Tirpitz

Nombre: Alfred Von Tirpitz
Nacionalidad: Alemania
Constructora: Kriegsmarinewerft
Tipo: Acorazado
Clase: Bismark
Eslora: 253′ 6 m
Manga: 36 m
Peso: 41.000 toneladas
Velocidad: 30′ 8 nudos
Blindaje: 145-320 mm el casco / 50-120 mm la cubierta / 360 mm torres y puente
Planta motriz: Doce motores Wagner diésel de 1.652 CV  de 12 cilindros y tres turbinas Blöhm und Voss
Tripulación: 2.608 hombres
Botadura: 1 de Abril de 1939
Aviones: Cuatro hidroaviones Arado Ar-196
Armamento:
·8 cañones de 380 mm en torretas dobles
·12 cañones de 150 mm
·16 cañones de 105 mm
·72 ametralladoras AA cuádruples de 20 mm
·12 ametralladoras AA de 20 mm
·2 tubos lanzatorpedos cuádruples de 533 mm
Historia:

El Tirpitz fue junto al Bismarck el acorazado más poderoso de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Su sola presencia entre el Mar del Norte y los fiordos de Noruega, bastó para amedrentar a las flotas de Gran Bretaña y Estados Unidos que durante años lanzarían una serie de costosas incursiones contra el buque hasta su definitivo hundimiento a finales de 1944.

Construcción:

Como consecuencia del Tratado de Versalles que prohibía a Alemania la construcción de acorazados de más de 10.000 toneladas , el Tercer Reich no pudo optar a fabricar el Tirpitz hasta la firma del Tratado Naval Anglo-Germano el 13 de Junio de 1935, cuyas líneas especificaban la autorización para la construcción de una flota de 184.000 toneladas. Así nacieron los acorazados de clase “Bismarck” del que se proyectaría el Tirpitz por orden del Ministerio de la Marina el 14 de Junio de 1936.

Originalmente el Tirpitz se construyó con 35.000 toneladas junto a una eslora de 253′ 6 metros, una manga de 36 metros y un calado de 9′ 90 metros; ampliadas luego a las 41.000 debido a su aumento del blindaje en el casco que oscilaba entre los 145 y 320 milímetros, en la cubierta entre los 50 y 120 milímetros, en el puente de mando y torres a 360 milímetros, en las barbetas a 342 milímetros y en los mamparos a 220 milímetros; con las que podía alcanzar 30 nudos de velocidad sobre el agua gracias a sus doce calderas Wagner de 1.652 caballos de vapor con tres turbinas Blöhm und Voss y tres hélices tripalas de 4’70 metros de diámetro. Su tripulación estaba conformada por 2.608 hombres distribuidos en 108 oficiales y 2.500 marineros, además de poseer una fuerza para el reconocimiento aéreo compuesta por cuatro hidroaviones Arado Ar 196 instalados en catapultas. Respecto al armamento dirigido por un moderno sistema de control de tiro que disponía de estereoscopios de 7 metros de base, directores posteriores ZG C/38S y disparos nocturnos Zelsaule C38s; incluía ocho ocho grandes cañones L/45 de 380 milímetros de la Compañía Krupp en cuatro torretas dobles, doce cañones de 150 milímetros SKC/28 en montaje doble, dos tubos lanzatorpedos cuádruples de 533 milímetros y una defensa aérea constituida por noventa ametralladoras AA de 20 milímetros, de las que setenta y dos eran cuádruples.

Acorzado Tirpitz disparando los cañones de 380 milímetros.

Bautizado con el nombre de Alfred Von Tirpitz en honor al almirante de la Marina Imperial Alemana (Kaiserlischemarine) durante la Primera Guerra Mundial, el acorazado fue botado el 1 de Abril de 1939 en el puerto de Wilhelmshaven, una ceremonia a la que curiosamente asistió como invitada la señora Frau Von Hassel, hija del fallecido veterano y héroe nacional. Sin embargo y a pesar de su botadura, el navío no estuvo listo hasta el 9 de Marzo de 1941, fecha en que comenzó a realizar maniobras de adiestramiento al mando del capitán Friedrich Karl Topp sobre las aguas de Gotenhafen en el Mar Báltico. Precisamente el mismo Adolf Hitler se sintió satisfecho con los progresos del buque cuando visitó a sus tripulantes el 5 de Mayo de 1941, tan sólo cuatro meses antes de que el 26 de Septiembre, fuese catalogado como buque insignia de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine).

Campaña de Océano Glacial Ártico:

Oficialmente a finales de 1941 se produjo la entrada en servicio del Tirpitz cuando el acorazado fue enviado a participar en el asedio naval a Leningrado en la Unión Soviética, donde no fue molestado en ningún momento por la Flota Roja del Báltico al no disponer de un buque capaz de hacer frente a este poderoso navío. Al poco tiempo de su misión en el Mar Báltico, el Tirpitz regresó a Alemania pasando por los puertos de Gotenhaufen y Kiel, hasta que el 14 de Enero de 1942 abandonó por siempre el Tercer Reich partiendo de Wilhelmshaven y navegando junto a una escolta compuesta por los cuatro destructores Richard Beitzen, Paul Jacobi, Bruno Heinemann y Z-29 rumbo hacia el Mar del Norte.

Noruega fue el destino del Tirpitz a inicios de 1942 después de su entrada en el puerto de Trondheim. Curiosamente y a pesar de que durante el viaje se tomaron medidas para evitar ser localizado, el reconocimiento aéreo británico interceptó al buque y por ello el Primer Ministro Winston Churchill, quién llegaría a obsesionarse con el Tirpitz, ordenó una incursión con aviones la noche del 28 al 29 de Enero que acabó en fracaso porque todas las bombas arrojadas por los bombarderos Halifax y Stirling cayeron en el agua. Justo dos meses después de este ataque y a sabiendas los mandos de la Kriegsmarine de que el acorazado no podía permanecer mucho tiempo en el mismo sitio, el 6 de Marzo el Tirpitz tomó partido en la “Operación Sportpalast” con una escuadra de tres destructores al mando del vicealmirante Otto Ciliax que viajaron rumbo al Océano Glacial Ártico con la misión de hundir al Convoy PQ-12. Sin embargo y pese a las buenas expectativas, la Marina Real Británica había movilizado a otra escuadra compuesta por dieciséis buques entre los que se encontraban el portaaviones HMS Victorious, los acorzados HMS King George V y HMS Duke of York, el crucero pesado HMS Berwick y doce destructores que el 8 de Marzo se cruzaron con los navíos alemanes en sentido contrario (aunque sin avistarse unos y otros debido a la espesa niebla que sin duda evitó una sangría). Al día siguiente, el 9, un escuadrón de doce aviones embarcados Albacore el HMS Victorious descubrieron al Tirptiz y lo atacaron sin éxito porque todos los torpedos fallaron y dos de los aparatos fueron derribados por las piezas de artillería antiaérea. No obstante y temiendo los alemanes que una vez destapada su posición fuesen rodeados, tuvieron que suspender la “Operación Sportpalast” y ordenar al Tirpitz la retirada para refugiarse en el Fiordo de Narvik.

Acorazado Tirpitz.

Hundir al Tirpirz se convirtió en una prioridad para el Almirantazgo Británico porque su simple presencia en Noruega comprometía todo el dispositivo estratégico en el Océano Atlántico y el Mar del Norte debido a que no podían atender otros escenarios donde precisaban de superioridad como podía ser el Océano Pacífico contra Japón o el Mar Mediterráneo contra Italia. Así fue como el 31 de Marzo de 1942 un total de 34 bombarderos Halifax del 4º Grupo Aérero de la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) atacaron al Tirpitz en el Fiordo de Narvik sin acertarle con una sola bomba y perdiendo durante la acción a cinco de los aviones que fueron abatidos por los cañones antiaéreos del buque. Al cabo de un mes, la noche del 29 al 30 de Abril, el resultado fue todavía peor porque ningún artefacto alcanzó acorazado y siete bombarderos Halifax fueron derribados.

Bajo el nombre de “Operación Rösselsprung”, el Tirpitz regresó al Océano Glacial Ártico en Junio de 1942 junto a los tres cruceros Lützow, Admiral Hipper y Admiral Scheer con la misión de atacar el Convoy PQ-17 que transportaba material bélico y suministros según la “Ley de Préstamo y Arriendo” desde el Imperio Británico y Estados Unidos hasta el puerto de Múrmansk en la Unión Soviética. Contra todo pronóstico y pese a que el Tirpitz fue localizado y dañado levemente por el submarino soviético K-21 a la altura del Cabo Norte en Noruega, lo que le obligó a emprender la retirada hacia Narvik, su aparición estelar al comienzo de la campaña, ahuyentó al resto de los grandes buques británicos, dejando al Convoy PQ-17 sin escolta y a merced de los submarinos y bombarderos de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) que hundieron 24 mercantes con la consiguiente destrucción de 430 tanques, 210 aviones, 3.350 vehículos y 99.000 toneladas de avituallamiento.

Nuevamente en Septiembre de 1943, el Tirpitz al mando del capitán Hans Karl Mayer volvió al Océano Glacial Ártico para participar en la invasión a la Isla de Spitsbergen, muy próxima al Polo Norte y alejada de las costas de Noruega. Durante esta misión que llevó a cabo junto al acorazado Scharnhorst y nueve destructores, el Tirpitz bombardeó las instalaciones militares y silenció las baterías del Ejército Noruego hasta que las tropas alemanas desembarcaron el 6 y tras una serie de combates obligaron a capitular a la guarnición noruega la jornada del 8. Al día siguiente, el 9 de Septiembre, coincidiendo con la total pacificación de la Isla de Spitsbergen, el triunfal Tirpitz regresó a Noruega para recalar en el Fiordo de Kaaf.

Ataques Submarinos y Aéreos:

El 12 de Septiembre de 1943 fue llevada a cabo la misión más audaz para hundir al Tirpitz cuando desde el puerto de Carnbawn en Gran Bretaña zarparon los submarinos X-5, X-6 y X-7 que al cabo de once días llegarían al Fiordo de Kaaf la noche del 22 al 23 de Septiembre de 1943. Sin ser descubiertos en ningún instante y después de sortear las cadenas subacuáticas, los X-6 y X-7 que se habían adelantado al X-5, colocaron cuatro cargas explosivas bajo el casco del acorazado. No obstante y en cuanto se dispusieron a marchar, los vigías del castillo de proa del Tirpitz avistaron al X-6 y abrieron fuego con sus armas secundarias, por lo que éste emergió del agua y emitió señales para anunciar que se rendía (no sin antes abrir las válvulas para dejar que el sumergible se hundiera), entregándose a continuación toda la tripulación prisionera, incluyendo el capitán Donald Cameron. Acto seguido y tan sólo a 150 metros del X-6, los observadores del Tirpitz también localizaron al X-7 y rápidamente dispararon sus cañones hasta hundirlo de un impacto y matar a dos de sus tripulantes (aunque dos se salvaron, entre estos el capitán Charles Godfrey Place). También el X-5 del teniente Henry Creer que había quedado varado entre las cadenas, fue interceptado y hundido por las piezas de artillería del Tirpitz, no habiendo en esta ocasión ningún superviviente porque los cuatro miembros de la tripulación fallecieron. Respecto a los prisioneros del X-6 y X-7, los seis fueron llevados a la sección de babor del Tirpitz, algo que llamó especialmente la atención de los alemanes porque los marineros ingleses se mostraron muy tensos a la hora de caminar por la banda de estribor, lo que evidentemente les hizo sospechar que las cargas debían haber sido colocadas por esa zona. Sin embargo ya era demasiado tarde para tomar medidas de precaución porque repentinamente una tremenda explosión sacudió al buque y provocó la apertura de tres boquetes de la siguiente manera: una grieta a cincuenta metros de la proa, otra a siete metros bajo el casco y una última a escasos metros de la torre tres. A estos daños estructurales hubo que sumar la rotura de tres de máquinas motrices, una avería en la central eléctrica y la radio, así como la entrada de 500 toneladas de agua bajo la quilla, lo que obligaría a los ingenieros a efectuar medio año de reparaciones.

Pintura del Tirpitz anclado en el fiordo noruego rodeado de boyas con las redes antisubmarinos.

Aproximadamente seis meses precisó el Tirpitz para reparar los daños encajados por los submarinos X-5, X-6 y X-7, hasta que el mismo día de su puesta en servicio el 3 de Abril de 1944, tuvo la mala suerte de ser interceptado por observadores de la Resistencia a Noruega al salir del Fiordo de Kaaf y atacado en el Mar del Norte por aviones embarcados Wildwat, Corsair y Fairey Barracuda procedentes de los portaaviones británicos HMS Furious y HMS Victorious. Durante la incursión que se realizó magistralmente, los aparatos lograron hacer quince impactos con sus bombas de 500 kilogramos, siendo el más grave el artefacto que desencajó de la catapulta al hidroavión alemán Arado Ar 196 que se estrelló sobre la cubierta desparramando su combustible y generando un incendio que milagrosamente pudo ser controlado. El resultado de la acción resultó catastrófica para el Tirpitz porque sufrió nuevamente averías que le impidieron desarrollar misiones a corto plazo, además de causar baja 488 marineros entre 168 muertos y 320 heridos, a costa del derribo únicamente de tres aviones ingleses entre dos Fairey Barracuda y un Wildcat.

Las reparaciones del Tirpitz se prolongaron a mediados de 1944 mientras los Aliados prosiguieron con sus incursiones sobre el buque, cuya tripulación al mando del capitán Wolf Junge, se defendió durante varios de los ataques como por ejemplo en la “Operación Mascot” el 17 de Julio derribando a tres aviones entre un Corsair y dos Fairy Barracuda. También en la “Operación Goodwood” del 22 de Agosto, el Tirpitz tuvo éxito porque salvo por el impacto de dos bombas que generaron daños leves, derribó un caza Wildcat y un torpedero Fairey Barracuda. Incluso en la incursión del 24 de Agosto con una formación de 77 aviones entre 33 Fairey Barracudas, 22 Corsairs, 10 Hellcats y 10 Faireys Albacore, los desperfectos se redujeron a una breve avería en la Torre B y a la destrucción de un cañón antiaéreo de 20 milímetros, a costa del abatimiento de seis aparatos entre cuatro Corsair y dos Hellcats. Ni siquiera los raids del 25 y 28 de Agosto los británicos lograron impacto alguno, ni tampoco en el de la jornada del 29 que concluyó con el derribo de un Corsair y un Fairey Albacore.

Hasta Septiembre de 1944 los aviones embarcados de la Marina Real Británica (Royal Navy) no habían cosechado más que estrepitosos fracasos contra el Tirpitz tras un saldo de dieciséis aviones derribados y la muerte de treinta pilotos, lo que llevó al Primer Ministro Winston Churchill a recurrir al Mando de Bombardeo (Bomber Commando) de la RAF en Inglaterra. Así fue como el 14 de Septiembre de 1944, despegaron 34 bombarderos Lancaster que equipados con bombas de alto explosivo, volaron desde Lossiemouth en Escocia hacia la Unión Soviética para aterrizar en Yagodnik, desde donde al día siguiente, el 15, despegaron rumbo a Noruega y en concreto al Fiordo de Kaaf. Gracias a que el Tirpitz soltó una cortina de humo en cuanto tuvo encima a los Lancaster, el buque no resultó hundido, aunque sí los daños fueron enormes porque una de las bombas destruyó el castillo de proa y otra rompió completamente el anclaje, lo que dejó al acorazado completamente inutilizado (según los técnicos se precisarían nueve meses de reparaciones, siempre que se llevaran a cabo en un astillero de Alemania y no en un fiordo de Noruega, algo imposible por aquel entonces).

Fin del Tirpitz:

Como el Fiordo de Kaaf se volvió inseguro, el 19 de Octubre de 1944 el Tirpitz fue trasladado al Fiordo de Sandesund, situado al oeste del puerto de Tromsoe, donde al mando del nuevo capitán Robert Weber actuaría como batería flotante de una cara a una eventual invasión de los Aliados a Noruega. A pesar de que un nuevo ataque de 34 bombarderos Lancaster no tuvo efecto sobre el acorazado el 28 de Octubre, desde el Tercer Reich la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) envió a la 3º Escuadrilla del 5º Grupo de Cazas con ocho aviones Messerschmitt Bf 109 que al frente del prestigioso oficial y “as” Heinrich Ehler, quién contaba con 200 victorias en su haber, sería la responsable de ofrecer cobertura al Tirpitz.

Pintura de aviones Lancasters de la RAF con bombas “Tallboy” impactan al Tirpitz de en Noruega justo antes de hundirlo.

La mañana del 12 de Noviembre de 1944, un total de 31 bombarderos Lancaster de los 9º y 617º Escuadrones de la RAF al mando del capitán James Brian Tait, despegaron desde Lossiemouth en Escocia con la misión de hundir al Tirpitz en el Fiordo de Sandesund durante una acción a la que bautizaron como “Operación Catechism”. Mientras tanto en Noruega, ocho aviones alemanes Messerschmitt Bf 109 de la Luftwaffe, salieron a interceptar a sus oponentes, sin saber que de los 31 Lancaster originales, 11 se habían separado del grueso principal para distraer a los germanos, al mismo tiempo en que los 20 restantes se dirigían a su objetivo. Sorprendentemente el oficial Heinrich Ehler que lideraba a los cazas picó el anzuelo de los ingleses y se enzarzó en un duelo aéreo contra los bombarderos, derribando a siete de éstos. Fue entonces cuando en el Fiordo de Sandesund, las alarmas comenzaron a sonar tras divisarse a la formación de veinte Lancaster y al poco tiempo las armas antiaéreas de 20 milímetros empezaban a disparar intensamente contra los aviones. Sin embargo la sorpresa del ataque fue tal, que las bombas cayeron por doquier explosionando las tres primeras sobre la estructura y una cuarta que rebotó sobre la cubierta lanzando trozos de metralla por toda la superficie y matando a decenas de marineros. Segundos más tarde, un quinto artefacto denotó bajo la quilla y levantó un géiser de agua que hizo al buque erigirse 20 metros de altura, antes de caer con el efecto de la gravedad y colisionar con el fondo marino, contra el cual se abrió una grieta de varios metros que primero inundó los pañoles de munición y acto seguido los hizo estallar provocando una tremenda detonación en la Torre C. Inmediatamente el Tirpitz escoró y finalmente se volcó hasta hundirse boca abajo, con excepción de la quilla que permaneció a flote debido a que el lecho marino era muy escasamente profundo, lo que permitió rescatar 397 náufragos (el capitán Robert Weber y todo el Estado Mayor quedaron atrapados en una sala hasta que se ahogaron por culpa de la entrada de agua), además de escapar de la muerte los 400 tripulantes que estaban disfrutando de un permiso en tierra. Aquella tragedia que a los británicos sólo les costó el derribo de un bombardero Lancaster que efectuó un aterrizaje de emergencia en la neutral Suecia, significó para los alemanes el hundimiento del acorazado Tirpitz y la muerte de 1.400 marineros.

Trozo del Tirpitz expuesto en el Imperial War Museum de Duxford, localidad de Cambridge, Inglaterra. Fotografía de 2006.

La pérdida del Tirpitz comprendió el ocaso definitivo de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) que tuvo que prescindir de su último acorazado moderno, además de verse mermada toda la situación estratégica del Mar del Norte en favor de los Aliados. Respecto a la 3º Escuadrilla del 5º Grupo de Cazas que supuestamente debía haber protegido al navío, su oficial y “as”, Heinrich Ehler, fue sometido a un tribunal militar acusado de imprudencia y por haber desobedecido las órdenes, lo que privó a la Luftwaffe de uno de sus mejores pilotos de caza durante los meses que se prolongó el juicio. Finalmente, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, en el año 1948 los gobiernos de Noruega, Gran Bretaña y la República Federal Alemana comenzaron a trasladar los restos del Tirpitz durante una ardua labor que se prolongó hasta 1957, fecha en que algunos de los trozos fueron expuestos en diversos museos, como por ejemplo en el Imperial War Museum de Duxford en Inglaterra.

A nivel estratégico, el Tirpitz fue un acorazado que tuvo papel muy importante durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, la sola presencia de este gigantesco buque en Noruega, trastocó todo el plan operacional de los Aliados porque no pudieron trasladar a sus grandes unidades de superficie a otros teatros mucho más necesarios como el Frente del Pacífico, el Mar Mediterráneo o Normandía entre los años 1941 y 1944, lo que sin duda convirtió al Tirpitz en un arma con uno de los efectos más disuasorios del siglo XX.

Capitanes:
-Capitán Friedrich Karl Topp (15 de Enero de 1941 – 24 de Febrero de 1942)
-Capitán Hans Karl Meyer (24 de Febrero de 1942 – 1 de Mayo de 1944)
-Capitán Wolf Junge (1 de Mayo de 1944 – 4 de Noviembre de 1944)
-Capitán Robert Weber (4 de Noviembre de 1944 – 12 de Noviembre de 1944)

Víctimas del Tirpitz:
·Buques:
-Submarino X-5
-Submarino X-6
-Submarino X-7
·Aviones:
-12 Halifax
-1 Lancaster
-5 Corsair
-3 Fairey Barracudas
-2 Albacore
-2 Hellcat
-2 Wildcat
-1 Fairey Albacore
TOTAL: 3 Submarinos / 31 Aviones (15 bombarderos / 14 cazas / 2 torpederos)

 

Bibliografía:

-Francisco Calvo, Tirpitz, amenaza en el Mar del Norte, Revista Serga Nº 82 (2013), p.50-64
-Roberto Muñoz Bolaños, Gotterdämerung. El fin de la Kriegsmarine: El fin del Tirpitz, Revista Serga Nº57 (2009), p.6-13
-David Solar, La Caída de los Dioses. “Capítulo 8: El último desafío”, la Esfera de los Libros (2005), p.319-325
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2. El triunfo y la tragedia. “V Los convoyes árticos”, Planeta Deagostini (1959), p.289-299