Estado Nacional-Legionario y la Revolución Legionaria

La existencia del Estado Nacional-Legionario en Rumanía entre finales de 1940 y principios de 1941, fue uno de los experimentos políticos de forma de gobierno más peculiares de Europa en el siglo XX. Conformada la administración en una mitad por el Ejército Rumano al frente del «Conducator» Ion Antonescu y la otra por el movimiento revolucionario fascista de la Guardia de Hierro de Horia Sima, ambos bajo el paraguas de la monarquía del Rey Miguel, las distancias serían tan insalvables que las dos partes chocarían en la denominada Revolución Legionaria.

Estado Nacional Legionario

El régimen absolutista del Rey Carol II entre 1938 y 1940 dejó un resultado catastrófico para el futuro de Rumanía, ya no sólo por el hecho de haber abolido el sistema democrático y perseguido con saña a los opositores políticos de la Guardia de Hierro, incluyendo a su líder Corneliu Zelea Codreanu que fue asesinado, sino porque a la hora de apoyar diplomáticamente a los Aliados al estallido de la Segunda Guerra Mundial y materializarse la derrota de Gran Bretaña y Francia en el Frente Occidental, la nación quedó geográficamente aislada en el continente y a merced de sus vecinos soviéticos, húngaros y búlgaros que deseaban recuperar el «espacio vital» arrebatado por los rumanos al término de la Primera Guerra Mundial. Así fue como la Unión Soviética que formaba parte del bloque de amistad con el Tercer Reich en el Pacto Ribbentrop-Molotov se anexionó Besarabia y Bukovina, mientras que Hungría hizo lo propio con Transilvania y Bulgaria con Dobrudja.

La crisis desatada a raíz de la agresión cometida por la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria que fue ratificada por la Alemania Nacionalsocialista y la Italia Fascista en el denominado Arbitraje de Viena de Agosto de 1940, condujo a la legalización del movimiento fascista de la Guardia de Hierro, a la admisión desde el exilio de su líder Horia Sima y a la liberación de prisión del general Ion Antonescu, héroe de la Gran Guerra muy querido entre el pueblo que había sido encarcelado por oponerse al régimen en 1938. Sin embargo y contra todo lo imaginado por el monarca, Antonescu que contaba con el favor popular y del Ejército Rumano obligó a dimitir al Rey Carol II que abdicó en favor de su hijo, el Rey Miguel I de tan sólo 19 años de edad, quién el 5 de Septiembre ratificó el establecimiento del Estado Nacional-Legionario.

El Estado Nacional-Legionario fue un régimen compartido al 50% entre los militares del Ejército Rumano al frente del Presidente Ion Antonescu, proclamado «Mariscal» o «Conducator», y los demás partidos encabezados por la Guardia de Hierro que lideró el Vicepresidente Horia Sima, pasando a la oposición el Partido Campesino y el Partido Nacional Cristiano que al ser más conservadores mantenían únicamente interlocución con la Corona en manos del Rey Miguel I. Respecto al Gobierno de Bucarest estuvo constituido a partes iguales por las dos formaciones, ya que los «antonescianos» recibieron las carteras del Ministerio de Economía, Ministerio de Defensa, Ministerio de Justicia y Ministerio de Educación y Cultura, mientras que los legionarios las dos del Ministerio de Trabajo y del Ministerio de Asuntos Exteriores), aunque el Ministerio del Interior estuvo dirigido por ambos, teniendo como jefe al filofascista Constantin Petrovicescu.

El «Conducator» Ion Antonescu y Horia Sima, dirigente de la Guardia de Hierro, desfilando en coche por Bucarest tras su triunfo sobre el Rey Carol II.

Conformado el Estado Nacional-Legionario en Septiembre de 1940, la primera medida fue poner en libertad a todos los legionarios de la Guardia de Hierro que habían sido encarcelados por el Rey Carol II y en establecer albergues y hogares para los cientos de miles de refugiados que se habían desplazado de las provincias depredadas por la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria. A continuación se adoptaron una serie de normas que caracterizaron al nuevo régimen como la imposición del saludo romano o el uso de la camisa verde en la administración pública (la típica prenda legionaria a imitación de los Camisas Negras en Italia), además de llevarse a cabo grandes desfiles ante las masas en los que se ensalzaba la figura del difunto Corneliu Codreanu, «el Capitán».

La Guardia de Hierro que durante la década de 1920 y 1930 había destacado por su labor social volvió a sus andadas porque los más de 500.000 militantes afiliados hasta ese momento comenzaron a contribuir a la construcción de obras públicas por todo el país, organizado para ello a cientos de grupos de hombres y mujeres integrados en los denominados «batallones de trabajo». De igual manera el legionario Vasili Iasinchi que encabezaba el Ministerio de Trabajo creó la Organización de Ayuda Legionaria que acogió a decenas de miles de desplazados procedentes de Besarabia, Transilvania y Dobrudja para ser alojados en campamentos y atendidos dignamente antes de su traslado a otras ciudades de Rumanía.

A nivel internacional el Vicepresidente Horia Sima y su Ministro de Exteriores Mihail Manoilescu jugaron un papel esencial para acercar al «Conducator» Ion Antonescu al Tercer Reich, ya que a diferencia de su antecesor el Rey Carol II, Adolf Hitler en esta ocasión restauró las buenas relaciones con el Gobierno de Bucarest. Fue de este modo como el 8 de Octubre de 1940, el Estado Nacional-Legionario autorizó la entrada de las tropas del Ejército Alemán en el país para participar en la campaña de los Balcanes, mientras que el 23 de Noviembre se materializó la adhesión de Rumanía a las potencias del Eje junto con Alemania, Italia, Japón, Hungría, Bulgaria y Eslovaquia, aunque igualmente se mantuvieron cordiales relaciones con Estados Unidos y otras naciones neutrales como España y Argentina.

La Revolución Legionaria

Como represalia por el asesinato de Corneliu Codreanu, la Guardia de Hierro se tomó la justicia por su mano porque de improviso cientos de legionarios liderados por Alexandru Cretiano irrumpieron en la Prisión de Jilava. Una vez se adueñaron de esta institución penitenciaria comenzó una orgía de sangre en el que apalearon y mataron a 64 cautivos del régimen del Rey Carol II, entre ellos el antiguo Primer Ministro Gheorghe Argesanu, el Ministro del Interior Victo Iamandi y el general Ion Bengliu. Al mismo tiempo otras fuerzas legionarias seleccionaron a otros objetivos en diversas partes del país y eliminaron a tiros al economista Virgil Madgearu y al historiador Nicolae Iorga que en el pasado había traicionado a «El Capitán».

Como consecuencia de la Matanza en la Prisión de Jilava, tanto Ion Antonescu como Horia Sima convocaron un consejo de emergencia en Bucarest. Según se acordó entre las dos partes, todos los miembros del Estado Nacional-Legionario debían condenar cualquier tipo de acción violenta o ejecución de individuos fuera del marco de la ley o de los tribunales, ya fuesen los implicados de la Guardia de Hierro o el Ejército Rumano. A pesar de todo y de que durante algunas semanas las cosas se calmaron, a partir de Diciembre de 1940 los legionarios volvieron a protagonizar disturbios y a provocar oleadas de violencia callejera, poniendo en una situación muy delicada la convivencia dentro de Rumanía.

Concentración multitudinaria de la Guardia de Hierro en Bucarest.

El clima inestable de Rumanía propició que Adolf Hitler se reuniera con Ion Antonescu en Salzburgo el 15 de Enero de 1941. Durante la entrevista que ambos mandatarios mantuvieron en Austria, el Führer le reveló su intención de invadir la Unión Soviética en la denominada «Operación Barbarroja», además de manifestarle su deseo de que el Ejército Rumano tomase parte en la campaña y de que su país le continuase proporcionando carburante a través de los campos petrolíferos de Ploiesti. Sin embargo también expresó al «Conducator» su preocupación por los constantes disturbios provocados por la Guardia de Hierro y que si llegado el caso de enfrentamiento entre ambas facciones, la Alemania Nacionalsocialista renunciaría a apoyar a sus «hermanos fascistas» para otorgarle toda la confianza a él siempre que participase en el ataque a Rusia.

Obviamente y ante el antinatural soporte por parte del Tercer Reich a Ion Antonescu, a la vuelta del «Conducator» a Rumanía previno a todos los hombres fuertes dento de las Fuerzas Armadas Rumanas e incluso el 19 de Enero cesó del cargo Constantin Petrovicescu, el último legionario en dirigir el Ministerio del Interior, además de forzar la dimisión de todos los simpatizantes al frente de administraciones policiales y comisarias. A raíz de estos últimos acontecimientos que sorprendieron a Horia Sima, los cuadros de la Guardia de Hierro llegaron a la conclusión de que iban a ser víctimas de una traición por parte del nuevo régimen, por lo decidieron adelantarse intentando una insurrección que sería conocida como la Revolución Legionaria.

El 20 de Enero de 1941 comenzó la Revolución Legionaria en Rumanía cuando más de 5.000 legionarios que contaba con cuatro vehículos blindados y 200 camiones se echaron a las calles de Bucarest, atacando diversos objetivos y tomando las estaciones de gas y algunos edificios estatales, llegando a controlar la mayor parte de las avenidas principales y una gran parte de la capital. Aunque las fuerzas de la Gendarmería Real y el Ejército Rumano contraatacaron con rapidez por orden de Ion Antonescu y el Rey Miguel I, los insurrectos se hicieron fuertes en las sedes y otros puntos estratégicos, llegando a extender la revuelta a las comarcas anexas de Ilfov e incluso a ciertas localidades rurales de la provincia de Muntenia.

La jornada del 21 de Enero la violencia de la Guardia de Hierro se incrementó en Bucarest, propiciando sus militantes oleadas de ataques callejeros contra el régimen en los que acusaban a Ion Antonescu y al Rey Miguel I de ser masones y estar compinchados con el Reino Unido. Así fue como numerosos comercios resultaron destruidos, vehículos incendiados e inmobiliario urbano dañado, sin obviar la infinidad de tiroteos que tuvieron lugar entre legionarios y gendarmes con víctimas mortales en ambos bandos. De hecho algunos exaltados localizaron y asesinaron a funcionarios que habían trabajado para el depuesto Rey Carol II, e incluso se desató la furia antisemita porque un grupo de manifestantes secuestró a 15 judíos a los que mató en la parte trasera de una camión.

Fuera de Bucarest y Muntenia también miles de miembros de la Guardia de Hierro se sublevaron en los campos petrolíferos de Ploiesti y las ciudades de Burhusi, Turda y Vrata hasta que fueron reducidos por la Gendarmería Real, lo mismo que les sucedió a otros 600 legionarios en Pietra Neamt o a un grupo en Buzâu que tras quedar atrapado en la Comisaría de Policía fueron vencidos por tropas del Ejército Rumano. Algo más de éxito tuvieron los insurrectos a la hora de asaltar un tren cerca de Iasi o en Brasov porque ocuparon el ayuntamiento, la hacienda, la comisaría y las oficinas de correos y telégrafos, por los menos hasta que fueron aplastados por las fuerzas de Ion Antonescu.

A los dos días de la Revolución Legionaria, el 22 de Enero, finalmente el Ejército Rumano se movilizó masivamente e irrumpió con más de 100 tanques en las calles de Bucarest. A partir de entonces la inmensa superioridad de los militares, sumado a que los carros demolían a todo a su paso con sus cadenas o disparando los cañones de sus torretas, fueron acorralando poco a poco las legionarios dentro de determinadas áreas urbanas, en donde decenas de civiles perdieron la vida por culpa del «fuego cruzado». Sin embargo los que más sufrieron la reyerta fueron los judíos porque al ser odiados por ambos bandos, tanto los combatientes de la Guardia de Hierro como en menor medida los soldados regulares «antoncescianos», se aprovecharon del clima de odio para cometer 125 asesinatos contra los hebreos, muchos de ellos ahorcados de ganchos, además de ser destruidos 1.274 de sus negocios y quemada la Sinagoga de Bucarest.

Soldados del Ejército Alemán entrando en Bucarest para dar su soporte al «Conducator» Ion Antonescu.

Como la situación de la Guardia de Hierro se volvió desesperada el 23 de Enero, Horia Sima solicitó ayuda urgente al Tercer Reich que rápidamente movilizó a las divisiones del Ejército Alemán (Wehrmacht) dentro de Rumanía. No obstante y contra todo pronóstico los soldados alemanes y tanques Panzer que entraron en Bucarest no lo hicieron para socorrer a los legionarios, sino para unirse al Ejército Rumano liderado por Ion Antonescu. Como consecuencia de esta traición que dejó estupefactos a los insurrectos, las fuerzas revolucionarias fueron siendo aplastadas ante los ataques conjuntos de las tropas germano-rumanas al servicio del «Conducator».

Las SS en Alemania que a diferencia del resto Estado Nacionalsocialista no apoyaban a Ion Antonescu, sino a sus camaradas ideológicos de la Guardia de Hierro, protestaron enérgicamente a Adolf Hitler por lo que consideraron una decisión errónea el hecho de estar combatiendo a sus «aliados naturales». Fue de este modo como sin contar con la autorización de Berlín, varios destacamentos de la Allgemeine-SS y las Waffen-SS entraron también en Rumanía por orden del Recihsführer Heinrich Himmler, dándose entonces la particular circunstancia de que dos contingentes alemanes operaron sobre una nación en conflicto apoyando a bandos distintos. Evidentemente en cuanto el Führer tuvo constancia de lo sucedido con su guardia pretoriana, actuó con pronta inmediatez manteniendo una conversación con Himmler, con quién afortunadamente pudo llegar al siguiente acuerdo: los legionarios capturados por el Ejército Alemán serían entregados a las autoridades rumanas del «Conducator», mientras que los hechos prisioneros por las SS podrían acogerse como refugiados en el Tercer Reich.

El 24 de Enero de 1941 concluyó la Revolución Legionaria cuando las fuerzas de Ion Antonescu aplastaron la insurrección de Horia Sima y reconquistaron la capital de Bucarest. Hasta la fecha la Guardia de Hierro había sufrido 4.200 bajas entre 200 muertos, 600 heridos y 4.000 detenidos; mientras que las unidades del Ejército Rumano y la Gendarmería Real un total de 130 bajas entre 30 muertos y 100 heridos; además de encajar la población civil una cifra de 654 bajas contando 274 civiles fallecidos entre 149 ciudadanos rumanos por el «fuego cruzado» y 125 judíos por culpa de la violencia antisemita, más otros 380 heridos.

Grupo de legionarios de la Guardia de Hierro detenidos por la Gendarmería Real.

Después de casi 130 días de existencia de Estado Nacional-Legionario, al final la facción del Ejército Rumano se acabó imponiendo con la derrota de la Guardia de Hierro en la Revolución Legionaria. Inmediatamente al triunfo del «Conducator» Ion Antonescu, el nuevo régimen detuvo a otros 10.000 legionarios que fueron encarcelados; sin contar los que deportadas a campos de concentración en Alemania como Dachau, Schasenhausen y Buchenwald, en este último con casi 400 reclusos. Afortunadamente tanto Horia Soma como 300 de sus seguidores fueron acogidos por las SS, los cuales constituirían el núcleo de un futuro gobierno alternativo en la sombra, dado el caso de que el nuevo gabinete rumano se atraviese a traicionar al Tercer Reich.

El régimen del «Conducator» Ion Antonescu se encargó de eliminar todos los vestigios de la Guardia de Hierro y en imponer un sistema autoritario centrado en el culto a su propia figura y en la del Rey Miguel I. A partir de ese instante el Reino de Rumanía se convertiría en un fiel socio de la Alemania Nacionalsocialista y de las potencias del Eje, contribuyendo decisivamente a la invasión de la Unión Soviética y participando en casi todas las campañas libradas en el ala sur del Frente Oriental durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano, «El Estado Nacional Legionario», García Hispán Editor (1997), p.59-66
-Olivia Manning, Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 14, «El Golpe de Estado en Rumanía», Noguer (1972), p.313-317
-Jaques Pirenne, Historia Universal, «Rumanía, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria», Éxito (1961), p.288-289
-https://en.wikipedia.org/wiki/Legionnaires%27_rebellion_and_Bucharest_pogrom