“Manifiesto Fascista” y Fasces de Combate

Al término de la Primera Guerra Mundial en 1918, la situación de Italia era de completa miseria tal y como sucedía con la mayor parte de las naciones de Europa. Al hundimiento económico y quiebra las finanzas, hubo que sumar la destrucción de una parte de la industria, el descontento social con el sistema liberal y el más de medio millón de muertos que dejó el conflicto, además de las pocas ganancias obtenidas de la vencida Austria-Hungría después de haberse creído los líderes italianos las falsas promesas de Gran Bretaña y Francia que en último término entregaron los territorios latinos a Yugoslavia, eso sin obviar con el estallido de una oleada revolucionaria de violencia marxista conocida como el “Bienio Rojo” que pretendía imitar la Revolución Bolchevique de Rusia. A raíz de esta sucesión de desastres y desórdenes imposibles de atajar, nació en 1919 como alternativa al capitalismo y al comunismo la ideología fascista que tuvo su origen en los “Fasci de Commbattimento”.

Originalmente el fascismo comenzó a tomar forma al comienzo de la Primera Guerra Mundial en 1914 cuando un grupo de artistas vanguardistas y renegados del sistema, la inmensa mayoría procedentes de la izquierda radical y del Partido Socialista Italiano (PSI), entre estos Angelo Olivetti, Filippo Corridoni o el anarcosindicalista Michele Bianchi, fundaron los Fasces de Acción Internacionalistas (Fasci d’Azione Internazionalista). Este agrupación defendía las tesis marxistas, pero sin renunciar al nacionalismo italiano y siendo intervencionista en la Gran Guerra, en la cual precisamente entró el país en 1915 del bando de los Aliados contra los Imperios Centrales. Una vez sumergidos en el conflicto, el famoso poeta Gabriele D’Anunzio que se había adherido a la organización con otra bastante similar, los Fasces Autónomos de Acción Revolucionaria (Fasci Autonomi D’azione Rivoluzionaria), fue esencial a través de sus proclamas para atraer a bastantes socialistas a hacia este nuevo tipo de nacionalismo social, entre ellos al carismático Benito Mussolini.

Benito Mussolini en un discurso de Milán.

Benito Mussolini, un intelectual que había nacido en Predappio en 1883, se erigió como una de las grandes figuras a la izquierda más extrema del Partido Socialista Italiano durante la década de 1910, siendo arrestado en varias ocasiones por acciones violentas antisistema e incluso por incendiar una iglesia. A pesar de su radicalidad fue puesto al mando de la dirección del diario progresista Il Popolo d’Italia, medio desde el cual fue cambiando su opinión política respecto a la Gran Guerra porque pasó de ser antibelicista y anticolonialista, a adoptar un discurso cada vez más nacionalista y a exigir la entrada de su patria en la contienda contribuyendo a fundar los Fasces Autónomos de Acción Revolucionaria a los que pertenecía el poeta Gabriele D’Anunzio. A partir de entonces representó a la izquierda intervencionista italiana y él mismo combatió en el Frente de los Alpes contra el Imperio Austro-Húngaro, resultando herido por metralla en la Batalla de Carso.

Terminada la Primera Guerra Mundial en 1918 con la denominada “victoria mutilada” de Italia debido a que perdió mucho más de lo que obtuvo en términos de ganancias territoriales por servir en el bando de los Aliados, la mayor parte de los intervencionistas no solo se sintieron traicionados por Gran Bretaña, Francia y los políticos liberales del Gobierno de Roma, sino que encima temieron las consecuencias de la insurrección marxista sobre Padania, Milán y Turín en lo que se conoció como el “Bienio Rojo”. Así fue como el 7 de Enero de 1919, un grupo de artistas futuristas y nacionalistas de izquierda, muchos procedentes de la Unión Italiana del Trabajo (Unione Italiana del Lavoro) y la Unión Sindical Italiana (Unione Sindicale Italiana), así como también un buen puñado de veteranos de las tropas de choque “arditi” del Ejército Italiano, se reunieron en Roma para coordinarse políticamente con otros intelectuales en la búsqueda de una solución a la crisis imperante, fundando para ello la Asociación Arditi que tuvo como máximos representantes al novelista Mario Carli, al poeta Filippo Tommaso Marinetti, al escultor Ferruchio Vecchi, al futurista Giuseppe Bottai y al anarcosindicalista Michele Bianchi, aunque el único que despegaría como figura sería Benito Mussolini con su ala ubicada en Milán.

Oficialmente el fascismo nació el 23 de Marzo de 1919 cuando Benito Mussolini leyó en la Plaza Santo Sepolcro de Milán, concretamente en el Salón Industrial y Comercial, el denominado Manifiesto Fascista. Al acto público acudieron 119 espectadores, siendo los principales participantes del evento personas tanto de la izquierda como de la derecha, como por ejemplo el socialista Roberto Farinacci, el futurista Filippo Tommaso Marinetti, el músico Arturo Toscanini o los militares Italo Balbo, Emilio De Bono o Cesare De Vecchi. Fruto de la reunión fueron creados los Fasces de Combate (Fasci de Combattimmento) como milicia contra los comunistas del Bienio Rojo y los capitalistas del Gobierno de Roma, además de fijarse una alternativa política conocida como la “tercera vía” que incluyó diversos postulados como la abolición de la Corona de los Saboya por una República Italiana, participación de los obreros en el desarrollo de las empresas y en sus beneficios, supresión de la banca especulativa, mayor peso exterior en la Liga de Naciones y anexión de los “territorios irredentos” de Fiume y Dalmacia a costa de Yugoslavia. De este modo lo reflejó el periódico mussoliniano Il Popolo d’Italia al publicar el siguiente ideario al que clasificó como Programa del Santo Sepolcro:

¡Italianos!
He aquí, el programa de un movimiento puramente italiano.
Revolucionario por ser anti dogmático y anti demagógico; fuertemente innovador por ser anti-prejuicioso.
Nosotros ponemos la valorización de la guerra revolucionaria por encima de todo y de todos.
Los otros problemas: burocracia, administración, jurídicos, escolares, coloniales, etc. Los delinearemos cuando organizamos la clase dirigente.
Por esto, nosotros queremos:
·Para el problema político:
-El sufragio universal con escrutinio de listas regionales con una representación proporcional, el derecho de voto y que puedan ser elegidas las mujeres.
-La disminución de la edad mínima a 18 años y la de los diputados, a 25 años.
-La abolición del Senado.
-La convocatoria de una Asamblea nacional por un plazo de tres años, cuya primera tarea será la de establecer la forma constitucional del Estado.
-La formación de un Consejo Nacional de trabajadores técnicos, de la industria, del transporte, la higiene social, de las comunicaciones etc. Electo por la colectividad profesional o por ocupación, con poderes legislativos y derecho de elegir un comisario general con poderes de Ministro.
·Para el problema social:
-La promulgación de una ley de Estado que dé a todos los trabajadores una jornada legal de ocho horas de trabajo.
-Salarios mínimos.
-La participación de los representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de las industrias.
-La administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente).
-La rápida y completa sistematización de los servicios ferroviarios y todas las compañías del transporte.
-Una modificación necesaria del proyecto de ley de seguridad de invalidez y de jubilación, en que se disminuya el límite de edad propuesto de 65 a 55 años.
·Para el problema militar:
-La creación de una milicia nacional con breves periodos de instrucción con un rol defensivo.
-La nacionalización de todas las fábricas de armas o explosivos.
-Una política exterior nacional que sea puesta en valorización, en concordancia con la competencia pacífica de las civilizaciones, de la nación italiana en el mundo.
·Para el problema financiero:
Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas.
La confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todas las bulas episcopales que constituyen una enorme responsabilidad para la Nación y un privilegio para unos pocos.
La revisión de todos los contratos de suministro en la guerra y el secuestro del 85% de las ganancias por la guerra.

Los Fasces de Combate o “Fasci de Combattimmento” se articularon en una milicia con sede en Milán, cuyos miembros inicialmente fueron los llamados “santosepulcreros” o “sansepolcristi” por haber estado desde la misma fundación tras la lectura del Manifiesto Fascista. El perfil de estos milicianos era de una edad media de 30 años, la mayoría descontentos marxistas entre los que había figuras como el socialista Giovanni Marinelli o el sindicalista revolucionario Mario Giampaoli, pero también nacionalistas, intelectuales, periodistas, publicistas, obreros, empleados, artistas vanguardistas e iluminados futuristas. Solían agruparse en escuadras o “squadristi” encabezadas por un líder local denominado “ras” al que hacían saludos romanos con el brazo derecho en alto, además de identificarse por su uniformidad de camisas negras y feces en la cabeza, una simbología conformada por banderines, calaveras y el puñal de los “arditi”, y por supuesto un equipo militar compuesto de porras, pistolas, fusiles y granadas.

Fasces de Combate en Milán.

El 15 de Abril de 1919 los Fasces de Combate llevaron a cabo su primera acción cuando un grupo de escuadristas destruyó la sede del periódico marxista Avanti!. A partir de entonces los “Fasci di Combattimmento” se dedicaron a atacar objetivos de sus adversarios, especialmente las sedes y locales del Partido Socialista Italiano (PSI), aunque también protagonizaron incursiones en casas de políticos, círculos recreativos, cámaras de trabajo, sindicatos o escuelas populares dirigidas por la extrema izquierda. No solamente acosaban inmuebles, sino que también a personas de la oposición y sobretodo a los socialistas, a quienes les propinaban palizas a base de golpes, garrotazos e incluso rociándoles con aceite de ricino, lo que causó más de una víctima mortal.

A nivel político los Fasces de Combate fueron una organización muy reducida en Italia que fundamentalmente operaba en Milán y en menor medida en la capital de Roma, por lo que en las elecciones locales milanesas de 1919 solamente obtuvieron algo más de 4.000 votos. A raíz de este estrepitoso fracaso, el que era su líder por aquel entonces, Benito Mussolini, optó por dar el salto a la política nacional y crear un movimiento de masas que pasaría a la Historia con el nombre de Partido Nacional Fascista.

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, “Nacen los Fascios de Combate”, Susaeta, (2003), p.22-28
-David Solar, La II Guerra Mundial como nunca se la habían contado, Volumen 4, “El Hombre Providencial”, Revista La Aventura de la Historia (2009), p.9-10