Origen de los fascismos en Francia

Francia fue una de las potencias fascistas de la Segunda Guerra Mundial con el régimen colaboracionista de Vichy al frente del Mariscal Philippe Pétain. Sin embargo y aunque a lo largo de la contienda jugaría un rol esencial como parte de las potencias del Eje, ya durante la “Era de Entreguerras” existió en el país un galo un gran conglomerado de movimientos asociados al fascismo que influyeron en la política de la época, como por ejemplo las Cruces de Fuego o el Partido Popular Francés de Jacques Doriot, este último una escisión nada menos que del Partido Comunista Francés.

Preludio

A pesar de que Francia se encontraba en el bando de los ganadores de la Gran Guerra y había recuperado las provincias de Alsacia y Lorena perdidas en la Guerra Franco-Prusiana de 1870, además de haber agrandado su “Imperio de Ultramar” a costa de Alemania y Turquía con colonias entre las que se incluían Siria y Líbano en Oriente Medio, así como partes del Camerún y Togo en África, la situación interna era tan dramática que ni tan siquiera las ganancias territoriales y los pagos efectuados por los vencidos en calidad de reparaciones de guerra según lo estipulado en el Tratado de Versalles eran capaces de subsanar lo más mínimo la crisis del país. La razón de tal desastre era que 1.400.000 franceses habían muerto entre 1914 y 1918, aproximadamente el 10’5% de la población masculina, sin obviar con que habían 4.266.000 mutilados y existía una ruina económica de grandes proporciones, ya no sólo por la destrucción de las industrias del norte, sino porque las empresas de Estados Unidos con las que habían contraído deudas durante el conflicto eran muy estrictas a la hora de cobrar, por lo que rápidamente las arcas se vaciaron y la nación quedó sumida en la más absoluta bancarrota a principios de la década de 1920.

Manifestación de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO).

Como consecuencia de la miseria de Francia y del corrupto sistema electoral de la Tercera República Francesa, que precisamente en el año 1920 acabó con la derrota del favorito Presidente Georges Clemenceau por un completo desconocido Primer Ministro Paul Deschanel, quién encima tuvo que dimitir por irregularidades en su gestión y una frágil salud mental, derivaron en un descontento generalizado entre la inmensa mayoría de la ciudadanía. Este enfado colectivo, sumado a una casi inexistente seguridad social, una jornada laboral de 10 horas diarias y unos sueldos muy precarios, sin contar las indemnizaciones que nunca llegaron a los veteranos de la Gran Guerra, propició un período muy violento de huelgas y protestas por parte de obreros y sindicalistas que terminaron en una fuerte represión por parte de la Gendarmería y el Ejército Francés.

El desentendimiento de la izquierda con lo que ocurría en Francia, sobretodo del Partido Socialista y de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), condujo a que tras la celebración de la Tercera Internacional en Tours los más radicales marxistas se escindiesen para fundar el Partido Comunista Francés (PCF). Obviamente esta formación que estaba dirigida desde la sombra por el Partido Comunista Soviético (PCUS) en la Unión Soviética, estuvo liderado por una serie de cabecillas entre los que se encontraban Ludovic Frossard, Boris Soucarine, Fernand Loriot, y Marcel Cachin, quienes culpaban al capitalismo de la carnicería y ruina traída por la Gran Guerra, se oponían a mantener las colonias del “Imperio de Ultramar”, e incluso eran favorables a devolver a Alemania las provincias de Alsacia y Lorena.

Las propuestas del Partido Comunista Francés acerca de renunciar al “Imperio de Ultramar” e incluso defender los intereses de Alemania, sin obviar con que estaban a favor de todas las insurrecciones locales en las colonias Marruecos, Argelia o Indochina, por una parte captaron muchos fanáticos, pero por otra hicieron que se perdiese una base considerable de militantes que no entendían aquella actitud. A raíz de estas contradicciones, los comunistas no supieron canalizar el descontento ni tan siquiera con los contantes escándalos del Gobierno de París que en 1924 robó a través del Ministerio de Finanzas un total de 4.000 millones de francos de los Bonos de Defensa Nacional de la Tesorería, ni tampoco la caída de seis gabinetes hasta el nombramiento del Primer Ministro Raymond Poincaré, quién solamente capeó el temporal un par de años hasta que se produjo la Gran Depresión Económica de 1929.

El desastre que supuso la Gran Depresión Económica con la quiebra de empresas, la pérdida de miles de puestos de trabajo, la subida de los precios y el descenso de los sueldos, dejó a Francia al borde del abismo porque la fractura entre derechas e izquierdas se agrandó y los enfrentamientos callejeros se multiplicaron a veces con derramamiento de sangre en las avenidas de París. Como hasta la fecha el Partido Comunista Francés no había sabido canalizar la desafección y mostrarse como una alternativa seria y capaz, llegando incluso a bajar de los 25 a los 14 escaños, pronto entró en escena una nueva ideología alternativa bajo la forma del fascismo.

Fascismo en Francia

Oficialmente el fascismo nació en 1919 cuando Benito Mussolini leyó el Manifiesto Fascita en la Plaza del Santo Sepolcro de Milán, fundado la milicia de los Fasci di Combattimento. Esta ideología surgida en Italia que proponía una alternativa al capitalismo y al comunismo, mezclando una especie de nacionalismo con socialismo justo al terminar la Primera Guerra Mundial, bebió de algunos intelectuales franceses y de sus obras como Nacionalismo Socialista de Maurice Barrés o Reflexiones sobre la Violencia de Georges Sorel; así como de movimientos procedentes de Francia como por ejemplo Acción Francesa (Action Française) de Charles Maurras, un periodistas católico, socialista y ligado a la antigua monarquía de la Casa Borbón-Orleans, quién tras fundar el partido en 1899, tuvo gran repercusión mediática en la política nacional e internacional desde la publicación de su periódico La Revue de l’Action Française a partir del año 1908.

Partido Le Francismo de Marcel Bucard.

El período revolucionario de la izquierda en Francia con protestas y huelgas propició algunas iniciativas para la creación de fuerzas paramilitares ajenas al Estado Francés como previamente había pasado en Italia con los Camisas Negras. Así nació la Unión Cívica, no como unidad de choque, sino auxiliar para hacerse cargo de los servicios mínimos que los huelguistas abandonaban como era el caso de los conductores de camiones, telefonistas y señalizadores, muchos de los cuales eran ex-combatientes de la Primera Guerra Mundial que ejercieron estas funciones luciendo medallas como la Cruz de Guerra y la Legión de Honor. No obstante y pese a que la Unión Cívica no operaba como una milicia, de entre sus filas nacieron los Jóvenes Patriotas (Jeunesses Patriotes) que se organizaron en centurias armadas de cien hombres, siendo su élite la Brigada de Fuego (Brigade de Feu) y la Brigada de Batalla, cuyos militantes uniformados de color azul se batieron en las calles contra comunistas y socialistas hasta un total de 185 veces, muriendo cuatro de sus escuadristas durante una reyerta en el Barrio de Damrémont en París.

La Acción Francesa fue el primer movimiento en simpatizar con el modelo de la Italia Fascista de Benito Mussolini, pero no el único porque el siguiente en hacerlo fueron las denomiandas Juventudes Patrióticas, una escisión de la derechista Liga de los Patriotas promovida por Pierre Taittinger que tenía unas raíces profundamente anticomunistas, ultranacionalistas e incluso bonapartistas porque aspiraba reinstaurar el sistema militar y revolucionario del Emperador Napoleón Bonaparte. Sin embargo el primer partido fascista puramente de Francia fue el que fundó Georges Valois bajo el nombre de Le Fascieau, posteriormente rebautizado como Le Francisme o “Francismo” por Marcel Bucard, quién con 40.000 seguidores copió prácticamente todo el pensamiento del régimen mussoliniano, desde el corporativismo económico hasta adoptar el símbolo del líctor, además de aglutinar a una pequeña milicia de veteranos de la Primera Guerra Mundial que se articularon en los “Ancien Combattant” o “Viejos Combatientes”. De hecho otra formación gemela fue Solidaridad Francesa o “Solidarité Françoise” creado por François Coty que reunió en sus mejores tiempos a 180.000 afiliados, de los que 80.000 se ubicaban en París.

Desfile de militantes de Solidaridad Francesa.

Otro movimiento fascista en Francia fueron las Cruces de Fuego o “Croix de Feu” que aunque ya existían desde finales de la década de 1920, no comenzaron a actuar hasta alcanzada la década de 1930 cuando François de La Roque que había propuesto en sus discursos la defensa de un firme patriotismo como método de lucha al comunismo y al capitalismo, levantó una fuerza paramilitar de gran tamaño articulada en escuadras y columnas, la mayoría compuestas por soldados desmovilizados de la Gran Guerra. Al poco tiempo de organizarse estos milicianos que se contaron por miles, la organización se amplió con grupos universitarios, juventudes y hasta una sección femenina, cuyos miembros reunieron a millares de entusiastas en antiguos campos de la Primera Guerra Mundial y en desfiles que pasaron por debajo del Arco del Triunfo de París.

La crisis de Francia se fue acrecentando al principio de la década de 1930 y por tanto movimientos como las Cruces de Fuego y el Partido Comunista Francés aumentaron sus adeptos, sobretodo a la hora de lanzar un mensaje en contra de la corrupción debido a los continuos casos, como el “Escándalo Hanau” en que una mujer noble estafó a miles de inversores, el “Escándalo Oustric” en el que un banco robó el dinero de sus clientes, o el “Escándalo Aeropostale” en que una compañía de aerolíneas recibió dinero negro del Estado. No obstante el episodio por excelencia fue el “Escándalo Stavinsky” protagonizado por un grupo de políticos y un judío llamado Alexandre Stavenski, quién tras aparecer asesinado a manos de sus compañeros para que no hablase de los fondos desviados, la prensa por suerte se hizo eco del suceso y el 9 de Enero de 1934 se convocó una gran concentración en la Plaza de la Concordia de París, cuyos manifestantes se reunieron durante todo un mes, la mayoría socialistas y comunistas, a los cuales se sumaron desde el 6 de Febrero también los fascistas de la Cruz de Fuego, los nacionalistas de Acción Francesa y los bonapartistas de las Juventudes Patrióticas. Ante este extraño acuerdo entre la extrema izquierda y la extrema derecha que el 7 de Febrero derivó en un asalto conjunto contra la Asamblea Nacional mientras la multitud entonaba La Internacional y la Marsellesa, los agentes de la Gendarmería intervinieron aplicando una violencia extrema que propició una batalla callejera con la consiguiente muerte de 17 personas y heridas en otras 2.309.

Paralelamente a los problemas internos de Francia, también a nivel exterior la situación se complicó porque el Gobierno de París quedó en un segundo plano en favor de Italia por dos motivos: en primer lugar la amenaza de la Alemania Nacionalsocialista sobre Austria en 1934 se resolvió gracias a que tras la Conferencia de Stressa el Ejército Italiano tuvo la iniciativa de concentrarse en los Alpes para hacer recular a Adolf Hitler; mientras que en segundo lugar, la invasión que los mismos italianos llevaron a cabo sobre Etiopía en 1935 no generó una postura clara por parte de los franceses en la Liga de Naciones, algo que obligó a la dimisión del gabinete conservador del Primer Ministro Pierre Laval, quién casualmente sería el hombre fuerte de la Francia de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial. Aquella crisis se acrecentó aún más en 1936 cuando ganó las elecciones el Frente Popular (Front Populaire), una coalición marxista de partidos de izquierda impulsada por Iósif Stalin desde la Unión Soviética, que incluía en sus filas al Partido Comunista Francés, la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), el Partido Radical, la Liga de los Derechos del Hombre, el Movimiento Contra la Guerra y el Fascismo y el Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas, los cuales obtuvieron 5.629.000 de votos frente a los 4.218.000 de los demás con un total de 378 diputados frente a 200 de las derechas.

Bandera francesa de los Cruces de Fuego. Junto al emblema pone “Croix de Bois” o “Croix de Feu”.

A la victoria del Frente Popular a la cabeza del Primer Ministro León Blum, siguió un período de radicalización por parte de la izquierda que ni siquiera la aprobación de la jornada laboral a 40 horas semanales y un período de 15 días de vacaciones al año pudo frenar porque los trabajadores de la Fábrica Breguet se alzaron el 11 de Mayo de 1936, los de la Fábrica Bloch el 14, la Fábrica Nieuport el 26 y la Fábrica Renault el 27, siguiendo poco después los obreros de la Fábrica Simca y la Fábrica Citroën, además de promoverse una huelga de 350.000 ciudadanos en París que pronto alcanzó las 700.000 personas en toda Francia y posteriormente 4’5 millones que llevaron a cabo 12.142 protestas o manifestaciones de diferente grado. A este caos social el Gobierno de París no ocultó sus intenciones de ayudar en la Guerra Civil Española al Frente Popular de España, permitiendo el alistamiento de 12.000 voluntarios marxistas que marcharon a la Península Ibérica como parte de las Brigadas Internacionales articuladas en los Batallones “Commune de París”, “André Marty”, “Louise Michel”, “Henri Vuillemin”, “Henri Barbusse”, “Pierre Brachet” y “6 de Febrero”.

Milicia de los Cruces de Fuego.

El extremismo del Frente Popular provocó una respuesta del fascismo porque las Cruces de Fuego, que recientemente se habían disuelto para refundarse como el Partido Social Francés (PSF), enviaron a la Guerra Civil Española a 250 voluntarios dentro de la Compañía Juana de Arco “Jeanne d’Arc” que combatió del lado del Bando Nacional del general Francisco Franco durante la Batalla de Oviedo y el asedio de Madrid. De igual manera también surgió otra formación llamada “Le Calogue” o “La capucha” liderada por Eugène Deloncle, quién creó dos subramas armadas a las que bautizó como Organización Secreta de Acción Revolucionaria Nacional (OSARN) y Comité Secreto de Acción Revolucionaria (CSAR), cuyos miembros actuaron en ocasiones como pistoleros y causaron algún atentado en París. Sin embargo el movimiento más famoso de todos los existentes sería el Partido Popular Francés que sorprendentemente nacería de la mano del revolucionario marxista Jacques Doriot como una escisión del Partido Comunista Francés.

Partido Popular Francés y la II Guerra Mundial

Jacques Doriot, futuro fundado del Partido Popular Francés, había sido un destacado miembro del Partido Comunista Francés que protagonizó una brillante carretera dentro de esta organización tan ligada a la Unión Soviética. Desde sus más tempranos comienzos a inicios de la década de 1920 en los que había sido observador del Ejército Francés primero de los grupos bolcheviques de Hungría y luego de la ocupación italiana de Fiume sobre Yugoslavia, no tardó en afiliarse para ser nombrado secretario de las Juventudes Comunistas. Desde su nuevo puesto se opuso a la ocupación francesa del Ruhr en 1923, algo que le valió enemistarse con muchos dentro su formación, quienes siguiendo las órdenes del Kremlin eran favorables a todas las fuerzas internacionales que actuaran en contra de su propia patria. Estas intromisiones por parte de Iósif Stalin, sumado a que éste último presionó a los líderes franceses para que se asociaran con la Confederación Nacional del Trabajo (CGT), generó un profundo cisma y un enorme descontento en Doriot, sobretodo después de que se dieran de baja 70.000 de los 130.000 afiliados, incluyendo su jefe Ludovic Frossard. No obstante y pese a las injerencias de los rusos continuó trabajando hasta ser elegido delegado en China para establecer lazos entre el Partido Comunista Chino de Mao Tse-Tung y el Kuomintang del Presidente Chiang Kai-Shek. A su regreso a Francia no fue aupado a la cabeza de la Secretaría General debido a sus críticas hacia Moscú por desentenderse de sus camaradas chinos durante la Matanza de Shangai de 1927, aunque eso no lo impidió ascender en la VIIIª Asamblea Parlamentaria del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, donde fue detenido junto a un buen puñado de sus compañeros por la Gendarmería. Una vez puesto en liberad, Doriot fue elegido alcalde comunista por el Barrio de Saint-Denis de París, por lo menos hasta que tras empezar la “Gran Purga” en la URSS fue obligado a viajar a Rusia para ser “reeducado”, algo a lo que se negó sabiendo que sería asesinado, por lo que sintiéndose muy descontento con el marxismo decidió hacerse fascista y darse de baja del Partido Comunista Francés.

Jaques Doriot,hablando en un mítin del Partido Comunista Francés.

Como alternativa al Partido Comunista Francés inmediatamente Jacques Doriot y su lugarteniente Victor Barthélemy fundaron el Partido Partido Popular Francés (Parti Populaire Français) como un movimiento fascista de carácter corporativista, anticapitalista y anticomunista, que además copió el antisemitismo contra los judíos y la masonería del nacionalsocialismo alemán, sin contar con que añadió iniciativas propias como un programa de proletarización tanto en el ámbito rural como en la industria y la creación de un “Frente de la Libertad” contra el peligro exterior de la Unión Soviética. Al igual que otros fascismos de la época también creó su propia milicia uniformada conocida como Servicio del Orden (Service d’Ordre) y una organización juvenil bautizada como los Jóvenes Populares Franceses, llegando a reunir más de 120.000 afiliados, a editar dos periódicos titulados La Emancipación Nacional y El Grito del Pueblo, y a implantarse el saludo romano al grito de “En Avant, Jaques Doriot” o “Adelante, Jaques Doriot”.

El discurso antimarxista del Partido Popular Francés no pudo apenas ser explotado cuando tras la anexión de Austria y los Sudetes a costa de Checoslovaquia por parte de Adolf Hitler en el año 1938, el Gobierno del Frente Popular Francés al mando del Presidente León Blum cayó inmediatamente después de suscribirse los Pactos de Munich para abrazar el poder el Partido Radical del Presidente Edouard Daladier. Sería precisamente este gabinete el que tras la invasión de Alemania a Polonia, declaró junto al Reino Unido las hostilidades a Alemania, dando así inicio a la Segunda Guerra Mundial el 3 de Septiembre de 1939.

La Segunda Guerra Mundial no fue bien recibida en Francia a diferencia de la Primera Guerra Mundial, ya que la izquierda laica y anticonservadora era contraria a luchar contra Alemania por agredir a una nación derechista y católica como Polonia. A raíz del antibelicismo imperante hubo fuertes protestas y manifestaciones en las calles de París, a las que pronto se añadió la inesperada agresión de la Unión Soviética contra Polonia, tal y como estipulaba el Pacto Germano-Soviético “Ribbentrop-Molotov” suscrito entre Adolf Hitler y Iósif Stalin para repartirse Europa Oriental. Como consecuencia de esta alianza antinatural entre el nacionalsocialismo alemán y el comunismo soviético que acabaron por doblegar al Estado Polaco, el Kremlin emitió órdenes al Partido Comunista Francés para que conspirase contra su propia patria en favor de los alemanes, por lo que nada más descubrir las autoridades aquella traición, el 27 se ilegalizó a la formación mediante casi 11.000 redadas policiales en las que se arrestó a 33 diputados y se obligó a otros 21 a pasar a la clandestinidad, se disolvió a 300 ayuntamientos con 2.778 concejales y se clausuró a sus periódico L’Humanité, Ce Soir y otras 159 publicaciones. A causa de esta quiebra social en todo el país, a principios de 1940 cayó el gabinete del Presidente Edouard Daladier para ser sustituido por los conservadores del Presidente Paul Reynaud, quién muy imprudentemente prometió a su pueblo la victoria sobre el Tercer Reich.

Cartel del Partido Popular Francés.

Inesperadamente el 10 de Mayo de 1940, el Ejército Alemán (Wehrmacht) invadió Europa Occidental ocupando en tiempo récord Holanda, Bélgica y Luxemburgo, al tiempo en que atraía al Ejército Francés y al Cuerpo Expedicionaria Británico hacia una trampa, pues todo el poder acorazado de la Guerra Relámpago (Blitzkrieg) se concentró en el Bosque de las Ardenas y en el Río Mosa, rompiendo las divisiones Panzer el frente por el Sedán y dejando embolsados a los Aliados que fueron completamente destruidos, salvo por un porcentaje de tropas británicas que fueron evacuadas desde el puerto de Dunkerque. Acto seguido las fuerzas germanas entraron en Francia mientras los combatientes del Ejército Francés desertaban o se amotinaban contra sus oficiales, a veces alentados por militantes del Partido Comunista Francés que colaboraron con los invasores siguiendo las directrices de Moscú.

El 14 de Junio de 1940 las tropas del Ejército Alemán entraron en París y desfilaron por los Campos Elíseos y el Arco de Triunfo, mientras que dos días después, el 16, el Gobierno de la Tercer República situado en Burdeos dimitió y huyó a Londres para ceder el testigo al Mariscal Philippe Pétain, héroe de la Batalla de Verdún en la Primera Guerra Mundial, quién tras asumir los plenos poderes ratificados por la Asamblea Nacional, firmó el día 22 con Alemania el Armisticio de Compiègne y el 25 con Italia el Armisticio de Villa Incisa. Una vez derrotado el país y ocupado por las potencias del Eje, los vencedores autorizaron la existencia de un estado títere de carácter filofascista que sería conocido como la Francia de Vichy.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, ¿Hitler o Napoleón?, “De la victoria a la derrota. Francia, 1918-1940”, García Hispán Editor (2000), p.25-41
-Robert Gerwarth & Johne Horne, War in Peace, Paramilitary VIolence in Europe after Great War, “Paramilitary Politics in France 1918-1921”, Oxford University Press (2012), p.224-231
-Ignacio Marina Grimau, La Francia más entregada, Revista Muy Historia (2009), p.76-81
-Donny Gluckstein, La Otra Historia de la Segunda Guerra Mundial. Resistencia contra Imperio, “Francia, Gloria Imperial contra Ideología de la Resistencia, Ariel (2013), p.101-102
-http://en.wikipedia.org/wiki/French_Communist_Party
-http://fr.wikipedia.org/wiki/Croix-de-feu
-http://fr.wikipedia.org/wiki/Jacques_Doriot