Asedio de Cholm

Cuando el Ejército Rojo inició la contraofensiva contra el Grupo de Ejércitos Centro durante la Batalla de Moscú, las tropas soviéticas reconquistaron grandes espacios de terreno hacia el oeste de la capital tras hacer retroceder algunas decenas de kilómetros a las fuerzas del Eje. Durante este repliegue entre finales de 1941 y principios de 1942, algunas guarniciones germanas que no tuvieron tiempo de retirarse, quedaron completamente aisladas dentro del territorio bajo control de la Unión Soviética, como por ejemplo le sucedió a cúmulo de importantes unidades durante el épico asedio de Cholm.

Preludio

Cholm era una ciudad de 5.000 habitantes situada en el distrito “oblast” de Novgorod y enclavada sobre una colina rodeada de pantanos, ciénagas y lagunas de agua estancada, a cuyos elementos naturales, había que añadir unas formidables defensas gracias a un importante anillo de fortificaciones en su perímetro exterior que antes de la contienda había erigido el Ejército Rojo. A raíz de tales características que facilitaban su protección y de que también era un lugar estratégico al circular siete de las carreteras principales de Rusia como las que iban a Moscú o Leningrado, el Grupo Scheer “Kampfgruppe Scherer” escogió el lugar como refugio tras la ofensiva de invierno en torno a la capital. Así fue como en su interior quedaron sitiados 3.500 soldados alemanes, quienes sometidos a unas temperaturas de -48ºC y no disponiendo ni de tanques ni cañones, iban a tener que hacer frente a sus oponentes con simples ametralladoras y fusiles. Dicha guarnición que sólo podía esperar ser socorrida desde el exterior estuvo bajo el mando del general Theodor Scherer, un hombre de 52 años veterano de la Primera Guerra Mundial, más sus dos subalternos el oficial Johannes Manitius y el capitán Albert Biecker, siendo la mayor parte de sus tropas una mezcolanza de elementos de la 281ª División de Seguridad, el 65º Batallón de Policía, 200 hombres del 8º Mando de Cazadores de Montaña y el 12º Batallón de Ametralladoras, junto a un reducido personal de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) y marineros de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine).

Fuera del asedio a Cholm el Grupo de Ejércitos Norte tuvo que organizar a toda prisa una expedición de rescate compuesta por el XXXIX Cuerpo Motorizado del general Hans-Jürgen Von Armin y el 536º Destacamento de Artillería, aunque más tarde también se unirían desde otros puntos de la geografía rusa la 218ª División de Infantería del general Horst Freiherr Von Unckermann y por último la 122ª División de Infantería del general Sigfried Macholz. Al mismo tiempo se suministraría avituallamiento desde el aire, ya que los sitiados improvisaron una pequeña pista de entre 100 y 500 metros que sería empleada por los aviones trimotores Junkers Ju 52 adscritos al 172º Escuadrón de Bombarderos Especiales liderado por el general Walter Hammer.

Grupo de Ejércitos Centro:
·Guarnición de Cholm
-281ª División de Seguridad
-65º Batallón de Policía
-12º Batallón de Ametralladoras
-8º Mando de Cazadores de Montaña
·XXXIX Cuerpo Motorizado
-122ª División de Infantería
-218ª División de Infantería
-536º Destacamento de Artillería
-172º Escuadrón de Bombarderos Especiales

Curiosamente el Ejército Rojo no se percató de la existencia de una guarnición enemiga en Cholm hasta que las fuerzas que bordearon el lugar, todas del Frente Noroeste, no se detuvieron a observar a sus espaldas unas “posiciones erizo” de rezagados alemanes que les acosaron. Una vez fueron conscientes de que habían embolsado a más de tres millares de enemigos en la ciudad, rápidamente el general Nikolai Vatutin, principal el responsable del área de Novgorod, desvió hacia la zona al III Cuerpo de Choque al mando del general Maksim Purkayev, quién rápidamente inició el asedio con 40.000 hombres y 20 tanques pertenecientes a las 33ª y 391ª Divisiones de Fusileros.

Frente Noroeste:
·III Cuerpo de Choque
-31ª División de Fusileros
-391ª División de Fusileros

Asedio de Cholm

El 23 de Enero de 1942 comenzó la ofensiva contra Cholm mediante un bombardeo preliminar de piezas de artillería y un asalto con tanques y tropas del Ejército Rojo. Como los alemanes habían colocado trampas explosivas bajo el suelo en todos los accesos a la plaza, los carros T-34 que se dirigieron a las entradas comenzaron a ser destruidos uno a uno, por lo que en cuestión de minutos todos los soldados rusos quedaron sin protección, siendo fácilmente diezmados por las armas de los germanos que se ocultaban tras los parapetos. A no mucha distancia del primer ataque, un grupo de enemigos arremetió contra la antigua Prisión de la NKVD, donde tras pulverizar una mina enterrada al único blindado T-34, los infantes soviéticos se ocultaron detrás de su chasis para colarse por una ventana cercana y penetrar en el recinto, librando un sangriento combate cuerpo a cuerpo hasta que todos los intrusos fueron aniquilados por los defensores.

Fracasado el asalto inicial contra Cholm, desde el 24 de Enero el general Maksim Purkayev canceló nuevas operaciones de este tipo, optando en su lugar por debilitar a la guarnición mediante intensos bombardeos de piezas pesadas de 175 milímetros que redujeron la plaza a escombros. También se llevaron a cabo algunas escaramuzas menores en los puntos más vulnerables del perímetro, aunque todas terminaron mal gracias a las tácticas defensivas del general Theodor Scherer que organizó a las denominadas “Unidades de Alarma” o “Alarmeinheiten” encargadas de taponar las brechas con refuerzos traídos de la reserva, así como las “escuadras caza-tanques” equipadas con bombas de gasolina, cócteles molotov y paquetes de granadas con las que destruyeron un buen puñado de tanques soviéticos. Incluso en ocasiones los sitiados contaron con el apoyo de los cañones de largo alcance del 536º Destacamento de Artillería que se situaban fuera del cerco tras las líneas del Grupo de Ejércitos Centro, cuyos proyectiles hicieron numerosos impactos contra el enemigo gracias a la labor de los dos únicos observadores avanzados, en concreto los tenientes Joachim Feist y Joachim Dettmann.

Soldado alemán en uno de los parapetos nevados durante el asedio de Cholm.

El puente aéreo de los aviones Junkers Ju 52 y en ocasiones de planeadores DFS-230, bautizados por los sitiados como “Tantes Ju” o “Tía Ju”, fueron esenciales para la supervivencia de la guarnición porque los trimotores sacaron heridos y trajeron grandes cantidades de municiones, medicamentos y alimentos, a veces arrojados en paracaídas que caían en las líneas del Ejército Rojo. Lamentablemente durante aquellos arriesgados vuelos fueron derribados 27 aparatos por la artillería que batía la vista o cazas de la Fuerza Aérea Soviética, aproximadamente el 30% de los transportes disponibles, incluyendo un Junkers Ju 52 que se precipitó contra el suelo con 50 heridos a bordo sin registrarse ningún superviviente. Sin embargo y pese a las trágicas bajas del 172º Escuadrón de Bombarderos Especiales , las tropas asediadas pudieron mantenerse abastecidas y ser evacuados más de 700 heridos.

A principios de Febrero de 1942, los sitiados descubrieron por casualidad entre los escombros de Cholm un viejo cañón PaK 36 de 37 milímetros del que hasta entonces habían ignorado acerca de su existencia por encontrase semienterrado en la nieve. Gracias a esta adquisición que se convirtió en la única pieza disponible por la guarnición, en uno de los asaltos organizados por los rusos, quienes todavía seguían convencidos de que sus oponentes carecían de artillería, de repente recibieron tres fogonazos que erraron en el blanco, por lo menos hasta que el cuarto proyectil destruyó a quemarropa a uno de los tanques T-34, antes de que el quinto disparo incendiase y pulverizase también a otro carro unos metros más atrás, obligando al resto de los blindados a retirarse precipitadamente. A raíz de aquel éxito, los alemanes solicitaron al Grupo de Ejércitos Centro que les enviasen más cañones, algo de lo que se encargó un avión Junkers Ju 52 que trasladó al aeródromo otras tres piezas PaK 36, con las cuales se creó una batería de cuatro bocas que complicó bastante las cosas al Ejército Rojo.

El 23 de Febrero de 1942, Día del Ejército Rojo, el III Cuerpo de Choque desencadenó una nueva gran ofensiva contra Cholm que partió de la Carretera de Moscú. Sin embargo los alemanes, alertados por un grupo de desertores rusos que informaron con antelación del ataque al general Theodor Scherer, ya se encontraban escondidos y protegidos cuando empezó el bombardeo preliminar de piezas de artillería y lanzacohetes Katyusha que no les causó efecto alguno al caer los proyectiles sobre posiciones vacías. Acto seguido, nada más empezar el asalto con masas de tropas y tanques T-34, la nieve que cubría la zona era tan alta que los soldados ralentizaron la marcha hundiendo las botas en el hielo casi hasta las rodillas, por lo que los carros se adelantaron para ser pulverizados desde la distancia por los cañones de largo alcance del Grupo de Ejércitos Centro, cuyo tiro dirigieron magistralmente los observadores Joachim Feist y Joachim Dettmann. Una vez desarticulada la amenaza de los carros, los defensores se ocuparon de la infantería, eliminando en primer lugar los francotiradores a los oficiales y comisarios de la Policía Estatal del NKVD, para luego masacrar las ametralladoras a los soldados. A pesar de todo, los rusos penetraron en la ciudad acompañados de los únicos cuatro tanques T-34 supervivientes que en seguida detuvieron su marcha sobre la avenida principal por culpa de un muro de piedra que les impidió el paso. Fue entonces cuando el comandante de uno de los carros abrió la escotilla de su torreta, siendo abatido en la cabeza por un tirador, antes de que un soldado alemán trepase por su chasis y arrojase una granada al interior con la que destruyó al blindado (aunque el autor cayó muerto por la ráfaga del tanque más próximo). Al mismo tiempo en que tenía lugar la emboscada, el cuarto T-34 situado al final de la cola también fue atacado porque le volaron las cadenas y luego le incendiaron con botellas de gasolina, algo que dejó rodeados al segundo y al tercer carro que apenas tardaron en ser convertidos en chatarra, sin que tan siquiera los combatientes soviéticos pudiesen hacer nada para impedirlo porque fueron masacrados en un fuego cruzado y puestos en fuga con una enorme cantidad de bajas. De hecho el único logro cosechado por los rusos fue la toma de la vieja Prisión del NKVD y la expulsión de sus defensores a costa de numerosos muertos y heridos entre sus filas, pero por poco tiempo, pues los germanos dirigidos por el capitán Albert Biecker se aprovecharon de que los asaltantes se relajaron al tomar del edificio y se pusieron a descansar, para sorpresivamente irrumpir por la puerta trasera ametrallando a todos los inquilinos y arrojando hasta 900 granadas. Ante esta descarga de balas y bombas de mano, todos los soldados soviéticos fueron aniquilados y la Prisión del NKVD reconquista por los hombres del capitán Albert Biecker, quién fue recompensado con la Cruz de Hierro.

Veinticuatro horas después de la ofensiva contra Cholm, el 24 de Febrero de 1942, se reanudó el ataque con una segunda oleada lanzada por el Ejército Rojo. En esta ocasión las tropas y los tanques contaron con el apoyo desde el aire de varios bombarderos de la Fuerza Aérea Soviética, los cuales apenas tuvieron ocasión de contribuir al asalto porque un grupo de cazas Messerschmitt Bf 109 de la Fuerza Aérea Alemana los interceptó a mitad del trayecto y los ahuyentó, derribando a unos cuantos aparatos. Desarticulada la amenaza procedente del cielo, los soldados soviéticos volvieron a fracasar al estrellarse contra las sólidas defensas del anillo de Cholm, además der ser numerosas piezas de asedio rusas destruidas por una efectiva incursión de bombarderos en picado Stukas.

A partir de Marzo de 1942, el Ejército Rojo seguía sin poder progresar un sólo metro dentro de Cholm, pero tampoco los alemanes lo pasaban mejor porque el deshielo y los sótanos de la ciudad inundados de agua estancada produjeron algunos casos de tifus. Rápidamente y a media que transcurrían los días, la enfermedad que afectó a unos pocos hombres pronto se transformó en una grave epidemia que afectó casi a la mitad de la guarnición sitiada y la dejó en una situación crítica de colapso. Afortunadamente en el último instante el tifus pudo ser controlado primero porque los aviones Junkers Ju 52 arrojaron contenedores repletos de vacunas y también porque las temperaturas descendieron bruscamente a los -30ºC, impidiendo la propagación de la enfermedad.

Planeador alemán DFS-230 transportando suministros a los sitiados en Cholm.

Finalmente el 9 de Marzo de 1942, el Grupo de Ejércitos Centro emprendió la ofensiva para liberar a los sitiados en Cholm, empleando a una expedición de socorro que estuvo liderada por el general Horst Freiherr Von Unckermann y conformada por las 122ª y 218ª Divisiones de Infantería, así como un grupo táctico de cazacarros Stug al mando del teniente Gottfried Tornau. Sin embargo y pese a las esperanzas depositadas en la misión, el avance fue un fracaso porque varios tanques fueron destruidos por los soviéticos, resultando incluso dañado por tres impactos el Stug del teniente Gottfried Tornau, a costa de ganarse un par de kilómetros sobre la Carretera de Moscú la jornada del 11. De hecho nueve días después, el 20 de Marzo, se canceló la operación y se cavaron posiciones en el escaso terreno ganado, siendo destituido el general Horst Freiherr Von Unckermann que fue enviado a Dinamarca, para ser puesto en el cargo el general Viktor Lang. A diferencia de su antecesor, el nuevo jefe militar optó por permanecer a la espera durante todo el resto de Abril porque el deshielo y el barro que anegaba la zona, un efecto conocido como la “rasputitsa”, inundó los caminos e imposibilitó el tránsito hacia Cholm, desde donde los expedicionarios podían escuchar en la distancia el fragor de la batalla entre la desesperada guarnición y el Ejército Rojo.

El 1 de Mayo de 1942, coincidiendo con la festividad del “Día del Trabajador” que se celebraba tanto en la Unión Soviética como en la Alemania Nacionalsocialista, el Ejército Rojo protagonizó el último intento de entrar en Cholm mediante un habitual bombardeo de artillería preliminar seguido por el avance en masa de oleadas de infantería y tanques. A pesar de que en esta ocasión los soldados rusos entraron en las ruinas de la urbe y ocuparon algunos de sus puntos importantes, en cuanto se adentraron en el corazón de la ciudad fueron recibidos por un fuego cruzado que los masacró desde todas direcciones. Al día siguiente de este asalto, el 2 de Mayo, todavía los soviéticos controlaban los enclaves conquistados dentro de la plaza, por lo menos hasta que recibieron una incursión masiva de bombarderos en picado Stukas que les desalojaron, para luego ser víctimas de un contraataque de los germanos que les repelieron nuevamente de Cholm, perdiendo la vida durante la refriega el capitán Albert Biecker.

Simultáneamente el Grupo de Ejércitos Centro desencadenó la ofensiva final el 3 de Mayo para liberar la guarnición de Cholm. Como en esta ocasión los soviéticos se hallaban muy debilitados tras los continuos fracasos contra el anillo y los caminos por fin estaban secos y eran transitables, la fuerza expedicionaria del general Viktor Lang que incluía al XXXIX Cuerpo Motorizado con las 122ª y 218ª Divisiones de Infantería perforó las posiciones del Ejército Rojo y avanzó imparable hacia la plaza, destacando especialmente un destacamento acorazado de tanques Stugs que al mando del Heinrich Tromm decantó la batalla porque con relativa facilidad hundió los últimos atrincheramientos de los rusos el 4 de Mayo.

Conclusión

Al amanecer del 5 de Mayo de 1942, los tropas de asedio que cercaban Cholm levantaron sus acantonamientos y por orden del general Maksim Purkayev huyeron hacia Moscú con todos los restos del vapuleado III Cuerpo de Choque. Al cabo de unas horas, ya avanzada la mañana, los observadores de la guarnición observaron asombrados como las fuerzas soviéticas habían desaparecido completamente del entorno, para descubrir en su lugar como se aproximaban tanques Stug y soldados alemanes que apenas tardaron en penetrar en la plaza, siendo recibidos jubilosamente con vítores, silbidos y golpes en los chasis de los carros a modo de platillo por los 2.000 supervivientes del sitio.

La Unión Soviética sufrió más de 10.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, así como la destrucción de 42 tanques.

Alemania sufrió 1.500 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos.

El Asedio de Cholm constituyó uno de los hitos militares más famosos del Tercer Reich durante la fase inicial de la campaña de Rusia, pues la batalla se prolongó por espacio de 105 días y los sitiados repelieron hasta un total de 128 ataques del Ejército Rojo. Ante este derroche de valor y heroísmo, el propio Adolf Hitler ordenó fabricar para los supervivientes una medalla conmemorativa con el escudo de Cholm que les sería entregada como recompensa en una ceremonia el 1 de Julio de 1942, convirtiéndose desde entonces aquel pequeño sitio en uno de los más significativos de la Segunda Guerra Mundial sobre el Frente Oriental.

 

Bibliografía:

-Patrick McTaggart, ¡Asedio!, “Cholm: Invierno sangriento”, Historia Inédita (2010), p.57-94
-http://www.theeasternfront.co.uk/battles/cholmpocket.htm
–https://en.wikipedia.org/wiki/Kholm_Pocket