Reinado Absolutista de Carol II

 

El experimeto del Rey Carol II de formar un Gobierno con el Partido Nacional Cristiano de Octavian Goga y Alexandru Cuza había terminado en un fracaso que no hizo desaparecer a la Guardia de Hierro, ni tampoco consiguió hacer vacilar a otras fuerzas democráticas fuera del sistema como el Partido Campesino. Desde hacía tiempo el monarca comprendía que la cosa no podía continuar de aquella manera, el poder de los partidos y movimientos antimonárquicos era enorme y peligraba su propia corona. Los gobiernos vasallos que él había impuesto una y otra vez en el período de los años 30 siempre eran débiles y terminaban desbordados por el tenso clima revolucionario. No quedaba más remedio que dejar de confiar en los políticos y que la Familia Real actuara cuanto antes, por eso mismo, Carol II había llegado a la conclusión de que la única salvación posible del trono era la imposición de un absolutismo controlado por el mismo.

Después de 45 días de Gobierno, el Partido Nacional Cristiano y las milicias de Lanceros fueron obligados a dimitir por orden del Rey Carol II. Por otro lado, a Alexandru Cuza junto a Octavian Goga, se les aconsejó retirarse de la política por un tiempo, muriendo este último poco después por enfermedad. El mismo día de la dimisión gubernamental, 10 de Febrero de 1938, el Rey compareció ante el Parlamento y anunció la creación de la nueva Constitución, la cual recortaba todas las libertades de expresión y organización. En una intensa campaña represiva, todos los partidos y organizaciones políticas fueron disueltos, se abolió el voto secreto y en el Parlamento la división de poderes fue declarada nula por una concentración de poder en manos del Rey. Carol II acababa de constituir un régimen feudal, sin partidos demócraticos y en manos de la monarquía, el Ejército, la Iglesia Ortodoxa y la derecha liberal.

Para la Guardia de Hierro la oligarquía del Rey Carol II supuso la persecución más terrible llevada por el monarca hasta el momento. Desde el primer día que se declararon suspendidas todas las fuerzas políticas, la mayoría de legionarios sabía lo que se les vendría encima. Antes de que comenzaran los crímenes por parte del nuevo régimen autoritario, Corneliu Zelea Codreanu, el 21 de Febrero de 1938, con la cabeza bien alta en su último discurso político exclamó: “No contestaremos a las provocaciones del Gobierno. No transformaremos Rumanía en una nueva España”. A continuación Codreanu ofreció al monarca que si él lo deseaba la Guardia de Hierro se retiraría para siempre de las elecciones, declaraciones que sorprendieron a todos sus seguidores tras su éxito electoral y cuando estaban a punto de la victoria. Pero Codreanu sabía que no habría más elecciones y que pronto vendría una sangrienta represión, por eso con aquella sugerencia intentó que muchos legionarios abandonaran la Guardia de Hierro con tal de salva la vida al máximo posible.

Codreanu con seguidores firmando autógrafos y con la prensa poco antes de su arresto en 1937.

El 3 de Marzo de 1938, todos los miembros de la Guardia de Hierro fueron expulsados de las administraciones públicas, un mes mas tarde, el 17 de Abril, Codreanu fue detenido junto a la cúpula legionaria. La acusación que se lanzó contra Codreanu fue la de perpetrar desde su partido un golpe de Estado financiado por Alemania. Aquello era totalmente falso, pues la Guardia de Hierro no había tenido contactos con el Tercer Reich, Adolf Hitler únicamente había abierto algún que otro diálogo con el Partido Nacional Socialista Rumano, y aún así jamás los alemanes habían querido un golpe de Estado en Rumanía que pudiera poner en peligro el suministro de petróleo que recibía de ese país. Por tanto, la sentencia manipulada por los funcionarios de la oligarquía, declaró a Codreanu culpable y lo condenó a 10 años de trabajos forzados en prisión.

Pero Carol II no podía exterminar de un mazazo sistemático a la Guardia de Hierro, a sus militantes y a otras fuerzas políticas que no estaban a favor de su régimen como el Partido Campesino, los comunistas o grupos fascistas. Sabía que necesitaría el respaldo internacional de otras potencias para legitimar su absolutismo y para ello se apoyaría en Inglaterra, Francia y Alemania. Su primer viaje fue a Berlín, allí Carol II se entrevistó con Hitler, el único mandatario que se opuso un poco más enérgicamente al régimen impuesto por el Rey, pero al menos el Führer aseguró que no intervendría en los asuntos rumanos siempre que ese país le garantizase el petróleo, por lo cual Carol logró su primer éxito. El segundo viaje fue a París donde se entrevistó con el Primer Ministro León Blum del Frente Popular Francés, que toleró por parte de Francia que no habría ningún problema en darle su apoyo; por último, la misma respuesta tuvo de Gran Bretaña cuando Carol II se entrevistó con el Primer Ministro Neville Chamberlain en Londres. Estos dos últimos casos de Inglaterra y Francia fueron sorprendentes, ya que dos países que defendían ciegamente la democracia y la libertad, aplaudieron y celebraron el régimen de Carol II, algo que causó una gran polémica política y de prensa durante algún tiempo, aunque al final se acabó olvidando debido a otros problemas en el marco internacional como los Sudetes y la Guerra Civil Española. El Rey había salido victorioso, tenía manos libres y luz verde de Londres y París para hacer lo que quisiera. Su siguiente paso era uno que llevaba mucho tiempo esperando: asesinar a Codreanu.

El 30 de Noviembre de 1938, Codreanu, enfermo de tuberculosis por culpa de la prisión y las constantes torturas, fue sorprendido junto a otros legionarios presos por los guardias de la cárcel y estrangulado, aunque justo antes de que se quedara sin aire recibió un tiro por la espalda que le causó la muerte. Las autoridades dijeron que murió al intentar fugarse, pero ciertamente todo el mundo sabía que Carol II había ordenado asesinarle.

La muerte del Corneliu Zelea Codreanu, “El Capitán”, dejó a la Guardia de Hierro sumida en una oleada de terror, en la cual sus militantes quedaron paralizados ante la notica y todo el mundo lloró su muerte. Muchas células en el país se disolvieron, otras continuaron en la lucha hasta el final. En el plazo de dos años, los dos líderes más grandes de la Guardia de Hierro habían muerto, Codreanu asesiando y Mota caído en combate luchando en la Guerra Civil de España. Alguien desde la clandestinidad debía mantener vivo el movimiento y el espíritu legionario, ese fue Horia Sima, quién desde los bosques y sierras de los Cárpatos creó la resistencia.

Justo después de la muerte de Codreanu, Carol II ordenó al Ejército y a los gendarmes que destruyeran a la Guardia de Hierro y aplicaran la eliminación física de sus máximos dirigentes. Un total de 30.000 legionarios fueron detenidos por las autoridades. Las cárceles quedaron tan repletas que tuvieron que abrirse campos de concentración a las afueras de las ciudades para albergarlos. La Jefatura de Policía de Bucarest quedó abarratoda de gente, una mujer militante incapaz de soportar las torturas se lanzó desde el tercer piso, después de ese suceso los guardias se vengaron ejecutando a seis legionarios por diversión. Pero el crimen más brutal de todos fue el de la secretaria de la Sección Femenina de la Guardia de Hierro, Nicoleta Nicolescu, que tras ser encerrada fue golpeada, torturada y violada de manera brutal, después los verdugos le arrancaron los senos y finalmente la dieron muerte.

Rey Carol II y la Princesa Helena Lupescu, quién realmente gobernaba en el país por su influencia a través de su marido, siendo él un monarca títere de su esposa.

Junto con las represiones, a Carol II le siguió la institucionalidad de su particular régimen monárquico absoluto como en tiempos previos a la Revolución Francesa. Se fundó un Partido Único llamado Frente del Renacimiento Nacional, cuya ideología era conservadora liberal, cristiana ortodoxa y antisemita. En la estética, el Frente del Renacimiento Nacional copió a los partidos fascistas de la época como los uniformes militares y saludos romanos en alto entre otras cosas, aunque sólo lo hizo para decorar su imagen, pues era un movimiento conservador-liberal completamente antifascista. La educación se basó en un culto a la personalidad del Rey, por ejemplo la organización Trabajo y Buen Humor estuvo dedicada al ocio de actividades para los ciudadanos con el fin monarquizarlos; otra fue la de los Centinelas de la Nación, juventudes políticas que exaltaban la figura del monarca. El nuevo régimen de Rumanía fue reconocido por Gran Bretaña, Francia, Alemania y las democracias occidentales, sin embargo la mayoría de países de ideología fascista y comunista se mostraron más reacios, aunque al final terminaron por aceptarlo.

Curiosamente al llegar 1939, algunos miembros del Gobierno de Carol II no aprobaron la nueva Constitución dictada por el mismo Rey en el que se otorgaba el mando absoluto del Estado. Los que protestaron fueron encarcelados por orden del monarca, teniendo lugar una purga interna. Entre las víctimas de esta limpeiza de enemigos se encontraba un general héroe de la Primera Guerra Mundial que se llamaba Ion Antonescu, el cual fue encarcelado a pesar de la poca aprobación del pueblo rumano.

Carol II ya tenía lo que quería, había impuesto una monarquía absoluta basada en la figura de su persona, siendo él la espada indiscutible del país. La Guardia de Hierro ya no existía en las instituciones y Codreanu estaba muerto. Pero su apuesta fue mala, pues su Gobierno se sustentaba gracias a Gran Bretaña y Francia. Por tanto, con el inicio de la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939, la situación se tornaría en su contra.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “Corneliu Codreanu y la Legión de San Miguel Arcángel”, García Hispán Editor (1997), p.32-58
Carlo Sburlati, Codreanu el Capitán, Acervo (1970), p.99-241