Gobierno Nacional Rumano en el Exilio

Rumanía había luchado al lado de las potencias del Eje durante casi toda la Segunda Guerra Mundial hasta que fue víctima de un golpe de Estado en 1944 por parte del Rey Miguel I que derrocó al régimen del “Conducator” Ion Antonescu y se unió al bando de la Unión Soviética para declarar hostilidades a Alemania. Obviamente como el Tercer Reich no pudo tolerar una traición de ese calibre restauró sus relaciones con el antiguo movimiento fascista y antimonárquico de la Guardia de Hierro, estableciendo un Gobierno Nacional Rumano en el Exilio al frente del legionario Horia Sima.

Traición del Rey Miguel I

El 23 de Agosto de 1944 tuvo lugar uno de las mayores traiciones de la Segunda Guerra Mundial cuando el Rey Miguel I que temía perder la Corona al entender que el Tercer Reich iba a perder la contienda, arrestó al “Conductator” Ion Antonescu y a todo su gabinete, para acto seguido dar un golpe de Estado que acabó con el régimen pro-alemán y conformar un nuevo gobierno de concentración con el Bloque Nacional Democrático (Blocul National Democratic) que incluyó al Primer Ministro Constantin Sânâtescu, concretamente el general que había conspirado con la creación del Comité Militar, así como a otras formaciones antifascistas de derecha e izquierda entre las que estuvieron el Partido Campesino, el Partido Nacional Liberal, el Partido Comunista Rumano y el Partido Socialista Rumano. Inmediatamente a estos acontecimientos, el monarca anunció su adhesión al bando de los Aliados y rompió su alianza con el Eje para declarar la guerra a Alemania y Hungría.

La traición del Rey Miguel I hacia el Tercer Reich no fue la única porque en realidad no había alcanzado ningún tipo de acuerdo previo ni con los Aliados Occidentales ni con la Unión Soviética, contra las que en aquellos instantes el Ejército Rumano estaba librando una feroz batalla junto al Ejército Alemán al norte de los Cárpatos durante la ofensiva del Ejército Rojo de Iasi-Chisinâu. Como Iósif Stalin nunca tuvo constancia de este repentino cambio de bando y los rumanos técnicamente seguían siendo “enemigos”, en cuanto el monarca ordenó a sus tropas no disparar contra los soviéticos, los soldados rumanos confiados se entregaron para comprobar incrédulos como los rusos les desarmaban y les deportaban a campos de concentración y gulags de Siberia, siendo el número de prisioneros gigantesco con un total de 305.000 cautivos, de los que un buen puñado perecería hasta su liberación tras el fin de la “Era Estalinista”.

Horia Sima, líder del Gobierno Nacional Rumano.

Alemania recibió el golpe de Estado del Rey Miguel I como algo inesperado porque al disolverse el Ejército Rumano en Moldavia, infinidad de tropas germanas resultaron embolsadas y destruidas, sin contar las que también fueron atacadas por las tropas realistas rumanas en Bucarest y otros puntos de Rumanía, provocando todo el derrumbe del Frente Oriental al sur de Europa y facilitando la irrupción del Ejército Rojo primero en el país y posteriormente en todo el resto de los Balcanes, desde Bulgaria a Albania, pasando por Yugoslavia y Hungría. A esta catástrofe a la que hubo que sumar la pérdida del petróleo de los campos petrolíferos de Ploiesti, obligó a las maltrechas fuerzas del Eje a definir una línea del frente que se alargó desde Serbia hasta Transilvania, por aquel entonces en manos de Hungría que formaba parte de la coalición con el Tercer Reich,

El movimiento fascista de la Guardia de Hierro que había tenido un papel decisivo en la política de Rumanía desde su fundación por el difunto “Capitán” Corneliu Codreanu en la década de 1920 hasta su persecución y encarcelamiento de todos sus miembros por el régimen del “Conducator” Ion Antonescu en 1941, precisamente con ayuda del Ejército Alemán que deportó a muchos de sus militantes a campos de concentración como Schasenhausen, Dachau, Oranienburg y Buchenwald, fue rehabilitado a las veinticuatro horas de la traición del Rey Miguel I, el 24 de Agosto, siendo los legionarios puestos en libertad, incluyendo su líder Horia Sima. De hecho éste último mantuvo una entrevista con el Reichführer de las SS Heinrich Himmler y el Ministro de Asuntos Exteriores Joachim Von Ribbentrop, quienes le propusieron encabezar un gobierno en el exilio contra la nueva coalición de monárquicos y comunistas en su país, algo que los legionarios pese a haber sufrido represión por parte de los alemanes y tenían más que motivos suficientes para negarse, aceptaron de buen gusto con tal evitar ver a su patria convertida en un satélite del Kremlin.

Gobierno Nacional Rumano

La formación del Gobierno Nacional Rumano (GNR) tuvo lugar el 26 de Agosto de 1944 en Viena, donde 400 legionarios residentes en Austria se concentraron con Horia Sima que a través de Radio Danubio llamó al pueblo rumano a organizar una resistencia interna o bien que todos aquellos descontentos se dirigieran a territorio controlado por el Tercer Reich. Sorprendentemente desde el principio sus alocuciones tuvieron éxito porque miles de refugiados huyeron a través de los Balcanes e incluso ya surgieron las primeras patullas armadas en los Cárpatos, sobretodo desde que el Ejército Rojo entrara en la capital de Bucarest el 30 de Agosto, desfilando por las calles de la capital ante el mismo Rey Miguel I nada menos que un contingente de comunistas rumanos articulados en la División de Voluntarios “Tudor Vladimirescu”, un claro síntoma de que el monarca estaba allanando el camino para entregar su patria a Iósif Stalin.

Ocupada toda Rumanía por el Ejército Rojo, en seguida la Unión Soviética estableció a 80.000 soldados rusos como guarnición que posteriormente se ampliaron a los 500.000 hombres, los cuales en ocasiones se comportaron irrespetuosamente contra la población robando a los campesinos y violando a mujeres. Respecto a las Fuerzas Armadas Rumanas que teóricamente tenían que combatir a su lado, en lugar de armarlas o modernizarlas como había estado haciendo el Tercer Reich, pasaron a requisar gran parte de su material como el 60% del armamento, el 35% de vehículos y el 35% de los artilugios de ingeniería que engrosaron las divisiones soviéticas o en todo caso las dos unidades del Partido Comunista Rumano, en concreto las Divisiones de Voluntarios “Tudor Vladimerecu” y “Horia Closca si Clisan”. Así fue como casi medio millón de tropas rumanas fueron obligadas a combatir contra sus antiguos socios del Eje, lo que convertía al Ejército Rumano en el “cuarto país de los Aliados” con más efectivos en Europa, sufriendo unas 167.500 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos a lo largo del resto de la contienda sin que tan siquiera los Gobiernos de Washington, Londres o Moscú reconociesen al país con el estatus de “cobeligerante” como por ejemplo habían hecho con el Reino de Italia que ofreció una colaboración bastante menor. De hecho y a pesar de que Bulgaria también traicionó posteriormente a Alemania, el Kremlin falló en determinación de los búlgaros cuando presionó a los rumanos a devolverles el territorio de Dobrudja, como acababa de pasar con Besarabia y Bukovina que fueron anexionadas a la República Socialista Soviética de Ucrania.

Los acontecimientos en Rumanía aceleraron la consolidación del Gobierno Nacional Rumano en Austria, ya que no solamente se adhirieron los miembros de la Guardia de Hierro, sino que también otros exiliados del Partido Campesino, el Partido Liberal e incluso el Partido Socialista que veían el peligro de la deriva comunista de la Corona, a los cuales los legionarios admitieron en su proyecto olvidando las viejas rencillas del pasado. El gabinete se conformó de la siguiente manera: Horia Sima en la Presidencia, Vasile Iasinchi en el Ministerio del Interior y Trabajo, Mihail Sturdza en el Ministerio de Asuntos Exteriores, el general Platón Chirnoaga en el Ministerio de Defensa, Corneliu Georgescu en el Ministerio de Finanzas, Vladimir Cristi en el Ministerio de Cultura, Ion Sangiorgiu en el Ministerio de Educación, Grigore Manoilescu en el Ministerio de Propaganda, Eugen Bailla en la Subsecretaría de Estado y el obispo Visario Puiu en el Organismo de Asuntos de la Iglesia Ortodoxa (curiosamente de los siete ministros un total de cuatro fueron legionarios, dos de otras fuerzas democráticas y uno de ellos apolítico).

General Platón Chirnoaga con los legionarios del Ejército Nacional Rumano todavía leales al Eje.

Contra todas las previsiones del Gobierno Nacional Rumano, en cuestión de semanas los compatriotas que acudieron a la llamada de la Guardia de Hierro pasaron de ser 400 a nada menos que 13.000, la mayoría exiliados que escapaban a través de Serbia, miembros de la minoría rumana de Hungría o ex-veteranos del Ejército Rumano en la campaña de Rusia. Desbordados por tan elevado número de adeptos, los legionarios tuvieron que hacer enormes esfuerzos para suministrarles alimentos, ropa y medicinas, e incluso proporcionarles pasaportes para que se pudieran mover con libertad por el Tercer Reich. De hecho abrieron dos campos de refugiados en Serbia, uno en el Banato y otro a las afueras de Varset, que contaron con amplias instalaciones, barracones, comedores, capillas y hasta con una escuela en la que impartía clases un legionario llamado Ioachin Vacarescu.

Paralelamente el Gobierno Nacional Rumano con sede en Vieja llevó a cabo una intensa labor cultural para seguir formando a los miles de refugiados que acudían a Austria, ya no sólo gracias los legionarios dando a conocer la ideología de la Guardia de Hierro y el pensamiento de Corneliu Codreanu, sino por el altruista papel de los sacerdotes de la Iglesia Ortodoxa y otras organizaciones religiosas que abrieron albergues para instalar colegios, celebraron coros con los niños y hasta hicieron colectas para Navidad. También la propaganda fue esencial porque desde Radio Danubio en Austria se creó un un espacio llamado “Puesto de Emisión y Propaganda Rumana” desde donde Horia Sima pronunciaba sus discursos y se emitían una serie de programas dirigidos por un equipo formado por Crisu Axente, Paul Costin Deleanu y Horia Stamatu. Obviamente con tal difusión mediática el movimiento exiliado rumano se dio a conocer entre otros países del Eje que lo reconocieron diplomáticamente como Japón, Croacia e Italia (entonces la República de Saló), así como otras organizaciones proscritas en su propia patria como el Gobierno Nacional Búlgaro o la Organización Revolucionaria Interna de Macedonia (VMRO).

El Ejército Nacional Rumano (ENR) constituyó una especie de “Fuerzas Armadas Rumanas” del Gobierno Nacional Rumano exiliado en Austria y Serbia. Aunque inicialmente sólo contó con 190 reclutadores que buscaban ganar adeptos, pronto los voluntarios se cuadriplicaron entre los refugiados del Banato, pero sobretodo con la deserción de algunas grandes formaciones del Ejército Rumano en el frente de Transilvania, como por ejemplo la 4ª División de Infantería, cuyos soldados hartos de la farsa de la Corona con el Kremlin, desertaron al bando de la Guardia de Hierro con más de 1.000 hombres y su general Platón Chirnoaga, quién ser convirtió en Ministro de Defensa y segundo hombre fuerte de Horia Sima. Algo similar sucedió con la adhesión de los 119 jinetes y equinos del 2º Regimiento de Caballería “Calarachi”, por lo que en tiempo récord pudo erigirse una unidad de 12.000 efectivos adiestrados en el Polígono Industrial de Döllesheim que pasaron a integrar la División SS de Granaderos Rumana “Rumanische” adscrita a las Waffen-SS.

Colaboracionismo

El 13 de Septiembre de 1944 el Ejército Alemán desencadenó una ofensiva desde Serbia contra la frontera occidental de Rumanía que pretendía volver a recuperar el control del país, ya que las fuerzas atacantes que irrumpieron sobre el Banato Rumano cruzando el Río Danubio contaron con la ayuda del Ejército Nacional Rumano de la Guardia de Hierro. Así fue como las tropas alemanas y sus socios rumanos avanzaron con rapidez contra unos sorprendidos soldados reales que se retiraron sobre la provincia de Oltenia mientras los legionarios tomaban Oravita, Naida y Moldova Veche. Gracias a este progreso en la comarca de Carnas Severin se pudo establecer a lo largo y ancho de un área de 30 kilómetros un “Gobierno Provisional Rumano” en Resita que lideraron Pavel Onciu y Octavian Rosu.

El “Gobierno Provisional Rumano” fue la primera administración pro-germana en Rumanía desde el golpe de Estado del Rey Miguel I. Sorprendente y contra todo lo esperado los legionarios pronto se expandieron sobre el Banato y Oltenia, apoderándose de enclaves importantes como Bozovici, Svinita y Ostrova, e incluso llegando a las afueras de las ciudades de Drobeta Turnu Severin y Caransebes. Lamentablemente en cuanto el Ejército Rojo se presentó en la zona para ayudar al Ejército Rumano a finales de Septiembre, las tropas realistas y soviéticas contraatacaron para recuperar todo el espacio perdido y expulsar tanto a las fuerzas del Eje como del Ejército Nacional Rumana el 5 de Octubre de 1944.

Oficial y soldados del Ejército Nacional Rumano en Viena.

Con la expulsión definitiva del Eje de Rumanía, las tropas del Ejército Rojo en el país que ya aumentaban a los de 615.000 soldados, sin incluir a los colaboracionistas de las Divisiones de Voluntarios “Tudor Vladmirescu” y “Horia Closca si Clisan”, comenzaron a presionar al Rey Miguel I para cambiar al Gobierno de Bucatest, ya que aprovechándose de la negativa del Partido Campesino y el Partido Nacional Liberal de sustituir el Bloque Nacional Democrático por el Frente Nacional Democrático impulsado por el Partido Socialista Rumano y a la vez por el Kremlin, la coalición fue rota por el monarca el 18 de Octubre de 1944 que reformó el gabinete, otorgando un 25% de los escaños en el Parlamento a comunistas y socialistas sin tan siquiera haber sido votados, al tiempo en que expulsaba a muchos leales militares y conservadores que pasaron de apoyar la Corona a enemistarse, la mayoría dirigidos por el diputado Iuliu Maniu. Obviamente esta división provocó la caída del Prime Ministro Constantin Sânâtescu el 7 de Diciembre de 1944 para ser sustituido por el general Nicolae Radescu, Jefe del Estado Mayor, quién era contrario a las tesis de Moscú, por lo que a los dos meses de su nombramiento, el 24 de Febrero de 1945, los marxistas impulsaron una serie manifestaciones y protestas callejeras muy violentas que fueron disueltas por la Gendarmería Real, por lo que nada más enterarse Iósif Stalin de lo sucedido, ordenó a las fuerzas soviéticas detener y desalojar a 52 gobernadores regionales de los 58 provincias, al frente de las cuales puso a alcaldes del Partido Comunista Rumano.

Las tropas del Ejército Rojo pronto lideraron la política en Rumanía porque el 6 de Marzo de 1945 de nuevo los soviéticos presionaron al Rey Miguel I, quién en esta ocasión abolió directamente la democracia porque disolvió el Parlamento y eligió Primer Ministro a Petru Groza, nada menos que uno de los líderes del Partido Comunista Rumano, por lo que el país pasaba oficialmente a convertirse en un satélite de Iósif Stalin. Ni siquiera se salvo la oficialidad del Ejército Rumano, ya que al estar infestado de comisarios de la Policía Estatal Soviética (NKVD), éstos asesinaron e hicieron desaparecer a decenas de oficiales contrarios al Kremlin, como por ejemplo al general Gheorgue Avmarescu que lideraba el IV Ejército tras ser ejecutado en la ciudad de Braila.

Como el descontento en Rumanía era patente el Gobierno Nacional Rumano exiliado en Viena contribuyó a levantar una guerrilla en el país compuesta en su mayoría por miembros de la Guardia de Hierro liderados por Pavel Onciu. Los primeros en poner en práctica la iniciativa fueron 270 comandos del Grupo de Acción Rumano (Einsatzgruppe Rumanien) al mando del oficial Virgil Popa, quienes durante sucesivos saltos en paracaídas desde aviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) se dispersaron por los Cárpatos y Transilvania, fijando bases partisanas y más de 100 agrupaciones en los Montes Apuseni y Cordillera de Fâgaras, donde causaron estragos tanto a las tropas del Ejército Rumano como al Ejército Rojo, en algunos casos más allá de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1950 en la Guerra Fría.

Comandos de la Guardia de Hierro del Grupo de Acción Rumano (Eisatzgruppe Rumanien).

Al mismo tiempo en el Tercer Reich, la División SS de Granaderos Rumana “Rumanische” fue trasladada de Austria hacia el norte de Alemania junto a otras unidades de las Waffen-SS, tomando parte 3.000 de sus soldados en la defensa del Puente Schewedt y posteriormente en las campañas de Pomerania y el Río Oder hasta rendirse los supervivientes a las tropas de Estados Unidos en el Río Elba . Respecto al Gobierno Nacional Rumano Viena, huyó hacia el oeste poco después de que el Ejército Rojo entrase en la capital de Austria para reubicar su gabinete en el Tirol, siendo la mayor parte de los refugiados y legionarios capturados por las fuerzas de las Aliados Occidentales nada más acabar la Segunda Guerra Mundial en Europa la jornada del 8 de Mayo de 1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial con la victoria de la Unión Soviética en Europa Oriental, los rusos continuaron haciendo su purga en Rumanía aprovechando que los Aliados no intervenían, ya que según lo pactado con los anglo-norteamericanos los soviéticos se reservaban un 90% de su influencia frente a tan sólo un 10% de la de los Gobiernos de Washington y Londres. Gracias a este acuerdo se mató, encarceló o expulsó a 6.000 oficiales del Ejército Rumano, además de ejecutarse en 1946 al depuesto “Conducator” Ion Antonescu que antes de morir saludó al pelotón de fusilamiento diciendo “la Historia me juzgará”. Una vez con todas las lealtades estuvieron sometidas al Kremlin, el 30 de Diciembre de 1947 tuvo lugar una revuelta popular impulsada por los marxistas alrededor del Palacio Real, por lo que el Rey Miguel I tuvo que abdicar y marcharse al exilio en Inglaterra, convirtiéndose desde ese momento la nación en la República Popular de Rumanía al mando del Presidente Gheorghe Georghiu.

Afortunadamente los exiliados de la Guardia de Hierro no sufrieron represión por parte de los Aliados, ya que al haber estado los legionarios en campos de concentración durante el Tercer Reich, muchos prisioneros hablaron en su favor, siendo desde entonces puestos todos en libertad para emigrar a Estados Unidos, Austria, Argentina o Australia. Por ejemplo en Norteamérica se asentó el Consejo Nacional Rumano liderado por Constantin Visoianu, en Alemania Occidental el general Platón Chirnoaga, y en España los principales cuadros encabezados por Horia Sima, estos últimos acogidos por el general Ricardo Villalba Rubio, quién tenía muy buen recuerdo de su participación como voluntarios contra el comunismo en la Guerra Civil Española (en Majadahonda cayeron sus dos principales jefes Ion Mota y Vasile Marin), los cuales fundaron en Madrid el Archivo Histórico de la Guardia de Hierro situado en la localidad de Aravaca.

Aproximadamente un total de 82 años fueron los que Rumanía estuvo sometida al comunismo, prácticamente durante toda la Guerra Fría hasta el derrocamiento del régimen marxista y la ejecución a manos de militares rebeldes de su último líder, el Presidente Nicolae Ceacescu en 1989. Durante todo este tiempo la Guardia de Hierro continuó operando desde España, pero ya sin ninguna pretensión revolucionaria salvo mantener el recuerdo de sus legionarios caídos en las décadas de 1930 y 1940, hasta que falleció su último “Capitán” Horia Sima en 1993.

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano, “El Gobierno Nacional Rumano / El Ejército Nacional Rumano / La División Rumana de las Waffen-SS / Combates en el Oder y el Danubio”, García Hispán Editor (1997), p.147-156/157-182/183-214/229-252
-http://www.axishistory.com/index.php?id=2353