Francia de Vichy, 1940-1942

La Francia de Vichy fue el sinónimo de colaboracionismo con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Conformado a partir de la descomposición del país tras la invasión del Tercer Reich, este nuevo Estado Francés ubicado en la denominada “Zona Libre” del territorio galo, fuera de los límites de la ocupación militar por parte del Ejército Alemán, contó con su propio gobierno al frente del popular Marisca Philippe Pétain e incluso con un reducido Ejército Francés que arrastrado por los acontecimientos cooperaría con las potencias del Eje entre los años 1940 y 1942.

Régimen de Vichy

Bandera de la Francia de Vichy con la “Francisca”.

El régimen del Mariscal Philipe Pétain, héroe de la Gran Guerra por haber derrotado al Ejército Alemán durante la Batalla de Verdún de 1916, nació fruto de la dimisión del anterior gabinete de la Tercer República al frente del Presidente Paul Reynaud, y principalmente de los plenos poderes que le otorgó la Asamblea Nacional con 569 votos a favor, 80 en contra y 17 abstenciones, confiriéndole de este modo una legalidad indiscutible según los parámetros de la vigente Constitución de 1875. Una vez consolidado el nuevo Estado Francés, inmediatamente fue reconocido por las potencias del Eje mientras en Inglaterra se constituía como alternativa el Gobierno de la Francia Libre liderado por el general Charles De Gaulle.

Mariscal Philippe Pétain.

A nivel territorial la Francia de Vichy o “Zona Libre”, abarcó las regiones del centro y el sur del país como Borgoña, Auvernia, Delfinado, Provenza, Gascoña, Languedoc o los Pirineos, fijando su capital en Vichy, una ciudad de 25.000 habitantes en la comarca de Allier que era famosa por sus balnearios, en donde el Gobierno Francés y la Cámara de los Diputados establecieron su sede en el Hotel du Parc. Respecto al resto del territorio galo al norte y al oeste conocido como “Zona Ocupada”, pasó a estar dominada por el Ejército Alemán que extendió sus fuerzas sobre Champaña, Picardía, Normandía, Bretaña, Aquitania, Loira y Orleans, siendo su centro administrativo la capital de París, sin contar con que Alemania se anexionó Alsacia y Lorena; al mismo tiempo que en el Departamento de los Alpes Marítimos la Italia Fascista se apropiaba de Grenoble, Niza, Saboya y la Isla de Córcega.

Entre las condiciones que la Francia de Vichy suscribió con Alemania en el Armisticio de Compiègne y con Italia en el Armisticio de Villa Incisa, los Gobiernos de Berlín y Roma respetarían el “Imperio de Ultramar” con las colonias francesas en el África Occidental, Madagascar, Indochina, Siria, Líbano y las Antillas. No obstante se obligó a los galos a pagar una indemnización de 400 millones de marcos en términos de reparaciones de guerra, se redujo el Ejército Francés de la metrópoli a 100.000 efectivos entre 4.000 oficiales, 15.000 suboficiales y 81.000 soldados (aunque la cláusula no afectó a los dominios coloniales), se obligó a permanecer en los puertos a la Flota Francesa y se tuvo que devolver a todos los refugiados políticos alemanes al Tercer Reich. De hecho y para verificar que se cumpliesen los términos pactados se creó una Comisión de Armisticio Alemana en Wiesbade y una Comisión de Armisticio Italiana en Turín.

Mapa de la Francia de Vichy, 1940-1942.

El Gobierno de Vichy se articuló en el Mariscal Philippe Pétain como Jefe del Estado y en un gabinete conformado por el Primer Ministro Pierre Laval, el Ministro de Justicia Joseph Barthélémy, el Ministro de Trabajo Marcel Déat, el Ministro de Industria François Lehideux, el Ministro de la Guerra Eugène Bridoux, el Ministro de Colonias Maxime Weygand, el Ministro de Mantenimiento del Orden Joseph Darnand, el Secretario General de Información y Propaganda Philippe Henriot, y el Secretario General de Policía René Bousquet. Como bandera se adoptó la tricolor roja, blanca y azul de la República Francesa a la que se añadió un hacha de doble hoja adornada de un mango bordado de estrellas conocido como la “Francisca”, además de añadirse al anterior lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” el nuevo de “Trabajo, Familia y Patria”.

Cartel propagandístico de la “Revolución Nacional”.

La Revolución Nacional o “Nátionale Revolution” fue el sistema político elegido por la Francia de Vichy como una forma de fascismo moderado y a diferencia del ítalo-alemán bastante antirrevolucionario, cuya intención era aceptar los nuevos tiempos de corporativismo económico como alternativa al capitalismo y al comunismo, pero una vuelta a los valores tradicionales rurales y católicos de la llamada “Francia Profunda”. Bajo esta idea se escogió a un buen puñado de antiguos funcionarios de la disuelta Tercer República y también a nuevos jóvenes de los movimientos fascistas para crear una nueva generación francesa de “Hombres Nuevos”.

La economía de la Francia de Vichy se basó fundamentalmente en el “agrarismo”, un programa que pretendía fortalecer el campo y el ámbito rural mediante la aportación de fondos y ayudas a campesinos, pero que rebajó el interés por la cuestión industrial, sometida a un moderado corporativismo según la denominada Carta de los Trabajadores que concedió algunas facilidades tanto a propietarios como obreros. Lamentablemente la situación distó de ser positiva porque por culpa de la guerra muchos campos habían sido devastados, las tropas de ocupación alemanas gastaban 400 millones de francos al día, el bloqueo naval del Reino Unido sobre el continente y las barreras impositivas para el intercambio de productos con Alemania, dificultaron la recuperación económica. Al menos el cambio oficial del marco alemán al franco galo benefició a los franceses que al poder hacer uso de ambas monedas la gente pudo obtener bienes y servicios comprando a precios baratos.

A pesar de que la Francia de Vichy distó mucho de ser un régimen fascista como por ejemplo lo era Italia, sí que participaron de forma activa en la actividad política, social y cultural infinidad de movimientos previamente existentes en la Tercer República, muchos de estos procedentes de las antiguas Cruces de Fuego “Croix de Feu” o del Partido Popular de Francés. Entre los más destacados estuvieron el nuevo Movimiento Popular Francés de Jaques Doriot con 25.000 miembros, la Unión Nacional Popular de Marcel Déat con 23.000, el Progreso Social Francés de François La Rocque con 6.000, los Jóvenes de la Nueva Europa de Marc Augier con 4.000, la Liga Francesa de Pierre Constantini con 2.000, el Partido Francés Nacional Colectivista de Pierre Clementi con 800 o el Frente Franco de Jean Boissel con 100.

Reunión del Movimiento Popular Francés de Jacques Doriot con la finalidad de reclutar combatientes para la Legión de Voluntarios Franceses (LVF) que debía marchar a combatir contra la Unión Soviética.

Las fuerzas del orden dentro de la Francia Vichy fueron múltiples sin contar a los 100.000 efectivos del Ejército Francés y el personal de marinería de la Flota Francesa en Toulon y Marsella autorizados por los alemanes en el Acuerdo de Compiègne. Los más famosos de estos colaboracionistas armados fueron los Grupos de Protección que auxiliaron como milicia a la Gendarmería, pero también los voluntarios del Servicio de Orden Legionario o los reservistas de la Primera Guerra Mundial articulados en la Legión Francesa de Combatientes, cuyos miembros alababan la figura del Mariscal Philippe Pétain y todos los domingos se vestían de uniforme para lucir sus medallas y narrar sus viejas historias en bares y cafeterías. A nivel de juventudes existió una formación paramilitar compuesta por 800 niños conocidos como los Jóvenes del Mariscal (Jeunes du Maréchal), además de otros dos grupos menores denominados “Chantiers de la Jeunesse” y “Jeuness et Montagne”.

Desfile en París de las milicias del Movimiento Popular Francés y su jefe Jaques Doriot.

Dentro de la cultura se ensalzó la figura del Mariscal Philippe Pétain como una especie de “salvador de Francia, así como otros héroes del pasado reciente como el mariscal Ferdinand Foch de la Primera Guerra Mundial, pero también clásicos históricos como Carlomagno, Juana de Arco, Luis IX “El Delfín” o Napoleón Bonaparte. De hecho se consiguió que el hijo del “Gran Corso”, Napoléon II que estaba enterrado en Austria, fuese devuelto a su patria para descansar junto a su padre en el complejo de Los Inválidos de París. Al mismo tiempo se europeizaron todos los ámbitos culturales tomando como ejemplos gestas de otras naciones, como por ejemplo los poemas dedicados a los sitiados del Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil Española, mientras desde el aparato estatal de “Le Gruope” se dedicó a la fascistización del arte con publicaciones que incluyeron el periódico Le Gerne y el apoyo a intelectuales prodigiosos como Rober Brassillach con su obra Diario de un Hombre Ocupado que vendió 300.000 ejemplares, Drieu La Rochelle con Socialismo Fascista y Europa contra las Patrias, o Louis-Ferdinand Céline con La Escuela de los Cadáveres.

Chicos d elos “Jóvenes del Mariscal” y su líder Georges Lamirand.

Al definirse la Francia de Vichy como un régimen católico se otorgó una gran importancia a la religión cristiana que fue obligatoria en la educación, además de implantarse un fuerte patriotismo y valores de carácter conservador porque se prohibió el aborto y el divorcio, se penalizó la homosexualidad y dentro del núcleo familiar se consideró al padre por delante de la madre y los hijos. También se adoptó un marcado antisemitismo importado por Alemania porque los judíos fueron privados de bastantes derechos como acceder a determinados trabajos y profesiones, se les vetó ingresar en la universidad y se les impidió llevar a cabo actividades relacionadas con la política, la prensa o el cine según se recogió en el Estatuto Judío de 1940.

Foro de la Cultura Europea en la Francia de Vichy.

Mientras tanto en la “Zona Ocupada” de Francia el Ejército Alemán dividió la administración en dos agrupaciones militares distintas: la mayor parte del territorio estuvo bajo tutela del Comando de París (Komandantur Paris) al mando del general Otto Stülpnagel, al tiempo en que las provincias septentrionales de Champaña y Picardía fueron responsabilidad del Comisariado de Bélgica y el Norte de Francia (Reichskommissariat Belgien und Nordfrankreich) al mando del general Alexander Von Falkenhausen. Salvo por las restricciones propias de una guerra, la vida de la ciudadanía fue normal y en la mayoría de los casos pacífica, tanto para los franceses como para los soldados alemanes. De hecho y según el Pacto Germano-Soviético “Ribbentrop-Molotov” los ocupantes volvieron a legalizar al Partido Comunista Francés y su periódico L’Humanité que habían sido perseguidos en 1940 por la Tercera República Francesa, por lo menos hasta que se produjo la invasión a la Unión Soviética.

Guerra Franco-Británica (1940-1942)

Obviamente a nivel internacional la Francia de Vichy fue reconocida por todas las potencias del Eje junto a Alemania e Italia como por ejemplo hicieron Japón, Rumanía, Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, Finlandia y Thailandia, así como otros “estados títeres” entre los que estaban Croacia, el Estado Noruego, Manchukuo y la China Nacional Reorganizada, pero también por naciones neutrales entre las que figuraron Estados Unidos, España, Portugal, Turquía, Suiza y el Vaticano. Incluso hubo intercambios diplomáticos con el Reino Unido y países de la Commonwealth pese a que libraban una “guerra no declarada” contra el Gobierno de Londres, la mayoría de las veces relacionadas por cuestiones a las colonias de ambos “Imperios de Ultramar”.

Entrevista entre Adolf Hitler y Philippe Pétain en Montoire.

Salvo por cordiales excepciones en las que tanto la Francia de Vichy como el Reino Unido se respetaron, lo cierto fue que existió entre las dos potencias una especie de “Guerra Franco-Británica” que benefició a las potencias del Eje, pero que sin duda Alemania podría haber explotado mucho mejor a su favor de no haber sido por la arrogante “francofobia” de Adolf Hitler. La razón de esta rivalidad anglo-gala surgió porque justo después de la caída de Francia, el temor del Primer Ministro Winston Churchill y el Almirantazgo de Londres fue tan grande a que la Flota Francesa se uniese a la Marina Real Italiana en el Mar Mediterráneo, que el 3 de Julio de 1940 la Marina Real Británica atacó a los franceses en el puerto de Mers-el-Kebir sobre Argelia, matando a 1.297 marineros y hundiendo dos acorazados, algo que sin duda resquebrajó el entendimiento entre el Gobierno de Vichy y el Gobierno de Londres.

A partir del ataque a Mers-el-Kebir empezó una “guerra no declarada” contra el Reino Unido que siguió con el intento de invasión de los Aliados en Senegal, en esta ocasión contando con fuerzas de la Francia Libre del general Charles de Gaulle, aunque la campaña resultó ser un desastre porque durante la Batalla de Dakar librada entre el 23 y 25 de Septiembre de 1940, la Marina Real Británica se tuvo que retirar derrotada del África Occidental Francesa con considerables bajas en barcos, al tiempo en que el Mariscal Philippe Pétain era catapultado al máximo de su popularidad tras presentar la propaganda aquella gesta como una gran victoria sobre el Imperio Británico. De hecho los vichystas pronto pasarían al contraataque bombardeando desde sus bases en Marruecos la colonia inglesa de Gibraltar, a pesar de que los ingleses y los gaullistas se vengarían entre Octubre y Noviembre desembarcando en el África Ecuatorial Francesa para hacerse con el control del norte del Congo y parte del Chad tras la Batalla de Gabón.

Ciudad de Dakar bajo el bombardeo de la Marina Real Británica.

Paralelamente la Francia de Vichy también libró algunos enfrentamientos contra el Eje en el Sudeste Asiático e Indochina como por ejemplo contra Japón cuando tras una breve campaña militar tuvo que ceder a los nipones una serie de bases al norte de Vietnam y Tonkín, en parte por las presiones recibidas del Tercer Reich. Precisamente acontecimientos de esta índole minaron cualquier posibilidad de una alianza firme con Alemania que muchos franceses habrían suscrito entusiasmados con tal de doblegar a Inglaterra, tal y como demostró la escasa capacidad de entendimiento entre Adolf Hitler y Philippe Pétain durante la Conferencia de Montoire que ambos mantuvieron en 1940. Incluso para cuando a finales de ese año estalló la Guerra Franco-Thailandesa entre la Francia de Vichy y Thailandia, ambos países con regímenes fascistas, el Ejército Francés no solamente fue humillado tras su derrota frente al Ejército Thailandés, sino que nuevamente el Führer que buscaba atraer a los thailandeses a la órbita del Gobierno de Berlín, empujó a los franceses a firmar una dolorosa paz con el Gobierno de Bangkok, al que tuvo que ceder amplios espacios de Laos y Camboya.

Soldados de la Legión Extranjera de la Francia de Vichy en la campaña de Siria.

En el año 1941 estuvo a punto de renovarse con la Francia de Vichy la posibilidad de una alianza seria con Alemania cuando en el verano de 1941 el Imperio Británico invadió sus colonias de Siria y Líbano, librándose fortísimos combates entre el Ejército Francés y las fuerzas de la Commonwealth sobre el Desierto de Mesopotamia, Palmyra y Damasco, en los que la aviación alemana e italiana intervino para ayudar a los franceses. A pesar de que en Julio concluyó la campaña en el Próximo Oriente con la victoria del Reino Unido, la mayor parte de los vichystas pudo volver a su patria según los términos del Acuerdo de San Juan de Acre y lo que fue más importante, se estrecharon los lazos entre los Gobiernos de Vichy y Berlín. Así quedó demostrado con la invasión de Alemania a la Unión Soviética en la “Operación Barbarroja”, pues las autoridades colaboracionistas hicieron una intensa campaña propagandística en la que impulsaron la creación de la Legión de Voluntarios Franceses (LVF), cuyos miembros vistieron el uniforme del Ejército Alemán combatiendo en la Batalla de Moscú y en acciones antiguerrilla sobre Bielorrusia.

A partir del año 1942 las cosas se complicaron en el exterior para la Francia de Vichy porque con la entrada de Estados Unidos y Japón en la Segunda Guerra Mundial, algunas de sus colonias quedaron expuestas por su proximidad con los frentes bélicos como la Polinesia y Nueva Caledonia que juraron fidelidad a la Francia Libre, mientras que otras fueron invadidas a la fuerza por contingentes gaullistas como la Isla de Reunión en el Océano Índico o las Islas de Saint-Pierre y Miquelón cerca de Canadá. De forma bastante diferente transcurrieron los acontecimientos en la Isla de Madagascar al sur de África, ya que después de un desembarco del Ejército Británico y tropas de la Commonwealth, los vichystas franceses se defendieron heroicamente durante seis meses en las ciudades y en la jungla, llegando incluso a recibir ayuda de submarinos japoneses y provocando considerables bajas a sus oponentes, hasta que finalmente en otoño el dominio insular entero fue conquistado por los Aliados.

Combatientes de la Legión de Voluntarios Franceses (LVF) en la Unión Soviética.

El 8 de Noviembre de 1942 los Aliados pusieron en marcha la “Operación Torch” y desembarcaron en el África Occidental Francesa con 107.000 tropas norteamericanas y británicas que fueron depositadas en Marruecos y Argelia, tomando tras violentos combates con los franceses enclaves como Fedala, Argel y Orán. Después de hundir la Flota Estadounidense a los últimos grandes buques de la Flota Francesa en la Batalla Naval de Casablanca y expandirse las tropas invasores sobre la Cordillera del Atlas, siempre librando sangrientos enfrentamientos contra los vichystas, el 19 de Noviembre se firmó la capitulación de toda el “Imperio de Ultramar”.

La pérdida del África Occidental Francesa implicó el golpe de gracia al Gobierno de Vichy porque el almirante François Darlan, que ocupaba el puesto de Primer Ministro, fué quién traicionó al Mariscal Philippe Pétain para viajar hasta Argel y ordenar a la guarnición deponer las armas en favor de los Aliados, a quienes entregaron Marruecos, Argelia, Senegal y todo el Sahel. Aunque rápidamente se nombró Jefe del Gobierno al nuevo Primer Ministro Pierre Laval que era mucho más del gusto del Tercer Reich, las tropas del Ejército Alemán que ya no se fiaban de los vichystas activaron la “Operación Lila” e invadieron la “Zona Libre” del sur de Francia hasta llegar al puerto de Toulon, donde los marineros galos barrenaron los restos de la Flota Francesa, poniendo de ese modo fin a la independencia de la que hasta ahora había gozado la Francia de Vichy.

Bibliografía:

-Sergi Vich Sáez, La Francia de Vichy, una zona entre dos fuegos, Revista Historia y Vida Nº461 (2006), p.84-92
-Carlos Caballero Jurado, ¿Hitler o Napoleón?, “Ni paz ni guerra. Francia, 1940-1941”, García Hispán Editor (2000), p.78-133
-Ignacio Marina Grimau, La Francia más entregada, Revista Muy Historia (2009), p.76-81
-Francesc Prince, Traidor a la Patria, Revista Historia y Vida Nº493 (2009), p.80-87