Los «Balillas» y la Juventud Fascista

Bajo el lema de «Creer, Obedecer, Combatir» («Credere, Obedecire, Combattere») más de 8 millones de jóvenes italianos se guiaron en su formación ideológica como personas y futuros guerreros que debían constituir la vanguardia y la élite de la Italia Fascista. Así fue como desde muy niños los latinos ya recibían adiestramiento como parte de la milicia infantil de la Obra Nacional Balilla, para posteriormente ingresar en la Juventud Italiana del Líctor y en caso de continuar sus estudios encuadrarse en los Grupos Universitarios Fascistas.

Balillas ante un monumento de la Primera Guerra Mundial.

La búsqueda del fascismo por el «Italiano Nuevo» condujo a que en 1926 el Vicesecretario del Partido Nacional Fascista, Giuseppe Bastianini, fundase la Obra Nacional Balilla (Opera Nazionale Balilla u ONB) con la finalidad de instruir a los menores de edad de todo el país desde la más pronta infancia. La organización quedó dividida mediante una orden del Ministerio de Educación Nacional en 1927 según franjas de edad y sexo de la siguiente manera: los Hijos e Hijas de la Loba entre los 6 y 8 años, los Balilla de 8 a 13 años, los Vanguardistas de 13 a 18 años y las Piccole e Giovane Italiane para niñas y chicas, además de existir una rama paralela mucho más paramilitarizada en los adolescentes que se denominó Fasces Juveniles de Combate.

Los valores de los Balillas se resumían en puro patriotismo y obediencia a Benito Mussolini mientras los chicos era instruidos y adiestrados por sus superiores siguiendo un riguroso programa a nivel político, fascista y militar. Entre las principales actividades estaban el deporte, el ejercicio físico, las asambleas y los campamentos en plena naturaleza conocidos como «DUX», aunque también se les enseñaba a trabajar en comunidad, a cumplir las órdenes de sus superiores y a veces a disparar con fogueo, además de actividades domésticas en el caso de las chicas que igualmente también debían realizar las mismas pruebas deportivas y de defensa paramilitar que los varones. Hubo incluso ocasiones en que se escogió a los pequeños para custodiar con armas de fuego edificios públicos y algunos monumentos históricos de la Antigua Roma y la Primera Guerra Mundial.

Balillas ante el Arco de Triunfo.

De forma paralela a los Balilla existieron los «Boy Scouts» de la Iglesia Católica que después del Tratado de Letrán entre Italia y el Vaticano fueron fusionados a los Fasces Juveniles de Combate. Fruto de dicha unión surgió la Juventud Italiana del Littorio (Gioventù Italiana del Littorio o GIL) que continuó con los mismos programas de instrucción deportiva e ideológica que sus predecesores, normalmente impartida por oficiales del Ejército Real Italiano o Camisas Negras de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional (MVSN), bajo el lema de «hacer a los fascistas del mañana». De hecho muchos de los jóvenes que recibieron adiestramiento en esta organización conformaron los Batallones de Jóvenes Fascistas que combatirían en África durante las campañas coloniales y la Segunda Guerra Mundial.

Campamento de los Balillas.

Finalmente en la década de 1930 nacieron los Grupos Universitarios Fascistas (Gruppi Universitari Fascisti o GUF) primero en la Escuela Mística de Milán y luego en toda Italia, siempre con estudiantes nacidos antes de la Marcha sobre Roma de 1922 que se dedicaban a transmitir mediante conferencias, convenciones, reuniones y espectáculos los valores del fascismo a los jóvenes, organizándose por campus que disponían de sus propios estandartes, uniformes, medallas y condecoraciones. Entre las iniciativas de sus miembros estuvo la celebración de una competición de conocimientos fascistas que fue conocida como Lictorales para la Cultura y el Arte, así como la publicación de unas glosas de todos los discursos de Benito Mussolini en Bolonia a las que titularon Lecturae Ducis. Obviamente toda esta juventud fascista fue movilizada en la Segunda Guerra Mundial y constituyó sus propias unidades militares sobre teatros de operaciones como los Balcanes o el Norte de África.

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Las Organizaciones Juveniles», Susaeta, (2003), p.107
-Xavier Valls Torner, El culto al Duce, Revista Historia y Vida Nº528 (2012), p.78