Guardia de Hierro

Corría Marzo de 1930 cuando Corneliu Zelea Codreanu disolvió definitivamente la Legión de San Miguel Arcángel. Con sus restos la convertiría en un movimiento que El fascismo en Rumanía fue desarrollándose durante la década de 1920 pese a que era uno de los lugares menos idóneos de Europa para su proliferación debido a que la población ya era profundamente anticomunista y sobretodo porque el país había duplicado sus fronteras al término de la Primera Guerra Mundial, contribuyendo al nacimiento de la «Gran Rumanía». Entre los movimientos fascistas más importantes a lo largo de este período estuvo la Legión de San Miguel Arcángel que tras haber denunciado por igual a la monarquía corrupta y al peligro marxista, a partir de 1930 se convertiría en un movimiento de masas articulado en la Guardia de Hierro.

Bandera de la Guardia de Hierro, también conocida como «Cruz Rejada».

El mismo que mes de Junio de 1930 en que accedió al trono del Reino de Rumanía el Rey Carol II, el fascismo rumano que estaba encarnado en la Legión de San Miguel Arcángel se refundó en la Guardia de Hierro. Al frente de su líder Corneliu Zelea Codreanu, apodado como «el Capitán», su programa fue un calco del anterior consistente en una mezcla de socialismo nacionalista con cristianismo ortodoxo, republicanismo, anticomunismo, anticapitalismo, antisemitismo y desde hacía poco también freudinista como consecuencia de las ideas libertarias del científico alemán Sigmund Freud, además de poseer el movimiento la clásica estética paramilitar con desfiles, saludos romanos y uniformidad verde, siendo sus militantes conocidos como los Camisas Verdes y su emblema una la «cruz rejada» que representaba los barrotes de una cárcel (lugar habitual que visitaban sus simpatizantes). Respecto a la labor de estos autodenominados «legionarios» se centró básicamente en dejar la política en un segundo plano para ayudar a los más desfavorecidos mediante el trabajo en el campo y en la industria, la construcción de escuelas, la reparación de infraestructuras, la alfabetización de los niños y en la difusión de un mensaje cristiano mediante misas y cantos corales. De hecho la organización ya no sólo fue un grupo de jóvenes que se echaban a los bosques y caminos, sino experimentó un crecimiento intelectual y cultural enorme con adhesiones que incluyeron al poeta Mihai Eminescu, al filósofo Emil Cioran, al historiador Nicolae Iorga y al experto religioso Mircea Eliade.

Inmediatamente a la entronización del Rey Carol II fueron convocadas unas elecciones que coincidieron en el tiempo con la reciente Gran Depresión de Estados Unidos que se extendió a Rumanía, así como una serie de episodios de corrupción del régimen en los que participaron políticos, banqueros y funcionarios del tesoro público, recibiendo los casos el nombre de «Affaire Skoda» y «Affaire Strauss-Perlowitz». Como la Guardia de Hierro capitalizaría el malestar de la población, las fuerzas del orden urdieron una trama aprovechando que un legionario disparó contra un diputado que había insultado a la minoría rumana de Macedonia, para prohibir los actos de Corneliu Codreanu y la cancelar una marcha de siete columnas legionarias que debían haber desfilado junto al Río Prut como protesta por el acercamiento diplomático a la Unión Soviética. No obstante y contra lo pensado inicialmente la jugada le salió mal al Rey Carol II porque los jueces dieron la razón a los perjudicados y en los comicios de 1931 la Guardia de Hierro obtuvo 34.183 votos al Parlamento de Bucarest (aunque ningún escaño).

Mucho mejor le fueron las cosas a la Guardia de Hierro en Mayo de 1932 porque en esta ocasión ganaron 70.674 sufragios en unas elecciones convocadas por el Rey Carol II a raíz de nuevos escándalos que desprestigiaron al Gobierno de Bucarest. Lamentablemente las autoridades actuaron sobre esta organización arrestando a varios miembros y torturando a unos pocos seguidores; e incluso las represalias se extendieron a ciudadanos inocentes como una vez que la Gendarmería Real se presentó en una aldea rural de Visani, destruyendo una presa que los legionarios habían construido para los campesinos pobres en el Río Buzau, algo que sin duda demostró a muchos quienes estaban a favor de los desfavorecidos y quienes no. Afortunadamente en 1933, la Guardia de Hierro volvió a ser legalizada y sus militantes enviados a trabajar de nuevo al campo y a los bosques para levantar caminos o escuelas sin importar que nevase, lloviese o hiciese calor. Entre las novedades de este período estuvo que Corneliu Codreanu se convirtió en un personaje todavía más querido entre los ciudadanos humildes tras arrojar un trozo de pan rancio y podrido en medio del Parlamento de Bucarest con la intención de denunciar las difíciles condiciones de vida de los habitantes de Marmures, además de innovar su discurso con promesas entre las que estuvieron la potenciación de la industria, la obligatoriedad de enseñanza básica, la modernización del Ejército Rumano y la instauración de un “Estado de Trabajadores”.

El Rey Carol II se obsesionó tanto con la Guardia de Hierro que en una maniobra política de dudosa legalidad nombró Primer Ministro a Ion Duca, dirigente del Partido Liberal, quién al ser un hábil manipulador procedió a la desmantelación de campamentos y albergues, y posteriormente la detención de los legionarios, viéndose muhcos de ellos obligados a esconderse en las montañas y bosques mientras eran perseguidos por la Gendarmería Real, aunque varios cientos escaparon a caballo o pivotando sobre diversos puntos de la campiña rumana gracias a la ayuda proporcionada por los campesinos. Así fue como al poco de iniciarse esta persecución, el 10 de Diciembre el movimiento legionario fue ilegalizado y 20.000 seguidores encarcelados, entre ellos Corneliu Codreanu, además de asesinarse a 19 miembros y registrarse 18.000 viviendas, algo por lo cual aquella jornada pasaría a ser recordada con el nombre del «Día del Sufrimiento Legionario».

Desfile en formación de los Camisas Verdes de la Guardia de Hierro.

Con la Guardia de Hierro fuera de la legalidad y la oposición en prisión, el Partido Liberal no tuvo problemas en ganar las elecciones porque Ion Duca fue elegido Primer Ministro el 14 de Noviembre de 1933. Sin embargo su alegría por el triunfo le duró muy poco porque el 30 de Diciembre fue asesinado a tiros en la Estación de Sinaia por un legionario llamado Nicolae Constantinescu, siendo entonces sustituido por el Primer Ministro Constantin Anghelescu que sólo duró en el cargo cuatro días tras dimitir como consecuencia de la presión popular el 3 de Enero de 1934. Como la cosa se fue de las manos y encima la Corte Marcial del Tribunal Militar declaró nulas todas las detenciones llevadas a cabo por el fallecido Primer Ministro Ion Duca, el Rey Carol II no tuvo otra alternativa que volver a legalizar a la Guardia de Hierro y formar un Gobierno de Concentración Nacional al que fueron invitados los legionarios, pero que éstos declinaron por orden de Corneliu Codreanu.

Al inicios de 1934 la Guardia de Hierro se convirtió en la tercera fuerza política de Rumanía porque al triplicarse los afiliados pudieron aumentarse las labores de los legionarios en el campo y su ayuda a los campesinos, además de contribuir a otras actividad y también a la industria mediante la creación del Cuerpo de Trabajadores Legionarios. También los miembros del partido supieron sacar rédito por primera vez a los votantes más derechistas e incluso monárquicos cuando el régimen cometió la torpeza de entablar ciertas negociaciones con la Unión Soviética después de más de veinte años de enemistad; y bailar al compás del juego de alianzas promovido por Gran Bretaña y Francia para desestabilizar los Balcanes, tal y como acababa de suceder con el vecino Reino de Yugoslavia sometido en muchos aspectos al dictado de Londres y París.

Las negativas de la Guardia de Hierro a entrar en el Gobierno de Concentración Nacional, constituido por las dos primeras fuerzas políticas en el país que eran el Partido Liberal y el Partido Campesino, condujo a que el Rey Carol II empezase a gestar una nueva conspiración para arrestar a Corneliu Codreanu. No obstante y como en esta ocasión los legionarios estuvieron más atentos, disolvieron su organización y la volvieron a fundar en 1935 con el nuevo nombre del Partido del Todo por el País (Totul pentru Tara), evitando de ese modo que un tribunal la ilegalizara y que sus miembros pudiesen continuar con sus labores sociales y propagandísticas, llegando incluso hasta rebautizarse en dos ocasiones más con la denominación del Partido del Todo por la Patria y luego del Partido del Todo por la Madre Patria. A raíz de este jugada el régimen modificó su estrategia e intentó restar a los legionarios poder electoral autorizando la fundación de otros movimientos fascistas que les hiciesen competencia y dispersaran el voto como los nacionalsocialistas de las Águilas Blancas (Vulturii Albi) y los nacionalrevolucionarios de la Cruzada del Rumanismo (Cruciada Rumanismului) que lideró un ex-legionario llamado Mihail Stelescu.

Mientras tanto en España comenzó la Guerra Civil Española entre los marxistas de la Segunda República y los nacionalistas del Bando Nacional liderados por el general Francisco Franco, en cuyo seno existía el Partido de la Falange que guardaba enormes semejanzas con la Guardia de Hierro. Como la contienda se volvió muy mediática a nivel internacional debido a que se presentó como una «cruzada contra el comunismo», un total de 16 legionarios liderados por el lugarteniente del mismo Corneliu Codreanu, Ion Mota, partieron en tren hacia la Península Ibérica para incorporarse a la Sexta Bandera del Tercio de la Legión Española, donde fueron recibidos por el general José Moscardó en las ruinas del Alcázar de Toledo. Dentro de esta unidad voluntaria, los rumanos combatieron en el asedio a la capital de Madrid, muy cerca de los límites del pueblo de Majadahonda, siendo el 13 de Enero de 1937 víctimas de un bombardeo de la artillería republicana que acabó con la vida de Ion Mota y Vasile Marin. A los pocas semanas de este suceso, los cuerpos de los caídos fueron repatriados a Rumanía, a cuyo multitudinario funeral acudieron 300.000 personas que siguieron a los féretros primero por las calles de Bucarest y luego por las de numerosos pueblos de Bukovina y Transilvania.

Los éxitos de la Guardia de Hierro en Rumanía y la muerte de Ion Mota en España al que elevaron a la categoría de «mártir contra el comunismo», permitieron a los legionarios aumentar sus células o «Cuibs» desde las 12.000 a las 34.000 sobre ciudades, aldeas, bosques y caminos. Precisamente el movimiento pronto traspasó fronteras porque fue invitado al Congreso Fascista Internacional de Montreux celebrado en Suiza al que asistieron los rumanos para entrevistarse e intercambiar opiniones con sus hermanos ideológicos de 39 países distintos. De hecho muchos fascistas de la época viajaron a Bucarest para conocer en persona a Corneliu Codreanu, como por ejemplo el escritor italiano Mario Sani y el filósofo francés Julius Évola, quién se sorprendió al ver la humildad de los legionarios y del «Capitán», quienes pese a estar pasando dificultades económicas le ofrecieron cortésmente un plato con mermelada y un vaso de agua.

Congregación de la Guardia de Hierro en Bucarest por la muerte de Ion Mota y Vasile Marín en la Guerra Civil Española.

En 1937 el Rey Carol II volvió a convocar elecciones en Rumanía que como auguraban un mal resultado para el Partido Liberal al frente del Gobierno de Concentración Nacional, estuvieron precedidas de la habitual represión contra los legionarios que incluyeron el desmantelamiento de albergues y cantinas, la clausura de mítines políticos, el cierre de universidades y cuantiosas detenciones arbitrarias, algo que curiosamente se volvió en su contra porque el diputado Iuliu Maniu, jefe de la segunda fuerza política que era el Partido Campesino, retiró su apoyo al régimen y al monarca. Fue de ese modo como en los comicios del 23 de Diciembre de 1937, los movimientos antimonárquicos obtuvieron mayoría porque ganó el Partido Campesino y en segundo lugar el Partido Liberal, siendo encima la Guardia de Hierro la tercera fuerza con 478.378 votos y 66 diputados al Parlamento de Bucarest, la cual llegó a imponerse en comarcas de tradición socialista como Teolorman o Vlasca y en provincias de escasa presencia legionaria como Oltenia y Moltenia.

A pesar de la derrota electoral del Partido Liberal, el Rey Carol II se las ingenió para manipular los resultados y sobretodo para chantajear a muchos diputados que compró a cambio de que el resto de agrupaciones sumaran más escaños juntas que no el Partido Campesino y la Guardia de Hierro. Gracias a esta táctica consiguió su propósito de formar un gabinete de emergencia que surgió con la fusión de las demás organizaciones monárquicas, entre las que estaban otras instituciones como militares del Ejército Rumano y la Iglesia Ortodoxa, bajo nombre de Partido Nacional Cristiano al frente del Ministro de Estado Alexander Cuza (antiguo ex-legionario), del Primer Ministro Octavian Goga y del Ministro del Interior Armand Calinescu, quienes encima financiaron la creación de una formación fascista anti-legionaria bautizada como los «Lanceros» o Camisas Azules que llevaron a cabo acciones violentas contra los Camisas Verdes de la Guardia de Hierro.

El experimento del Partido Nacional Cristiano y los Lanceros de los Camisas Azules duraron 45 días porque al ver el poco entusiasmo que generaban entre la población y encima fallecer por enfermedad el Primer Ministro Octavian Goga, ambas organizaciones fueron clausuradas por el Rey Carol II. Acto seguido, el 10 de Febrero de 1938, el monarca compareció ante el Parlamento de Bucarest para anunciar la creación de una nueva Constitución que limitó la libertad de expresión, prohibió a los partidos políticos, unificó la separación del legislativo y del ejecutivo, abolió el voto secreto y concentró todo el poder en torno a la Corona, el Ejército Rumano y la Iglesia Ortodoxa, naciendo así un período que sería conocido en Rumanía como el Reinado Absolutista de Carol II.

Como Corneliu Codreanu se temió desde el principio una nueva persecución de la Corona, decidió no otorgar ninguna excusa al régimen porque el 21 de Febrero declaró públicamente ante la prensa lo siguiente: “No contestaremos a las provocaciones del Gobierno. No transformaremos Rumanía en una nueva España”. De hecho el propio «Capitán» ofreció al monarca que él mismo disolvería a la Guardia de Hierro y no se presentaría más a las elecciones a cambio de que reinstaurase la democracia no emprendiese una represión contra sus legionarios y simpatizantes, algo que por desgracia fue desoído y rechazado de plano por el mismo Rey Carol II.

«El Capitán» Corneliu Codreanu firmando autógrafos con sus seguidores antes de su detención definitiva tras el golpe de Estado del Rey Carol II.

Inesperadamente el 3 de Marzo de 1938 comenzó el golpe de Estado del Rey Carol II cuando todos los legionarios fueron expulsados de las administraciones públicas y del Parlamento de Bucarest, justo antes de que un mes mas tarde, el 17 de Abril, fuese detenido Corneliu Codreanu junto a la cúpula de la Guardia de Hierro, a que quienes acusaron falsamente de estar conspirando en secreto para Alemania y condenaron en un juicio manipulado a 10 años de trabajos forzados en prisión. De igual manera las autoridades actuaron contra las demás formaciones políticas deteniendo y encarcelando a los cuadros del Partido Campesino, el Partido Comunista Rumano y otras movimientos disidentes. Sorprendentemente y como desde el extranjero se estaba criticando la deriva de su régimen, el monarca viajó a París y Londres para entrevistarse respectivamente con el Primer Ministro León Blum y el Primer Ministro Neville Chamberlain, de los cuales obtuvo el apoyo diplomático para llevar a cabo sus políticas represivas; e incluso del propio Tercer Reich porque durante una reunión con Adolf Hitler el Führer expresó su malestar por la persecución a los legionarios, pero a la vez le aseguró que se mantendría neutral siempre que su patria le garantizase respetar los contratos de venta de petróleo que producían las refinerías rumanas en Ploiesti.

El 30 de Noviembre de 1938, Corneliu Zelea Codreanu que hasta entonces había estado preso en la Prisión de Jilava, donde había enfermado de tuberculosis a causa de la humedad y las constantes torturas, fue llevado junto a otros trece legionarios al Bosque de Tâncâbesti para ser estrangulados con una soga y rematados de un tiro en la espalda por orden directa del Ministro de Interior Armand Calinescu y el comisario Ion Bengliu. Una vez eliminado «el Capitán» y los principales líderes de la Guardia de Hierro, sus seguidores quedaron desamparados y desorganizados por todo el país, una debilidad que fue aprovechada por la Gendarmería Real y el Ejército Rumano para proceder a redadas masivas contra los legionarios, siendo arrestados nada menos que 30.000, muchos de ellos ejecutados e incluso recluidos en campos de concentración debido a que las cárceles quedaron abarrotadas de personas. Las torturas estuvieron a la orden del día como por ejemplo le ocurrió a Nicoleta Nicolescu, dirigente de la Sección Femenina, quién tras ser golpeada, torturada y violada, luego le arrancaron los senos y la asesinaron. Incluso dentro de la Jefatura de Policía de Bucarest se produjeron múltiples crímenes como una pobre chica que incapaz de soportar los tormentos se suicidó arrojándose de una ventana, por lo que los gendarmes a modo de represalia fusilaron al azar a seis legionarios.

La vida de la Guardia de Hierro terminó en una verdadera orgía de sangre que comenzó con la muerte de Corneliu Codreanu y la represión contra miles de legionarios en forma de ejecuciones, torturas y encarcelamientos. Solamente algunos pocos simpatizantes consiguieron huir a los bosques y a las montañas de los Cárpatos para organizar un movimiento clandestino al mando del nuevo líder Horia Sima, quién aguardaría poder liberar su patria del Rey Carol II hasta que el régimen cayó azotado por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. «Corneliu Codreanu y la Legión de San Miguel Arcángel», García Hispán Editor (1997), p.49-58
-Carlo Sburlati, Codreanu el Capitán, Acervo (1970), p.99-241