Francia, de la Galia a la Gran Guerra

 

Francia, de la Galia al Imperio Napoleónico, pasando por la Primera Guerra Mundial, fue un país fundamental en la configuración del siglo XX, clave en el desarrollo del conflicto más mortífero que iba a vivir la Humanidad.

Nacimiento de Francia

Desde que Julio César conquistara la Galia, poco se había oído hablar hasta entonces de aquella región en el Imperio Romano más que de una tribu llamada “galos”. Vercintegorix era el nombre que más sonaba a los europeos, un hombre que había tratado de unificar a los galos y que había acabado su vida ejecutado por Roma tras rendirse en la Batalla de Alesia.

“Francos” fue el nombre por el que se conocieron los habitantes de la Galia tras la desmembración de Roma. La primera vez que francos y germánicos se enfrentaron cara a cara ocurrió en el sigo V, justo en el mismo instante en que los romanos se retiraban hacia el sur, teniéndose que defender en solitario los galos ante el poderoso Imperio Germánico que traspasaba las fronteras del Río Rin.

Batalla de Alesia entre los habitantes Galia y las legiones del Imperio Romano comandadas por Julio César. Año 52 a.C.

Oficialmente la “Unificación de Francia” puede datarse del siglo IX, cuando todos los territorios quedaron unidos bajo el Imperio Carolingio del Emperador Carlomagno.

Durante la Edad Media a Francia le sucedieron varias monarquías absolutas. Las continuos abusos de los monarcas en Francia sometieron a una vida de esclavitud a su población, sobretodo en lo referente a la Iglesia, un ejemplo fue la matanza de los cátaros en Provenza o las continuas represiones en Occitania y el Rosellón.

Al acabar el Medievo en el siglo XV, Francia se enzarzó en una serie de guerras contra España y el Sacro Imperio Romano-Germánico que Caros I, Rey español, hizo heredar a su país. Las guerras a lo lago del siglo XVI y XVII no sólo fueron contra España, sino también contra quién sería archienemiga de Francia, Gran Bretaña, además también contra Holanda y Portugal. La Guerra de los Treinta años que estalló en Alemania se extendió a Francia entre 1618 y 1648, provocando una gran mortandad en la nación gala mientras católicos y protestantes masacraban entre sí. Otro de los conflictos que caracterizó a Francia fue la Guerra de Sucesión en entre 1700 y 1713, una contienda a nivel europeo en la que se enfrentó junto a España contra Gran Bretaña, Holanda, Austria y el Sacro Imperio. El resultado de la Guerra de Sucesión fue un desastre para Francia que la sumió en una miseria durante décadas de manos de la dinastía Borbón.

La Revolución Francesa y Napoleón

Como era de esperar los privelegios del absolutismo monárquico de los Borbones cansaron a la población, hartos de ser esclavos de sacerdotes, nobles y reyes, y estar en continuas guerras contra Inglaterra, como por ejemplo la Guerra de Independencia de Estados Unidos a la que Francia envió ayuda. La Revolución Francesa estalló en 1789, lanzándose el pueblo contra los nobles y los privilegios de la Iglesia. Inesperadamente se inició una guerra por el país que se cobró la vida de muchos miles de personas, en los que murieron guillotinados el Rey Luis XVI y la Reina Maria Antonieta. Pero los revolucionarios, divididos entre jacobinos y girondinos, no supieron llevar la situación y acabaron matándose entre ellos también, destacando las ejecuciones ordenadas por Maximilien Robespierre. No fue hasta la llegada al poder de Napoleón Bonaparte en Francia, cuando el lema de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” se puso en práctica.

Napoléon Bonaparte grita órdenes a sus soldados en la Batalla de Friedland, 1807.

La etapa napoleónica de Francia fue la mayor época de esplendor que se vivió en el país galo. Napoleón consiguió frenar las matanzas e hizo una sociedad igualitaria en derechos entre los ricos y los pobres. Lo que más caracterizó a la época fue la construcción de un Imperio que se extendió por toda Europa, consiguiendo derrotar a Estados absolutistas como el de Austria en la Batalla de Austerlitz o frenar en grandes batallas a las potencias expansionistas de Prusia y Rusia. También Napoleón pudo poner fin a las tensiones con los germanos, algo que logró gracias a la creación de la llamada Confederación del Rin, la cual unió a todos los pueblos nórdicos, entre ellos Sajonia, Baviera, Holanda y Hannover. La única nación que no pudo doblegar fue la liberal Gran Bretaña, imposible de invadir por su carácter insular. Aprovechando esa ventaja y la superioridad de su flota tras la Batalla de Traffalgar, Inglaterra montó una coalición con la mayoría de potencias europeas para acabar con Napoleón. Todas las potencias absolutistas se aliaron Londres para vencer a Francia. Napoleón para defenderse tuvo que invadir al mismo tiempo Prusia, Austria, Rusia, España, Portugal y Polonia, cosa que hizo con éxito. Pero a partir de este punto poco a poco empezó a decaer, especialmente por la Guerra de Independencia Española y por la retirada del Ejército Francés (Grande Armée) a través de Rusia que acabó en una completa derrota. La Confederación del Rin también se sublevó contra Bonaparte, iniciando una guerra partisana a favor de la futura nación de Alemania que destrozó a lo que quedaba de las tropas francesas. Las potencias absolutistas entraron en París en 1814, por lo que Napoleón se exilió a la Isla de Elba mientras en Francia volvían de nuevo los Borbones imponiendo el absolutismo. Sin embargo Napoleón no se rindió y regresó a Francia donde consiguió unir a todos los franceses de nuevo, esta vez se lanzó él sólo junto a su pueblo en una heroica carga contra los absolutismos, pero fue derrotado una vez más en la Batalla de Waterloo por Inglaterra y Prusia.

Paz Armada

Después de Waterloo, Napoleón fue condenado a la Isla de Santa Helena donde murió, por otro lado, Francia se sumiría en un absolutismo borbónico hasta la llegada al poder de Napeolén III, nieto de Napoleón. El nuevo Napoleón III volvió a otorgar las libertades de la extinta Francia Napoleónica, pero nunca con el éxito que tuvo su abuelo. Por lo menos consiguió otorgar un nuevo Imperio a Francia. El Imperio Francés del siglo XIX se caracterizó por extenderse por el África Occidental, Madagascar, el Caribe, la Indochina, el Océano Pacífico o las Islas de Saint-Pierre y Miquelón en Labrador, siempre en competencia con Gran Bretaña.

Para 1870 se inició la Guerra Franco-Prusiana en donde Francia salió perdiendo. Las tropas prusianas entraron victoriosas en París expulsando del poder a Napeoléon III y creando la III República, perdiendo además Francia las províncias de Alsacia y Lorena que fueron anexionadas por la recién unificada Alemania en 1871.

Derrota francesa en el Asedio de París ante el imbatible avance de los alemanes, 1871.

Durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar la Segunda Revolución Industrial que daría lugar a una época de constante pugna revolucionaria. Los patrones tenían el poder sobre el obrero, trabajando este de sol a sol todos los días, con sueldos pésimos, sin derechos y sumidos en la ruina. El comunismo de Karl Marx apareció como una ideología alternativa a adoptar, que en Francia muchos siguieron, aunque comparados con el resto de la población fueron minorías, en su mayor parte porque era una idea extranjera y sobretodo alemana. Sin embargo lo que caló en Francia fue el socialismo mezclado con el nacionalismo, que fundó Charles Maurras con Acción Francesa, una de las primeras ideas que pueden ser consideradas como precedentes del fascismo. También hubo movimientos antisemitas como el Affaire Dreyfruss en 1890 que causó manifestaciones en todo París contra los judíos.

Fuera de las fronteras las alianzas militares de Francia se orientaron hacia la Triple Entente con países enemigos del pasado como Gran Bretaña y Rusia. Por otro lado la Triple Alianza entre Alemania, Austria e Italia se realizó para hacer la competencia a la Entente. Para frenar tales las rivalidades, Otto Von Bismark, Canciller alemán, presidió la Conferéncia de Berlín con el fin de repartirse el pastel de Africa, pero no sirvió de nada debido al hambre colonial de las potencias.

A diferencia de Alemania u otras potencias, Francia tuvo que esperar a 1910 para que la jornada laboral se redujera a entre 8 y 10 horas y para que se librara un dia a la semana, en este caso el domingo. Aún así las huelgas y protestas continuaron siendo muy reprimidas por los gobiernos y fuerzas militares.

La competencia de Francia con Alemania y Gran Bretaña en el siglo XIX y principios del siglo XX, conocida como el periodo de “Paz Armada” culminaría en la Primera Guerra Mundial.

Primera Guerra Mundial

El atentado de Sarajevo, que tuvo lugar el 28 de Junio de 1914 en Serbia, mató al Archiduque Francisco I de Austria, dejando sin descendencia al trono austríaco. Como reacción al atentado, Austria-Hungría invadió Serbia, lo que provocó la respuesta de Rusia declarando la guerra a Austria. Alemania, al ver amenzada a su aliada Austria, atacó a Rusia el 1 de Agosto y finalmente a Francia el 3 de Agosto, que tenía una alianza militar con el Imperio Ruso. Había empezado la Primera Guerra Mundial, más comocida como la “Gran Guerra”.

La invasión de Francia se produjo violando la neutraliadad de Bélgica, por lo que provocó la ira de Inglaterra que declaró la guerra a Alemania. Poco después se unieron a la lucha Italia, Portugal, Rumania, Grécia, Japón y Montenegro a favor de la Entente, y Turquía y Bulgaria a favor de los Imperios Centrales.

Como rayos los alemanes avanzaron hacia el sur conquistando Bélgica y penetrando en Francia a través de Las Ardenas. Sin embargo, los germanos fueron detenidos por el Ejército Francés a las puertas de París, en la Primera Batalla del Marne, un milagro nacional considerado por los franceses.

Al llegar 1915, Francia se encontró en una guerra inmóvil dentro de su suelo, por lo que tuvo que hacer gala en otros frentes. El bloqueo naval enfrentó a las flota franco-británica con la alemana en las aguas del Mar del Norte, en ese lugar los marinos franceses caerían víctimas de los temidos submarinos. Pero lo peor fue la Batalla de Gallípoli contra Turquía, más de 50.000 franceses murieron masacrados por los turcos al intentar conquistar el Estrecho de los Dardanelos.

Soldado francés alcanzado por las balas en plena carga durante la Batalla de Verdún, 1916.

La pesadilla para Francia víno en 1916 en la famosa Batalla de Verdún. Sobre suelo de Verdún franceses y alemanes se enfrentarían en una guerra de trincheras durante un año sin que nadie avanzara un solo palmo de terreno. La situación se tornó desmoralizante, ya que los soldados murieron a cientos de miles estancados en el fango y en condicones de auténtico terror. Lo peor de la situación ocurrió cuando en el Ejército Francés se empezó a ejecutar a soldados que ya no soportaban la lucha, algo que hizo que las tropas tuvieran tanto miedo a sus mandos como al enemigo. Un total de 40.000 soldados plantaron cara a los oficiales exigiendo un trato más igualitario en lo que se conoció como el mayor motín de la Historia de Francia.

Todo cambió en el Ejército Francés cuando fue llamado a Verdún urgentemente el mariscal Philippe Pétain, un hombre que actuó pensando en sus soldados y no en engrandecerse a si mismo como hacían el resto de mandos. Lo primero que modifició fue el atender a las necesidades de los soldados, mejoró sus condiciones quitando privilegios a los oficiales, obligó a que parte de los bienes del ejército fueran destinados a sus famílias y cambió la táctica de usar cargas suicidas, para utilizar inteligentemente la artillería como apoyo a la infantería. Pétain consiguió lo imposible e hizo que los soldados recobraran la moral luchando con valentía, eso permitió ganar la Batalla de Verdún y expulsar a los alemanes. Por sus logros Pétain fue elegido en 1917 comandante supremo del Ejército Francés.

Cuando Rusia se fue de la guerra tras la Revolución Soviética que implantó el comunismo, Francia y Gran Bretaña se quedaron solas en el Frente de Europa Occidental. Alemania entonces lanzó su última ofensiva que expulsó a los franco-británcos del norte y los hizo retirarse a París. Por suerte para los franceses, estos volvieron a resistir en la Segunda Batalla del Marne gracias a Pétain, a la espera de que llegaran las tropas de Estados Unidos que recientemente había entrado en la guerra a su favor. Una vez los estadounideneses llegaron a Francia, los ejércitos de la Entente echaron y vencieron a los alemanes.

El 11 de Noviembre de 1918, Alemania y sus aliados se rindieron a la Entente. Francia había salido victoriosa de la Primera Guerra Mundial, vengando así las derrotas de la Guerra de Sucesión, la Guerra Napoleónica y la Guerra Franco-Prusiana. La desgracia costó a Francia 1.400.000 muertos y millones de heridos, aunque habían vencido. Lo que no aprendió Francia de la victoria, es que convertirse en un mal ganador, trae consigo sufrir en el futuro unas consecuencias más terribles que las del perdedor.

 

Bibliografía:

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Juan Antonio Guerrero, La I Guerra Munidal: Cuatro años en el infierno, Revista Muy Historia Nº17 (2008), p.43-59
Carlos Caballero Jurado, ¿Hitler o Napoleón?. “De la victoria a la derrota. Francia 1918-1940”, García Hispán Editor (2000), p.13-21