La Francia de Entreguerras

 

Cuando Alemania se rindió en 1918, Francia sería el país que pondría sanciones más duras a los vencedores. Tanto Gran Bretaña como Estados Unidos no habían tenido tantos muertos en comparación con Francia en la Primera Guerra Mundial, ya que 1.400.000 franceses habían muerto, es decir, el 10′ 5% de la población masculina del país. Más 4.266.000 hombres estaban heridos o mutilados, eso sin contar los miles de desaparecidos. Después de esta gran masacre para conseguir la victoria no era muy raro a ojos del mundo que Francia tratara tan mal y con dureza a las vencidas Alemania, Turquía, Austria, Hungría y Bulgaria.

Woodrow Wilson, Presidente de Estados Unidos, redactó el programa de los “14 Puntos” que consistían en castigar a Alemania con unas reparaciones de guerra menos estrictas y no tan duras. Pero Francia y su Primer Ministro Georges Clemenceau se negaron en rotundo a aceptarlas, pues sus bajas habían sido mucho mayores que las de los Aliados. Lógicamente París quería venganza e impondría el injustísimo Tratado de Versalles.

El Tratado de Versalles consistió en despojar a Alemania de todo su honor. Las provincias alemanas de Alsacia y Lorena fueron entregadas a Francia, así como las colonias en África de Togo, parte de Camerún y el África Sudoccidental. Francia también apoyó la independencia de Polonia para privar a Alemania tener contacto con Prusia, siendo la zona de demarcación el Pasillo de Danzig y el Río Imen. Tambié aprobó desencajar un territorio prusiano a favor de la independizada Lituania en Memel. Las reparaciones económicas fueron inmensas a favor de Francia, tanto que incluso Alemania no podía pagarlas. La flota mercante alemana fue embargada y las compañías extranjeras repartidas por los vencedores. Para que Alemania cumpliera con su pago se le hizo entregar las minas del Sarre y las tropas coloniales francesas y marroquís ocuparon la industrializada zona del Rin. Alemania también fue privada de ejército y de armas modernas, sólo podía tener 100.000 soldados como fuerza de seguridad interior y de esta manera ya no podría hacer frente a ninguna otra potencia. Francia no sabía donde se había metido al imponer aquella injusticia, pues el odio desatado en Alemania contra la nación gala fue brutal.

El Tratado de Neully como castigo a Turquía en la Primera Guerra Mundial sería lo único que daría un positividad para Francia, ya que obtendría las naciones de Siria y Líbano a su Imperio. Al igual que en Alemania, ese tratado causaría numerosas revueltas musulmanas que le aportarían más de un problema, como la retirada en Anatolia durante la Guerra de Independencia Turca.

Niñas depositan flores a un ser querido muerto durante la Primera Guerra Mundial.

La III República Francesa había ido realmente mal para los galos, pero ahora que Alemania y Austria-Hungría habían desaparecido, el Imperio Otomano estaba disgregado y con Rusia en plena Revolución Bolchevique y con una guerra civil que la tenía sumido en la miseria, Francia era la única potencia dominante en el continente.

Con el resultado victorioso en la Gran Guerra y como potencia continental dominante, esta vez todos los franceses esperaban que las cosas irían mejor y que las injusticias sociales tocarían a su fin, nada más lejos de la realidad.

La ruina económica sumía a Francia y la tenía colapsada financieramente por los costes de guerra que tenía que indemmnizar a Estados Unidos por la ayuda bélica prestada durante el conflicto. Por si fuera poco las compañías norteamericanas eran muy estrictas a la hora de cobrar y no toleraban ningún retraso monetario, por lo que Francia para poder sacar dinero presionaba a la arruinada Alemania con la intención de que pagara el castigo de sus reparaciones de guerra lo antes posible y así poder saldar su deuda a los estadounidenses. Esa situación provocó un hundimiento económico en Alemania al no poder pagar las indemnizaciones a Francia, por lo que tampoco esta pudo pagar las obligaciones a los Estados Unidos. Toda aquella situación derivó en una crisis monetaria que dejó a Francia en bancarrota.

En política la III República Francesa era otro caos. El sistema electoral seguía tan corrupto como décadas atrás en el siglo XIX y los políticos no pensaban más que en el poder sin hacer ninguna ley social que favoreciera a los obreros ni a los trabajadores. El mejor político que llevó a Francia a la victoria en la Primera Guerra Mundial fue Georges Clemenceau, que para 1920 partía como favorito en todo el país y con el apoyo del pueblo, pero la Asamblea de París era tan egoísta con sus ciudadanos que en lugar de escucharles y ceder el puesto a Clemenceau, optaron por elegir como Primer Ministro a Paul Deschanel, un hombre que dimitió poco después por su estado de salud mental inadecuado para dirigir el Estado. Tras este hecho el pueblo francés perdió la esperanza en los goberantes y políticos, pues ellos mandaban y hacían lo que querían sin el consentimiento popular.

El caos social también tenía afectado al país y crecía peligrosamente hacia una revolución. Ese año 1920 Francia entró en un periodo huelguístico que provocó una grave crisis social. Las continuas huelgas de obreros terminaron en una represión por parte del Ejército Francés y la Gendarmería (Gendarmerie) que tuvo que intervenir violentamente. Las cárceles de Francia se llenaron de presos mientras en la calle sindicalistas y obreros reclamaban una mejora sindical y salarial.

Traicionados se vieron los veteranos de la Primera Guerra Mundial por su propio país después de todo el horror padecido en el conflicto, ya que todas las ayudas económicas prometidas por el Gobierno, tanto por heridas como daño psicológico, no fueron cumplidas haciendo que los excombatientes cayeran en un silencioso olvido. Eso repercutiría de manera negativa en el Ejército Francés.

Por otro lado los trabajadores, jornaleros y obreros estaban cada vez más descontentos, el extremo capitalismo los consumía en la miseria y tenían unas condiciones muy duras. Las mujeres y los niños seguían trabajando en las fábricas 10 horas al día mientras que los hombres vivían prácticamente en ellas sin ninguna seguridad social. Y todos estos problemas ocurrían en una democracia, lo que demostraba que a pesar de llevar ese nombre como sistema político, estaba muy lejos de serlo. Los que realmente gobernaban en Francia eran capitalistas, banqueros, burgueses, algunos judíos pertenecientes al sionismo radical, y grandes compañías y multinacionales al servicio de Estados Unidos.

La situación tan grave en la que estaba sumida Francia hizo que las personas se fueran decantado hacia otras ideologías, pues la democracia se había convertido en una política débil y de desintegración. En este proceso la izquierda francesa tendría una gran reelevancia, pues se iría dividiendo y remodelando hacia el comunismo y otra parte hacia un socialismo nacionalista con gran semejanza al fascismo. A partir de este momento Francia, como muchas veces en el pasado había hecho, entraría en una etapa de una nueva revolución.

Manifestación de la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO).

Los primeros grupos en contra del sistema comenzaron a aflorar como respuesta a la forma y descaro con que los políticos franceses estaban llevando a cabo la dirección del país. En la izquierda apareció el Partido Comunista Francés (PCF), el cual despetó gran inquietud en Francia ya que estaba bajo órdenes directas del régimen bolchevique de la Unión Soviética, primero de primero de Vladimir Lenin y después de Iósif Stalin. Otros grupos de izquierda fueron la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO) y el Partido Radical. Había un partido de carácter patriótico, socialista y republicano, que tenía cierta semejanza al fascismo, “Le Faisceau” de Georges Valois. En los partidos que estaban entre el fascismo y las derechas destacaron las llamadas “Ligas”, una era la Liga de los Patriotas y la otra las Juventudes Patrióticas. Pero el movimiento fascista más similar al italiano eran las Cruces de Fuego (Croix de Feu) del político François de La Roque, un partido formado por exveteranos franceses de la Primera Guerra Mundial de ideología socialista y nacionalista, además de tener columnas militaristas organizadas.

La ocupación del área industrializada alemana del Ruhr se llevó a cabo por las tropas francesas en 1923 como castigo a Alemania por no cumplir con sus pagos de guerra, pero aquello no sirvió para llenar el tan vacío oro francés. En 1924 se produjo un escándalo financiero en las arcas del país que despertaron la rabia del pueblo. Un total de 4.000 millones de francos fueron robados en Bonos de Defensa Nacional de la Tesorería del Ministerio de Finanzas. Nunca se supo quién fue el culpable de tal desnoble acción, el caso es que aquello haría caer más gobiernos, como el del Presidente Alexandre Millerand a favor de Gaston Doumerge.

A todos los problemas internos que tenía Francia se le añadieron los problemas externos de carácter colonial cuando el líder rebelde independientista marroquí Abd-el-Krim el-Jatabbi, inició una guerrilla en el Rif de Marruecos. Vietnam y Argelia también se sumaron a la guerrilla contra Francia, aunque en menor medida. En Siria otro tanto con la rebelión árabe del Rey Faisal I. Enormes cantidades de dinero y vidas de jóvenes gastó el Estado por aquellos territorios provocando en todos los sectores obreros un malestar notable.

Una coalición de centro-izquierda en el Gobierno se fue al traste en 1925 por la ineficacia económica, perdiendo Édouard Herriot el puesto de Primer Ministro. A partir de entonces seguirían seis gabinetes más de primeros ministros sin resultados. La única noticia buena durante esa etapa es que se consiguió frenar a los nacionalistas marroquís tras el Desembarco de Alhucemas protagonizado por España y Francia conjuntamente. En 1926 las cosas cambiaron cuando Raymond Poincaré fue elegido Primer Ministro, ya que consiguió reactivar de nuevo la economía tras la crisis en la que estaba Francia.

Aunque la economía hizo sus mejoras, los escándalos financieros no dejaron de sucederse entre los miembros del Gobierno y las instituciones. En 1928 empezaron a sumarse los motines en las calles contra la corrupción política y económica. El más reelevante fue el escándalo Klotz, un caso en el que un ministro se dedicó a enviar cheques sin fondos.

Finalmente llegó la Crisis de 1929 tras la caída en picado de la Bolsa de Estados Unidos en Wall Street. Si la economía francesa había comenzado a recuparerse, de golpe cayó hasta la bancarrota dejando otra vez al país en la ruina. Gaston Doumergue fue depuesto como Presidente para dar paso a Paul Doumer en 1931, pero el cambio poco sirvió. Los conflictos eran cada vez más grandes, los derechistas, comunistas y fascistas llevaban a cabo grandes protestas que acabaron en batallas callejeras contra la policía. Nada parecía poner orden a todo aquel caos. Mientras todo esto sucedía, ignorantes en Francia, Adolf Hitler y el Nacionalsocialismo se alzaban al poder en Alemania fundando el Tercer Reich.

Las protestas ciudadanas no sirvieron de nada a principios de los años 30 del siglo XX para que los políticos hiciesen algo al respecto. Todo lo contrario, llevaron a cabo una etapa de escándalo financieros y económicos que irían quitando al país lo poco que le quedaba de dignidad propia. Primero fue el Escándalo Hanau que realizó una mujer de clase noble ideando una estafa que arruinó a muchos inversores, después víno el Escándalo Oustric en el cual un banco robó hasta el último franco de sus ciudadanos con timos, y por último le siguió el Escándalo Aeropostale de una compañía de líneas aéreas que había cubierto sus déficits financieros gracias a las ayudas y complicidad de polítcios corruptos.

Desfile de militantes de Solidaridad Francesa, una organización fascista minoritaria. En la imagen exhíben sus banderas orgullosos, muchos son veteranos de la Gran Guerra.

Una de las peores crisis que Francia tendría que soportar sería la los “Disturbios de Febrero de 1934”. Todo empezó con el Escándalo “Affaire Stavinsky”, un caso de corrupción político y financiero protagonizado por un grupo de políticos, entre ellos un judío llamado Alexandre Stavenski, que apareció muerto, seguramente por algunos de sus compañeros para evitar que dijera más del caso de corrupción. En cuanto Francia se enteró salió todo el mundo a la calle en una manifestación comvocada en París el 9 de Enero de 1934, a partir de entonces, a lo largo de todo el mes se sucedieron más huelgas y protestas seguidos de actos violentos por toda la capital. Pero el punto culminante llegó el 6 de Febrero de 1934, cuando las grupos de derechas, se juntaron en una gran manifestación frente a la Plaza de la Concordia, estando presentes Acción Francesa, Solidaridad Francesa y Juventudes Patrióticas. Lo sorprendente fue cuando llegaron los fascistas Croix de Feu y los comunistas del Partido Comunista Francés. La manifestación se convirtió en popular y dió igual ser fascista, comunista o de derechas, el caso es que se unieron e hicieron una intentona de tomar al asalto la Asamblea Nacional en columnas que marcharon por todo París mientras unos entonaban la Internacional y otros la Marsellesa, hasta los políticos fueron abucheados en público al tratar de escapar de los manifestantes. Un día después, el 7 de Febrero, decidió intervenir la Gendarmería contra los mnifestantes. El resultado acabó en una cruel carga policial que acabó con la vida de 17 personas y dejó 2.309 heridos. Ese día las protestas llegaron a su fin con miles de detenciones y el Gobierno democrático retornó al Parlamento. Los políticos se habían dado cuenta de que tendrían dos grandes problemas a partir de entonces con los que iban a ser sus dos grandes enemigos: los comunistas y los fascistas.

Tampoco el exterior traería buenas noticias a Francia, esta vez de su antiguo enemigo Alemania. El 11 de Abril la debilidad política de Francia favoreció la Conferencia de Stressa, la cual permitía a Alemania remilitarizar Renania a cambio de que abandonase sus aspiraciones sobre Austria. Poco después, las minas del Sarre que estaban bajo control francés tras el Tratado de Versalles, volvieron a manos de su antiguo dueño alemán tras un plebiscito. El único éxito para unos bueno y malo para otros, fue que Francia hiciese un pacto con la URSS para impedir la expansión de Alemania hacia el oriente de Europa. Este acuerdo lo firmaron Iósif Stalin y Pierre Laval, que hacía poco había sido elegido Primer Ministro del país galo.

Lo peor llegó en 1936, cuando la coalición de izquierdas del Partido Comunista Francés, la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO), el Partido Radical, la Liga de los Derechos del Hombre, el Movimiento Contra la Guerra y el Fascismo y el Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas triunfaron en las elecciones. En las elecciones obtuvieron 5.629.000 votos frente a los 4.218.000 votos del resto de grupos, es decir 378 diputados de izquierdas frente a 200 de los demás. De esa manera es como el Frente Popular triunfó en Francia, casi al mismo tiempo que lo hizo en España también. Esto se debía a que Stalin había ordenado con su poder que se unieran todos los grupos de izquierda a los comunistas. Justo en aquel momento se pensaba que en Francia iba a estallar la revolución como había sucedido en Rusia, por lo que la sociedad quedó dividida a tres bandos, los derechistas, la izquierda radical y los fascistas.

León Blum, Primer Ministro de Francia bajo el gobierno del Frente Popular Francés.

Desde que las izquierdas llegaron al poder y formaron el primer gabinete con León Blum a la cabeza, el caos se apropió de las calles. Se produjeron huelgas, manifestaciones y obreros ocuparon las fábricas, ya que la izquierda daba por sentado el hecho de que venía la revolución. Las industrias de carácter militar fueron las más castigadas por parte de la extrema izquierda, primero la Breguet el 11 de Mayo de 1936, Bloch el 14 de Mayo, Nieuport el 26 de Mayo o Renault el 27 de Mayo, también les siguieron otras compañías como Citroën o Simca. La situación ya había llegado hasta tal punto que en Francia había 700.000 huelguistas el 4 de Junio de 1936, 350.000 en París y otros tanto en el resto de la nación. El propio Gobierno para calmar los ánimos elaboró dos nuevas leyes, una fue reducir el trabajo a 40 horas semanales y la otra dar vacaciones a los trabajadores 15 días al año. Pero tampoco sirvió de nada, las huelgas y asalto a las fábricas continuaron por la pobreza presente en el país.

Para estropear aún más las cosas, el 18 de Julio de 1936 estalló una sublevación en España contra el gobierno del Frente Popular Español, el cual era leal del Frente Popular Francés. La Guerra Civil Española comenzó y en Francia todo el mundo se echó a la calle violentamente para pedir intervención, las izquierdas al lado del Frente Popular, y las derechas al lado del bando militar sublevado al mando del general Francisco Franco. Los fascistas franceses solo mostraron apoyo a España por la rama de la Falange y carlista, ambas de carácter socialista y fascista. Ante el inminente miedo de otro levantamiento en Francia como el de España, la III República decidió declararse neutral en el conflicto. Aún así el gobierno de izquierdas envió a las Brigadas Intenacionales, un total de 12.000 soldados distribuidos en los batallones Commune de París, André Marty, Louise Michel, Henri Vuillemin, Henri Barbusse, Pierre Brachet y 6 de Febrero. Los fascistas franceses también enviaron voluntarios a favor del bando sublevado, aunque sólo fueron 250 que encuadraron la Compañía Juana de Arco.

Otro de los graves inconvenientes que se sumarían en Francia sería el terrorismo sería, si ya de por sí no tenía pocos. Le Calogue o “La capucha” calificado como grupo terrorista de extrema derecha surgió como reacción al impedimento de la bolcheviquización del país. Eugène Deloncle fue su líder y usó diferentes nombres para su fuerza política como Organización Secreta de Acción Revolucionaria Nacional (OSARN) o Comité Secreto de Acción Revolucionaria (CSAR). El grupo terrorista fue uno de los elementos que harían caer al Gobierno tras cometer una serie de atentados por el país. Paralelamente en Marzo de 1938, mientras Francia intentaba resolver sus problemas, Alemania se anexionaba Austria.

Definitivamente en 1938 el Frente Popular Francés de Leon Blum cayó en Abril y fue retirado del Gobierno tras sufrir un colpaso abrumador. Los izquierdistas esta vez pusieron a Éduard Daladier como Primer Ministro. La primera medida de Francia fue la de retirar a las tropas galas de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española.

El fascismo, por aquel entonces en Francia sin un cuerpo en el que asentar bases, hizo un cambio radical. Se puede decir que el primer fascismo puro nacido en Francia víno de los comunistas, pues una rama del Partido Comunista Francés dirigida por Jaques Doriot, se dividió de este y fundó una fuerza política ultrasocialista y a la vez nacionalista llamada Partido Popular Francés (PPF). Por otro lado los Croix de Feu de François de La Roque cambiaron su nombre por un nuevo movimiento llamado Partido Social Francés (PSF), más reformado y moderno. Con estas novedades el fascismo cogería una fama que perdería el comunismo, cada vez más enemistado con el Estado.

El conflicto con los Sudetes en Checoslovaquia se produciría en el verano de 1938, cuando Alemania quiso anexionarse esa zona. Durante el conflicto, el Primer Ministro francés Éduard Daladier se unió al Primer Ministro británico Neville Chamberlein de Gran Bretaña y al Duce Benito Mussolini de Italia para intentar frenar a Hitler. Entonces en Francia estalló una protesta del Partido Comunista Francés y del Partido Popular Francés de Doriot en contra de la guerra, ya que opinaban que no era necesario iniciar una contienda bélica por un conflicto en Checoslovaquia. Para encontrar una solución se celebró la Conferéncia de Munich, donde la debilidad francesa hizo que los otros tres líderes tomaran la decisión de permitir la anexión de los Sudetes a favor de Alemania.

Tras el fracaso francés en la Conferéncia de Munich, el Frente Popular Francés se víno abajo tras su completo fracaso para siempre. A partir de ese momento volvería la normalidad al Gobierno de Francia durante algún tiempo, es decir, tomarían el protagonismo liberales y conservadores sin ser de derechas o izquierdas radicales, mietras que comunistas y fascistas pasarían a un segundo plano, aunque influyente.

A Checoslovaquia le siguió la anexión alemana de Memel en Lituania, mientras que Italia hacia lo propio con Albania y. Durante todo ese tiempo la política francesa no pudo hacer nada, ya que estaba más preocupada en resolver sus conflictos internos.

Propaganda de 1938 para alistarse en el Ejército Francés.

La cuestión sobre Polonia llegó en verano de 1939, en cuanto Hitler lanzó la intención de anexionarse Danzig. Esta fue una pregunta que se hicieron la mayoría de franceses: “¿era necesario ir a la guerra por Danzig que injustamente había sido despojado a Alemania tras la Primera Guerra Mundial y si era necesario sacrificar otra vez gran cantidad de vidas por los intereses del Imperio Británico? A eso había que añadir que Polonia era un país dirigido por jerarcas militares de extrema derecha, por lo Francia no contaría con el apoyo del comunismo francés ni del fascismo en caso de defender a los polacos, ya que tanto la extrema izquierda como el fascismo preferían que Hitler se anexionara Danzig. Por toda Francia comenzó a aflorar un sentimiento de derrotismo y pacifismo antes de que incluso Hitler tomara ninguna acción. Nadie quería ir a la guerra y menos por algo tan insignificante como Danzig, pero los políticos franceses una vez más actuarían sin escuchar a su pueblo. El 23 de Agosto de 1939, Francia quedó sorprendida ante el Pacto de No Agresión Germano-Soviético, su mala política exterior había hecho que Stalin se aliase con Hitler, dejando en la estacada a la III República Francesa. Rápidamente el Partido Comunista Francés comenzó a hacer propaganda a favor de Stalin y Hitler y en contra de su propio país, mientras que el fascismo galo hizo apología de la paz para evitar una nueva guerra, a excepción del Partido Popular Francés de Doriot que acusó a Stalin de lanzar a los alemanes contra Occidente.

El 1 de Septiembre Alemania y Eslovaquia atacaron Polonia. Francia, que ya había sido vendida por los políticos sin el consentimiento del pueblo a Gran Bretaña y los países de habla inglesa, lanzó un ultimátum al Tercer Reich, el cual decía que si los alemanes no se retiraban de Polonia en 72 horas, ambas naciones entrarían en guerra. La respuesta alemana nunca llegó.

El dia 3 de Septiembre de 1939, Francia, en una alianza con Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, India, Nepal y Transjordania, declaraban la guerra a Alemania, entrando así en la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, ¿Hitler o Napoleón? “De la victoria a la derrota. Francia, 1918-1940”, García Hispán Editor (2000), p.25-76
Manuel Florentín, Las Brigadas Internacionales, extranjeros al servicio de la República, Revista Historia y Vida Nº445 (2005), p.84-93
Christopher Othen, Las Brigadas Internacionales de Franco: Juana de Arco en España, Destino (2007), p.202-224