Gobierno Fascista de Coalición

La Marcha sobre Roma marcó un antes y un después en Italia porque significó el comienzo de la denominada «Era Fascista» al frente de Benito Mussolini. A partir de entonces el Partido Nacional Fascista se haría con las riendas del destino de la Península Italiana, aunque todavía no con el control absoluto porque tendría que mediar con la siempre hostil monarquía del Rey Víctor Manuel III y las diferentes fuerzas políticas del Gobierno de Coalición de Roma, por lo menos hasta que a largo plazo los éxitos económicos de la nueva administración, la reinstauración del orden y la acción de los Camisas Negras, terminarían por concentrar todo el poder en torno al Duce.

Gobierno de Benito Mussolini

El 30 de Octubre de 1922 el Rey Víctor Manuel III nombró a Benito Mussolini nuevo Jefe del Gobierno de Italia por un período de aproximadamente un año que debía abandonar como fecha tope el 31 de Diciembre de 1923. A lo largo del tiempo concedido tendría la misión de superar la crisis institucional que arrastraba el país desde la Primera Guerra Mundial pactando con todas las fuerzas políticas, ya no sólo con los miembros del Partido Nacional Fascista (PNF), sino también con los liberal-conservadores, social-demócratas, marxistas, nacionalistas, salandrinos e independientes, sobretodo con los que tenían mayor representación y peso como el Partido Socialista Italiano (PSI), el Partido Popular Italiano (PPI) y el Partido Comunista Italiano (PCI).

Oficialmente el 16 de Noviembre de 1922 se constituyó el Gobierno de Coalición ante la Cámara del Parlamento (Aventino), donde después de prometer Benito Mussolini que respetaría la democracia, el juego limpio y la integridad de los demás partidos políticos, salió elegido con 306 votos a favor, 116 en contra y 7 abstenciones. Al cabo de dos semanas, el 3 de Diciembre de 1922, obtuvo una victoria mucho más aplastante al ser ratificado con mayoría absoluta en la Cámara del Senado, cuyos representantes le otorgaron plenos poderes tanto a él como prácticamente a casi todo el Partido Nacional Fascista.

Rey Víctor Manuel III con Benito Mussolini

Como Benito Mussolini tenía el poder suficiente para aplicar sus reformas tanto en el Gobierno de Roma como en toda Italia, su primera medida fue introducir una serie de cuadros pertenecientes al Partido Nacional Fascista para dirigir algunos de los puestos más estratégicos dentro del entramado estatal. Consumada esta maniobra que el propio Mussolini bautizó como «Doble Estado», en seguida la administración quedó dividida en las siguientes dos entidades: una al frente del Gobierno de Coalición tal y como estaba estipulado con los demás partidos de la oposición; y otra de manera más discreta en la sombra que controlaban los fascistas y que poco a poco se extendería a todos los ámbitos de la política, siendo el fin de ésta última reemplazar al Parlamento y sustituirlo en el futuro por un Gran Consejo Fascista.

Junto con la Jefatura de Gobierno también Benito Mussolini se aseguró de liderar el Ministerio del Interior para garantizarse el tener vigilados a todos los partidos del Gobierno de Coalición, así como el Ministerio de Exteriores para hacer buena propaganda de su gestión en el extranjero y sobretodo en la Sociedad de Naciones. De igual manera suprimió ministerios y absorbió otros muchos con el objetivo de reducir el gasto estatal, quedando su gabinete conformado del siguiente modo: Alfredo De Stefani en el Ministerio de Hacienda, Teófilo Rossi de Monterera en el Ministerio de Industria y Comercio, Stefano Cavazzoni en el Ministerio de Trabajo y Previsión Social, Gabriello Carnazza en el Ministerio de Obras Públicas, Giuseppe De Capitani en el Ministerio de Agricultura, Cesare Maria de Vecchi en el Ministerio de Asistencia y Pensiones, Giovanni Giuriati en el Ministerio de Tierras Liberadas, Luigi Federzoni en el Ministerio de Colonias, el general Armando Díaz en el Ministerio de Guerra y el almirante Paolo Thaon di Revel en el Ministerio de Marina.

Las primeras medidas que Benito Mussolini impulsó en Italia fueron recetas económicas destinadas tanto a paliar la crisis de precariedad como también a la fractura social existente entre empresarios y trabajadores. Así fue como se fundaron las denominadas Corporaciones Fascistas, una especie de sindicato que reunía a los representantes de los propietarios con las formaciones sindicales que agrupaban a obreros y empleados, buscando acuerdos beneficiosos entre ambos sin que una de las partes se impusiera sobre la otra. Este tipo de iniciativas se aplicaron a todas las empresas, pero también a la Cofindustria y fuera del ámbito urbano a la Cofiagricultura para entablar un diálogo entre el campesinado y los terratenientes a través de la Federación Italiana Sindical Agraria.

Otras reformas económicas del Partido Nacional Fascista fue establecer salarios más asequibles para los trabajadores, plena libertad de movimiento de capitales, anulación de los impuestos directos y extraordinarios, abaratamiento de los alquileres, supresión de títulos de las acciones nominativas, abolición del impuesto de sucesiones y fusiones societarias, limitación del monopolio estatal de seguros de vida, nuevo impuesto sobre rentas agrarias y privatización del servicio telefónico. Aprovechando la baja cotización de la lira, también se vendieron gran cantidad de productos italianos a Europa Central y los Balcanes; además de llevarse a cabo importantes privatizaciones que redujeran los impuestos sobre beneficios de guerra, disminuyeran los gastos estatales y potenciaron la demanda interna tanto del sector industrial como de la agricultura.

Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional formando ante el Templo de Vesta de Roma.

Los Camisas Negras se convirtieron en el pilar del Gobierno de Coalición de Benito Mussolini porque se valió de su presencia para ir intimidando a los partidarios del régimen anterior, sobretodo después de que suprimiese a la Guardia Real y fundase con sus propios escuadristas la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional (MVSN), cuyos miembros continuaron vistiendo las mismas camisas oscuras y feces, además de hacer saludos romanos al grito de «Duce» o «Alalá». Lideradas por el general Emilio De Bono, estas escuadras que poseían un ideal mucho más republicano y revolucionario, se encargaron de mantener el orden y militarizar la sociedad impartiendo instrucción con armas a los cuerpos ferroviarios, de postales, carreteras, forestales o universitarios, a los que repartieron 142.026 fusiles y 151 ametralladoras. A pesar de que muchos antiguos Camisas Negras se negaron a unirse a la MVSN porque prefirieron continuar perpetrando actos de violencia por cuenta propia, el Partido Nacional Fascista tuvo que tomar cartas en el asunto y expulsar a muchos de sus jefes locales «Ras», algo que un buen puñado de dichos repudiados a organizar su propia asociación filofascista llamada Patria y Libertad.

En Febrero de 1923 se produjo la fusión del Partido Nacional Fascista con la Asociación Nacionalista Italiana (Associaziones Nazionalista Italiana) que lideraba el político Enrico Corradini. Gracias a esta adhesión pasaron a formar parte de filas fascistas un buen número de intelectuales, industriales, técnicos y profesionales que enriquecieron intelectualmente y económicamente al fascismo, como por ejemplo Luigi Federzoni y Alfredo Rocco. De hecho la unión con los nacionalistas permitió a Benito Mussolini obtener los escaños suficientes para votar una reforma electoral que sustituyera el sistema electoral proporcional por la lista más votada, una iniciativa que rechazó la izquierda en pleno, pero que apoyaron los conservadores del Partido Popular Italiano (PPI), logrando los fascistas sacar la propuesta con dos tercios de los escaños del Parlamento.

Incidente de Giacomo Matteoti

Cuatro meses antes del plazo otorgado por el Rey Víctor Manuel III para disolver el Gobierno de Coalición, fueron convocadas elecciones el 6 de Abril de 1924 en medio de una fuerte presión por parte de los Camisas Negras y la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional porque los escuadristas asaltaron las sedes de las formaciones políticas de izquierda, atacaron los edificios del Partido Popular Italiano y protagonizaron agresiones físicas, destrucción de material, boicots a mítines e incluso provocaron algunas víctimas mortales. A pesar de todo la jornada electoral transcurrió con normalidad porque de los 374 escaños del Parlamento ganó los comicios el Partido Nacional Fascista con 275 diputados (sin sumar los otros 29 que se le añadieron de diversos grupos nacionalistas con los que pactó), quedando la oposición de derechas e izquierdas reducida a tan sólo 106 escaños de la Cámara.

Después de la mayoría absoluta de Benito Mussolini en los comicios de Abril de 1924, Giacomo Matteoti que dirigía el Partido Socialista Italiano, acusó a los fascistas de haber hecho trampa y ganado las elecciones de forma fraudulenta, basándose en que el escuadrismo de los Camisas Negras en las ciudades había amedrentado a muchos italianos de ir a votar. A pesar de que en realidad el Partido Nacional Fascista obtuvo su victoria por sus éxitos económicos al frente de la administración y no por la acción de sus milicias, muchos no se tomaron bien las palabras de Matteoti cuando el 10 de Junio fue secuestrado por un grupo de escuadristas de segunda fila al mando Amerigo Dumini, los cuales actuaron por cuenta propia y a espaldas de Mussolini, quién precisamente hizo todo lo posible para localizar su paradero temiéndose que su muerte pudiera mermar su prestigio como Jefe de Gobierno. Lamentablemente al cabo de dos meses, el 16 de Agosto, su cadáver apareció en estado de descomposición a las afueras de un bosque situado a 16 kilómetros de Roma.

Funeral de Giacomo Matteoti.

La muerte de Giacomo Matteoti supuso un terremoto para el Gobierno de Coalición aquel verano de 1924 porque muchos dedos en el Parlamento de Roma señalaron a Benito Mussolini, el cual pese a no haber tenido nada ver, se vio afectado políticamente e incluso no dudó en reprender a los asesinos acusándoles de haber provocado una crisis institucional de calado. Como era de esperarse el Partido Socialista Italiano aprovechó la coyuntura para arremeter dialécticamente contra los fascistas e incluso solicitó al Rey Víctor Manuel IIII que impartiese justicia, por lo que el monarca presionó a Mussolini, quién no tuvo más remedio que primero destituir de sus cargos y luego encarcelar a los responsables del asesinato, tanto a su jefe Amerigo Dumini como a los escuadristas Giovanni Marinelli y Cesare Rossi.

El arresto de los asesinos del diputado Giacomo Matteoti no calmó los ánimos porque en seguida la izquierda convocó grandes movilizaciones en forma de protestas y huelgas sobre Roma, Milán y otras ciudades de Italia. También la Cámara del Parlamento se convirtió en una tribuna de reproches, tanto por parte de la izquierda como de la derecha liberal-conservadora, que acusaban al Partido Nacional Fascista de estar llevando al país hacia una dictadura de los Camisas Negras. Fue entonces cuando en una maniobra política brillantemente hábil, Benito Mussolini alegó que la división parlamentaria provocaría una nueva crisis de ingobernabilidad en un momento crítico, por lo que aprovechándose de su mayoría absoluta en Senado, sacó adelante una iniciativa provisional para cerrar temporalmente el Parlamento.

La clausura del Parlamento por parte del Senado produjo las críticas de todas las formaciones políticas que pidieron la dimisión de Benito Mussolini, quién incluso llegó a plantearse abandonar el cargo de no ser porque en el último instante fue convencido de mantenerse en el poder por el mismo Rey Víctor Manuel III. Gracias a esta oportunidad concedida por el monarca, Mussolini intentó dar una imagen más moderada suprimiendo algunos de sus cuadros por otros de diferentes partidos, como por ejemplo hizo en el Ministerio de Educación al sustituir a Giovanni Gentile por Alesandro Casati, en el Ministerio de Obras Públicas al quitar a Gabriello Carnazza por Gino Sarrochi, en el Ministerio de Economía Nacional al echar a Mario Corbino por Cesare Nava y en el Ministerio de Colonias al cesar a Luigi Federzoni por Pietro Lanza di Scala. Incluso en la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional fue relevado de la jefatura el general Emilio de Bono que ya no ostentaría más el mando de los Camisas Negras.

Obviamente la moderación del Gobierno de Coalición enfadó a muchos jefes locales «Ras» de los Camisas Negras, los cuales amenazaron a Benito Mussolini con sublevarse al sospechar que podía estar traicionando el espíritu de la ansiada y prometida «Revolución Fascista». De hecho por primera vez muchos miembros de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional convocaron manifestaciones y protestas contra el Partido Nacional Fascista, provocando una división ideológica en el seno del fascismo, cuyos cuadros encima tuvieron que lidiar contra la violencia organizada también por la izquierda y los socialistas, quienes asesinaron el 12 de Septiembre a un diputado fascista y poco después atentaron sin éxito contra la vida de Mussolini.

Pintura de Benito Mussolini asumiendo el poder como Duce en 1925.

La situación al Partido Nacional Fascista comenzó a írsele de las manos porque en Florencia un total de 33 cónsules fascistas protagonizaron un pronunciamiento con sus Camisas Negras, quienes presentaron a Benito Mussolini un ultimátum para que disolviese el Gobierno de Coalición o de lo contrario llamarían a sublevarse a toda la milicia en Italia. Nada más ser formulada la amenaza, el Cámara del Parlamento se reunió de urgencia en Roma para pedir una vez más la dimisión de Mussolini y que la monarquía actuase utilizando a las fuerzas armadas para disolver a los Camisas Negras. Sin embargo en esta ocasión Mussolini no se amedrentó y en un discurso cargado de magnetismo mandó callar a los diputados de la oposición y manifestó sus verdaderas intenciones, pues valiéndose de su mayoría absoluta asumió plenos poderes parlamentarios anunciando lo siguiente: «Asumo cualquier responsabilidad histórica, política y moral».

Finalmente el 3 de Enero de 1925 el Parlamento fue sometido por Benito Mussolini cuando no dudó en autoproclamarse «Duce» o «Guía» del pueblo italiano para liderar sus destinos en el futuro que le pudiera devenir en el siglo XX. Acto seguido todos los partidos políticos fueron prohibidos, los opositores encarcelados y la prensa sometida a censura, naciendo de este modo un nuevo régimen dominado por el Partido Nacional Fascista y las escuadras de los Camisas Negras que sería conocido como la Italia Fascista.

 

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, «Un Gobierno de Coalición», Susaeta, (2003), p.43-63
-David Solar, La II Guerra Mundial como nunca se la habían contado, Volumen 4, «Didáctica Fascista», Revista La Aventura de la Historia (2009), p.10-11
-Robert Gerwarth & John Horne, War in Peace, Paramilitary Violence in Europe after the Great War, «Paramilitary Violence in Italy: The Rationale of Fascism and the Origins of Totalitarism», Oxford University Press (2012), pp.89-96