Estado Nacional – Legionario

 

La abdicación de Carol II y su huída de Rumanía, había dejado al país sumido en un completo caos y anarquía. La Guardia de Hierro desfilaba por las calles celebrando la caída del Rey, mientras que los militares y partidos conservadores expectantes intentaban poner el orden con apoyo de gran parte de la población. Al recién liberado de la cárcel, el general Ion Antonescu, le había sido concedida la situación provisional del país en sustitución del Rey y la gente confiaba en él debido a su brillante pasado como héroe de la Primera Guerra Mundial. La única solución factible era unir a las dos partes divididas del país: los afines a la Guardia de Hierro y los afines a los conservadores. Nacía así el Estado Nacional Legionario.

Por primera vez en la Historia de Rumanía la Guardia de Hierro llegó al poder de manera compartida al 50%. Horia Sima fue designado líder de los legionarios y Vicepresidente del Gobierno. Por otro lado estaba el Gabinete, formado por el Ejército Real Rumano y los demás partidos políticos a excepción del Partido Campesino y el Partido Nacional Cristiano que no habían querido unirse. Las restantes formaciones políticas las dirigía el general Ion Antonescu que fue proclamado Conducator de Rumanía.

Como Rumanía era un Estado tradicionalmente monárquico, no se pudo imponer una República ante el rechazo de la mayoría de población, así que Mihail I, hijo de Carol II, aunque no afín a su padre y con sólo 19 años, fue coronado Rey del país y declarado Jefe Supremo del Estado. Magda Lupescu, esposa de Mihail I, fue nombrada Reina.

Cargos de Estado:
Rey y Jefe del Estado = Rey Mihail I
Presidente del Gobierno = Conducator Ion Antonescu
Vicepresidente del Gobierno = Horia Sima

Ministerios:
Ministerio de Economía (Gabinete)
Ministerio de Defensa (Gabinete)
Ministerio de Justicia (Gabinete)
Ministerios de Educación y Cultura (Gabinete)
Ministerio del Interior (Gabinete-Guardia de Hierro)
Ministerio de Trabajo (Guardia de Hierro)
Ministerio de Asuntos Exteriores (Guardia de Hierro)

Una de las primeras medidas fue la liberación de los presos en las cárceles, tanto legionarios como de otros partidos democráticos. Antonescu sabía más que nadie lo degradante que era estar en prisión, ya que él mismo había estado encerrado durante la oligarquía de Carol II. Las segundas decisiones más importantes fueron buscar hogares y albergues para atender a los millones de desplazados que habían sido expulsados de Besarabia y Bukovina por la Unión Soviética; de Transilvania por Hungría; y de la Dobrudja por Bulgaria.

El Estado Nacional Legionario adoptó una estética fascista aunque no de manera completa, ya que el Gobierno no dejaba de ser una coalición de urgencia entre la Guardia de Hierro y el Gabinete perteneciente a las demás formaciones políticas, las cuales eran mayoritariamente antirevolucionarias. A pesar de todo en Rumanía se impuso la cultura del saludo romano en alto con el brazo derecho y la camisa verde en las administraciones siguiendo la doctrina legionaria, incluso Ion Antonescu llegó a vestir así.

Horia Sima de la Guardia de Hierro e Ion Antonescu del Ejército Rumano paseando en coche triunfales por las calles de Bucarest tras su alianza y victoria contra el Rey Carol II.

Organizaciones de ayuda fueron creadas gracias a la iniciativa como siempre solidaria de la Guardia de Hierro. Por aquel entonces el Ministerio de Trabajo estaba en manos del legionario Vasili Iasinchi. La organización Ayuda Legionaria fue la que tuvo más éxito de las fundadas en Rumanía, la cual pudo atender a los millares de refugiados expulsados de las tierras por soviéticos, húngaros y búlgaros. Otra organización clave fueron los Batallones de Trabajo, encuadrados por hombres y mujeres que realizaban obras sociales para el resto de la sociedad.

La política legionaria de la Guardia de Hierro fue mucho mejor llevada que la que realizaba por otro lado el Gabinete de Antonescu. Mientras que el Gabienete poseía cuatro carteras (Ministerio de Economía, Ministerio de Defensa, Ministerio de Educación y Cultura y Ministerio de Justicia); la Guardia de Hierro poseía dos (Ministerio de Trabajo y el Ministerio de Asuntos Exteriores); mientras que el Ministerio del Interior era compartido entre ambos por un militar prolegionario llamado Constantin Petrovicescu. Las labores sociales de los legionarios permitieron que la Guardia de Hierro alcanzase el máximo histórico de militantes, un total de 500.000 afiliados.

Respecto a política exterior el Estado Nacional Legionario tuvo un acercamiento claro a la Italia Fascista de Benito Mussolini y sobretodo a la Alemania Nacionalsocialista de Adolf Hitler. El 8 de Octubre de 1940, un mes después de proclamarse el Estado Nacional Legionario, Antonescu y Sima dejaron entrar a tropas alemanas en el país con un permiso de paso para la campaña que se estaba librando en los Balcanes contra Grecia y Yugoslavia. Un mes más tarde, el 23 de Noviembre, Rumanía se adhería al Eje junto a Alemania, Japón, Italia, Hungría, Bulgaria, Eslovaquia, Manchuria, Mongolia Interior y Francia de Vichy, alineándose poco después Finlandia, Thailandia, Croacia, Serbia, Montenegro e Irak. Otros países fuera del Eje con los que tendría buenas relaciones Rumanía serían los Estados Unidos gobernados por el Presidente Franklin Delano Roosevelt, más la España Nacional de Francisco Franco y Argentina.

Pero los rumanos no tenían por qué engañarse, el Estado Nacional Legionario no era más que una utopía, pues nunca podría cuajar un fascismo con un tradicionalismo militar monárquico. Ion Antonescu nunca había apoyado a Carol II durante la monarquía absoluta, pero tampoco apoyaba la revolución fascista a la italiana que propugnaba la Guardia de Hierro. Tanto el Rey Mihail I como Antonescu esperaban la ocasión para derribar el Estado Nacional Legionario y dejar de compartir el poder con la Guardia de Hierro.

La enemistad llegó cuando el 25 de Septiembre de 1940, casualmente unos legionarios encontraron la fosa común donde estaba enterrado Corneliu Zelea Codreanu junto a otros dirigentes asesinados brutalmente durante el absolutismo militar de Carol II. Una vez destapada la tumba, la Guardia de Hierro comprendió que Codreanu no había muerto en un intento de fuga como las autoridades dijeron en su tiempo, sino asesinado de manera cruel. Con este suceso los legionarios echaron parte de la culpa a varios de los miembros que presidían el Gabinete de Antonescu que anteriormente habían trabajado para Carol II, avivándose la tensión de nuevo.

Un día después del descubrimiento, el 26 de Septiembre, miembros de la Guardia de Hierro exaltados asaltaron la cárcel de Jilava. El objetivo de los legionarios enfurecidos que dirigía de manera independiente Alexandru Cretiano, eran todos los presos que fuesen miembros de la depuesta oligarquía de Carol II que habían masacrado a muchos miembros de la Guardia de Hierro por aquel entonces. Una vez los legionarios entraron el la cárcel armados, fueron asesinando uno por uno a los presos que encontraban a su paso. Un total de 64 prisioneros murieron, entre los fallecidos había destacados miembros del ex-Gobierno de Carol II como el antiguo Primer Ministro Gheorghe Argesanu, el general Ion Bengliu y el viejo Ministro del Interior Victo Iamandi. Independientemente fuera de Jilava, centenares de legionarios cometieron actos violentos, en los cuales los más exaltados asesinaron a antiguos colaboradores de Carol como el historiador Nicolae Iorga, que había pertenecido a Codreanu y luego le había traicionado, también murió el economista Virgil Madgearu.

Multitudinaria manifestación de la Guardia de Hierro en Bucarest.

Al día siguiente de la masacre en la cárcel de Jilava, 27 de Septiembre, Antonescu y Sima hicieron reunirse a todos los ministros en un consejo de urgencia. El resultado del debate fue que a partir de ese momento el Estado Nacional Legionario condenaría cualquier tipo de acción o ejecución de individuos fuera del marco de la ley y sin un tribunal previo, ya fueran legionarios o el propio Ejército. Pero las normativas siguieron sin cumplirse, pues la Guardia de Hierro continuó con las oleadas de violencia callejera, con lo cual Diciembre Antonescu tuvo que advertir amenazadoramente al propio Sima de nuevo.

Mientras todo el panorama político se calentaba en Rumanía, Europa se preparaba para invadir la Unión Soviética en la llamada “Operación Barbarroja”. Hitler, al mando de sus fuerzas alemanas para la invasión y el apoyo de gran parte de naciones europeas, necesitaba a Rumanía más que a nadie para dar el salto sobre el territorio ruso y sobretodo por el petróleo de las refinerías de Ploiesti. El problema de la nación rumana era que estaba sumida en un Gobierno inestable que poco iba a durar entre el Gabinete de Antonescu y la Guardia de Hierro, dicho clima revolucionario entorpecería de sobremanera las operaciones militares en Europa Oriental. El Reich se había de decantar por uno u otro bando. Lo más lógico hubiera sido dar su apoyo a la Guardia de Hierro, partido hermano del nacionalsocialista. Sin embargo, en caso de hacerse Sima con el poder, la revolución rumana estaba servida y por tanto el petróleo peligraría, por lo que Alemania necesitaba un continuismo político en Rumanía que sólo Antonescu podía ofrecer.

El Conducator de Rumanía, Ion Antonescu, fue informado de la “Operación Barbarroja” contra la Unión Soviética el 15 de Enero de 1941, en una reunión que tuvo con Hitler en Salzburgo, Austria. El Führer le comunicó que Alemania daría todo el apoyo a Antonescu en caso de que la Guardia de Hierro iniciase una revolución como los soviéticos en Rusia o como los fascistas en Italia, pero quería algo a cambio: el comercio del petróleo en Ploiesti y que Rumanía se uniera a la invasión de Rusia con todo su ejército. Antonescu no pudo negarse, sobretodo cuando Hitler también le ofreció los territorios que la URSS le había quitado a Rumanía de Bukovina y Besaravia, además de poder expandirse hacia el oriente de Ucrania creando un Imperio Rumano. Tranquilo, Antonescu marchó a Bucarest imaginando la Gran Rumanía que estaba por venir y los bastos territorios que arrebataría a Rusia, mientras tanto, tenía que esperar el momento para eliminar a Sima y a los legionarios.

Finalmente, la utópica alianza de la Guardia de Hierro con el Gabienete de Antonescu tocó a su fin el 20 de Enero de 1941, cuando ante la sorpresa en Europa, estalló la Revolución Legionaria por toda Rumanía.

 

Bibliografía:

Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “El Estado Nacional Legionario”, García Hispán Editor (1997), p.59-66
Jaques Pirenne, Historia Universal. “Rumanía, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria”, Éxito (1961), p.288-289