Reinado Absolutista de Carol II

Rumanía fue un país azotado por la oleada revolucionaria de la Guardia de Hierro, un movimiento fascista liderado por Corneliu Zelea Codreanu, conocido “el Capitán”, cuyos militantes legionarios fueron muy relevantes en la política nacional durante gran parte de las décadas de 1920 y 1930. Como el régimen fue incapaz de derrotar a sus rivales electoralmente porque cada vez más obtenían más votos, el Rey Carol optó por liquidar el débil y corrupto sistema democrático para imponer un reinado absolutista que duraría entre 1938 y 1940.

El 10 de Febrero de 1938 el Rey Carol II compareció en el Parlamento de Bucarest y anunció ante los diputados que procedía a disolver la cámara y a redactar una nueva Constitución que incluyó la limitación la libertad de expresión, la unión del legislativo y del ejecutivo, la supresión del voto secreto, la concentración de todo el poder en torno a la Corona y la prohibición de los partidos políticos no monárquicos, como por ejemplo dos mayoritarios que eran el Partido Campesino y la Guardia de Hierro, así como también el Partido Comunista Rumano y otras formaciones. Este régimen que fue puesto al frente del Ministro de Estado Alexander Cuza y tuvo como hombre fuerte al Ministro del Interior Armand Calinescu, fue reconocidos internacionalmente por Gran Bretaña, Francia, Alemania y la Unión Soviética (aunque con ciertas reticencias de estas dos últimas).

Rey Carol II.

Repentinamente el 3 de Marzo de 1938 se consumó el golpe de Estado del Rey Carol II porque Corneliu Codreanu y los principales cuadros de la Guardia de Hierro, además de otros líderes políticos del Partido Campesino, fueron detenidos por las autoridades, sometidos a un juicio arbitrario y condenados a varios años de cárcel con trabajos forzados en la Prisión de Jilava. Sin embargo lo cierto fue que todo se trató de una excusa porque el 30 de Noviembre, tanto Codreanu como otros trece dirigentes fueron asesinados en el Bosque de Tâncâbesti por una orden del Ministro de Interior Armand Calinescu. A partir de entonces comenzó una persecución brutal por parte de la Gendarmería Real y el Ejército Rumano que implicó la muerte de cientos de legionarios y el arresto de otros 30.000 que sufrieron torturas, encarcelamientos y hasta reclusiones en campos de concentración a las afueras de las principales ciudades de Rumanía. Solamente unos pocos cientos de militantes consiguieron escapar a la persecución emprendida por los monárquicos, ocultándose en los bosques y montañas bajo el mando de Horia Sima.

Consolidado el régimen del Rey Carol II en seguida se fundó un sistema de “partido único” bautizado como Frente del Renacimiento Nacional, cuya ideología era una mezcla de conservadora liberal, cristiana ortodoxa, antisemita y antifascista articulada en el movimiento “Trabajo y Buen Humor”. Poco a poco el régimen se radicalizó, volviéndose obligatorio el culto a la figura del monarca, creándose incluso unas juventudes reales que fueron conocidas como los Centinelas de la Nación. De hecho la Corona fue la encargada de aprobar la nueva Constitución que abolía todo rastro legal de democracia, algo por lo que muchos que en un principio habían apoyado la iniciativa se desmarcaron o protestaron, siendo bastantes de ellos enviados a la cárcel como por ejemplo el general Ion Antonescu, considerado por la población un héroe de la Primera Guerra Mundial.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el Rey Carol II comprobó como su régimen que había gozado apenas de un breve año de calma, comenzó a declinar nada más materializarse la invasión de Alemania a Polonia en Septiembre de 1939. Aquel mismo mes un grupo de exiliados de la Guardia de Hierro en Dinamarca que contaron con la ayuda del embajador rumano Mihail Sturdza (que era antimonárquico), se reunieron en Copenhaguen con representantes de la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista, para orquestar un atentado contra el Ministro del Interior Armand Calinescu, conformándose para ello el Escuadrón de la Muerte liderado por el abogado Miti Dumitrescu e integrado por los cinco estudiantes Cezar Popescu, Traian Popescu, Ion Moldoveanu, Ion Ionescu e Ion Vasiliu. A los pocos días se gestó la operación con éxito porque los pistoleros emboscaron al coche de la víctima a la salida del Palacio de Cotroceni, logrando matar de veinte disparos a Armand Calinescu y a su guardaespaldas Radu Andone. Desgraciadamente la venganza del Rey Carol II por la muerte de su Ministro del Interior fue atroz, pues ordenó sacar a varios cientos de legionarios de las cárceles y fusilarlos como escarmiento, colgando posteriormente sus cuerpos en las farolas de las calles de Bucarest y organizando visitas de los colegios para asegurarse de que todos los niños contemplaran los cadáveres.

Al producirse la conquista de Francia y Europa Occidental en manos del Tercer Reich en el verano de 1940 y el aislamiento de Gran Bretaña tras la humillante evacuación del Cuerpo Expedicionario Británico en Dunkerque, el régimen del Rey Carol II que desde el principio se había sustentado internacionalmente en los apoyos de los Gobiernos de Londres y París, quedó completamente aislado en un continente dominado por las potencias del Eje. Este hecho dejó sin duda al Gobierno de Bucarest en una situación de máximo riesgo, pues todos los demás países vecinos que mantenían reclamaciones territoriales con los rumanos eran socios del Tercer Reich, como por ejemplo Hungría y Bulgaria que estaban dentro de la esfera del Gobierno de Berlín o la Unión Soviética que formaba parte del Pacto de No-Agresión “Ribbentrop-Molotov”. A pesar de que el monarca acudió ante el mismo Adolf Hitler para solicitar su mediación al ver que los soviéticos se movilizaban frente a Moldavia, los húngaros frente a Transilvania y los búlgaros frente a Dobrudja, el Führer le negó su ayuda recordando sus bailes diplomáticos con los anglo-franceses y la persecución contra los legionarios de la Guardia de Hierro.

Rey Carol II y la Princesa Helena Lupescu.

El 28 de Junio de 1940 más de 100.000 soldados del Ejército Rojo cruzaron la frontera con Besarabia y Bukovina atravesando el Río Prut y manteniendo breves choques contra patrullas aisladas del Ejército Rumano que provocaron 98 bajas a los rusos, antes de replegarse todas las divisiones hacia su patria por orden del Rey Carol II. Completada la evacuación de los militares y más de 250.000 refugiados que atestaron los pueblos y caminos de Rumanía, el Gobierno de Bucarest tuvo que ceder ante Iósif Stalin cuando la Unión Soviética se anexionó ambos territorios bajo el nuevo nombre de República Socialista Soviética de Moldavia, llevando desde entonces una política de paneslavización que implicó una brutal represión con 57.000 rumano-moldavos fallecidos y otros tantos deportados a los gulags de Siberia.

La crisis desatada con la pérdida de Besarabia y Bukovina condujo a que el Rey Carol II intentara congraciarse con Alemania porque sabía que después de la URSS la siguiente agresión vendría por parte de Hungría y Bulgaria. Así fue como en aquel verano de 1940 volvió a legalizar la Guardia de Hierro y a liberar a todos los legionarios de las cárceles tras una amnistía general, incluyendo a su líder Horia Sima, quién mantuvo una entrevista con el monarca, ofreciéndose como mediador con el Eje debido a las buenas relaciones que mantenía con el Tercer Reich y la Italia Fascista. Lamentablemente la negativa del Jefe del Estado a otorgar al movimiento legionario un papel diplomático que pudiese minar el protagonismo de la institución monárquica ante Adolf Hitler y Benito Mussolini, sería un error fatal porque alemanes e italianos, viendo la falta de compromiso por parte del régimen, decidieron apoyar a los Gobiernos de Budapest y Sofia encabezados respectivamente por el Almirante Miklós Horthy y el Zar Boris III, tal y como se acordó según el denominado Arbitraje de Viena celebrado el 30 de Agosto en Austria.

Inmediatamente al Arbitraje de Viena en Septiembre de 1940, el Ejército Húngaro cruzó la frontera con Rumanía y entró en Transilvania, ocupando rápidamente ciudades como Cluj y Oradea, aplastando a las escasas unidades en retirada del Ejército Rumano que ofrecieron algún tipo de resistencia e incluso masacrando en pogromos a numerosos civiles rumanos como por ejemplo sucedió en las matanzas de Trezna, Nusfalâu e Ip. Al mismo tiempo en el sur del país, también el Ejército Búlgaro violó la demarcación con el suelo rumano y penetró en la región de Dobrudja, apoderándose de importantes enclaves como Turtucaia y algunos puertos en el Mar Negro.

Tropas de caballería del Ejército Búlgaro arrebatando Dobrudja a Rumanía.

La pérdida de Transilvania y Dobrudja a manos de Hungría y Bulgaria, sumada a la descomposición política y social del Reino de Rumanía, derivó el 3 de Septiembre de 1940 en un descontrolada manifestación popular en Bucarest a la que acudieron campesinos hambrientos, refugiados de las tierras perdidas y legionarios de la Guardia de Hierro, los cuales increparon al Rey Carol II ante el Palacio Real, quién asustado se escondió junto a su perro “Urdereanu” detrás de una persiana, por lo menos hasta que las personas fueron disueltas a tiros por la Gendarmería Real. A raíz de este incidente el monarca se desplazó hasta la cárcel para liberar al general Ion Antonescu, prisionero desde 1938, al que le suplicó que tomara las riendas de la nación alegando a su prestigio por ser un héroe de la Gran Guerra.

El 4 de Septiembre de 1940 el general Ion Antonescu fue puesto al frente del Gobierno de Bucarest, pero en lugar de jurar lealtad a Rey Carol II, aprovechando que ejercía una enorme influencia en el Ejército Rumano, dio un repentino golpe de Estado que fue secundado por la inmensa mayoría de las Fuerzas Armadas Rumanas. Así fue como procedió a la disolución del gabinete del Primer Ministro Ion Gigurtu y exigió la inmediata dimisión del Jefe del Estado, por lo que Carol II abdicó de la Corona en favor de su hijo Mihai, quién fue entronizado con el nombre de Rey Miguel I. Consumada la rebelión a la que se unió la Guardia de Hierro y los legionarios de Horia Sima, el depuesto monarca se exilió de Rumanía para buscar refugio en el Reino Unido.

La huida del Rey Carol II se efectuó dejando atrás una Rumanía completamente arruinada, fracturada política y socialmente, y esquilmada territorialmente por la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria que redujeron sus fronteras a la mitad de su tamaño original. Como alternativa al régimen absolutista de la Corona, nació el Estado Nacional-Legionario que gestionarían el Ejército Rumano y la Guardia de Hierro, siendo su principal líder, el “Conducator” Ion Antonescu, quién adhirió la nación al Pacto Tripartido con las potencias del Eje y la arrastraría a participar en la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano, “Corneliu Codreanu y la Legión de San Miguel Arcángel”, García Hispán Editor (1997), p.49-58
-Carlo Sburlati, Codreanu el Capitán, Acervo (1970), p.99-289