Hans-Georg Hildebrandt; y el LXXVI Cuerpo Alemán encabezado por el general Traugott Herr con la División Panzer «Hermann Goering» del general Wilheml Schmalz, la 3ª División Panzergrenadier del general Fritz-Hubert Gräser, la 26ª División Panzer del general Smilo Freiherr Von Lüttwitz, la 71ª División de Infantería del general Wilhelm Raapke y la 362ª División de Infantería del general Heinz Greiner. Simultáneamente el mariscal Rodolfo Graziani que comandaba al Ejército Nacional Republicano de la República Social Italiana concentró en la zona a la 29ª División SS de Granaderos «Italienische» del general Pietro Mannelli, al Regimiento Paracaidista «Folgore» del capitán Corradino Alvino y a la Xª Flotilla MAS del capitán Umberto Bardelli.
Aproximadamente el Eje desplegó a 135.000 soldados y 337 aviones.
Grupo de Ejércitos C:
IV Ejército Alemán
·I Cuerpo Paracaidista
-4ª División Paracaidista
-29ª División Panzergrenadier
-65ª División de Infantería
-114ª División de Cazadores
-715ª División de Infantería
·LXXVI Cuerpo
-División Panzer Alemana «Hermann Goering»
– 3ª División Panzergrenadier
-26ª División Panzer
-71ª División de Infantería
-362ª División de Infantería
·Ejército Nacional Republicano Italiano
-29ª División SS de Granaderos «Italienische»
-Regimiento Paracaidista «Folgore»
-Xª Flotilla MAS
Desembarco de Anzio
A las 1:53 horas de la madrugada del 22 de Enero de 1944, la Flota Aliada procedente del puerto de Nápoles echó anclas ante la costa Anzio con 65 navíos de guerra cargados con personal y material originario de Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda, Canadá y el gobierno exiliado de Polonia. Al poco de desplegarse ante la ciudad pesquera, un par de lanchas británicas dispararon 800 cohetes explosivos contra la urbe que estallaron sin registrarse respuesta alguna por parte de las tropas del Eje, por lo que en torno a las 2:00 horas más de dos centenares de barcazas se dirigieron a la costa y depositaron a millares de soldados anglo-estadounidenses que se dispersaron por la arena. Curiosamente el único incidente lo protagonizó el dragaminas norteamericano USS Portent cuando colisionó con una mina submarina italiana y se fue a pique con ocho marineros muertos y otros nueve heridos.
El desembarco de la primera oleada fue llevado a cabo por la 1ª División de Infantería Británica al norte de Anzio, por la 3ª División de Infantería Estadounidense al sur de la misma y por la 6.615th Fuerza de «Rangers» en la propia ciudad, tomando el casino y a continuación el resto de la urbe. Los únicos alemanes que encontraron fueron una docena de soldados en el patio de una casa que fueron sorprendidos en pijama mientras dormían en sus camas, los cuales tras ser hechos prisioneros manifestaron estar de vacaciones después de haber estado combatiendo en la Batalla de Montecassino. Algo más interior también redujeron unas pocas dotaciones dispersas de pequeñas baterías costeras o armas antiaéreas; mientras que a todos aquellos campesinos locales a los que preguntaron les aseguraron no haber visto un sólo alemán desde hacía días.
Al comenzar la jornada del 22 de Enero de 1944 el día amaneció con un sol radiante, bajas temperaturas y con un techo aéreo sin nubes por encima de los 2.000 metros del altitud, lo que permitió ampliar la cabeza de playa a unos 12 kilómetros de longitud, la cual de norte a sur se extendió desde el Río Moletta hasta el Canal de Mussolini, este último junto a las Marismas Pontinas. Aquel éxito tan sólo fue posible gracias a una frenética actividad con la que se depositó a 36.000 soldados y 3.200 vehículos, aproximadamente el 90%de los previsto, al mismo tiempo en que los ingenieros y trabajadores abrían caminos en las matas del soto mediterráneo e incluso volaban cuatro puentes para evitar posibles contraataque del Eje.
Los alemanes no se enteraron de lo que ocurría en Anzio hasta que una avioneta Fieseler Fi 156 Storch sobrevoló la costa y vio a la Flota Aliada, por lo que a lo largo de todo el día los aparatos de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) bombardearon la cabeza sin mucho éxito debido a que tan sólo hundieron junto a la playa una lancha LCI. De hecho los raids, las minas marinas, las trampas explosivas, la escasa artillería y los tiradores aislados tan sólo infligieron 154 bajas a los anglo-estadounidenses contando 13 muertos, 97 heridos y 44 desaparecidos. Contrariamente éstos últimos últimos hicieron prisioneros a un total de 227 germanos rezagados, sin obviar con que su aviación protagonizó 1.200 incursiones sobre objetivos en la retaguardia, incluyendo el lanzamiento de 2 millones de octavillas de papel sobre Roma.

Ruinas de Anzio siendo tomadas por la infantería estadounidense que desembarca desde los buques en la playa.
En un principio la «Operación Shingle» estaba marchando mucho mejor de lo previsto hasta que de manera inexplicable las dudas asaltaron a los mandos del bando del bando de los Aliados, ya que los generales norteamericanos Mark Clark y John Lucas, ambos extremadamente precavidos, temieron que el hecho de que nadie hubiese salido a recibirles en las playas pudiera tratarse de una trampa para emboscarles. A raíz de este temor injustificado los dos ordenaron detener en seco el avance hacia la capital de Roma, por lo que las tropas anglo-norteamericanas interrumpieron su progreso y comenzaron a cavar trincheras a la altura de la Carretera Nacional Número 6 y los Montes Albanos. Aquella decisión fue una de las más erróneas tomada por un alto mando militar de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, pues por aquel entonces tan sólo había dos batallones en la «Ciudad Eterna» y menos aún reservas con las que poder evitar un envolvimiento total del frente que aislase a todas las divisiones del Eje en la «Línea Gustav».
La reacción del X Ejército Alemán en Roma fue de auténtico pánico en cuanto los altos mandos supieron acerca de la magnitud del desembarco en Anzio, pero al poco de que los anglo-estadounidenses se detuvieran de manera inexplicable, el mariscal Albrecht Kesselring aprovechó aquel milagro de última hora y resolvió la crisis enviando al mayor número de unidades disponibles junto al Lazio, sin tan siquiera tener que sacrificar a las fuerzas que en esos instantes se hallaban desplegadas en la «Línea Gustav» o empeñadas en la Batalla de Montecassino. La mayor parte de estos contingentes, entre los que había buen puñado de batallones de reemplazo en el norte de Italia, fueron movilizados desde Génova, Rimini y Livorno, e incluso de Francia y los Balcanes; sin obviar con que numerosas baterías antiaéreas fueron extraídas de la «Ciudad Eterna» para evitar tener que retirarlas del frente principal en Cassino. Así fue como esa misma tarde los Aliados pasaron de ser una seria amenaza a convertirse en una agrupación completamente sitiada cuando los germanos les dejaron encerrados de espaldas al mar mediante el siguiente despliegue: en el extremo oriental se estacionó la División Panzer «Hermann Goering» sobre Cisterna, en el centro la 3ª División Panzergrenadier sobre las cumbres de los Montes Albanos, y en el extremo occidental la 65ª División de Infantería por detrás del Río Moletta.
A partir de entonces el movimiento de las fuerzas del Eje se limitó a la noche para evitar a la aviación enemiga, mientras que al amanecer siguiente del 23 de Enero fue la Luftwaffe la que apareció sobre las playas de Anzio para atacar a las naves de la Flota Aliada con bombarderos horizontales Heinkel He 111. La primera víctima de estos raids fue el destructor británico HMS Janus cuando fue alcanzado por un misil teleguiado Hensechel Hs 293 y hundido con 150 marineros fallecidos a bordo; al cual le siguió poco después el buque hospital HMS Saint Davis que los alemanes echaron a pique tras ignorar el símbolo de la Cruz Roja, pereciendo 56 personas entre doce tripulantes, veintidós pacientes, veinte sanitarios y dos enfermeras del Cuerpo Médico.
Batalla de Cisterna
Con dos días de retraso, el 24 de Enero de 1944, los Aliados se apresuraron a moverse de la cabeza de puente de Anzio con la intención de avanzar hacia el interior y tomar los Montes Albanos, desde cuyas cimas podrían dominar con su artillería la llanura en dirección a Roma. Así lo hizo la 1ª División de Infantería Británica ocupando Carroceto y enfrentándose por primera vez a unos pocos defensores de la 3ª División Panzergrenadier, a quienes los ingleses lograron vencer y poner en fuga el 25, exactamente la misma jornada en que también se apoderaron de la colonia agrícola fascista de Aprilia, más conocida como «la Granja».
A partir del 26 de Enero una lluvia con granizo y agua nieve paralizó todas las operaciones en Anzio, aunque eso no evitó que durante los breves momentos en los que el cielo clareó los aviones de la Luftwaffe bombardearan las playas, en donde incendiaron varios camiones e hicieron estallar unos cuantos depósitos de municiones. A los tres días, el 29, las nubes se despejaron y los aparatos alemanes redoblaron la apuesta contra la Flota Aliada, logrando en esta ocasión encajar una bomba teleguiada Henschel Hs 293 contra el crucero ligero inglés HMS Spartan, al que hundieron en medio del agua con 46 muertos a bordo. A pesar de que los continuos raids y la situación climatológica ralentizaron las operaciones en tierra, aquello no impidió que algunas unidades arañasen minúsculas porciones de terreno a sus oponentes, como hizo la 1ª División de Infantería Británica a la hora de ocupar la Estación de Campoleone.

Refuerzos del Eje traídos a toda prisa al cerco de Anzio. En este caso tropas italianas de la Xª Flotilla MAS próxima a Nettuno.
En torno a la 1:30 horas del 30 de Enero de 1944, el VI Cuerpo Estadounidense puso en marcha una operación contra el vital nudo de comunicaciones de Cisterna, empleando para ello a elementos 1ª División Blindada, la 3ª División de Infantería y la 6.615th Fuerza de «Rangers». El lugar escogido para el avance fue el Canal de Mussolini, un moderno sistema de drenajes y zanjas construidos durante la Era Fascista que habían hecho cultivable el lugar, conocido como las Marismas Pónticas Palúdicas, pero que lo convertían en un infierno en caso de que un ejército quisiera lanzar una ofensiva sobre el entorno. Aquello en seguida quedó demostrado cuando al poco de apoderarse los norteamericanos de los pueblos de Ponterotto e Isola Bella, al amanecer los tanques Sherman quedaron enfangados y por tanto el resto de unidades a pie continuaron en solitario.
La 6.615th Fuerza de «Rangers» fue el contingente que más se adentró en el Canal de Mussolini, haciéndolo a través de un curso de irrigación conocido como la «Zanja Pantano», aunque al poco de abandonar los soldados el desnivel del terreno, de repente se vieron emboscados por fuego desde ambos lados en las alturas, tanto de tropas alemanas como de cazacarros Stug. El resultado de aquella trampa concluyó en una verdadera catástrofe porque 761 norteamericanos causaron baja en forma de muertos o prisioneros (seis escaparon de la captura de un total de 767), lo que supuso la total destrucción de la 6.615th Fuerza de «Rangers», una de las mayores unidades de élite del Ejército Estadounidense.

Paracaidistas alemanes en Anzio tienden una emboscada mediante un cañón camuflado entre la vegetación a los estadounidenses.
Al resto de fuerzas que no habían tomado parte en la Batalla de Cisterna tampoco las cosas les fueron mejor en el Canal de Mussolini, ya que la 3ª División de Infantería tuvo que cancelar la operación después de haber encajado unas 3.000 pérdidas entre muertos, heridos o enfermos, exactamente igual que la 1ª División Blindada. El cómputo final de aquella desastrosa ofensiva fue de más de 4.000 bajas de todos los tipos para los Aliados, incluyendo más de un millar de prisioneros que fueron paseados como botín por las calles de Roma, en donde la población se burló de ellos y les abucheó antes de ser enviados a campos de internamiento en Alemania.
Ofensiva de Kesselring
A raíz de la exultante victoria alemana en la Batalla de Cisterna, el mariscal Albrecht Kesselring aceptó la propuesta de su subalterno del IV Ejército, el general Eberhard Von Mackensen, quién sugirió la posibilidad de pasar a los contraofensiva y expulsar a los Aliados de vuelta al mar. Así fue como a las 23:00 horas de la noche del 3 de Febrero de 1944, los combatientes de la 3ª División Panzergrenadier y la 71ª División de Infantería atacaron el saliente de la 1ª División de Infantería Británica, a la que arrebataron la Estación Campoleone e hicieron retroceder unos 4 kilómetros de terreno con 1.500 bajas. Algo parecido hicieron con los norteamericanos la jornada del 4 cuando aprovechando una jornada fría y nublada que impidió salir a la aviación, los alemanes pusieron en práctica un hábil golpe de mano y desalojaron a sus oponentes de la localidad de Ponterotto.
Tres días después del inicio de la ofensiva del IV Ejército Alemán, el 7 de Febrero, los germanos rompieron el frente en dos mitades sobre el sector de Buonriposo, separando con esta maniobra tanto a británicos como a estadounidenses en dos bolsas de espaldas al mar en las que dejaron atrapados a 120.000 efectivos. A causa de esta gravísima crisis los Aliados enviaron a una formación de 200 aviones aviones B-17 y B-24 Liberator con los que bombardearon la Estación Campoleone, a los cuales siguieron 25.000 proyectiles disparados por la artillería, pero ya nada se pudo hacer por revertir la situación debido a que las tropas enemigas se habían fortificado y apenas se vieron afectadas. A las pocas horas de este fracaso, en torno a las 21:00 de la noche, los soldados alemanes de nuevo arremetieron contra la 1ª División de Infantería Británica, a la que destruyeron todos sus tanques y aniquilaron a un batallón anglo-irlandés, lo que les permitió reanudar la marcha para ocupar Carroceto y recuperar la colonia agrícola fascista de Aprilia.
Tampoco sobre el Mar Mediterráneo las cosas fueron mejor para los Aliados porque el 15 de Enero un grupo de aviones alemanes dispararon un misil teleguiado Henschel Hs 293 con el que hundieron al destructor inglés HMS Inglefield, acabando con la vida de 35 marineros. A este castigo desde el aire también se sumó el de la artillería debido a que las piezas alemanas batieron los atrincheramientos anglo-estadounidenses y los pueblos aledaños de Anzio, obligando a 20.000 campesinos italianos de las granjas de la zona a desplazarse a la ciudad y ocultarse en las grutas, catacumbas e incluso bodegas de vino subterráneas para protegerse de los raids. De hecho la propaganda fascista de la República Social Italiana se aprovechó muy bien de la situación a través de frecuente alocuciones desde Radio Roma y octavillas de papel que acompañaban a los proyectiles, las cuales mostraban un dibujo de una calavera con un cartel que rezaba «cabeza de puente, cabeza de muerto».
Inmediatamente a las nuevas ganancias obtenidas por el IV Ejército Alemán en Anzio, el mariscal Albrecht Kesselring reforzó el anillo con la 114ª División de Infantería recién llegada de Yugoslavia, la 362ª División de Infantería del norte de Italia y una nueva unidad compuesta por personal de instrucción que se agrupó en el Regimiento de Infantería «Lehr» procedente de Berlín. Al mismo tiempo el general Eberhard Von Mackensen preparó su siguiente golpe con el que pretendía eliminar de una vez por todas la cabeza de playa enemiga mediante el lanzamiento de una ofensiva simultánea con las las 3ª y 29 Divisiones Panzergrenadier, la 715ª División de Infantería, la 4ª División Paracaidista y el Regimiento Paracaidista Italiano «Folgore» , así como con el apoyo de 60 tanques Tiger y Panther de la 26ª División Panzer y la División Panzer «Hermann Goering».
Al inicio de la jornada del 16 de Febrero, el IV Ejército Alemán comenzó el ataque precedido por un potente fuego preliminar de piezas de artillería y bombarderos en picado Stukas, antes de emprender un avance en vanguardia con la 4ª División Paracaidista que arañó 3 kilómetros de terreno a la 56ª División de Infantería Británica. Sin embargo el golpe más demoledor fue propinado entre las 7:40 y 10:40 horas del día siguiente, el 17, cuando miles de tropas alemanas se abalanzaron sobre la 45ª División de Infantería Estadounidense, la cual encima recibió previamente un bombardeo de aviones de la Luftwaffe que cortó las comunicaciones con su Estado Mayor, logrando entonces los germanos desbordar las defensas y hacer retroceder a los norteamericanos unos 900 metros hacia una última línea de playa junto a los Bosques de Padiglione. Este hundimiento del frente propició que los anglo-estadounidenses quedaran recluidos de espaldas al mar sobre una estrecha franja de tan sólo 1.500 metros, en donde a duras penas consiguieron establecer una débil perímetro a la espera de que la próxima arremetida acabase con su cabeza en Anzio.
Milagrosamente el VI Cuerpo Estadounidense evitó su completa aniquilación cuando el general John Lucas ordenó que todas las zonas circundantes a la frágil cabeza de playa fueran bombardeadas por dos cruceros de la Flota de Aliada, así como por 700 incursiones de la aviación anglo-norteamericana, 200 piezas de artillería de campaña y cuatro baterías de cañones antiaéreos de 90 milímetros que efectuaron fuego directo contra las posiciones del Eje. Esta concentración de plomo y acero con tantos proyectiles de diferentes calibres provocó una auténtica carnicería entre los soldados alemanes, quienes encima se dieron de bruces con las líneas de fusileros y los emplazamientos de ametralladoras de la 45ª División de Infantería Estadounidense y la recién llegada División de Infantería Británica «Londres», las cuales llegaron a movilizar y enviar a primera línea a los cocineros, chóferes y auxiliares de servicios.
A mitad de la jornada del 18 de Febrero la ofensiva del IV Ejército Alemán había quedado paralizada sobre los últimos 1.500 metros de cabeza de playa de Anzio, lo que no impidió a las fuerzas del Eje intentar desequilibrar la balanza atacando a la Flota Aliada con aviones, submarinos e incluso «hombres rana» y embarcaciones de asalto de la Xª Flotilla MAS. Los buzos latinos consiguieron dejar fuera de combate al cazasubmarinos norteamericano USS PC-545, mientras que una lancha torpedera italiana disparó un torpedo que impactó y hundió al crucero británico HMS Penélope, el cual se hundió provocando la muerte de 417 tripulantes, entre ellos el capitán George Devereux Belven.
Hasta ese momento la ofensiva alemana contra Anzio había costado 5.000 bajas al IV Ejército Alemán, pero también algo más de 5.000 al VI Cuerpo Estadounidense, algo que acabó en el traslado del general John Lucas, quién fue sustituido por el recién ascendido general Lucian Truscott. A pesar de todo los germanos no cejaron en sus intentos de erradicar la cabeza de playa, pues de nuevo el general Eberhard Von Mackensen propuso lanzar una última ofensiva sobre un perímetro más amplio del frente que en esta ocasión tendría que acabar con la rendición o en todo caso con la huida de los Aliados.
La contraofensiva final del IV Ejército Alemán comenzó el 29 de Febrero contra la 3ª División de Infantería Estadounidense, en cuyo perímetro arrollaron a un batallón entero de paracaidistas norteamericanos y expulsaron a sus veintitrés únicos supervivientes (un oficial y veintidós soldados) a retroceder 640 metros de distancia, por lo menos hasta la llegada de un refuerzo de 96 efectivos equipados con morteros que frenaron en seco el progreso de los germanos. Al cabo de dos días de intensos combates, el 2 de Marzo, la situación se revirtió por completo cuando 517 aviones anglo-norteamericanos (241 bombarderos B-24 Liberator, 113 cazas P-38 Lightning, 100 cuatrimotores B-17 y 63 cazabombarderos P-47 Thunderbolt) bombardearon con intensidad los nudos de comunicaciones en Campoleone, Carroceto, Cisterna y Velletri, generando un impacto tan negativo en la logística del Eje que finalmente el mariscal Albrecht Kesselring ordenó cancelar la ofensiva y pasar definitivamente a la defensiva sobre la cabeza de Anzio.
Asedio de Anzio-Nettuno
Con el fracaso de las ofensivas tanto del Eje como de los Aliados, la Batalla de Anzio entró en una fase de punto muerto similar a la Batalla de Gallípoli en la Primera Guerra Mundial, donde las tropas del Imperio Británico quedaron atrapadas de espaldas a mar en las costas de Turquía, siendo uno de los responsables el Lord del Almirantazgo Winston Churchill, quién treinta años después también compartía parte de la culpa por lo que estaba sucediendo en Italia. De hecho como había ocurrido en 1915, en esta ocasión los soldados anglo-estadounidenses debían permanecer ocultos muy cerca de las playas en sus trincheras y pozos de tirador, mientras eran sometidos a las inclemencias del terreno como el barro, los mosquitos y el frío, así como los continuos bombardeos de artillería del Ejército Alemán.
A partir de Marzo de 1944 la República de Saló de Benito Mussolini se implicó mucho más en la Batalla de Anzio, enviando a varios destacamentos adscritos a la 29 División SS de Granaderos Italiana «Italienische» que fueron puestos al frente del teniente coronel Carlo Federico Degli Oddi. El área de operaciones de las tropas italianas de las Waffen-SS constituyó un arco de 4 kilómetros entre el nudo de comunicaciones que unía las plazas de Nettuno y Viterbo, en cuyos alrededores los latinos frenaron en seco durante varias semanas a los Aliados gracias al uso de manera combinada de sus compañías de fusileros, equipos de morteros y armas anticarro, logrando con ello matar a numerosos soldados y destruir cuantiosos vehículos del VI Cuerpo Estadounidense.
Otro de los problemas a los que se enfrentaron los Aliados fueron a dos gigantescos obuses ferroviarios del modelo Leopold bautizados como «Roberto» y «Leopoldo», cuyos artilleros disparaban proyectiles de 280 milímetros de grueso calibre sobre las cabezas de los soldados enemigos concentrados en las playas. Aquella batería a la que apodaron «Anzio Express», se volvió indetectable debido a que los dos tubos de 20 metros de altura siembre permanecían ocultos bajo tierra en el Túnel de Velletri, los cuales tan sólo se asomaban al exterior para efectuar un fogonazo y a continuación volver a esconderse en las entrañas de la montaña, por lo que infligieron numerosas bajas a los anglo-estadounidenses tanto en hombres como en vehículos.
Aparte de la artillería pesada del Ejército Alemán, los cañones y obuses convencionales causaron graves daños en la cabeza de playa de Anzio, pues por ejemplo impidieron a los norteamericanos construir un aeródromo en cuya pista a medio acabar pulverizaron a 24 aviones aparcados; además de que por error alcanzaron en infinidad de ocasiones las tiendas de los hospitales de campaña, causando al personal sanitario un total de 536 bajas entre 92 muertos (incluyendo seis enfermeras), 367 heridos y 79 desaparecidos. El efecto de los proyectiles trató de ser minimizado con generadores eléctricos de humo que creaban una niebla artificial, la cual despistaba tanto a los artilleros como a los pilotos de la Luftwaffe, pero también emplazando 450 piezas de artillería que se dedicaron a efectuar exclusivamente fuego de contrabatería, a veces disparando 20.000 proyectiles diarios.

Ingleses ocultos en una trinchera de Anzio para evitar ser víctimas del bombardeo efectuado por las fuerzas del Eje.
El único punto positivo para los Aliados fue la brillante red logística que los mantuvo suministrados desde el puerto en Nápoles y a la intensa actividad en los muelles de Anzio, en donde reclutaron como trabajadores auxiliares a 750 civiles italianos, quienes permanecieron en la zona tras la evacuación de 22.000 lugareños, la mayoría mujeres y niños. De hecho cada día partía un convoy de seis transportes LST con entre 1.500 y 4.000 toneladas carga dependiendo de la circunstancia (usualmente un 60% con municiones, un 20% con combustible y un 20% con raciones) que a lo largo de toda la campaña sumarían más de medio millón de toneladas, algo que en parte también se consiguió gracias a un despliegue de 500 pequeños vehículos anfibios DUKW.
Caída de Roma
Inesperadamente el 18 de Mayo de 1944, exactamente cinco meses después del completo estancamiento sufrido por el V Ejército Estadounidense y el VIII Ejército Británico sobre las regiones montañosas del centro-sur de Italia, la Batalla de Montecassino al fin concluyó con la conquista de la Abadía de la Orden Benedictina y la posterior retirada de las fuerzas del Eje. Este acontecimiento se materializó en la tan esperada ruptura de la hasta ahora inexpugnable «Línea Gustav», por lo que acto seguido las divisiones anglo-estadounidenses se dirigieron al norte para relevar lo más temprano posible a las unidades sitiadas en la cabeza de playa de Anzio.

Soldado estadounidense reptando hacia una posición enemiga en Anzio sobre el paisaje rural mediterráneo.
Las fuerzas del VI Cuerpo Estadounidense intentaron también del descalabro del Eje en la «Línea Gustav» para romper el sitio en torno a Anzio e incluso en el mejor de los casos ser las primeras en dirigirse a Roma. Así fue como a las 5:45 horas del 23 de Mayo de 1944 tuvo lugar un bombardeo preliminar de 1.500 cañones sobre las posiciones del IV Ejército Alemán, al que siguió en descoordinado un asalto de la 1ª División Blindada y la 3ª División de Infantería que culminó en un sonoro fracaso debido a los norteamericanos se retiraron maltrechos tras encajar 2.872 bajas entre 551 muertos y 2.321 heridos, además de serles destruidos 100 tanques Sherman.
Dos días más tarde, a las 7:30 de la mañana del 25 de Mayo, de nuevo el VI Cuerpo Estadounidense desencadenó un monumental asalto con mucha mayor vigorosidad, ya que en esta ocasión las oleadas de tropas norteamericanas y británicas quebraron las defensas enemigas y conquistaron la importante ciudad de Cisterna. La captura de este enclave y la coronación de los Montes Albanos la jornada del 26, precipitó el hundimiento de todo el frente sostenido por el IV Ejército Alemán en Anzio, por lo que pese a sufrir los Aliados unas 4.000 bajas en los durísimos combates contra los soldados germano-italianos, finalmente acabaron ocupando Nettuno e incluso el día 30 alcanzaron la Carretera Nacional Número 6 que les abría el camino a Roma.
A comienzos de Junio de 1944 el mariscal Albrecht Kesselring decretó la evacuación de Roma cuando miles de tropas alemanas e italianas salieron a pie o a bordo de vehículos a través de la Vía Flaminia, la Avenida Parioli o la Vía del Corso. A veces se produjeron confusiones, como el de un grupo de romanos que confundieron a unos camiones germanos con norteamericanos y se concentraron para darles la bienvenida, por lo que los conductores dispararon sus ametralladoras y mataron a dos personas. También unos milicianos fascistas de los Camisas Negras abordaron a dos agentes que acababan de cambiarse la insignia del «Líctor» por las estrellas de la Dinastía Saboya, a los cuales como represalia asesinaron a culatazos sobre el pavimento de la Avenida Regina Margherita. Del mismo modo los alemanes destruyeron parte de su material para evitar su caída en manos enemigas, como por ejemplo los obuses ferroviarios Leopold en el Túnel de Velletri, además de volar con explosivos el polvorín de la Fortaleza Triburtino e incendiar el depósito de gasolina del Cuartel de Macao, en donde las llamas acabaron accidentalmente con la vida de 40 civiles. Las SS incluso aprovecharon sus últimas horas en la «Ciudad Eterna» para saldar viejas deudas porque fusilaron a veinte presos políticos en la Vía Cassia, entre ellos el líder socialista Bruno Buozzi.
Oficialmente la última columna del Eje abandonó Roma en la mañana del 4 de Junio de 1944, cuando un grupo de vehículos alemanes dejó atrás la capital cruzando el famoso Puente Milvio. A los pocos minutos, justo después de que las autoridades de la República Social Italiana otorgasen a la metrópoli el estatus de «ciudad abierta», un tanque norteamericano Sherman accedió a la urbe circulando por la Vía Appia y pasando bajo la Puerta de San Giovanni, en donde cientos de ciudadanos salieron a recibirle con banderas de la Dinastía Saboya. Acto seguido el grueso de tropas del VI Cuerpo Estadounidenses entraron en el casco urbano, acompañadas algo más atrás por las del Ejército Británico, las cuales desfilaron ante las ruinas del Foro Romano y el Coliseo para celebrar que habían conquistado la «Ciudad Eterna».
Resultado
El desfile de los Aliados por Roma el 4 de Junio de 1944 fue un triunfo propagandístico que la opinión pública supo vender muy bien mostrando las imágenes de las tropas pasando ante el Coliseo, curiosamente dos días antes de que se produjera el desembarco de Normandía y la «Operación Overlord» sobre Francia la jornada del 6. Sin embargo la captura de la «Ciudad Eterna» no dejaba de ser más que una victoria meramente simbólica, la cual ocultaba una realidad mucho más dura, ya que al fin y el cabo la «Operación Shingle» había sido un completo fracaso que más que acelerar la derrota del Eje en Italia, curiosamente tuvo el efecto contrario por los siguiente motivos: 1) la campaña que debía durar menos de una semana se alargó cinco meses en una verdadera «guerra de desgaste»; 2) la presencia anglo-estadounidense en Anzio no debilitó la «Línea Gustav»; 3) el mantenimiento de la cabeza de playa entorpeció las operaciones en la Batalla de Montecassino al privar a las tropas allí destacadas de muchos recursos; 4) el estancamiento prolongado tanto por el contingente desembarcado como por las divisiones en los Apeninos no se materializó en ningún embolsamiento de fuerzas alemanas; y 5) la tardía caída de Roma permitió al IV Ejército Alemán escapar casi intacto hacia el corazón de la Península Italiana.
Los Aliados sufrieron 45.000 bajas entre 7.000 muertos, 36.000 heridos y 2.000 prisioneros, así como unas pérdidas navales de 6 buques sumando a 2 cruceros ligeros, 2 destructores, 1 dragaminas y 1 buque hospital.
El Eje sufrió 40.000 bajas entre 5.000 muertos (4.460 alemanes y 340 italianos), 30.500 heridos y 4.500 prisioneros.
La caída de Roma constituyó la primera capital de las tres potencias del Pacto Tripartito, conformadas por Alemania, Japón e Italia, en ser conquistada por los Aliados en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que los anglo-estadounidenses rompieron la «Línea Gustav» y más o menos salieron airosos de la Batalla de Anzio, el hecho de permitir la fuga del grueso de las fuerzas del Eje a un nuevo perímetro fortificado conocido como la «Línea Gótica», en donde de nuevo quedarían estancados prácticamente hasta el fin del conflicto en la primavera de 1945.
Bibliografía:
-Louis Garros, La Cabeza de Puente de Anzio (Primera Parte), Revista Historia y Vida Nº103, (1976), p.13-20
-Louis Garros, La Cabeza de Puente de Anzio (Segunda Parte), Revista Historia y Vida Nº104, (1976), p.75-84
-Martin Blumenson, Anzio y Cassino, La Campaña Italiana, Volumen 2, «El Desembarco de Anzio», HRM Ediciones (2025), p.93-111
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 5, «En Anzio los Aliados estuvieron a punto de volver al mar», S.A.R.P.E. (1978), p.1.387-1.401
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, «Anzio», Grijalbo, (2012), p.861





