Nacionalismo Flamenco

La región de Flandes al norte de Bélgica fue una de las zonas de Europa Occidental que más activamente colaboró con la Alemania Nacionalsocialista en la Segunda Guerra Mundial. La razón de estrechar lazos con el Tercer Reich fue el odio que sentían los flamencos de origen holandés a sus vecinos francófonos de Valonia y sobretodo las ansias de independencia bien para proclamarse soberanos o bien para unificarse con los Países Bajos, algo que sin duda los llevó a lanzarse en brazos de los germanos combatiendo en todos los teatros de operaciones como parte del Ejército Alemán o las Waffen-SS.

Flandes era el territorio intermedio entre los Países Bajos al norte y Valonia al sur, cuyas tierras estaban habitadas por la etnia de los flamencos que a diferencia de los latinos francófonos al sur, hablaban un dialecto holandés y eran de raza germánica. Históricamente desde la Edad Media el lugar había sido codiciado por el Reino de Francia que poseía más abajo el Ducado de Borgoña, por lo menos hasta que en el siglo XV pasó a manos del España durante el Emperador Carlos V, naciendo desde entonces una amistad hispano-flamenco que derivó en los famosos combatientes de los «Tercios de Flandes».

En la Edad Moderna el territorio de Flandes pasó de España al Imperio Sacro-Germánico de la Casa Habsburgo, al mismo tiempo en que unas diminutas porciones fueron transferidas a la recién independizada Holanda con la Paz de Westfalia de 1648. Posteriormente, ya en el siglo XVIII, las zonas meridionales flamencas fueron sometidas por Francia después de la Guerra de Sucesión Española y el Tratado de Ultrecht de 1713, quedando la región encajonada entre los Imperios Francés y Holandés. Así fue como en el siglo XIX se llegó a una solución cuando en 1830 nació el Reino de Bélgica como una especie de «estado tapón» entre franceses y holandeses, donde lamentablemente los flamencos quedaron en un segundo plano ante la hegemonía política y culturas de los valones francófonos, estos últimos protegidos por el Gobierno de París.

Emblema de la Unión Nacional Flamenca.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914 y Alemania invadió Bélgica, las fuerzas ocupantes se aprovecharon de la germanofilia de los flamencos en contra de Francia, creando el denominado Consejo Flamenco que estableció un «gobierno títere» en Flandes. Paralelamente en el Ejército Belga que combatía en las trincheras del Frente Occidental se creó una «quinta columna» bautizada como Movimiento del Frente o «Frontbeweging», en los que conspiraron infinidad de flamencos, ya que el 70% de los soldados eran de esta nacionalidad mientras que en el caso de la oficialidad el 80% eran valones. Desgraciadamente dichos insurgentes no sólo tuvieron tiempo de alzarse, sino que al terminar la Gran Guerra con la victoria de los Aliados en 1918, los vencedores disolvieron el Consejo Flamenco y el Movimiento del Frente, condenando a 45 miembros a la pena de muerte y a otros 112 a cadena perpetua (aunque al final la presión popular generó que se conmutaran las penas capitales por prisión).

En 1919 nació en Flandes el Partido del Frente Flamenco (Frontbeweging Vlaamsche Front) que propuso la posibilidad de disolver Bélgica y una autonomía casi total para las tierras flamencas, obteniendo su mejor resultado en las elecciones de 1925 con 132.000 votos y 11 escaños en el Parlamento de Bruselas. Al cabo de siete años, en 1932, surgió la Liga Nacional Solidarista Neerlandesa (Verbond Van Dietse Nationaal Solidaritsen) dirigida por Joris Van Severen que se constituyó como el primer movimiento fascista de Flandes y que propugnaba una reunificación de los flamencos con la vecina Holanda, además de crear su propia milicia paramilitar denominada (Dinaso Militantenorde) al mando de Jef François. También algo más tarde existió un grupo nacionalsocialista conocido como la Comunidad del Trabajo Germano-Flamenca (DeVlag) al frente Jef Van de Wiele que promovía unirse con el Tercer Reich de Adolf Hitler.

El 8 de Octubre de 1933 se fundó Liga Nacional Flamenca (Vlaamse Nationaal Verbond) que incluyó a todos los demás movimientos secesionistas de Flandes, la mayoría de carácter católico, ultranacionalista e incluso fascista revolucionario, siendo sus líderes un cuadriunviro conformado por Staf de Clerq, Ernest Van der Beghe, Henrik Elias y Tony Hebert. Gracias a esta unidad de los diversos grupos en las elecciones de 1936 el partido obtuvo 16 escaños con 166.737 sufragios y en las de 1939 unos 17 escaños con 164.253 votos, justo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Reunión de la Liga Nacional Flamenca.

Al producirse la invasión de Alemania a Europa Occidental en Mayo de 1940, las tropas del Ejército Alemán irrumpieron en Bélgica, logrando aplastar al Ejército Belga y poner en retirada tanto al Ejército Francés como al Cuerpo Expedicionario Británico. Durante este repliegue los soldados franceses que odiaban a los flamencos, fusilaron a 21 personas en un acontecimiento turbio conocido como la Matanza de Abbeville, estando entre las víctimas varios militantes de origen neerlandés como Jan Rijkoort y Joris Van Severen, este último el jefe de la Liga Nacional Solidarista Neerlandesa. Contrariamente las tropas alemanas que supuestamente eran las invasoras se comportaron dignamente con los autóctonos, ya que nada más ser conquistadas Holanda, Bélgica y Francia, se concedió la libertad a los 79.000 combatientes flamencos que habían servido en el Ejército Belga como gesto de buena voluntad a Flandes.

Ocupada Bélgica por Alemania en seguida se otorgó la autonomía a Flandes gracias a las negociaciones que mantuvieron en Berlín los líderes del Tercer Reich con el representante flamenco Ward Hermans. Así fue como gestionaron el control de las ciudades y pueblos los militantes fascistas de la Liga Nacional Flamenca, por aquel entonces con 100.000 militantes en sus filas al mando de Staf de Clerq, quién al frente de una organización muy polarizada en distintos movimientos, tuvo que hacer de puente entre los radicales nacionalsocialistas de Reimond Tollenare con los corporativistas católicos de Henrik Elias. Paralelamente en algunos puntos del país con cierta población de habla alemana, se colocó en la administración a la Comunidad del Trabajo Germano-Flamenca con 51.000 miembros que siempre mantuvo muy buenas relaciones con el Ejército Alemán, pero sobretodo con las SS.

Como fuerza de protección de la Liga Nacional Flamenca en todo el territorio de Flandes, surgió la Milicia Dietse que aglutinó a 25.000 flamencos equipados con armas ligeras para ejercer labores de seguridad y reconocibles sus miembros por vestir uniformes negros. Los principales cuerpos de esta agrupación fueron la Brigada Negra (Zwarte Brigade) que estaba constituida por milicianos al estilo de los Camisas Negras en Italia o las SA en Alemania, pero también la Brigada Motorizada (Motor Brigade) con algunos vehículos para el desplazamiento rápido y la Brigada Auxiliar (Hulp Brigade) en cuyas filas se incorporaron voluntarios de avanzada edad o en condiciones físicas poco aptas para operaciones bélicas. Hubo incluso unas Juventudes Hitlerianas Flamencas con niños menores de 17 años que a veces protagonizaron actividades de patrulla o fueron instruidos con vistas a servir en un futuro en las fuerzas regulares del Eje.

Las SS pronto se instalaron en Bélgica en el verano de 1940, siendo la región de Flandes la única fuera de Alemania que contó con una Allgemeine-SS propia conformada por «no alemanes», en concreto la Algemeene Schutscharen Vlaanderen, también conocida como «Allgemeine-SS Flamenca». Al frente de Ward Hermans y Rene Lagrou, la organización se dotó de un cuerpo policial armado y semimilitarizado para mantener el orden en la retaguardia que en su momento álgido contó con 3.499 miembros repartidos en batallones «sturmbann» y regimientos «standarte», entre ellos con 600 residentes flamencos en el Tercer Reich que regresaron a su patria, e incluso creó una escuela de instrucción para menores de edad aspirantes a la unidad en la llamada «Nápola de Kwatrech».

Miembros de la Liga Nacional Flamenca, la Allgemeine-SS Flamenca y las Juventudes Hitlerianas Flamencas en Bruselas.

Pronto surgió una competencia entre las Waffen-SS y el resto de ramas de las Fuerzas Armadas Alemanes (Heer) por capitalizar el movimiento nacional de Flandes. Así nació la Guardia Flamenca (Vlaamse Wacht) compuesta por 2.605 veteranos y reservistas del extinto Ejército Belga distribuidos en cuatro batallones sobre las ciudades de Bruselas, Gante, Amberes y Brujas que dependieron del Ejército Alemán (Wehrmacht) para suprimir las primeras células de la floreciente Resistencia Belga. Simultáneamente se creó la Brigada de Guardia (Wacht Brigade) con otros 3.362 voluntarios dentro de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) que llevaron a cabo labores de vigilancia en aeropuertos y fábricas de aviones sobre Bélgica y el norte de Francia. Sin embargo la agrupación más importante fue el Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco (NSKK “Flandern”) que contó con 3.267 efectivos equipados con vehículos y motocicletas en los 4º y 6º Regimientos, ambos con funciones polivalentes tanto de seguridad interior como de fuerza de choque en los frentes bélicos.

Curiosamente y aunque las Waffen-SS y las Fuerzas Armadas Alemanas compitieron por acaparar todo lo relacionado con el nacionalismo en Flandes, casi toda la seguridad del territorio recayó en instituciones que ya existían antes de la ocupación en el Estado Belga. Aquel fue el caso de la Policía Belga y la Gendarmería Real (Rijswacht), esta última paramilitarizada, que se encargaron de desarticular a la Resistencia Belga; lo mismo que los 28.000 milicianos flamencos que protegían las comarcas y entornos naturales encuadrados en la Guardia Rural (Boerenwatch), los 500 hombres que custodiaban fábricas y talleres como parte del Grupo de Vigilancia “Nordland” (Wachtgruppe ”Nordland”), los 100 que guardaban las instalaciones portuarias del Destacamento de Marina “Cockerill” (Kriegsmarine Werkschutz “Cockerill”) o los 50 del Grupo de Escolta (Velighheidskorps).

La noticia de la invasión de las potencias del Eje a la Unión Soviética durante la “Operación Barbarroja” el 22 de Junio de 1941, despertó las pasiones en Flandes porque la Liga Nacional Flamenca en seguida llamó a sus ciudadanos a movilizarse en la denominada “Cruzada contra el Bolchevismo” que se estaba gestando a lo largo y ancho de Europa. Así nació la Legión Flamenca (Flandern Legion) con 1.112 voluntarios flamencos que marcharon a Rusia para combatir en el asedio a Leningrado y sobretodo para contener las ofensivas del Ejército Rojo sobre las heladas aguas del Río Voljov que sin éxito trataron de romper las líneas del Grupo de Ejércitos Norte. También el Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco tomó parte en la campaña, siendo la primera víctima mortal flamenca precisamente de esta unidad, en concreto el soldado Jef Van Mierop, mientras sus compañeros llevaban a cabo misiones antipartisanas sobre Ucrania, Bielorrusia y Rusia, exactamente en puntos como Brest-Litovsk, Minsk, Borisov, Orsha, Smolensk, Vyzma y Bryansk, formando parte de los Grupos de Ejércitos Centro y Sur.

Las Juventudes Hitlerianas Flamencas junto a la Torre del Yse

Desde 1942 aumentó la colaboración entre Flandes y el Tercer Reich porque 500 marineros flamencos se enrolaron en la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) para prestar servicio a bordo de dragaminas, cazasubmarinos y submarinos durante la Batalla del Atlántico, pero también cuatro pilotos de esta nacionalidad volaron aviones de la Luftwaffe en la defensa aérea de Europa e incluso dos voluntarios combatieron como soldados del Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel sobre las arenas del Desierto del Sáhara. Respecto al Frente Oriental, la Legión Flamenca continuó su actividad en el Río Voljov contribuyendo junto a otras fuerzas del Eje a aniquilar tres ejércitos soviéticos entre Bol-Samoschie y Mal-Samoschie; al tiempo en que el Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco invadía el Cáucaso por Rostov y alcanzaba objetivos tan distantes como Krasnodar y los campos petrolíferos de Maikop.

Aquel año 1942 la Liga Nacional Flamenca sufrió un duro varapalo porque el líder del ala nacionalsocialista Reimond Tollenare cayó combatiendo en Rusia como parte de la Legión Flamenca; mientras que el jefe máximo que era Staf de Clerq, también falleció por muerte natural en Bélgica. Como consecuencia de esta inesperada desaparición de los principales dirigentes, tomó el mando Henrik Elias que representaba a los corporativista católicos, precisamente el que tenía peores relaciones con Alemania y que dificultó el reclutamiento de voluntarios a las SS, favoreciendo en su lugar a otras organizaciones en todo lo relacionado con el enrolamiento como el Ejército Alemán o la Fuerza Aérea Alemana. A esta crisis política en Flandes, hubo que añadir la mala marcha de la contienda porque uno de los batallones flamencos de trabajadores fue cercado y destruido por el Ejército Rojo durante la “Operación Urano” en la Batalla de Stalingrado que embolsó al VI Ejército Alemán, además de ser un contingente del Cuerpo Nacionalsocialista Flamenco parcialmente aniquilado en Rossach hasta que los supervivientes fueron liberados mediante un contraataque el 15 de Enero de 1943.

Como 1943 fue el “punto de inflexión” de la Segunda Guerra Mundial el Tercer Reich exigió más compromiso a Flandes y a los representantes de la Liga Nacional Flamenca, algo que se tradujo en un principio políticamente con el nacimiento de nuevas entidades como por ejemplo la Asociación de Veteranos Flamencos (Verbond der Vlaamse Oudstrijers) y la Asociación de Nuestros Jóvenes en el Frente del Este (Voor Onze Jogens Aan Het Osstfront o «VOJO») que impulsaron el reclutamiento y llevaron a cabo colectas para todos los voluntarios de diversas unidades militares destinados al Frente Oriental, además de ser enviados 16.000 trabajadores a las industrias del Ruhr en Alemania como parte de la Organización “Todt”. También se abrieron nuevas plazas en la Escuela Militar de Bad Tölz en donde estudiaron 248 oficiales flamencos y se reclutaron a 750 enfermeras flamencas para la Cruz Roja Alemana, de las cuales dos de ellas serían condecoradas por sus servicios sanitarios, en concreto Lucie Lejeune y Martha Clement.

Mientras tanto en Rusia la Legión Flamenca desplegada en el Río Voljov y que recientemente junto a la División Azul Española había derrotado al Ejército Rojo en la Batalla de Krasny Bor, fue reconvertida y ampliada con 2.202 nuevos efectivos en la Brigada SS de Granaderos Flamenca “Langemarck” que combatió sobre Ucrania, retrasando el avance de los soviéticos sobre el área de Zithomir. También los nuevos enrolamientos en Flandes mejoraron el organigrama de otras unidades como el Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco que se distinguió en la Batalla de Kharkov o las unidades de la Luftwaffe al ingresar 2.000 hombres en la Brigada de Artillería Antiaérea Flamenca (Flamische Flakbrigade) que protegió el espacio aéreo de Europa Occidental. Igualmente las Waffen-SS fueron de costumbre las que más se beneficiaron de los flamencos porque 650 sirvieron en la 5ª División SS Panzer “Wiking”, 300 en la 2ª División SS Panzer “Das Reich” y un puñado en la 11ª División SS Panzer “Norland”.

Cartel para alistarse en la Legión Flamenca de las Waffen-SS.

Gradualmente la contienda se fue deteriorando para el Eje entre finales de 1943 y principios de 1944 porque en el propio Flandes las fuerzas colaboracionistas aumentaron sus choques contra los partisanos de la Resistencia Belga, sin obviar con que la aviación de Estados Unidos y Gran Bretaña triplicaron sus bombardeos, sobretodo contra las rampas de los misiles V-1 que en algunos casos estaban operados por personal flamenco. Al otro lado de Europa en el Frente Oriental, la Brigada SS de Granaderos Flamenca “Langemarck” atrincherada en Estonia, consiguió alguna de sus proezas más espectaculares en la Batalla de Narwa porque durante la defensa de la Colina Kinderheim eliminó a miles de soviéticos y les destruyó 30 tanques, sobresaliendo especialmente el artillero Remy Schrinjen que ostentaría el récord de pulverizar 35 carros con su cañón a lo largo de toda la Segunda Guerra Mundial. Respecto al Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco fue enviado a los Balcanes para combatir a los partisanos helenos sobre Grecia, principalmente en Atenas y Salónica, pero posteriormente fue trasladado a Albania para hacer lo mismo contra los guerrilleros albaneses del líder comunista Enver Hoxa.

Cuando tuvo lugar el desembarco de Normandía el 6 de Junio de 1944, unos pocos artilleros y auxiliares flamencos que servían en las Baterías de Costa de la Kriegsmarine (Marine Kustten Batterie) intentaron repeler sin éxito la invasión del Ejército Estadounidense y del Ejército Anglo-Canadiense en la famosa “Muralla Atlántica”. Una vez los Aliados rompieron el Frente Occidental de Francia y entraron en París, las pocas unidades flamencas sobre suelo galo se retiraron a la propia Bélgica, donde se incrementaron los actos de sabotaje de la Resistencia Belga en Flandes, aunque todavía los nacionalistas flamencos del Grupo de Escolta infligirían a los insurgentes una derrota destapando y arrestando una célula de 304 partisanos y un oficial británico entre el 24 de Julio y el 24 de Agosto de 1944.

Al entrar los Aliados en Bélgica en el verano de 1944, las unidades colaboracionistas al servicio del Eje y las autoridades de la Liga Nacional Flamenca huyeron hacia los Países Bajos o la orilla opuesta del Río Rin. Algunos se quedaron a combatir, como un batallón de la Guardia Flamenca que el 4 de Septiembre contuvo algunos ataques del Ejército Canadiense en el puerto de Amberes. Sin embargo una vez todo el territorio de Flandes estuvo en manos de las fuerzas de la Commonwealth, al menos dos batallones de la Guardia Flamenca y una unas pocas baterías de la Brigada de Artillería Antiaérea Flamenca, impidieron que sus enemigos invadieran la vecina Holanda, ya que contribuyeron a la derrota del Ejército Británico en la Batalla de Arnhem, sin obviar con que otros 200 soldados del Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco frenaron el progreso del Ejército Estadounidense entre Nimega y Mook durante la «Operación Market-Garden».

Voluntarios de la 27ª División SS de Granaderos Flamenca «Langemarck» hacia el Frente Oriental.

El deterioro del Frente Occidental a finales de 1944 condujo al Cuerpo Motorizado Nacionalsocialista Flamenco a ayudar al Ejército Alemán en labores logísticas durante la Batalla de las Ardenas, mientras que en el Frente Oriental los supervivientes flamencos de la 5ª División SS Panzer “Wiking” se desangraron durante la ofensiva del Lago Balató en Hungría a inicios de 1945. A pesar del caos, la Liga Nacional Flamenca que estaba exiliada en Berlín no cesó en su propósito de luchar por la independencia de Flandes, pues autorizó a 500 flamencos a enrolarse en los comandos del oficial Otto Skorzeny que pelearon contra los rusos al oeste de Polonia e incluso pactó con las Waffen-SS la creación de una división que nació a partir de la disolución de los Brigada SS de Granaderos Flamenca “Langemarck”.

La 27ª División SS de Granaderos Flamenca “Langemarck” fue la última unidad construida por la Liga Nacional Flamenca con más de 15.000 voluntarios que rápidamente fueron enviados a Pomerania, contribuyendo a liberar a una serie de unidades cercadas del Eje en Arnswalde mediante la “Operación Sonnenwende” lanzada a principios de 1945. Posteriormente estos combatientes libraron una campaña muy sangrienta en el Río Oder, defendiendo plazas como Prenzlay y Eberswalde, pero sobretodo en la ciudad de Stettin, donde causaron considerables bajas humanas y materiales al Ejército Rojo. De hecho hubo un pequeño contingente que participó en los enfrentamientos callejeros de la capital durante la Batalla de Berlín.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en Europa, la 27ª División SS de Granaderos Flamenca “Langemarck” se rindió a las tropas del Ejército Estadounidense al norte de Alemania el 4 de Mayo de 1945, aunque algunos contingentes aislados lo hicieron al Ejército Rojo el día 8 en Meckelemburgo. La Liga Nacional Flamenca fue inmediatamente disuelta por los vencedores y todos sus líderes, incluyendo un buen puñado de veteranos del Frente Oriental, repatriados a Bélgica para sufrir una injusta represión en forma de asesinatos, ejecuciones y encarcelamientos masivos por parte del nuevo Gobierno Belga.

Aproximadamente entre 1940 y 1945 un total 80.000 voluntarios flamencos colaboraron con la Alemania Nacionalisocialista, entre estos 25.000 como combatientes regulares en las Fuerzas Armadas Alemanas o las Waffen-SS, así como otros 55.000 como milicianos en las diferentes unidades paramilitares dentro de Bélgica. Ante estas cifras tan elevadas y de que Flandes nunca fue considerado como un territorio ocupado al gozar de un estatus autónomo paralelo al Tercer Reich, convirtió de manera incuestionable al nacionalismo flamenco en el más leal de Europa Occidental durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Cruces de Abedul. Voluntarios Flamencos en la Campaña de Rusia 1941-45, García Hispán Editor (2018), p.13-141
-https://en.wikipedia.org/wiki/Vlaams_Nationaal_Verbond