La Segunda Guerra Mundial se prolongó seis años y dos días desde el 1 de Septiembre de 1939, coincidiendo con la invasión de Alemania a Polonia, y finalizó el 2 de Septiembre de 1945 al materializarse la capitulación de Japón. A lo largo de este prolongado período de tiempo en el que se peleó por tierra, mar y aire sobre Europa, Asia, África y Oceanía a un coste de 80 millones de muertos, el conflicto se ganó la triste posición de ser el más sangriento de la Historia de la Humanidad.
Año 1939
El 1 de Septiembre de 1939 la Alemania Nacionalsocialista y Eslovaquia invadieron Polonia y desataron la Segunda Guerra Mundial. Aunque al cabo de tres días, la jornada del 3, Gran Bretaña, Francia, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica, Transjordania y otros países de la Commonwealth declararon hostilidades al Tercer Reich, nada pudieron hacer para socorrer al vapuleado Ejército Polaco que fue víctima de la denominada «Guerra Relámpago» o «Blitzkrieg» porque primero la Base de Westerplatte en Danzig fue aislada con el Mar Báltico y luego los tanques Panzer dejaron atrás el Río Wartha por Kattowicz para irrumpir como un rodillo en coordinación con la aviación sobre las provincias de Poznan, Pomerania y los Cárpatos. Contra todo lo esperado los polacos fueron capaces de frenar momentáneamente a los germanos en la Batalla de Bzura e incluso lanzaron una carga de caballería protagonizada por la Brigada «Pomorska». Sin embargo las divisiones germanas fueron imbatibles porque en tiempo récord cruzaron el Río Narew por el norte y en el sur tomaron importantes enclaves como las ciudades de Cracovia y Lodz, mientras que por el centro se apoderaron de Kutno y Modlin, antes de comenzar a sitiar la capital de Varsovia desde el Río Vístula que fue sometida a intensos bombarderos de la Fuerza Aérea Alemana.
Al otro lado de Europa en el Frente Occidental, el Ejército Francés que estaba protegido por detrás de las fortificaciones de la «Línea Maginot» salió de su frontera y cruzó la demarcación con Alemania cerca del Palatinado en lo que se conoció como la ofensiva del Sarre. En un principio como la «Línea Sigfrido» que custodiaba el Tercer Reich estaba incompleta y apenas había unidades germanas en las inmediaciones, los franceses ocuparon algunos espacios en suelo enemigo, hasta que el Ejército Alemán se fue reforzando y después de una serie de choques expulsó a las fuerzas francesas y a una división del Cuerpo Expedicionario Británico que se retiraron derrotadas a Francia. Ni siquiera en aquellos días los anglo-franceses fueron capaces de controlar sus propias aguas en el Océano Atlántico porque los submarinos alemanes comenzaron a causar los primeros estragos, siendo la primera víctima el transatlántico SS Athenia tras ser hundido por un sumergible con numerosas víctimas, entre estas algunos ciudadanos de los neutrales Estados Unidos.
Sorprendentemente el 17 de Septiembre de 1939 la Unión Soviética invocó el Pacto Germano-Soviético «Ribbentrop-Molotov» para declarar la guerra a Polonia e invadir sus provincias orientales de Grodno, Byalistok, Polesia y Galitizia. Como por aquel entonces el Ejército Polaco había sido reducido al mínimo debido a los combates contra el Ejército Alemán, el Ejército Rojo aplastó a las maltrechas divisiones polacas ocupando los enclaves de Lvov, Tarnopol y Pinsk, e incluso en alguna ocasión cooperó con las tropas germanas como sucedió a la hora de conquistar la Fortaleza de Brest. Acto seguido los soldados alemanes entraron en la capital de Varsovia la jornada del 27 de Septiembre y a principios de Octubre se rindieron los últimos reductos polacos de la Península de Hela y la ciudad de Kock. Una vez desapareció el Estado Polaco tanto Adolf Hitler como Iósif Stalin se repartieron el país, siendo la mitad occidental entregada a Alemania y la mitad oriental a la URSS.
Aprovechando la Segunda Guerra Mundial que acababa de estallar en Europa, en el Lejano Oriente el Imperio Japonés que hasta ese momento había librado la denominada Segunda Guerra Sino-Japonesa contra el II Frente conformado por la República Nacionalista China del Kuomintang y la China Roja encarnada por el Partido Comunista China, reanudó las hostilidades en Asia. Así fue después de muchos meses de paz, Japón atacó la provincia central de Hunan en el otoño de 1939 para ser frenadas sus tropas en una emboscada del Ejército Chino durante la Batalla de Changsha, algo que obligó al Gobierno de Tokyo a modificar su estrategia y orientar sus esfuerzos hacia el sur de China, efectuando un desembarco con éxito en la región costera de Guangxi y tomar su capital de Nanning.
Sobre el Frente Occidental las hostilidades entre el Reino Unido, Francia y Alemania se congelaron por detrás de las respectivas «Línea Maginot» y «Línea Sigfrido» debido a que ni un bando ni otro se lanzó sobre el contrario a la espera de un posible acuerdo a paz entre los contendientes, recibiendo aquel extraño período en el que no se produjeron apenas disparos el nombre de «Guerra de Broma» o «Drôle de Guerre». No obstante en la Europa del Este sí que se produjeron movimientos porque la Unión Soviética volvió a invocar el Pacto Germano-Soviético «Ribbentrop-Molotov» e invadió los tres países bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, hallando únicamente un breve resistencia simbólica de militares letones en Maslenki y milicianos estonios en Tallin, antes de quedar todas las repúblicas sometidas bajo la órbita del Kremlin.
La Batalla del Atlántico fue el único escenario de combates entre Alemania y los Aliados Occidentales porque decenas de submarinos germanos provocaron estragos en el tráfico mercante que se dirigía a las Islas Británicas, hundiendo a gran cantidad de mercantes e incluso a un portaaviones en el Canal de la Mancha. A estos ataques de los sumergibles se sumaron las minas magnéticas soltadas por hidroaviones al sur de Inglaterra que echaron a pique a numerosos cargueros en el Estuario del Río Támesis, así como la valiosa acción de un submarino que se infiltró en las Islas Orcadas y hundió a un acorazado inglés en la Base Naval de Scapa Flow. Sin embargo una de las mayores hazañas la protagonizó el acorazado alemán Graf Spee que protagonizó una verdadera cacería de mercantes en el Océano Atlántico siguiendo las costas de África y Sudamérica, aunque tras ser interceptado por una escuadra inglesa cerca de Argentina, se refugió en el puerto de Montevideo en Uruguay para finalmente ser hundido por su propia tripulación durante un acontecimiento conocido como la Batalla del Río de la Plata.
El 30 de Noviembre de 1939 comenzó la Guerra de Invierno en Escandinavia cuando la Unión Soviética bombardeó con su aviación la capital de Heilsinki e invadió Finlandia reclamando ciertos territorios que los agredidos se negaron a entregar al Kremlin. Así fue como el Ejército Rojo con unas fuerzas inmensamente mayores atacó a un minúsculo Ejército Finlandés dirigido por el mariscal Carl Emil Mannerheim, el cual contra todo pronóstico resistió a decenas de miles de tropas soviéticas sobre un paraje nevado y boscoco con temperaturas árticas. Gracias a la determinación de los fineses y a las tácticas de guerrilla de sus esquiadores, éstos lograron rechazar todos los envites de los rusos en las fortificaciones de la «Línea Mannerheim» que se extendía sobre Carelia entre el Mar Báltico y el Lago Ladoga, pero también en las regiones internas de Salla y el extremo polar de Laponia y Petsamo. De hecho el Ejército Rojo acabó en Navidad por retirarse derrotado de Finlandia después de ser embolsadas y aniquiladas a manos de los finlandeses dos de sus divisiones y algunas unidades de tanques en la Batalla de Süomussalmi.
A finales de 1939 tuvo lugar la denominada «Ofensiva de Invierno» protagonizada por el Ejército Chino que fue la mayor campaña lanzada hasta la fecha porque abarcó miles de kilómetros de frente desde el norte hasta el sur de China. Aunque en algunos puntos se provocó considerables bajas a las divisiones del Ejército Japonés que ocupaban el país, e incluso en ciertos sectores se hizo retroceder a los invasores sobre Henan, Anhui, Shaanxi, Jiangxi, Zhejiang, Cantón y el Río Yang-Tsé, en seguida los nipones pasaron al contraataque y recuperaron el territorio perdido e incluso ampliaron sus dominios, como por ejemplo en la Mongolia Interior porque con ayuda de la caballería del Ejército Mongol conquistaron los enclaves estratégicos de Wuyuán y Linhe. Sin embargo muy diferente fue lo ocurrido en la provincia sur de Guangxi porque el Kuomintang arrolló al enemigo y destruyó mediante una maniobra de embolsamiento a una división mixta compuesta por soldados japoneses y taiwaneses en la Batalla del Paso de Kunlun. Aquel acontecimiento que permitió a las fuerzas chinas reconquistar la capital local de Nanning, generó el derrumbe de todo el frente meridional y que un grupo de ejércitos entero quedase atrapado entre las costas del Golfo de Tonkín y la frontera con Vietnam.
Año 1940
El año 1940 comenzó con nuevos fracasos para el Ejército Rojo en la Guerra de Invierno porque una división rusa fue completamente desarticulada en el Río Kollaa y por si fuera poco el Ejército Finlandés comenzó a recibir ayuda del extranjero como un cuerpo entero con miles de soldados procedentes de la neutral Suecia y unidades de los Países Bálticos, Noruega, Dinamarca o Hungría, incluso hasta voluntarios del Reino Unido y de las naciones del bando de los Aliados. Lamentablemente para los finlandeses las tropas soviéticas habían acumulado tal cantidad de hombres y material que en su siguiente ofensiva de Febrero rompieron las fortificaciones de la «Línea Mannerheim» y pusieron en un serio aprieto al Ejército Finlandés, por que lo que el 13 de Marzo el Gobierno de Heilsinki no tuvo más remedio que negociar y firmar el Tratado de Moscú con el que cedió al Kremlin la región de Salla, parte de Carelia y la Península de Rybachi, aunque por lo menos los fineses evitaron una invasión y convertirse en títeres del Kremlin.
Escandinavia fue víctima de una gran desestabilización con la Guerra de Invierno, sobretodo cuando las tropas británicas que acudieron en ayuda de Finlandia permanecieron en territorio finés con vistas a invadir la vecina Noruega y amenazar la frontera norte de Alemania. Como el Estado Mayor Alemán se percató de esta estrategia puso en marcha la «Operación Weserübung» para adelantarse al «Plan R4» de los Aliados y por tanto el 9 de Abril de 1940 el Ejército Alemán cruzó la frontera con Dinamarca sobre la región de Schleswig-Holstein, aplastando con relativa facilidad al Ejército Danés y subiendo a través de la Península de Jutlandia. Gracias a que simultáneamente tropas anfibias desembarcaron en la capital de Copenhague y secuestraron a los miembros de la Corona en el Palacio de Amalienborg, en cuestión de horas el país capituló y toda Dinamarca pasó a estar ocupada por el Tercer Reich.

Soldados alemanes cruzan la frontera con Dinamarca mientras los niños de un autobús escolar les soprenden nada más pisar la Península Escandinava.
Noruega fue invadida el 10 de Abril de 1940, tan sólo un día después de rendirse Dinamarca, mediante una serie de desembarcos llevados a cabo por la Marina de Guerra Alemana en los puertos de Bergen, Trondheim, Kristiansand, Egersund y Narvik, así como saltos de paracaidistas en Stavenger y Sola. En menos de veinticuatro horas los alemanes atacaron Oslo durante una operación anfibia en la que encajaron la pérdida de un crucero, pero en seguida se apoderaron de la capital al contar con la ayuda de fascistas noruegos que tomaron el Parlamento. Sin embargo las cosas se complicaron con el desembarco de tropas inglesas, francesas y polacas en Namsos, Andalsnes y sobretodo en Narvik, la cual arrebataron a las defensores germanos tras dos cruentas batallas navales que se saldaron con el hundimiento de diez destructrores alemanes y dos ingleses. A pesar de las dificultades padecidas por la guarnición germana en Narvik, pronto el Ejército Alemán que subía desde Oslo desorganizó al Ejército Noruego sobre la «Línea Bergen» y expulsó a las tropas expedicionarias anglo-francesas de Namsos y Andalsnes. Derrotados los noruegos los alemanes enlazaron con los sitiados de Narvik y recuperaron la ciudad, mientras las fuerzas británicas emprendían una penosa retirada durante la que perdieron a numerosos buques de transporte, dos destructores y un portaaviones que resultaron hundidos a manos de la aviación y dos acorazados germanos en el Mar del Norte, poco antes de completarse la conquista definitiva de Noruega.
La ocupación de Noruega facilitó a los submarinos alemanes abarcar un espacio mucho más amplio en la Batalla del Atlántico y por tanto hundir a centenares de mercantes sobre las aguas entre Groenlandia e Irlanda en un período bélico conocido como los «Días Felices». Como la crisis de los convoyes pasó factura al Reino Unido, un contingente de tropas británicas desembarcaron e invadieron la neutral Islandia durante la «Operación Fork», sometiendo a este país a la fuerzas que apenas pudo resistirse a quedar dentro de la órbita de los Aliados. Mientras tanto Francia intentó reforzar su retaguardia en el Imperio Francés de Ultramar llevando a cabo una campaña con la que limpió de guerrilleros del Partido Comunista Indochino todos los márgenes del Río Saigón en Vietnam; al mismo tiempo en que también en Asia el Imperio Japonés se extendía nuevamente hacia el corazón de China con las Batallas de Zaoyang y Yichang, apropiándose de ambos enclaves y sus ferrocarriles en la provincia central de Hubei. De hecho el Manchukuo que era un «estado títere» de Japón al frente del Emperador Pu-Yi, aquel año también cosechó éxitos a la hora de extinguir a la guerrilla del Partido Comunista Chino gracias a los esfuerzos de las unidades colaboracionistas del Ejército Imperial Manchú. La contienda llegó incluso a latitudes tan lejanas que un barco corsario alemán alcanzó las costas de Oceanía y echó a pique a numerosos cargueros navegando alrededor de las costas de Nueva Zelanda.
El 10 de Mayo de 1940 el Tercer Reich comenzó la invasión de Europa Occidental atacando simultáneamente Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. La idea elaborada en el denominado «Plan Amarillo» por el general Erich Von Manstein consistía en atraer al Ejército Francés hacia el corazón del territorio belga y los Países Bajos imitando un «Plan Schlieffen» de la Primera Guerra Mundial, sin tener idea los Aliados de que el centro de gravedad recaería en una trampa más al sur, concretamente en el Bosque de las Ardenas para rodear a los anglo-franceses por el Sedán y embolsarlos junto a las costas del Mar del Norte. Precisamente cuando esa misma jornada se inició la ofensiva precedida por un devastador fuego de artillería y aviación, las tropas inglesas y francesas picaron el anzuelo porque subieron hacia el interior Bélgica mientras los paracaidistas alemanes arrebataban a los soldados belgas el Fuerte Eben-Emael y tropas germanas se anexionaban el vecino Luxemburgo.
Holanda fue invadida por los saltos de miles de paracaidistas de la Fuerza Aérea Alemana que primero tomaron los Puentes de Moerdijk y Dordrecht a las afueras de Waalhaven, al mismo tiempo en que tropas aerotransportadas se hacían con las pistas en torno a Okenburg y Valkenburg, aunque muchos de los transportes fueron derribados o se estrellaron contra el suelo en los sectores de Ypenburg y Katwijk Aan Zee que hubieron de ser tomados con un elevado número de bajas. Mientras todo eso sucedía el Ejército Alemán cruzó la frontera neerlandesa por Gennep y Vegel, logrando los soldados alemanes sortear los canales de agua y las esclusas abiertas tras asegurar el enclave de Grebbe-Peel. No obstante y como el Ejército Holandés se negaba a rendirse, la aviación alemana efectuó un mortífero bombardeo de represalia arrasando la ciudad de Rotterdam y matando a 800 civiles, por lo que inmediatamente la Corona Holandesa huyó a Inglaterra, los germanos entraron en la capital de Amsterdam y el 14 de Mayo el Tercer Reich se apropió de los Países Bajos.
Bélgica fue atacada por el Ejército Alemán de forma simultánea a Holanda con las divisiones germanas cruzando velozmente el Canal de Alberto y rompiendo las defensas del Ejército Belga, lo que impidió al Ejército Francés y al Cuerpo Expedicionaria Británica consolidar posiciones en el corazón del país, ya que los alemanes les arrollaron con facilidad en el Río Escalda y los puntos fortificados de Lovaina, Namur y Dinant. Al mismo tiempo y sin saberlo los anglo-franceses, algo más al sur una segunda ala de invasión atravesó sin ser detectada el Bosque de las Ardenas y tras sortear el cauce del Río Mosa aplastando a unos escasos defensores galos, las fuerzas de la Wehrmacht rompieron el Frente Occidental por el Sedán y accedieron al norte de Francia, amenazando con envolver a todos los ejércitos del bando de los Aliados. Fue entonces cuando viendo el peligro que se cernía a sus espaldas, las divisionas francesas y británicas emprendieron una retirada caótica y desorganizada que culminó en desastre porque los enemigos que les seguían los talones ocuparon el puerto de Amberes y la capital de Bruselas, forzando a la capitulación de Bélgica y toda la rendición del Ejército Belga. Hecho esto el ala secundaria que se desplazaba sobre el norte de Francia rechazó un contraataque del arma acorazada francesa en San Quintín y se apoderó de Abbeville en la costa del Mar del Norte, cerrando la trampa y dejando atrapados a más de un millón de soldados franceses que se rindieron, salvo un grupo que quedó aislado en el puerto de Dunkerque.
Las playas de Dunkerque se convirtieron en una gran bolsa para el Cuerpo Expedicionario Británico que comenzó la evacuación de Bélgica a bordo de todos los barcos disponibles por la Marina Real Británica, incluyendo embarcaciones civiles y ferrys requisados del Río Támesis, mientras el Ejército Francés contuvo un tiempo a los invasores en Lille. A pesar de las dificultades de esta operación debido a que la aviación alemana y los submarinos hundieron a decenas de navíos, desde transportes a destructores, para cuando el Ejército Alemán entró en Dunkerque solo capturó a 60.000 soldados británicos porque más de 300.000 pudieron escapar hacia Inglaterra el 4 de Junio. Respecto al resto del territorio galo la Wehrmacht irrumpió imparable arrollando las «posiciones erizo» del Ejército Francés en Champaña y el Río Sena con la toma de Reims, Soissons y Ruán, mientras la denominada 7ª División Panzer «Fantasma» del general Erwin Rommel bordeaba el Canal de la Mancha ocupando los puertos de Brest, Cherburgo y la Península de Bretaña. A esta catástrofe militar se sumó que la Italia Fascista de Benito Mussolini declaró la guerra a Francia el 10 de Junio mediante una ofensiva que el Ejército Italiano lanzó contra las Alpes, aunque como el terreno de alta montaña era impracticable el avance de los italianos se redujo simplemente a la conquista del puerto de Mentón y al Glaciar de Rocciamelone. Incapaz el Ejército Francés de resistir por más tiempo a la insuperable «Blitzkrieg», las tropas supervivientes se retiraron al centro del país y se refugiaron más allá del Río Loira cuando las tropas del Ejército Alemán entraron triunfales en la capital de París el 14 de Junio de 1940.
Francia se rindió oficialmente a Alemania el 24 de Junio de 1940 y a Italia el 25 de Junio en los Armisticios de Compiègne y Villa Incisa. Como compensación los franceses tuvieron que ceder Alsacia y Lorena al Tercer Reich, así como Saboya, Niza y Córcega a Italia, aunque sorprendentemente se respetó al Imperio Francés de Ultramar. Respecto a la metrópoli fue dividida entre la «Zona Ocupada» por el Ejército Alemán que incluía París y la costa del Océano Atlántico; más la «Zona Libre» que comprendía el centro y el litoral del Mar Mediterráneo bajo el paraguas de la Francia de Vichy, un «estado títere» que estuvo liderado por el Mariscal Philippe Pétain. Sorprendentemente el Reino Unido no perdonó lo que consideró un cambio de bando por parte de Francia, por lo que el 3 de Junio de 1940 la Marina Real Británica perpetró un ataque a traición contra la Flota Francesa anclada en la colonia de Argelia, hundiendo a dos acorazados galos en la rada de Mers-el-Kébir. A esta declaración de hostilidades por parte del Gobierno de Londres al Gobierno de Vichy, se sumó que los ingleses reconocieron a la Francia Libre en el exilio dirigida por el general Charles De Gaulle, quién de momento únicamente logró que se uniera a su causa la Isla de Nueva Caledonia debido a que el África Occidental, el Caribe, Madagascar y la Indochina manifestaron su amistad hacia el Eje.
La entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial modificó el tablero de juego porque extendió la contienda al Mar Mediterráneo, librando la Marina Real Británica y la Marina Real Italiana dos choques de baja intensidad y sin pérdidas en la Batalla de Punta Stilo y la Batalla de Cabo Spada. También sobre el Norte de África se produjeron escaramuzas cerca de la colonia italiana de Libia e incluso un contingente cruzó la frontera con Egipto, por aquel entonces ocupado por el Reino Unido, penetrando en el Desierto del Sáhara y arrebatando a las fuerzas de la Commonwealth las plazas de Sollum y Sidi Barrani. Respecto a los dominios latinos del África Oriental Italiana sobre Etiopía, Eritrea y Somalia, las tropas coloniales etíopes y africanas del Ejército Italiano invadieron algunos enclaves de las vecinas colonias inglesas de Kenya y Sudán, aunque sin duda el mayor triunfo de los italianos fue la conquista y rápida anexión de la Somalia Británica, por aquel entonces la primera colonia enemiga en ser invadida por las potencias del Eje.
En el verano de 1940 la Fuerza Aérea Alemana dio comienzo a la Batalla de Inglaterra cuando fracasaron las negociaciones de paz entre los diplomáticos de los Gobiernos de Londres y Berlín, pero sobretodo cuando el Primer Ministro Winston Churchill exhortó a una resistencia a ultranza de Gran Bretaña a sabiendas de que muy pronto el Tercer Reich invadiría el país mediante la denominada «Operación León Marino». Así fue como los aviones germanos comenzaron a atacar en primer lugar a los convoyes que atravesaban el Canal de la Mancha hundiendo a un gran número de embarcaciones, mientras los bombarderos en picado ponían fuera de combate las estación de radar y los bombarderos medios dañaban de gravedad instalaciones navales y astilleros en Dover, Southampton, Plymouth, Portsmouth, Portland, la Isla de Wigh y el Estuario del Río Támeis. Acto seguido se inició la «Operación Águila» consistente en el bombardeo táctico de los aeródromos de la Fuerza Aérea Real Británica, resultando total o parcialmente pulverizados los hangares y aeropuertos de Duxford, North Weald, Hornchurch, Kenley o Drichflield, así como las industrias militares de Newcasttle, Sunderland, Sussex, Surrey, Kent, Bristol, etcétera, además de ser derribados infinidad de cazas de la RAF.
El 25 de Agosto de 1940 un grupo de bombarderos de la Fuerza Aérea Real Británica soltaron sus bombas sobre la capital de Berlín, por lo que un enfurecido Adolf Hitler ordenó arrasar todas las ciudades de Gran Bretaña. Esta decisión cambió el curso de la Batalla de Inglaterra porque la Fuerza Aérea Alemana distrajo su atención de los objetivos militares y se concentró en bombardear la capital de Londres, en donde causaron una gran devastación sobre la metrópoli y mataron a 30.000 civiles, sin obviar con que durante semanas también soltaron su mortífera carga en objetivos no militares de otras ciudades como Liverpool, Birminghan, Exeter, Norwich, Cardiff, Manchester, Nottingham y lugares tan alejados como Escocia o Belfast en Irlanda del Norte. Gracias a este respiro la RAF pudo reponerse y atacar con contundencia, derribando el triple de aviones alemanes que las pérdidas propias en aparatos y pilotos sobre Londres. A pesar de que la Luftwaffe volvió a acosar los aeródromos con cazabombarderos e incluso contó con la ayuda de la aviación italiana, ya nunca más pudo recuperar su capacidad ofensiva en el aire y por tanto el Führer en otoño de 1940 se vio obligado a cancelar la «Operación León Marino» tras haber encajado la pérdida de 1.700 aviones propios por unos 900 de la RAF.
Como bombardear Inglaterra se volvió una tarea imposible para la Luftwaffe por culpa de los cazas de la RAF, para evitarlos se optó por atacar masivamente Londres de noche en un período que se conoció como el «Blitz Nocturno» y que dejó un gran reguero de víctimas mortales sobre Gran Bretaña, como por ejemplo en Conventry que fue reducida a cenizas con 600 fallecidos. Algo parecido sucedió con este tipo de acciones estratégicas en China porque la Fuerza Aérea Imperial Japonesa imitó la táctica bombardeando la capital nacionalista de Chongqing, donde murieron más de 10.000 personas, además de Chengdu, Kunming, Luzhou y Lanzhou, e incluso la capital comunista de la Base Roja del Yenan. Al mismo tiempo Italia atacó desde el aire la Isla de Malta y sobretodo se aprovechó de sus bases en Rodas para lanzar raids contra Palestina en Haifa y Tel Aviv, además de protagonizar algunos bombarderos de largo alcance contra Adén y las refinerías petrolíferas de Bahréin en la Península Arábiga.
El conflicto se extendió al África Occidental Francesa de Vichy en el otoño de 1940 porque la Marina Real Británica realizó un intento de invasión a la colonia de Senegal que sería conocido como la Batalla de Dakar, en cuya ciudad los franceses libres desembarcados fueron rechazados por las tropas senegalesas mientras la escuadra inglesa se hubo de retirar con pérdidas graves en buques a manos de las baterías de costa y las naves de la Flota Francesa. Sin embargo el Imperio Británico no cesó en sus intentos por incordiar al Gobierno de Vichy debido a que atacó el África Ecuatorial Francesa mediante un desembarco y choques armados en Gabón, donde las fuerzas anglo-gaullistas se extendieron por la selva del África Negra hacia Libreville y Brazaville en el Congo Francés, e incluso alcanzaron el Chad para librar combates contra las tropas italianas sobre el Fezzan en pleno corazón del Desierto del Sáhara. Como represalia a estas acciones la Fuerza Aérea de Vichy bombardeó en dos ocasiones la colonia inglesa de Gibraltar, unos raids a los que se sumó la Fuerza Aérea Italiana con varios ataques e incluso buzos de la Xª Flotilla MAS que operando en secreto desde la neutral España hundirían con explosivos hasta una docena de buques de los Aliados.
A inicios del otoño de 1940 las cosas se complicaron para Japón en China con la denominada «Ofensiva de los Cien Regimientos» lanzada por el Partido Comunista Chino contra las provincias norteñas de Hebei y Shaanxi, logrando los partisanos del Ejército Rojo Chino causar el doble de bajas al Ejército Imperial Japonés y al Ejército de Nankíng que formaba parte del «estado títere» de la China Nacional Reorganizada, no solo en efectivos y tropas eliminadas o capturadas, sino en material perdido, infraestructuras destruidas o puentes y vías ferras voladas, sin obviar con que también interrumpieron la producción de carbón en las Minas de Jingxing. Simultáneamente en la vertiente sur del país, las divisiones derrotadas el año anterior en la Batalla del Paso de Kunlun que por aquel entonces se encontraban aisladas en la costa del Golfo de Tonkín, consiguieron salvar la situación cuando el Gobierno Tokyo consiguió que Alemania intercediese ante la Francia de Vichy para abrir las fronteras de la Indochina Francesa. Así fue como las tropas japonesas cruzaron la demarcación con Vietnam por Lang-Son, al tiempo en que una fuerza anfibia desembarcaba en Haiphong y tras una breve resistencia se apoderaba de Hanoi, sometiendo desde ese instante los japoneses la provincia vietnamita de Tonkín.
El 27 de Septiembre de 1940 nació oficialmente el Eje con la firma del Pacto Tripartito entre Alemania, Italia y Japón. A esta gran coalición defensiva no solo se sumaron los «estados títeres» de estos países como Eslovaquia, sino que en seguida se adhirieron otras naciones de Europa Oriental como Hungría o Bulgaria a cambio de una serie de favores territoriales según los acuerdos del Arbitraje de Viena. El caso de Rumanía fue más complicado porque como su postura diplomática había sido anglófila, sus vecinos se aprovecharon de esa circunstancia para repartírsela territorialmente como por ejemplo hizo la Unión Soviética cuando invocando el Pacto Germano-Soviético «Ribbentrop-Molotov» invadió y se anexionó los provincias de Besarabia y Bukovina, algo que imitó Hungría apropiándose de Transilvania y Bulgaria de Dobrudja. Una vez triturado el Estado Rumano hubo un golpe de Estado del movimiento fascista de la Guardia de Hierro y una parte de las Fuerzas Armadas en Bucarest que dejó el país al borde de una guerra civil hasta que el sector militarista liderado por el Conducator Ion Antonescu se impuso a los radicales erradicando la denominada Revolución Legionaria y alineando a Rumanía junto a las potencias del Eje.
Thailandia que era otra firma candidata de sumarse al Eje debido al régimen fascista del Gobierno de Bangkok, quiso aprovecharse de la debilidad de los Aliados y especialmente de Francia, por lo que tras un desencuentro diplomático las tropas del Ejército Thailandés cruzaron las fronteras de Laos y Camboya desatando la Guerra Franco-Thailandesa. En este conflicto el Ejército Francés volvió a demostrar su debilidad porque los soldados thailandeses vencieron a las tropas coloniales indochinas que en su mayoría eran camboyanos, laosianos, tonkineses y annamitas descontentos con el sistema colonial, e incluso en un encuentro pusieron en retirada a las fuerzas de élite de la Legión Extranjera Francesa. Solamente destacó la Flota Francesa que hundió a dos buqes de la Marina Thailandesa en la Batalla de Koh Chang, ya que en tierra los siameses se mostraron imparables tomando el enclave laosiano de Luang Prabang o las plazas camboyanas de Chanthaburi y Battambang. Como los franceses fueron incapaces de contener a sus rivales, al final tuvieron que firmar el Armisticio Franco-Thailandés mediante el que cedieron a Thailandia grandes espacios de Laos y Camboya hasta los límites de la línea en el Río Mekong.
La mañana del 28 de Octubre de 1940 la Italia Fascista invadió Grecia desde el protectorado del Reino de Albania, una decisión de Benito Mussolini que sorprendió al Eje porque el Gobierno Heleno era un régimen también fascista al frente del Primer Ministro Ioannis Metaxas. La idea de los italianos era que los griegos no opondrían resistencia, pero contra todo lo esperado pelearon en los Montes del Epiro y el Macizo del Pindo con increíble valentía, no solamente paralizando el avance ítalo-albanés aprovechándose de sus posiciones defensivas y su superioridad numérica, sino porque ese otoño cayeron lluvias torrenciales que colapsaron los caminos de alta montaña. Nada más ser frenada la ofensiva enemiga en la Batalla del Río Kalamás, el Ejército Griego pasó a la contraofensiva para primero expulsar a los latinos de Grecia y a continuación perseguirlos hacia el interior de Albania, llegando a conquistar casi un tercio del territorio albanés con las importantes ciudades de Sarendë y Korçë, algo que obligó a las vapuleadas tropas italianas y albanesas a establecer una maltrecha línea de protección cerca del vital puerto de Vlorë. A partir de entonces este conflicto que recibió el nombre de Guerra Greco-Italiana entró en un punto muerto porque tanto los italianos como los griegos se hacinaron en una especie de «guerra de trincheras» en las montañas que amenazaba con contagiarse a todo los Balcanes.
El revés de Italia en Grecia no fue el único porque en el Mar Mediterráneo un portaaviones de la Marina Real Británica envió a sus biplanos contra el puerto de Tarento para hundir a un acorazado italiano y dejar fuera de combate a otros buques de línea. A raíz de este incidente con el que la Marina Real Italiana perdió la superioridad naval, en el Norte de África el Ejército Británico pasó a la contraofensiva en Egipto con poco más de 36.000 soldados al mando del general Archibald Wavell contra 250.000 del Ejército Italiano sobre la frontera líbico-egipcia que lideraba el general Rodolfo Graziani. Así fue como se puso en marcha la «Operación Compass» que cogió a latinos completamente por sorpresa en sus posiciones adelantas del Desierto del Sáhara, siendo las tropas coloniales libias aplastadas en Maktila y el Campamento de Nibeiwa, para acto seguido las tropas inglesas y sus carros proseguir por la «Vía Balbia» recuperando en Diciembre de 1940 los enclaves de Sidi Barrani, Sollum y Fort Sidi Azeiz, antes de penetrar en la colonia de Libia a través de Fort Capuzzo.
Año 1941
La «Operación Compass» sobre Libia prosiguió en su apogeo nada más comenzar el año 1941 porque las fuerzas de la Commonwealth penetraron en la colonia italiana, consiguiendo los soldados australianos y tanques británicos sitiar y rendir a la guarnición de tropas ítalo-líbicas en Bardia. Acto seguido una división australiana asedio y conquistó al asalto el estratégico puerto de Tobruk, lo mismo que hicieron las unidades mecanizadas inglesas de «Húsares» con Derna. Por aquel entonces las pérdidas del Ejército Italiano se contaban por decenas de miles, pero lo peor estaba todavía por llegar porque en plena retirada sobre Cirenaica un destacamento de columnas motorizadas se adentraron peligrosamente en el Desierto del Sáhara tomando Mechili mientras desde la carretera de la costa sobre la «Vía Balbia» los anglo-indias alcanzaban Bengasi, Agedabia y la demarcación con Tripolitania. Fue en ese instante cuando los Aliados cerraron la bosa a la altura de Beda Fomm, cortando la huida de los italianos que fueron completamente aniquilados a manos de sus perseguidores. La magnitud del desastre se tradujo en 148.000 bajas para los latinos, la pérdida de innumerable material bélico y el abandono de Cirenaica en favor del Imperio Británico.

Piezas de artillería Bófors del Ejército Británico bombardeando Derna en Febrero de 1941 durante la «Operación Compass».
En el Mar Mediterráneo las cosas también salieron mal para Italia porque durante la Batalla del Cabo Matapán contra la Marina Real Británica que protegía las aguas de Grecia los ingleses hundieron a tres cruceros italianos, perdiendo los británicos solamente otro crucero la acción de buzos latinos en la Bahía de Suda. Algo mejor transcurrió el asedio a la Isla de Malta porque los ingleses sufrieron más bajas en cargueros y destructores a la hora de suministrar la isla que no los italianos en sus propios convoyes hacia el Norte de África. Respecto a la Batalla del Atlántico los submarinos alemanes que muy pronto contaron con la ayuda de sumergibles italianos mantuvieron una superioridad aplastante porque a costa de unas pérdidas mínimas hundieron centenares de mercantes británicos, a veces echados a pique por corsarios, lo que dio lugar a algunos encuentros con buques de superficie como la Batalla del Estrecho de Dinamarca en la que resultó hundido el acorazado inglés HMS Hood y posteriormente el acorazado germano Bismarck. Los Estados Unidos que fueron víctimas de algunos torpedeamientos por accidente no dudaron en romper ilegalmente la neutralidad alargando sus aguas internacionales en el Hemisferio Norte, vendiendo material a Inglaterra mediante la Ley de Préstamo y Arriendo e incluso desembarcando tropas en Groenlandia.
A principios de aquel 1941 las campañas se multiplicaron en China porque el Imperio Japonés fue aislando al Kuomitang en la costa con el Océano Pacífico efectuando una serie de desembarcos con los que estableció dos cabezas de varios kilómetros en Fujian y Zhejiang. En el interior del país también amplió sus territorios de una manera moderada porque tras causar serias bajas al Ejército Chino en Hubei y el Río Han, los japoneses se extendieron al sur de la provincia de Henan y coronaron los estratégicos Montes Zhongtiao, fracasando únicamente sobre la región Jiangxi porque los chinos les rechazaron en la Batalla de Shanggao. No obstante el peor revés encajado por China fue a nivel político con el denominado Incidente de Wannan cuando el Ejército Chino decidió responder a una serie de agresiones del Partido Comunista Chino sobre las comarcas rurales de Bantaji y Guocun, tendiendo al Ejército Rojo Chino una emboscada entre las montañas y campos que terminó en la destrucción del IV Ejército Nuevo, un acontecimiento que supuso la ruptura entre nacionalistas y comunistas, así como la desaparición del II Frente Unido.

El IV Ejército Nuevo del Partido Comunista Chino en un descanso tras el Incidente de Wannan de 1941.
Yugoslavia que hasta 1941 se había mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial se vio arrastrada a firmar una alianza con el Tercer Reich hasta que un golpe de Estado de repente alineó al país con el Imperio Británico. Como represalia por esta traición, Adolf Hitler puso en marcha la «Operación Castigo» el 6 de Abril mediante un bombardero conjunto de la aviación germano-italiana con el que se arrasó la capital de Belgrado matando a 4.000 civiles serbios. Acto seguido Alemania, Italia, Hungría, Bulgaria y Rumanía declararon hostilidades a Yugoslavia e invadieron el país desde todas sus fronteras, haciéndolo los alemanes y búlgaros sobre Macedonia y Novi Sad, los italianos sobre los Alpes Julianos y Eslovenia, y los húngaros sobre Voivodina y Eslavonia. Salvo por un éxito local de los yugoslavos a la hora de hacer retroceder a los italianos del norte de Albania durante la «Operación R-41»; en el resto de sectores los invasores conquistaron la capital de Belgrado con un golpe de mano de tan solo un puñado de miembros de las SS; al mismo tiempo en que las tropas germanas se hacían con Zagreb y Sarajevo, las tropas italianas se apropiaban de Ljubliana, Podgorica y la costa de Dalmacia en el Mar Adriático, las fuerzas húngaras de Szentamás, las unidades búlgaras de Skopje y los colaboracionistas albaneses de porciones de Kosovo. Mientras eso ocurría el Ejército Yugoslavo fue poco a poco embolsado o se desintegró por culpa de los motines, sobretodo de los nacionalistas croatas y bosnios que tomaron enclaves como Mostar, Jasenica o Polje. Bastó poco más de una semana para que toda Yugolavia se desintegrase en pedazos, la Corona se exiliase en Inglaterra y los Balcanes pasaran a estar totalmente dominados por el Eje.
La desaparición de Yugoslavia no implicó el fin de la contienda en los Balcanes porque las potencias invasoras se apropiaron de ciertas porciones del país con sus respectivas minorías, como Italia de Dalmacia, Istria y las Islas Adriáticas, Alemania de Carniola y Maribor, Hungría de Voivodina y Eslavonia, Bulgaria de Macedonia y Novi Sad, y el Reino de Albania de Kosovo. De igual manera se concedió la independencia al Estado Independiente de Croacia, la Serbia de Salvación Nacional y el Reino de Montenegro, aunque pronto comenzaron a guerrear entre sí por una cuestión de fronteras no definidas, ya que las milicias croatas y bosnias de la Ustacha masacraron en una auténtica limpieza étnica a los serbios, mientras que estos últimos y los montenegrinos organizados en bandas chetniks asesinaron a los primeros durante los levantamientos de Bosnia-Herzegovina, sin obviar la violencia de nacionalistas periféricos como los eslovenos, macedonios o los musulmanes albaneses del Sandzak. A esta guerra interétnica que los ocupantes del Eje fueron incapaces de aplacar debido al odio entre los vecinos y las diferentes religiones durante generaciones, hubo que sumar el nacimiento de los partisanos yugoslavos al frente de Josip Tito, quién siendo el jefe del Partido Comunista Yugoslavo, organizó un movimiento guerrillero primero sobre la denominada República de Ucize en Serbia y tras la aniquilación de ésta sobre el sureste de Croacia y Bosnia.

Los paramilitares croatas de la Ustacha del Estado Independiente de Croacia con una aldea recién tomada en Bosnia.
Grecia fue invadida de forma simultánea a Yugoslavia en la «Operación Marita» con una ofensiva del Ejército Alemán sobre la «Línea Metaxas» como respuesta de Adolf Hitler para socorrer a Italia que en aquellos instantes estaba enfrascada en la Guerra Greco-Italiana. Con facilidad las tropas germanas rompieron la cadena de fortificaciones y entraron en Tracia cruzando el Río Struma y el Valle de Devoll, mientras unidades motorizadas irrumpían desde Yugoslavia a través de la Macedona Griega ocupando el Paso de Klidi, Edessa, Florina y el puerto de Salónica. Gracias a esta maniobra se embolsó a la mitad del Ejército Griego entre los invasores germanos y el Ejército Italiano que reconquistó el territorio perdido en Albania y se extendió sobre el Epiro y el Macizo del Pindo, a la vez en que el Ejército Búlgaro que seguía la estela de las tropas germanas se apropiaba del territorio tracio y las zonas próximas a las fronteras con Turquía. Consumada esta victoria el Ejército Alemán chocó contra las fuerzas australianas y neozelandesas de la Commonwealth a las que primero expulsó del Monte Olimpo y posteriormente venció en el histórico Paso de las Termópilas, lo que permitió a los germanos hacerse con el puerto de El Pireo y entrar en Atenas, izando la bandera de la esvástica sobre la Acrópolis. Una vez conquistada la capital los paracaidistas tomaron el Canal de Corinto y permitieron el paso de la infantería hacia el Peloponeso que se apoderó de toda la península tras hacer numerosos prisioneros a los Aliados, algo con lo que se puso fin a la campaña de Grecia que fue ocupada militarmente por Alemania, Italia y Bulgaria, incluyendo las Islas Jónicas y los archipiélagos del Mar Egeo.
Justo después de la campaña de Creta la Fuerza Aérea Alemana puso en marcha la «Operación Merkur» lanzando a miles de paracaidistas sobre la Isla de Creta donde se refugiaban los últimos restos del Ejército Anglo-Griego. A pesar de las bajas sufridas en aviones y unidades aerotransportadas en Máleme, La Canea, Retimnón y Heraklión, los miles de hombres saltados en paracaídas se apropiaron de dichos aeródromos para recibir refuerzos en un puente aéreo y obtener la ayuda de tropas italianas desembarcadas vía naval, lo que supuso la captura de muchos de soldados británicos, neozelandeses, griegos y australianos. Ocupada la Isla de Creta con una gran derrota de los Aliados tanto por tierra como por mar, pues los aviones ítalo-germanos hundieron tres cruceros ingleses y otras embarcaciones como transportes y destructores, la Marina Real Británica volvió a perder la superioridad en el Mar Mediterráneo en favor del Eje, algo que encima estuvo acompañado de continuos bombardeos sobre la Isla de Chipre y sobretodo Egipto, ya que fueron echados a pique decenas de cargueros y se dañaron instalaciones tanto en Alejandría como en el Canal de Suez.
El Norte de África fue el siguiente escenario al que acudió el Tercer Reich para ayudar a Italia enviando al puerto de Trípoli al contingente expedicionario del Afrika Korps al mando del general Erwin Rommel, quién nada más hacerse cargo de la complicada situación de los restos del Ejército Italiano pasó al contraataque empleando una serie de argucias como camuflar tanques falsos en el Desierto del Sáhara y maniobrar sobre unos pantanos salobres, logrando primero desalojar a las fuerzas inglesas de los bordes de Tripolitania y luego arrebatándolas la plaza de El Agheila. La sorpresa fue tal que las divisiones de la Commonwealth emprendieron la retirada sin saber a qué se enfrentaban, momento que el Afrika Korps aprovechó para emprender la persecución y rodar sobre Cirenaica a través de la «Vía Balbia», tomando en efecto dominó los enclaves de Agedabia, Mersa El-Brega y Bengasi, en donde hicieron cientos de prisioneros y capturaron numeroso material bélico y gasolina. Simultáneamente otra columna que atravesó las regiones desérticas del interior ocupando Msus y Cirene, apareció de improviso a espaldas de una brigada india que aniquiló en Mechili. A continuación los ítalo-germanos pusieron bajo asedio al puerto de Tobruk debido a las dificultades de tomarlo al asalto, aunque el resto de sus fuerzas reconquistaron Libia hasta la demarcación en Fuerte Capuzzo, e incluso volvieron a entrar unos kilómetros en Egipto apropiándose de Sollum y el Paso de Halfaya, en cuyas inmediaciones los cañones y tanques Panzer provocaron una tremenda derrota a las formaciones acorazadas inglesas durante la «Operación Battleaxe».
Irak se sublevó en 1941 contra el yugo del Imperio Británico y declaró su adhesión a las potencias del Eje, abriendo de este modo los árabes un nuevo teatro de operaciones en el Oriente Medio que sería conocido como la Guerra Anglo-Irakí. Como desde el inicio de las hostilidades ya existía en el corazón de Mesopotamia una diminuta guarnición inglesa en la Base de Habbaniya, las tropas irakís la sitiaron y la bombardearon con artillería mientras desde el exterior se organizaba una expedición de socorro que desde el Golfo Pérsico desembarcó a fuerzas anglo-indias en el puerto de Bassora. Al mismo tiempo y de forma coordinada partió de Palestina y Transjornadia una segunda expedición con tropas británicas y transjordanas de la Legión Árabe que accedieron al territorio irakí por el Oasis de Rutba, donde tras derrotar a un grupo de soldados irakís y guerrilleros árabes, atravesaron el caluroso desierto hasta enlazar con los sitiados en la Base de Habbaniya. Liberados los ingleses y levantado el asedio, los combatientes anglo-transjordanos vencieron sucesivamente al Ejército Irakí en diversos choques como la Batalla de Fallujah, exactamente igual que hicieron los anglo-indios que remontaban el Río Tigris y el Río Eúfrates tomando las plazas de Kut y Ur. De nada sirvió la ayuda de la Fuerza Aérea Alemana que acudió en ayuda del Ejército Irakí porque tras algunas incursiones poco efectivas finalmente los Aliados alcanzaron los arrabales de la capital de Bagdad, librando un sangriento combate hasta su conquista definitiva, como también de todo el Irak que pasó quedar a merced de la Commonwealth.

La Legión Árabe de Transjordania junto a un aeródromo de la Fuerza Aérea Real Británica en Mesopotamia durante la Guerra Anglo-Irakí de 1941.
Siria y Líbano que formaban parte de la Francia de Vichy también fueron agredidas por los Aliados nada más consumarse la conquista de Irak mediante tres ofensivas simultáneas que partieron de Mesopotamia, Transjornada y Palestina con diversas unidades del Reino Unido, la Commonwealth y la Francia Libre. Nada más comenzar la invasión las tropas indias ascendieron sobre los Altos del Golán asegurando el Ferrocarril del Hejaz, Deraa y Ezraa, como también hicieron los australianos superando a duras penas el Río Litani y los franceses libres junto a la caballería circasiana ocupando el Monte de los Drusos, la ciudad de Sidón y la capital siria de Damasco. Acto seguido en el Desierto Sirio las fuerzas británicas y transjordanas de la Legión Árabe avanzaron a través de las dunas tomando Sukhna y desalojando a los defensores de la Legión Extranjera Francesa de las ruinas romanas de la mítica ciudad de Palmira. A partir de entonces el avance se ralentizó porque los vichystas comenzaron a presentar una fiera resistencia que costó bajas muy elevadas por ambos bandos, sin obviar con que la aviación alemana y los guerrilleros árabes hostigaron los invasores. Sin embargo aquello no fue suficiente para impidió que los Aliados acabaran progresando más de 300 kilómetros hasta apoderarse de Trípoli, Homs, Aleppo y la capital libanesa de Beirut. Fue en ese instante cuando el Gobierno de Vichy en lugar de proseguir combatiendo optó por sentarse a negociar y firmó el Tratado de San Juan de Acre con el Reino Unido, por lo que desde instante tanto Siria como Líbano fueron entregadas a la Francia Libre.

Soldados ingleses del Regimiento de Infantería Essex en las ruinas de Palmira durante la invasión a Siria.
En el África Oriental Italiana la situación se volvió grave para el Imperio Italiano porque después de las exitosas conquistas del año anterior los Aliados pasaron a la contraofensiva desde las fronteras del Sudán Anglo-Egipcio, Kenya y el Congo Belga. Inmediatamente las tropas británicas, sudafricanas, rhodesias e indias arrollaron a los defensores transalpinos y somalís sobre la Somalia Italiana, avanzando de manera imparable en la colonia y tomando la capital de Mogadiscio, además de recuperar el territorio perdido de la Somalia Británica. Al mismo tiempo desde el Sudán las fuerzas anglo-sudanesas entraron en los dominios latinos de Eritrea, venciendo con facilidad a los defensores ítalo-eritreos en choques como los de Keren y Argodat, lo que otorgó el control de la costa a los ingleses después de una serie de encuentros armados contra las naves italianas en el Mar Rojo. De igual forma se invadió Etiopía desde el África Negra con tropas coloniales nigerianas, ugandesas y congoleñas acompañadas de oficiales ingleses y guerrilleros etíopes leales al Emperador Haile Selassie que aplastaron una a una a las diferentes guarniciones ítalo-etíopes como las de Gidami, Gambela o Saiö; aunque también hubo otras alas de invasión al norte y al sur del país que destrozaron a varias divisiones enemigas en la Batalla de Gondar y entraron triunfales en la capital de Addis Abbeba. A continuación las tropas italianas y etíopes libraron la Batalla de Amba Alagi, donde infligieron una enorme cantidad de bajas a la Commonwealth, hasta que los latinos no tuvieron más remedio que rendirse en toda la región, salvo unos cuantos que continuaron resistiendo varios meses hasta su capitulación en el Paso de Cualqualber. Así fue como todo el África Oriental Italiana con Etiopía, Eritrea y Somalia fueron conquistadas por los Aliados y sometidas a la tutela del Imperio Británico.
A medida que se iba consumiendo la mitad del año 1941 el Tercer Reich ultimó los preparativos finales para poner en marcha la «Operación Barbarroja» que preveía la ruptura del Pacto Germano-Soviético «Ribbentrop-Molotov» y la invasión de la Unión Soviética. Según la Directiva Nº21 elaborada por Adolf Hitler el plan del Führer era acabar con el comunismo y crear un «espacio vital» o «Lebensraum» para los pueblos germanos en el Este, los cuales debían expulsar a los eslavos y ocupar todas sus tierras hasta los Montes Urales. A esta campaña a la que también se sumarían todos los socios de Alemania como Rumanía, Finlandia, Hungría, Italia, Eslovaquia, Croacia e incluso la neutral España, así como nacionalistas de Ucrania o los Países Bálticos, se emplearían más de 3 millones de soldados y millares de tanques, aviones, camiones y piezas de artillería sobre un frente de casi 3.000 kilómetros que se dividió por áreas en el Ártico, el Grupo de Ejércitos Norte, el Grupo de Ejércitos Centro y el Grupo de Ejércitos Sur. Como el Ejército Rojo aparentaba ser un rival débil tras la «Gran Purga» de oficiales perpetrada por Iósif Stalin y después de su pésimo papel militar ante el Ejército Finlandés durante la Guerra de Invierno, se pensaba que se produciría su rápido colapso y que los invasores alcanzarían antes de final de año la línea que iba desde Arkángel en el Mar Blanco hasta Astrakán en el Mar Caspio.
Al amanecer del 22 de Julio de 1941 el Ejército Alemán invadió la Unión Soviética comenzando la «Operación Barbarroja» que tuvo como foco de ataque principal el Grupo de Ejércitos Centro a la hora de cruzar el Río Bug y penetrar en Bielorrusia, no sin antes encontrar ciertas dificultades en tomar la ciudad de Brest-Litovsk y rendir a la guarnición de la Fortaleza de Brest. Dejado atrás este objetivo ya todo resulto sencillo porque las tropas soviéticas situadas a medio desplegar sobre la «Línea Stalin» fueron arrolladas por la «Guerra Relámpago» de los Panzer que tomaron Grodno, superaron el Río Niemen y derrumbaron el frente por Orsha para embosar y aniquilar a 340.000 soldados rusos que se rindieron en la capital bielorrusa de Minsk, así como a otros 150.000 en Byalistock y varios ejércitos entre el Río Dvina y Volkovisk, más los que se apresaron en Mogilev, Borisov y Smolensk. A lo largo del verano los germanos continuaron embolsando a infinidad de divisiones del Ejército Rojo como los 90.000 efectivos capturados en Gomel hasta que al cabo de unas semanas finalmente el Grupo de Ejércitos Centro terminó de conquistar Bielorrusia y entró nada menos que en las fronteras occidentales de la propia Rusia.
Paralelamente el Grupo de Ejércitos Norte desencadenó su gran ofensiva en los Países Bálticos progresando 80 kilómetros el primer día y apoyándose en los nacionalistas lituanos que se sublevaron contra los rusos en Vilna y Kaunas para entregar prácticamente sin combatir el control de toda Lituania a la Wehrmacht. Gracias a que en las primeras veinticuatro horas la Fuerza Aérea Alemana barrió del aire a la Fuerza Aérea Soviética derribando y destruyendo en tierra miles de aviones, los germanos no encontraron prácticamente oposición en tierra porque se desparramaron unos 300 kilómetros en dirección a Letonia y algunos cuerpos entraron en el noroeste de Rusia por Pskov mientras los Panzer destruían con facilidad las columnas acorazadas rusas en Ukermege y Daugavpils. Apenas sin posibilidad de frenar a los invasores los rusos se retiraron de Letonia que fue cedida al Ejército Alemán cuando ocupó Liepâja, Jelgava y la capital de Riga; poco antes de que los germanos accediesen a Estonia en donde se produjeron ataques de los guerrilleros estonios de los Hermanos del Bosque, los cuales aniquilaron a una división entera en Tartu y se unieron a los alemanes para ayudarles a tomar la capital de Tallin y las Islas Bálticas. Una vez Lituania, Letonia y Estonia quedaron bajo la órbita del Eje, las columnas Panzer que rodaban sobre el norte de Rusia sitiaron la ciudad de Leningrado y se expandieron sobre el territorio ruso conquistando importantes enclaves como Luga, Lyuban, Novgorod e Izhora, además de alcanzar puntos tan lejanos como el Lago Ladoga y el Lago Ilmen.

Soldados del Ejército Alemán son recibidos como libertadores en Riga por mujeres que enarbolan la bandera de Letonia.
El Grupo de Ejércitos Sur cruzó la frontera con Ucrania con avances significativos en las primeras jornadas porque tras sortear el Río San los alemanes se apoderaron de la ciudad de Lvov con ayuda de una insurrección de nacionalistas ucranianos, quienes resultaron ser decisivos a la hora de asegurar las provincias de Galitzia y Volhynia, más sus principales enclaves de Równo y Przemysl. Curiosamente y a diferencia de otras de áreas de la «Operación Barbarroja», en este sector la mitad de las unidades eran de diversas naciones del Eje como el Ejército Húngaro que coronó los Cárpatos Ucranianos pasando el Río Prut o el Ejército Eslovaco que irrumpió en el Valle de Lypovec. Sin embargo el mayor protagonismo lo tuvo el Ejército Rumano que demostró ser una fuerza muy capaz porque sus divisiones pasaron por encima del Ejército Rojo recuperando las provincias de Besarabia y Bukovina con sus capitales de Iasi y Chisinâu en Moldavia, antes de invadir Transnistria y arrebatar a los rusos después de una batalla muy sangrienta para ambos bandos el puerto de Odessa en el Mar Negro. A pesar de todo los principales avances los protagonizó el Ejército Alemán y fuerzas de las Waffen-SS que atravesaron el Río Irpién y ocuparon sucesivamente las ciudades de Berdichev, Zhitomir, Korosten y Roslav, donde fueron hechos decenas de miles de cautivos, aunque lo peor ocurrió en el embolsamiento de Umán tras ser capturados más de 200.000 soviéticos.
La Guerra de Continuación en el Ártico fue el siguiente teatro de la «Operación Barbarroja» que en este caso abrió Finlandia después de declarar hostilidades a la URSS con la pretensión de recuperar los territorios perdidos en la Guerra de Invierno. Así fue como el Ejército Finlandés volvió a entrar en Carelia perforando la escasamente fortificada «Línea Luga» del Ejército Rojo, al que expulsó de los tramos entre el Lago Ladoga y el Lago Onega para reconquistar el enclave de Laatoka y superar el Río Vuoksi para tomar Olonets, Svir y Sortavala, aunque el mayor éxito tuvo lugar a la hora de aplastar a las fuerzas soviéticas en la Batalla de Kairala y apoderarse de la simbólica ciudad de Viipuri. Al mismo tiempo en el norte las tropas finlandesas volieron a hacerse con el control de Salla; mientras que en Laponia los finlandeses y soldados alemanes de las SS avanzaron hacia el puerto de Múrmansk que no pudieron ocupar por culpa del hielo en el Río Litsa, teniéndose entonces que conformar con aislar la Península de Kola a la que sometieron a bombardeos de la aviación, como también hicieron algo más lejos con los muelles de Arkángel. Más suerte tuvieron las fuerzas finlandesas y voluntarias suecas que asediaban la Base Naval de Hangö en el Golfo de Finlandia, pues tras una serie de escaramuzas accedieron a las instalaciones, aniquilaron a los pocos rusos que no fueron evacuados y retomaron la plaza gracias en parte a los combatientes enviados por la neutral Suecia. Respecto al escenario principal en Carelia los finlandeses coronaron la Meseta de Duderhof, desembarcaron en la Isla de Rahmaansaari y se hicieron con Uritsk y Utja, recuperando de esta manera todo el terreno cedido a la URSS en la Guerra de Invierno y entrando en la propia Rusia para cercar desde el norte la ciudad de Leningrado.
Leningrado fue sitiada a mitad de la «Operación Barbarroja» por el Ejército Finlandés desde el Istmo de Carelia en el norte y por el Ejército Alemán desde el sur poco después de cortar los últimos enclaves ferroviarios con Moscú en Chedovo y Mgu. Habitada la ciudad con más de un millón y medio de habitantes, incluyendo al personal de la guarnición, pronto la población comenzó a quedarse sin reservas de alimentos, medicamentos y por supuesto sin energía cuando se adelantó anticipadamente el invierno con gélidas temperaturas. Las consecuencias de aquellas privaciones, sumadas a los constantes bombardeos de la artillería alemana y la aviación germano-finesa, condujeron a los sitiados rusos a una situación crítica porque las calorías se redujeron al mínimo hasta quedar esqueléticos, por lo que rápidamente proliferaron las muertes a miles, luego a decenas de miles y finalmente a centenares de miles. A pesar de todo los soldados del Ejército Rojo consiguieron llevar algunos suministros de comida a bordo de embarcaciones sobre del Lago Ladoga y cuando sus aguas se congelaron sobre una fina capa de hielo conocida como la «Carretera de la Vida». Milagrosamente el pueblo de Leningrado pudo reponerse y contener la invasión del Eje que nunca pondría el pie en la ciudad, aunque por desgracia a un coste humano sin precedentes de 300.000 militares fallecidos y 900.000 civiles.
Irán era una nación neutral que fue agredida por los Aliados mientras se desarrollaba la «Operación Barbarroja» debido a que Gran Bretaña necesitaba una vía de avituallamiento para enviar material bélico a la Unión Soviética. De ese modo fue como tras la declaración de hostilidades por parte del Gobierno de Londres y el Kremlin, el país fue invadido desde todas sus fronteras como por ejemplo el Ejército Rojo que irrumpió en el Azerbayán Persa y desembarcó al norte del Mar Caspio por Rasht para abrirse paso hasta asegurar Makú, Khoi y el Lago Ürmia; la Caballería Roja Turcomana que desde Turkmenistán se apropió de la plaza de Mashhad; un contingente anglo-indio que desde Mesopotamia arremetió con éxito contra Kermanshah; una división india que desde Irak serpenteó sobre Khuzestán entre los Montes Zagros; y una serie de comandos británicos, australianos y nepalís que a bordo de naves en el Golfo Pérsico desembarcaron en los puertos de Abadán y Bändar Shapur, haciéndose con dichos enclaves y todas sus refinerías petrolíferas, así como los oleoductos de Khörrämshahr. El Ejército Iraní solo pudo ejercer una resistencia simbólica en todos los sectores atacados, ya que después de perder Qazvin y Qom, en cuestión de días las dos alas de invasión conformadas por tropas anglo-indias y soviéticas enlazaron en la localidad de Sanandaj. A partir de entonces ya todo fue sencillo porque los agresores entraron triunfales en la capital de Teherán y extinguieron los últimos focos de oposición iraní en Hamadán y Sultanaban, hasta materializarse la capitulación de Irán y su conquista por los Aliados que se intercomunicaron a través del «Corredor Persa».

Fuerzas blindadas del Ejército Anglo-Indio y el Ejército Rojo se encuentran en medio del desierto durante la invasión de Irán.
El «Corredor Persa» y también los puertos de Múrmansk y Arkángel en el Ártico permitieron a la Unión Soviética recibir todo el material bélico y el suministro necesario por parte de Gran Bretaña y también de Estados Unidos que desde su neutralidad había ampliado la Ley de Préstamos y Arriendos a Rusia, China y demás naciones de la Commonwealth. La razón de esta cambio de actitud fue la intensificación de la acción de los submarinos alemanes en la Batalla del Atlántico que continuaban asfixiando económicamente a Gran Bretaña, pero que de vez en cuando provocaban algún altercado como el hundimiento por error de un destructor norteamericano. Algo similar también sucedió en China con el ataque por equivocación de la aviación japonesa a un cañonero estadounidense en el Río Yang-Tsé que generó fricciones con el Gobierno de Tokyo. Precisamente en aquel país el Ejército Japonés desarrolló una ofensiva contra la rica provincia de Hunan y las orillas del Lado Dongting conocida como la Segunda Batalla de Changsha, donde al igual que sucedió con el enfrentamiento de 1939, los japoneses se estrellaron y fueron derrotados por unos muy bien parapetados defensores del Ejército Chino.
En Septiembre de 1941 la idea original de la «Operación Barbarroja» fue modificado sobre la marcha porque como Adolf Hitler deseaba de una vez por todas con propinar un mazazo al Ejército Rojo en Ucrania, ordenó desviarse al Grupo de Ejércitos Centro que avanzaba directamente hacia la capital de Moscú para torcer hacia el sur con la pretensión de enlazar con el mucho más lento Grupo de Ejércitos Sur y embolsar a un gran número de unidades enemigas sobre las llanuras ucranianas. Aunque en el Estado Mayor Alemán muchos se manifestaron en contra de esta decisión, el Führer siguió adelante haciendo girar al Grupo de Ejércitos Centro que en cuestión de pocos días cruzó el Río Dniéper y cerró la pinza con el Grupo de Ejército Sur, creando una gigantesca bolsa en Kíev que terminó con la destrucción de veintidós divisiones rusas y unas 800.000 bajas para los soviéticos, incluyendo 600.000 prisioneros en lo que fue la mayor victoria militar de la Historia. Con la capital de Kíev y la mitad de Ucrania en manos del Eje, de nuevo pudo reanudarse el avance hacia Moscú con tan mala suerte que se proporcionó un tiempo precioso al Ejército Rojo para preparar la defensa de la ciudad y sobretodo para evacuar a una parte de la industria pesada más allá de los Montes Urales en Siberia.
Ucrania volvió a ser foco del progreso del Grupo de Ejércitos Sur en el otoño de 1941 porque las fuerzas germano-rumanas pasaron el Istmo de Perekop y ocuparon casi toda la Península de Crimea salvo por la excepción de las plazas fortificadas de la Península de Kerch y la Base Naval de Sevastopol; mientras en la zona continental el Ejército Alemán se apropiaba de la región de Jersón, Krivoi-Rog, Zaporozhe y Dnipropetrovsk, al mismo tiempo en que el Cuerpo Expedicionaria Italiano aniquilaba a una división blindada soviética entera en la Batalla de Petrikowka. Acto seguido un contingente de varias divisiones germanas acompañadas de cazadores austríacos y voluntarios croatas libraron la Batalla de Kharkov que supuso la destrucción de la guarnición soviética y la toma de dicha metrópoli que estaba entre las cinco más industrializadas de la URSS. Posteriormente los Cuerpos Panzer, el Ejército Rumano, el Ejército Húngaro y la División Eslovaca rodaron sobre las fronteras orientales del país y sus campos de grano embolsando y destruyendo a 100.000 rusos entre Orejov y Berdiansk, antes de cruzar el Río Mius, hacerse con la ciudad de Taganrog y apropiarse de la cuenca minera del Donets. También los alemanes conquistaron la ciudad de Rostov que hacía frontera con el Cáucaso, aunque solo la mantuvieron un tiempo porque al final la perdieron tras una contraofensiva local del Ejército Rojo.
La ofensiva final sobre Rusia comenzó a finales del otoño de 1941 bajo el nombre de «Operación Tifón», avanzando los alemanes en las primeras jornadas 60 kilómetros y ocupando el bastión de Orel. A continuación en una maniobra de dos pinzas efectuada magistralmente por el Grupo de Ejércitos Centro, un total de seis ejércitos soviéticos quedaron atrapados en las denominadas bolsas de Bryansk y Vyazma, las cuales terminaron por ser completamente aniquiladas con otras 700.000 bajas para los soldados rusos, la mayoría prisioneros. Solamente las lluvias otoñales y el barro ralentizaron el avance de la Wehrmacht, por lo menos hasta que con las primera heladas los tanques Panzer pudieron moverse sobre la carretera y proseguir hacia la capital que fue sometida a intensos bombarderos de la Fuerza Aérea Alemana, cuyas bombas causaron el pánico entre la población con saqueos y una afluencia de millares de refugiados hacia los Montes Urales. A pesar de todo las bajas temperaturas congelaron los motores e inutilizaron las armas de los invasores, lo que sumado a que muchos combatientes no llevaban ropa de invierno adecuada para soportar las bajas temperaturas, provocó que el Ejército Alemán que se quedara completamente parado a tan sólo 16 kilómetros de Moscú, justo cuando las vanguardias contemplaban desde la distancia las cúpulas del Kremlin.
El 5 de Diciembre de 1941 el Ejército Rojo al mando del general Georgi Zhukov desencadenó la primera gran contraofensiva de Moscú con casi un millón de soldados entre moscovistas, reservistas, cosacos y siberianos acompañados de miles de tanques y aviones que dejaron estupefactos a los combatientes del Grupo de Ejércitos Centro. Como por aquel entonces el Ejército Alemán estaba tan desgastado a nivel material y sus hombres se encontraban al límite de sus fuerzas, los soviéticos pusieron en retirada a los germanos que retrocedieron para asombro de todos, abandonando en algunos casos sus tanques y hasta perdiendo el control de dos importantes ciudades como Kalinin y Tula. Aunque finalmente la Wehrmacht fue capaz de reorganizarse sobre una sólida línea defensiva algo más atrás desde el punto del comienzo de la ofensiva del Ejército Rojo, los alemanes se habían alejado 150 kilómetros de Moscú y ya no podrían poner de rodillas a la URSS como estaba previsto para aquel año 1941.
La situación en el Norte de África se complicó para el Eje porque durante la mitad del año 1941 el Afrika Korps que asediaba la ciudad portuaria de Tobruk fue incapaz de tomarlo gracias a la férrea determinación de la división australiana sitiada que rechazó todos los asaltos ítalo-germanos a los que causó grandes bajas. Fue entonces cuando la Commonwealth que tuvo meses para reorganizarse lanzó una enorme contraofensiva bautizada como «Operación Crusader» que desarticuló el dispositivo de las fuerzas del general Erwin Rommel por Gabr Saleh y las desalojó de Egipto con las miras puestas en liberar a la guarnición australiana de Tobruk. Lamentablemente las cosas para los ingleses no salieron tan bien porque durante una serie de batallas acoazadas en los alrededores de Bir el Gobi y la Cresta de Sidi Rezegh perdieron a la mayor parte de su arma acorazada. A pesar de las bajas en tanques, la situación logística y la inferioridad numérica del Afrika Korps era tal que finalmente la línea del frente se derrumbó y los ítalo-germanos hubieron de emprender la retirada dejando atrás a numerosos soldados que fueron embolsados y se rindieron en las plazas de Bardia, Sollum y el Paso de Halfaya, antes de abandonar el sitio de Tobruk que resultó liberado por un ataque coordinado de anglo-australianos y voluntarios polacos y checos. Nuevamente los italianos y sus socios germanos hubieron de replegarse sobre Cirenaica cediendo a los Aliados el control de Derna, Msus, Mechili y Bengasi para construir una nuevo perímetro en Bengasi. Sin embargo los ingleses estaban tan exhaustos que tuvieron que detenerse en aquel punto, ya no sólo por las bajas sufridas en tierra, sino porque en el Mar Mediterráneo la Marina Real Británica encajó un golpe severo al ser hundidos sus únicos tres acorazados, uno por un submarino alemán y dos a manos de buzos italianos en el puerto de Alejandría, además de perder a un crucero frente a la Marina Real Italiana en la Primera Batalla de Sirte.
Estados Unidos era una nación neutral que desde la reelección del Presidente Franklin Delano Roosevelt fue adoptando una actitud más intervencionista en favor de Gran Bretaña, sobretodo tras la Conferencia de Terranova en donde se aprobaron unos principios morales de posguerra recogidos en la Carta del Atlántico. No obstante el mayor foco de tensión fue en el Océano Pacífico porque debido a las complicaciones en China, el Primer Ministro Fumimaro Konoe de Japón solicitó a Adolf Hitler extender sus bases desde Tonkín hacia el sur de la Indochina Francesa, algo que el Führer aceptó presionando al Gobierno de Vichy, por lo que en seguida las tropas japonesas se apropiaron del resto Vietnam con Annam, Cochinchina y el puerto de Saigón, e incluso de Camboya entrando en la capital de Phnom Penh. Como esta era una zona comercial de vital interés estratégico para Norteamérica, la Casa Blanca respondió contundentemente primero congelando los bienes y activos de las empresas japonesas, pero luego interrumpiendo el suministro de petróleo y materias primeras a Japón, algo que imitaron en sus exportaciones de crudo el Imperio Británico y Holanda desde sus refinerías en Borneo y Sumatra. Aquel duro golpe para el Imperio del Sol Naciente que condenaba a su población a morir de hambre, condujo a que se alzara en el poder el Primer Ministro Hideki Tôjô, quién tras agotar toda las vías diplomáticas con el Gobierno de Washington, no tuvo más remedio que verse forzado a recuperar el petróleo retenido arrebatándoselo a las potencias occidentales, aunque eso implicase tener que agredir a dichas naciones, incluyendo a la propia Norteamérica.

Cazas japoneses Zeros preparándose a despegar en un portaaviones frente a las Islas Hawaii el 7 de Diciembre de 1941.
La mañana del 7 de Diciembre de 1941 una escuadra de seis portaaviones de la Marina Imperial Japonesa al mando del almirante Isoroku Yamamoto lanzó de sus cubiertas una oleada de 351 aviones al norte de las Islas Hawaii que pronto alcanzaron la Isla de Oahu y la Base Naval de Pearl Harbor. Aprovechándose del factor sorpresa, los cazabombarderos y torpederos japoneses hundieron o dejaron fuera de combate en la rada a nada menos que una veintena de buques norteamericanos entre ocho acorazados, un crucero, tres destructores, un portahidroaviones y otras naves menores, además de causar las bajas de más de 3.600 hombres, resultar destruidas numerosas instalaciones militares y pulverizados 191 aviones. Aquel monumental desastre que dejó desarbolada a la Flota Estadounidense del Pacífico implicó la inmediata declaración de guerra de Estados Unidos a Japón, así como también las de Alemania e Italia a Norteamérica, algo que expandió la contienda a todo el globo y abrió el escenario bélico del Frente del Pacífico.
Inmediatamente al inicio de la Guerra del Pacífico el Imperio Japonés desencadenó una gigantesca ofensiva terrestre y aeronaval sobre los dos continentes de Asia y Oceanía que tuvo la particularidad de ser la más grande a nivel geográfico de la Historia. Así fue como el 8 de Diciembre de 1941 los japoneses desembarcaron y arrebataron a los norteamericanos la Isla de Guam en las Islas Marianas, como también hicieron más tarde con la Isla de Wake a mitad de camino con las Islas Hawaii. Acto seguido bombardearon las Filipinas para destruir a un centenar de aviones estadounidenses sobre el Aeródromo de Clark y efectuar una operación anfibia al norte de Luzón sobre el Golfo de Lingayen y al sur en Legazpi, donde a las primeros choques desarticularon a las tropas norteamericanas y desorganizaron al débil Ejército Filipino. También en Asia los nipones cruzaron la frontera inglesa con Nuevos Territorios y tras aniquilar a la guarnición de soldados anglo-indios, canadienses y chinos conquistaron sin apenas retrasos la colonia británica de Hong Kong. De nada sirvió la movilización del Ejército Chino para socorrer a las fuerzas de la Commonwealth, aunque al menos la breve distracción de los japoneses en su lucha contra los occidentales permitió al Kuomintang rechazar una nueva ofensiva japonesa sobre la provincia de Hunan en lo que se conoció como la Tercera Batalla de Changsha. Acto seguido las operaciones se trasladaron al Sudeste Asiático cuando Thailandia se unió a las potencias del Eje y el Ejército Thailandés declaró hostilidades al Reino Unido invadiendo Malasia por el Istmo de Khra, justo al mismo tiempo en que el Ejército Japonés desembarcaba a un contingente en Kota Bharu que cortó en dos la Península Malaya, sin obviar con que desarboló a la Marina Real Británica del Pacífico hundiendo a sus dos únicos acorazados en la Batalla del Golfo de Siam.
Año 1942
La campaña de Malasia fue una especie de «Guerra Relámpago» porque el Ejército Imperial Japonés al mando del general Tomoyuki Yamashita arrolló las posiciones de la Commonwealth como ocurrió con la destrucción de una columna entera en la Batalla de Jitra, mientras nacionalistas indios se amotinaban contra sus amos ingleses como sucedió con la guarnición en Alor Star. Apenas sin presentar una seria resistencia los soldados thailandeses terminaron de ocupar las provincias norteñas de Perak y los japoneses en entrar triunfales por las calles de la capital malaya de Kuala Lumpur. A continuación fueron cayendo en manos niponas las ciudades de Ipoh, Port Weld, Segamat, Parit Sulong, Endau y el puerto de Malaca, desbordando a todas las fuerzas anglo-indias, malayas y australianas que procedieron a la evacuación poco después de que las tanquetas japonesas les pasaran por encima en el Río Muar. Así fue como la mayor parte de las tropas se refugiaron en Singapur cuando los invasores de apoderaron del Sultanato de Johore, poniendo fin a la conquista de Malasia. Lamentablemente en seguida los japoneses desembarcaron en la colonia de Singapur cruzando en botes el Estrecho de Johore para rápidamente asentarse en las Crestas de Bukit Timah y dejar sin víveres a su guarnición, forzando a los Aliados a capitular tras haber sufrido un total de 140.000 bajas en la que sin duda fue la mayor catástrofe militar en la Historia del Imperio Británico.
Filipinas vivió otra «Guerra Relámpago» del Ejército Imperial Japonés que desde el año anterior progresaba sobre la Isla de Luzón y había partido el territorio insular en dos con la toma de Cavite, lo que permitió a los invasores ocupar sin pegar casi un sólo tiro la capital de Manila. A partir de ese punto el Ejército Estadounidense y el Ejército Filipino se replegaron hacia el oeste siguiendo el Río Pampanga y el camino de San Fernando, hasta atrincherarse la Península de Bataán, donde resistieron durante un tiempo hasta que finalmente hubieron de replegarse a la Isla de Corregidor cuando los nipones perforaron las defensas por el Monte Samat. Mientras tanto en el resto del archipiélago la Marina Imperial Japonesa fue desembarcando diversos contingentes de tropas en varios puntos con las que se tomaron de manera muy fácil y apenas sin encontrar oposición las Islas de Mindoro, Cebú, Visayas, Negros, Samar, Leyte, Palawán, Mindanao y Joló. Solamente resistió la guarnición americano-filipina de la Isla de Corregidor que fue sometida a privaciones y a bombardeos desde la Bahía de Manila, poco antes de que los japoneses desembarcasen y el general Douglas MacArthur que lideraba a la guarnición emprendiese la huida con su mítica frase «¡Volveré!». En ese instante los últimos defensores se rindieron en el Túnel de Malinta, poniendo fin a la campaña de las Filipinas que pasaron a quedar bajo el dominio del Imperio Japonés después de haber encajado los Aliados otro monumental desastre en el Lejano Oriente con 146.000 bajas.
Birmania fue invadida por Japón y Thailandia a principios de 1942 mediante una ofensiva que el Ejército Imperial Japonés comenzó contra Punta Victoria, los Montes Karen, el Río Billin y las ciudades de Moulmein y Pegu, desarticulando las defensas del Ejército Anglo-Indio y de las tropas coloniales del Cuerpo Birmano. Después de una serie de bombardeos atroces contra la capital los nipones entraron triunfales en Rangún, para a continuación dividir sus fuerzas en tres alas de que siguieron el Río Salween, el Río Chindwin y el Río Irrawady. De nada sirvió la llegada de la Fuerza Expedicionaria China enviada por el Kuomintang en ayuda del Reino Unido porque las fuerzas chinas fueron destrozadas en Toungoo y Taunggyi, exactamente igual que las indias en el Río Sittang y posteriormente las británicas en Shwedaung que fueron emboscadas con muchas bajas a manos de los colaboracionistas del Ejército Nacional Birmano al servicio del Eje. Ante este descalabro que supuso la pérdida de importantes plazas y nudos como Mandalay, Lashio y Bhamo, el Ejército Británico huyó cediendo el control a los nipones de Arakán y Myitkyina, lo mismo que el Ejército Chino tras recibir una segunda ofensiva desde el flanco oriental por parte del Ejército Thailandés que le arrebató los Estados Shan y su centro regional de Kengtung. Por si fuera poco las tropas japonesas y thailandesas cortaron la vital «Carretera de Birmania» con la que se enviaba material al Kuomintang y encima persiguieron a los nacionalistas entrando dentro de la propia China sobre la provincia del Yunnan, con la consiguiente ampliación de sus conquistas sumando los enclaves de Wanling, Tengchung y Lungling. De hecho más al oeste una unidad británica fue sitiada en los campos petrolíferos de Yennanyaung, aunque por suerte un contingente del Ejército Chino liberó a los anglo-indios en un contraataque para acto seguido escapar y refugiarse en la India que fue invadida en algunos puntos por Assam, como todo el resto de Birmania con 86.000 bajas para los Aliados.
Indonesia que formaba parte de las Indias Orientales Holandesas fue invadida por Japón con un desembarco en la Isla de Borneo sobre Sandakán y el Sultanato de Brunei, donde liquidaron con facilidad a los defensores anglo-holandeses, antes de poner el pie en Tarakán y Balikpapán y dejar copados a los Aliados para proceder a su irremediable capitulación. Simultáneamente otra fuerza nipona realizó una operación anfibia sobre las playas de Palembang en la Isla de Sumatra, contando con la ayuda de una insurrección de musulmanes indonesios del Sultanato de Aceh que echaron a los neerlandeses hasta hacerse con el control de todo el territorio, incluyendo los valiosos yacimientos petrolíferos de Kotaradja. A continuación se produjo otro desembarcó en Merak sobre la Isla de Java que también implicó una nueva «Guerra Relámpago» de los japoneses porque la mayoría de tropas nativas del Ejército Holandés desertaron e incluso se cambiaron de bando, contribuyendo a que los invasores se apropiaran de todo el territorio insular con las ciudades de Bandung, Cianjur y la capital de Jakarta. Exactamente igual de exitosas fueron las invasiones por mar a las Islas Molucas, la Isla de Bali, la Isla de Flores o la Isla de Lombok, como también los saltos en paracaídas desde aviones que permitieron la ocupación de las Islas Célebes, la Isla de Ambón y la Isla de Timor, en esta última tanto el Timor Holandés como el Timor Portugués pese a las quejas de la neutral Portugal. De nada sirvió la presencia de la Flota Aliada en Insulindia porque fue totalmente destruida durante una serie de encuentros navales en la Batalla del Estrecho de Sunda, la Batalla de Makassar y las Primera y Segunda Batallas del Mar de Java, las cuales dejaron un saldo para los Aliados de un portaaviones norteamericano hundido, cuatro cruceros anglo-holandeses y otro tipo de embarcaciones menores entre destructores y transportes. La catástrofe de que Japón se hiciera con Indonesia no sólo se tradujo en más de 103.000 bajas para las fuerzas occidentales, sino porque también sus enormes fuentes de riqueza con petróleo, minerales y caucho pasaron a depender del Imperio del Sol Naciente.

Columna del Ejército Holandés retirándose a través de la Isla de Java durante la invasión de Japón a Indonesia.
Nueva Guinea fue el siguiente objetivo de Japón mediante un desembarco y saltos de paracaídas sobre la Nueva Guinea Holandesa, concretamente sobre Hollandia y Biak, desde cuyos puntos se invadió el resto de la colonia y se aplastó a los maltrechos restos del Ejército Holandés. Al mismo tiempo se desembarcó en la Nueva Guinea Australiana sobre los puertos septentrionales de Salamaua y Lae, para a continuación proseguir los japoneses hacia el interior de la jungla tomando Aitape y Wewak hasta conquistar prácticamente todo el territorio, salvo por la excepción de la capital de Port Moresby que fue puesta bajo asedio, sobretodo tras el fracaso de los nipones frente a los defensores australianos durante la Batalla de la Pista Kokoda que terminó con bajas muy elevadas en ambos bandos y el fin de la penetración del Eje. Sorprendentemente para resolver esta situación se intentó una aproximación a la capital neoguineana con la Marina Imperial Japonesa que por mera casualidad chocó con la Flota Estadounidense en la Batalla del Mar del Coral, terminando el encuentro con el hundimiento de un portaaviones pesado norteamericano y un portaaviones ligero nipón, lo que dejó para los dos bandos la campaña de Nueva Guinea en una fase de estancamiento.
Con Insulindia y el Sudeste Asiático en manos del Eje la Fuerza Aérea Imperial Japonesa tuvo en su radio de acción muchos de los dominios de la Commonwealth como Australia que comenzó a ser bombardeada desde el aire y también acosada con submarinos, tal y como sucedió con una incursión al puerto de Sidney o en el ataque a la ciudad costera de Darwin que implicó el hundimiento de 14 buques australianos y estadounidenses. Algo similar ocurrió con los bombardeos de la aviación japonesa sobre la India en Calcutta, Visakhapatnam y Kakinada, así como en el raid sobre Trincomalee y Colombo en la Isla de Ceilán que dejó un terrible resultado de 33 barcos ingleses hundidos entre un portaaviones, tres cruceros, tres embarcaciones de escolta y 26 naves entre cargueros o petroleros, en lo que sin duda fue el mayor desastre naval de la Marina Real Británica en el siglo XX. A esta catástrofe que concluyó con la desaparición de la Royal Navy del Océano Índico, hubo que añadirse otro hecho similar en el Mar Mediterráneo porque durante la Segunda Batalla de Sirte la Marina Real Italiana puso en marcha una trampa con la que venció a una fuerza naval inglesa hundiendo a seis navíos, entre estos un crucero.
Inmediatamente a la expansión por Nueva Guinea, el Imperio Japonés comenzó la invasión más al sureste de la Isla de Nueva Bretaña, Nueva Irlanda, las Islas Bismarck, las Islas Almirante e Islas del Tesoro; antes de dar el salto a las Islas Salomón, venciendo a las escasas fuerzas anglo-australianas y apropiándose de Bougainville, Vella Lavella, Rendova, Nueva Georgia y Guadalcanal. También procedente de la Micronesia una escuadra naval japonesa navegó hasta el Pacífico Sur para arrebatar a los australianos la Isla de Nauru y a los ingleses las Islas Gilbert, desde cuyas bases acosaron con aviones y submarinos las guarniciones enemigas de las Islas Ellice, Nuevas Hébridas, el Archipiélago de Tuvalu y las Islas Fiji. Respecto al Océano Índico muy pronto los barcos japoneses y los submarinos alemanes dislocaron el tráfico mercante de los Aliados, lo que permitió a los nipones ocupar las Islas Andamán y Nicobar donde establecieron el Gobierno de la India Libre, además de también la Isla de Navidad gracias a una insurrección pro-nipona de soldados pakistanís. De hecho a punto estuvieron de ganar las Islas Cocos a medio camino con Australia de no ser porque el motín protagonizado por independentistas ceilaneses fue desarticulado por los guardias blancos. No obstante, el mayor límite geográfico alcanzado por el Imperio Japonés, sin duda fue el ataque a Alaska sobre el Hemisferio Norte primero mediante un bombardeo a la base norteamericana de Dutch Harbor y luego mediante un desembarco con el que los japoneses se apoderaron de las Islas de Attu, Kiska y Agattu.
El 18 de Abril de 1942 un grupo de bombarderos de la Fuerza Aérea Estadounidense aparecieron sobre Tokyo tras haber despegado de un portaaviones y soltaron sus bombas sobre la capital en lo que se conoció como el «Raid Doolittle». Aunque todos los aparatos norteamericanos se perdieron al aterrizar en China e incluso Japón se vengó sobre este último país lanzando una gran ofensiva con la que conquistó más de la mitad de las provincias de Jiangxi y Zhejiang, erróneamente los nipones creyeron que los aviones habían venido de las Islas Midway. Así fue como el 4 de Junio más de 100 buques de la Marina Imperial Japonesa al mando del almirante Isoroku Yamamoto llevaron a cabo la operación más ambiciosa hasta la fecha consistente en invadir dicho archipiélago para atraer y destruir a la Flota Estadounidense, además de emplear el lugar como base con la que bombardear las Islas Hawaii. De este modo comenzó la Batalla de Midway que por una serie de circunstancias se volvió desfavorable a Japón porque gracias al espionaje los norteamericanos les estaban esperando y encima tras una primera incursión sobre el atolón, el vicealmirante Chuichi Nagumo cometió una serie de errores garrafales hasta dejar a su escuadra completamente vulnerable, por lo que de repente la aviación embarcada estadounidense cayó sobre las naves con bombarderos en picado. El resultado fue un absoluto desastre porque a los japoneses les fueron hundidos cuatro portaaviones a costa de hundir ellos a los norteamericanos un portaaviones y un destructor, algo que puso fin a la expansión japonesa en el Lejano Oriente y dejó la Guerra del Pacífico en una situación de «tablas».
En la Unión Soviética el Ejército Alemán se recuperó después del revés en la Batalla de Moscú, ya no solo estabilizando la línea del Frente Oriental desde el norte de Finlandia hasta Crimea, sino liberando el Grupo de Ejércitos Norte a todas sus unidades cercadas en las bolsas de Lyuban, Demyansk y Cholm, e incluso provocando una derrota gravísima al Ejército Rojo en el denominado «Saliente de Rzevh», un bosque situado a algo más de 100 kilómetros de la capital que costó más de 100.000 bajas a los rusos en las Primeras y Segunda Batallas de Rzevh. Respecto a Ucrania el Grupo de Ejércitos Sur causó una hecatombe aún mayor al Ejército Soviético mediante la desarticulación de dos ofensivas entre Kharkov, Lozovaya y Barbienkovo que dejaron 400.000 bajas para las tropas rusas y una retirada caótica hacia las fronteras occidentales de Rusia. Similar destino sufrió la Península de Crimea porque pese al estancamiento sufrido por el Eje, al final las tropas del Ejército Alemán y el Ejército Rumano dirigidas por el general Erich Von Manstein rechazaron todos los desembarcos de infantes navales soviéticos en Eupatoria y Feodosia, limpiaron de enemigos la Península de Kerch y estrecharon el asedio sobre el puerto de Sevastopol, eliminando a un gran coste todas sus fortificaciones y búnkers, a veces con aviación y artillería ferroviaria de calibres pesados, hasta que de una vez por todas las tropas germano-rumanas se hicieron con la ciudad portuaria tras un resultado de 350.000 bajas rusas y la obtención de punto estratégico clave para controlar el Mar Negro.
Sobre el Norte de África en Libia, el Afrika Korps del general Erwin Rommel pasó a la contraofensiva al suroeste de Cirenaica arrollando por Agedabia y Msus a las tropas británicas para inmediatamente recuperar por sorpresa el control del puerto de Bengasi. Hecha esta maniobra el Eje dividió a sus fuerzas en dos, una remontando la «Vía Balbia» en paralelo con la costa del Mar Mediterráneo y la otra internándose en la profundidad del Desierto del Sáhara hasta chocar con las defensas montañosas de la Commonwealth en la «Línea Gazala». Con relativa facilidad los ítalo-alemanes destruyeron a una brigada motorizada anglo-india en Acroma, posteriormente a un contingente acorazado británico en Bir-El-Gubi y por último a media división enemiga en Sidi Muftah. Una vez roto el frente por la Cordillera de Gazala las fuerzas alemanas e italianas se dirigieron a toda prisa en un movimiento de pinza hacia la frontera con Egipto hasta ocupar Bardia y el Fuerte Capuzzo, dejando embolsadas a una parte del Ejército Británico en Tobruk y a una brigada francesa libre de la Legión Extranjera en Bir Hacheim, la cual ofreció una brava resistencia hasta ser aniquilada. De nada sirvieron los intentos británicos por liberar a los sitiados con un contraataque de tanques bautizado como «Operación Aberdeen» que con relativa facilidad fue desarticulado por el Afrika Korps, precisamente al tiempo que éste quebraba las últimas defensas por la Cota Rigel y se apropiaba de las ciudades de Derna y Gazala. Así fue como las imparables tropas germano-italianas entraron en el puerto de Tobruk y rindieron al completo a la 2ª División de Infantería Sudafricana, poniendo de este modo fin a la Batalla de Gazala, a la reconquista de toda Libia y a la destrucción de casi todo el VIII Ejército Británico que sufrió 50.000 bajas y la destrucción de más de un millar de tanques, algo que le valió al general Erwin Rommel ser ascendido a mariscal y apodado como el «Zorro del Desierto».
América fue otro de los teatros afectados por la Guerra del Pacífico porque la declaración de guerra de Alemania a Estados Unidos implicó que los submarinos de la Marina Alemana ampliasen su radio de acción a sus aguas, a veces llegando a hundir mercantes justo a la salida del puerto de Nueva York o frente a las costas de Florida, Georgia, Carolina, Virginia, etcétera, incluso en Canadá algunos submarinos se infiltraron en el Golfo de San Lorenzo y remontaron el río para echar a pique varios buques. Algo similar sucedió en las costas de California y cerca de Seattle porque sumergibles japoneses acosaron el tráfico mercante e incluso dispararon contra algunos objetivos en el litoral; sin obviar con que en el Mar del Caribe y el Golfo de México un enjambre de submarinos alemanes e italianos incendiaron a decenas de petroleros cargados de crudo durante un período que se conoció como los «Segundos Días Felices». Como consecuencia de estas acciones que dejaron numerosos latinoamericanos fallecidos, algunos países de Iberoamérica invocaron la «Doctrina Monroe» que tenían pactada históricamente con el Gobierno de Washington y declararon la guerra al Eje, tal y como hicieron Brasil, México, Cuba, República Dominicana, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Venezuela, Colombia, El Salvador, Panamá, Haití y Nicaragua. Solamente se mantuvieron al margen Perú y Ecuador por encontrarse librando la Guerra Peruano-Ecuatoriana sobre la frontera del Río Zarumilla que concluyó con la victoria de los peruanos sobre los ecuatorianos, a los que arrebataron algunos territorios en disputa como El Oro y Loja.
La Guerra Franco-Británica entre el Reino Unido y la Francia de Vichy también prosiguió aquel año 1942 con el bloqueo de los dominios galos en el Caribe, la Guayana y Djibuti, así como algunas operaciones anfibias que protagonizaron las fuerzas francesas libres desembarcando y tomando al asalto la Isla de Reunión en el Océano Índico y las Islas de Saint-Pierre y Miquelón en el Océano Atlántico, las cuales se rindieron con brevedad tras una negociación con la Casa Blanca y el Gobierno de Londres. Sin embargo cuando desde Sudáfrica se emprendió la invasión de la Isla de Madagascar en la «Operación Ironclad», las tropas vichystas ofrecieron una resistencia extraordinaria pues pese a que durante los desembarcos iniciales en la Bahía de Courier y la Bahía de Ambabarata los anglo-sudafricanos ocuparon los acuartelamientos de Antisarana y la ciudad de Diego Suárez, avanzar hacia el interior se convirtió en tarea imposible porque sufrieron infinidad de bajas en la selva y en las emboscadas de los franceses y las tropas coloniales malgaches, quienes encima contaron con ayuda de comandos japoneses depositados por un submarino que hundieron a un acorazado británico en la rada. Solo nuevos desembarcos en el sector Tanatave, más la caída de la capital de Antananarivo y la destrucción del principal contingente franco-malgache en la Batalla de Andriamanalina, acabaron con la conquista total de Madagascar que fue puesta bajo administración de Sudáfrica.

Artillería de la 22ª Brigada de África Oriental abriendo fuego contra Ambrosita en la campaña de Madagascar.
A inicios del verano de 1942 el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel reemprendió la ofensiva contra el Norte de África invadiendo Egipto por Sidi Hamza y persiguiendo a las fuerzas inglesas, neozelandesas e indias en retirada a las que arrebató Sollum, Sidi Barrani y la plaza de Fuka. Aunque los soldados que huían presentaron cierta resistencia en la Batalla de Mersa Matruh, al final fueron rodeados por los alemanes e italianos para resultar embolsados y aniquilados otros 10.000 efectivos de la Commonwealth. A partir de ese instante las unidades del Eje rosaron imparables sobre el Desierto del Sáhara y ocuparon más de la mitad de Egipto sin dejar de aproximarse peligrosamente a Alejandría y el Canal de Suez, por lo que miles de refugiados se marcharon del país y en El Cairo se decretó la evacuación y la quema de documentos secretos en un pánico sin precedentes. Fue entonces cuando el VIII Ejército Británico al mando del general Claude Auchinleck se atrincheró sobre un escenario de arena entre la Depresión de Qattara y la costa del Mar Mediterráneo, cuya defensa principal se articulaba en la Cresta de Ruweisat, logrando de forma milagrosa detener el progreso del Afrika Korps durante la Primera Batalla de El-Alamein que costó bajas muy elevadas por parte de atacantes y defensores. A partir de entonces ambos bandos se atrincheraron sobre un tórrido manto arenoso de 50 kilómetros plagado de minas, alambradas y baterías de artillería que se volvió inexpugnable para los dos contendientes, tal y como experimentaron los contingentes ítalo-germanos al atacar el dispositivo del VIII Ejército Británico en la Batalla de la Sierra de Alam Halfa, un fracaso ofensivo que los dejó a tan sólo 25 kilómetros de Alejandría, el máximo avance del Eje en África.

Tropas del Octavo Ejército Británico en un trinchera sobre el desierto de Egipto durante la Primera Batalla de El-Alamein.
La razón por la cual el Afrika Korps sufrió tanto en Egipto a nivel logístico, sobretodo por la extrema carencia de gasolina, municiones o recambios, fue por culpa de la Isla de Malta, desde donde cuyas bases la aviación británica hundió docenas de barcos de transporte y petroleros italianos encargados de abastecer los puertos del Norte de África. Con la finalidad de contrarrestar esta amenaza la aviación italiana y alemana no dejó de bombardear aquel dominio insular y el puerto de La Valetta, causando graves daños en la ciudad y matando a miles de civiles malteses. Este tipo de ataques se combinaron con el acoso constante a los convoyes destinados a la colonia, ya que a lo largo de todo el sitio los ítalo-germanos reunirían a infinidad de aviones, lanchas torpederas y submarinos con los que echarían a pique a unos 40 buques del bando de los Aliados, entre estos dos portaaviones, siete cruceros, catorce destructores, un petrolero y quince cargueros, la mayoría hundidos durante tres misiones bautizadas como «Operaciones Vigorous», «Operación Hapoon» y «Operación Pedestal». Lamentablemente los Gobiernos de Roma y Berlín cancelaron el «Plan Hércules» mediante el que pretendían invadir la Isla de Malta, algo que supuso un error estratégico tremendo porque permitieron a las fuerzas de la Commonwealth recuperarse y continuar hostigando la línea de suministros del Afrika Korps.
Consumida la mitad del año 1942 el Ejército Alemán en el Frente del Este volvió a dominar la situación porque el Grupo de Ejército Norte desarticuló una ofensiva para liberar Leningrado en la Batalla de Sinyavino que costó más de 100.000 bajas a los rusos; el Grupo de Ejércitos Centro causó a los soviéticos otras 393.000 bajas en la Tercera Batalla de Rzevh; y el Ejército Finlandés que libraba la Guerra de Continuación arrebató a la URSS las Islas de Gogland y Bolshoy Tyuters sobre el Mar Báltico. Logradas todas aquellas victorias a la defensiva, Adolf Hitler planificó la campaña de verano poniendo en marcha la «Operación Azul» que consistía en un avance del Grupo de Ejércitos Sur mediante dos alas de la siguiente manera: la primera conformada por el Grupo de Ejército B se movería hacia el sureste de Rusia con las vistas puestas en Voronezh y Stalingrado; mientras que la segunda articulada en el Grupo de Ejército A descendería hacia el Cáucaso para apoderarse de los pozos de petrolíferos de Maikop, Grozny y Bakú, junto a todas las riquezas de materias primas en el Mar Caspio.
Al igual que en la «Operación Barbarroja» del año 1941, la «Operación Azul» de 1942 fue demoledora porque cientos de miles de tropas del Ejército Rojo fueron embolsadas y aniquiladas por la «Guerra Relámpago», logrando el Ejército Alemán conquistar la ciudad de Voronezh, el Ejército Eslovaco cruzar el Río Don y posteriormente en una acción conjunta con el Grupo de Ejércitos A tomar Rostov. Completada esta primera fase el Grupo de Ejércitos Sur se dividió en dos agrupaciones que marcharon en dirección a Stalingrado partiendo desde Gumrak y hacia del Cáucaso saliendo de la Península del Kubán. A pesar de lo ambicioso del objetivo, en realidad todo formaba parte de una misión de mucho mayor alcance bautizada como «Plan Orient», cuyas líneas preveían que nada más superarse la Cordillera Caucásica con ayuda de las poblaciones autóctonas, Turquía se sumaría a las potencias del Eje y las tropas alemanas irrumpirían sobre un Oriente Medio incendiado por las insurrecciones anti-británicas de los árabes en Mesopotamia y Siria, como también lo harían en Persia contando con amistades dentro del Ejército Iraní que ya luchaba en forma de guerrilla contra los Aliados. Al mismo tiempo el Afrika Korps del general Erwin Rommel terminaría de cerrar el Canal de Suez y conquistar Egipto, para acto seguido subir por el Creciente Fértil y Palestina; mientras desde el Golfo Pérsico se procedería al desembarco de un contingente prestado por la Marina Imperial Japonesa. Obviamente si todo salía según lo planeado las potencias del Eje contarían con unos vastos espacios y recursos energéticos inmensos, con lo cual los Aliados no tendrían más remedio que sentarse a negociar para poner fin a la Segunda Guerra Mundial.
La campaña del Cáucaso desarrollada por el Grupo de Ejércitos A comenzó el 31 de Julio de 1942 bajo el nombre de «Operación Edelweiss» con una ofensiva en dos vertientes, una en paralelo a la costa del Mar Negro y la otra en dirección al Mar Caspio. Apenas sin encontrar oposición, las divisiones motorizadas rodaron unos 360 kilómetros sobre la Eurasia cruzando el Río Manich, tomando Salsk y asegurando todo el Kubán con la consiguiente entrada triunfal en la capital cosaca de Krasnodar, sin obviar con que posteriormente ampliaron el espacio a otros 500 kilómetros con la caída de Zymlyanskaya, Armavir y Stavropol, así como de los campos petrolíferos de Maikop que un grupo de comandos alemanes y ciscaucásicos encontraron ardiendo. Simultáneamente las tropas germanas entraron en Calmucia, una región exótica habitada por tibetanos y dromedarios, donde tras ocupar la capital de Elista se organizó un cuerpo de caballería calmuco con personal anticomunista que mantuvo la presión sobre la zona de Astracán. De hecho los voluntarios del Cáucaso fueron un elemento clave porque nacionalistas georgianos, azerís, armenios y norcaucásicos que colaboraban con el Eje provocaron la deserción de millares de tropas caucásicas al Ejército Rojo, a veces disolviéndose divisiones enteras, lo que generó el derrumbee del frente por varios sectores. A este enemigo interno hubo que sumar la guerrilla chechena e inguche liderada por imanes que mantuvo distraídas a otras tantas unidades rusas y las causó numerosas bajas entre las montañas. Gracias a dicha ayuda por parte de los autóctonos, el Ejército Alemán que venía por el este cruzó el Río Terek y se apropió de Chechenia e Ingusetia, como también hizo el Ejército Rumano con Osetia del Norte; al mismo tiempo en que las columnas germano-rumanas que venían por el oeste se apoderaron de las áreas de Adigheya, Chechenia, Nogai, Kabardino-Balkaria y Karachai, incluyendo del estratégico puertos de Novorossiysk y Anapa. Hubo hasta un grupo de escaladores de montaña que coronaron la cumbre del Monte Elbrus, poniendo fin a la conquista de la Ciscaucasia e iniciando la invasión de la Transcaucasia sobre Abjasia y la Carretera Militar de Georgia hasta quedarse a tan sólo a 5 kilómetros del Fortaleza de Vladikavkaz y las refinerías de Grozny, el máximo límite de avance del Eje en la Unión Soviética sobre el Paralelo 44º.
El 23 de Agosto de 1942 empezó la Batalla de Stalingrado con un bombardeo masivo de la Fuerza Aérea Alemana que arrasó la ciudad y redujo su centro a escombros con millares de civiles fallecidos y cientos de miles de refugiados. A las veinticuatro horas del raid, el 24, las tropas del VI Ejército Alemán al mando del general Friedrich Paulus alcanzaron los arrabales de la ciudad y las orillas septentrionales del Río Volga, como también hicieron con el Aeródromo de Kalach y los soldados rumanos con el Lago Sarpa, sometiendo de este modo la metrópoli a un estado de sitio. El primer intento de penetración se produjo en la Estación Ferroviaria y el Barrio de la Fábrica de Tractores a un alto coste para los germanos que ocuparon ambas posiciones después de varios días de lucha y muchas bajas en ambos bandos. A partir de entonces los invasores se infiltraron hacia el interior de la urbe por unas calles plagadas de escombros y edificios esqueléticos, teniéndose que abrir paso muy lentamente porque se detenían a limpiar cada bloque de apartamentos, piso, habitación, sótano y hasta las alcantarillas, matando a todos sus defensores y francotiradores apostados en azoteas. Aquel tipo de combate cuerpo a cuerpo y en espacios tan reducidos se denominó «Guerra de Ratas» o «Rattenkrieg» porque paralizó la «Guerra Relámpago» al no poder los tanques maniobrar por culpa de los obstáculos callejeros y las trampas. Bastante más complicado fue asegurar las zonas industriales porque los rusos se parapetaron en construcciones simbólicas como el Silo de Grano, la Metalistería Octubre Rojo, la Fábrica de Armamento «Barrikadi» o la Planta Química «Lazur», en cuyos muros resistieron hasta su completa aniquilación, aunque a cambio de llevarse a miles de enemigos, como también sucedió al producirse la caída de las alturas del Monte Mamev Kurgan. Algo mejor lo pasaron los socios de Alemania en los flancos porque las tropas del Ejército Rumano se extendieron sobre los llanos al norte y sur de la metrópoli rechazando varios contraataques del Ejército Rojo, como también lo hicieron más arriba el Ejército Italiano en el Río Don y el Ejército Húngaro cerca de Voronezh. Afortunadamente para el Eje al final las fuerzas germanas en la ciudad se terminaron apoderando de la Plaza Roja y de su defensa principal en los Almacenes Univermag, haciéndose de esta manera con un 95% de la urbe y dejando atrapados a los últimos soviéticos sobre una estrecha franja de los muelles en el Río Volga, donde contra todo pronóstico y pese a que la aviación germana hundió a decenas embarcaciones, aguantaron en el lugar a un ya agotadísimo Ejército Alemán.
Los Estados Unidos pasaron a la contraofensiva en el Frente del Pacífico desembarcando en el verano de 1942 en la Isla de Guadalcanal, un punto estratégico sobre las Islas Salomón con el que se amenazaba Australia. Lo increíble de la operación fue que tras apoderarse el Cuerpo de Marines del Aeródromo Henderson, al caer la noche los buques de la Marina Imperial Japonesa aparecieron por sorpresa y atacaron a la Flota Aliada, hundiendo a cuatro cruceros y un destructor durante lo que se conoció como la Batalla de la Isla de Savo, lo que obligó a los norteamericanos a marcharse y abandonar a sus propias tropas en Guadalcanal. A partir de ese instante los marines sufrieron un infierno al quedar sitiados en la pista del aeropuerto, estando sometidos al fuego de la artillería japonesa emplazada en la Cresta Edson y a los bombardeos de la aviación nipona procedente de Rabaul. Milagrosamente rechazaron las continuas cargas «Banzai» de los japoneses a los que masacraron nada más salir de la jungla como ocurrió en el Río Tenaru y más tarde en el Río Matanikau, e incluso recibieron ayuda vía aérea y a veces vía marítima. Por desgracia el precio para mantener el suministro fue elevadísimo para la Flota Estadounidense porque a costa de hundir a los japoneses un portaaviones en las Salomón Orientales; los norteamericanos perdieron dos portaaviones, uno a manos de un submarino y otro en la Batalla de las Islas Santa Cruz, sin obviar los numerosos cruceros y destructores echados a pique. Solo en las Primera y Segunda Batallas Navales de Guadalcanal los Aliados ganaron el control del agua y levantaron el cerco al eliminar dos acorazados japoneses, un crucero y más de una docena de transportes del «Convoy Tokyo Express», por tan sólo dos cruceros norteamericano y algunos destructores, algo que permitió al Cuerpo de Marines pasar al contraataque e ir expulsando poco a poco a los nipones de Guadalcanal.
Todos los países ocupados por el Eje vivieron una agitación a la retaguardia con el surgimiento de grupos partisanos, la mayoría en Polonia con la Resistencia Polaca del «Armia krajowa» o en la Unión Soviética con grandes agrupaciones en Bielorrusia, Ucrania o las Marismas del Pripiat; aunque en menor medida se crearon otros grupúsculos menores en Francia, Bélgica, Holanda, Checoslovaquia, Noruega o Dinamarca, a veces enfrentados entre sí como las formaciones comunistas y liberal-conservadoras en Grecia, Filipinas o China. Más complejo fue el caso de Yugoslavia porque los titistas yugoslavos y chetniks pro-occidentales, se batieron contra las fuerzas paramilitares de las diferentes etnias de chetniks pro-serbios, ustachas croatas o albaneses que chocaron en Prijedor, Kozara, Kupres o la «Operación Alfa» en Prozor. De igual modo en los países bajo el dominio del Imperio Británico o la URSS hubo agitación como en Irán que se organizaron partidas armadas contra el Ejército Rojo y el Ejército Anglo-Indio en Hamadán, el Azerbayán Persa, Kuzhestán e incluso una fallida insurrección en Teherán; o también en Etiopía con miles de tropas italianas ocultas en las montañas y volcanes, acompañadas de miles de eritreos y somalís que por una cuestión de odio interétnico atacaban al Ejército Etíope. Muchos de estas guerrillas, sobretodo las pro-aliadas, estuvieron apoyadas por comandos ingleses que en ocasiones obtuvieron éxitos como en Lofoten y Vagsoy sobre Escandinavia o Saint-Nazarie y Burdeos en Francia, pero también cosecharon auténticos desastres como el desembarco en Dieppe con miles de bajas y la «Operación Agreement» contra Tobruk que implicó otras tantas pérdidas, además de ser hundido un crucero, un destructor y todas las lanchas frente a las costas de Libia.
En la noche del 23 de Octubre de 1942 el VIII Ejército Británico al mando del general Bernard Montgomery desencadenó una gigantesca ofensiva sobre Egipto con cientos de miles de soldados, millares de tanques y una gran concentración de piezas de artillería que barrieron las líneas del Afrika Korps sobre el Desierto del Sáhara. Inmediatamente al día siguiente, el 24, se puso en marcha la «Operación Bertram» con cuatro divisiones de procedencia británica, australiana, neozelandesa y sudafricana que atravesaron los campos de minas y chocaron contra cuatro divisiones ítalo-germanas dispuestas en la costa del Mar Mediterráneo sobre la Sierra de Miteiriya y la línea de ferrocarril de El-Alamein, las cuales aguantaron en sus fortificaciones y rechazaron los ataques con enormes dificultades. Algo más abajo una división acorazada y otra de infantes ingleses, más una de origen indio y una brigada griega, arremetieron contra los paracaidistas germanos y dos divisiones italianas junto al perímetro de la Sierra de Ruweisat, cuyos defensores por el momento resistieron gracias a que las fuerzas de tanques Panzer dirigidas por el mariscal Erwin Rommel acudieron a taponar con rapidez a todas las brechas, provocando bajas inmensas en carros a la Commonwealth. Sin embargo cuando una semana más tarde se lanzó una nueva ofensiva en el sector sur de la Depresión de Qattara bautizada como «Operación Supercharge» con una división blindada británica, una de infantería y una brigada francesa libre, las cuatro divisiones italianas débilmente desplegadas en la zona fueron arrolladas, rodeadas y destruidas sobre la Meseta de El Taqa y Deir El-Munasib, procediéndose a un embolsamiento de una parte del Afrika Korps que no tuvo más remedio que abandonar Egipto con miles de bajas y la pérdida de importante material en tanques y cañones. A esta catástrofe pronto se sumó que los ítalo-germanos se vieron empujados por el VIII Ejército Británico también de Cirenaica tras una simbólica oposición presentada en El-Agheila, e incluso también de Tripolitania y el resto de Libia cuando cayó la capital de Trípoli y las unidades del Eje se atrincheraron en Túnez con permiso de la Francia de Vichy que en aquellos momentos estaba siendo agredida por Estados Unidos.

Soldados de la 2ª División de Infantería Neozelandesa cargando a la bayoneta durante la Batalla de El-Alamein en Egipto.
Bajo el nombre de «Operación Torch» el 8 de Noviembre de 1942 la Flota Aliada bombardeó el África Occidental Francesa para a continuación desembarcar el Ejército Estadounidense sobre Marruecos, librando duros combates contra las tropas galas y coloniales marroquís del Ejército Vichysta a las afueras de Casablanca, Safi, Fedala y Port Lyautey, como también hicieron los soldados del Ejército Británico poniendo el pie en Argelia para enfrentarse contra los franco-argelinos en Orán y Argel. En un principio los anglo-estadounidenses cumplieron y conquistaron todos sus objetivos después de numerosas pérdidas en hombres y barcazas, además de que la Flota Estadounidense derrotó decisivamente a la Flota Francesa en la Batalla Naval de Casablanca a la que hundió un acorazado, un crucero y una decena de destructores, a costa de perder los invasores un portaaviones, cinco destructores y otras embarcaciones menores. Una vez aseguradas las respectivas cabezas en la costa, los norteamericanos avanzaron hacia el interior de la Cordillera del Atlas, donde vencieron a la Legión Extranjera Francesa a la que arrebataron Marrakech y Fez, además de saltar en paracaídas sobre el puerto de Bona y los Aeródromo de Tebessa y Djidielli, mientras los británicos se extendían sobre el Desierto del Sáhara más de 200 kilómetros hacia Setif, Constantino y Tabarca. A raíz de esta debacle el almirante François Darlan anunció la capitulación del África Occidental Francesa que el 19 de Noviembre pasó a estar en manos de los Aliados con Marruecos, Argelia, Senegal, Mauritania, Níger y Costa de Marfil. Como respuesta a esta traición el Ejército Alemán entró en la «Zona Libre» de Vichy sobre la metrópoli y ocupó la costa gala del Mar Mediterráneo, incluyendo el puerto de Toulon, en cuya rada los marineros barrenaron la Flota Francesa con tres acorazados, siete cruceros, dieciséis destructores y otras embarcaciones hasta sumar 124 navíos hundidos en lo que fue el mayor desastre naval de la Historia de Francia.
En la madrugada del 19 de Noviembre de 1942 más de un millón de soldados del Ejército Rojo al mando del general Georgi Zhukov protagonizaron la «Operación Urano» consistente en un ataque al norte y sur de la línea del frente de Staligrado con la que destruyó completamente a los III y IV Ejércitos Rumanos, desbordando todas las defensas rumanas y las pocas alemanas concentradas en la ciudad hasta unirse ambas vanguardias en Sovietski, dejando embolsado completamente al VI Ejército en Stalingrado. Esta maniobra que provocó la desarticulación de todo el Grupo de Ejército B y amenazó con dejar atrapado al Grupo de Ejércitos A en el Cáucaso, obligó a éste último a emprender la evacuación de la Ciscaucasia y a regresar a Ucrania, quedando únicamente en la zona una cabeza de puente en el Kubán. Simultáneamente en el sector del Grupo de Ejércitos Norte hubo otra ofensiva similar del Ejército Rojo en lo que se conoció como la Cuarta Batalla de Rzevh u «Operación Marte», aunque en esta ocasión y a diferencia de lo ocurrido en el área del Grupo de Ejércitos Sur, las reservas disponibles de las Divisiones Panzer actuaron a modo de cortafuegos e hicieron fracasar a los atacantes sobre las posiciones de Velikiye Luki, Belyi, Sychevka, causando a los rusos unas 365.000 bajas gracias a las tácticas defensivas del general Walter Model. Desgraciadamente en Stalingrado el VI Ejército Alemán embolsado en el denominado «Kessel» intentó ser socorrido por una contraofensiva del IV Ejército Panzer y otras unidades germano-rumanas al mando del general Erich Von Manstein que a punto estuvieron de liberar la ciudad de no ser porque el Ejército Rojo desde el Río Don desencadenó otra nueva ofensiva conocida como la «Operación Saturno» con la que primero barrió al VIII Ejército Italiano y posteriormente al II Ejército Húngaro en Voronezh, expulsando a las fuerzas del Eje del sur de Rusia e incluso la ciudad Kharkov y parte del Donbass en Ucrania hasta que los rusos fueron detenidos en el Río Chir. A raíz de estos acontecimientos los soldados del VI Ejército Alemán quedaron condenados a la aniquilación, siendo su función la de distraer al mayor número de tropas enemigas posibles mientras eran abastecidas por contenedores en paracaídas, algo que no evitaría su cruel destino porque el hambre, el frío extremo y las epidemias dejaron a los sitiados en una situación crítica en la Navidad de 1942.

Tropas del Ejército Rumano en una posición defensiva durante la «Operación Urano» en la Batalla de Stalingrado.
Solamente en el Ártico las cosas salieron bien para Alemania porque los Aliados fracasaron estrepitosamente a la hora de suministrar el material bélico destinado a la Unión Soviética según la Ley del Préstamo y Arriendo, ya que el Convoy PQ-17 enviado hacia los puertos del Mar Blanco y la Península de Kola fue interceptado por los submarinos y la aviación alemana con base en Finlandia, hundiendo a un total de 24 mercantes de los 36 iniciales que zarparon desde Escocia. No mucho tiempo después de estos enfrentamientos tuvo lugar la Batalla del Mar de Barents en el punto más alejado del Hemisferio Norte, un enfrentamiento junto a icebergs entre la Marina Real Británica y la Marina de Guerra Alemana que terminó con el hundimiento de un destructor por cada bando y en una situación de «tablas» sobre la zona del Polo Norte. También en la región ártica del Océano Pacífico se libraron enfrentamientos de hidroaviones en las Islas Aleutianas y también ataques de submarinos japoneses al Estrecho de Bering con numerosos barcos norteamericanos y soviéticos echados a pique, lo que obligó a Estados Unidos a destinar cientos de miles de efectivos y trabajadores a Alaska para construir una faraónica pista desde Montana en la frontera con Canadá hasta los puertos alaskeños de Nome y Anchorache con la función de mantener el avituallamiento a la URSS, la cual recibió el nombre de «Carretera Alcan».
Año 1943
El comienzo del año 1943 fue trágico para Alemania porque el VI Ejército Alemán sitiado en el «Kessel» de Stalingrado perdió el contacto con el exterior después de ceder a los soviéticos el control de los Aeródromos de Gumrak y Stalingranski, siendo además la guarnición de la ciudad dividida en dos bolsas aisladas nada más producirse la reconquista del Monte Mamev Kurgan. Como consecuencia del frío extremo y las pésimas condiciones de la falta de alimentos, medicinas y municiones, sin obviar con que los rusos rodearon a los últimos defensores, la mayoría alemanes y unos legionarios croatas, dentro de los Almacenes Univermag de la Plaza Roja, el mariscal Friedrich Paulus que recientemente había sido ascendido por Adolf Hitler, capituló al Ejército Rojo y rindió Stalingrado el 2 de Febrero de 1943. Aquel fue sin duda la mayor catástrofe militar encajada por el Tercer Reich y demás miembros del Eje, ya que pese a causar 1.200.000 bajas a los soviéticos los invasores sufrieron 868.000 bajas entre 400.000 germano-austríacos y austríacos, 158.000 rumanos, 130.000 italianos, 143.000 húngaros, 51.000 rusos blancos y 1.000 croatas, algo que sin duda cambió el curso de la contienda del Frente Oriental en favor de la Unión Soviética.
Solamente seis días después de la debacle de Alemania en la Batalla de Stalingrado, el 8 de Febrero de 1943, en el Lejano Oriente los soldados del Cuerpo de Marines que se movían por la Isla de Guadalcanal terminaron de expulsar a los últimos defensores japoneses en «Línea Gigu» y el Monte Austen, aunque no impidieron que una gran parte de las tropas niponas fuesen evacuadas hacia el resto de las Islas Salomón mediante una formidable empresa de evacuación marítima bautizada como «Operación Ke». Una vez el dominio insular estuvo vacío de enemigos se puso fin a la Batalla de Guadalcanal que concluyó con 32.000 bajas japonesas y unas 20.000 norteamericanas, pero que sin duda implicó, como precisamente había sucedido una semana antes en Europa, el cambio de tornas en la Guerra del Pacífico en favor de Estados Unidos y en general de la Segunda Guerra Mundial en favor de los Aliados sobre todos los frentes y teatros de operaciones.
La «Operación Estrella Polar» fue la siguiente ofensiva del Ejército Rojo que ejecutó de forma inmediata tras la Batalla de Stalingrado, sólo que esta vez contra el Grupo de Ejércitos Norte cerca de Leningrado. Los dos ejércitos de la Wehrmacht presentes a lo largo de un área nevada plagada de bosques y pantanos que favorecían la defensa, rechazaron todos los ataques de los soviéticos y les infligieron gravísimas pérdidas en Demyansk, Luga y Staraya Rusa. El mismo resultado exitoso obtuvieron las fuerzas del Eje sobre la línea entre el Río Voljov y el Lago Ladoga, donde los legionarios bálticos de origen letón o estonio, pero también legionarios holandeses, flamencos y valones, paralizaron todos los ataques rusos. Sin embargo los voluntarios extranjeros más decisivos fueron los soldados españoles de la División Azul, quienes en la Batalla de Krasny Bor dejaron fuera de combate a un ejército soviético entero, frustrando la «Operación Estrella Polar» y salvando de un desastre al Grupo de Ejércitos Norte.
Hacia el sureste de Rusia, el Ejército Rojo aprovechó el ímpetu de la victoria en la Batalla de Stalingrado y se lanzó a la ofensiva contra el Donbass en Ucrania, atravesando el Río Mius y desalojando a los desorganizados defensores alemanes, rumanos, italianos y húngaros de las plazas de Kremenchung, Dniepropetrovsk, Lozovaya y Zaporozhe. No obstante el general Erich Von Manstein que acababa de recibir los refuerzos de los Cuerpos Panzer de las SS procedentes de Francia, preparó una contraofensiva de gran calado, a sabiendas de que también los soviéticos estaban muy desgastados y sus formaciones acorazadas ya no daban más de sí. Fue entonces cuando comenzó el demoledor contraataque precedido de un fuego concentrado de artillería y aviación sobre los puntos más vulnerables, haciendo que decenas de miles de rusos fueran cogidos por sorpresa y aniquilados en el triángulo de Barvenovka, Izyum y Protoponovka, para a continuación proseguir los carros de las Waffen-SS hacia el este y reconquistar la ciudad de Dniepropetrovsk. A partir de ese punto la «Guerra Relámpago» volvió a surtir efecto como antaño porque varios ejércitos soviéticos resultaron embolsados en un acontecimiento conocido como la Tercera Batalla de Kharkov y posteriormente completamente exterminados, perdiéndose 200.000 hombres y 600 tanques rusos, algo que permitió al Eje volver recuperar la ciudad, a hacerse con el control de Ucrania y crear un saliente en las tierras sudoccidentales de Rusia.
Sobre el Sudeste Asiático el Ejército Anglo-Indio que se encontraba desplegado junto a las fronteras de Bangladesh e India con Birmania, organizó una expedición de acoso sobre esta última utilizando a las partidas de infiltrados conocidas como «Chindits» que dirigía el excéntrico general George Wingate. El resultado de la misión sobre la provincia de Arakán fue un completo fracaso porque las duras condiciones de la jungla en forma de epidemias, monzón e insectos acabaron con la vida de muchas tropas británicas, indias y nepalís, siendo las restantes rematadas por las fuerzas de rastreo japonesas y los colaboracionistas birmanos. Tampoco la Fuerza Expedicionaria China en la provincia fronteriza de Yunnan lo pasó mejor porque más al sur el Ejército Thailandés cruzó la demarcación con China por el Río Nam Loi y el Río Nan Lan, arrebatando una serie de plazas fuertes a los chinos como la ciudad de Chien Lung y un vasto especio que fue anexionado a la denominada «Gran Thailandia».
El Kuomintang alcanzó considerables reveses en la primera parte de 1943, sobretodo en el teatro de operaciones más al norte cuando el Ejército Chino desplegado en el Desierto de Gobi sobre Ningxia, puso en práctica una serie de depredaciones y razias contra la Mongolia Interior que causó graves pérdidas económicas y materiales al Estado Mongol durante el conocido como Incidente de Yeke-Juu. Sin embargo pronto el Ejército Mongol vengó la afrenta porque tendió una trampa letal al Ejército Chino durante su siguiente campaña, atrayéndolo a las calurosas arenas del Desierto de Ordos y aislándolo de su fuente suministro de agua hasta ser embolsadas y aniquiladas un total de tres divisiones chinas a manos de la caballería y los jinetes mongoles. Respecto al sector central del frente de China, el Kuomintang tuvo algo más de suerte pues pese a ser incapaz de detener una ofensiva del Ejército Japonés al norte del Río Yang-Tsé con la cual los nipones ampliaron sus dominios en el Lago Hung, algo más al sur los japoneses fracasaron estrepitosamente porque los defensores chinos resistieron a los invasores en la Fortaleza de Shihpai y les rechazaron con elevadas bajas de las plazas de Moshih e Itu.

Escuadrón de la caballería de la Mongolia Interior sobre un oasis del Desierto del Gobi durante la Segunda Guerra Mundial.
La guerrilla en los Balcanes se intensificó en 1943 porque las fuerzas del Eje representadas por croatas, italianos, alemanes y algunos chetniks serbios, intentaron interceptar a las columnas yugoslavas del general Josip Tito, las cuales no dejaban de plantar cara a sus oponentes para distraerles un tiempo y luego para proseguir la huida entre las montañas como sucedió en episodios tan sangrientos como la Batalla del Río Neretva y más tarde en la ofensiva de Sutjeska. Similares encuentros se produjeron a tres bandas entre croatas, titistas y chetniks realistas en Zvornik y Visegrad; sin obviar las luchas entre comunistas eslovenos y fascistas eslovenos en el Castillo de Turjak y Grčarice. Tampoco faltaron las acciones partisanas y antipartisanas en Montenegro, Albania y Macedonia que libraron las milicias musulmanas del Sandzak contra chetniks yugoslavos y miembros del Partido Comunista Yugoslavo; incluso en la vecina Grecia los miembros de la resistencia que combatían a los ocupantes alemanes, italianos y búlgaros, comenzaron una guerra civil entre ellos protagonizando escaramuzas los marxistas del Frente de Liberación Griego contra los grupos armados del Gobierno Heleno exiliado en Londres.
Túnez fue ocupado por las fuerzas del Eje después de la pérdida de Libia a manos del Reino Unido y el África Occidental Francesa a manos de Estados Unidos, fijándose en el país árabe una fuerza expedicionaria compuesta por un ejército alemán y otro italiano al mando del general latino Giovanni Messe. Como las guarniciones del Ejército Vichysta no molestaron a los ocupantes, salvo por la excepción de alguna breve resistencia de fuerzas francesas libres que fueron reducidas como ocurrió en el Paso de Fäid, el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel desencadenó una de sus clásicas ofensivas partiendo de la Cordillera del Atlas mediante la cual destrozó a las bisoñas unidades del Ejército Estadounidense en Gafsa, Sidi Bouz Zid, Djebel Lessouda y Sbiba, antes de cruzar por sorpresa la frontera de Túnez con Argelia y librar la denominada Batalla del Paso de Kasserine, en donde los tanques alemanes y las tropas italianas pulverizaron a 300 carros norteamericanos y les infligieron más de 10.000 bajas, además de arrebatarles las plazas argelinas de Tebessa y Djebel Semmama, pues poco después los atacantes dudaron y optaron por detenerse ante la localidad de Thala en lo que constituyó la última expansión del Eje en el Norte de África.
La cabeza de Túnez comenzó a estrecharse a partir de la primavera de 1943 cuando el VIII Ejército Británico situado en la frontera de Libia comenzó a presionar desde la frontera en diversos choques como Medenine y Sidi Nsir, aunque el primer punto de ruptura tuvo lugar durante la Batalla de El Guettar cuando el Ejército Estadounidense del general George Patton arremetió y venció al Afrika Korps. A partir de entonces el empuje de los Aliados fue imparable, pues alemanes e italianos estaban prácticamente sitiados debido a que la Flota Aliada controlaba el Mar Mediterráneo y hundía a los convoyes de suministros procedentes de Sicilia, sin contar con su dominio absoluto del aire con el que los anglo-americanos derribarían a más de 400 aparatos entre cazas y transportes de la aviación ítalo-alemana. Así fue como muy pronto las fuerzas británicas, neozelandesas, indias, francesas libres y griegas rompieron la «Línea Mareth» y derrumbaron el dispositivo enemigo, golpeando fuertemente en Wada Akarit y entrando en la capital de Túnez. A continuación los últimos defensores del Eje que constituían un conglomerado de alemanes, italianos, vichystas y nacionalistas árabes, quedaron arrinconados junto a la costa para presentar una resistencia fanática hasta ser derrotados por los norteamericanos en Bizerta y por las unidades de la Commonwealth en el Cabo Bon. Con estas últimas acciones que concluyeron el 13 de Mayo de 1943, más de 230.000 soldados fueron capturados en lo que fue el mayor desastre del Eje frente a las potencias occidentales, cuyas fuerzas encima fueron expulsadas para siempre de África.
En la Batalla del Atlántico el año 1943 empezó muy bien para la Marina de Guerra Alemana porque los submarinos dirigidos magistralmente por el almirante Karl Doenitz hundieron cientos de barcos de carga, la mayoría en el Hemisferio Norte y el Atlántico Sur, a veces desarticulando agrupaciones de buques enteras como le sucedió al «Convoy 229/SC 122» al que le fueron hundidos nada menos que 22 mercantes. Sin embargo la tecnología naval de Estados Unidos y Gran Bretaña en seguida superó a la de Alemania porque se construyeron radares y sonares más potentes, se dotó a los cargueros con una escolta consistente en aviación de largo alcance y encima se sustituyeron las cargas de profundidad convencionales por la táctica de «Erizo» que lanzaba múltiples artefactos contra un mismo objetivo, además de que los espías y los criptógrafos habían destapado los códigos germanos de «Enigma» y sabían la posición de muchos de los sumergibles de la Kriegsmarine. Gracias a estas innovaciones en el llamado «Mayo Negro» los anglo-americanos hundieron a un total de 43 submarinos alemanes a costa de perderse 58 mercantes, algo que decantó definitivamente la balanza de la Batalla del Atlántico en favor de los Aliados.
Al otro lado del Hemisferio Norte sobre el Oceáno Pacífico proseguía la campaña de las Islas Aleutianas porque los 15.000 japoneses que ocupaban el extremo más oriental del archipiélago consiguieron distraer sobre Alaska a casi medio millón de militares o trabajadores estadounidenses y canadienses, en parte por desconocimiento del Gobierno de Washington. A pesar de todo, en cuanto se produjo un enfrentamiento naval en la Batalla de las Islas Komandorski que terminó en empate, los norteamericanos pusieron en marcha la reconquista de su propia patria con la «Operación Landcrab». Así fue como se desembarcó en la Isla de Attu, un gélido paraje de musgo y hielo con temperaturas árticas, donde los estadounidenses vivieron un auténtico calvario hasta que lograron aislar a los nipones en el Valle de Chichagof y aniquilarles con una «carga Banzai» que a punto estuvo de desbordarles. Acto seguido los americano-canadienses recuperaron la Isla de Agattu y posteriormente tras una serie de bombardeos masivos contra un objetivo vacío, también la Isla de Kiska que los japoneses habían abandonado previamente. Una vez recuperadas las Islas Aleutianas los norteamericanos expulsaron definitivamente a los nipones del suelo de Estados Unidos y aprovecharon estas nuevas bases para lanzar bombardeos aéreos de su aviación contra las Islas Kuriles.
El 5 de Junio de 1943 comenzó en el Frente Oriental la Batalla de Kursk, también conocida como «Operación Ciudadela», que constituyó la última gran ofensiva del Ejército Alemán en el Frente del Este y también el último intento de Alemania por ganar la iniciativa en la Segunda Guerra Mundial. El demoledor ataque protagonizado por el Grupo de Ejércitos Sur del mariscal Erich Von Manstein reunió a más de 900.000 soldados, 2.300 tanques, 10.000 cañones y 2.000 aviones que se abalanzaron en dos alas desde Orel al norte y Kharkov al sur contra un Ejército Rojo que disponía a la defensiva y en una serie de cinco anillos fortificados sobre el denominado «Saliente de Kursk» a un total de 1.300.000 soldados, 5.000 tanques, 20.000 cañones y 2.600 aviones. Gracias a que los soviéticos conocían de antemano lo que iba a ocurrir a raíz de la información proporcionada por los servicios de inteligencia, el progreso de los alemanes en aquel punto al suroeste de Rusia resultó ser muy lento y estar plagado de dificultades por culpa de las minas, las piezas anticarro y los continuos contraataques de formaciones acorazadas que retrasaron de sobremanera a los atacantes a la hora de asegurar el Valle de Oka, Cherkassoye, Alexandrovska o el nudo de Yakovlevo, e incluso les hicieron fracasar parcialmente en determinados objetivos porque no limpiaron del todo las Colinas de Belgorod y no fueron capaces de tomar la vital Estación Ferroviaria de Ponyri. Fue entonces cuando el grueso acorazado ambos contendientes chocó sobre una verde llanura en un duelo que recibió el nombre de Batalla de Prokhorovka, donde los alemanes se impusieron a las fuerzas blindadas del general Pavel Rotmistrov infligiéndoles la pérdida de más de 300 tanques por una docena propias. A pesar de que esta victoria táctica en Prokhorovka, los germanos quedaron tan desgastados por los choques anteriores y encima en medio de la campaña tuvieron que desprenderse de las Divisiones Panzer de las Waffen-SS para atender la invasión de los Aliados a Italia, que finalmente Adolf Hitler canceló la «Operación Ciudadela». Hasta la fecha el saldo fue de 800.000 bajas para los soviéticos y la pérdida de 6.000 tanques, a costa de sufrir los alemanes 180.000 bajas y la destrucción de 300 carros, algo que sin duda convirtió a este enfrentamiento en la batalla de blindados más grande de la Historia.
El 10 de Julio de 1943 los Aliados invadieron la Isla de Sicilia durante la «Operación Husky», organizando previamente un salto de paracaidistas sobre Niscemi, Ponto Olivo y Piano Lupu. Acto seguido las tropas británicas, canadienses y maltesas desembarcaron en el extremo más oriental sobre Catania, Siracusa, Augusta y Cassibile, donde fueron inmovilizadas debido a la férrea resistencia de los defensores italianos; mientras que en el extremo más occidental sobre Licata lo hicieron los franceses libres con un tabor de marroquís. Respecto al sector central a los soldados estadounidenses pusieron pie en las playas de Gela, siendo recibidos por un demoledor fuego de las tropas italianas, así como por un contraataque de tanques germanos que solo pudo ser desbaratado a un precio altísimo en sangre y material, incluyendo decenas de aviones cargados de paracaidistas que fueron derribados por «fuego amigo» de la Flota Aliada. Una vez consolidadas las cabezas en el litoral, solamente las columnas del general George Patton se desplazaron hacia el oeste ocupando Caltanissetta, Enna, Agrigento y el vital puerto de Palermo, ya que las fuerzas de la Commonwealth dirigidas por el mariscal Bernard Montgomery fueron incapaces de moverse por culpa de la resistencia ítalo-germana. De este modo fue como se cedió todo el peso de la ofensiva a los norteamericanos que intentaron cercar al Eje atacando desde el norte sobre la «Carretera Términi-Imerse» hasta quedar paralizados en Troina, algo que aprovecharon los defensores para evacuar por mar a más de 100.000 efectivos y numerosos vehículos a través del seguro Estrecho de Messina. Aquel retraso sin duda evitó un desastre porque al poco tiempo las fuerzas estadounidenses reanudaron la marcha y entraron victoriosas en los muelles de Messina, capturando 120.000 prisioneros y finalizando la conquista de Sicilia.

Explosión del carguero SS Robert Rowan durante el desembarco en Gela durante la Operación Husky en Sicilia.
La pérdida de Sicilia y las continuas derrotas del Ejército Italiano, sumando a un bombardeo de la Fuerza Aérea Estadounidense sobre la capital de Roma, llevaron a un golpe de Estado orquestado por el Rey Víctor Manuel III que propició la caída del fascismo, el arresto de Benito Mussolini y la formación de un gabinete pro-aliado liderado por el general Pietro Badoglio. Sin embargo como en la Península Italiana había presente un gran número de divisiones del Ejército Alemán, los italianos continuaron siendo socios de Alemania a la espera de negociar la paz con los Gobiernos de Washington y Londres. Obviamente el titubeo de los latinos exasperó a los Aliados, por lo que el 3 de Septiembre de 1943 un puñado de tropas británicas cruzaron los 3 kilómetros que separaban Sicilia del continente sobre el Estrecho de Messina, desembarcando en la ciudad de Calabria que capituló sin apenas ofrecer resistencia, salvo por la excepción de un grupo de paracaidistas italianos que se enfrentaron a los canadienses en el Macizo de Aspromonte. Al cabo de una semana, el 9, nada más presentarse la Flota Aliada con el grueso de invasión en el suroeste del país, el Gobierno de Roma firmó el Armisticio de Cassibile y abandonó al pueblo a su suerte, pues las tropas del Ejército Alemán ocuparon la capital y prácticamente el 70% del territorio, desarmando sin grandes dificultades a la mayor parte del Ejército Italiano y hundiendo a un acorazado latino que trataba de huir a la altura de Cerdeña.
A primeras horas del 9 de Septiembre de 1943 el Ejército Británico inició la «Operación Slapstich» con la que depositó a sus fuerzas en el puerto de Tarento, hallando únicamente una breve oposición de marineros italianos y de minas marinas en el puerto que hundieron a un minador. Completada la conquista de Tarento, de manera simultánea el Ejército Estadounidense puso en marcha la «Operación Avalanche» y desembarcó a las afueras de Salerno, aunque en este punto las tropas alemanas y algunos fascistas italianos que se negaban a acatar el Armisiticio de Cassibile, resistieron en la playa y provocaron a los norteamericanos unas pérdidas tremendas sobre el eje que iba del Río Sale al Aeródromo de Montecorvino. De hecho a los pocos días un Cuerpo Panzer con tanques, granaderos y paracaidistas italianos contraatacó contra la cabeza de costa, sufriendo los carros germanos muchas bajas por culpa del fuego de los destructores en el agua, pero también eliminando a decenas de estadounidenses en Altavilla Silentina. Solamente el lanzamiento de fuerzas aerotransportadas norteamericanas por detrás del Río Sale y la urbe de Paestum, más las fuerzas del Octavo Ejército Británico que subían desde Calabria y Tarento, obligaron a una retirada estratégica de los alemanes hacia el norte, cediendo así el control de Montecorvino y Salerno a los Aliados.
La repentina salida de Italia de la Segunda Guerra Mundial supuso que la mayor parte de las guarniciones del Ejército Italiano fuera de su patria quedasen en una especie de «tierra de nadie» que se disputaron los Aliados y el Eje. Por ejemplo en Córcega las tropas del Ejército Alemán y un grupo de italianos fascistas chocaron contra las divisiones realistas del Ejército Italiano, éstas últimas apoyadas por la Resistencia Francesa y un grupo de tropas coloniales marroquís del Ejército Francés que desembarcaron en Ajaccio, logrando las fuerzas pro-occidentales derrotar a los germanos y forzarles a abandonar el territorio insular saliendo desde los puertos de Bonifacio y Bastia. Bastante diferentes transcurrieron las cosas en las Islas del Dodecaneso porque las divisiones alemanas con base en Grecia desembarcaron o se lanzaron en paracaídas sobre la Isla de Rodas, la Isla de Leros y la Isla de Kos, en donde aniquilaron a todas las guarniciones italianas y a todo el contingente de ayuda enviado por el Reino Unido, sin contar con que la aviación germana hundió a un crucero inglés, seis destructores y otros barcos menores, causando a la Marina Real Británica una debacle total sobre el Mar Egeo.
Contrariamente a lo imaginado por el Primer Ministro Winston Churchill que había definido a la Península Italiana como la «panza del cocodrilo», en realidad resultó convertirse en una fortaleza imposible de superar porque los Aliados únicamente avanzaron en las primeras semanas, como por ejemplo en el Mar Adriático donde los británicos ocuparon el puerto de Brindisi y los canadienses con un asalto el enclave de Ortona, o en el Mar Mediterráneo donde la ciudad de Nápoles fue entregada a los norteamericanos gracias a una sublevación de la Resistencia Italiana en la llamada «Insurrección de los Cuatro Días». Lamentablemente en cuanto los anglo-americanos alcanzaron la Cordillera de los Apeninos y los Abruzzos, se estrellaron contra las formidables fortificaciones de la «Línea Gustav», un complejo defensivo excelente que les provocó una auténtica carnicería, especialmente a los estadounidenses en el Río Volturno o el pueblo de San Pietro Infine y a los ingleses en el Río Moro o el Monte de la Difensa, sin obviar con que la aviación germana causó graves problemas logísticos a sus oponentes al hundir a 28 navíos durante un raid a los muelles de Bari. A este problema para los Aliados hubo que sumar otro de índole político porque el Gobierno Cobeligerante del Rey Víctor Manuel III apenas obtuvo apoyos, mientras que en el bando contrario unos comandos alemanes liberaron a Benito Mussolini del Monte Gran Sasso y lo pusieron al frente de la República Social Italiana con capital en Saló, lo que de nuevo realineó a Italia junto a las potencias del Eje, cuyos soldados y milicianos fascistas combatirían contra los invasores anglo-estadounidenses y también contra los realistas y los partisanos comunistas dentro del contexto de la Guerra Civil Italiana.
Justo después de la paralización del Ejército Alemán en la Batalla de Kursk, comenzó la Batalla del Dniéper cuando el Ejército Rojo pasó masivamente a la contraofensiva con más de 2.600.000 soldados sobre un frente de 1.400 kilómetros que abarcaba desde el Mar de Azov en Ucrania hasta el sureste de Rusia. De manera arrolladora las tropas alemanas del Grupo de Ejércitos Sur fueron desalojadas de la cuenca minera del Donbass porque los rusos recuperaron el control de Taganrog, Mariupol, Poltava, Stalino, Melitopol y la ciudad industrial de Kharkov, además de aislar a la Península de Crimea cerrando el Istmo de Perekop. Algo más al norte se luchó encarnizadamente por cruzar el Río Dniéper, pues los soldados alemanes y rumanos resistieron meses hundiendo embarcaciones y rechazando el salto de miles de paracaidistas a la retaguardia, hasta que finalmente los soviéticos derrumbaron su dispositivo y penetraron hacia el corazón de Ucrania, retomando las plazas de Dniepropetrovsk y Kremenchuk. Tampoco al Grupo de Ejércitos Centro las cosas le fueron mejor porque las divisiones rusas del mariscal Georgi Zhukov empujaron a los alemanes hasta expulsarles de su patria y arrebatarles vitales ciudades como Smolensk, Orel, Gomel y Bryansk. Completada esta fase de la campaña el Ejército Rojo se abalanzó sobre el Bajo Dniéper en un frente de 300 kilómetros de ancho por 80 kilómetros de profundidad con el perforó las últimas defensas del Eje por Sumy, Romy y Lubny, alcanzando algunas de sus vanguardias los bordes con Galitzia y las Marismas del Pripiat. Incapaz las fuerzas del Eje de resistir por más tiempo, no tuvieron otra alternativa que retirarse hacia el oeste de Ucrania poco después de que las tropas soviéticas entrasen victoriosas en la capital ucraniana de Kíev, no sin antes haber sufrido más de 300.000 bajas los germanos y haber infligido a los rusos unas 1.600.000, en lo que sin duda fue una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial.
Todavía el Eje contaba con presencia en el Cáucaso en 1943 en la denominada «Cabeza de Puente del Kubán», donde pese a que el Ejército Rojo recuperó la capital de Krasnodar, los defensores germano-rumanos resistieron todos los embites durante meses en un entorno muy favorable para la defensa al estar cargado de colinas, pantanos y vegetación. Entre las sorprendentes acciones de alemanes y rumanos que custodiaban la costa del Mar Negro estuvo rechazar un desembarco de infantes navales soviéticos en el puerto de Novorossiysk y dejar aislado a un contingente ruso en el Cabo Myshako. Respecto a las tropas que protegían los accesos terrestres causaron unas pérdidas tremendas a los rusos, ya fuese en soldados o tanques, durante los encuentros en Krimskaya, Moldavasnkoe, Kievskoe y Podgoniy, este último enclave conocido por los carristas soviéticos como el «Valle de la Muerte». Solamente el transcurso de los meses desgastaron a los sitiados, ya que ante la presión del Ejército Rojo y nuevos desembarcos en Novorossiysk, éstos tuvieron que abandonar el puerto y levantar el asedio sobre el Cabo Myshako, además de retirarse del resto de sectores para refugiarse en la Península de Tamán sobre el Mar de Azov, en cuyos humedales volvieron a causar un infierno de bajas a los rusos hasta que finalmente todos los contingentes germano-rumanos, junto a algunos eslovacos, fueron evacuados a través del Estrecho de Kerch. Aunque al final los soviéticos recuperaron el Kubán, el saldo fue altísimo porque sufrieron 114.000 bajas y la destrucción de un millar de tanques a cambio de haber dejado escapar ilesos a 227.000 enemigos que se refugiaron en Crimea.

Desembarco de soldados del XVIII Ejército Soviético en el puerto de Novorossiysk durante la campaña del Kubán en el Cáucaso.
La Segunda Guerra Sino-Japonesa 1943 alcanzó en la fase final de 1943 su punto cénit porque Japón emprendió lo que hasta la feche fue la ofensiva más al oeste de China con la intención de propinar un gran golpe al Kuomintang en la Batalla de Changde. Así fue como el Ejército Imperial Japonés arremetió sobre la provincia de Hunan por tierra, agua y aire porque los soldados cruzaron con embarcaciones la orilla occidental del Lago Dongting, los paracaidistas se apoderaron del nudo de Taoyuan y las divisiones de infantería superaron las defensas chinas por las plazas de Shihmen, Tzuli y Chichiaho, penetrando en la propia ciudad de Changde. Curiosamente dentro de la urbe se combatió entre las calles y viviendas, a veces empleando la aviación japonesa gases venenosos que causaron víctimas en ambos bandos. Desgraciadamente para los atacantes pronto quedaron enmarañados entre los escombros y las barricadas, momento que aprovechó el Ejército Chino para lanzar una masiva contraofensiva desde el sur que resultó ser demoledora, pues expulsó a los japoneses hacia sus puntos de partida y dejó embolsados a un gran número en Changde que al final terminaron por rendirse en un episodio que los chinos bautizaron como el «Stalingrado de Oriente».
Al extremo occidental del Pacífico Sur los Aliados continuaron progresando en las Islas Salomón con una serie de desembarcos por parte de australianos y estadounidenses mediante los que retomaron la Isla de Vella Lavella, las Islas del Tesoro y las Islas Verdes, como también ocurrió más arriba con Nueva Georgia, obviamente con bajas muy elevadas tanto para los atacantes como para los defensores. Posteriormente las acciones se extendieron a Nueva Bretaña dejando fuera de combate la base japonesa de Rabaul con continuos raids de la Fuerza Aérea Estadounidense, además de librar feroces combates en la jungla sobre el Cabo Gloucester, donde los Aliados quedaron completamente paralizados. Bastante parecido fue lo que ocurrió en la vecina Isla de Bougainville a causa del escenario selvático, pero no en Nueva Guinea debido a que en esta ocasión los americano-australianos protagonizaron cuantiosos éxitos como la reconquista de los puertos de Salamaua y Lae, la coronación del Monte Finisterre y la toma tanto de la Península de Huan como del Monte Finisterre, además de dejar fuera de combate a una flota de transportes de socorro durante la Batalla de las Islas Bismarck.

Soldados y tanque Sherman del Ejército Estadounidense en las profundidades de la jungla durante la Batalla de Bougainville.
La estrategia de Estados Unidos para el Frente del Pacífico se fijó a finales de 1943 con un despliegue ofensivo que operaría en dos áreas: la primera sobre el Pacífico Sur comandada por las tropas americano-australianas del general Douglas MacArthur y la segunda sobre el Pacífico Central encabezada por los buques de la Flota Estadounidense del almirante Chester Nimitz. En el caso de esta última ala de avance, el estreno de la poderosa escuadra y los hombres del Cuerpo de Marines tuvo lugar durante la campaña de las Islas Islas Gilbert, donde pese a una vencer una breve oposición japonesa en el Atolón de Betio, lo ocurrido en la Isla de Makin resultó ser un infierno que sería recordado como la Batalla de Tarawa. De hecho en este islote de coral los soldados norteamericanos tuvieron que descender de las lanchas a cientos de metros de la playa con el agua alcanzándoles el vientre, mientras eran masacrados por el fuego de las ametralladoras y la artillería de los japoneses en tierra, a quienes también tuvieron que eliminar de sus atrincheramientos y escondrijos a un precio muy alto en vidas, incluyendo la pérdida de un portaaviones torpedeado por un submarino nipón. Finalmente y después de muchas dificultades por tomar el aeródromo de la isla, los marines se apoderaron del Atolón de Tarawa y de todas las Islas Gilbert, aunque recibiendo una señal inequívoca de lo costosa que iba a ser en el futuro la Guerra del Pacífico.
El Tercer Reich a la retaguardia sufrió una auténtica devastación a manos de la Fuerza Aérea Estadounidense que bombardeaba el continente de día y también de la Fuerza Aérea Británica que hacía lo propio de la noche siguiendo la doctrina del «bombardeo de área» puesta en práctica por el mariscal Arthur Harris. Oficialmente la ciudad Lübeck fue la primera en ser arrasada por la RAF, seguida por el puerto de Rostock, aunque la mayor matanza tuvo lugar en la ciudad de Colonia que fue reducida escombros con 20.000 civiles fallecidos y posteriormente Hamburgo con más de 40.000. Desde entonces se lanzaron innumerables raids contra Bremen, Kassel, Mainz, Mannheim, Sttutgart, Frankfurt, Ulm, Munich, Magdeburg, Darmstad, Wilhelmshaven, Karlsruhen, Hannover, Saarbrücken, Augsburg, Dortmund, Braunschweig, Heilbronn, Emden, Flensburg, Freiburg o Jena, así como Viena o Inssbrück en Austria, más las Presas de Möhne y Eder. Curiosamente la mayor parte de los ataques se saldaron con pérdidas inasumibles, pues durante los raids sobre la capital de Berlín se perdieron 500 aviones y murieron 2.600 pilotos a costa de matarse a 4.000 ciudadanos germanos; mientras que sobre las industrias de los «Cojinetes» en el Ruhr en una sola jornada la Luftwaffe derribó a una cincuentena de bombarderos norteamericanos.
Al igual que en Alemania también la aviación de Estados Unidos y Gran Bretaña se produjeron bombarderos por toda Europa, como por ejemplo ocurrió en Rumanía con unas bajas tremendas para los Aliados porque en las incursiones a Bucarest y sobretodo a los pozos petrolíferos de Ploiesti, a los estadounidenses les fueron abatidos 53 cuatrimotores por los cazas rumanos. Algo similar sucedió durante los raids sobre Bulgaria y Sofia porque se perderían casi dos centenares de aviones gracias a la pericia de los interceptores búlgaros, además de Budapest en Hungría, Brastislava en Eslovaquia, Belgrado en Serbia, Pogdorica en Montenegro, Zagreb en Croacia, París en Francia, Amberes en Bélgica y diversas ciudades de Italia como Roma, Pescara, Pisa, Florencia, Venecia y Milán, llegándose en ocasiones a atacar por error la neutral Suiza y el Vaticano. Curiosamente el Eje prosiguió con su propio bombardero estratégico, aunque en mucha menor medida, tal y como hizo la aviación alemana soltando sus bombas sobre el sur de Inglaterra o la aviación japonesa lanzando los últimos raids sobre la capital china de Chongqing.
Mientras se desarrollaban las operaciones bélicas en Europa y el Océano Pacífico a finales de 1943, las potencias de los Aliados comenzaron a negociar futuras estrategias como la apertura del «segundo frente» en Occidente y también el reparto de las esferas de influencia al término del conflicto. Así fue como se celebró la Conferencia de El Cairo en la que estuvieron presentes el Presidente Chiang Kai-Shek, el Primer Ministro Winston Churchill y el Presidente Franklin Delanto Roosevelt que pactaron la descolonización de China y su papel como potencia emergente en Asia; antes de reunirse los dos últimos con Iósif Stalin en la Conferencia de Teherán, durante la cual se cedió el control de Europa Oriental y los Balcanes a la URSS, siendo el resto del continente con Europa Occidental y Grecia adjudicados a Estados Unidos y Gran Bretaña, además de fijar los Gobiernos de Washington, Moscú y Londres solamente la posibilidad de una «rendición incondicional» para Alemania y Japón.
La fase final de la Segunda Guerra Mundial en el agua aquel año 1943 dejó un saldo negativo para Alemania que en el Océano Glacial Ártico perdió un acorazado durante la Batalla del Cabo Norte; como también lo fue para la Unión Soviética en el Mar Negro al ser echados a pique tres de sus destructores. En el Océano Índico los submarinos alemanes, japoneses e italianos mantuvieron su superioridad, hundiendo a decenas de cargueros anglo-americanos y barcos de escolta sobre las rutas del África Oriental, la India y Australia; mientras que en el Océano Pacífico por el momento la producción industrial de Japón continuó botando gran cantidad de unidades, aunque poco a poco su economía de materias primeras empezó a resentirse por culpa de los submarinos norteamericanos que echaron a pique a cientos de mercantes y algunos petroleros, a veces ante los mismos puertos del Sol Naciente mediante la táctica del «Silent Service».

Submarino norteamericano USS Barb, uno de los mayores cazadores del Océano Pacífico en la Segunda Guerra Mundial.
Año 1944
El inicio del año 1944 se desarrolló con una inesperada contraofensiva del Ejército Rojo sobre el Grupo de Ejércitos Norte sobre el que se puso fin al asedio de Leningrado y se liberó la ciudad sitiada tras un cerco de aproximadamente 900 días. Inmediatamente a este derrumbe del frente se recuperó la ciudad de Novgorod y se superaron todas las defensas enemigas primero por Krasnoye Selo, luego en Luga y por último entre Kingisepp y Gdov, retrocediendo las tropas germanas hasta el Lago Peipus y Estonia. Precisamente en los accesos a este último país, las fuerzas del Grupo de Ejércitos Norte, por aquel entonces una amalgama de tropas alemanas y estonias, más miles de voluntarios letones, holandeses, belgas, españoles y sobretodo nórdicos como noruegos, daneses, suecos y fineses, consiguieron frenar al gigantesco Ejército Rojo en la Batalla de Narva, donde a costa de unas pérdidas mínimas provocaron a los soviéticos más de 480.000 bajas, paralizando su avance justo a la entrada de los Países Bálticos.
Más hacia el sur del Frente Oriental en Ucrania, también el Grupo de Ejércitos Sur evitó una debacle porque gracias a la pericia del general Erich Von Manstein se frenó en seco al Ejército Rojo durante sus ofensivas sobre Zhitomir, Berdichev y Krirovorad durante las que infligió a los rusos unas 100.000 bajas; mientras que rescató del cerco de la Bolsa de Korsun-Cherkassy a más de 40.000 soldados alemanes de los 60.000 inicialmente sitiados. Aunque no se pudo impedir la pérdida de las plazas de Krivoi-Rog, Nikopol, Lutsk y Rovno, en cuanto las divisiones soviéticas se presentaron en Transnistria y recuperaron el puerto de Odessa, tuvieron que detener su progreso ante la Cordillera de los Cárpatos. A partir de ese instante los rusos se vieron obligados a combatir en Moldavia y por tanto sobre el territorio del enemigo que pertenecía a Rumanía, resultando las siguientes ofensivas un completo desastre porque el Ejército Rumano con ayuda de algunas de las mejores unidades de Panzer del Ejército Alemán, emboscaron y destrozaron al Ejército Soviético con más de 150.000 bajas y la destrucción de 500 carros en las Primera y Segunda Batallas de Târgu Frumos.
Únicamente el Eje no fue capaz de soportar la presión en Crimea porque aunque al principio los defensores alemanes y rumanos rechazaron un desembarco de infantes navales soviéticos sobre el Estrecho de Kerch, aniquilando su cabeza de playa en Eltigen y el Monte Mitrídates, no pudieron contener la marea enemiga depositada en la cabeza de Yenikale. Simultáneamente el Ejército Rojo cruzó masivamente el Estrecho de Perekop por el norte, desbordando la frágil línea defensiva entre el Lago Sivask y Amiansk, eliminando a la guarnición eslovaca de Krasnoperekops, reduciendo a un grupo de musulmanes tártaros en Bakhchisarai y apoderándose de los entornos naturales de la Acequia Tártara. Roto el frente, las fuerzas soviéticas descendieron unos 300 kilómetros y ocuparon con facilidad Feodosia, Simferopol y Yalta, poniendo bajo asedio a la plaza fortificada de Sevastopol. A partir de entonces se decretó la evacuación a bordo de todo tipo de embarcaciones que navegaron por el Mar Negro hacia el puerto de Constanza en Rumanía, resultando hundidos dos cargueros a manos de la aviación rusa. Aproximadamente serían evacuados 147.000 soldados alemanes, rumanos, eslovacos, tártaros y colaboracionistas rusos, aunque también sufrieron 96.000 bajas, la mitad prisioneros, cuando el Ejército Rojo entró en Sevastopol y recuperó la totalidad de Crimea.
Nuevamente en 1944 el fenómeno antifascista en Europa aumentó a la retaguardia del Eje con el surgimiento de algunas repúblicas partisanas en Italia como por ejemplo la República de Ossola o la República de Alba, ambas desarticuladas por los fascistas italianos y los soldados alemanes sobre el Piemonte. En la vecina Francia por primera vez el «maquis» generó problemas a la Francia de Vichy, lo que llevó a las fuerzas colaboracionistas a solicitar ayuda a los germanos, con quienes estando su parte lograron eliminar algunos núcleos importantes de la Resistencia Francesa en Glières y Vercors. No obstante como de costumbre los Balcanes fueron el mayor foco guerrillero, incluyendo Bulgaria donde se vivió una guerra civil entre los zaristas y los revolucionarios de izquierda del Frente de la Patria; pero especialmente en Yugoslavia porque alemanes, croatas, chetniks y albaneses castigaron a los partisanos yugoslavos durante la «Operación Kugelblitz» entre el Sandzak y Montenegro, pero igualmente encajaron reveses en las operaciones antipartisanas de Andrijevica y Drvar.

Soldados musulmanes bosnios de la 13ª División SS de Montaña Hanschar en una acción antiguerrillera sobre los Balcanes.
La Islas Marshall y algunos puntos de la Micronesia fueron invadidos por Estados Unidos a principios de 1944, desembarcando los soldados del Cuerpo de Marines en el Atolón de Kwajalein, de donde desalojaron a los defensores japoneses y coreanos de la Isla de Roi-Namur, para acto seguido poner el pie en el Atolón de Eniwetok y apropiarse a base de tiros de la propia Isla de Eniwetok y la Isla de Engibi. Toda esta operación solo pudo completarse porque la enorme flota de portaaviones dejó fuera de combate la Base Naval de Truk sobre las Islas Carolinas, hundiendo la aviación embarcada a nada menos que 44 navíos nipones, entre estos tres cruceros y todo tipo de destructores, cargueros o embarcaciones menores, algo que sin duda para Japón supuso la pérdida de su hegemonía en el Pacífico Central.

Miembros del Cuerpo de Marines Estadounidense luchando en Kwajalein durante la campaña de las Islas Marshall en Micronesia.
Al extremo opuesto del tablero de la Guerra del Pacífico, concretamente sobre el Sudeste Asiático, un contingente del Ejército Estadounidense conocido como los «Merodeadores de Merrill», cuyas soldados estaban desplegados muy cerca de la confluencia de las fronteras con China, India y Birmania, protagonizaron la primera ofensiva sobre esta última región, aunque con una ayuda muy importante del Ejército Chino y un regimiento acorazado del Kuomintang, los cuales expulsaron a los nipones del Valle de Hukwang, coronaron los Montes Mogaung y embolsaron a numerosos enemigos hasta su total destrucción en la Batalla de Myitkyina. También el Ejército Anglo-Indio al mando del almirante Lord Louis Mounbatten, cuyas fuerzas contaban con el apoyo de las partidas de los «Chindits», pudo reconquistar grandes porciones de Arakán y eliminar a numerosos japoneses y colaboracionistas en la denominada «Bolsa de Admin» que implicó la toma de importantes plazas como Ngakyedauk y Sinzewa sobre el Golfo de Bengala.
La contienda en Birmania adquirió una importancia de primer orden en la Guerra del Pacífico porque como China no dominaba ninguna de sus costas y era la principal potencia continental, los Aliados solo podían entregar a los chinos sus lotes de aviones de guerra y otro tipo de armamento por vía aérea a través del Himalaya. Así fue como se creó la ruta de la «Joroba» o «The Hump» que partía de Assam, pasaba por encima de la jungla birmana y se adentraba en la mayor cordillera del planeta conocida como el «Techo del Mundo», a veces sobre el propio Tíbet, hasta entrar en los cielos de China y depositar la carga en la ciudad de Kunming, desde donde luego se distribuía al Ejército Chino en los distintos frentes. Durante esta campaña en el aire los aparatos de transporte experimentaron un verdadero infierno, no solo por los cazas japoneses, sino por las ventiscas, los accidentes con las montañas o las tormentas electromagnéticas que costaron la muerte de centenares de pilotos y la pérdida de más de 600 aviones a los Aliados.
En la primavera de 1944 el Eje lanzó la «Operación U-Go» consistente en una invasión de la India con numerosas divisiones del Ejército Japonés liderado por el general Renya Mataguchi y el Ejército Nacional Indio del líder nacionalista Chandra Bose que consiguió provocar algunas insurrecciones y motines en el Ejército Anglo-Indio, ya que el fin último de esta ofensiva era la expulsión de los británicos y el nacimiento del proyecto de la India Libre. Al principio el ataque fue un éxito porque poco después de superar el Río Chindwin y las Colinas Chin se alcanzaron muchos de sus objetivos como Tamu, Tiddi, Bishenpur, Sangshak y Littan, e incluso los nipones se adentraron en amplias zonas de Bangladesh. Lamentablemente para los japoneses pronto encontraron dificultades frente a las tropas anglo-indias y nepalís en Shenam, Palel, Kanglatongbi y Nungshigum, como también los nacionalistas hindús frente a Ukhrul. Sin embargo los mayores choques tuvieron lugar durante la Batalla de Imphal y la Batalla de Kohima, dos sangrientos asedios que fueron un calvario para ambos bandos hasta que las fuerzas del Eje, acosadas desde el aire y sin apenas suministros ni comida, tuvieron que retirarse de la India y regresar a Birmania con más de 50.000 bajas, muchas de éstas a causa de inanición durante la huida a través de las junglas del Sudeste Asiático.
El año 1944 en China se caracterizó por la mayor campaña militar organizada por Japón en la Segunda Guerra Mundial con más de 680.000 efectivos entre divisiones del Ejército Japonés y unidades colaboracionistas chinas del Ejército de Nankíng contra una línea de frente de miles de kilómetros sostenida por más de 1 millón del Ejército Chino. Se trató de la «Operación Ichi-Go», consistente en enlazar las áreas conquistadas del país con los dominios en la Indochina Francesa con el que se pretendía conectar logísticamente todo la Esfera de Co-Prosperidad de la Gran Asia desde Manchuria hasta Singapur. Así comenzó la primera fase denominada «Operación Kogo» sobre la provincia más septentrional del Henan que fue atacada en dos alas al norte y al sur que desbordaron a las tropas del Kuomintng, en parte porque milicianos chinos pro-nipones azuzaron a la población azotada por la hambruna contra los propios nacionalistas, lo que disolvió unidades enteras y rompió la línea del frente, algo que permitió a los japoneses y sus socios títeres apoderarse de todos sus objetivos como la ciudad de Loyang, los enclaves de Paofeng o Lushih, más la vía de tren que unía Wuhan con Kaifeng. Completada la fase inicial se puso en marcha la «Operación Togo I» sobre la provincia de Hunan mediante dos fuerzas expedicionarias que bordearon el Lago Dongting por Iyang y que pasaron por encima de las defensas del Río Milo y el Río Liuyang, hasta aplastar al Kuomintang en la Cuarta Batalla de Changsha. Ocupada esta ciudad de vital importancia estratégica, el Ejército Japonés descendió de forma arrolladora siguiendo en paralelo el Río Hsianchiang hasta destruir a un ejército nacionalista chino en Henyang, además de expandirse hacia Anjen, Lingling y Shaoyang, completando de este modo la conquista de toda Hunan.
La «Línea Gustav» en Italia representó el estancamiento de los Aliados en 1944 cuando tras muchas dificultades el Ejército Anglo-Estadounidense dejó atrás el Río Rápido y el Río Garellano, para darse de bruces con el pueblo de Cassino y una montaña coronada por la Abadía de Montecassino, de donde fueron repelidos por la artillería alemana emplazada en la cumbre y los paracaidistas germanos que se atrincheraron entre las ruinas del monasterio nada ser reducido a escombros por la aviación norteamericana. A este acontecimiento que fue conocido como la Primera Batalla de Montecassino, le siguió la Segunda Batalla de Montecassino y la Tercera Batalla de Montecassino con idénticos resultados, pues pese a que los canadienses tomaron la vecina localidad de Pontecorvo y los franceses libres junto a las tropas argelino-marroquís arrebataron a los ítalo-germanos los enclaves de Beldevere, Sant Apollinaire, Ausonia y el Valle de Lin, el resto de efectivos fueron fueron masacrados en las faldas de la montaña, como les ocurrió a los componentes de una división neozelandesa y una división india, así como a infinidad de soldados nepalís «gurkhas» y hasta americanos de origen japonés «nisei», consiguiendo únicamente los atacantes despejar algunas zonas de los alrededores como la Colina del Castillo, la Colina del Verdugo o el Monte Calvario. El estancamiento se alargó durante largos meses de invierno, frío y barro en los que causaron baja más de 55.000 efectivos del bando de los Aliados hasta la Cuarta Batalla de Montecassino, momento en que la división polaca aseguró la ciudad y posteriormente escaló la peligrosa escarpada, logrando los polacos echar a los paracaidistas, conquistar las ruinas de la Abadía de Montecassino y romper de una vez por todas la «Línea Gustav».

Tropas de la Brigada de Infantería Sudafricana en Montecassino con ingleses y norteamericanos exhibieno una bandera capturada al Tercer Reich.
Al mismo tiempo en que se desarrollaba la Batalla de Montecassino la Flota Aliada se presentó más arriba en las costas del Lazio y desembarcó a un considerable contingente del Ejército Anglo-Estadounidense en las playas de Anzio. Sorprendentemente en la costa no encontraron ninguna oposición, por lo que se pudo establecer con facilidad una cabeza de 12 kilómetros entre el Río Moletta al norte y las Marismas Pontinas al sur. Las cosas sin embargo cambiaron al adentrarse los invasores hacia el interior, ya que tanques Panzer y paracaidistas alemanes emboscaron a los intrusos, aniquilando o capturando a 4.000 soldados estadounidenses en la Batalla de Cisterna. A continuación las fuerzas del Eje al mando del mariscal Albrecht Kesselring pasaron al contraataque para dejar embolsados a 120.000 enemigos sobre la denominada «Cabeza de Puente de Anzio», la cual fue sometida durante meses a intensos bombardeos de cañones pesados, lanzacohetes e incluso trenes artillados ocultos en túneles, además de ser acosada la escuadra anglo-estadounidense en el Mar Tirreno por submarinos y lanchas torpederas germano-italianas que hundieron a dos cruceros y dos destructores. De nada sirvieron los intentos de ruptura porque todos fracasaron, como por ejemplo les sucedió a los norteamericanos tras sufrir incontables bajas en Nettuno y Viterbo gracias a la férrea determinación de una división italiana de las SS. Solamente el descalabro del frente en la «Línea Gustav» tras el fin de la Batalla de Montecassino permitió dar un vuelco a la situación en la Batalla de Anzio, pues ante el riesgo de quedar cercadas las unidades del Eje, los alemanes abandonaron el centro de Italia, facilitando a los anglo-estadounidenses abrir una brecha por Velletris y entrar victoriosos en la capital de Roma el 4 de Junio de 1944.
A las 00:03 horas del 6 de Junio de 1944 comenzó el desembarco de Normandía, también conocido como «Operación Overlord» o «Día-D», cuando comandos británicos a bordo de planeadores descendieron junto al Río Orne y tomaron el Puente Pegasus como preludio a la inminente invasión de Francia. Acto seguido oleadas de aviones de transporte soltaron a miles de paracaidistas ingleses a las afueras de Caén, quienes rápidamente silenciaron las baterías de Rainville; mientras otros tantos miles de paracaidistas estadounidenses caían por detrás de Normandía cerca de la Península del Contentín, sufriendo un verdadero calvario a manos de las baterías antiaéreas que derribaron decenas de aparatos y a los guardias alemanes que les cazaron en el suelo tras caer dispersos por un área boscosa y pantanosa, tal y como le ocurrió a una compañía entera al ser aniquilada en el pueblo de Saint-Mère-Eglise. Al amanecer de aquella jornada la Flota Aliada se presentó ante la costa de Normandía, desembarcando los norteamericanos en el extremo más occidental de la «Playa Utah» que la ocuparon sin mayores dificultades; aunque en la «Playa Omaha» en seguida quedaron clavados porque las lanchas se atascaron en los arenales o fueron acribilladas por los proyectiles y ametralladoras en el agua, lo mismo que cientos de soldados masacrados sobre la arena o junto a los obstáculos. A no mucha distancia las fuerzas especiales de «rangers» escalaron y coronaron con muchas dificultades los Acantilados de Pointe du Hoc; al tiempo en que fuerzas de la Commonwealth aseguraban la «Playa Gold» con el Fortín Hamel; las divisiones canadienses se abrían paso a tiros sobre la «Playa Juno»; y en el extremo más orientas las tropas británicas ponían el pie en la «Playa Sword», apoderándose de la Colina de Périers y limpiando de enemigos la aldea de Ouisterham que fue liberada por un comando de franceses libres. Solamente en la «Playa de Omaha» las tropas alemanas continuaron resistiendo hasta que después de numerosas pérdidas frente a los búnkers y resultar tres destructores y decenas de barcazas hundidas, al final los norteamericanos cargaron contra las defensas y rompieron la «Muralla Atlántica» al mediodía, procediendo con este episodio a la reapertura del Frente Occidental.

Soldados del Ejército Estadounidense a punto de ser depositados en la Playa de Omaha durante el desembarco de Normandía.
Completado el desembarco de Normandía empezaron las dificultades para los Aliados, especialmente en el sector oriental del Ejército Anglo-Canadienses al mando del mariscal Bernard Montgomery porque únicamente pudieron arrebatar a sus oponentes los enclaves de Port-en-Bessin, Bréville y el Radar de Douvres, ya que inmediatamente quedaron atascados en la ciudad de Caén, donde los alemanes se atrincheraron entre los escombros a causa del bombardeo, rechazando todos sus asaltos tanto dentro de la urbe como en las colinas adyacentes, además de contraatacarles con carros e infligirles enormes pérdidas en blindados y hombres como sucedió en Le-Mesnil-Patry o la Cota Verrières, pero sobretodo en Villers-Bocage porque un sólo tanque alemán eliminó casi en solitario a decenas de carros y vehículos blindados enemigos. Respecto al sector occidental del Ejército Estadounidense del general Omar Bradley, las tropas expedicionarias experimentaron un infierno frente a los alemanes, a quienes favorecía el terreno de bosques y setos normandos, los conocidos como «bocages», pues fueron víctimas de una infinidad de pérdidas en hombres y tanques por culpa de las emboscadas, aunque salvo por algún revés como la huida de Graignes, a diferencia de los británicos éstos si pudieron imponerse poco a poco y avanzar por el terreno a costa de pagar un precio altísimo en vidas y material. Así fue como los norteamericanos arrebataron a los paracaidistas alemanes el nudo de Carentán, para luego proceder a la invasión de la Península del Contentín que duró aproximadamente un mes hasta que después de decenas de millares de bajas en ambos bandos, las fuerzas estadounidenses tomaron el vital puerto de Cherburgo y también la estratégica ciudad de Saint-Lô.
A mediados de Junio de 1944 los Estados Unidos comenzaron la campañas de las Islas Marianas con un desembarco en la Isla de Saipán que costó un gran número de bajas a los estadounidenses por culpa de la férrea resistencia japonesa en la jungla y en el Aeródromo de Aislito, así como casos de «fuego amigo» a manos de la artillería propia y varias «carga Banzai», hasta que finalmente los defensores cedieron el control del enclave tras una serie de suicidios colectivos en Punta Marpi. Mientras tanto en el agua la Marina Imperial Japonesa intentó sorprender a la Flota Estadounidense en el archipiélago, aunque sucedió precisamente todo lo contrario porque durante la Batalla del Mar de Filipinas los estadounidenses hundieron a tres portaaviones nipones y derribaron a 480 aparatos enemigos en lo que se conoció como el «Tiro al Pavo en las Marianas». Al poco tiempo el Cuerpo de Marines también invadió la Isla de Tinian que fue conquistada con relativa facilidad gracias al empleo por primera vez de la gasolina gelatinosa del napalm; aunque muchas más dificultades encontraron los norteamericanos en la Isla de Guam porque los japoneses presentaron una fanática oposición, sobretodo en la Península de Orote y el Monte Santa Rosa, hasta apoderarse del dominio insular y de todo el archipiélago de las Marianas, algo que causó una grave crisis política en Japón porque precipitó la dimisión del Primer Ministro Hideki Tojo.

Dos miembros del Cuerpo de Marines agazapados en un cráter sobre la selva durante la Batalla de Saipán en las Islas Marianas.
Nueva Bretaña en el Pacífico Sur fue defendida por Japón con mucho más éxito que las Islas Marianas porque todavía retuvieron el control de la isla, causando bajas a los estadounidenses en el Cabo Gloucester, Arawe y Talasea, además de replegarse con éxito hacia el interior de la jungla tras un desembarco anfibio de australianos y estadounidenses en la Bahía de Jacquinot. Respecto a Nueva Guinea la situación de estancamiento se prolongó aquel 1944, aunque con ciertos avances gracias a los devastadores ataques aéreos, a la destrucción de la aviación japonesa, al bloqueo ejercido por los submarinos que hundieron a un convoy entero de suministros, y a la captura de las vecinas Islas Almirante y la Isla de Morotai. Aprovechando estas circunstancias, los norteamericanos, australianos y holandeses desembarcaron en los principales puertos neoguineos de Hollandia, Aitape, Biak y Sansapor, librando duros enfrentamientos en la selva, como la Batalla de Wakde-Sarmi, la Batalla de Noemfoor o el difícil cruce por el Río Driniumor, algo con el que se dejó aislada completamente a la guarnición japonesa, cuyos componentes, entre estos miles de reclutados coreanos, taiwaneses y micronesios, fallecerían de hambre e incluso practicarían canibalismo.
Inesperadamente al amanecer de 1944 comenzó la mayor ofensiva del Ejército Rojo sobre una línea de 700 kilómetros del Frente Oriental, la «Operación Bragation», con 2.300.000 soldados, 5.800 tanques, 32.000 piezas de artillería y 8.700 aviones que se abalanzaron masivamente sobre Bielorrusia contra un sorprendido Grupo de Ejércitos Centro compuesto 1 millón de soldados del Eje, 550 tanques, 3.200 cañones y 830 aviones. El descomunal fuego de artillería disolvió las vanguardias alemanas mientras las tropas soviéticas cruzaban el Río Ponya sobre canoas y puentes artificiales para liquidar a la escasa presencia enemiga en Sirotino y Shumilino, al mismo tiempo en que otra ala rompía la «Línea Tiger» y hacía 30.000 prisioneros en Boguchevsk. Simultáneamente desde las intransitables Marismas del Pripiat un agrupación oculta según las tácticas de enmascaramiento rusas de la «maskirova» al mando del general Konstantin Rokosvosky, atravesó las charcas y pantanos aprovechándose del trabajo de los ingenieros para aparecer casi a la espalda de sus oponentes. De forma inmediata unos 20.000 soldados alemanes quedaron embolsados y capitularon en la ciudad de Vitebsk, poco antes de que 500 vehículos fueron destruidos junto al Río Sesta y otros tantos millares de germanos se rindieran tras una dura resistencia en la plaza de Moguilev, Orsha y Lepel. Sólo un grupo de germanos contuvieron brevemente el ataque en el Río Berezina y un batallón de vichystas franceses en el Río Bobr, pues muy pronto 70.000 efectivos quedaron atrapados en Brobuisk, de los que menos de la mitad escaparían en cuanto la plaza cayó en manos de los soviéticos, los cuales el 3 de Julio entraron en la capital de Minsk. Consumado este espectacular avance del Ejército Rojo prosiguió tomando Slutsk, causando 10.000 bajas a los germanos en Polotsk y alcanzando los límites con Lituania. De nada sirvió la nueva línea de 60 kilómetros erigida entre Molodetchno y Baranovicve porque los rusos penetraron en tierras lituanas sorteando el Río Niemen, ocupando Grodno y apoderándose de la capital de Vilna tras un levantamiento de la Resistencia Polaca. Hasta la fecha la «Operación Bragation» constituyó la mayor derrota militar del Ejército Alemán en la Segunda Guerra Mundial porque supuso las bajas de 300.000 hombres, la pérdida de 450 kilómetros con toda Bielorrusia y parte de Lituania, y la destrucción casi total del Grupo de Ejércitos Centro.
Completada la primera fase de la «Operación Bagration» con la recuperación de Bielorrusia, se puso en marcha la segunda fase consistente en la ofensiva de Lvov-Sandomierz sobre el noroeste de Ucrania. La misión estuvo al cargo de una agrupación al mando del mariscal Iván Koniev que empleó a más de 1 millón de hombres y 2.000 tanques contra el Grupo de Ejércitos Ucrania Norte conformado por 800.000 soldados entre 650.000 alemanes y 150.000 húngaros con 900 carros liderados por el general Walther Model. Como ya había ocurrido anteriormente con el Grupo de Ejércitos Centro, las fuerzas del Eje fueron sorprendidas con un bombardeo de saturación por parte de la artillería rusa mientras las divisiones de fusileros y acorazadas salían de los humedales de las Marismas del Pripiat pasando los puentes sobre el Río Bug y tomando las ciudades Brody y Kovel. Salvo por una breve resistencia de tropas ucranianas de las SS en los Cárpatos, los rusos se apoderaron con rapidez de Rava Rusa, Stalislav y Jaroslav, para acto seguido entrar en Polonia sobre Lublin y conquistar la Fortaleza de Brest sobre el nudo de Brest-Litovsk, punto de partida de la «Operación Barbarroja» en 1941. A partir de entonces el Ejército Rojo rodó imparable porque fueron ocupadas las ciudades de de Lvov, Przemysl, Byalistock y Radyzmin, este última a 12 kilómetros de Varsovia, donde las divisiones soviéticas se detuvieron tras un contraataque del Ejército Alemán que les obligó a atrincherarse en el Río Vístula.
En Normandía la situación de los Aliados se desatascó con la llegada del general George Patton nada más hacerse cargo del Ejército Estadounidense, pues tras poner en marcha la «Operación Cobra» partiendo con sus tanques desde la Península del Contentín por Saint-Gilles, Coutances y Granville, terminó por romper la línea del Frente Occidental a la altura de Arromanches. Este movimiento coincidió con la caída de Caén en manos del Ejército Anglo-Canadiense y el inicio de la ofensiva de esta agrupación que coronó el Monte Pinçon, por lo que rápidamente las dos alas de la Fuerza Expedicionaria Aliada emprendieron una maniobra de flanqueo y rechazaron un contraataque alemán sobre la comarca de Mortain. Poco a poco la pinza se fue cerrando no sin ciertas dificultades porque los canadienses pagaron un elevado precio con la «Operación Totalize» y la «Operación Tractable» con las que ganaron decenas de kilómetros hasta apoderarse de Cintheaux, como también pagaron los británicos para tomar Vire, los norteamericanos para entrar en Mayenne y los polacos libres para coronar el Monte Ormel. De este modo fue como se cerró la denominada «Bolsa de Falaise» en cuanto estadounidenses y canadienses enlazaron en la localidad de Chambois, dejando atrapados a unos 60.000 soldados alemanes que durante diez días se atrincheraron en la ciudad provocando decenas de miles de bajas a los sitiadores, hasta que con las municiones agotadas y con millares de fallecidos en sus filas, finalmente los 50.000 supervivientes se rindieron a los Aliados. Aquel monumental desastre se sumó a otras bolsas menores en determinados puertos del litoral atlántico como la plaza de Saint Malo que aguantó varios meses hasta la capitulación de la guarnición germano-italiana, La Rochelle que aguantó un tiempo similar o Brest que se mantuvo en poder alemán hasta el final de la contienda gracias a los muros de hormigón de la base de submarinos.
En la madrugada del 15 de Agosto la Flota Aliada del Mar Mediterráneo se presentó ante la costa de la Riviera Francesa en Provenza y bombardeó con sus buques las posiciones del Eje mientras la aviación soltaba su carga en la retaguardia y lanzaba paracaidistas británicos por detrás de las fortificaciones de la «Línea Azul». Con efecto inmediato las barcazas y lanchas depositaron sobre las playas de la Bahía de Cavalaire, el Golfo de Saint-Tropez y la Bahía de Agay a varias divisiones norteamericanas, francesas libres, africanas y argelinas que se encontraron con una mezcla de defensores germanos y voluntarios rusos blancos, italianos, caucásicos y turkestanos que fueron fácilmente puestos en fuga, salvo por un grupo de armenios que resistieron heroicamente hasta capitular en un hotel de Hières. Consolidadas las cabezas en el litoral, los franceses libres sitiaron el puerto de Tolulon con la toma del Castillo del Monte Faron y se adentraron en el Arsenal Marítimo librando feroces combates hasta apoderarse de la ciudad. Algo parecido ocurrió en Marsella porque después de un asedio por parte de los franco-argelinos y una insurrección interna de los «maquis», los alemanes se refugiaron en una basílica y tras una valiente oposición se vieron forzados a capitular. Una vez Toulon y Marsella estuvieron en manos de los Aliados, el Ejército Franco-Estadounidense comenzó el progreso hacia el norte asegurando Grenoble y desarticulando con muchas bajas una contraofensiva alemana en la Batalla de Montélimar. Desde entonces avanzaron imparables sorteando el Río Drôme y entrando en la ciudad de Lyon, donde tuvo lugar una breve lucha entre los vichystas y la Resistencia Francesa, además de apoderarse de la capital colaboracionista de Vichy. A raíz de esta penetración que concluyó en los Vosgos y el Río Loira, en cuyas orillas enlazaron con las vanguardias norteamericanas que venían desde Normandía, se cerró una gran bolsa que forzó a la rendición de un ejército alemán entero en los Pirineos.
Con Normandía y todo el sur de Francia en poder de los Aliados, el Ejército Estadounidense acantonado en Alençon reemprendió la ofensiva cruzando el Río Sena por Mantes-Gassicourt con las vistas puestas en París. Precisamente en la «Ciudad de las Luces» los guerrilleros de la Resistencia Francesa aprovecharon un huelga de general de los ferroviarios para lanzarse a la insurrección en un episodio conocido como el Levantamiento de París. Durante esta revuelta los partisanos galos atacaron los acuartelamientos del Ejército Alemán y puestos de control de la Milicia Francesa de Vichy, antes de levantar barricadas en las calles, tender emboscadas desde los balcones y desatar nutridos tiroteos en el Barrio de Pantin, el Gran Palacio y los Campos Elíseos. Al mismo tiempo en que se desarrollaba la lucha en la «Ciudad de las Luces», una división francesa libre alcanzó los suburbios y accedió al interior por la Plaza de la Bastilla, abriendo paso a tiros por la capital, incluyendo una unidad de republicanos españoles que capturó el cuartel general del Ejército Alemán. Así fue como finalmente la guarnición germana se rindió y las tropas franco-estadounidenses desfilaron triunfales bajo el Arco de Triunfo de París, donde el general Charles De Gaulle declaró solemnemente a la población que Francia acababa de ser liberada del Tercer Reich.
Menos suerte tuvo Polonia porque de manera simultánea la Resistencia Polaca se sublevó en un acontecimiento conocido como el Levantamiento de Varsovia. La idea de los insurrectos que al principio consiguieron sorprender a los germanos y asegurar los Barrios de Ochota, Wola, Molotów y Zólibor, consistía en expulsar a los alemanes de la capital para instaurar un gobierno provisional reconocido por los Aliados Occidentales antes de que se materializase la llegada del Ejército Rojo, creyendo de ese modo que evitarían la implantación de un régimen comunista. Lamentablemente las fuerzas del Eje en la ciudad fueron más poderosas de lo esperado y por si fuera poco las divisiones soviéticas al otro lado del Río Vístula no intervinieron, optando en su lugar por quedarse a contemplar como los alemanes aplastaban a los polacos. Solo un grupo de soldados soviéticos y comunistas polacos cruzaron el agua para hacerse parcialmente con el Barrio de Czerniakow y varios escuadrones tanto de la aviación estadounidense y como de la anglo-sudafricana arrojaron pertrechos en paracaídas para los resistentes. No obstante y salvo por estos hechos, los sublevados estuvieron solos porque terminaron por ser echados de todos los barrios por los guardias de las SS y auxiliares de diversas nacionalidades como rusos blancos, húngaros, azerís o tártaros, para ser poco a poco arrinconados y la ciudad reducida a cenizas con artillería pesada ferroviaria, aviones, tanques y equipos de lanzallamas y demoliciones. Únicamente unos pocos escaparon por los túneles y alcantarillados de la Ciudad Vieja, aunque la mayoría de los evadidos fueron capturados en el Barrio de Czerniakow. Como era de preverse el Levantamiento de Varsovia fracasó con 270.000 civiles y partisanos fallecidos, además de ser la capital completamente arrasada ante la mirada pasiva de los soldados del Ejército Rojo.
A finales de Agosto de 1944 el Ejército Rojo volvió al ataque en el Frente Oriental con 1.300.000 soldados y 1.600 tanques contra 370.000 soldados rumano-germanos sobre Moldavia en lo que se conoció como la ofensiva de Iasi-Chisinâu, ya que precisamente en estas dos ciudades las tropas soviéticas rompieron el dispositivo sobre los Cárpatos. A raíz de esta invasión por parte del la URSS, el Rey Miguel I de Rumanía perpetró un golpe de Estado con el que derrocó al régimen fascista del Conducator Ion Antonescu para instaurar un gobierno pro-aliado que se cambió de bando y declaró la guerra a Alemania. En medio de aquel caso que supuso la muerte o captura de 200.000 soldados rumanos al no recibir órdenes precisas del gabinete golpista, así como el embolsamiento y destrucción de otros 200.000 alemanes que de repente se vieron atrapados dentro de un país que se convertía en enemigo, se sumó un auténtica debacle porque los germanos fueron rodeados por tropas rumanas y rechazados de Bucarest y otros puntos estratégicos como Constanza mientras el Ejército Rojo irrumpía en el país y se apropiaba de los vitales pozos petrolíferos de Ploiesti. Con la capital de Bucarest en manos de los soviéticos y los monárquicos, de nada sirvió una contraofensiva procedente de Serbia por parte de soldados del Ejército Alemán y rumanos fascistas de la Guardia de Hierro sobre las provincias meridionales del Banato y Oltenia, ya que tras un avance inicial las dos alas de la acometida fueron frenadas por el Ejército Rumano primero en Timisoara y luego entre Orsova y las Puertas de Hierro sobre el Río Danubio, forzando a los atacantes a volver sobre sus pasos hacia Yugoslavia. A continuación las fuerzas rumanas con ayuda de los rusos entraron en Transilvania que por aquel entonces estaba ocupada por el Ejército Húngaro, donde tras sufrir un revés el Ejército Rumano frente a los magiares en la Batalla de Turda, en seguida los rumanos se repusieron porque vencieron a los húngaros en la Batalla de Pâulis y les arrebataron las ciudades de Arad y Cluj, volviéndose a reanexionar todo el territorio transilvano y expulsando definitivamente al Eje de Rumanía.
La traición de Rumanía implicó que cuando el Ejército Rojo invadió la vecina Bulgaria, la mayor parte del Ejército Búlgaro se uniera a los revolucionarios del Frente de la Patria y derrocara al Zar Simeón II en Sofia, cambiando de este modo la postura del país y declarando la guerra al Tercer Reich. Inmediatamente a esta nueva conspiración de otro de sus socios en el bando del Eje, el Ejército Alemán huyó de Grecia para evitar un embolsamiento mientras las divisiones de la nueva República Socialista de Bulgaria se apoderaban de Macedonia que entregaron a las fuerzas soviéticas, las cuales entraron en Albania para unirse a los guerrilleros albaneses que tomaron la capital de Tiranna e instauraron un régimen comunista a la cabeza del Primer Ministro Enver Hoxa. Milagrosamente la Wehrmacht se refugió en Croacia y Bosnia-Herzegovina, donde junto al Ejército Croata erigió una línea defensiva impenetrable para los rusos y partisanos yugoslavos que se adherían a sus columnas de vanguardia. Desgraciadamente no sucedió lo mismo en Serbia porque los búlgaros, titistas y soviéticos aplastaron a un cuerpo alemán en Nîs, aniquilaron a los nacionalistas albaneses sobre Kosovo y derrotaron a los colaboracionistas serbios y milicianos chetniks a las afueras de la capital, entrando finalmente en la ciudad de Belgrado. Ocupada Serbia que fue rebautizada como República Federal Socialista de Yugoslavia al frente de Josip Tito, los partisanos que se regularizaron en el Ejército Popular Yugoslavo pudieron reanexionarse Montenegro, arrebatar a los húngaros Batina y expulsar a los germano-croatas y chetniks de los distritos de Knin, Vukov Klanac y Syrmia.

Milicianos comunistas del Movimiento de Liberación Albanés entrando en la capital de Tiranna tras la retirada del Eje de Albania.
El Ejército Rojo se desvió de Yugoslavia para concentrarse en Hungría que fue invadida desde Transilvania con ayuda del Ejército Rumano. La campaña sin embargo fue un desastre porque pese a que los soviéticos en un principio pusieron en fuga al Ejército Húngaro y se apoderaron de los principales enclaves de Szegez, Nyíregyháza y Debrecen, en seguida tropas húngaras de refuerzo y tanques del Ejército Alemán contraatacaron contra el dispositivo más débil que era el protegido por los rumanos en el Río Tisza. Gracias a esta maniobra todo el terreno perdido fue recuperado, el Ejército Rojo fue expulsado de vuelta a Rumanía y un considerable contingente enemigo quedó embolsado en Debrecen hasta su más completa aniquilación con 117.000 bajas. Algo más al norte en Eslovaquia también fuerzas alemanas y húngaras se vieron obligadas a intervenir cuando se produjo un golpe de Estado conocido como el Levantamiento Nacional Eslovaco en contra del Eje. Afortunadamente para este bando, la capital de Bratislava y más de la mitad del Ejército Eslovaco continuaron siendo leales a Alemania, por lo que no resultó complicado liquidar a los insurrectos en Banská Bystrica, los cuales fracasaron porque tampoco pudieron recibir ayuda del Ejército Rojo que fue frenado en seco por las divisiones germano-magiares en el Paso de Dukla.
Sobre los Países del Báltico la ofensiva del Ejército Rojo fue igual de demoledora porque las tropas soviéticas forzaron la evacuación del Eje de Estonia tras romper el frente por Tartu, no sin antes sitiar la capital de Tallin, cuyos defensores estonios aguantaron los envites de los rusos hasta que finalmente éstos se apoderaron de la metrópoli. Ocupada Estonia y también las Islas Bálticas después de muchas dificultades, incluyendo la Isla de Saaremaa, las divisiones rusas entraron en Letonia por Pskov, Daugavpils, y Césis, librando feroces combates contra los alemanes y los independentistas letones, hasta que liberaron la capital de Riga y y cerraron el Mar Báltico con la toma de Tukums, algo que dejó completamente separado al Grupo de Ejércitos Norte del Grupo de Ejércitos Centro. Acto seguido el Ejército Rojo accedió a Lituania desde la vertiente septentrional, conquistando todo el país y la región de Memel, de donde miles de tropas germanas fueron evacuadas por la Marina Alemana. Solamente los soviéticos fracasaron en Prusia Oriental porque el Ejército Alemán contraatacó y venció a los rusos en la Batalla de Gumbinnen; todo pese que hasta la fecha el desastre era mayúsculo porque 400.000 soldados alemanes y letones del Grupo de Ejércitos Norte quedaron sitiados entre Liepâja y Ventpils en lo que se conoció como la «Bolsa de Curlandia», un cerco gigantesco que rechazaría sucesivas ofensivas soviéticas sin capitular jamás hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
De todos los avances del Ejército Rojo sobre la Europa Oriental solamente se salvó Grecia porque inmediatamente a la evacuación del Ejército Alemán, cuya presencia solo se circunscribió a las Islas del Egeo y Creta, empezó la Guerra Civil Griega, primeramente entre los guerrilleros y los colaboracionistas de los Batallones de Defensa que fueron destruidos en la Batalla de Meligalas; y más tarde entre el grupo marxista del ELAS y las fuerzas conservadoras de la monarquía en el exilio representadas por el grupo EDES. Curiosamente como los Aliados temían una victoria de los comunistas y sabían que una vez terminada la contienda el siguiente enemigo sería su vigente socio de la Unión Soviética, el Ejército Británico desembarcó a un contingente en Atenas con el que se combatió a los marxistas del ELAS, a los cuales se expulsó de la capital con más de 2.000 muertos. Gracias a esta intervención militar de Inglaterra, las unidades del EDES y los monárquicos del Ejército Griego se impusieron a los revolucionarios durante dicho incidente conocido como «Dekembriana», aplastando a las fuerzas de izquierda y sometiendo a toda Grecia del lado del Imperio Británico.

Soldados y milicianos del Ejército Griego junto a fuerzas del Reino Unido durante la lucha en Atenas contra los comunistas helenos del ELAS en la conocida como «Dekemvriana».
Finlandia en el extremo más al norte del Frente Oriental fue víctima de un gigantesca ofensiva del Ejército Rojo precedida con un bombardeo de 5.000 piezas de artillería sobre el Istmo de Carelia y una invasión de millares de soldados y tanques. Después de ser aplastados los soldados finlandeses y estonios por detrás del Río Raivola, el Ejército Finlandés del mariscal Carl Emil Mannerheim emprendió una retirada de más de 100 kilómetros, abandonando la simbólica ciudad de Viipuri que fue ocupada por las tropas soviéticas. Sin embargo a partir de este punto los rusos apenas pudieron avanzar porque una división entera fue frenada y prácticamente aniquilada por un solitario regimiento finlandés en el Paso de Tienhaara; como también le ocurrió a un enorme contingente que desde el Lago Onega desembarcó en Olonez para en seguida quedar atascado en el Río Stir. Algo similar sucedió con los soviéticos que intentaron pasar entre Lago Leitimojärvi y las Colinas de Konkkalanvoret, ya que una división finlandesa y una compañía sueca les masacraron sobre el perímetro, siendo desde entonces apodados aquellos defensores como los «Tigres de Tali». Prácticamente de manera parecida se repitieron los choques siguientes porque decenas de miles de rusos murieron o resultaron heridos frente a unos soldados finlandeses muy aferrados en fortificaciones ocultas sobre pantanos y bosques, un tipo de entorno natural en el que se desarrollaron los posteriores encuentros como la Batalla de la Colina de Äyräpää, la Batalla de Nietjärvi y la Batalla de Ilomansti.

Cazacarros Stug III del Ejército Finlandés durante la ofensiva de Viipuri de 1944 en la última fase de la Guerra de Continuación.
El fiasco de la Unión Soviética en la Guerra de Continuación obligó al Kremlin a negociar con el Gobierno de Heilsinki, renunciando a invadir a Finlandia a cambio de la devolución de los territorios perdidos en la Guerra de Invierno que incluían Carelia, Salla y Petsamo, salvo por la excepción de la Base Naval de Hängo que permaneció en poder finés según las cláusulas del Armisticio de Moscú. No obstante Finlandia se vio presionada a cambiar de bando y declarar la guerra a Alemania, comenzando así la Guerra de Laponia contra los destacamentos del Ejército Alemán al norte del país que explotaban los yacimientos de níquel muy cerca de la demarcación con Suecia. Fue entonces cuando los soldados finlandeses se enfrentaron a sus antiguos socios alemanes, venciéndoles en la Batalla de Tornio y expulsándoles de Rovaniemi después de quedar esta ciudad reducida a escombros. Aunque finalmente las tropas finesas expulsaron a los germanos de Finlandia, la Unión Soviética aprovechó el territorio de Laponia y Petsamo en el Ártico para invadir el norte Noruega. Esta ofensiva contó con el apoyo de miembros de la Resistencia Noruega que acosaron a los alemanes y a los colaboracionistas locales, así como soldados anglo-canadienses que desembarcaron en la costa para apoyar al Ejército Rojo, librando todos los implicados fieros combates hasta que se echó a los germanos de la provincia de Finnmark.

Esquiadores del Ejército Finlandés durante la Guerra de Laponia junto a la triple frontera de Finlandia con Noruega y Suecia.
Nada más producirse la liberación de París, a los Aliados todavía les quedaba expulsar al Ejército Alemán del norte de Francia, motivo por el cual el Ejército Estadounidense despejó Champaña y algunas plazas históricas de la Gran Guerra como Verdún para concluir su carrera en Alsacia y Lorena; mientras que la Commonwealth desencadenó su ofensiva en el Canal de la Mancha y la costa del Mar del Norte, ocupando en una serie de choques muy violentos los puertos de Dieppe, Boulogne y Le Havre. Acto seguido el Ejército Anglo-Canadiense invadió el sur de Bélgica por Calais y Bravante, empujando a los germanos y entrando triunfales en la capital de Bruselas. Algo más al norte una división canadiense y un contingente de holandeses desembarcaron en la Isla de Zelanda, sobre la cual pelearon hasta aniquilar a su guarnición, convirtiéndose de ese modo en el primer territorio liberado de los Países Bajos. Simultáneamente y salvo el puerto de Dunkerque que permanecería en manos alemanas toda la contienda, el resto de Bélgica fue ocupada por los Aliados, incluyendo el puerto de Amberes que cayó tras un sangrienta batalla, antes de verse forzados los anglo-canadienses a interrumpir su progreso debido a la determinada resistencia del enemigo sobre una línea por detrás del Estuario del Escalda y la frontera con Holanda.

Vehículos anfibios Buffalo desembarcando a soldados del Ejército Canadiense en el Estuario del Escalda.
La invasión de Holanda conocida como «Operación Market-Garden» fue un intento de los Aliados por entrar en Alemania evitando las caudalosas aguas del Río Rin, en este caso atacando los Países Bajos. Así fue como se gestó la mayor campaña aerotransportada de la Historia porque varias decenas de miles de paracaidistas repartidos en tres divisiones y a bordo de más de 4.000 aviones de transporte y planeadores, saltaron del siguiente modo: dos divisiones norteamericanas cayeron y tomaron los enclaves de Grave, Nijmegen, Endhoven y Veghel, así como algunos puentes en el Canal de Maas-Waal, mientras que una división británica y una brigada polaca libre descendieron y se apoderaron de la ciudad de Arnhem. Aunque al cabo de pocos días los elementos del Ejército Británico que cruzó la frontera con Bélgica acompañados de fuerzas libres holandesas y belgas consiguieron enlazar con los paracaidistas estadounidenses, un Cuerpo Panzer de las Waffen-SS con el que no habían contado y estaba desplegado en el área, contraatacó y les hizo retroceder hasta expulsarles de suelo neerlandés. Obviamente este inesperado revés dejó embolsadas en Arnhem a la división paracaidista inglesa y a la brigada polaca al otro lado del Río Nederrijn, las cuales fueron rodeadas en la ciudad por dos divisiones de las SS y colaboracionistas holandeses, hasta ser todos los sitiados completamente aniquilados y forzados a rendirse, algo que permitió a los alemanes retener bajo su poder los Países Bajos.
Inglaterra nuevamente volvió a ser objeto de ataques por parte del Tercer Reich, en esta ocasión por un nuevo invento recién estrenado consistente en los misiles V-1 que disparados desde el continente un vuelo en horizontal cayeron sobre Londres matando a miles de personas, destruyendo a una importante parte de la capital inglesa y obligando a huir como refugiados a un millón y medio de personas. Sin embargo como la aviación anglo-estadounidense descubrió la forma de derribarlos, a costa de perderse más de 300 aviones, pronto los alemanes desplegaron el misil balístico V-2 que ascendía hasta la atmósfera y caía en picado sin posibilidad de poder ser interceptado, lo que provocó una devastación aún mayor, no sólo en Londres, sino también en las ciudades belgas de Amberes y Lieja. Aproximadamente la cifra de víctimas de estas «armas de la venganza» tal y como las bautizó Adolf Hitler fueron de 17.000 fallecidos y el triple de heridos, aunque en contra de las previsiones no cambiaron el curso de la Segunda Guerra Mundial.
El Frente Occidental acabó por quedar completamente estancado en el otoño de 1944 sobre una línea que se extendía desde Holanda hasta la frontera con la neutral Suiza. El único logro significativo fue que por primera vez el Ejército Estadounidense cruzó la demarcación con Alemania y después de una sangrienta batalla callejera conquistó la simbólica ciudad de Aquisgrán. También los norteamericanos y los franceses penetraron en Alsacia y Lorena, apoderándose de Metz y Estrasburgo, pero siendo incapaces de limpiar de enemigos ambas provincias porque un grupo de tropas alemanas resistieron en la denominada «Bolsa de Colmar» e incluso recibieron el apoyo de una fallida contraofensiva en la «Operación Nordwind», hasta que finalmente los germanos acabaron por ser aniquilados tras provocar unas bajas inasumibles a los Aliados. No obstante la peor de todas las ofensivas que se desarrollaron sobre la «Línea Sigfrido» ocurrió en el Bosque Hürtgen, donde aprovechándose de un entorno plagado de árboles y abundante vegetación, así como excelentes atrincheramientos en las comarcas boscosas del pueblo de Gey, el Río Kall o la Colina del Crucifijo, los alemanes aniquilaron una división del Ejército Estadounidense y forzaron a los norteamericanos a retirarse con más de 50.000 bajas.
Las Islas Palau fueron atacadas como fase previa a la posterior invasión de Filipinas, siendo el objetivo de la Flota Estadounidense la Isla de Peleliu, en cuyo litoral se efectuó un desembarco del Cuerpo de Marines sobre formaciones de rocas de coral que se volvieron en una auténtica pesadilla para los atacantes gracias a que los japoneses ocultos en cuevas y todo tipo de escondites vendieron muy cara su derrota. Solamente para ocupar el aeródromo y la Cordillera de Umurgobrol una división norteamericana entera quedó fuera de combate, como también otras unidades menores antes de declararse Peleliu por coquistada, además de perderse un destructor y varios hombres más en la toma de la vecina Isla de Angaur. A pesar del lento avance de Estados Unidos sobre el Océano Pacífico, el Imperio Japonés cada vez estaba en una situación peor porque los submarinos norteamericanos del «Silent Service» obtuvieron una superioridad absoluta al dislocar todo el comercio de materias primas hacia el archipiélago y provocar el colapso de su economía, ya que los astilleros no eran capaces de sustituir las pérdidas en cargueros o transportes, sin contar con que los sumergibles hundieron en diferentes circunstancias la cifra de cinco portaaviones nipones que encontraron navegando en solitario por aguas del propio Japón.
El golpe definitivo de Estados Unidos en la Guerra del Pacífico se propinó contra las Filipinas con un desembarco en la Isla de Leyte al frente del general MacArthur al grito de «¡He vuelto!». Lo que no sabía la Flota Estadounidense era que la Marina Imperial Japonesa les había tendido una trampa porque a través del archipiélago navegaron cuatro agrupaciones de buques procedentes de diversos puntos, aunque en su mayor parte fueron interceptadas y hundidas con numerosas bajas, incluyendo un superacorazado, a manos de los submarinos en el Pasillo de Palawán, o por la aviación embarcada en la Batalla del Mar de Sibuyán y la Batalla del Estrecho de Surigao. Sin embargo todo se trataba de una estratagema porque en la Batalla del Cabo Engaño los nipones sacrificaron a cuatro portaaviones que fueron hundidos, aunque para tal fin los norteamericanos dejaron desprotegida al grueso de invasión que cayó víctima de un ataque sorpresa en la Batalla del Mar de Samar, siendo hundidos numerosos destructores estadounidenses y dos portaaviones. Lamentablemente el almirante Takeo Kurita en una interpretación errónea de la situación ordenó la retirada cuando ya tenía casi ganada la batalla, por lo que sus oponentes recuperaron la inicitativa e infligieron una derrota tremenda a Japón con el hundimiento de cuatro portaaviones, tres acorazados, nueve cruceros y siete destructores, a costa de perder los Estados Unidos un total de tres portaaviones, tres destructores, un submarino y varios transportes, algunos por la acción de los aviones suicidas «kamikazes» que se estrenaron en este enfrentamiento y causarían infinidad de disgustos a los Aliados durante el resto de la Segunda Guerra Mundial.
Con el triunfo de Norteamérica en la Batalla del Golfo de Leyte y la rápida conquista posterior de la Isla de Leyte y la Isla de Mindoro, la Fuerza Aérea Estadounidense pudo obtener una serie bases que se sumaron a las de las Islas Marinas para bombardear al sureste de Japón, en concreto algunos objetivos y ciudades de la Isla de Kyûshû y la Isla de Shokoku. No obstante como el radio de acción todavía era lejano, la aviación estadounidense se dedicó a lanzar sus devastadoras raids sobre los países ocupados, especialmente China, donde provocó grandes daños con miles de víctimas en Shangai, Hong Kong, Kaifeng, Pekín, etcétera, pero sobretodo en Wuhan porque fue completamente borrada del mapa con el napalm y el récord de 95.000 fallecidos. Tampoco se salvaron de las incursiones las plantas industriales de Manchuria como Hsinking, Seúl en Corea, Bangkok en Thailandia, Saigón en Vietnam o la Isla de Formosa, en esta última no solo la capital de Taipei, sino también todo el territorio insular que fue sometido a un infierno de fuego por parte de los norteamericanos e incluso un escuadrón mexicano. En estos ataques también participó la Fuerza Aérea Real Británica soltando sus bombas sobre la capital de Rangún en Birmania que ardió por todos sus costados, así como ataques a numerosas ciudades en Malasia, Sumatra, Java o Borneo que igualmente recibieron el cañoneo de los barcos tanto de la Marina Real Británica como de la Flota Francesa.
La «Operación Ichi-Go» mientras tanto continuó desarrollándose sobre China durante la segunda mitad del año 1944 con un inesperado y arrollador avance del Ejército Japonés que tras dejar atrás la provincia de Hunan emprendió la «Operación Togo II» e irrumpió en la provincia de Guangxi desde el norte, precipitando la huida del Ejército Chino sobre la línea de ferrocarril que discurría paralela al Río Hsianchang y apoderándose de las principales ciudades de Guilin y Liuzhou. De hecho una de las vanguardias japonesas se desvió del núcleo principal para subir hacia la lejana provincia de Guizhou y conquistar amplios espacios con las plazas de Nantan, Tuchang y Pachai. Simultáneamente desde la costa en Cantón partió una nueva ofensiva de tropas japonesas y colaboracionistas chinas conocida como la «Operación Togo III» que nuevamente desarticuló las defensas del Kuomintang siguiendo el curso del Río Hsunchiang hasta enlazar con las fuerzas de la «Operación Togo II» junto a los muelles de Lapin y Wushuan. Completado este cerco que creó una gigantesca bolsa con un millón de soldados chinos anulados en las provincias de Jiangxi y Fujian, el Ejército Japonés continuó su marcha hacia el sureste con bastante éxito porque sobre Guangxi recuperó la localidad de Wuming, el Paso de Kunlun y la capital de Nanning que había perdido en 1940, además de conectar con sus dominios justo en la frontera con Vietnam. Así concluyó la «Operación Ichi-Go» que unió todos los territorios de Japón desde Manchuria hasta Singapur a través del «Ferrocarril de la Gran Asia Oriental», aunque las consecuencias para el Imperio del Sol fueron nefastas porque sus más de 300.000 bajas le restaron los últimos efectivos humanos para defender su patria ante los Aliados, lo mismo que para el Kuomintang que sufrió 800.000 bajas, una cifra inasumible que le supuso una clara desventaja de cara al futuro enfrentamiento con el Partido Comunista Chino.
En la vertiente noroccidental de China aquel 1944 el Kuomintang encajó otro golpe inesperado porque se le sublevaron los musulmanes uigures de la provincia de Sinkiang, fundando la Segunda República del Turkestán Oriental en lo que se conoció como la Rebelión Ili. Contra todo pronóstico como las minorías turcomanas contaban con el apoyo de la Unión Soviética, destacamentos armados del Ejército Rojo y unidades de los «estados títeres» de la Mongolia Exterior y Tannu Tuva, cruzaron ilegalmente la frontera con China para desatar una «guerra no oficial» entre dos de las cuatro grandes potencias del bando de los Aliados. Tal y como era de esperarse los chinos fueron empujados por uigures y soviéticos, a veces de forma violenta por la lucha interétnica, siendo los nacionalistas desalojados del Macizo Altái y de los principales enclaves de Kumul, Kucha, Kashgar y hasta de los límites del Himalaya en Khotan. Sorprendentemente en cuanto el Ejército Chino reaccionó pudo contener a las tropas rusas y turcomanas sobre extensa línea desde el Desierto de Taklamakán hasta los bordes con la región de Ningxia, donde el conflicto se enquistó hasta que intervino la diplomacia de Estados Unidos y Gran Bretaña para decretar un «alto el fuego», algo que favoreció a los chinos porque después de la contienda se determinaría que Sinkiang formaba parte de China.
La campaña de Italia se enquistó en la segunda mitad de 1944 porque después de retrasar el Ejército Alemán a los Aliados en la «Línea Trasimeno» por encima de Roma, en seguida las fuerzas del Eje volvieron a atrincherarse sobre las alturas de la Cordillera de los Apeninos en la denominada «Línea Gótica». Sobre esta red de fortificaciones las tropas anglo-americanas y unidades de la Commonwealth fueron rechazadas en todo tipo de emboscadas entre valles y montañas, ralentizando el avance considerablemente porque en pocos meses los únicos logros fueron la toma por los estadounidenses de Pisa y Lucca en el Mar Mediterráneo, la conquista por los británicos de Gemmano en el Mar Adriático, y la ocupación de Rímini tras un asalto de canadienses, neozelandeses y griegos libres, además de expulsarse a los alemanes y fascistas italianos del neutral San Marino. Mucho más complicado fue desalojar a los germanos del Monte Castello porque las tropas norteamericanas y brasileñas tardaron dos meses en apoderarse de la colina. A estas dificultades se añadieron las contraofensivas del Eje como la desencadenada por el Ejército Italiano de la República de Saló en la Batalla de Garfagnana que en Diciembre de 1944 dejó fuera de combate a una división del Ejército Estadounidense, un acontecimiento que supuso la última victoria de Italia en la Segunda Guerra Mundial.

Tropas de montaña de la División Alpina «Monterosa» cargando contra las posiciones del Ejército Estadounidense durante la Batalla de Garfagnana.
El 16 de Diciembre de 1944 comenzó la que fue la última ofensiva del Ejército Alemán en el Frente Occidental cuando 200.000 soldados y 2.000 tanques al mando del general Gerd Von Rundest cayeron sobre el Bosque de las Ardenas entre las fronteras de Bélgica y Luxemburgo sobre un despistado Ejército Estadounidense. La sorpresa del ataque fue tal que en las primera jornadas se hicieron 3.000 prisioneros norteamericanos sobre el paraje boscoso y nevado, en parte porque comandos y paracaidistas alemanes vestidos con uniformes estadounidenses causaron confusión y caos en la retaguardia de los Aliados. Así fue como con relativa facilidad los germanos destruyeron una unidad blindada en Heinerscheid, aniquilaron a un grupo de caballería en Lonsheim y capturaron importante material y depósitos de gasolina en Buchhoz y el Aeródromo de Büllingen, sin obviar con las pérdidas infligidas a sus oponentes en Elsenborn. Lo peor sin embargo ocurrió en la Batalla de Saint-Vith porque después de sitiar este pueblo y conquistarlo al asalto, además de limpiar los alrededores del Monte Schnee Eiffel, la cifra de bajas de los estadounidenses ascendió a más de 24.000. Aparentemente el dispositivo de los Aliados en Bélgica parecía que iba a colapsar hasta que una división paracaidista norteamericana frenó en seco el avance del Ejército Alemán en la Batalla de Bastogne, una ciudad que vivió un infernal asedio por estar sometida a las privaciones y a los bombarderos, así como todos sus soldados enterrados en hoyos excavados sobre el suelo congelado. Gracias a esta determinación de los estadounidense los alemanes interrumpieron su progreso hacia el Río Mosa para quedarse sobre un saliente de 100 kilómetros que pasaba por Rochefort, Celles y Foy Notre-Dame. En ese instante las divisiones acorazadas del general George Patton pasaron a la contraofensiva, obligando a los germanos a replegarse y liberando a los paracaidistas sitiados en Bastogne. Ni siquiera la Fuerza Aérea Alemana pudo evitar la debacle porque durante la «Operación Bonderplatte» sobre los aeródromos enemigos destruyó a 475 aparatos anglo-estadounidenses por 275 propios, una cifra insuficiente para cambiar el resultado de la Batalla de las Ardenas que costó 102.000 bajas a los Aliados y 83.000 a los germanos, quienes de manera definitiva fueron expulsados de vuelta a Alemania.

Tanques Sherman del Ejército Estadounidense a las afueras de Saint Vith durante la Batalla de las Ardenas.
Año 1945
Budapest fue sometida a un violento asedio por parte del Ejército Rojo cuando a principios de Enero de 1945 ocupó la mitad de Hungría, aunque en seguida los soldados soviéticos quedaron enmarañados en las calles de la ciudad y la Estación Ferroviaria gracias a la fanática resistencia ofrecida por las tropas del Ejército Húngaro y algunas unidades germanas de las Waffen-SS. Como reacción al ataque sobre la capital, una fuerza húngaro-alemana intentó liberar el cerco lanzando una serie de contraofensivas bautizadas como «Operación Konrad I, II y III» que si bien consiguieron aproximarse echando brevemente a los rusos de algunos de sus enclaves como Székesfehervár, Esztergom o el Castillo de Regis, pronto la misión terminó por naufragar y los atacantes se retiraron hacia las defensas occidentales del Lago Balatón. Desarticulados estos intentos de socorro, los soldados rusos acompañados de algunos rumanos se apoderaron de la Plaza Calvino y el Puente Elisabeth con los que pudieron asegurar el Barrio de Pest, para inmediatamente cruzar el Río Danubio y asaltar el Barrio de Pest, librando feroces combates en la Colina del Castillo y la Ciudadela hasta que después de un largo baño de sangre los destacamentos de las SS, el Ejército Húngaro y la milicia de la Cruz Flechada capitularon y entregaron Budapest al Ejército Rojo.

Tanque King Tiger del Ejército Alemán pasa ante unos milicianos húngaros de la Cruz Flechada en el asedio de Budapest.
Al otro lado del mundo sobre las Filipinas comenzó la Batalla de Manila cuando el Ejército Estadounidense desembarcó sobre el Golfo de Lingayen y se aproximó a la capital, mientras en el interior se sublevaba la Resistencia Filipinas contra las tropas imperiales y colaboracionistas locales del Ejército Japonés. La lucha alcanzó una violencia jamás vista en la Guerra del Pacífico porque la aviación y los buques devastaron la capital sobre la que apenas quedó edificio en pie, ni tan siquiera el casco histórico ni los edificios más emblemáticos, peleándose desde entonces entre las avenidas, los ministerios, el Ayuntamiento, el Estadio Rizal, la Universidad Estatal, la Puerta Quezón, la Catedral de Manila y el Fuerte San Antonio que poco a poco fueron cayendo en manos norteamericanas y filipinas a costa de morir más de 100.000 civiles en el «fuego cruzado». Después de sufrir 16.000 fallecidos los japoneses y 6.000 bajas los Aliados, éstos comenzaron a expandirse sobre la Isla de Luzón, peleando con fiereza primero en la Península de Bataán y la Isla de Corregidor que limpiaron de enemigos, para luego vencer a los nipones en la Batalla de Baguio y forzarles a refugiarse en una línea defensiva sobre la selva al norte de la Isla de Luzón. Respecto al resto de las Filipinas los estadounidenses también desembarcaron y ocuparon a un saldo muy elevado en vidas y bajas la Isla de Mindanao, la Isla de Cebu, la Isla de Panay, la Isla de Negros y la Isla de Palawán.
Hasta entrado 1945 los Aliados fueron incapaces de superar las fortificaciones de la «Línea Sigfrido» y las zonas anegadas por los alemanes poco después de abrir las válvulas de la Presa de Schwammenauel. Afortunadamente para el Ejército Anglo-Canadiense la llegada de vehículos anfibios permitió a sus tropas sortear los pueblos inundados y cruzar la frontera efectuando un rodeo desde el norte con la que estableció una serie de cabezas en el Bosque de Reichswald, Cleve y Goch; al mismo tiempo en que desde el sur el Ejército Estadounidense ponía en práctica la «Operación Grenade» mediante un desembarco al otro lado del Río Roer y fijaba varios puntos de apoyo en Linnich, Dueren y la región Eiffel. Una vez las dos agrupaciones estuvieron asentadas en Alemania, los norteamericanos subieron por el Río Erft y los británicos descendieron tomando Wessel y Xanten hasta enlazar ambas en el Bajo Rin durante la llamada «Operación Blockbuster». Completada la maniobra los Aliados pudieron extenderse sobre el Palatinado al que también accedió el Ejército Francés desde Alsacia y Lorena, así como de amplias zonas de Renania. Al poco tiempo los estadounidenses se enfrentaron a los alemanes entre las ruinas de Colonia para una vez ocupada esta ciudad, arremeter uno de sus contingentes de tropas de vanguardia contra el Río Rin que milagrosamente cruzaron tras apoderarse del Puente de Remagen, por lo menos hasta se derrumbó tras una serie de bombardeos de la Fuerza Aérea Alemana y de misiles V-2.
En Febrero de 1945 la Flota Estadounidense se presentó en las Islas Vulcano situadas a escasa distancia de Japón y desembarcó al Cuerpo de Marines en la Isla de Iwo Jima. Hasta le fecha aquel territorio insular de roca volcánica y ceniza se convirtió en una auténtica pesadilla porque para ocupar los tres aeródromos las fuerzas norteamericanas fueron masacradas por unos japoneses ocultos en redes kilométricas de túneles y galerías subterráneas excavadas bajo el suelo. A pesar de las dificultades y de los ataques de aviones kamikaze que hundieron un portaaviones y otras embarcaciones menores, los marines aseguraron las instalaciones e hicieron cumbre en el cráter del Monte Suribachi. Sin embargo todavía tardarían semanas en silenciar las demás fortificaciones y sellar las cuevas hasta que eliminaron a los últimos defensores en un perímetro conocido como el «Anfiteatro» poco después de desarticular una carga «Banzai», algo que sin duda valió a la Batalla de Iwo Jima ser bautizada como la «Picadora de Carne».

Tropas estadounidenses del Cuerpo de Marines hacinadas en las playas de la Isla de Iwo Jima a las faldas del Monte Suribachi.
La obtención de las Islas Vulcano permitió a la Fuerza Aérea Estadounidense enviar cazas para escoltar a los enormes bombarderos cuatrimotores que soltaban su carga sobre Japón. A partir de entonces fue mucho más fácil para la aviación norteamericana sobrevolar el territorio metropolitano porque pese a que los derribos a manos de los cazas nipones continuaron siendo elevados, los daños se multiplicaron, tal y como le ocurrió a la capital de Tokyo que se convirtió en la metrópoli con más víctimas mortales de la Segunda Guerra Mundial con algo más de 200.000 fallecidos debido a que las bombas incendiarias chamuscaron las casas de madera y abrasaron tanto las infraestructuras como la carne humana. Lamentablemente también fueron destruidas total o parcialmente con cientos de miles de muertos las ciudades de Osaka, Nagoya, Kure, Kobe, Yokohama, Sendai, Hitachi, Shizouka, Kawasaki, Chiba, Gifu, Toyama, Hamamatsu, Iwakuni, Amagasaki, Kakamigahara, Chôshi, Fukui, Hiratsuka, Himeji, Tsuruga, Utsunomiya, Ichinomiya, Shimonoseki, Kumamoto, Numazu, Okazaki, Sakai, Ube, Tokuyama, Wakayama, Kuwana, Fukuoka, Ômuta, Ôita, Kagoshima, Sasebo, Nobeoka, Toyohasi, Saga, Matsuyama, Imabari, Uwajima, Ômura, Yawata, Okayama, Kôchi, etcétera. Ni siquiera en Alemania se interrumpieron los raids sobre Berlín, Wilhelmshaven, Kiel o la región de Sajonia, pues en está última la Fuerza Aérea Real Británica redujo a escombros la ciudad de Dresde y mató a unos 40.000 ciudadanos alemanes.
Sobre Europa la crisis se cernía para el Tercer Reich porque más de 2 millones de soldados del Ejército Rojo desencadenaron la ofensiva del Río Vístula sobre Polonia, entrando en las jornadas iniciales en la capital de Varsovia y extendiéndose sobre todo el territorio polaco de norte a sur porque de manera fugaz fueron ocupando sucesivamente Cracovia, Lodz y Gleiwitz, además de cercar y destruir a un contingente germano en Poznan. Simultáneamente en la vecina Eslovaquia los soviéticos tomaron Banská Bystrica y la capital de Bratislava, siendo solamente detenidos un breve tiempo por los últimos restos del Ejército Eslovaco en San Nicolás Liptov, hasta que este último se disolvió en dirección Chequia y cedió el control del país a la URSS. A raíz de tales progresos se dictaminó la huida de Prusia Oriental con millones de refugiados de raza alemana hacia el oeste, aunque muy pronto las vanguardias rusas cortaron en dos la provincia apropiándose de la Península de Semland en el Mar Báltico y los Lagos Masurianos, algo que obligó a una evacuación marítima sin precedentes en la Historia porque cientos de barcos de guerra, cargueros, embarcaciones civiles y hasta transatlánticos sacaron a cientos de millares de personas, a veces acechados y torpedeados por parte submarinos de la Flota Roja, como le sucedió a un buque en el que se ahogaron 8.000 personas durante la denominada «Operación Hannibal». A pesar de todo muchos germanos optaron por resistir hasta el final como hicieron los defensores de los puertos de Pillau y Königsberg hasta su más absoluta aniquilación. Lo mismo sucedió en Silesia y Pomerania porque en el caso de la primera las tropas soviéticas aislaron a un cuerpo entero en Breslau y en el caso de la segunda embolsaron sobre la costa báltica a numerosas divisiones en los muelles de Kolberg, Danzig y la Península de Hela hasta que los invasores detuvieron su impresionante carrera en la ciudad fronteriza de Stettin.

Reservistas alemanes de la Milicia Popular del Volksturm en la Batalla de Königsberg sobre Prusia Oriental.
Al otro lado del mundo en el Lejano Oriente, el Imperio Japonés propició un golpe de Estado contra las autoridades coloniales de la Indochina Francesa ante los contactos secretos de los vichystas para pasarse al bando de la Francia Libre. De esto modo fue como los soldados japoneses e independentistas vietnamitas se rebelaron en lo que se conoció como la Sublevación de Vietnam, aplastando a los franceses en el ataque a Hainoi, la Batalla de Lang Son y el asalto al Fuerte Brière d’Isle hasta hacerse con todo el control de Annam, la Cochinchina y el puerto de Saigón. Inmediatamente a esta última derrota del Imperio Francés, los japoneses instauraron el «estado satélite» del Imperio Vietnam y se extendieron a los países vecinos, fundando el Reino de Laos y el Reino de Camboya. Algo más al sur sobre Insulindia un contingente del Ejército Australiano y del Ejército Holandés desembarcaron en la Isla de Borneo desde todas sus vertientes, ya fuese en Balikpapán, Tarakán o cerca de Brunei junto a Beaufort y el Islote de Labuán, abriéndose paso a tiros contra los nipones y los colaboracionistas indonesios en una campaña que se eternizaría largos meses sobre la jungla.

Tropas del Ejército Australiano desembarcan en Borneo desde lanchas de la Flota Estadounidense para tomar las playas tropicales de Balikpapán.
Las selvas de Birmania fueron el otro escenario de retroceso para el Imperio Japonés porque las fuerzas de la Commonwealth lideradas por el almirante Louis Mounbatten pasaron a la contraofensiva desde la frontera de la India Birmania empleando a múltiples regimientos anglo-indios, nepalís, nigerianos, congoleños, rhodesios y de tribus indígenas birmanas que se lanzaron contra unas debilitadas posisiones del Eje. Con rapidez los Aliados que contaban con la superioridad material y aérea desarticularon las posiciones enemigas en Meiktila, Mandalay y Pokoku, recuperando las refinerías petrolíferas de Yennanyaung y todas las tierras agrícolas entre el Río Irrawady y el Río Chindwin, incluyendo el Monte Popa al que arrebataron a los indios libres. Simultáneamente desde el noreste la Fuerza Expedicionaria China lanzó su propia ofensiva junto a una división norteamericana, logrando los nacionalistas y sus socios pasar por encima de los japoneses en Bhamo y Lashio, lo que permitió reabrir la «Carretera de Birmania» para reanudar el suministro a China e incluso desalojar a los nipones del sur de la nación, en concreto de las plazas de Wanling, Tengchung y Lungling sobre la provincia de Yunnan. A este descalabro no ayudó que una parte del Ejército Nacional Birmano que colaboraba con Japón se sublevara en la denominada Revuelta Aung San y propiciara un derrumbe del frente que permitió a los Aliados progresar de forma imparable. De hecho la retirada fue tan precipitada que durante la evacuación del Islote de Ramree un total de 500 japoneses fueron devorados por cocodrilos en los peligrosos manglares. Ante los continuos reveses en Birmania y la caída de la capital de Rangún, finalmente las divisiones del Eje abandonaron el país y se refugiaron en la vecina Thailandia, salvo por la excepción de un cuerpo nipón que sería sitiado y aniquilado al completo en la «Bolsa del Río Sittang».
El año 1945 sentó un nuevo rumbo en la Segunda Guerra Sino-Japonesa porque por primera vez desde que había comenzado este conflicto desde 1937 la iniciativa la obtuvo China. Aunque todavía en los primeros meses el Ejército Japonés que dominaba la zona centro y sur del país protagonizó una serie de ofensivas menores, todas fracasaron estrepitosamente como ocurrió en la campaña de los Montes Tasouling entre las provincias de Cantón y Jiangxi, en el fallido ataque al Aeródromo de Laohokou durante la campaña del Henan Occidental y exactamente lo mismo con el desastroso asalto al Aeródromo de Zhijiang durante una operación al oeste de Hunan. Una vez agotadas las reservas de Japón, el Kuomintang desencadenó una gigantesca contraofensiva contra la provincia de Guangxi con más de 600.000 tropas chinas que cayeron encima de los defensores japoneses, los cuales fueron sorprendidos y aniquilados dentro de sus atrincheramientos, o bien huyeron en desbandada hacia Hunan. Con relativa facilidad el Ejército Chino avanzó fugazmente tomando el Paso de Kunlun y liberando la capital de Nanning, además de expulsar a los nipones del saliente de Guizhou, lo que de nuevo cortó territorialmente en dos al Imperio Japonés y su «Ferrocarril de la Gran Asia Oriental». Efectuada esta maniobra el Kuomintang volcó su atención más al norte y conquistó las dos importantes ciudades de Guilin y Liuzhou, poniendo fin a este ofensiva que supuso la recuperación de la provincia de Guangxi y el mayor retroceso hasta la fecha del Ejército Japonés en China.
Hungría volvió a ganar importancia en la primavera de 1945 porque como al oeste del país se hallaban los campos petrolíferos de Nagykanisza, los últimos disponibles por el Eje en Europa, el Ejército Alemán intentó alejar al Ejército Rojo lanzando la «Operación Sudwind» que se desarrolló con éxito porque se consiguió hacer retroceder a los soviéticos más allá del Río Gran y arrebatarles Bina. Lamentablemente la segunda ofensiva junto al Lago Balatón denominada «Operación Despertar de Primavera» fue un fracaso porque las divisiones de élite de las Waffen-SS y las mejores unidades del Ejército Húngaro solo lograron éxitos muy limitados en las primeras fases como el cruce del Río Drava, el establecimiento de una cabeza en Valpovo y la conquista de la importante ciudad de Székesfehérvár a 40 kilómetros de profundidad. A partir de aquel punto las últimas de reservas de tanques del Tercer Reich fueron malgastadas frente a medio millón de soldados rusos y a enormes concentraciones de piezas de artillería. Desarticulado el ataque, el Ejército Rojo pasó a la contraofensiva sobre todo el Lago Balatón para romper el frente por el máximo punto de penetración alemán en Mezôkomárom, Balatonszabadi y Simontornya, además de expulsar a las tropas húngaras de sus defensas en el Montes Vértes y el Valle de Raba. Algo más al sur también se unió al asalto el Ejército Búlgaro junto a las Balcanes mediante un rápido avance en el que se apoderó de la plaza de Körmend y las refinerías de Nagykanisza, privando a las fuerzas del Eje de sus depósitos de petróleo y obligándolas a abandonar Hungría atravesando la frontera con Austria por Nikitsch, salvo por un grupo de soldados magiares que quedarían embolsados hasta su completa aniquilación en Veliki Kog y Yastrebtz.

Tanque Panther pasa junto a un blindado soviético T-34 destruido durante la ofensiva del Lago Balatón.
El Río Rin fue cruzado por los Aliados el 23 de Marzo de 1945 por más de 1.200.000 soldados estadounidenses y anglo-canadienses navegando hasta la orilla opuesta a bordo de barcazas o saltando en paracaídas desde millares de aviones durante la conocida como «Operación Plunder». Los alemanes solo presentaron una breve oposición que fue silenciada en Wesel, el Canal de Lippe y el Castillo de Diersfortd, así como un contraataque de tanques de las Waffen-SS en la Batalla de Paderborn que constituyó la última victoria germana en el Frente Occidental. Lamentablemente este teatro de operaciones no tardó en desmoronarse con el Ejército Estadounidense progresando fugazmente por la cuenca industrial del Ruhr y el Ejército Anglo-Canadiense limpiando la zona costera septentrional con la toma de Friesoythe, Bremen y Hamburbo en el Mar del Norte, y hasta de Lübeck en el Mar Báltico, aislando de este modo a la guarnición alemana estacionada en Dinamarca. Gracias a esta maniobra continental los norteamericanos se apoderaron casi en «efecto dominó» de las regiones centrales del país con las ciudades de Dortmund, Kassel, Brunswick, Hannover y Magdeburg que fueron aseguradas tras sangrientos combates callejeros entre las ruinas de los edificios. Algo más abajo los estadounidenses también se hicieron al asalto con Kassel y Frankfurt, por lo que cerraron la denominada «Bolsa del Ruhr» en la que se rindieron unos 300.000 soldados del Ejército Alemán sobre la famosa Autopista «Autobanh». Acto seguido las divisiones blindadas estadounidenses del general George Patton se adentraron en el sur de Alemania venciendo a sus enemigos en la Batalla de Heilbronn y la Batalla de Nuremberg, antes de abrirse paso a tiros hacia Sttutgart, Ulm, Aschaffenburg, Augsburg y Munich. Completada esta fase los tanques norteamericanos accedieron a Baviera por Würzburg y escalaron la Cordillera de los Alpes, apropiándose de la antigua residencia de Adolf Hitler en el «Nido del Águila» sobre Berchtesgaden; aunque no tardaron en descender sobre Austria y ocupar las ciudades de Insbruck y Salzburg; e incluso algunas de las vanguardias norteamericanas se introdujeron algunos kilómetros a dentro de Checoslovaquia.

Prisioneros hechos al Ejército Alemán en la Bolsa del Ruhr marchan sobre la Autopista del Reich escoltados por tanques Sherman.
Los Países Bajos quedaron totalmente aislados del resto del Tercer Reich tras la ofensiva de los Aliados en Alemania. A partir de entonces comenzó un largo sitio a Holanda que fue sometida a bombardeos y todo tipo de privaciones económicas, generándose entre la población y también entre la guarnición germana algunos casos de hambre. Fundamentalmente el Ejército Canadiense se hizo cargo del asedio a los Países Bajos, intentando poco a poco estrechar el cerco en el país con varios choques que resultaron exitosos como el de Limburg, Kapelsche Veer o Denthe, aunque también se aseguraron los bordes del Lago Ijssel mediante saltos en paracaídas, y los pueblos de Appelscha y Haulerwijk tras la intervención de comandos anglo-franceses. Sin embargo el mayor logro de la campaña lo protagonizó el Ejército Británico cruzando el Canal de Waal y Río Nederrijn para desalojar a los defensores germano-holandeses de las SS, arrebatándoles la estratégica ciudad de Arnhem. Hubo incluso rebeliones internas como un grupo de georgianos colaboracionistas que traicionaron a los alemanes y se sublevaron en la Isla de Texel o un levantamiento de la Resistencia Holandesa en la ciudad de Groninberg que luego transfirieron al Ejército Canadiense. Sorprendentemente y pese a la ferocidad de los combates, los alemanes se atrincheraron en más de la mitad del país y la capital de Amsterdam, manteniendo Holanda durante toda la contienda en poder del Eje.
Muy distinto fue lo ocurrido en el Frente Oriental porque el Ejército Rojo desencadenó la ofensiva final contra las fronteras orientales de Alemana en Pomerania y Silesia, cruzando más de 2 millones de hombres el Río Oder y el Río Niesse con las miras puestas en Berlín que se disputarían dos gigantescas agrupaciones lideradas por los mariscales Konstantin Rokossovsky e Iván Koniev. Como hasta le fecha se concentró el mayor fuego de piezas de artillería de la Segunda Guerra Mundial, la confianza de los rusos era tal que no tomaron ninguna medida de precaución cuando irrumpieron en los campos de cráteres humeantes, ya que fueron cazados por los tiradores ocultos, las armas anticarro y hasta por emboscadas tendidas por los niños de las Juventudes Hitlerianas. Este enfrentamiento que fue conocido como la Batalla de las Colinas de Seelow dejó más 33.000 muertos y el doble de heridos en el bando soviético, por lo que el mariscal Georgi Zhukov en calidad de comandante supremo del Ejército Rojo buscó otras rutas para alcanzar la capital como Cottbus, Postdam, Beilitz, Jüteborg o Spandau que cayeron con relativa facilidad. Sorprendentemente todavía los alemanes fueron capaces de sobreponerse a las adversidades porque paralizaron la ofensiva hacia Dresden durante la Batalla de Bautzen, causando otras 21.700 bajas a los rusos y sobretodo a los comunistas títeres del Ejército Polaco.
Austria fue invadida en Abril de 1945 por el Ejército Rojo y el Ejército Búlgaro que cruzaron la frontera con Hungría sobre el Río Hron y el Río Nitra de manera imbatible porque los defensores de las Waffen-SS y los últimos restos del Ejército Húngaro fueron arrollados o empujados. Rápidamente cayeron las ciudades de Wiener Neustadt, Baden y Wagram, antes de adentrarse en las avenidas de la capital de Viena, abriéndose paso a tiros en la Calle Ringstrasse y asegurando a costa de muchas pérdidas el Parlamento, la Ópera, la Catedral de San Esteban o el Puente sobre el Río Floridsdorf en el Río Danubio. Una vez fue conquistada Viena, los rusos y búlgaros eliminaron a los últimos defensores alemanes y algunos fascistas rumanos, búlgaros y ucranianos en el Polígono de Instrucción de Döllesheim, extendiéndose a continuación a Linz y Graz para enlazar con el Ejército Estadounidense en el Río Enns. Simultáneamente en Checoslovaquia otra agrupación del Ejército Rojo voló sobre las campiñas de Bohemia desde Oltmuz hasta Brno, como también lo hizo el Ejército Rumano a través de los bosques de Moravia. Aprovechando las circunstancias la Resistencia Checa se lanzó a la insurrección en el conocido como Levantamiento de Praga, apropiándose de los suburbios junto al Río Vltava y liberando la Prisión de Pankrác, además de librar duros combates con la ayuda de unos rusos blancos que se les unieron sobre el Casco Antiguo y la Estación Masaryk. Obviamente los supervivientes del Ejército Alemán fueron incapaces de soportar este castigo y se retiraron de la capital hacia el norte siendo perseguidos por los partisanos checos y el Ejército Rojo hasta los Sudetes, al mismo tiempo en que el Ejército Estadounidense abarcaba amplios espacios de terreno checo hasta detenerse a 50 kilómetros de Praga.

Tanque soviético Sherman con tropas a bordo en el corazón de las calles de Viena durante la ofensiva en Austria.
En los comienzos de Abril de 1945 los Aliados protagonizaron su campaña final en Italia superando la «Línea Gótica» y poniendo en marcha la ofensiva del Río Po. Como era de preverse la superioridad de más de 1.300.000 soldados estadounidenses, ingleses, indios, neozelandeses, sudafricanos, polacos y brasileños fue tan contundente que pronto superaron el curso de agua y las defensas de las 600.000 tropas ítalo-germanas. Así fue como los norteamericanos perforaron las líneas del Ejército Italiano, las fuerzas polacas tomaron Bolonia y las unidades británicas el Lago Commachio que arrebataron a una división turcomana que servía junto al Ejército Alemán. También paracaidistas anglo-italianos saltaron de sus aviones al otro lado del Río Po durante la «Operación Herring» para contribuir a la caída de las regiones de Ferrara, Módena y Mantua, dejando atrás a 3.000 combatientes germanos que fueron cercados y aniquilados en Argenta. Todo este caos coincidió con una insurrección de los partisanos italianos que descendieron de las montañas para enfrentarse a los fascistas de la República de Saló en una auténtica guerra civil que concluyó con la expulsión violenta de las tropas del Eje de las ciudades de La Spezia, Parma, Turín, Génova y Milán. El desastre que se avecinaba era de tanta magnitud que Benito Mussolini intentó sin éxito escapar del país hacia la neutral Suiza, pero con tan mala suerte que fue capturado por los guerrilleros y ejecutado en el Lago Como. Ante la muerte del Jefe de Estado y después de haber sido derrotado el Ejército Italiano por la Fuerza Expedicionaria Brasileña en la Batalla de Collechio, finalmente la República Social Italiana capituló ante los Aliados. Solamente las tropas italianas continuaron resistieron al Ejército Francés en el Valle d’Aosta tras un repentino intento de Francia por apropiarse de esta ubicación de los Alpes, algo que los galos no pudieron conseguir porque primero fueron detenidos en el Fuerte de Redoute Ruinée, luego rechazados por los transalpinos y finalmente obligados a replegarse del lugar a causa de las presiones de Estados Unidos, algo que curiosamente convirtió a este último episodio también en el último triunfo de la derrotada Italia.

Soldados italianos de la 2ª División de Granaderos «Littorio» durante la contraofensiva en el Valle de Aosta.
A inicios de Abril de 1945 la Flota Aliada se presentó en las Islas Ryûkyû al suroeste de Japón para desembarcar sobre el archipiélago a las divisiones del Cuerpo de Marines y del Ejército Estadounidense que pusieron el pie en la Isla de Okinawa. En dicho enclave insular los marines no tuvieron problemas en tomar las pistas de los Aérodromos de Yontan y Kadena, pero en cuanto se adentraron hacia el interior de la selva en un lugar que por primera vez se trataba suelo nacional de Japón, fueron emboscados desde cuevas, atrincheramientos y emplazamientos de artillería que tuvieron que silenciar a costa de muchas bajas en lo que se como la Batalla del Pináculo. Mientras la lucha en tierra se desarrollaba, la Marina Imperial Japonesa lanzó a sus últimos grandes buques de superficie contra la muy superior Flota Estadounidense en la «Operación Ten-Go», aunque de nada sirvió porque cientos de aviones embarcados se precipitaron contra los barcos hundiendo a un superacorazado, un crucero y cuatro destructores. De mucha más utilidad fueron las oleadas de aviones kamikaze porque durante la Batalla de Okinawa causaron una pérdidas tremendas a los Aliados, hundiendo o destruyendo con sus impactos suicidas a nada menos que dos portaaviones, once destructores y otros quince navíos, además de dejar fuera de combate a otros diecinueve portaaviones, un acorazado y 202 embarcaciones menores. Simultáneamente en la Isla de Okinawa los soldados norteamericanos aseguraron la Península de Motobu y cortaron en dos el territorio, lo que obligó a los defensores y a decenas de miles de civiles que cayeron bajo los ataques aéreos de bombas y napalm a refugiarse en las fortificaciones de la «Línea Shuri» sobre la Península de Oroku. En este perímetro los marines y soldados estadounidenses fueron víctimas de una carnicería ante el fanatismo con el que combatían los japoneses y los ryûkenses movilizados, con ellos mujeres y niños, quienes llegaron a inmolarse con explosivos. Finalmente los invasores perforaron las defensas tomando al asalto la construcción samurái del Castillo de Shuri para acto seguido aislar las Penínsulas de Chinen y Kiyan que fueron limpiadas a los pocos días, poniéndose de este modo fin a la conquista de la Isla de Okinawa con 85.000 bajas para los nipones y 101.000 para los norteamericanos, hasta entonces las más altas sufridas por este país que supuso todo un escándalo para Estados Unidos.

Kamikaze japonés de un caza Zero a punto de impactar contra el acorazado USS Missouri durante la Batalla de Okinawa.
El 20 de Abril de 1945 comenzó la Batalla de Berlín cuando más de 2 millones de soldados del Ejército Rojo acompañados de 6.000 tanques se abalanzaron precedidos por un fuego preliminar de 40.000 piezas de artillería y lanzacohetes, así como centenares de aviones de la Fuerza Aérea Estadounidense y la Fuerza Aérea Soviética contra la capital del Tercer Reich. A costa de sufrir una verdadera masacre entre las laberínticas calles y los edificios convertidos en fortificaciones, los rusos entraron en la urbe a través de la Calle Ringstrasse y se abrieron paso sobre los Barrios de Neukölln, Zehlendorf, Schönenberg y Wilmersdorf, además de apoderarse del Aeropuerto de Tempelhof y superar el cauce del Río Spree. A continuación los combates se sucedieron en el Parque de Treptow, la Plaza Hermannplatz, en el Ayuntamiento y en el Ministerio del Aire, donde unos soldados y marineros alemanes, algunos escandinavos de una división SS denominada «Nordland», niños de las Juventudes Hitlerianas y reservistas, ancianos y mujeres de la Milicia Popular del «Volksturmm» fueron desalojados después de sufrir los invasores unas pérdidas astronómicas en vidas. Mucho peor fue la experiencia vivida junto a los torreones antiaéreos de hormigón, ya que se convirtieron en fortalezas inexpugnables imposibles de ocupar porque los rusos terminaron acribillados en puntos como el Búnker del Zoo, el Búnker Humboldthain o el Búnker de Friedrichstain, sin obviar las luchas bajo el subsuelo en el metro y la emboscada en la Calle Wilhelmstrasse, en cuyas barricadas unos vichystas franceses de las SS destruyeron con armas anticarro el récord de 128 tanques enemigos. Lamentablemente y pese a las muchas muertes que los defensores infligieron a los rusos, éstos terminaron por embolsar la ciudad y perseguir a los restos del Ejército Alemán que escaparon primero sobre el Bosque de Spreewald y que luego dieron caza hasta aniquilarlos casi por completo en la «Bolsa de Halbe». Ante la llegada del Ejército Rojo a la Calle Königsplatz muy cerca de la Cancillería, bajo el búnker subterráneo que había bajo los jardines Adolf Hitler optó por suicidarse de un disparo en la cabeza el 30 de Abril, como también hicieron más tarde otros líderes nacionalsocialistas como el Ministro de Propaganda Josef Goebbles. Una vez el Tercer Reich se quedó sin el Jefe del Estado, solo unos pocos lograron rendirse al Ejército Estadounidense en el Río Elba, mientras que otros presentaron una resistencia fanática en la Cancillería y el Parlamento del Reichstag que fueron ocupados por los soviéticos el 2 de Mayo, como también toda Berlín la jornada del 7.
La caída de Berlín y la muerte de Adolf Hitler implicaron que el almirante Karl Doenitz fuese nombrado provisionalmente Führer de todos aquellos dominios que todavía estaban bajo el poder del Tercer Reich y que en aquellos instantes fueron puestos al servicio del Gobierno de Flensburg. Así fue como este nuevo gabinete entabló diálogo tanto con los Aliados Occidentales como con la Unión Soviética, pese a que en algunos sectores aún se libraran duros combates como hacían los soldados alemanes y norteamericanos en determinadas cumbres de los Alpes de Baviera o en las orillas del Río Elba. Precisamente en dicho cauce por primera vez las tropas del Ejército Estadounidense y del Ejército Rojo unieron sus vanguardias en la ciudad de Torgau, enlazando de ese modo las líneas del Frente Occidental y del Frente Oriental. A raíz de tales acontecimientos las cosas se precipitaron porque poco a poco se fueron rindiendo las guarniciones alemanas más aisladas y alejadas de la metrópoli como las de Noruega, Dinamarca, Holanda y la Isla de Creta en el Mar Mediterráneo, hasta que de manera definitiva, el 8 de Mayo de 1945, se firmó el Armisticio de Reims mediante el cual Alemania capituló incondicionalmente a los Aliados.

Soldados soviéticos y una mujer rusa estrechando la mano a un soldado del Ejército Estadounidense en Torgau.
A pesar de la rendición de Alemania, la Segunda Guerra Mundial prosiguió en Europa sobre la zona de los Balcanes porque tras romper el Ejército Popular Yugoslavo el frente por Bosnia-Herzegovina, venció a los croatas y chetniks en Lika, Primorje, Mostar y Sarajevo, e irrumpió en Croacia. La defensa de este país derivó en otro baño de sangre, no solo por los enfrentamientos entre los yugoslavos y el Eje, sino porque en este bando se vivieron refriegas internas entre los nacionalistas serbios y los croatas como sucedió con el Incidente del Campo Livecve. Algo más al sur los partisanos comunistas atacaron Dalmacia y la ciudad de Trieste que era limítrofe con Italia, donde un grupo de chetniks, alemanes y fascistas italianos aguantaron la posición hasta evitar ser capturados por los comunistas y rendirse a una división neozelandesa procedente de Venecia. Mientras tanto en el resto del país el Ejército Popular Yugoslavo aplastó a otra unidad chetnik en la Batalla de Zelengora y desalojó al Ejército Croata de la capital de Zagreb. En medio de toda esta vorágine de violencia interétnica se proclamó una fugaz independencia de Eslovenia que en seguida fue invadida por los yugoslavos, los cuales aniquilaron a un contingente mixto de eslovenos, chetniks y croatas en la Batalla de Poljana. Una vez ocupadas Croacia y Eslovenia, los últimos 4.000 soldados del Ejército Croata quedaron embolsados sobre la frontera bosnio-croata en Ozdak, resistiendo heroicamente durante un cruento asedio en el que se llevaron por delante a 10.000 yugoslavos hasta que capitularon el 25 de Mayo de 1945, completándose de este modo la reunificación de toda Yugoslavia.
Con la rendición del Eje en Europa, los Aliados celebraron la Conferencia de Postdam en la que participaron el Presidente Harry Truman representando a Unidos, el Primer Ministro Clement Atlee a Gran Bretaña y Iósif Stalin a la Unión Soviética con la finalidad de repartirse Europa en áreas de influencia, en concreto la vertiente centro-occidental bajo la órbita del Gobierno de Washington y la vertiente oriental bajo la del Kremlin, además de impulsarse junto a China una declaración en la que se exigía la capitulación incondicional de Japón. Estas reuniones coincidieron con la Conferencia de San Francisco en las que se fundó la Organización de Naciones Unidas (ONU) para resolver futuros conflictos, cuya única condición para ingresar era haber roto relaciones diplomáticas con algunas de las potencias del Eje, tal y como hicieron con carácter inmediato Paraguay, Ecuador, Perú, Uruguay, Chile, Argentina, Turquía, Egipto, Liberia, Siria y Líbano, estás dos últimas en medio de una revuelta que se resolvió a tiros por parte de franceses e ingleses en la denominada Sublevación del Levante. Como pese a las amenazas, por el momento el Imperio Japonés no se avenía a rendirse, en la Base de los Álamos de Nuevo México el Ejército Estadounidense detonó la primera bomba atómica de la Historia y fabricó otras dos que en seguida fueron embarcadas y depositadas en las Islas Marinas, perdiéndose durante el viaje de vuelta un crucero hundido a manos de un submarino nipón en el que murieron 880 marineros norteamericanos, muchos devorados por tiburones en lo que se conoció como «tragedia del USS Indianapolis».
A las 8:16:43 horas de la mañana 6 de Agosto de 1945, un avión perteneciente a la Fuerza Aérea Estadounidense del modelo B-29 bautizado como «Enola Gay» y a los mandos del coronel Paul Tibbets que había despegado de la Isla de Tinian, arrojó la bomba atómica «Little Boy» sobre la ciudad de Hiroshima que explosionó a 580 metros del Puente Aioi sobre el Río Ota y a escasa distancia de la Clínica Shima. La detonación volatilizó todo a su paso desintegrando edificios y personas en los 5 kilómetros del epicentro, además de generar una bola de fuego que abrasó el extrarradio y a sus habitantes con temperaturas de 3.000 grados centígrados, además de provocar en un viento huracanado de 1.200 kilómetros por hora que descuajó infraestructuras y dejó caer una lluvia radiactiva a 12 kilómetros a la redonda después de elevarse un gigantesco hongo de humo a unos 6’5 kilómetros de altura. Al cabo de tres días, a las 11:02 horas del 9 de Agosto, otro cuatrimotor norteamericano apodado como «Bockscar» liberó una segunda bomba atómica llamada «Fat Man» que hizo explosión a 560 metros del suelo sobre la ciudad de Nagasaki, provocando unos efectos similares a la primera porque desaparecieron casas, astilleros, habitantes y las plantas del Arsenal Naval y la Fábrica Mitsubishi por culpa del calor, los vendavales y las gotas ácidas que se deprendieron de una colosal seta humeante que ascendió a 18’5 kilómetros de altitud. Las vidas humanas que se perdieron en los dos bombardeos atómicos fue de unas 210.000 víctimas mortales, en torno a 140.000 en Hiroshima y 70.000 en Nagasaki, aunque durante los años posteriores fallecerían por enfermedades surgidas de la radiación otras tantas decenas de miles en lo que sin duda fue un acontecimiento que abrió a la Era Atómica.
Coincidiendo con el bombardeo nuclear de Nagasaki el 9 de Agosto de 1945, la Unión Soviética y la Mongolia Exterior declararon la guerra a Japón e invadieron sus dominios en Manchuria. Aproximadamente 1.700.000 soldados y 5.000 tanques se abalanzaron contra las frágiles posiciones del Ejército Japonés cruzando el Río Amur y los bosques alrededor del Río Sungari y el Río Ussuri. Con rapidez los rusos se apoderaron del enclave de Pamientung y asediaron la Fortaleza de Hutou, mientras desde el Frente del Trans-Baikal las fuerzas mecanizadas soviéticas y mongolas se adentraban en la Cordillera del Gran Khinggan, al tiempo en que otros contingentes aniquilaban a las unidades títeres del Ejército Imperial Manchú en el Río Khalkhin-Gol y Nomonhan, y limpiaban de oponentes las praderas de Hailar. Superados los principales escollos en las regiones fronterizas y puesta bajo asedio la la Fortaleza de Fuchin, el Ejército Rojo irrumpió en el corazón del país más de 180 kilómetros, tratando inútilmente los japoneses de contrarrestar el avance adosándose bombas al cuerpo e inmolándose contra los tanques como hicieron en Mutanchiang. Acto seguido los rusos capturaron a los últimos manchús en Myngali y a continuación unos paracaidistas que saltaron sobre Mukden hicieron prisionero en el aeropuerto al Emperador Pu-Yi que reinaba en Manchukuo. A partir de entonces el Eje se desmoronó porque las divisiones soviéticas se extendieron sobre la provincia más septentrional de Heilongjiang, conquistaron la importante ciudad de Harbin y tomaron la capital de Hsinking. Al poco tiempo se rindieron las guarniciones niponas de las Fortalezas de Hutou y Fuchin, a la vez en que batallones aerotransportados aseguraban Kirin y Dairen, y una columna accedía a la Península de Liaodong haciéndose con el puerto de Port Arthur que Rusia había perdido en la Guerra Ruso-Japonesa de 1905.

Marineros de la Flotilla Roja del Pacífico izan la bandera soviética sobre Port Arthur al sur de Manchuria durante la «Operación Tormenta de Agosto».
Conquistada Manchuria por el Ejército Rojo, las divisiones soviéticas no tardaron en adentrarse al norte de China por la provincia de Rehe y enlazar con el Ejército Chino en la Gran Muralla, como también hicieron unos paracaidistas cuando saltaron en el Paso de Shanhaikwan para tomar al asalto junto a guerrilleros maoístas la plaza de Baotou. Algo más al oeste el Ejército Popular Mongol y unidades mecanizadas del Ejército Soviético que descendían desde el Desierto del Gobi invadieron la Mongolia Interior desde la vertiente norte mientras el Ejército Chino lo hacía desde el flanco occidental y el Ejército Rojo Chino desde el sur, logrando contra todo pronóstico los jinetes del Ejército Mongol frenar a los rusos en la Cordillera de Kalgan hasta que finalmente los defensores decidieron rendirse y entregar su territorio al Kuomintang. Respecto a Corea también el Ejército Rojo entró desde Vladivostok pasando el Río Tumen y descendiendo a gran velocidad con la conquista de Kaechon y la histórica capital de Pyôngyang, además de efectuar una operación anfibia en Chongjin y detenerse en el Paralelo 38º tras encontrarse con el Ejército Estadounidense que acababa de desembarcar en Seúl. Al mismo tiempo en el Pacífico Norte las tropas soviéticas de la Isla de Sajalín atravesaron la demarcación de Sajalín Norte con Sajalín Sur, desarticulando con bastantes dificultades las defensas de la «Línea Haramitog» y desembarcando más al sur en los puertos de Toro, Maoka y Otomori hasta que cayó la capital de Toyohara y capituló el territorio insular. Más complicada fue la invasión de la Isla de Shumshu porque las tropas soviéticas quedaron varadas en la playa sometidas a un infierno de ametralladoras y fuego de artillería, por lo menos que hasta sufridas 2.400 muertes, los Estados Unidos presionaron a Japón para la rendición tanto del lugar como de todas las Islas Kuriles que fueron ocupadas por la URSS.

Partisanos maoístas chinos del VIII Ejército Rojo de Ruta liberan Yanggao sobre la provincia central de Shanxi en China.
El 15 de Agosto de 1945 el Emperador Hiro-Hito anunció la capitulación de Japón, por lo que de forma inmediata muchas guarniciones enemigas fueron entregando las armas al Ejército Estadounidense como las de Filipinas, Micronesia, Nueva Guinea o las Islas Salomón, pero también las de Hong Kong, Malasia y Singapur al Imperio Británico, además de rendirse Thailandia. Sin embargo todavía se sucedieron combates en algunos puntos de Borneo o el Hemisferio Norte, pero especialmente en China entre los colaboracionistas que trataban de sobrevivir a las represalias y los maoístas en intensos choques como los de Hanshan, Yongjiazhen o el Gran Canal, aunque de vez en cuanto pelearon japoneses y nacionalistas chinos liderados por comandos norteamericanos como ocurrió en Wenzhou. Mientras tanto en las Indias Orientales Holandesas el Imperio Japonés reconoció la independencia de la República de Indonesia, último país en adherirse al Eje el 17 de Agosto, que al frente del Presidente Ahmed Sukarno haría la guerra a los occidentales nada más marcharse los japoneses con la pretensión de evitar volver a ser una colonia de los Países Bajos. Respecto a la Indochina Francesa habría otra revuelta anticolonial porque los comunistas del Vietminh se lanzaron a la insurrección en Hué y otros puntos el Vietnam donde primero expulsaron a los nipones y luego se enfrentaron en forma de guerrilla a las tropas francesas y británicas desembarcadas. Curiosamente el último tiroteo de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar en la capital china de Nankíng, en este caso protagonizado por cadetes colaboracionistas que entablaron una lucha contra el Kuomintang junto al edificio de la Academia Militar, justo antes de rendirse la jornada del 1 de Septiembre.
Oficialmente el 2 de Septiembre de 1945 se materializó la desaparición del Eje cuando una delegación enviada por Japón se reunió con el general Douglas MacArthur y otros representantes militares de los Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética, China, Holanda, Canadá, Australia y Nueva Zelanda a bordo del acorazado norteamericano USS Missouri en la Bahía de Tokyo. Exactamente a la 10:00 horas de la mañana, tanto los vencidos como los vencedores encarnados en el bando de los Aliados estamparon su firma y sellaron por tanto la paz, poniendo de una vez por todas fin a la Segunda Guerra Mundial que concluyó con más de 80 millones de seres humanos muertos y países enteros devastados en lo que sin duda fue la mayor tragedia de la Historia de la Humanidad.





























































































































